La curvatura de la córnea

31 mayo 2025

Aporofobia o la creación de una sociedad cosmopolita


 


Un ágora para excluidos

Adela Cortina aprendió en Macondo que las cosas se incorporan al mundo si tienen nombre. Las palabras son importantes porque definen la realidad frente a quienes la ocultan o distorsiona en esta sociedad capitalista organizada alrededor de la idea de mercado, donde el diferente de verdad es quien no tiene capacidad real de contratar. La razón inicial para la discriminación no es de raza o procedencia. Todo comienza por la aversión a las personas pobres o desfavorecidas. Cortina consiguió que ese comportamiento figurara en el diccionario de la RAE con el término de ‘Aporofobia’.

‘Caídos del Zielo’ cede el uso del gesto y la palabra los excluidos mediante una escenografía que juega con dos elementos esenciales del teatro  griego. El ágora como espacio público donde el ciudadano manifiesta sus opiniones. La dramaturgia para convertir esas inquietudes y reflexiones políticas en una representación híbrida de lenguajes teatrales que apelan a la sociedad sin renunciar a la emoción y el entretenimiento. La exposición de ideas y datos objetivos nos sitúan en una realidad social definida por agresiones, malentendidos y buena voluntad, que sobre el escenario se desarrollan con la perfecta armonía de diferentes tonalidades.

El testimonio personal muestra en cuerpo y alma el buen hacer de unos actores naturales que, cuando comparten espacio con el delicioso trabajo de los actores profesionales, sostienen el pulso interpretativo. Los momentos álgidos de emoción llegan cuando el grupo abandona la asamblea para apretarse en una piña que pone voz solista y coros a una cuidada selección de canciones, o mecerse en el suave vaivén de una coreografía con vocación de plebiscito entre perder pie después de un rosario de golpes, o vivir al arrullo de una cadena cosmopolita de abrazos y caricias.

‘Aporofobia o la creación de una sociedad cosmopolita’

Calificación: 4 estrellas

Producción: Caídos del Zielo. Dramaturgia: Alfonso Plou. Dirección: Félix Martín. Intérpretes: Sara Lapiedra, Rubén Remacha, Lucie Thiombiano, Lucio A. Racho, Isidro Sánchez, Gerardo Prichard, Fernando Muñoz, Alba Castillo, Jesús Grijalba, Marina Pastrán, José C. Sáenz, Javier Antón, Mercedes Ramos, M. Esther Lucas Sena, Pepe Ndong, Juany Palomo, José Guillermo Peña, Manuela Lawson, Inma Oliver, José Carlos Causapé y Félix Levi. Composición musical: Pato Badián. Coreografía: Maia Pik. Iluminación: J. J. Sánchez. Participación de alumnos de la escuela superior de diseño de Aragón (ESDA) en escenografía, vestuario, imagen gráfica y fotografía.

Jueves 29 de mayo de 2025. Teatro del Mercado

Foto Daniel Marcos

'Aporofobia': un ágora para excluidos



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03 mayo 2025

Hilos de Sangre

 


Gritar en la alcoba cerrada

Los textos de Samuel pertenecen al canon de libros históricos, y en ellos se cuenta el cambio político de Israel. De las tribus gobernadas por jueces hasta su transformación en una estructura monárquica centralizada con el rey David como protagonista. Esmeralda Gómez se apoya en esta coyuntura histórica para mostrar como la violación de Amnón perpetra a su hermana es un ejemplo de continuidad en la barbarie, y por eso nos retrotrae hasta el momento en el que su padre David se encaprichó de Betsabé, envió a su esposo Urias a morir en la guerra, y así pudo gozar de la mujer de su vasallo.

Luís García Montero afirma que el ‘Romancero gitano’ de Lorca pretende establecer un diálogo entre la tradición y la vanguardia, con la intención de presentar un mundo literario propio, reconocible, y mediante una manera muy personal de mirar la realidad para contarla a través de imágenes y ordenarla estéticamente.

La dramaturgia de Esmeralda Gómez se sustenta en estas dos narrativas a los que añade el grito de las mujeres que alerta, previene y denuncia, hasta construir una narración con la mezcla de diferentes lenguajes escénicos que encajan de manera sólida y contundente. La energía de sus palabras atraviesa el escenario, se proyecta sobre el patio de butacas y te arrastra porque más allá del desgarro que emociona y conmueve, se cuenta una historia para revelar la injusticia histórica que mezcla en un pozo oscuro deseo y poder.

La escenografía divide el escenario en dos espacios. En el primero transcurren los acontecimientos explícitos para de la historia sagrada, la recreación biográfica y el aroma poético. El segundo es el lugar donde los intérpretes cambian de apariencia física y espiritual. El que modifica la densidad dramática al compás minimalista de las cuerdas de la guitarra de Nacho Blancas, altavoz para un cántico solidario que se pone al lado de la mujer atacada. El eco de la voz desprotegida por el desgarro de la rabia se convierte en reivindicación política y moral.

