La curvatura de la córnea

22 junio 2026

Alonso Q

 



En un lugar de la mente

Cervantes inventó un hidalgo que sufre una transformación delirante de la identidad que le lleva a transmutarse en una nueva realidad, donde se auto percibe como el caballero andante Don Quijote. Nada que ver con el dilema al que se enfrenta Alonso Q. Una elección entre mantener a raya la salud mental mediante una estabilidad que le hace perder su identidad, o enfrentarse al riesgo de vivir a volandas de dos planos que conviven, y lo enredan entre la realidad del barrio y la ficción generada por imágenes y voces que no existen, y que sin embargo lo arrastran a situaciones conflictivas.

La dirección de María Aladrén es un excelente ejemplo de una concepción escénica que amalgama texto y trabajo actoral para conseguir una representación nutritiva, donde el discurso del personaje se traslade de manera natural a las acciones que realiza y desde ahí, que los problemas visibilizados en el escenario terminen por apelar al patio de butacas.

La complejidad de la propuesta se suscita porque el protagonista vive en un doble vaivén. Mientras la prosodia de las palabras transcurre en una mente que funciona como un dial de radio, donde toda la marea de voces que lo acompañan ocupan el primer plano gracias al buen uso del micrófono; la gestualidad es una deliciosa continuidad de pequeños detalles y matices que van de la composición corporal a la expresividad facial.

Esta arquitectura conceptual se sostiene gracias a la emocionante interpretación de Fran Martínez, al que ya hemos visto en otras ocasiones crear personajes atrapados en nudos y cadenas, pero en esta ocasión su trabajo se expande más allá del cuerpo para habitar el espacio social, atrapar al espectador en el silencio de la sala, y generar un debate sobre como percibimos a las personas que pasan por una enfermedad mental.

‘Alonso Q’

Calificación: 4 estrellas

Producción: El Enjambre Swarm Lab y Teatro Bicho. Idea y texto: María Aladrén y Fran Martínez. Dirección: María Aladrén. Intérprete: Fran Martínez. Luces y sonido. Pedro Javier Mora. Escenografía: Louis Wells. Asistente: Nuria Martínez. Diseño Gráfico: Nashaat Conde. Ayudante de Producción: Mayte Serrano. Difusión y redes: Estela Algaba.

19 de junio de 2026. Teatro del Mercado.


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13 junio 2026

Esto no es Fuenteovejuna

 




Todos a una: fiesta y protesta

El texto de Fuenteovejuna de Lope se suele adaptar poniendo el acento en sus temáticas fundamentales. El aspecto político de una venganza violenta y colectiva mediante la rebelión popular frente a un poder injusto, y la parte menos aparente que muestra las debilidades de los amoríos platónicos.

‘Esto no es Fuenteovejuna’ aporta un giro contemporáneo que sitúa la obra en la actualidad con dos niveles que parten de una premisa: la función del teatro como altavoz de las preocupaciones sociales. Desde ese punto de vista se crea un intersección entre la seriedad  de subrayar como el comportamiento en la intimidad de los depredadores sexuales es un reflejo de lo que todos vemos en sus maneras públicas de entender las relaciones personales, y al mismo tiempo se participa en la verbena de convertir el patio de butacas en un ágora para que suenen el bullarengue de protestas y anécdotas festivas.

La dramaturgia conecta el texto original con lo mejor de las trayectorias de ‘Lagarto Lagarto’ y ‘Teatro Indigesto’ Ya hemos visto otras veces como la magia de los primeros se adueña con solvencia del texto dramático hasta darle un meneo y romperlo en la chispa somarda de una salida inesperada. Los segundos aportan veteranía en el ejercicio gimnástico de un teatro de improvisación que algunas veces flojea en la dificultad añadida de replicar el flow de los versos del Siglo de Oro.

El elenco domina de largo los registros por los que pasa la peripecia. Se nota todas las horas que han pasado juntos sobre las tablas con el peso escénico de Alfonso Palomares, la navaja suiza de J.J. Sánchez, y en medio de todo el fregao la imponente energía de Encarni Corrales, la más lúcida en las búsqueda de nuevas rimas, apabullante en la seriedad del drama y su poquito de flamenco como quien no quiere la cosa.

 

‘Esto no es Fuenteovejuna’

Calificación: 3 estrellas

Producción: Lagarto Lagarto. Dramaturgia y dirección: Javier Trillo y Alfonso Palomares. Intérpretes: Encarni Corrales, J.J. Sánchez y Alfonso Palomares. Escenografía: Circok. Iluminación: Manuel Escosa. Vestuario: Lucía Rodríguez. Ayudante Dirección: Elena Gómez Zazurca. Dirección Producción: Maite Berges.

Jueves 11 de junio de 2026. Teatro del Mercado.

Crítica de teatro de ‘Esto no es Fuenteovejuna’: todos a una, fiesta y protesta


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12 junio 2026

No necesito un nombre para ser mascota

 



El arte de alzar la voz

Ana Cotoré parte de la ley aristotélica de la contigüidad para cambiar la mirada del espectador sobre el desarrollo de las artes escénicas. Cuando dos cosas ocurren juntas, la aparición de una traerá la otra a la mente. Ese es el punto de partida para comprobar como el binomio belleza-sufrimiento es un elemento significativo en el proceso de producción y comercialización de cualquier espectáculo. La representación tiene una enorme carga de teatralidad gracias a la hibridación de lenguajes que construyen cuatro cuadros y un epílogo.

El comienzo quiere ser la belleza de una elegante coreografía bajo la luz satinada que deriva en el tormento de un devastador primer plano audiovisual. La pantalla vuelve a ser la protagonista en la tristeza sórdida de una realidad subterránea que se hace presente en un vestido azul saturado por la claridad expresionista. Entonces la carne se libera de la cárcel de tela, y busca en la tierra el ritmo básico hasta alcanzar la cadencia de una rave de iluminación estroboscópica que define con precisión cada movimiento. El impacto emocional del cuerpo se concreta mediante la palabra, y la inteligencia de aunar el lenguaje científico con las volteretas de la ironía, reposar la gravedad de la denuncia, y transformar la experiencia personal en una reflexión crítica para mostrar un nuevo binomio. Los que tienen la sartén por el mango que se aprovechan de los trabajadores en precario, y los que sufren abusos emocionales y vejaciones laborales a costa de su vocación artística.

El epilogo es un drama de lentejuelas sobre silla vieja, imágenes de humor canino, y una divertida metáfora entre la protesta actual y la cultura pop de la tele de los ochenta, cuando la duda era elegir entre ser la mala de pelucón negro o la heroína rubia de melena ondulada.

 

‘No necesito un nombre para ser mascota’

Calificación: 4 estrellas

 

Creación, coreografía, textos, interpretación y vestuario: Ana Cotoré. Mirada externa, fotografía y vídeo: Álvaro Murillo. Diseño de luces: Víctor Longás. Realización y postproducción audiovisual: Víctor izquierdo y Laura Arnaiz. Maquillaje y fxs vídeo: Julianna Garza. Asistencia en rodaje de vídeo: Lucrecia Pierpaoli.

Domingo 7 de junio de 2026. Teatro del Mercado.

