La curvatura de la córnea

12 julio 2023

Mil Atardeceres


 La literatura vence al teatro

`Mil Amaneceres’ nos invita a viajar hasta la primera mitad del siglo XVII cuando Felipe IV y su valido el Conde-Duque de Olivares remataron una crisis económica en la que reinaban hambre y carestía. La mentalidad de la época despreciaba el trabajo manual, atendía a los valores nobiliarios del honor y la dignidad por encima de todo, y los arquetipos sociales se movían entre el hidalgo de verlas venir, un clero de andorga y el pícaro de buscarse la vida a salto de mata.

El texto de José Luís Alonso de Santos tiene la virtud de añadir a la autobiografía tradicional del pícaro, algunos pasajes que recuerdan el viaje del héroe cinematográfico, gracias a la incorporación del meta teatro y poemas jocosos que enriquecen la vertiente literaria de la historia. La peripecia es la de una pareja de amigos y, precisamente porque uno de ellos está de cuerpo presente,, lo que debería ser un ñaque con dos actores se convierte en una representación bululú en la que un solo interprete se hace cargo de todos los personajes.

El inicio de la función recuerda al preámbulo de ‘Cantando bajo la lluvia’ cuando la estrella del cine mudo Don Lockwood empieza a contar su vida de artista siempre en compañía de su amigo Cosmo Brown. En la película la narración arrnaca oral de los pero  muy pronto se convierte en una sucesión de secuencias en las que priman la ironía y el desarrollo visual de los acontecimientos. ‘Mil Amaneceres’ también utiliza ese mecanismo pero con un resultado dispar.

La escenografía determina el desarrollo de la función dividiendo en dos partes el espacio escénico. Un estrado ocupa la parte central dejando libre el proscenio, es ahí donde transcurre la primera parte de la función, con un marcado acento narrativo para relatar hechos y emociones. La palabra nos muestra la fábula con una dramaturgia muy básica en la que los cambios de personajes, atorados por tanta descripción, están lastrados por una dinámica simple que resta credibilidad a ese ir y venir de una voz a otra donde destaca ese detenerse en un curilla estático que hace puñetas bajo una luz cenital.

La aparición de un misal provoca un cambio espacial para que los acontecimientos se concentren un poco más en lo alto del estrado. La modificación es sustantiva porque la acción dramática gana algunos enteros y todo resulta un poco más interesante gracias a la manipulación del atrezo con repercusiones narrativas, de manera que los personajes están más presentes. Esta pequeña mejoría no alcanza su plenitud porque la narración sigue muy presente y así, con una teatralidad achicada a lo largo de toda la función, pasajes con un alto potencial humorístico se quedan a medio camino. Sirvan de ejemplo el altercado con el remo o la sinfonía del badajo que, una vez desvelado el giro final por la narración oral, su teatralidad pierde eficacia diluyendo la posibilidad de la carcajada provocada por la sorpresa del efecto sonoro y visual.

El buen manejo de Juan Alberto López con la dicción no es suficiente para construir unos personajes que necesitan sostenerse sobre perfiles con mucha mayor precisión, cambios dinámicos que espanten cierta sensación de estática pesadez y vayan mucho más allá de una leve cojera, el deambular monótono y una gestualidad previsible y esquemática. Ese texto literario reclama mucho más teatro.

Al terminar la función, buena parte del público se puso en pie para dedicarle una larga ovación.

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Compañía: Teatro del Temple. Producción: María López Insausti. Autor: José Luís Alonso de Santos. Dirección: Carlos Martín. Reparto: Juan Alberto López. Ayudante de dirección: Alfonso Plou. Música: Gonzalo Alonso. Espacio escénico: Oscar Sanmartín. Vídeo: Víctor Izquierdo / Barbecho Producciones. Iluminación: Tatoño Perales. Vestuario: Ana Sanagustín. Fotografía: Toni Galán. Cartel e imágenes proyección: Óscar Sanmartín. Diseño gráfico  Línea Diseño. Construcción escenografía: Ibón Baquero. Equipo de producción Pilar Mayor y Pilara Pinilla

Miércoles 28 de Junio de 2023. Teatro de las Esquinas

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12 noviembre 2022

Edipo

 






Los héroes también lloran

El psicoanálisis fue injusto con Edipo cuando le asignó un complejo que no merece. El héroe por méritos propios que termina expiando la responsabilidad de sus actos para aplacar la ira de los dioses y beneficiar a la comunidad, no sintió ni el deseo del incesto, ni la necesidad de matar al padre. La desdicha de su vida es un capricho del destino.

