La curvatura de la córnea

18 abril 2026

La vengadora de las mujeres

 



Rimas para enamorarse en el Principal

Los integrantes de ‘Teatro del Temple’ definen la poética de sus producciones desde el respeto al texto de las obras clásicas para someterlo a la originalidad en el planteamiento escénico. La compañía representó ‘La vengadora de las mujeres’ hace 25 años, y Fernando Andú destacó en estas mismas páginas el acertadísimo contraste entre la brillantez de los versos y el uso de los recursos dramáticos. La adaptación actual acentúa los contrastes situando la peripecia en el siglo XIX, y obtener ventajas encaminadas a subrayar el tono humorístico de la obra.

La primera empuja la disputa de los debates filosóficos hacia una ironía que define el perfil psicológico y moral de los personajes. La segunda aparca jubones negros y gorgueras blancas del XVII para dar paso a un vistoso vestuario que describe el arquetipo al que pertenece cada uno de los protagonistas. La función cabalga entre estos dos aspectos. La trepidante musicalidad de los versos expone ideas y pasiones orientadas hacia una comicidad verbal que, combinada por el empeño de una marcada coreografía gestual en los movimientos, convierten el modernísimo discurso feminista de Lope de Vega en un delicioso sarao de amoríos con las hechuras de una comedia de enredo, aliñada por efectos de sonido para acentuar los gags.

La mudanza simbólica y real de la escenografía tiene poca fuerza narrativa frente al buen trabajo de un elenco, en el que destaca la potente presencia escénica de José Vicente Moirón. Ese puntito de seriedad cómica que maneja Secun de la Rosa. La sugerente composición corporal de Itziar Miranda. La determinación de Silvia de Pé que ya había logrado la metamorfosis física en ‘El caballero incierto’, y ahora dibuja con nitidez un arco dramático emocional entre despreciar a los hombres y enamorarse de uno de ellos.

 

‘La vengadora de las mujeres’

Calificación: 4 estrellas

Producción: Compañía Nacional de Teatro Clásico y Teatro del Temple. Autor: Lope de Vega. Dirección: Carlos Martín. Dramaturgia: Alfonso Plou y María López Insausti. Vestuario: Agustín Petronio. Intérpretes: Silvia de Pé, José Vicente Moirón, Secun de la Rosa, Itziar Miranda, Gabriel Moreno, Nacho Rubio, Chavi Bruna, Lorena Berdún y Xavi Caudevilla.

Jueves 16 de abril de 2026 Teatro Principal


Crítica de 'La vengadora de las mujeres': rimas para enamorarse en el Teatro Principal

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03 octubre 2025

Eclectical Dance


 

Apología del eclecticismo

El programa de mano de ‘Eclectical Dance’ subraya que una de las intenciones del espectáculo es buscar la sensación de juego. Los conceptos ‘juego’ y ‘teatro’  son dos caras de la misma moneda que siempre se ejecutan dentro de unos límites temporales y espaciales determinados, y mediante reglas aceptadas libremente por quienes los llevan a cabo. Ambos son un pacto de ficción donde la realidad queda suspendida.

Esta dualidad se produjo cuando entré al Teatro de las Esquinas para ver la función y el elenco del espectáculo rompía las fronteras y las reglas del ‘teatro’. Los bailarines recibían al público en pasillos y butacas en modo ‘juego’. El primer contacto fue apenas una leve mirada, después una frase de bienvenida y hasta un give me five de chocar las manos. Cuando ya estaba sentado en la butaca una las bailarinas se acercó para iniciar una conversación. Le pregunté como se sentía justo antes de comenzar su trabajo. Sonrió levemente y me confesó con preocupación que no encontraba su centro de gravedad. En ese momento la luz de sala cambió y cada uno ocupó el lugar de una representación ortodoxa de teatro. La bailarina avanzó por el pasillo y penetró en el escenario de la ficción mientras yo me quedaba sentado al borde de la realidad, ese delicioso lugar desde donde se observa la construcción de otro mundo bajo los focos.

Una voz en Off nos informó. El propósito final de la representación era poner su título en valor. A continuación definió el término ‘Ecléctico’. No recuerdo la literalidad de la locución pero la idea iba un poco más allá de lo que dice el diccionario cuando se refiere al eclecticismo como la manera de juzgar una obra desde una postura intermedia. Una definición que corre el peligro de caer en la trampa de la equidistancia, esa artimaña que no compromete porque en cualquier conflicto asigna el mismo peso a cualquiera de las partes, hasta caer en el error de equiparar víctima y  verdugo, opresor y reprimido.

La voz en Off insistía una y otra vez. El eclecticismo era el concepto central de una función para alimentar una idea mucho más filosófica y artística con una doble intención. La primera es conciliar distintas posturas mediante la combinación libre de estilos y así, banda sonora, coreografía y dramaturgia conforman un catálogo de situaciones que parten de elementos en aparente enfrentamiento, para terminar conformando entidades mixtas y al mismo tiempo unitarias. La segunda es construir una apología del eclecticismo con una sugerente puesta en escena que, desde el punto de vista formal, utiliza diferentes lenguajes narrativos caracterizados por la diversidad.

La banda sonora se alimenta de aires folclóricos de amable perfil, pop tan juvenil como luminoso, delicias sinuosas del barroco, o la complejidad de guitarras saturadas al ritmo de bits con aliño de electrónica.

Las coreografías viajan desde la gestualidad orgánica contemporánea, a los fundamentos clásicos, hasta derivar en un tiralíneas de escuadra y cartabón al servicio de los latidos de un robot.

