La curvatura de la córnea

15 diciembre 2025

Microbicho Teatro






Un refugio para el microteatro

La sala Teatro Bicho ha programado microteatro desde su inauguración en el 2013. En la actualidad Fran Martínez redobla la apuesta con representaciones en dos sábados de cada mes. Esta regularidad potencia el género, permite a los creadores mostrar sus novedades tanto en piezas cortas como en fragmentos de obras de mayor duración. Una función heterodoxa para encadenar tres títulos con diferentes formatos y estilos, que se representan varias veces y dan continuidad al trabajo actoral y de dirección.

Todo comenzó en noviembre de 2011. La compañía ‘Microteatro Zaragoza’ encabezada por el Santiago Meléndez estrenó ‘La noche de los triunfadores’ en espacios tan novedosos como el almacén de los cachivaches del Teatro de la Estación. Los siguientes espectáculos de la compañía ocuparon las habitaciones del albergue o las naves de la fábrica de chocolates Zorraquino, hasta que en 2014 se despidieron sobre las tablas del Teatro del Mercado.

En agosto de 2012 Óscar Castro y Fran Martínez estaban ‘En Construcción’ El primero remodelando lo que sería la sala El Extintor, el segundo escribiendo la obra ‘Nudo’. Esa coincidencia provocó un espacio donde se hacía teatro cuando los fontaneros y los albañiles terminaban su jornada laboral. ‘Nudo’ creció con el tiempo, se representó en el bar ‘La vía Láctea’, y se subió al escenario del Teatro del Mercado.

‘Microteatro en casa’ fue una propuesta del grupo ‘Los Mancusos’ en el año 2013. Javier Ercilla, Javier Guzmán y Fran Martínez metieron el teatro en los domicilios particulares, desde el cuarto de baño al dormitorio. Sin embargo en el año 2018 el salón donde transcurre la obra ‘Un dios salvaje’ de Yasmina Reza terminó instalado en medio del escenario del Teatro Principal. Aquello parecía un contrasentido y sin embargo, la relación del espectador con el espacio quedó completamente alterada porque accedimos a la sala por la puerta de actores, recorrimos las tripas del teatro, y nos sentamos en las noventa butacas que rodeaban la escena y allí, bajo la lámpara de un salón, dos actores y dos actrices lidiaron con la realidad desplegada ante nuestros ojos.

Esta larga trayectoria se condensa en la actualidad del Teatro Bicho. Quizás ya ha pasado el tiempo de eliminar convecciones teatrales para acercar al público a la sensación de lo verdadero, y es hora de reivindicar la sencillez de un foco iluminando un escenario vacío, ese refugio donde los actores respiran palabras hasta empañar las pantallas de nuestros móviles.

 

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12 junio 2025

Mucha mierda (y buen teatro) en La Ballena



Mucha mierda (y buen teatro) en La Ballena

Javier Guzmán tuvo la deferencia de invitarme a los ensayos generales de los grupos a los que conduce y acompaña en la escuela de teatro ‘La Ballena’, y ayer disfrute del trabajo realizado de los actores de los miércoles por la tarde.

Mientras el público tomaba asiento, en el escenario ya estaban situados los actores en el espacio. Sofá, mesas y sillas invitan a pensar en el orden desordenado de un salón que se va transformar en un espacio específico para cada una de las escenas. Fue entonces cuando recordé la primera acotación en ‘La muerte de un viajante’, donde Arthur Miller detalla con precisión la distribución de la casa y pide que las acciones del presente respeten las paredes imaginarias, mientras todos los pasajes del pasado rompen con cualquier limitación arquitectónica.

Esa es la base dramática que nos proponen los alumnos de Javier, una función donde cada escena rompe el orden del espacio inicial para desarrollar una acción que termina abriendo un nuevo espacio. Tejer y destejer para trazar un viaje que se puede dividir entre la exposición de cuestiones terrenales y un rio interno donde la ficción nos recuerda que más allá de todos los acontecimientos que definen la realidad de nuestra vida, los relatos son los juegos que nos define como humanos.