La escenografía propicia un ambiente poético que separa con gusto y eficacia los hechos reales y presentes de las acciones ocultas, recuerdos y fantasmas. La adaptación acierta con la externalización de la voz del corifeo en dos ciudadanos, para que los diálogos y la función narrativa se conviertan en la melodía de un coro acompañado por percusiones, flautas y efectos sonoros.

La dirección organiza con claridad el espacio, potencia una representación grupal que difumina el binomio protagonista/antagonista, y reduce la dosis de tensión del conflicto trágico que, dibujado en los duelos dialécticos o en la coreografía de los báculos, se diluye en el arco dramático de un héroe sabio y sensato, que no termina de decantarse en el hombre al que, una vez descubierta su peripecia fatal, Sófocles describe como «desesperado» Esa contención engrandece al personaje y lo simbólico de su castigo, pero reduce el impacto emocional en el espectador que ya conoce su desventura, cuando Edipo descubre la fragilidad de su felicidad frente al infortunio propiciado por los dioses y sus oráculos.

El trabajo actoral aliña el texto con soltura, buena dicción y compromiso con la verdad escénica hasta conseguir el empaque de una liturgia un tanto deshumanizada, quizás por eso destacan las trasformaciones de Chavi Bruna y Francisco Fraguas que pasan de la solemnidad a un mensajero grotesco que aligera la tensión, y a un tosco pastor que certifica la tragedia.

 

Ficha Técnica'Edipo'

Calificación: 3 estrellas

Compañía: Teatro del Temple. Autor: Sófocles. Adaptación: Alfonso Plou. Dirección: Carlos Martín. Producción. María López Insausti. Reparto: Carlos Martín, Félix Martin, Irene Alquézar, Chavi Bruna, Francisco Fraguas, Alba Gallego, Gonzalo Alonso.

Teatro Principal. 10 de noviembre de 2022.





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03 noviembre 2022

Los hermanos Machado

Un reencuentro sin emoción

El sábado 22 de octubre la compañía Teatro del Templé celebró las 100 funciones de la obra «Los Hermanos Machado». El evento tuvo lugar en el Teatro Juan Bravo de Segovia situado en la Plaza Mayor a la sombra de la estatua de Antonio Machado, y a menos de trescientos metros de la casa donde residió el poeta entre los años 1919 y 1932.

La compañía aborda esa función de carácter biográfico con la intención de "explicar nuestro pasado y nuestro presente" a través del momento histórico, la creación artística y una amistad entre hermanos que termina por resquebrajarse. La construcción del relato se vertebra sobre tres ejes fundamentales y un conflicto: La intimidad familiar, la obra literaria compartida en lo dramático e independiente en lo poético, la discusión ideológica y un reencuentro imaginado entre Antonio muerto en el exilio francés, y Manuel como la nueva voz poética de la dictadura franquista. Un diálogo entre las dos Españas generadas por el golpe de estado de 1936 que no pudo conquistar el poder, y su posterior desarrollo en forma de lucha armada: De la rebelión militar a la revolución popular allá donde los militares sublevados fracasaron.

La idea es magnífica, pero la materia prima que suministra el texto arrastra un exceso de retórica discursiva, un recurso dramático que nos aleja de la vida y sus palpitaciones para sepultarnos bajo una avalancha de palabras más propias de la evocación académica de un profesor taciturno que, aliñando los acontecimientos con citas de poemas, se aleja de la pulsión vital que se genera entre hermanos, escritores y políticos hasta sumergirnos en una narración plana y convencional.