La dramaturgia recoge este enorme catálogo creativo de impulsos para contar pequeñas historias encapsuladas en cada una de las canciones: La conexión entre un rico, un pobre y un preso, el encuentro entre la ciencia y la religión, ese devenir de miradas de cuando nos desnudamos o nos vestimos y como en cualquier caso somos esclavos de las miradas de los demás, la ruptura dinámica del amor con el drama que enfrenta a quiere seguir en la brecha y quien solo quiere escapar. Situaciones que siempre parten de una reflexión personal para encontrar la manera de convertirse en una experiencia extrovertida, colectiva y comunitaria.

La energía individual de cada uno de los bailares y su compromiso con el grupo es una de las claves para conseguir un festival sensoria de enorme valor estético, y sin embargo la apuesta del conjunto es mucho mayor porque cada de las historias encapsuladas en canciones conforman un enorme arco dramático.

Todo comienza con la duda que me confesó la bailarina, ¿lo recuerdas? Ella estaba preocupada porque no encontraba su ‘Centro de gravedad’. El hits de Franco Battiatto funciona en modo antagonista en el inicio de la peripecia porque, mientras el protagonismo se ha centrado en el eclecticismo de posturas divergentes, la letra de la canción refleja el deseo de encontrar un equilibrio que compense las fluctuaciones de la vida, un punto de anclaje personal frente a la confusión. Una posición fija y estática muy alejada del viaje al que nos invita la función donde las situaciones polarizadas por enfrentamientos tradicionales, siempre alcanzan un final equilibrado de síntesis. Un encuentro ecléctico y amigable entre diferentes.

El elenco es capaz de mantener en pie ese territorio de ficción hasta que llega un momento de crisis, y la banda sonora se hace eco de una confesión: Mi cuerpo de ficción es una jaula. Los personajes que ocupan el escenario son conscientes de lo simbólico de la representación que nos muestran cuando ellos quieren más, quieren romper con las ataduras de la ficción para invitar al público a un ritual.

El objetivo ahora es volver al principio de la representación, al mismo espacio donde comenzó el juego con el público, a ese momento cuando  había desaparecido la línea entre ficción y realidad. Entonces llegó el ritual de las manos unidas, respiración sincronizada y pronunciar todos a una que todos somos uno. ¿Te lo imaginas? Un mundo donde más allá de nuestras diferencias encontráramos un breve momento para que todos fuéramos uno. Si en el lado de la realidad eso sería un milagro, al cobijo del juego teatral se puede sentir la profunda emoción de habitar un espacio ideal donde es posible el encuentro entre pieles diferentes y la misma revelación.

 

‘Eclectical Dance’

Compañía: Teatro del Temple. Dirección y Espacio escénico: Carlos Martín. Coreografía: Ana Continente y Carlos Martín. Elenco: Iván Benedict, Beatriz Cubero, Alberto Espallargas, María Ganzaráin, Mónica Marco, Alfonso Ortigosa, Nashira Santanatalia. Coordinación: Alfonso Plou. Producción: María López Insausti. Iluminación: Jordi Font. Vestuario: Ana Sanagustín.

Miércoles 24 de septiembre. Teatro de las Esquinas

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26 septiembre 2024

3 Hermanas

 




Un Chejov para el siglo XXI

Una de las responsabilidades más importantes de los dramaturgos contemporáneos es ofrecer nuevas lecturas de los clásicos para que nos hablen del presente sin traicionar la esencia del pasado. La adaptación que Alfonso Plou y Carlos Martín han realizado de ‘Las tres hermanas’ supera el reto con algunas pinceladas para actualizarla. Se introducen frases que nos sitúan en la Rusia postsoviética que lucha por recuperar la identidad idealizada de cuando era un imperio. La incorporación del patinete como símbolo de una generación atosigada por una sucesión de crisis económicas que los arrastra a una edad de hielo, donde la nostalgia idealiza un pasado que se advierte como cobijo y consuelo. Estas dos situaciones conectan la fatalidad melancólica del estreno de la obra en 1901 con una sensación muy arraigada en estos tiempos hiperconectados por la globalización: creer constantemente que la felicidad está en otra parte hasta abstraerse de la realidad.

La escenografía tiene la finalidad funcional de un enorme salón donde ocurre la peripecia que alterna territorios de tristeza, soledad y desesperación con acontecimientos alegres y distendidos, hasta que la sencillez poética de una proyección nos deja en un jardín de abetos y abedules donde se resuelven todos los dramas que nunca llegan a percibirse como tragedias.

A partir de este contexto, la dirección de Carlos Martín ha cuidado al máximo el trabajo del elenco para dibujar cada uno de los personajes mediante un acertado ejercicio de precisión. Actores y actrices manejan con sutileza el realismo teatral hasta conseguir que el artificio de la verdad conecte con el espectador, y hacerlo participe del fluir cotidiano de la vida. Esta autenticidad es imprescindible para seguir el juego dramático a un Chejov en modo siglo XXI.

 

‘3 Hermanas’

Calificación: 4 estrellas

Compañía: Teatro del Temple y Nova. Autoría: Antón Chejov. Adaptación: Alfonso Plou y Carlos Martín. Dirección y escenografía: Carlos Martín. Intérpretes: Alex Aldea, Fany Gijón, Javier Guzmán, Blanca Láinez Laura Lúa, Luisal Martu, Jorge Rado, Rubén Remacha, Ignacio Viscasillas, Nuria Zapatería. Producción: María López Insausti.

Martes 24 de septiembre. Teatro de las Esquinas.