Crítica de la obra de teatro 'No necesito un nombre para ser mascota': el arte de alzar la voz


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08 mayo 2026

Corazón

 


Pumpum Pumpum

Aute en 1987 describía la mecánica del corazón para preguntarse si aquella encrucijada de venas, aortas, aurículas y ventrículos era capaz de padecer. El salto poético llegaba al final. El dolor que le golpeaba y crucificaba estaba provocado porque ella lo dejaba.

El texto de Paco Ortega va un poco más allá en el programa de mano. ‘Corazón’ más que un músculo es un personaje «interpretado al piano, dicho con la palabra y expresado en el cuerpo de una actriz y bailarina» Y en esa afirmación se concentra el reto de la función, conseguir que la peripecia del corazón sobreviva a la armonía entre prosodia, música y danza.

Gèrard Maimone salió del fondo oscuro, cruzó el escenario levemente iluminado y se sentó ante el piano situado en el proscenio. En ese breve trayecto recordé a la coreógrafa Ioanna Paraskevooulou «Todo sonido nace de una acción: un paso, un golpe, un roce» Los pasos del pianista eran los primeros sonidos de la función. Desde mi butaca sus manos permanecían ocultas, solo veía su espalda y las teclas laterales del piano. Regresé de nuevo a Paraskevooulou «se me abrió un nuevo territorio expresivo en el que la corporeidad ya no se limitaba a la acción visible, sino que nacía de la observación, el tacto y el gesto auditivo»

Las primeras notas me atraparon en la nitidez de la melodía. El motivo principal sufrió cambios a lo largo de la representación. Una transformación entre la amabilidad inicial y territorios ásperos con cierta oscuridad de ánimo. No sé. La melodía desaparecía para dejar que los sonidos transitaran por juegos sonoros exentos a una secuencia que se pudiera silbar, suave gravedad de las primeras gotas de lluvia que caen como aires de tango. Una banda sonora instalada en las estaciones del buen gusto de las octavas centrales del teclado, alejada de las estridencias a las que nos abocan los extremos. Muy pronto comprendí que el fastidio por no ve las manos del pianista, era una ceguera de bendición para concentrar mi atención en los otros lenguajes  narrativos que se dispusieron en escena.

El autor también ejerció de interprete para enfrentarse a un texto donde la versificación no puede ocultar un evidente arraigo narrativo que lo aleja de las piruetas para condensar costumbres, memorias e intimidad en temas universales con un tono poético, y sin embargo una idea poética se adueñó de la representación, una imagen con la fuerza suficiente para convertirse en el nudo argumental que sostuviera el desarrollo dramático de la función: «El mundo se ha marchitado en la periférica del corazón».

Quizás para muchos sea la imagen de la muerte, pero yo lo siento como una declaración de principios. Los latidos del corazón como la mejor herramienta para aproximar a las gentes, la savia de un mundo para rimar sentimientos, debilidades y pasiones. Lo dice Jorge Drexler, con el amor se acortan las distancias.

El trabajo actoral de Paco Ortega se concentra en el recitado de los versos. La rítmica y el flow del rapsoda pecó del exceso de interrumpir con pausas el ritmo natural de los versos, y detenerse con excesiva frecuencia en lugares donde se perdía el rigor de la frase. La locución perdía interés por ese ritmo sincopado, hasta que de vez en cuando las frases tenían el hálito de un solo trago, y ese sencillo regreso a la naturalidad le daba oxígeno al texto.

La dirección de Françoise Maimone se mueve entre los altibajos de usar imágenes proyectas con poco valor narrativo, y tres formas diferentes de entender la función. La primera establece una relación diáfana entre música y danza. La segunda muestra la inestabilidad de una coreografía que se limita a ilustrar el contenido  literal de las palabras y las frases declamadas por el actor, hasta convertir la danza en un mero subrayado que transmite el aroma de la sobreactuación, y contradice la ley fundamental de la dosificación de la palabra y el gesto: podemos mezclarlos pero siempre que ambos sean pobres. La tercera cristaliza lo más interesante de los tres elementos dramáticos en el trabajo de Isabel Rodríguez. La  bailarina y actriz construyó un puente para unir las orillas entre la palabra que habla y la voz que canta, y demostrar con claridad que esa es la dramaturgia que pide la función, una intervención mucho más teatral para que todos los lenguajes caminen sincronizados. En los momentos que Isabel Rodríguez alcanza ese objetivo, la energía de la representación cambió por completo.

El vestido rojo portaba la silla negra con la que había interactuado y cuando el desplazamiento en el espacio parecía  un mutis por el foro, la voz de la bailarina se quebró en un quejío que abrió nuevos caminos cuando regresó a los focos vestida de negro. Las frases brotaron de su boca en forma de rabia, o eso me decía su mirada. Otra vez su mirada. Sentí la tensión de sus músculos. El recitado transformó susurros en miedo y desgarro gracias a esa delicia de estirar la longitud de las frases, para que la cadencia sea borbotón de agua, mientras el eco de un coro volvía con insistencia al motivo principal. «El mundo se ha marchitado en la periférica del corazón».

La sensación final fue extraña porque la función terminó justo en el punto donde sentí que todo encajaba.

‘Corazón’

Las compañías Françoise Maimone y Teatro del Espejo. Texto: Paco Ortega. Composición y ejecución musical: Gérard Maimone. Dirección: Françoise Maimone. Intérpretes: Isabel Rodríguez Romero y Paco Ortega.

Sábado 18 de Abril de 2026. Teatro del Mercado.


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03 abril 2026

Burlesca

 



Aprender a jugar

Peter Brook definía el teatro como un lugar de tránsito entre lo cotidiano y la imaginación. Este deambular afecta al intérprete y al público porque ambos abandonan su rol habitual y asumen otro diferente para encontrarse en un espacio donde un palo se convierte en espada, y puedes empezar a jugar.

‘Burlesca’ es una reivindicación gozosa para que el juego ocupe ese espacio de transición, reivindicar el oficio de fabricar diversión y pensamiento con diferentes lenguajes escénicos, y vincular con naturalidad la participación grupal de los espectadores con la construcción del espectáculo.

La dramaturgia combina el papel dramático de los objetos y los tres personajes. El Titiritero es el oráculo que convierte la sabiduría de tábanos, vencejos y rastrojos en narración oral y canciones pachanguero-melódicas. El viaje pasa del sabor añejo de un lenguaje en vías de extinción, a una crítica social con aroma a romance medieval de ciego que se pueden rapear, darle un meneo a un cuento clásico para convertirlo en una historia contemporánea de cachiporra y tentetieso. El Teclas y el Tambores le dan mecha a ritmos y melodías para ejercer la función de un coro descacharrante y surrealista que subraya los mensajes filosóficos de profundidad, y los chascarrillo de andar por casa.

El resultado final es una fiesta donde la aparente sencillez de la representación se adentra en territorios propios de los payasos. Ya saben, ese lugar donde el clown explica, el augusto replica, y ambos garantizan el marchamo de una verdad escénica sin trampa ni cartón. En ese ambiente resulta natural darle la vuelta al retablo de las marionetas para mostrar las tripas del artificio donde se fabrica la ficción, tomar conciencia de como la imaginación construye la identidad de las historias, y aprender a jugar.

‘Burlesca’

Calificación: 4 estrellas

Compañía: Los Titiriteros de Binéfar. Guion, dirección, diseño, escenografía y actor titiritero: Paco Paricio. Músicos y titiriteros: Faustino Cortés y Quiri Aquilué. Modista: Nieves García. Producción: Marta Paricio. Sonido e iluminación: Pilas Amorós.