Los recuerdos de infancia apenas se tratan y se olvida la experiencia de dos niños que se trasladan de Sevilla a Madrid con apenas nueve y ocho años para cursar estudios en la Institución Libre de Enseñanza; no se establece la importancia de una familia que nace con el abuelo Antonio Machado Núñez, doctor en medicina y mineralogía, se fragua con el padre Antonio Machado Álvarez, un gallego con alma de sevillano que en 1881 recopiló un buen puñado de letras de cantes flamencos y que, en palabras de Manuel Abad, había convertido su familia en una tribu particular que se movían todos juntos con seis hijos sevillanos y dos madrileños, hasta que su temprana muerte deja el peso de la familia en su esposa Ana Ruíz Hernández que, casada con 19 años y viuda con 37, no tuvo más remedio que hacer de tripas corazón y sacar adelante a su familia con Manuel como funcionario en la Biblioteca Nacional de Madrid, y Antonio con la experiencia del francés aprendido en Paris para ejercer de profesor en Soria.

La función toma oxígeno cuando la palabra se fluye viva en forma de diálogos gracias al trabajo camaleónico de Alba Gallego: La Membrives de "La Lola se va a los puertos" estrenada el 8 de noviembre de 1929 y que rememora el trabajo dramático que unió a los hermanos Machado entre 1926 y 1932. La comidilla de un vecindario de 1909 cuando Antonio, un hombre de 37 años, se casa con Leonor, una niña de 15. La imponente y autoritaria presencia de Eulalia, prima y esposa de Manuel que se hace cargo de su vida en el momento más difícil y peligroso.

Sin embargo el texto se empeña en evitar los terrenos dialécticos más nutritivos, que también chispean cuando los escritores debaten sobre el devenir histórico y político, pero se achantan frente a la reflexión de dos dramaturgos que, como nos recuerda Manuel Abad, estaban interesados en empujar el teatro mediante la comedia de costumbres, renovar el lenguaje con más ritmo y diálogos brillantes. La conversación tampoco hace hincapié en el inmenso dolor provocado por la definitiva ruptura de la tribu familiar sellada en una tumba al otro lado de la frontera. La función pasa de puntillas sobre esos elementos biográficos de marcado carácter dramático, y vuelve una y otra vez al tono narrativo que, carente de emoción, nos arrastra a una puesta en escena ordenada pero simple, en la que los actores deambulan cargando con los discursos de sus personajes hasta el aburrimiento final.

 

Teatro del Temple. Producción: María López Insausti. Texto: Alfonso Plou, Dirección: Carlos Martín. Dramaturgia: Alfonso Plou, Carlos Martín y María López Insausti. Reparto: Félix Martín, Carlos Martín, Alba Gallego.

22 de octubre de 2022. Teatro Juan Bravo. Segovia

 






 

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03 marzo 2017

¿Por qué no muere el teatro?