Esta dualidad geográfica es la base de un proceso creativo caracterizado por el desdoblamiento de imágenes y ecos. Escenas y sonidos que proclaman una realidad más allá de la percepción sensorial, ese ejercicio donde las connotaciones morales confunden la virtud de los sentimientos con la deriva obsesiva que te lleva al pecado de los religiosos o la barbarie de lo crédulos. Es evidente que el objetivo de la autora, más allá de la acción teatral, es visibilizar el ejercicio de la violencia contra las mujeres y transmitir al espectador la necesidad de alcanzar nuevos valores. Sin embargo la manera de mostrarlo aleja el mensaje del discurso panfletario para elevarlo a la enjundia del lenguaje escénico.

La presentación de los personajes es un caleidoscopio de energía y complejidad que permite a los actores recorrer interesantes arcos dramáticos que los llevan por los caminos de la canción, la coreografía y la palabra. Los más evidentes son los de la pareja protagonista. Amnón pasa del enamoramiento infantil a la obsesión fatídica de la seducción turbada por un apetito sexual que muestra un deseo tan irrefrenable como caprichoso. Thamar se presenta desde el inicio con el tono rasgado de quien ha sufrido una agresión, y de alguna manera el resto de los cambios de ánimo siempre tienen ese punto de alarma que mantiene en vilo al patio de butacas hasta que se consuma la violación, y de nuevo aparece la dualidad de no ver lo sustancial y solo atender a su reflejo. Un juego de imágenes deja el drama en la oscuridad mientras un destello de luz es tan solo el flash de un momento estático. La percepción del horror se clava en la retina mientras la música te golpea. Es el momento de comprender la injusticia de exigir a la mujer violada que construya un relato preciso y exhaustivo de la agresión.

La dirección de Félix Martín ordena esta gran cantidad de material como el estratega que despliega sus fuerzas en la geografía de la batalla. Todo parte de una cierta pausa en la que los personajes se manufacturan en la parte posterior del escenario hasta el momento de someterse a la eficacia del movimiento escénico y la coreografía corporal. Su presencia va ganando peso hasta asentarlos sobre los focos más intensos, y dejar que el espectador termine de descubrirlos en una excelente prosodia y gestualidad. La utilización de la pausa es un elemento muy interesante, pero conforme transcurren los minutos se convierte en un pequeño lastre, y la peripecia pierde ritmo por unas transiciones que alargan innecesariamente la duración de la función.

El trabajo actoral es de alto voltaje gracias a la capacidad del elenco para dominar la intensidad de las emociones, mientas la dirección mantiene el equilibrio de unas relaciones que chisporrotean chispas sin caer en la peligrosa tentación del cortocircuito propio de la exageración y la impostura. Conseguir ese delicado equilibrio cuando las emociones están tan a flor de piel es una de las claves del éxito de la función.

Luisal Martu está imponente en cada una de las transiciones con las que le toca lidiar entre la actitud austera y atribulada del adulto y la fresca vivacidad de un niño, el trabajo corporal para descomponerse ante nuestros ojos, o el brillante manejo de la comedia del arte para darle ese punto burlesco para lanzarle una flecha al comportamiento de los poderosos. Eva Lago hace un ejercicio de elegante versatilidad para dibujar los cambios de personaje a los que se enfrenta, contundente en réplicas desde el coro hasta lograr un gran poso dramático cuando su figura remeda la de un hombre. Sara Lapiedra se enfrenta a la dificultad de comenzar su actuación en un punto muy alto de energía, y sin embargo es capaz de que ese grito, lejos de ser un lastre para el resto de su trabajo, convertirlo en un velo invisible para conseguir que, más allá del recorrido realizado por su personaje, el drama esté siempre presente.

‘Hilos de sangre’ utiliza textos previos como el disparadero para un excelente texto que plasma la mirada rabiosamente contemporánea sobre el uso de la violencia sobre las mujeres, y que el teatro vuelva a ser la caja de resonancia que amplfique reivindicaciones y denuncias mediante la confluencia de las artes escénicas con la historia y la poesía.

 

‘Hilos de Sangre’

Producción: Riesgo Teatro. Dramaturgia: Esmeralda Gómez asesorada por Alfonso Plou. Dirección y escenografía: Félix Martín. Intérpretes: Sara Lapiedra, Eva Lago, Luisal Martú y Nacho Blancas. Coreografía: Amador Castilla. Iluminación: Bucho Cariñena. Vestuario: Raquel Poblador – Obsidiana Atelier. Composición musical: Nacho Blancas.

Domingo 6 de abril de 2025. Teatro del Mercado.

 

Revista El Pollo Urbano


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01 noviembre 2024

Hijas de la misericordia


 

Un drama atravesado por la ternura

La fascinación por la pintura de Caravaggio tiene que ver con la forma en la que concibió su obra, y como utilizaba los fondos negros para centrar la acción en la mente del espectador, hasta construir una especie de secuencia mediante diferentes fotogramas aislados unos de otros, pero todos bajo la misma fuente de luz. Pintar desde la oscuridad para llegar a la luz con la idea de crear contrastes.