Miércoles 1 de abril de 2026. Teatro del Mercado.


Crítica de la obra Burlesca de Titiriteros de Binéfar en Zaragoza: Aprender a jugar

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07 marzo 2026

3D


 



Sonido en movimiento

Miguel Ángel Ortiz Albero hablaba del circo en su poemario ‘Troupe’ como esa barraca abierta sin pudor a vuestros ojos, sois espectadores de la vida. Era su manera de distinguir el espacio del más difícil todavía donde el riesgo de cada número se presenta sin trampa ni cartón, de la representación escénica teatral en la que el púbico necesita suspender la incredulidad para aceptar la ficción de lo que se cuenta.

‘3D’ es un espectáculo que se instala en medio de esos dos mundos. Alienta la peripecia con acciones acrobáticas, pero a partir de una «dramaturgia sonora» donde la proeza técnica es la herramienta para llegar a una coreografía que, aderezada por un fino humor gestual, invita a participar al público que rodea la actuación.

En el escenario la porción de una curva comprendida entre dos puntos enlazados por una soga de acero. La pieza espera al intérprete que utiliza el sonido para encender la mecha de la acción, y convertir lo audible en visible. Una relación simbiótica que toma el escenario mediante tres actos deliciosos.

El primero es una caja de resonancia que pone en marcha la rítmica fragmentaria de un loop para arco que frota, pellizco de arpa y esbarizarse una y otra vez en un vaivén de caricias. En el segundo la soga se convierte en el equilibrio de un alambre de piernas fuertes y manos de parasol para bambolearse sobre un horizonte abarquillado. Ahora la soga es maroma con aromas de mar, traqueteo de locomotora, y un ¡ay! cuando el columpio de madera tensa al respetable en un respingo. El tercero es una escala pentatónica que revolotea. Una melodía dirigida hasta que llega la improvisación. Giros de bailarina en caja de música hasta que los sonidos metálicos de un transformer terminan en el interior de un cofre, mientras los aplausos suenan con emoción.

‘3D’

Calificación: 4 estrellas

Producción: H.M.G. Compañía. Diseñador, Compositor, intérprete: Jonathan Guichard. Técnico de Sonido, intérprete: Mikaël Le Guillou o Sébastien Dehaye. Director de escena: Gautier Gravelle. Mirada externa: Etienne Manceau. Construcción: Cyril Malivert, Jonathan Guichard, Etienne Manceau, Jean-Victor Bethmont, Franck Breuil

Miércoles 4 de marzo de 2026. Teatro del Mercado.



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18 enero 2026

La decisión de Lola

 




Una mirada que hipnotiza

La cómica Hannah Godsby le dio un meneo al monólogo para que la comedia fuera más allá de hacer reír de múltiples maneras, y convertirla en una plataforma de expresión para que al final el público sienta lo que tú quieres transmitir. En palabras de Sergio del Molino, un humor donde la inteligencia o la diversión sea menos importante que su capacidad para reflexionar.

Sobre el texto de José Warletta no hay duda, aunque se reserva una coda con el tono de agitar conciencias, está pensado para hacer reír mediante el típico monólogo de entretenimiento, y esa tentación de repetir la fórmula de terminar cada párrafo con un chiste o chascarrillo gracioso, y sin embargo contiene la arquitectura teatral para construir el arco dramático de un personaje complejo que se puede resumir en tres hitos generacionales. La abuela de estropajo y delantal con una capacidad innata para contar en bucle mil historias familiares de mesa camilla y aledaños hasta perder el hilo y volver a empezar. La madre con güisqui y bolero que toma conciencia de sí misma para comprender que la vida más auténtica es la que tiende a acercarse a lo que ella siempre ha soñado. La hija de pelo suelto y pintalabios carmín que asume la realidad, toma los mandos y canta por Rosalía: Solo soy un terrón de azúcar. Sé desaparecer. Cuando tú vienes es cuando me voy.

La dirección de Mario Ronsano acepta ese universo de risas para mostrar los pliegues que denuncian la travesía del amor romántico a la violencia de género. La interpretación de Ana García es un salto mortal para equilibrar el ritmo de comedia con la naturalidad orgánica del personaje. Una coreografía de pequeños gestos y cambios en el tono de voz que aportan matices de profundidad, hasta concentrar toda su energía en una mirada que hipnotiza al patio de butacas.

 

‘La decisión de Lola’

Calificación: 4 estrellas

Producción: Factory Producciones. Autor: Jose Warletta. Dirección: Mario Ronsano. Interprete: Ana García. Escenografía e Iluminación: Jose Antonio Royo. Vestuario: Arantxa Ezquerro.

Jueves 15 de enero de 2026. Teatro del Mercado

Crítica de teatro en Zaragoza: 'La decisión de Lola', una mirada que hipnotiza



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15 enero 2026

No dejes pasar está oportunidad


 

Dejar pasar una oportunidad

Enma Calvo piensa en imágenes con marcos. Se lo contó a Peribáñez en el Heraldo. Un marco es el límite entre la realidad y la ficción. La dramaturga recuerda que cuando trabajó en un museo le resultaba muy fácil ver esos marcos, y como la obra del autor quedaba perfectamente delimitada del exterior donde nos movemos el resto de los mortales. En el teatro es el escenario quien marca ese límite entre la ficción y la vida.

‘No dejes pasar esta oportunidad’ es una obra que juega a la metáfora de convertir los pasillos de un supermercado en la réplica de la vida. Allí dos mujeres, una vendedora y una clienta, deciden tomar el control de su destino.

La estructura textual de la función deja claro que Enma Calvo tiene un discurso muy elaborado con momentos brillantes, pero con un clara tendencia a dejar a los personajes como una excusa para que repliquen la tesis que  defiende la autora. Por eso el material dramático, en lugar de conseguir que los personajes encarnen la musculatura literaria que el texto  contiene, las interpretaciones se quedan varadas en algunos momentos de stand up. Y aunque esa bien podría ser una posibilidad de representación, tras las primeras miradas de las actrices a la búsqueda cómplice del público, el recurso pierde fuelle cuando al intento por construir una relación con diálogos le falta calor en los sentimientos, mientras la apisonadora de las palabras continua ganando más y más espacio hasta que la peripecia toma dos decisiones que dejan en evidencia el interés por la enunciación: los conflictos planteados se van a resolver fuera de escena y el uso de la figura clásica del deus ex machina.

Resulta muy difícil que el espectador sienta complicidad o empatía por el devenir de un personaje cuando en el momento de alcanzar la categoría de héroe se le oculta la acción de su cuerpo, la expresión de su rostro porque todo ocurre fuera de escena dejando, de nuevo, todo el peso de la catarsis a un diálogo entrecortado , mientras el patio de butaca asiste sobre el escenario a una réplica gestual ramplona y poco elaborada a cargo de la antagonista de la historia.

El broche final de la obra es la prueba del algodón para determinar la prevalencia del discurso sobre la teatralidad con el uso del deus ex machina. Una noción dramatúrgica que se utiliza para provocar la resolución de conflictos mediante la intervención de un personaje inesperado, que en este caso vuelve a estar fuera de escena dejando todo el peso del discurso a un voz en off.