'3 Hermanas': Chejov en modo siglo XXI (heraldo.es)

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28 mayo 2024

Emotional collage theater

 


La fuerza emotiva de una disección teatral

El título de la función ‘Emotional collage theater’ y el diseño del cartel  es una sugerencia inmediata que nos lleva a una creación donde diferentes elementos forman una representación teatral que juega con la yuxtaposición de texturas, formas y colores hasta crear una obra original. Sin embargo mi sensación fue la de presenciar un ejemplo práctico de lo que el cocinero Ferrán Adriá definió como deconstrucción: una técnica que descompone los sabores para integrarlos en nuevas texturas que respetan la esencia de los ingredientes y su armonía.

La primera ruptura es la modificación del espacio para que la acción teatral y la percepción del público ocupen el mismo lugar. Las sillas de los espectadores se disponen sobre el escenario para formar la figura ovalada de un Circo Romano. Los actores irrumpen en la arena de su interior, pero también saltan por encima de las gradas y ocupan un nuevo espacio en el perímetro exterior. De esta manera el aparente desorden inicial se sustituye por una nueva escenografía en equilibrio.

En la arena del circo se habla de los aspectos creativos de la profesión, desde la frase cotidiana que merece teatralidad hasta las teorías filosóficas de la representación o las paradojas que acechan al actor, hasta que la teoría se detiene para que brote la belleza de los textos literarios.

El movimiento de los actores, que a veces es estático, se me antoja la triangulación del billar que combina golpes a tres bandas con el impacto de una réplica que a veces expulsa al interlocutor de la partida, hasta que la dramaturgia abandona los límites impuestos por la ficción y su teoría, olvida los desvaríos metateatrales y ocupa el perímetro para que los actores recuperen la piel del ciudadano que hasta entonces había permanecido sepultada por el vestuario de otro personaje. Es el momento de la carrera de las quejas a paso ligero de mundo profesional lleno de malajes que contamina la vida del actor. El sufrimiento ha dejado de ser papel, monólogo o rima. Ahora los males son de carne y hueso. Del estrecho faranduleo de la vanidad a la nómina menguante que no da para aguantar el despotismo mediocre del director de escena, y por favor que nadie huela tanta infelicidad.

Las carreras de las quejas comenzaron en el perímetro exterior pero terminaron en un círculo interior que nos habla de la dificultad con la que se enfrentan los actores para separar, y al mismo tiempo unir, los territorios de la ficción y la realidad. Quien sabe si la culpa, la culpa, la grandísima culpa es el método que santifica el rito de poner los sentimientos personales al servicio de unos personajes con los que disfrutan al mismo tiempo que se vacían.

La cercanía con los actores es óptima para chequear su respiración, los ligeros temblores en la voz y la luminosa seguridad del movimiento firme y la frase bien dicha para sostener una estructura narrativa compuesta por saltos aparentemente sin orden ni concierto, y de los que puedes extraer diferentes deleites. Desde dejarte llevar por el soniquete rítmico de la excelente prosodia de los actores en el acto lúdico de mecerse en los significados poéticos, mientras los abandonas en el laberinto de una compleja reflexión de autoconocimiento. Pero eso sería desaprovechar el talento en la escritura y la representación. El reto fetén es zambullirse en la catarata de conceptos teóricos, y acompañar a los actores en la gozosa desesperación que abarca la amplitud de un trabajo que les lleva del lenguaje coloquial a las disertaciones que festejan las aceras de la filosofía. Esa cosa tan extraña de que los protocolos y procedimientos para levantar una buena actuación también sirven para manejarte por la vida, y como la construcción del personaje, ese salto que va de la inseguridad del oscuro al brillante proscenio de la luz cenital, te puede ayudar a profundizar en las contradicciones y la complejidad de la vida real.

‘Emotional collage theatre’ disecciona las entrañas del mundo teatral para mostrar las vísceras del lugar donde nacen las historias que se representan. Nos enfrentamos a la aventura del  hacha que corta cabezas desorientadas, la picadora de egos trasnochados y las benditas palabras para que la poesía tenga ritmo y acción. Un tratado que quiere explicar, y quien sabe si justificar, todos y cada uno de los sufrimientos y placeres que van y vienen del escenario al aplauso en el patio de butacas, del miedo en el camerino a la soledad del hotel. O en palabras de Edurne Portela “La ficción como territorio para explorar la incertidumbre, sumergirnos en la densidad de la historia y comprender el comportamiento humano.”

'Emotional collage theatre' 

Nova Compañía / Teatro del Temple. Dramaturgia: Irene Herrero, Carlos Martín y Alfonso Plou a partir de textos de Mamet, Rambert, Liddell y otros. Intérpretes: Fany Gijón, Laura Lúa, Nuria Pichardo, Jorge Rado y Evelia Sancho

Lunes 27 de mayo de 2024. Teatro de las Esquinas.


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24 diciembre 2023

Vuelvo al lugar de donde vine

 





El teatro como caja de resonancia

Oriol Puig Grau, autor de 'Karaoke Elusia', cuenta como los profesionales médicos que le habían asesorado le demostraron que hablar con contundencia del suicidio en la adolescencia era compatible con el respeto y terminar con la idea de que conversar de ese tema perpetúa el problema. Se trata de romper el freno, exponer el rompecabezas bajo los focos y activar la reflexión. A Choven Compañía da un paso más, suelta amarras y construye una luminosa función teatral que muestra la compleja gama de factores personales y sociales que se esconden tras las últimas palabras escritas por Kurt Cobain antes de quitarse la vida. Es mejor quemarse que apagarse lentamente.

La dramaturgia nace en un laboratorio de ideas que emulsiona una sugestiva peripecia con diferentes lenguajes narrativos. Las palabras en un crisol de datos documentales, autoficción y escenas cotidianas. Los cuerpos en danza transitan del dolor a la alegría mientras la música envuelve el conjunto con Celofán. La dirección consigue la alquimia del equilibrio entre todos estos recursos para transformar la comprensión racional del problema en el latido de una emoción que también golpea el estómago con rabia y violencia.