'Hijas de la misericordia' es una función que recorre ese mismo camino. Desde lo más tenebroso de la condición humana hasta una amistad luminosa. El programa de mano nos advierte que el espectáculo se basa en los testimonios de mujeres que pasaron su infancia y primera adolescencia en una Casa de Misericordia al amparo de la Iglesia Católica de los años setenta, allí donde acababan muchos hijos de la pobreza, la desestructuración familiar y el maltrato para convertirse en los cobayas de una rancia educación en medio de ínfimas medidas de higiene y salubridad.

La dramaturgia se apropia de las palabras de las mujeres que han tenido el arrojo de contar su historia, y a partir de ahí confeccionar un nutritivo entramado de lenguajes narrativos. El primero utiliza la sobriedad del ensayo como el método para transmitir datos históricos, reflexiones pictóricas y una contextualización que nos permite tener perspectiva para valorar los acontecimientos. El segundo tiene el aroma poético del recuerdo de unas hijas abandonadas por sus madres. No te preocupes por si los acontecimientos te parecen terribles o dramáticos porque el tono con el que se cuentan tiene un elevado nivel de humanidad, y es capaz de esquivar cualquier pulsión parecida al odio o el desprecio. El tercero sumerge la acción en el devenir diario del internado en el que viven nuestros protagonistas. Cuatro niñas al albur de la manipulación educativa y emocional de sacerdotes y monjas, y sin embargo ese entorno de miedo, hambre y frío se convierte en un delicioso retrato costumbrista que transita por la sabiduría del humor y la ironía.

Esta sugerente combinación de diferentes formas de contar la historia es perfecta para definir la personalidad de las protagonista, y tiene la virtud de preparar a los espectadores para cuando datos, recuerdos y entrañables Andanzas infantiles nos dejan a los pies de las confesiones en primera persona de unas mujeres arrasadas por la vida, que ahora nos miran de frente y apelan directamente a nuestro corazón.

La dirección se hace cargo de este catálogo de expresiones escritas para convertirlas en acciones, gestos y declamaciones que conforman una coreografía teatral en su justo punto de armonía, sin permitir ni una sola nota discordante, y alimentando el poder escénico mediante el uso de materiales de atrezo como linternas, zapatos o tocas que van más allá del aliño escénico y se convierten en nuevos personajes.

El ambiente mágico que se crea sobre el escenario sería imposible sin la eficacia de las cuatro actrices. La delicadeza de su trabajo se sustenta en una concepción elegante y minimalista de la interpretación para afrontar con exactitud y ternura cada uno de los muchos matices por los que transitan, desde dibujar con nitidez la personalidad de cada uno de los personajes hasta empujar la peripecia colectiva. La aparente levedad con la que saltan de un plano a otro esconde un potente ejercicio dramático que compagina la individualidad con el valor comunitario del grupo Dos aspectos clave para entender que pese a todo lo vivido y lo que queda por venir, en medio de la atmósfera tenebrosa de un cuadro de Caravaggio siempre puedes escapar de la oscuridad para situarte bajo la tenue luz de la esperanza.

'Las hijas de la misericordia'

Producción: Pere Fullana, Iguana Teatre, Albena Teatre, Teatro del Temple y Teatre Principal de Palma. Dramaturgia y documentación: Pere Fullana, Carme Planells, Alfonso Plou, Aina Salom. Dirección: Pere Fullana. Reparto: Anna Berenguer, Rebeca Del Fresno, Catalina Florit e Irene Soler. Ayudante de dirección: Xavi Núñez. Iluminación: Toni Gómez. Escenografía: Luís Crespo. Vestuario: Bel Cirerol. Técnico de sonido y luces: Juanro Campos. Construcción de escenografía: Background Producciones / Pablo Sacristán. Diseño gráfico, grabación videográfica y fotografía: Teatre Principal. Promoción y comunicación: Teatre Principal e Iguana Teatre. Distribución: Iguana Teatre, Albena Teatre y Teatro del Temple. Diseño de producción: Carles Molinet. Producción ejecutiva: Jordi Banal. Asistentes de producción: Toni Benavent y María López Insausti

30 de Noviembre de 2024. Teatro del Mercado.


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26 septiembre 2024

3 Hermanas

 




Un Chejov para el siglo XXI

Una de las responsabilidades más importantes de los dramaturgos contemporáneos es ofrecer nuevas lecturas de los clásicos para que nos hablen del presente sin traicionar la esencia del pasado. La adaptación que Alfonso Plou y Carlos Martín han realizado de ‘Las tres hermanas’ supera el reto con algunas pinceladas para actualizarla. Se introducen frases que nos sitúan en la Rusia postsoviética que lucha por recuperar la identidad idealizada de cuando era un imperio. La incorporación del patinete como símbolo de una generación atosigada por una sucesión de crisis económicas que los arrastra a una edad de hielo, donde la nostalgia idealiza un pasado que se advierte como cobijo y consuelo. Estas dos situaciones conectan la fatalidad melancólica del estreno de la obra en 1901 con una sensación muy arraigada en estos tiempos hiperconectados por la globalización: creer constantemente que la felicidad está en otra parte hasta abstraerse de la realidad.