El pasado 28 de febrero la revista Crisis organizó en el Teatro Principal de Zaragoza una mesa redonda enmarcada en una interrogación: ¿Por qué no muere el teatro?
El primero en tomar la palabra fue el actor, director de escena y profesor de interpretación Mariano Anos que abrió la charla con una máxima: El teatro siempre ha estado en crisis, aunque la de ahora es la más “jodida” En cualquier caso, continuó Anos, la muerte del teatro es improbable porque además de estar ahí antes que el cine, la televisión y la revolución de las pantallas on line, el teatro, como recordaba Wagner, es el arte total, un espectáculo donde la presencia real de actores, espectadores y técnicos construye un espacio donde se puede mirar y escuchar, palabra y acción en sus múltiples combinaciones entre las que se incluye el silencio. Pero también hay que entender el teatro como un ritual laico que configura una asamblea ciudadana y eso es un valor muy importante en tiempos en los que prima la escasez de rituales y asambleas que enlacen arte y pasamiento. Estas afirmaciones de Anos me recordaron las reflexiones de Durkheim que definía el rito religioso como una actividad que trata de distinguir entre lo sacro y la vida colectiva, y es precisamente la condición social del hombre la que precisa de los ritos (en este caso laicos). Así que, me parece muy pertinente hablar del teatro como materialización de un rito que potencia las relaciones entre lo humano y la clave de su funcionamiento social.
En estos tiempos, prosigue Anos, cuando hablamos de teatro podemos englobar un amplio universo que va desde los musicales utilizados como reclamo turístico hasta operaciones comerciales con caras conocidas de la televisión, o el teatro institucional pasando por lo que fue el teatro alternativo de los años 60, o el teatro comercial de guardarropía hasta la personificación de la precariedad laboral en un microteatro que, más allá de sus calidades artísticas, visibiliza una búsqueda para sobrevivir y también un teatro independiente con vocación pública. Si a este panorama sumamos el descenso de las ayudas públicas y la esclavitud de carteleras tan absorbentes como las de Madrid y Barcelona, nos encontraremos con la imposibilidad de mantener un teatro estable y comprometido con lo artístico cuando el panorama teatral cuenta en estos momentos con una excelente generación de autores y dramaturgos.
A continuación tomó la palabra María López que, aunque posee formación en dirección de escena, sostuvo su discurso desde la experiencia en la gerencia y la producción, pero eso no pudo evitar toda una declaración de principios: El teatro es pura emoción, un arte complejo en el que prima la dificultad de conseguir una buena obra, que suele ser fruto de una coincidencia que siempre precisa de un público receptivo, porque para que triunfe una obra de teatro es imprescindible que se perciba en el momento de su estreno, para el teatro no hay una segunda oportunidad, y es precisamente en el camino de la prueba – error donde se encuentra el acierto del teatro. El teatro que también es un lugar, y en eso incidía en las palabras de Anós, donde la gente puede saciar la necesidad de encuentro, de compartir los nutrientes para el intelecto. Por eso el teatro debe conmocionar y, aunque sea en pequeñas dosis, eso se puede encontrar más fácilmente en el teatro antes que en cualquier otro espectáculo. En cualquier caso, si existe actividad teatral el momento de encontrar una gran conmoción siempre llega, por lo tanto el problema del teatro nada tiene que ver con la creatividad, sino con el aparato institucional. Sin embargo, continúa López, ese problema ya es histórico desde que en la dictadura poco podía existir fuera de la caspa institucional, un abandono que provoca cierta discontinuidad en las propuestas y, por lo tanto, se imposibilita cimentar las carreras de unos actores que necesitan continuidad en su trabajo para alcanzar grandes cimas artísticas. López aprecia en el microteatro como una nueva experiencia creativa que tal vez pueda saciar cierto voyerismo por parte del espectador, pero la falta de cobertura social termina por reducirlo a una evidencia de la precariedad laboral del sector.
Pero también recordó López la posibilidad de que el público de teatro lo sea desde una posición conservadora que rechace nuevas propuestas de actores, dramaturgos o directores si esta no viene avalada por una referencia clara que los identifique, y por lo tanto la dificultad radique en la imposibilidad de sacar al espectador de su zona de confort, esa que le lleva a atender el reclamo de caras televisivas con un buen enganche comercial.
Otra causa de la crisis que no se lleva a la tumba al teatro es, para López es la indolencia institucional de un Ministerio de Cultura con un bajo presupuesto que también se ha trasladado a las administraciones autonómicas provocando un enorme desequilibrio al albur del vaivén del político de turno y de su interés por el teatro, además de encontrarnos con una actividad muy centralizada en Madrid y Barcelona porque son ciudades que permiten un alto grado de visibilidad, imposible de alcanzar en otras plazas, y que terminan ejerciendo de reclamo para jóvenes creativos.