El trabajo actoral es fabuloso. Crece desde una presencia escénica individual muy potente hasta sincronizarse con la energía de unas coreografías grupales que dibujan una secuencia nutritiva de escenas tan visuales como poéticas, que se sintetizan en tres hitos para cerrar un círculo de esperanza. El inicio 'Sidonie' de yo estaré ciego pero tú 'Estás aquí'. En medio de 'La deriva' de 'Vetusta Morla' siempre se puede inventar una salida. El final es una catarsis que conecta el escenario con el patio de butacas para recuperar el teatro como ese espacio donde una asamblea de ciudadanos busca el bien común.

 'Vuelvo al lugar de donde vine'

Calificación: 4 estrellas

Compañía: A Choven Compañía/Teatro del Temple. Dirección escénica: Carlos Martín. Dirección coreográfica: Ana Continente. Dirección Dramatúrgica: Alfonso Plou. Dramaturgia: María Aladrén, Teresa Callau, David Diestre, Irene Herrero, Miguel Ángel Mañas, Carlos Martín y Alfonso Plou. Intérpretes: Leyre Ávila, Camila Cabrera, Gonzalo Giménez, Laura Lúa, Valeria Monroy, Mery Luz Moya, Nuria Pichardo, Ayla Quintas, Jorge Rado, Ignacio Viscasillas y Alondra Valentín.

18 de diciembre de 2023. Teatro de las Esquinas



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18 noviembre 2023

Bodas de sangre

 



Sublimar a Lorca

Jacinto Benavente en 1908 declaró que el teatro necesitaba a los poetas. «Vengan la fantasía y los ensueños y hasta el delirar de la poesía» Gerardo Diego definió «Bodas de sangre» en su estreno de 1933 como un drama lírico que lleva la música dentro transformada en sustancia poética y teatral. Teatro del Temple apuesta por tomar «la belleza atemporal que nos sugiere la poética de Lorca» mediante una propuesta muy atractiva para lograr que los elementos líricos del texto no den al traste con el desarrollo dramático de la tragedia.

La puesta en escena y el vestuario dibujan una sugerente poética visual que sitúa la acción en un universo atemporal muy alejado de la mesa con mantel y las cortinas de encaje. La transformación de la escenografía huye de los compartimentos acotados por habitaciones y cuevas hasta difuminar la frontera entre el plano real y el simbólico que determinan la obra, para dejar que la trama fluya sobre sonidos y músicas más allá del flamenco: Llagas abiertas de una madre despechada, los amantes en venas de fuego y esa navajita de sangre que trae soledad y pérdida de una estirpe. Esta estética se fusiona con la dicción masticada de unas palabras que huyen del ritmo declamado a machamartillo, y siembran una densa emoción de raíz ancestral. 

Las interpretaciones navegan entre la contenida sobriedad masculina de los jóvenes y un padre de trazo tradicional, y las energías femeninas que transitan con poderío por una tragedia, que se puede resumir en el magnífico trabajo de Minerva Arbués cambiando de personaje con eficacia magnética, y una soberbia Irene Alquezar que define el tono de la función desde el luto de recordar a los muertos hasta la luna vestida de muerte. 
Todos los recursos teatrales orientados para alejarse del costumbrismo de Lorca y sublimarlo.

 

‘Bodas de sangre’

Calificación: 4 estrellas

Compañía: Teatro del Temple. Producción: María López Insausti. Texto: Federico García Lorca. Dirección y espacio escénico: Carlos Martín. Reparto: Irene Alquezar, Minerva Arbués, Jacobo Castaneda, Alba Gallego, Félix Martín, Alberto Pérez Paz y Claudia Silba. Vestuario: Ana Sanagustín. Música: Gonzalo Alonso.

Teatro Principal. Jueves 16 de noviembre de 2023.

Sublimar a Lorca (heraldo.es)





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12 julio 2023

Mil Atardeceres


 La literatura vence al teatro

`Mil Amaneceres’ nos invita a viajar hasta la primera mitad del siglo XVII cuando Felipe IV y su valido el Conde-Duque de Olivares remataron una crisis económica en la que reinaban hambre y carestía. La mentalidad de la época despreciaba el trabajo manual, atendía a los valores nobiliarios del honor y la dignidad por encima de todo, y los arquetipos sociales se movían entre el hidalgo de verlas venir, un clero de andorga y el pícaro de buscarse la vida a salto de mata.

El texto de José Luís Alonso de Santos tiene la virtud de añadir a la autobiografía tradicional del pícaro, algunos pasajes que recuerdan el viaje del héroe cinematográfico, gracias a la incorporación del meta teatro y poemas jocosos que enriquecen la vertiente literaria de la historia. La peripecia es la de una pareja de amigos y, precisamente porque uno de ellos está de cuerpo presente,, lo que debería ser un ñaque con dos actores se convierte en una representación bululú en la que un solo interprete se hace cargo de todos los personajes.

El inicio de la función recuerda al preámbulo de ‘Cantando bajo la lluvia’ cuando la estrella del cine mudo Don Lockwood empieza a contar su vida de artista siempre en compañía de su amigo Cosmo Brown. En la película la narración arrnaca oral de los pero  muy pronto se convierte en una sucesión de secuencias en las que priman la ironía y el desarrollo visual de los acontecimientos. ‘Mil Amaneceres’ también utiliza ese mecanismo pero con un resultado dispar.