La escenografía tiene la finalidad funcional de un enorme salón donde ocurre la peripecia que alterna territorios de tristeza, soledad y desesperación con acontecimientos alegres y distendidos, hasta que la sencillez poética de una proyección nos deja en un jardín de abetos y abedules donde se resuelven todos los dramas que nunca llegan a percibirse como tragedias.

A partir de este contexto, la dirección de Carlos Martín ha cuidado al máximo el trabajo del elenco para dibujar cada uno de los personajes mediante un acertado ejercicio de precisión. Actores y actrices manejan con sutileza el realismo teatral hasta conseguir que el artificio de la verdad conecte con el espectador, y hacerlo participe del fluir cotidiano de la vida. Esta autenticidad es imprescindible para seguir el juego dramático a un Chejov en modo siglo XXI.

 

‘3 Hermanas’

Calificación: 4 estrellas

Compañía: Teatro del Temple y Nova. Autoría: Antón Chejov. Adaptación: Alfonso Plou y Carlos Martín. Dirección y escenografía: Carlos Martín. Intérpretes: Alex Aldea, Fany Gijón, Javier Guzmán, Blanca Láinez Laura Lúa, Luisal Martu, Jorge Rado, Rubén Remacha, Ignacio Viscasillas, Nuria Zapatería. Producción: María López Insausti.

Martes 24 de septiembre. Teatro de las Esquinas.

'3 Hermanas': Chejov en modo siglo XXI (heraldo.es)

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28 mayo 2024

Emotional collage theater

 


La fuerza emotiva de una disección teatral

El título de la función ‘Emotional collage theater’ y el diseño del cartel  es una sugerencia inmediata que nos lleva a una creación donde diferentes elementos forman una representación teatral que juega con la yuxtaposición de texturas, formas y colores hasta crear una obra original. Sin embargo mi sensación fue la de presenciar un ejemplo práctico de lo que el cocinero Ferrán Adriá definió como deconstrucción: una técnica que descompone los sabores para integrarlos en nuevas texturas que respetan la esencia de los ingredientes y su armonía.

La primera ruptura es la modificación del espacio para que la acción teatral y la percepción del público ocupen el mismo lugar. Las sillas de los espectadores se disponen sobre el escenario para formar la figura ovalada de un Circo Romano. Los actores irrumpen en la arena de su interior, pero también saltan por encima de las gradas y ocupan un nuevo espacio en el perímetro exterior. De esta manera el aparente desorden inicial se sustituye por una nueva escenografía en equilibrio.

En la arena del circo se habla de los aspectos creativos de la profesión, desde la frase cotidiana que merece teatralidad hasta las teorías filosóficas de la representación o las paradojas que acechan al actor, hasta que la teoría se detiene para que brote la belleza de los textos literarios.

El movimiento de los actores, que a veces es estático, se me antoja la triangulación del billar que combina golpes a tres bandas con el impacto de una réplica que a veces expulsa al interlocutor de la partida, hasta que la dramaturgia abandona los límites impuestos por la ficción y su teoría, olvida los desvaríos metateatrales y ocupa el perímetro para que los actores recuperen la piel del ciudadano que hasta entonces había permanecido sepultada por el vestuario de otro personaje. Es el momento de la carrera de las quejas a paso ligero de mundo profesional lleno de malajes que contamina la vida del actor. El sufrimiento ha dejado de ser papel, monólogo o rima. Ahora los males son de carne y hueso. Del estrecho faranduleo de la vanidad a la nómina menguante que no da para aguantar el despotismo mediocre del director de escena, y por favor que nadie huela tanta infelicidad.

Las carreras de las quejas comenzaron en el perímetro exterior pero terminaron en un círculo interior que nos habla de la dificultad con la que se enfrentan los actores para separar, y al mismo tiempo unir, los territorios de la ficción y la realidad. Quien sabe si la culpa, la culpa, la grandísima culpa es el método que santifica el rito de poner los sentimientos personales al servicio de unos personajes con los que disfrutan al mismo tiempo que se vacían.

La cercanía con los actores es óptima para chequear su respiración, los ligeros temblores en la voz y la luminosa seguridad del movimiento firme y la frase bien dicha para sostener una estructura narrativa compuesta por saltos aparentemente sin orden ni concierto, y de los que puedes extraer diferentes deleites. Desde dejarte llevar por el soniquete rítmico de la excelente prosodia de los actores en el acto lúdico de mecerse en los significados poéticos, mientras los abandonas en el laberinto de una compleja reflexión de autoconocimiento. Pero eso sería desaprovechar el talento en la escritura y la representación. El reto fetén es zambullirse en la catarata de conceptos teóricos, y acompañar a los actores en la gozosa desesperación que abarca la amplitud de un trabajo que les lleva del lenguaje coloquial a las disertaciones que festejan las aceras de la filosofía. Esa cosa tan extraña de que los protocolos y procedimientos para levantar una buena actuación también sirven para manejarte por la vida, y como la construcción del personaje, ese salto que va de la inseguridad del oscuro al brillante proscenio de la luz cenital, te puede ayudar a profundizar en las contradicciones y la complejidad de la vida real.