Esta manera de entender la representación deja muy desprotegido el trabajo actoral. Carmen Marín y Marissa Nolla se ven en el fregado de devolverse la pelota del discurso de una a otra, pero sin llegar a conectar con la energía humana de sus personajes, ni con el gesto ni con la palabra, esa magia de solvencia y sensibilidad que les hemos visto hacer otras producciones.

‘No dejes pasar esta oportunidad’ demuestra que Enma Calvo tiene voz propia y la capacidad para idear historias, pero también deja claro que aún tiene un trecho que recorrer para convertir ese talento en un potente representación teatral que vaya más allá del uso y abuso del discurso para ponerse a la altura de las excelentes  intenciones que se adivinan.

 

‘No dejes pasar esta oportunidad’

 

Dramaturgia y dirección: Enma Calvo Olloqui. Interpretación: Marissa Nolla y Carmen Marín. Voz megáfono: Jesús Bernal. Ayudante de dirección: Dani Caudevilla. Iluminación: Natalia Marín Marco. Diseñador de sonido: Juan Monge. Música original: Gonzalo Nuviala. Estilismo: Isabel Fernández Solsona. Cartelismo: Victoria Chesa

 

Miércoles 7 de enero de 2026. Teatro del Mercado.

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09 diciembre 2025

Blanco y en botella


 

Poner del revés el efecto Charlie Rivel

‘Blanco y en botella’. Cuando leí el título de la función pensé en dos posibilidades que podrían desarrollar la peripecia de la función. Ildebrando Biribó es un personaje de Emmanuel Vacca que Castrillo Ferrer llevó a escena de una manera magistral. Partía de la pregunta… el blanco ¿qué blanco? Para reclamar la importancia del apuntador de teatro que devuelve la memoria al actor que la pierde. La segunda parecía más evidente. Blanco y en botella es una expresión coloquial para decir que algo es muy obvio o evidente.

Estas elucubraciones se resolvieron con rapidez porque una de las virtudes de la función es que las dos primeras escenas te ponen las pilas para saber las reglas que rigen a lo largo de la representación.

Todo comenzó con la irrupción de Víctor Palacín en el patio de butacas. Su voz y guitarra al estilo de las coplas de ciego eran el preámbulo todo de lo que iba a ocurrir en escena: La entrada de la actriz subrayaba que su personaje ejercía al mismo tiempo de madre, amante y amiga. Y sin embargo desde el primer momento se apreciaba con nitidez el juego entre la realidad de la ciudadana Yolanda blanco y la ficción teatral

Los elementos básicos de la actuación estaban a la vista. Interacción con el público, ritmo de comedia, agilidad en la prosodia y acciones dinámicas. El carrusel de personajes empezó por una payasa que se ganan el jornal con la BBC de bodas, bautizo y comuniones. En este caso era el cumpleaños de una criatura y todos los alicates de sus amiguitos. Y entonces, cuando creía que había comprendido el código de la función ocurrió la sorpresa. Fue un efecto suave y elegante. Una ligera transformación de la iluminación para dejar notar que felicidad impostada de la payasa se diluía en la personalidad de la actriz que la contenía y así, detrás de las frases estimulantes que surgían de la nariz roja, se advertía con dramática nitidez una tristeza insondable que pertenecía exclusivamente a la actriz (o al personaje, vaya usted a saber)

El efecto emocional me llevó a pensar en Charly Rivel. “El payaso pasa por los mismos sufrimientos y las mismas penas que el resto de la gente pero no puede manifestarlo ni siquiera cuando se muere tu madre” Por eso  nosotros reímos cuando Charly Rivel llora, Eso es lo que hizo Yolanda Blanco en el escenario, mientras su personaje (o ella misma) penaba entre las vicisitudes de la vida y los sinsabores de su profesión de actriz el patio de butacas reía. Entonces noté como ella cogía mi mano y me arrastró a seguirla en las peripecias por venir. Entonces me cogió de la mano para seguirla en su aventura y entendí el título de la función.

La escenografía eran tan sencilla como unos soportes sobre los que colgaban el vestuario de cada uno de los personajes a los que Yolanda Blanco prestaría su cuerpo. Las patas de esos soportes nacían de unas botellas blancas. Era evidente. La función se construía sobre dos conceptos. Los personajes están anclados en el arquetipo que les correspondía, en ese blanco y en botella que el público espera, comprende y disfruta, pero al mismo tiempo la protagonista cuenta las vicisitudes de una vida que siempre se mezcla con la ficción propia del escenario, la sala de ensayos o el casting para un anuncio absurdo. Una trenza de ficción amasada con la vida y la profesión del cómico atado a una máxima que todos conocemos. Pase lo que pase el espectáculo debe continuar.

La dirección de Ana García organiza con un buen criterio todos los elementos narrativos. La música en directo consigue una textura orgánica como el colchón que subraya con elegancia los momento álgidos. Los desplazamientos en el espacio y la prosodia de la actriz se enriquecen gracias a la diversidad rítmica que deja paso a silencios que nos trasladan del humor hasta ese punto sabroso donde la melancolía se decanta en empatía con el personaje.

El trabajo actoral de Yolanda Blanco es un catálogo de teatralidad que parte del compromiso con su profesión, y del elevado grado de honestidad que necesita la propuesta para que de verdad golpeé al espectador. La verosimilitud de todas sus acciones enriquece la pulsión autobiográfica que sobrevuela sobre le escenario hasta el punto de quedarte prendado con el personaje (y con ella). Ese es el gran acierto de la función, que una reacción química exotérmica entre la actriz y el patio de butacas tenga la suficiente energía para conseguir una ovación a rabiar cuando ella ( o su personaje) toma la gran decisión.

Yolanda Blanco consigue el alarde de romper con una tradición que siempre pone por delante la necesidad de mantener en pie el espectáculo por encima de cualquier circunstancia. La función le da la vuelta al efecto Charly Rivel con dos efectos secundarios. La tristeza del payaso por sus fracasos se recibe en el patio de butacas, pero esta vez con la misma intensidad emocional que la actriz (o Yolanda Blanco) rompe con la tradición de poner por delante de cualquier otro acontecimiento que le espectáculo debe continuar.

 ‘Blanco y en botella’

Producción: Hello Yoly. Texto: Yolanda Blanco y Ana García. Dirección: Ana García. Interpretación: Yolanda Blanco. Músico: Víctor Palacín. Espacio sonoro: Víctor Palacín y Juanko Malavirgen. Iluminación y sonido: Guillermo Lafuente. Espacio escénico y vestuario: Raquel Poblador / Obsidiana Atellier y Hello Yoly.

Domingo 9 de noviembre de 2025. Teatro del Mercado.

 

 


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25 octubre 2025

La sombrerería de Quita y Pon

 



Los payasos son así

La sombrerera Susana Loureda defiende que ponerse un sombrero es una cuestión de actitud. Una prenda con el poder inevitable de transformarte y la capacidad de generar un atractivo especial. Esa afirmación de la diseñadora gallega rige para gentes normales como usted y yo, porque para los payasos de Producciones Kinser el efecto se multiplica hasta construir una historia de Quita y Pon. Quitar el malaje a la vida para poner risas, amor y el aroma clásico de esa película en la que un ángel nos recuerda que lo bello es vivir en armonía con las personas que te rodean, incluso de tu propia familia.