La escenografía determina el desarrollo de la función dividiendo en dos partes el espacio escénico. Un estrado ocupa la parte central dejando libre el proscenio, es ahí donde transcurre la primera parte de la función, con un marcado acento narrativo para relatar hechos y emociones. La palabra nos muestra la fábula con una dramaturgia muy básica en la que los cambios de personajes, atorados por tanta descripción, están lastrados por una dinámica simple que resta credibilidad a ese ir y venir de una voz a otra donde destaca ese detenerse en un curilla estático que hace puñetas bajo una luz cenital.

La aparición de un misal provoca un cambio espacial para que los acontecimientos se concentren un poco más en lo alto del estrado. La modificación es sustantiva porque la acción dramática gana algunos enteros y todo resulta un poco más interesante gracias a la manipulación del atrezo con repercusiones narrativas, de manera que los personajes están más presentes. Esta pequeña mejoría no alcanza su plenitud porque la narración sigue muy presente y así, con una teatralidad achicada a lo largo de toda la función, pasajes con un alto potencial humorístico se quedan a medio camino. Sirvan de ejemplo el altercado con el remo o la sinfonía del badajo que, una vez desvelado el giro final por la narración oral, su teatralidad pierde eficacia diluyendo la posibilidad de la carcajada provocada por la sorpresa del efecto sonoro y visual.

El buen manejo de Juan Alberto López con la dicción no es suficiente para construir unos personajes que necesitan sostenerse sobre perfiles con mucha mayor precisión, cambios dinámicos que espanten cierta sensación de estática pesadez y vayan mucho más allá de una leve cojera, el deambular monótono y una gestualidad previsible y esquemática. Ese texto literario reclama mucho más teatro.

Al terminar la función, buena parte del público se puso en pie para dedicarle una larga ovación.

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Compañía: Teatro del Temple. Producción: María López Insausti. Autor: José Luís Alonso de Santos. Dirección: Carlos Martín. Reparto: Juan Alberto López. Ayudante de dirección: Alfonso Plou. Música: Gonzalo Alonso. Espacio escénico: Oscar Sanmartín. Vídeo: Víctor Izquierdo / Barbecho Producciones. Iluminación: Tatoño Perales. Vestuario: Ana Sanagustín. Fotografía: Toni Galán. Cartel e imágenes proyección: Óscar Sanmartín. Diseño gráfico  Línea Diseño. Construcción escenografía: Ibón Baquero. Equipo de producción Pilar Mayor y Pilara Pinilla

Miércoles 28 de Junio de 2023. Teatro de las Esquinas

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04 febrero 2023

La casa de Dios


 

Una apuesta arriesgada

A Choven Compañía es la consecuencia del laboratorio escénico ZIES que organiza el Teatro de las Esquinas con la producción del Teatro del Temple. Su estreno en escena se produjo el pasado 13 de diciembre con la representación de “La casa de Dios”

Julio Basanta sufrió el impacto emocional de dos muertes, la de su hijo en 1977 y la de su hermano en 2002. En ambos casos estuvo involucrada la policía y los hechos se quedaron sin juzgar. Basanta encontró la forma de exteriorizar su dolor utilizando sus conocimientos de albañilería en una vivienda a las afueras de Épila hasta transformarla en La Casa de Dios, una obra paradigmática de Arte Bruto.

El Arte Bruto es cualquier expresión artística de difícil clasificación creada fuera de la cultura oficial que rompe con lo establecido, utiliza materiales habitualmente ajenos al arte, y rechaza lo bello y normalizado con composiciones y colores espontáneos. Basanta, que murió en el año 2018, empezó decorando la fachada de su vivienda con figuras realizadas con hierro y el cemento a las que añadía mucho color. Jorge Labé, amante del arte de lo extraño, compró este singular espacio en noviembre de 2021 para promover un lugar dedicado a la cultura.

La función de A Choven Compañía nace con la intención de mantener viva la obra de Julio Basanta desde una representación que, con texto de Lucía Grafal y dirección de Carlos Martín, se alimenta del teatro documento y la autoficción.

El teatro documento dramatiza fuentes y documentos de carácter histórico con la intención de mostrar una tesis sociopolítica. El gran reto de la dramaturgia es ordenar el material extraído de la realidad documental y transformar un discurso esencialmente retórico en una acción teatral que, lejos de colocar un trozo de realidad en el escenario, trabaja con la objetividad de unos documentos, los pone en contexto y les aplica musculatura dramática.

En 'La Casa de Dios' es difícil establecer un tesis clara que vaya más allá de un cierto tono de denuncia contra las fuerzas del orden o al estamento judicial, también se barrunta una ligera crítica a las autoridades culturales y políticas, pero en realidad se trata de reivindicar la trayectoria vital y la obra de un hombre que pasó por un infierno. La dramaturgia de la parte documento de la función se puede dividir en tres fases. En la primera se hace un interesante tratamiento de la prensa gracias a un potente homenaje a los humoristas Tip y Coll. Sin embargo el espacio dedicado al tratamiento de los documentos judiciales es mucho más plano hasta que llegamos a un importante momento de inflexión. Si hasta entonces momento el uso de fotografías proyectadas en el fondo del escenario no aportaba un gran valor narrativo, bien porque las fotografías de la propia casa se peleaban con su pobre representación sobre el escenario, o porque la reproducción de los documentos originales a los que hacía referencia sobre las tablas, además de no aportar un impulso narrativo, a vece distraían de la atención que requería seguir el discurso. Pero el mayor grado de separación entre el mundo real proyectado en imágenes y la realidad escénica representada se produjo cuando la imponente figura de Julio Basanta planeó a gran tamaño desde el plano general hasta un primer plano, mientras su interpretación duplicada en las tablas con una caracterización muy mejorable, contaba a los espectadores el contenido de una carta que escribió a las autoridades. Es un momento crucial porque aúna la idea de documento escrito con la de autoficción propia de un testimonio estrictamente personal. La apuesta de la dramaturgia por mostrar esos dos planos narrativos (la realidad proyectada y la ficción representada) es de alabar, sin embargo el resultado es una distancia sideral entre el impacto que produce el cuerpo y el rostro de Basanta, frente a una ficción teatral deslavazada y poco consistente.