‘Emotional collage theatre’ disecciona las entrañas del mundo teatral para mostrar las vísceras del lugar donde nacen las historias que se representan. Nos enfrentamos a la aventura del  hacha que corta cabezas desorientadas, la picadora de egos trasnochados y las benditas palabras para que la poesía tenga ritmo y acción. Un tratado que quiere explicar, y quien sabe si justificar, todos y cada uno de los sufrimientos y placeres que van y vienen del escenario al aplauso en el patio de butacas, del miedo en el camerino a la soledad del hotel. O en palabras de Edurne Portela “La ficción como territorio para explorar la incertidumbre, sumergirnos en la densidad de la historia y comprender el comportamiento humano.”

'Emotional collage theatre' 

Nova Compañía / Teatro del Temple. Dramaturgia: Irene Herrero, Carlos Martín y Alfonso Plou a partir de textos de Mamet, Rambert, Liddell y otros. Intérpretes: Fany Gijón, Laura Lúa, Nuria Pichardo, Jorge Rado y Evelia Sancho

Lunes 27 de mayo de 2024. Teatro de las Esquinas.


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24 diciembre 2023

Vuelvo al lugar de donde vine

 





El teatro como caja de resonancia

Oriol Puig Grau, autor de 'Karaoke Elusia', cuenta como los profesionales médicos que le habían asesorado le demostraron que hablar con contundencia del suicidio en la adolescencia era compatible con el respeto y terminar con la idea de que conversar de ese tema perpetúa el problema. Se trata de romper el freno, exponer el rompecabezas bajo los focos y activar la reflexión. A Choven Compañía da un paso más, suelta amarras y construye una luminosa función teatral que muestra la compleja gama de factores personales y sociales que se esconden tras las últimas palabras escritas por Kurt Cobain antes de quitarse la vida. Es mejor quemarse que apagarse lentamente.

La dramaturgia nace en un laboratorio de ideas que emulsiona una sugestiva peripecia con diferentes lenguajes narrativos. Las palabras en un crisol de datos documentales, autoficción y escenas cotidianas. Los cuerpos en danza transitan del dolor a la alegría mientras la música envuelve el conjunto con Celofán. La dirección consigue la alquimia del equilibrio entre todos estos recursos para transformar la comprensión racional del problema en el latido de una emoción que también golpea el estómago con rabia y violencia.

El trabajo actoral es fabuloso. Crece desde una presencia escénica individual muy potente hasta sincronizarse con la energía de unas coreografías grupales que dibujan una secuencia nutritiva de escenas tan visuales como poéticas, que se sintetizan en tres hitos para cerrar un círculo de esperanza. El inicio 'Sidonie' de yo estaré ciego pero tú 'Estás aquí'. En medio de 'La deriva' de 'Vetusta Morla' siempre se puede inventar una salida. El final es una catarsis que conecta el escenario con el patio de butacas para recuperar el teatro como ese espacio donde una asamblea de ciudadanos busca el bien común.

 'Vuelvo al lugar de donde vine'

Calificación: 4 estrellas

Compañía: A Choven Compañía/Teatro del Temple. Dirección escénica: Carlos Martín. Dirección coreográfica: Ana Continente. Dirección Dramatúrgica: Alfonso Plou. Dramaturgia: María Aladrén, Teresa Callau, David Diestre, Irene Herrero, Miguel Ángel Mañas, Carlos Martín y Alfonso Plou. Intérpretes: Leyre Ávila, Camila Cabrera, Gonzalo Giménez, Laura Lúa, Valeria Monroy, Mery Luz Moya, Nuria Pichardo, Ayla Quintas, Jorge Rado, Ignacio Viscasillas y Alondra Valentín.

18 de diciembre de 2023. Teatro de las Esquinas



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12 noviembre 2022

Edipo

 






Los héroes también lloran

El psicoanálisis fue injusto con Edipo cuando le asignó un complejo que no merece. El héroe por méritos propios que termina expiando la responsabilidad de sus actos para aplacar la ira de los dioses y beneficiar a la comunidad, no sintió ni el deseo del incesto, ni la necesidad de matar al padre. La desdicha de su vida es un capricho del destino.

La escenografía propicia un ambiente poético que separa con gusto y eficacia los hechos reales y presentes de las acciones ocultas, recuerdos y fantasmas. La adaptación acierta con la externalización de la voz del corifeo en dos ciudadanos, para que los diálogos y la función narrativa se conviertan en la melodía de un coro acompañado por percusiones, flautas y efectos sonoros.

La dirección organiza con claridad el espacio, potencia una representación grupal que difumina el binomio protagonista/antagonista, y reduce la dosis de tensión del conflicto trágico que, dibujado en los duelos dialécticos o en la coreografía de los báculos, se diluye en el arco dramático de un héroe sabio y sensato, que no termina de decantarse en el hombre al que, una vez descubierta su peripecia fatal, Sófocles describe como «desesperado» Esa contención engrandece al personaje y lo simbólico de su castigo, pero reduce el impacto emocional en el espectador que ya conoce su desventura, cuando Edipo descubre la fragilidad de su felicidad frente al infortunio propiciado por los dioses y sus oráculos.