El espacio escénico es una deliciosa caja pertrechada con entradas y salidas evidentes y otras que juegan al escondite, para que la elegante sobriedad de la escenografía se combine con una dramaturgia alimentada por diferentes lenguajes narrativos. Una chistera como la de Tip para sacar circunloquios de un humor absurdo que gira y gira. Bajo la gorra de cuadros de Miliki se esconden melodías, adivinanzas estrambóticas que a veces no son lo que parecen, y juegos de palabras para rizar el rizo. El bombín de Charlot añade a la mezcla pinceladas de una comedia física que cambia tropiezos y golpes por coreografías circenses de malabares y una profunda humanidad.

En el escenario dos artistas de la pista con capacidad para sacar lo mejor de cada uno de ellos, armonizar sus habilidades, y ponerlas al servicio del otro para que el brillo individual de sus habilidades se amplifique con el trabajo en pareja. La química de la interpretación fluye en acciones y diálogos. Alejandro García demuestra un conocimiento catedrático en gestualidad, mueca y pantomima, mientras la presencia escénica de Silvia García nos advierte de la enorme versatilidad dramática de cada uno de los poros de su piel.

‘La sombrerería de Quita y Pon’

Calificación: 4 estrellas

Producción: Producciones Kinser. Dramaturgia: Raúl Herrero. Dirección: Joaquín García. Reparto: Alejandro García Sierra y Silvia García Sierra. Espacio escénico: Óscar San Martín. Escenografía: Manolo Pellicer. Vestuario: Lucía Igual. Iluminación: Alfonso Félez. Sonido: Jonathan Carrillo. Mastering: Estudio Kikos. Ayudantía de dirección: Irene Joven.

Jueves 23 de Octubre de 2025. Teatro del Mercado.


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29 septiembre 2025

La Casa del Conde


 

Una casa muy viva

‘La casa del Conde’ nació en un Laboratorio Artístico. La premisa era escribir una función que utilizara La Casa de los Condes de Alberola en Torrecilla de Alcañiz como escenario teatral, de manera que sus estancias serían las protagonistas. Esta dramaturgia es habitual en un teatro postdramático que modifica el vínculo con el público para alejarlo de la protección de la butaca, y compartir el mismo espacio. El reto consiste en trasladar estas acciones ideadas para un lugar muy determinado a un escenario clásico donde los cambios de escenografía están constreñidos por pequeñas modificaciones del decorado. El resultado final es un delicioso acierto con un solo reparo.

Más allá de la voz en off que nos introduce en la posterior peripecia, el resto del uso de la palabra es un intento fallido en busca de un aire de comedia mediante diálogos que solo muestran la impericia del elenco en estas lides. La función sería mucho más interesante eliminando esta faceta porque, si la palabra es el material primordial del arte dramático con aspiración literaria, en ese caso el arte teatral del espectáculo se construye con la interacción entre música y números circenses.

La banda sonora combina con buen gusto bases pregrabadas de música electrónica con un estimulante aire folk para conseguir una mezcla nutritiva que navega desde el tecno a la jota dance hasta llegar a un suculento concierto de voz, violín, serrucho y ukelele. Un marco perfecto para enriquecer el desarrollo dramático de las escenas.

El peso de la narración recae sobre una gramática gestual donde contorsiones, giros en barra pole, vuelos sobre trapecio oscilante, danza acrobática, equilibrio y esforzadas figuras de fuerza crean un lenguaje propio para conseguir una ambientación poética con una gran fuerza visual y sonora.

 

‘La casa del Conde’

Calificación: 3 estrellas

Dirección y producción: Daniel Esteban. Elenco: Maëlle Bestgen, Laura Lombarte, Aitor Esteban, Néstor Aguilera, Andrés Campos y Ana Esteban. Vestuario y Escenografía: Agustina Cédola. Sonido: Guillermo Lafuente. Luces: Teresa Magallón.

Jueves 25 de septiembre. Teatro del Mercado.



Crítica de la obra de teatro 'La casa del Conde' en Zaragoza: Una casa muy viva


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21 junio 2025

Mea Culpa

 





La terapia de Minerva

Minerva Arbués le contó a Pedro Zapater en estas páginas que después de muchos años de actriz necesitaba encontrar una voz propia para sanar del síndrome de la impostora, ese malaje que te hace dudar de tus logros, mientras la voz de la conciencia alimenta la sensación de culpabilidad como estructura fundamental de la vida.

‘Mea culpa’ es una declaración para demostrar que el testimonio verdadero de la personalidad está relacionado con las acciones que somos capaces de hacer. Un camino por donde corre un  relente de cuñadismo machirulo con sus gotitas de la mala leche que nos aleja del ideal de una pureza absoluta. La peripecia ordena los acontecimientos entrelazando discursos narrativos. La realidad autobiográfica de la actriz está atravesada por un desfile de personajes que vaya usted a saber la proporción de ficción y subjetividad que acarrean.

El talento de Minerva Arbués para combinar las herramientas de la comedia es el pegamento que une ese aparente desbarajuste con un discurso moral. La fluidez verbal le permite desarrollar un relato que juega con las palabras, coloca los chistes con solvencia, y afina una banda sonora con capacidad cabaretera. La gestualidad desinhibida nos lleva al terreno de lo grotesco y, aunque el ritmo afloja con los audios  y la participación del público, esta pirueta artística es la terapia con la que Minerva reivindica su concepción del ser humano. El amor severo del nido familiar y la primera socialización infantil son asidero y zozobra para alcanzar la conciencia ideológica del mundo que nos rodea. Hechos y valores de los que surge el elogio sincero a la madre que nos parió, y la ironía para poner en tela de cachondeo esa nostalgia de baratillo que alimenta las esencias de una historia contemporánea de España que se cree intocable.

‘Mea culpa’

Calificación: 4 estrellas

Producción: Yolanda Blanco, Hello Yoli. Escribe e interpreta: Minerva Arbués. Dirección: Diego Peña. Música original: Miguel Ángel Laita, Vestuario y Atrezzo: Raquel Poblador. Obsidiana Atelier. Iluminación: Angel Cantizani.

Jueves 19 de Junio de 2025. Teatro del Mercado.



'Mea culpa': la terapia de Minerva


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31 mayo 2025

Aporofobia o la creación de una sociedad cosmopolita


 


Un ágora para excluidos

Adela Cortina aprendió en Macondo que las cosas se incorporan al mundo si tienen nombre. Las palabras son importantes porque definen la realidad frente a quienes la ocultan o distorsiona en esta sociedad capitalista organizada alrededor de la idea de mercado, donde el diferente de verdad es quien no tiene capacidad real de contratar. La razón inicial para la discriminación no es de raza o procedencia. Todo comienza por la aversión a las personas pobres o desfavorecidas. Cortina consiguió que ese comportamiento figurara en el diccionario de la RAE con el término de ‘Aporofobia’.

‘Caídos del Zielo’ cede el uso del gesto y la palabra los excluidos mediante una escenografía que juega con dos elementos esenciales del teatro  griego. El ágora como espacio público donde el ciudadano manifiesta sus opiniones. La dramaturgia para convertir esas inquietudes y reflexiones políticas en una representación híbrida de lenguajes teatrales que apelan a la sociedad sin renunciar a la emoción y el entretenimiento. La exposición de ideas y datos objetivos nos sitúan en una realidad social definida por agresiones, malentendidos y buena voluntad, que sobre el escenario se desarrollan con la perfecta armonía de diferentes tonalidades.