A partir de este momento entramos en el terreno de la autoficción, un estilo literario que vive un gran momento gracias al Permio Nobel que ha recibido la escritora francesa Annie Ernaux. El salto de calidad para este tipo de literatura es conseguir que el relato sobrepase la anécdota personal y reflejé una dimensión colectiva. Esta máxima no se cumple en el texto de la función que no va mucho más allá de una peripecia más o menos simpática en la que el protagonismo recae en el viaje que hace la narradora hasta llegar a 'La Casa de Dios' para recopilar algunos tópicos y mezclarlos con testimonios personales. La representación dramática de esta fase de autoficción se apoya en un formato de parodia que, salvo algún momento con cierta gracias, resulta anodina, plana y muy previsible, con un repunte final en el que la autora en funciones de actriz (o viceversa) consigue transmitir la emoción estrictamente personal de alcanzar el objetivo de poner en pie un proyecto tan complejo.

Al finalizar la función se realizó un pequeño coloquio y todas las opiniones de los espectadores que tomaron la palabra resaltaron las excelencias de la función y se congratularon del buen trabajo de la autora, el director y todo el elenco.

Uno de los alicientes de ' La Casa de Dios' es la idea de conectar el teatro documento con la autoficción. La apuesta es arriesgada y, aunque en su desarrollo dramático encontramos altibajos, tuve la sensación de asistir a ese camino de investigación que transitan los creadores entre la prueba y el error para llegar a nuevos lugares de representación. Ese ejercicio hay que alabarlo y alentarlo. Su mayor virtud es la intención de conectar una realidad cultural muy concreta con la sociedad en la que esa realdad se desarrolla, una invitación para conocer, interpretar y analizar lo que nos rodea. Afinar el contenedor de estas ideas seguro que es tan nutritivo para A Choven Compañía como para los espectadores de futuros espectáculos.

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'La Casa de Dios'

Proyecto: ZIES (Zaragoza Investigación Escénica Esquinas). Producción: Teatro del Temple y TES Producciones. Autora: Lucia Grafal. Dirección: Carlos Martín. Intérpretes: Alex Aldea, Jacobo Castenera, Silvia García, Estefanía Gijón, Lucía Grafal, Sara Lapiedra, Rubén Remacha, Nicolás Sanz y Laura Tejero. Vídeo: Javier Estella. Escenografía y atrezo: Andar de Nones y Olga Arnal

Martes 13 de diciembre de 2022.Teatro de las Esquinas


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12 noviembre 2022

Edipo

 






Los héroes también lloran

El psicoanálisis fue injusto con Edipo cuando le asignó un complejo que no merece. El héroe por méritos propios que termina expiando la responsabilidad de sus actos para aplacar la ira de los dioses y beneficiar a la comunidad, no sintió ni el deseo del incesto, ni la necesidad de matar al padre. La desdicha de su vida es un capricho del destino.

La escenografía propicia un ambiente poético que separa con gusto y eficacia los hechos reales y presentes de las acciones ocultas, recuerdos y fantasmas. La adaptación acierta con la externalización de la voz del corifeo en dos ciudadanos, para que los diálogos y la función narrativa se conviertan en la melodía de un coro acompañado por percusiones, flautas y efectos sonoros.

La dirección organiza con claridad el espacio, potencia una representación grupal que difumina el binomio protagonista/antagonista, y reduce la dosis de tensión del conflicto trágico que, dibujado en los duelos dialécticos o en la coreografía de los báculos, se diluye en el arco dramático de un héroe sabio y sensato, que no termina de decantarse en el hombre al que, una vez descubierta su peripecia fatal, Sófocles describe como «desesperado» Esa contención engrandece al personaje y lo simbólico de su castigo, pero reduce el impacto emocional en el espectador que ya conoce su desventura, cuando Edipo descubre la fragilidad de su felicidad frente al infortunio propiciado por los dioses y sus oráculos.

El trabajo actoral aliña el texto con soltura, buena dicción y compromiso con la verdad escénica hasta conseguir el empaque de una liturgia un tanto deshumanizada, quizás por eso destacan las trasformaciones de Chavi Bruna y Francisco Fraguas que pasan de la solemnidad a un mensajero grotesco que aligera la tensión, y a un tosco pastor que certifica la tragedia.

 

Ficha Técnica'Edipo'

Calificación: 3 estrellas

Compañía: Teatro del Temple. Autor: Sófocles. Adaptación: Alfonso Plou. Dirección: Carlos Martín. Producción. María López Insausti. Reparto: Carlos Martín, Félix Martin, Irene Alquézar, Chavi Bruna, Francisco Fraguas, Alba Gallego, Gonzalo Alonso.

Teatro Principal. 10 de noviembre de 2022.





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03 noviembre 2022

Los hermanos Machado

Un reencuentro sin emoción

El sábado 22 de octubre la compañía Teatro del Templé celebró las 100 funciones de la obra «Los Hermanos Machado». El evento tuvo lugar en el Teatro Juan Bravo de Segovia situado en la Plaza Mayor a la sombra de la estatua de Antonio Machado, y a menos de trescientos metros de la casa donde residió el poeta entre los años 1919 y 1932.