El dramaturgo Miguel Ángel Mañas cerró las intervenciones desde la mesa lanzando preguntas a la concurrencia, ¿Miguel Ángel Mañas debería pensar como autor o como espectador? ¿Sus obras deberían responder a la demanda del espectador? ¿Qué elegir, un tema para reflexionar o un simple transcurrir de acciones? ¿Qué es mejor, olvidar el proceso creativo o primar el resultado? ¿Es necesario educar al espectador? ¿Nos salvará de la crisis los rostros conocidos o los buenos espectáculos? Y aunque Mañas abrió su discurso a otro tipo de oraciones, ya ven, yo prefiero seguir glosando su intervención consruyendo preguntas, porque las preguntas siempre son la clave para ponernos andar en busca de respuestas ¿La construcción de Centros Cívicos democratiza la escena teatral o son espacios sin alma relacionados con la especulación inmobiliaria? ¿Ante el estado calamitoso de la profesión por qué no se sale a la calle a protestar? ¿Qué tipo de sociedad alucina porque los del teatro quieren vivir de su profesión? ¿El teatro está cadáver? Llegados a este punto ya no puedo parar con las interrogantes, así que continuemos ¿El teatro es encuentro social? ¿Si coincidimos en que se va poco al teatro… será que no interesa? ¿Debemos empeñarnos en un teatro serio y comprometido o dejamos que las caras de la televisión vendan sus libros en el ambigú después de cada representación?
Cuando se abrió el turno de participación al público presente, tomó la palabra Esteban Villarocha, director del Teatro Arbolé que, atendiendo a mi memoria, lanzó un interesante mensaje. Para Villarocha el problema de la posible muerte del teatro se anclaba a comienzos de los años ochenta cuando el teatro alternativo, que por entonces era muy potente, cayó en los cantos de sirena de la recién desembarcada socialdemocracia y olvidó su discurso político para transitar el camino del recuros económico generador de beneficios, un modelo que fue viento en popa durante los años de bonanza hasta que, recordó Villarocha, esa cierta comodidad debilitó a la profesión que se vio sobrepasada por los vaivenes de la actual crisis. Este argumento me recordó eso que tantas veces me dice mi peluquero sobre como la socialdemocracia en el poder se dedicó a adormilar, por no hablar de desmantelar, todo el movimiento social, ciudadano y de barrio hasta que de nuevo la crisis que nos azota sirvió de catarsis para intentar reconstruir lo perdido pero esta vez desde una posición de debilidad a la que nunca se tendría que haber llegado.
Esteban Villarocha declaró con pasión que la solución estaba en volver a los orígenes del teatro independiente con una actividad artística marcada por lo político como eje vertebrador. Entonces recordé una entrevista que había escuchado en Radiocable a Alberto Sanjuan como integrante del Teatro del Barrio de Madrid, así que buscando en su página web me gustaría terminar esta pieza extrayendo algunas ideas que, me atrevo a afirmar, encajan perfectamente con el pensamiento expresado por Villarocha y enlazan con algunas ideas lanzadas desde la mesa en cuanto a concebir el teatro  como un lugar de encuentro y asamblea:
“La voluntad con la que abrimos el Teatro del Barrio es abiertamente política: participar en el movimiento ciudadano que ya está construyendo otra forma de convivir. Este teatro nace del hambre de realidad. La realidad tiene siempre algo maravilloso: por terrible que sea, puede ser transformada. Si se conoce. Y esta es la vocación del proyecto: saber qué está pasando aquí, por qué no nos gusta y por qué queremos cambiarlo. Este teatro pretende ser una asamblea permanente donde mirar juntos el mundo, para, juntos, imaginar otro donde la buena vida sea posible. Nuestros medios para hacer política son la cultura y la fiesta.
/…/
La Programación Teatral estable está marcada por el humor político y musical. En diversos espectáculos se habla de nuestra historia pasada y presente.
/…/
El Teatro del Barrio no va ser lugar para partidos políticos ni estructura institucional ninguna. Sí para los movimientos sociales. Toda iniciativa ciudadana que luche por los derechos de las personas tendrá aquí lugar.
¿Por qué la fiesta? El sistema nos golpea con miseria, fealdad, depresión. Queremos responder con belleza, con alegría. Una revolución sin sentido del humor seguramente está condenada a traicionarse a sí misma, y en cualquier caso, es un coñazo. La fase de desarrollo actual del capitalismo, llamada crisis (como se podría llamar guerra contra el ser humano), esta expulsando miles y miles de personas fuera del sistema, arrojándolos al vacío. Existe la posibilidad de encontrarnos en el vacío unos con otros, después de tanto tiempo, decidir juntos al fin como queremos vivir y hacer una fiesta para celebrar que ya hemos empezado.”
Como le pasó a la Cenicienta, yo también tenía mi tiempo tasado, por eso, cuando tuve que regresar a la cocina de mi casa, el público que había asistido a la charla seguía aportando ideas y reflexiones que lamentablemente ya no pude recoger.
 