El trabajo actoral aliña el texto con soltura, buena dicción y compromiso con la verdad escénica hasta conseguir el empaque de una liturgia un tanto deshumanizada, quizás por eso destacan las trasformaciones de Chavi Bruna y Francisco Fraguas que pasan de la solemnidad a un mensajero grotesco que aligera la tensión, y a un tosco pastor que certifica la tragedia.

 

Ficha Técnica'Edipo'

Calificación: 3 estrellas

Compañía: Teatro del Temple. Autor: Sófocles. Adaptación: Alfonso Plou. Dirección: Carlos Martín. Producción. María López Insausti. Reparto: Carlos Martín, Félix Martin, Irene Alquézar, Chavi Bruna, Francisco Fraguas, Alba Gallego, Gonzalo Alonso.

Teatro Principal. 10 de noviembre de 2022.





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03 noviembre 2022

Los hermanos Machado

Un reencuentro sin emoción

El sábado 22 de octubre la compañía Teatro del Templé celebró las 100 funciones de la obra «Los Hermanos Machado». El evento tuvo lugar en el Teatro Juan Bravo de Segovia situado en la Plaza Mayor a la sombra de la estatua de Antonio Machado, y a menos de trescientos metros de la casa donde residió el poeta entre los años 1919 y 1932.

La compañía aborda esa función de carácter biográfico con la intención de "explicar nuestro pasado y nuestro presente" a través del momento histórico, la creación artística y una amistad entre hermanos que termina por resquebrajarse. La construcción del relato se vertebra sobre tres ejes fundamentales y un conflicto: La intimidad familiar, la obra literaria compartida en lo dramático e independiente en lo poético, la discusión ideológica y un reencuentro imaginado entre Antonio muerto en el exilio francés, y Manuel como la nueva voz poética de la dictadura franquista. Un diálogo entre las dos Españas generadas por el golpe de estado de 1936 que no pudo conquistar el poder, y su posterior desarrollo en forma de lucha armada: De la rebelión militar a la revolución popular allá donde los militares sublevados fracasaron.

La idea es magnífica, pero la materia prima que suministra el texto arrastra un exceso de retórica discursiva, un recurso dramático que nos aleja de la vida y sus palpitaciones para sepultarnos bajo una avalancha de palabras más propias de la evocación académica de un profesor taciturno que, aliñando los acontecimientos con citas de poemas, se aleja de la pulsión vital que se genera entre hermanos, escritores y políticos hasta sumergirnos en una narración plana y convencional.

Los recuerdos de infancia apenas se tratan y se olvida la experiencia de dos niños que se trasladan de Sevilla a Madrid con apenas nueve y ocho años para cursar estudios en la Institución Libre de Enseñanza; no se establece la importancia de una familia que nace con el abuelo Antonio Machado Núñez, doctor en medicina y mineralogía, se fragua con el padre Antonio Machado Álvarez, un gallego con alma de sevillano que en 1881 recopiló un buen puñado de letras de cantes flamencos y que, en palabras de Manuel Abad, había convertido su familia en una tribu particular que se movían todos juntos con seis hijos sevillanos y dos madrileños, hasta que su temprana muerte deja el peso de la familia en su esposa Ana Ruíz Hernández que, casada con 19 años y viuda con 37, no tuvo más remedio que hacer de tripas corazón y sacar adelante a su familia con Manuel como funcionario en la Biblioteca Nacional de Madrid, y Antonio con la experiencia del francés aprendido en Paris para ejercer de profesor en Soria.

La función toma oxígeno cuando la palabra se fluye viva en forma de diálogos gracias al trabajo camaleónico de Alba Gallego: La Membrives de "La Lola se va a los puertos" estrenada el 8 de noviembre de 1929 y que rememora el trabajo dramático que unió a los hermanos Machado entre 1926 y 1932. La comidilla de un vecindario de 1909 cuando Antonio, un hombre de 37 años, se casa con Leonor, una niña de 15. La imponente y autoritaria presencia de Eulalia, prima y esposa de Manuel que se hace cargo de su vida en el momento más difícil y peligroso.

Sin embargo el texto se empeña en evitar los terrenos dialécticos más nutritivos, que también chispean cuando los escritores debaten sobre el devenir histórico y político, pero se achantan frente a la reflexión de dos dramaturgos que, como nos recuerda Manuel Abad, estaban interesados en empujar el teatro mediante la comedia de costumbres, renovar el lenguaje con más ritmo y diálogos brillantes. La conversación tampoco hace hincapié en el inmenso dolor provocado por la definitiva ruptura de la tribu familiar sellada en una tumba al otro lado de la frontera. La función pasa de puntillas sobre esos elementos biográficos de marcado carácter dramático, y vuelve una y otra vez al tono narrativo que, carente de emoción, nos arrastra a una puesta en escena ordenada pero simple, en la que los actores deambulan cargando con los discursos de sus personajes hasta el aburrimiento final.