El testimonio personal muestra en cuerpo y alma el buen hacer de unos actores naturales que, cuando comparten espacio con el delicioso trabajo de los actores profesionales, sostienen el pulso interpretativo. Los momentos álgidos de emoción llegan cuando el grupo abandona la asamblea para apretarse en una piña que pone voz solista y coros a una cuidada selección de canciones, o mecerse en el suave vaivén de una coreografía con vocación de plebiscito entre perder pie después de un rosario de golpes, o vivir al arrullo de una cadena cosmopolita de abrazos y caricias.

‘Aporofobia o la creación de una sociedad cosmopolita’

Calificación: 4 estrellas

Producción: Caídos del Zielo. Dramaturgia: Alfonso Plou. Dirección: Félix Martín. Intérpretes: Sara Lapiedra, Rubén Remacha, Lucie Thiombiano, Lucio A. Racho, Isidro Sánchez, Gerardo Prichard, Fernando Muñoz, Alba Castillo, Jesús Grijalba, Marina Pastrán, José C. Sáenz, Javier Antón, Mercedes Ramos, M. Esther Lucas Sena, Pepe Ndong, Juany Palomo, José Guillermo Peña, Manuela Lawson, Inma Oliver, José Carlos Causapé y Félix Levi. Composición musical: Pato Badián. Coreografía: Maia Pik. Iluminación: J. J. Sánchez. Participación de alumnos de la escuela superior de diseño de Aragón (ESDA) en escenografía, vestuario, imagen gráfica y fotografía.

Jueves 29 de mayo de 2025. Teatro del Mercado

Foto Daniel Marcos

'Aporofobia': un ágora para excluidos



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23 mayo 2025

Lucía el sol sobre Troya


 

Del origen del teatro a la complejidad de la vida

La profesora de historia antigua Ana Iriarte ha estudiado la evolución del mundo del teatro ateniense para concluir que más allá de sus cualidades lúdicas como espectáculo, se trata de un mecanismo de reflexión sobe los valores políticos y sociales.

La dramaturgia de Cristina Yáñez asume ese reto para convertir ‘Lucía el sol sobre Troya’ en una historia que aúna barniz didáctico, entretenimiento y un acercamiento valiente a la complejidad de los textos clásicos para conectarlos con sutileza artística a los acontecimientos contemporáneos que nos apelan. Una peripecia que parte de los relatos de La Ilíada y La Odisea hasta llegar al lenguaje teatral representado por la tríada básica de tragedia, comedia y cualquier mezcla que contenga ambos estilos.

El preámbulo, como en los buenos manuales de historia, nos sitúa en la geografía de los acontecimientos, y como la transformación de la poesía heroica al drama épico ocurrió entre las tierras del Peloponeso y Troya separadas por el mar Egeo.

El acto inicial es un trabajo de adaptación para trasladar al escenario el relato de los héroes homéricos. La etapa final de un viaje entre la oralidad de la narración al lenguaje escrito que fijó definitivamente la tradición para que el peso de la narración y la palabra establezca el orden preciso de los acontecimientos. Por eso su representación se caracteriza por la austeridad en los gestos, y concentra toda la energía en un ejercicio donde prevalece lo narrativo sobre lo dramático. La tragedia se percibe tan fría y severa como la figura masculina de sus protagonistas, hasta que la dramaturgia incorpora el uso del audiovisual para introducir la voz en primera persona de las mujeres que también han sufrido la tragedia. Una exposición de los hechos que apela al espectador alejándose del mundo mítico, para acercarse a la experiencia humana transmitida con el aroma que utiliza el lenguaje documental contemporáneo.

La voz femenina en primer plano será una de las características de la representación, y su uso se repetirá en las siguientes fases mediante la tragedia de Electra y la comedia de Lisístrata.

Ana Iriarte nos recuerda que si en la tradición oral los mitos vivían vidas ejemplares, la incorporación de los poetas trágicos al nuevo sistema de representación formal generó un espectáculo con aspiraciones adictivas para el espectador con un elemento novedoso: la relevancia de la acción dramática donde destaca la figura del actor. En ese sentido el segundo acto nos muestra una mirada personal que utiliza los elementos propios del teatro clásico griego. Lo más evidente es la presencia de coturnos y máscaras para elevar y subrayan el estado de ánimo de los personajes, que ahora se construyen con gestos grandes, mientras la fuerza de la voz busca ecos que muestren dolor, humillación y derrota. El relato sobre el héroe de la epopeya homérica ha desaparecido. Su lugar lo ocupa el héroe trágico con sus experiencias extremas. La dramaturgia muestra con claridad ese cambio formal en la manera de contar, pero su intención final es afectar al mundo contemporáneo, y por eso entrega el uso de la palabra al grupo de actores que están ensayando los textos clásicos. Estamos en el momento clave, en la antesala que nos llevará a la catarsis para que la representación alcance el valor de un espectáculo político con capacidad para estremecer. El recurso formal es la ilustración mediante fotografías que subrayan la indignación de quien contempla una secuencia de imágenes proyectadas sobre el fondo del escenario para formar la línea temporal que conecta la guerra de Troya, los conflictos bélicos que ya forman parte de la historia, y las crisis contemporáneas a las que asistimos desde la primera fila de nuestros teléfonos móviles: masacre en Siria, bombardeos en Ucrania y genocidio en Gaza.

La función podría terminar aquí y dejar al espectador ahogado en la realidad del drama. Pero el teatro también tiene la función de divertir y el tercer acto cambia por completo la piel del escenario. La dramaturgia voltea el pesimismo trágico de Sófocles y lo sustituye por el tono alocado que caracteriza las comedias de Aristófanes. Desaparece el aíre mítico y sagrado que envolvía a dioses y héroes para dejar paso al torbellino de la crítica festiva y mordaz de una pantomima que se instala en las pasiones básicas del ser humano. La guerra pierde toda su carga trágica y ahora solo es un chascarrillo para dar rienda suelta a la frivolidad de un comportamiento chabacano. Pero no se preocupen, es muy posible que liberadas las tensiones propias del discurso dramático, la caricatura de la realidad también sea un excelente indicativo que nos lleve hacia la catarsis, y por lo tanto tendríamos otro posible final. Sin embargo Cristina Yáñez nos guarda una última sorpresa.

El epílogo es un canto para que la imaginación asalte las tablas del escenario sin tener en cuenta el incómodo corsé de la realidad o los géneros dramáticos. La libertad del creador se permite un encuentro inverosímil para promover nuevos diálogos que sigan invocando la catarsis, que la mirada imaginativa del dramaturgo sea tan crítica y personal como para invitar al espectador a seguirle en esa aventura.

Todo esta ese delicado equilibrio formal se sustenta gracias a una dirección que armoniza la capacidad camaleónica del texto, el espacio y el trabajo actoral. La sencillez escenográfica de un escenario prácticamente vacío se complementa con la iluminación de Fernando Vallejo, una guía en el tránsito de la penumbra del drama hasta la luz de la comedia. La selección musical a veces subraya las intenciones de la palabra, pero también rompe su intensidad para que la coreografía alivie tensiones, genere un tiempo de remanso que reseteé la atención del espectador, un respiro antes de volver a la brecha. Las proyecciones de imágenes, textos y videos acentúan la acción dramática, unas veces tomando toda la carga de la narración, y otras como el condimento justo para acompañar el mensaje.