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10 marzo 2011

Teatro del Temple presenta Don Juan Tenorio de Zorilla


El Teatro del Temple estrenó ayer en el Teatro Principal de Zaragoza el Don Juan Tenorio de Zorrilla. El truhán y pendenciero Tenorio, amante de las mujeres y matarife de los caballeros, le da suelta a la pluma en un bareto regentado por un Buttarelli con faldas y hechuras de mujer. El texto es el original pero los gestos bruscos, el cuero negro y los pantalones ajustados en el porte y campana en las aceras nos llevan a los años setenta de una España en transición de perros callejeros que chulean los andares, sacan pecho de gallito y trotan las calles con el apelativo de macarra.
La propuesta del Temple es arriesgada y sin embargo funciona muy bien en la primera escena entre chulos, chicas de alterne y los colegas con cuellos de camisa tan grandes como sus egos. Don Juan en la calle pierde la chispa pandillera del inicio, será por la noche o quizás que ante las damas se muestre menos callejero. Entonces llega el amor de veras a la vera del Guadalquivir, y Tenorio embelesado ante la virginal belleza que sus ojos contempla, muda definitivamente el gesto arrabalero por la faz del enamorado. Y aparecen las navajas y soñé con un duelo bandolero dónde el acero de plata tiña la luna de fuego. Pero el navajazo fue tan rastrero y veloz que dónde esperaba lucimiento sólo hubo telón.
Vuelve Tenorio gris, con el pelo recogido en busca de sus muertos. Dudas y miedos le asolan, o tal vez son remordimientos hasta que envalentonado le pierden sus excesos con el vino y la conciencia, y hace gala del dicho de morir por el mismo acero que antaño fue gloria de su nombre y su porfía.
El trabajo de dramaturgia para cambiar el tiempo en el que transcurre la acción es un acierto porque mantiene las palabras de Zorrilla moldeadas por los actores con excelentes resultados, recitando con la cadencia que piden los personajes y la claridad que exigen las tablas. Da igual que los alguaciles no detengan a los gallitos, o que el tabernero sea camarera, incluso cambiar monjas por curas tras los muros del claustro, esas revisiones no varían un ápice el desarrollo dramático de la obra.
La escenografía muta con imaginación y facilidad gracias a tres sencillos elementos que conforman las escenas con puertas de acceso, barras de bar, nichos de muertos y claustro conventual.
El acompañamiento sonoro y la iluminación subrayan perfectamente la tensión, el amor y la intriga que discurre ante nuestros ojos. Las transiciones entre escenas están coreografiadas y permiten un momento de relax y divertimento entre la psicodelia y el funky.
El elenco de actores esta a gran altura, si además añadimos que muchos de ellos tienen que desdoblarse en varios personajes sin que esas mutaciones afecten a la comprensión de la obra. Pero tras la ovación final no puedo dejar de preguntarme como sería la función si Tenorio mantuviese su actitud macarra del principio: Macarra en la taberna y en la calle. Enamorado de macarra y de macarra humillado. La filosa en su mano de macarra y al final, de vuelta al infierno, un macarra derrotado.
No se pierdan esta interesante propuesta del Teatro del Temple. Una ocasión única para disfrutar de la brillantez de un texto clásico del teatro español pero situado en un contexto histórico que permite revisar cuestiones como la moral, el honor y lecciones ejemplificadoras que pertenecían a otros tiempos.


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Teatro Principal de Zaragoza
Obra: DON JUAN TENORIO
Compañia: TEATRO DEL TEMPLE
Fechas: Del 9 al 13 de marzo
Funciones:
Jueves 10: 21.00h
Viernes 11: 22.00h
Sábado 12: 22.00h
Domingo 13: 19.00h
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Dirección de Carlos Martín
Dramaturgia de Alfonso Plou
Producción de María López Insausti
Escenografía de Tomás Ruata
Iluminación de Bucho Criñena
Vestuario de Beatriz Fdez. Barahona
Caracterización de Virginia Maza
Fotografía de Colectivo Anguila
Diseño Gráfico de Wadstudio
Distribución de Julio Perugorría

Reparto:
Francisco Fragúas
Ivana Heredia
Gabriel Latorre
Rosa Lasierra
Marco Aurelio González
Agustín Miguel
Sascha Montenegro
Francesc Tamarite

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