 

Teatro del Temple. Producción: María López Insausti. Texto: Alfonso Plou, Dirección: Carlos Martín. Dramaturgia: Alfonso Plou, Carlos Martín y María López Insausti. Reparto: Félix Martín, Carlos Martín, Alba Gallego.

22 de octubre de 2022. Teatro Juan Bravo. Segovia

 






 

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05 marzo 2022

El viejo y el mar

 


La crueldad poética del mar

La literatura de Hemingway bucea en sus experiencias vitales. ‘El viejo y el mar’ es un relato sobre la captura de un gran pez, el escenario donde un hombre se enfrenta a la naturaleza, una pelea protagonizada por la fuerza moral, el heroísmo y la soledad en la que todos pierden.

Teatro Che y Moche realiza un delicioso ejercicio poético alejándose del tono de la novela para combinar de manera sobresaliente tres planos narrativos. La videocreación transforma la escenografía en movimiento o la detiene en calma chicha para que unas veces sea protagonista y otras océano de fondo. La banda sonora es una evocadora música incidental que, combinada con sonidos para subrayar la acción, acentúa las emociones. Los actores trenzan las palabras del texto con la carlinga audiovisual para arribar a buen puerto.

La adaptación de Alfonso Plou acierta de pleno cuando tira por la borda la expectativa dramática de una lucha en soledad, y transforma la aventura del viejo y los monólogos de la novela en un nutritivo diálogo con el muchacho. La relación de los personajes sobre la barca, además de profundizar en la idea poética que recorre toda la obra, potencia la amistad que nació en el mar, se afianzó en tierra y consolidó una entrañable simbiosis entre la sabiduría del maestro que no se da por vencido, y la energía del pupilo con muchas ganas de aprender. Joaquín Murillo, que aferra sus acciones sobre la verdad de quien sabe fijar el derrotero, manejar un botalón y tensar el sedal, viste a su personaje con un tono sosegado y esperanzador. Elisa Forcano refresca el ambiente lírico con una energía contenida y estimulante que, lejos de ser el contrapunto del héroe, se eleva a compañero de fatigas, amigo en la charla y garantía de un pescador de reemplazo tan brillante como esta función.

 

Ficha técnica ‘El viejo y el mar’

Calificación: 4 estrellas

Autor: Ernest Hemingway. Adaptación: Alfonso Plou. Dramaturgia: Joaquín Murillo, Marian Pueo y Alfonso Plou. Reparto: Joaquín Murillo y Elisa Forcano. Videocreación: Pedro Santero. Música: Víctor Rebullida. Coordinación Técnica: Tatoño Perales.

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10 marzo 2011

Teatro del Temple presenta Don Juan Tenorio de Zorilla


El Teatro del Temple estrenó ayer en el Teatro Principal de Zaragoza el Don Juan Tenorio de Zorrilla. El truhán y pendenciero Tenorio, amante de las mujeres y matarife de los caballeros, le da suelta a la pluma en un bareto regentado por un Buttarelli con faldas y hechuras de mujer. El texto es el original pero los gestos bruscos, el cuero negro y los pantalones ajustados en el porte y campana en las aceras nos llevan a los años setenta de una España en transición de perros callejeros que chulean los andares, sacan pecho de gallito y trotan las calles con el apelativo de macarra.
La propuesta del Temple es arriesgada y sin embargo funciona muy bien en la primera escena entre chulos, chicas de alterne y los colegas con cuellos de camisa tan grandes como sus egos. Don Juan en la calle pierde la chispa pandillera del inicio, será por la noche o quizás que ante las damas se muestre menos callejero. Entonces llega el amor de veras a la vera del Guadalquivir, y Tenorio embelesado ante la virginal belleza que sus ojos contempla, muda definitivamente el gesto arrabalero por la faz del enamorado. Y aparecen las navajas y soñé con un duelo bandolero dónde el acero de plata tiña la luna de fuego. Pero el navajazo fue tan rastrero y veloz que dónde esperaba lucimiento sólo hubo telón.
Vuelve Tenorio gris, con el pelo recogido en busca de sus muertos. Dudas y miedos le asolan, o tal vez son remordimientos hasta que envalentonado le pierden sus excesos con el vino y la conciencia, y hace gala del dicho de morir por el mismo acero que antaño fue gloria de su nombre y su porfía.
El trabajo de dramaturgia para cambiar el tiempo en el que transcurre la acción es un acierto porque mantiene las palabras de Zorrilla moldeadas por los actores con excelentes resultados, recitando con la cadencia que piden los personajes y la claridad que exigen las tablas. Da igual que los alguaciles no detengan a los gallitos, o que el tabernero sea camarera, incluso cambiar monjas por curas tras los muros del claustro, esas revisiones no varían un ápice el desarrollo dramático de la obra.
La escenografía muta con imaginación y facilidad gracias a tres sencillos elementos que conforman las escenas con puertas de acceso, barras de bar, nichos de muertos y claustro conventual.
El acompañamiento sonoro y la iluminación subrayan perfectamente la tensión, el amor y la intriga que discurre ante nuestros ojos. Las transiciones entre escenas están coreografiadas y permiten un momento de relax y divertimento entre la psicodelia y el funky.
El elenco de actores esta a gran altura, si además añadimos que muchos de ellos tienen que desdoblarse en varios personajes sin que esas mutaciones afecten a la comprensión de la obra. Pero tras la ovación final no puedo dejar de preguntarme como sería la función si Tenorio mantuviese su actitud macarra del principio: Macarra en la taberna y en la calle. Enamorado de macarra y de macarra humillado. La filosa en su mano de macarra y al final, de vuelta al infierno, un macarra derrotado.
No se pierdan esta interesante propuesta del Teatro del Temple. Una ocasión única para disfrutar de la brillantez de un texto clásico del teatro español pero situado en un contexto histórico que permite revisar cuestiones como la moral, el honor y lecciones ejemplificadoras que pertenecían a otros tiempos.