La compañía aborda esa función de carácter biográfico con la intención de "explicar nuestro pasado y nuestro presente" a través del momento histórico, la creación artística y una amistad entre hermanos que termina por resquebrajarse. La construcción del relato se vertebra sobre tres ejes fundamentales y un conflicto: La intimidad familiar, la obra literaria compartida en lo dramático e independiente en lo poético, la discusión ideológica y un reencuentro imaginado entre Antonio muerto en el exilio francés, y Manuel como la nueva voz poética de la dictadura franquista. Un diálogo entre las dos Españas generadas por el golpe de estado de 1936 que no pudo conquistar el poder, y su posterior desarrollo en forma de lucha armada: De la rebelión militar a la revolución popular allá donde los militares sublevados fracasaron.

La idea es magnífica, pero la materia prima que suministra el texto arrastra un exceso de retórica discursiva, un recurso dramático que nos aleja de la vida y sus palpitaciones para sepultarnos bajo una avalancha de palabras más propias de la evocación académica de un profesor taciturno que, aliñando los acontecimientos con citas de poemas, se aleja de la pulsión vital que se genera entre hermanos, escritores y políticos hasta sumergirnos en una narración plana y convencional.

Los recuerdos de infancia apenas se tratan y se olvida la experiencia de dos niños que se trasladan de Sevilla a Madrid con apenas nueve y ocho años para cursar estudios en la Institución Libre de Enseñanza; no se establece la importancia de una familia que nace con el abuelo Antonio Machado Núñez, doctor en medicina y mineralogía, se fragua con el padre Antonio Machado Álvarez, un gallego con alma de sevillano que en 1881 recopiló un buen puñado de letras de cantes flamencos y que, en palabras de Manuel Abad, había convertido su familia en una tribu particular que se movían todos juntos con seis hijos sevillanos y dos madrileños, hasta que su temprana muerte deja el peso de la familia en su esposa Ana Ruíz Hernández que, casada con 19 años y viuda con 37, no tuvo más remedio que hacer de tripas corazón y sacar adelante a su familia con Manuel como funcionario en la Biblioteca Nacional de Madrid, y Antonio con la experiencia del francés aprendido en Paris para ejercer de profesor en Soria.

La función toma oxígeno cuando la palabra se fluye viva en forma de diálogos gracias al trabajo camaleónico de Alba Gallego: La Membrives de "La Lola se va a los puertos" estrenada el 8 de noviembre de 1929 y que rememora el trabajo dramático que unió a los hermanos Machado entre 1926 y 1932. La comidilla de un vecindario de 1909 cuando Antonio, un hombre de 37 años, se casa con Leonor, una niña de 15. La imponente y autoritaria presencia de Eulalia, prima y esposa de Manuel que se hace cargo de su vida en el momento más difícil y peligroso.

Sin embargo el texto se empeña en evitar los terrenos dialécticos más nutritivos, que también chispean cuando los escritores debaten sobre el devenir histórico y político, pero se achantan frente a la reflexión de dos dramaturgos que, como nos recuerda Manuel Abad, estaban interesados en empujar el teatro mediante la comedia de costumbres, renovar el lenguaje con más ritmo y diálogos brillantes. La conversación tampoco hace hincapié en el inmenso dolor provocado por la definitiva ruptura de la tribu familiar sellada en una tumba al otro lado de la frontera. La función pasa de puntillas sobre esos elementos biográficos de marcado carácter dramático, y vuelve una y otra vez al tono narrativo que, carente de emoción, nos arrastra a una puesta en escena ordenada pero simple, en la que los actores deambulan cargando con los discursos de sus personajes hasta el aburrimiento final.

 

Teatro del Temple. Producción: María López Insausti. Texto: Alfonso Plou, Dirección: Carlos Martín. Dramaturgia: Alfonso Plou, Carlos Martín y María López Insausti. Reparto: Félix Martín, Carlos Martín, Alba Gallego.

22 de octubre de 2022. Teatro Juan Bravo. Segovia

 






 

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10 marzo 2011

Teatro del Temple presenta Don Juan Tenorio de Zorilla


El Teatro del Temple estrenó ayer en el Teatro Principal de Zaragoza el Don Juan Tenorio de Zorrilla. El truhán y pendenciero Tenorio, amante de las mujeres y matarife de los caballeros, le da suelta a la pluma en un bareto regentado por un Buttarelli con faldas y hechuras de mujer. El texto es el original pero los gestos bruscos, el cuero negro y los pantalones ajustados en el porte y campana en las aceras nos llevan a los años setenta de una España en transición de perros callejeros que chulean los andares, sacan pecho de gallito y trotan las calles con el apelativo de macarra.
La propuesta del Temple es arriesgada y sin embargo funciona muy bien en la primera escena entre chulos, chicas de alterne y los colegas con cuellos de camisa tan grandes como sus egos. Don Juan en la calle pierde la chispa pandillera del inicio, será por la noche o quizás que ante las damas se muestre menos callejero. Entonces llega el amor de veras a la vera del Guadalquivir, y Tenorio embelesado ante la virginal belleza que sus ojos contempla, muda definitivamente el gesto arrabalero por la faz del enamorado. Y aparecen las navajas y soñé con un duelo bandolero dónde el acero de plata tiña la luna de fuego. Pero el navajazo fue tan rastrero y veloz que dónde esperaba lucimiento sólo hubo telón.
Vuelve Tenorio gris, con el pelo recogido en busca de sus muertos. Dudas y miedos le asolan, o tal vez son remordimientos hasta que envalentonado le pierden sus excesos con el vino y la conciencia, y hace gala del dicho de morir por el mismo acero que antaño fue gloria de su nombre y su porfía.
El trabajo de dramaturgia para cambiar el tiempo en el que transcurre la acción es un acierto porque mantiene las palabras de Zorrilla moldeadas por los actores con excelentes resultados, recitando con la cadencia que piden los personajes y la claridad que exigen las tablas. Da igual que los alguaciles no detengan a los gallitos, o que el tabernero sea camarera, incluso cambiar monjas por curas tras los muros del claustro, esas revisiones no varían un ápice el desarrollo dramático de la obra.
La escenografía muta con imaginación y facilidad gracias a tres sencillos elementos que conforman las escenas con puertas de acceso, barras de bar, nichos de muertos y claustro conventual.
El acompañamiento sonoro y la iluminación subrayan perfectamente la tensión, el amor y la intriga que discurre ante nuestros ojos. Las transiciones entre escenas están coreografiadas y permiten un momento de relax y divertimento entre la psicodelia y el funky.
El elenco de actores esta a gran altura, si además añadimos que muchos de ellos tienen que desdoblarse en varios personajes sin que esas mutaciones afecten a la comprensión de la obra. Pero tras la ovación final no puedo dejar de preguntarme como sería la función si Tenorio mantuviese su actitud macarra del principio: Macarra en la taberna y en la calle. Enamorado de macarra y de macarra humillado. La filosa en su mano de macarra y al final, de vuelta al infierno, un macarra derrotado.
No se pierdan esta interesante propuesta del Teatro del Temple. Una ocasión única para disfrutar de la brillantez de un texto clásico del teatro español pero situado en un contexto histórico que permite revisar cuestiones como la moral, el honor y lecciones ejemplificadoras que pertenecían a otros tiempos.