La solidez del trabajo actoral es la garantía final que permite poner en pie la función. El viaje del espectador se produce a lomos de sus mutaciones. Una flexibilidad que les permite saltar desde la rigidez del gesto granítico, al desparpajo jacarandoso de una chispa inesperada. El buen manejo con la energía de la palabra es contundente y afianza el drama, que se vuelve eléctrico y picante cuando entra en juego la chanza. Ana Cózar aporta la dinámica de una eficacia elegante para sobrevolar el escenario con la ligereza que trae el aire fresco. Daniel Martos vuelve a dejar constancia del peso de sus interpretaciones, y confirma el grato recuerdo que guardo de la precisión con la trabaja el teatro del absurdo, y de la que también hace gala en esta ocasión. Siempre atento al detalle pequeño, pone en valor el brillo de su mirada para transmitir las emociones que pretende el texto. Jesús Bernal nos regala un ticket para viajar en la montaña rusa de la contención al desparrame. Un hieratismo frio de busto que se transforma en un movimiento burdo y exagerado que el espectador agradece para desconectar sin rubor de la razón, y dejarse arrastrar por la carcajada que provoca lo grotesco.

‘Lucía el sol sobre Troya’ está construida con las suficientes capas narrativas para que cada espectador elija su propio recorrido. El erudito enlazará la ingente presencia de personajes, tramas y reflexiones hasta completar el puzzle que describe el origen del teatro y sus ramificaciones. El ciudadano al loro de la realidad social identificará sus preocupaciones para conectarlas con una línea histórica que lo dejará colgado en la Grecia antigua, y reflexionar sobre lo poco que ha cambiado la naturaleza humana después de veinticinco siglos. El espectador tentado por la curiosidad disfrutara de todas las puertas que se le abren para descubrir o regresar a los relatos clásicos, las diferentes maneras de contarlos, y como esas historias conforman nuestra idiosincrasia cultural. Y todos ellos se congratularán de encontrarse con una herramienta que nos ayuda a comprender la complejidad de una sociedad en la que conviven diversidad de identidades, procedencias y maneras de pensar. Un complicado entramado que quizás solo se pueda visualizar en toda su amplitud sobre las tablas de un escenario y quien sabe, tal vez ahí radique el mensaje y el éxito definitivo de esta función.

 

‘Lucía sobre el sol de Troya’

Producción y creación audiovisual: Tranvía Teatro. Dirección y dramaturgia: Cristina Yáñez. Reparto: Jesús Bernal, Ana Cózar y Daniel Martos. Espacio escénico: Cristina Yáñez / Fernando V. Labrador. Diseño de iluminación y dirección de producción: Fernando Vallejo. Vestuario: Jesús Sesma. Asistencia técnica: Raquel Laiglesia.

Jueves 23 de mayo de 2025. Teatro del Mercado.

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17 mayo 2025

Cortázar en juego

 



El laberinto de Cortázar

Los autores de la función se enfrentan al reto de atrapar la particular destreza narrativa de Cortázar y trasladarla al ámbito de la acción dramática, a partir de unas coordenadas muy bien delimitadas por dos escritores. Juan Gabriel Vásquez afirma que sus ficciones son mejores en la ambigüedad que en la certeza. Benjamín Prado le asigna la invención de un lenguaje que equilibra tradición y vanguardia.

Al principio solo existe el verbo. La reproducción de un registro sonoro nos lleva hasta el meollo del escenario donde un micrófono graba la exquisita precisión oral del radio teatro, mientras una gestualidad sosa y oxidada se aleja de lo teatral. No se preocupen, ese momento tan solo es el epicentro de una dramaturgia en expansión centrífuga que, liberada de las hechuras clásicas de la representación, encuentra un tono propio y original que nos invita a jugar con el espacio y las palabras.

La escenografía es una caja de cartón que transforma un avión de pasajeros en una casa embrujada. El escabel para embaucar ilusos con animales inventados deriva en instrucciones para llorar penas o excusas. La tradicional peripecia con principio y fin se ha sustituido por historias fragmentarias. Una colección de viñetas que se desplazan unas a otras. Un puntapié te deja varado en ese diálogo absurdo incapaz de llegar a ninguna parte. Un salto te lleva al otro lado del proscenio, para regresar al mismo lugar donde la exuberancia sexual de los amantes es una yuxtaposición esterfurosa de jerigonza.

Las interpretaciones de Pablo Rivero y Ana Rayo están teñidas por esa ironía infantil que abre la puerta a la sonrisa, mientras ellos disfrutan del vaivén y la energía de unos personajes, que exigen al espectador suficiente determinación para seguirlos por el delicioso laberinto de Cortázar.

 

‘Cortázar en juego’

Calificación: 4 estrellas

Producción: Entrecajas Producciones Teatrales. Texto a partir obras de Julio Cortázar: José Sanchis Sinisterra y Clara Sanchis Mira. Dirección: Natalia Menéndez. Reparto: Pablo Rivero y Ana Rayo. Escenografía: Mónica Boromella. Música y espacio sonoro: Mariano Marín. Vestuario: Laura Ferrón.

Jueves 15 de mayo de 2025 Teatro del Mercado

El laberinto de Cortázar

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15 mayo 2025

Méliés el mago del cine

 


Divulgar con la risa

Los hermanos Lumière le auguraron un futuro incierto a su nuevo invento. El cinematógrafo nunca llegaría más allá de una curiosa herramienta que les permitiría reflejar de manera documental la forma de vivir de finales del siglo XIX. El texto de Daniel Tejero recoge este momento fundacional mediante un salto en el tiempo que nos lleva al Paris de 1895 para contarnos la historia de uno de los pioneros que protagonizaron un cambio fundamental.

Méliés era hábil en casi todos los oficios. Con una imaginación desbordante amasada en el escenario del teatro y actor por naturaleza, puso la magia de su creatividad como prestidigitador y todas sus facultades de artista al servicio de la nueva tecnología. Grabar y proyectar imágenes en movimiento le permitió explorar las posibilidades de un incipiente lenguaje para contar desde aventuras fantásticas a historias reales.

La dramaturgia apuesta por la participación activa del público. Un riesgo innecesario cuando el relato pide aumentar el músculo narrativo de una peripecia, donde lo más interesante ocurre al armonizar la dinámica de los tres protagonistas con el divertido aliño de la divulgación.

La sobriedad de Ismael Escribano ocupa la parte posterior del escenario con la banda sonora de un piano minimalista y poético. Rubén Remacha ejerce como el maestro de ceremonias diligente y eficaz que empuja la acción con la inteligencia y la ternura de quien sabe lo que quiere, y lo muestra con una teatralidad natural. La explosiva vitalidad de Alba Escribano es el contrapeso que va de un lugar a otro con energía orgánica para dar y tomar. Revolotea entre sus compañeros, agita el patio de butacas, y tiene la clarividencia del payaso para hacer reír con esa seriedad sobrevenida que voltea palabras, sortea obstáculos y nunca se da por vencida.