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Teatro Principal de Zaragoza
Obra: DON JUAN TENORIO
Compañia: TEATRO DEL TEMPLE
Fechas: Del 9 al 13 de marzo
Funciones:
Jueves 10: 21.00h
Viernes 11: 22.00h
Sábado 12: 22.00h
Domingo 13: 19.00h
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Dirección de Carlos Martín
Dramaturgia de Alfonso Plou
Producción de María López Insausti
Escenografía de Tomás Ruata
Iluminación de Bucho Criñena
Vestuario de Beatriz Fdez. Barahona
Caracterización de Virginia Maza
Fotografía de Colectivo Anguila
Diseño Gráfico de Wadstudio
Distribución de Julio Perugorría

Reparto:
Francisco Fragúas
Ivana Heredia
Gabriel Latorre
Rosa Lasierra
Marco Aurelio González
Agustín Miguel
Sascha Montenegro
Francesc Tamarite

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18 noviembre 2010

El Licenciado Vidriera por El Teatro del Temple


El Teatro del Temple estrenó ayer en el Teatro del Mercado de Zaragoza la obra “El Licenciado Vidriera” basada en una de las novelas ejemplares de Miguel de Cervantes.
Tomás Rodaja, después de ganarse sus estudios en leyes en la prestigiosa Universidad de Salamanca, viajar por la inigualable Italia y, tras caer rendido a los jugos venenosos de un moza, se convierte en un extraño ser que, temeroso por el cambio vidrioso al que se ve sometido su cuerpo, es centro de atención por su sabiduría que aconseja y guía a toda la escala social.
El bueno de Rodaja abandona dichoso la prisión que su peculiaridad lo contiene y comprueba horrorizado como la normalidad de su cuerpo y de su vida son el camino que le lleva al descreimiento entre sus semejantes. Lo que antes fue ganancia de plazas y populacho, ahora es desgracia de sabio con despacho. Mala suerte la del licenciado Vidriera que ganó fama encerrado en un personaje y ahora, tras abandonarlo se encuentra olvidado, que más vale imagen peculiar con verborrea, un ato blanco y una pizca de sabiduría, que semejante sabiduría y verborrea vestida de negro y con porte adusta de leguleyo.
Este relato de Cervantes data del siglo XVII y sin embargo guarda entre sus líneas la frescura de la actualidad en la que habita una fauna de habladores que lo mismo opinan de la vida, de la muerte y del amor, ungidos por el don de la palabra y el desparpajo que raya en lo grotesco, agazapados a la sombra de un personaje iluminado por las luces de la audiencia.
La dramaturgia del texto cervantino, a cargo de Alfoso Plou, tiene el acierto de oxigenar la representación con situaciones actuales, puntuales y breves que empujan el devenir de la historia, pequeñas píldoras que ahorman la trama y buscan la complicidad del público.
La sencillez de la propuesta teatral nos recuerda al ñaque. La representación esencial de la vida y dos actores en escena. José Luís Esteban como el licenciado Vidriera, y Javier Aranda como Cervantes y toda la escala social. La función esta cimentada sobre las palabras. Un texto que los actores dicen muy bien, con la prosodia y el ritmo adecuado para que los espectadores sientan el bellísimo sonido del castellano del siglo XVII. Aunque el lenguaje guarda la esencia del espectáculo, ambos actores ejecutan una excelente composición de los personajes. En ese aspecto es justo destacar la labor de Aranda que trasiega cuerpo y voces de un personaje a otro con sencillez, credibilidad y la eficacia del humor. El Licenciado Vidriera es una función imprescindible para, sin de hacer juicios de valor, comprobar como la idiosincrasia de quienes habitamos en estas lindes no ha cambiado tanto con el paso de los siglos.

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Obra: EL LICENCIADO VIDRIERA
Compañia: TEATRO DEL TEMPLE
Fechas: Del 17 al 21 de noviembre
Funciones:
Jueves 18: 21.00 h
Viernes 19: 21.00 h
Sábado 20: 21.00 h
Domingo 21: 19.00 h

Dirección: Carlos Martín
Dramaturgia: Alfonso Plou
Reparto: José Luis Esteban, Javier Aranda
Ficha Técnica: (Escenografía) Tomás Ruata, (Iluminación) Bucho Cariñena, (Vestuario) Beatriz Fernández Barahona
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