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Teatro Principal de Zaragoza
Obra: DON JUAN TENORIO
Compañia: TEATRO DEL TEMPLE
Fechas: Del 9 al 13 de marzo
Funciones:
Jueves 10: 21.00h
Viernes 11: 22.00h
Sábado 12: 22.00h
Domingo 13: 19.00h
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Dirección de Carlos Martín
Dramaturgia de Alfonso Plou
Producción de María López Insausti
Escenografía de Tomás Ruata
Iluminación de Bucho Criñena
Vestuario de Beatriz Fdez. Barahona
Caracterización de Virginia Maza
Fotografía de Colectivo Anguila
Diseño Gráfico de Wadstudio
Distribución de Julio Perugorría

Reparto:
Francisco Fragúas
Ivana Heredia
Gabriel Latorre
Rosa Lasierra
Marco Aurelio González
Agustín Miguel
Sascha Montenegro
Francesc Tamarite

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18 noviembre 2010

El Licenciado Vidriera por El Teatro del Temple


El Teatro del Temple estrenó ayer en el Teatro del Mercado de Zaragoza la obra “El Licenciado Vidriera” basada en una de las novelas ejemplares de Miguel de Cervantes.
Tomás Rodaja, después de ganarse sus estudios en leyes en la prestigiosa Universidad de Salamanca, viajar por la inigualable Italia y, tras caer rendido a los jugos venenosos de un moza, se convierte en un extraño ser que, temeroso por el cambio vidrioso al que se ve sometido su cuerpo, es centro de atención por su sabiduría que aconseja y guía a toda la escala social.
El bueno de Rodaja abandona dichoso la prisión que su peculiaridad lo contiene y comprueba horrorizado como la normalidad de su cuerpo y de su vida son el camino que le lleva al descreimiento entre sus semejantes. Lo que antes fue ganancia de plazas y populacho, ahora es desgracia de sabio con despacho. Mala suerte la del licenciado Vidriera que ganó fama encerrado en un personaje y ahora, tras abandonarlo se encuentra olvidado, que más vale imagen peculiar con verborrea, un ato blanco y una pizca de sabiduría, que semejante sabiduría y verborrea vestida de negro y con porte adusta de leguleyo.
Este relato de Cervantes data del siglo XVII y sin embargo guarda entre sus líneas la frescura de la actualidad en la que habita una fauna de habladores que lo mismo opinan de la vida, de la muerte y del amor, ungidos por el don de la palabra y el desparpajo que raya en lo grotesco, agazapados a la sombra de un personaje iluminado por las luces de la audiencia.
La dramaturgia del texto cervantino, a cargo de Alfoso Plou, tiene el acierto de oxigenar la representación con situaciones actuales, puntuales y breves que empujan el devenir de la historia, pequeñas píldoras que ahorman la trama y buscan la complicidad del público.
La sencillez de la propuesta teatral nos recuerda al ñaque. La representación esencial de la vida y dos actores en escena. José Luís Esteban como el licenciado Vidriera, y Javier Aranda como Cervantes y toda la escala social. La función esta cimentada sobre las palabras. Un texto que los actores dicen muy bien, con la prosodia y el ritmo adecuado para que los espectadores sientan el bellísimo sonido del castellano del siglo XVII. Aunque el lenguaje guarda la esencia del espectáculo, ambos actores ejecutan una excelente composición de los personajes. En ese aspecto es justo destacar la labor de Aranda que trasiega cuerpo y voces de un personaje a otro con sencillez, credibilidad y la eficacia del humor. El Licenciado Vidriera es una función imprescindible para, sin de hacer juicios de valor, comprobar como la idiosincrasia de quienes habitamos en estas lindes no ha cambiado tanto con el paso de los siglos.

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Obra: EL LICENCIADO VIDRIERA
Compañia: TEATRO DEL TEMPLE
Fechas: Del 17 al 21 de noviembre
Funciones:
Jueves 18: 21.00 h
Viernes 19: 21.00 h
Sábado 20: 21.00 h
Domingo 21: 19.00 h

Dirección: Carlos Martín
Dramaturgia: Alfonso Plou
Reparto: José Luis Esteban, Javier Aranda
Ficha Técnica: (Escenografía) Tomás Ruata, (Iluminación) Bucho Cariñena, (Vestuario) Beatriz Fernández Barahona
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