 ‘Méliès el mago del cine’

Calificación: 3 estrellas

Producción: Factory Producciones. Autor: Daniel Tejero. Dirección: Rubén Remacha y Mario Ronsano. Reparto: Rubén Remacha, Alba Escribano e Ismael Escribano. Espacio escénico e iluminación: José Antonio Royo. Escenografía: Eduardo Velilla. Espacio sonoro: Ismael Serrano. Vestuario: Raquel Poblador.

Jueves 8 de mayo de 2025. Teatro del Mercado.

‘Méliès el mago del cine’: Divulgar con la risa




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29 abril 2025

True West

 



Una transformación en pausa

El mito del sueño americano ha cambiado desde la libertad individual de los pioneros donde primaba la igualdad, hasta la justicia social del New Deal que superó la Gran Depresión de los años 30, para terminar en una deriva aspiracional centrada en el consumo de bienes materiales. Shepard concentró todas estas tensiones en el interior de una casa cuando un vaquero crepuscular llegó a la Casa Blanca en los años ochenta, para salvarnos de la decadencia provocada por el bienestar social y así, True West convirtió la disputa entre dos hermanos en un debate colectivo entre el sueño mítico y la tozuda realidad. Un tema tan de ahora mismo como la consigna del nuevo sueño americano. Levantar muros y azuzar odios para regresar a la prosperidad de antaño.

El texto apela al espectador contemporáneo mediante una conflictiva relación entre hermanos. Una palmaria realidad que nos golpea hasta que se disuelve en un circunloquio absurdo por el que transitan las discusiones familiares más bizarras, desde los asuntos serios hasta las minucias de la vida.

Este objetivo se aprecia con nitidez en las tres primeras escenas en las que Fran Martínez y David Diestre debaten como contrincantes al canto de los grillos, conversan como hermanos con la luz del día, y camelan cada uno con su estilo a un eficaz Andrés Pacheco como generador del conflicto definitivo.

La metamorfosis a la que se someten los personajes altera su composición por un freno de mano invisible, que afecta a los dos hermanos cuando se quedan solos en escena. Se hablan pero no se escuchan, se miran pero no se ven, se tocan pero no se sienten. La transformación de ambos se produce en burbujas aisladas que alejan la emoción del patio de butacas. El trabajo actoral es indudable y los desajustes desaparecerán con el rodaje de la función.

 

‘True West’

Calificación: 3 estrellas

Producción: El Enjambre Lab. Autor: Sam Shepard. Dirección: María Aladrén. Elenco: David Diestre, Fran Martínez, Andrés Pacheco Agudelo y Nines Cárceles. Dirección Técnica, escenografía y sonido: Louis Wells. Luces: Pedro Javier Mora. Vestuario: Nines Cárceles.

Viernes 25 de abril. Teatro del Mercado.

'True west': una transformación en pausa


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14 abril 2025

La fábula de la raposa

 



Una fábula para el siglo XXI

La zoóloga Jo Wimpenny recuerda que las fábulas de la antigüedad contaban historias irónicas de una crónica social que recelaba de las debilidades humanas para aportar una lección moral. El recurso al personaje animal permite asociar las ideas preconcebidas y así, el zorro siempre es astuto y el burro estúpido, aunque esos comportamientos no se correspondan con la realidad biológica. Los ‘Titiriteros de Binéfar’ le dan la vuelta a ese calcetín para contarnos una aventura que invita a «reflexionar con profundidad sobre la relación del hombre con la naturaleza»

Los animales nos enseñan como el instinto de supervivencia es mucho más efectivo cuando el reto individual se sustituye por un vínculo donde prima la cooperación. El modo de vida del hombre y su capacidad para modificar los espacios naturales comunes condiciona de manera determinante sus relaciones con los animales salvajes y los de granja. Cuando la separación entre esos dos mundos es una línea muy delgada se producen momentos de tragedia, y a partir de ahí la función lanza un mensaje esencial: Reivindicar un comportamiento respetuoso y comprensivo con todas las criaturas que comparten espacio y recursos.

La dramaturgia reserva la palabra para la sabiduría que algunos abuelos todavía guardan bajo sus boinas. Una especie en peligro de extinción para recordar tiempos que ya no existen. La escenografía diseñada para la técnica de varillas superiores subraya la distancia entre hombre y muñecos, y permite a los titiriteros mostrar la maestría de tantos años de experiencia, y definir con precisión la conducta de los animales mediante el vértigo del movimientos o delicados detalles, que siempre van acompañados por la pincelada de una banda sonora en directo que refuerza su presencia, dinamiza acciones y agita sentimientos.

‘La fábula de la raposa’

Calificación: 4 estrellas

Producción: Titiriteros de Binéfar. Guión y dirección: Paco Paricio. Muñecos: Tania Magura y Nikolay Lozovsky. Actores: Paco Paricio y Marta Paricio. Música: Elena Polo. Escenografía: Joan Domingo, Nikolay Lozovsky, Paco Paricio y Matías De Arriba.

Viernes 11 de abril de 2025. Teatro del Mercado.

Titiriteros de Binéfar: Una fábula para el siglo XXI


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10 febrero 2025

Pájaros en la cabeza


 

Una función magistral

La ovación cerrada del patio de butacas me hizo ver ‘Pájaros en la cabeza’ como una historia alimentada de otras historias. De un texto de Esteban Villarocha para dos zagalas ‘Perdidas en el teatro’. De una película de Almodóvar en la que Agrado memoriza las frases de ‘Un tranvía llamado deseo’ en el camerino de Huma Rojo, mientras la diva está en el escenario. Del bastón lorquiano con el que Bernarda le recuerda a Poncia que solo le paga para ser la criada de la casa. La dramaturgia de Rafael Campos se suma a esa corriente de narraciones, y en una sola escena expone su poética teatral, muestra la esencia del conflicto dramático mediante dos personajes maravillosos, con los que juega a pasar de un lado a otro de esa frontera que se llama proscenio, y acompañado por Lorca, Valle y Calderón cubrir los avatares de la vida con la pátina dorada del teatro.

Las palabras desterradas de la jaula de la memoria son un símbolo poético para representar el tema de la amistad en un espacio vacío. Una invitación para olvidar el ritual que organiza los diálogos en torno a un decorado y así, toda la responsabilidad recae en el talento de unas interpretaciones que Campos dirige con delicadeza, mediante una coreografía de tira y afloja alimenta pleitos y cariños de toda una vida compartida. Un camino ribeteado de humor, y con algunas pistas que culminan en un giro final para poner del revés una realidad que se va por donde ha venido.

Los matices del texto abonan el duelo entre dos actrices que afinan la prosodia para cambiar de registro en un suspiro, y moldear con naturalidad movimientos, gestos y miradas hasta convertir sus cuerpos en el salvoconducto de unas emociones, que a veces solo necesitan la sabiduría de un silencio. El trabajo actoral de Carmen Marín y Marisa Nolla es magistral.

 

‘Pájaros en la cabeza’

Calificación: 4 estrellas

Compañía: Le Plató de teatro. Autor y Director: Rafael Campos. Reparto: Carmen Marín y Marisa Nolla. Producción ejecutiva: Esteban Villarrocha. Música: Jaime López. Ayudante de dirección: Ana Isabel Aguilé. Vestuario: Jesús Sesma. Técnico de luces: Roberto Gregorio Moreno.

Sábado 8 de febrero de 2025. Teatro del Mercado.


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