El inicio nos sitúa ante uno de los principales personajes de la tragedia. Antígona  busca la justicia moral de enterrar con dignidad a su hermano Polinices frente al poder de Creonte. Beatriz Jordán y Ana Palomares abandonan la grandilocuencia a la que invita una escena de la tragedia del teatro clásico griego y sitúan la dicción y las acciones en un tono de marcado carácter doméstico y así, más allá del abuso de poder o la estrategia geopolítica, la peripecia se instala en un aire doméstico que incrementan la cercanía y la intensidad del conflicto, precisamente porque lo acercan al sufrimiento humano en el  que todos nos podemos identificar.

 ‘Muerte de un viajante’ en una estupenda radiografía sobre la decadencia de la familia y la sociedad que conforma. En este caso la escena se centra en la comunicación de un matrimonio que acarrea los vapuleos del paso del tiempo. Manuel Naudín y Mapi Villaroya construyen sus personajes desde la dificultad que supone manejar la naturalidad de lo cotidiano, cuanto más incidan en hacer menos la escena irá todavía a más.

La realidad también es la materia prima que maneja Tennessee Williams en ‘La gata sobre el tejado de zinc caliente’ pero el reto en este caso es mostrar el salto psicológico de los personajes para mostrar el conflicto interno. Ana Gracia y Fernando Pueyo cocinan un punto interesante de tensión para recorrer los diferentes estados por los que pasan sus personajes. Él con la sequedad arisca de una pista de aterrizaje para que ella vuele con solvencia entre la pasión y la rabia

Llegados a este punto la realidad empieza deslizarse, ahora el espacio ya no es doméstico. La acción transcurre en la habitación de un hotel y aunque parece un detalle menor, la frialdad que sugiere el espacio permite trazar una relación diferente entre el matrimonio que ocupa la escena. Mientras Luis Javier Tejada transmite la solidez de su personaje con buena disposición para flexibilizar la realidad de los hechos por complacer a su esposa, a la que Alicia Vigo da vida con una deliciosa interpretación en la que demuestra capacidad para armonizando la precisión del tiralíneas de los gestos, y la ductilidad para que el tono de cada frase se mueva entre la ironía la autoridad implacable.

La frontera definitiva la marca Carlos Arroyo con un monólogo que quiere ser diálogo, y en esa aspiración se mece el actor en una especia de tanteo entre  interrogaciones y dudas. Un mundo interior que se muestra temeroso.

Mientras Miller se detenía en los detalles realistas del espacio, 'Las criadas' de Jean Genet es la teatralización de un rito. El texto comienza estableciendo la diferencia entre la habitación señora con muebles Luís XV y encajes como un lugar religioso que no se debe "profanar", mientras nos recuerda que la cocina es el espacio natural donde las criadas vierten sus "esputos" En este caso toda esa geografía ha desaparecido, y sin embargo el rito del juego entre los personajes se mantiene fresco gracias al luminoso trabajo de María Mengual y Pilar Gracia para trasladar la intención lúdica del juego a las palabras y a unos gestos que se concentra en la expresión de sus caras y así, cuando la alarma cambia el registro, ellas se recomponen, moldean nuevos ademanes y matizan el paso de la ficción a la realidad que no las deja ni soñar ni vivir.

La función culmina con un alegato a la capacidad para contar cuentos como el recurso de esconder la realidad por muy cruel que sea. Es una escena donde la tendencia al relato se compensa con una actitud escénica que ocupa todo el espacio. Se trata precisamente  de romper la frontera impuesta por relato. Pilar Pérez y Brian Aley lo consiguen. Ella  se enfrente a la enorme dificultar de componer un personaje que se alimenta de tics y frases contundentes que la actriz somete dentro de los márgenes de la credibilidad. Mientras tantos su compañero coreografía los textos asimilando la complejidad de su personaje en un vendaval interior que exterioriza poniéndose en comunicación con los bustos inertes de sus compañeros, un baile que hipnotiza hasta que llega el oscuro final y una merecida ovación para todo el elenco

El grupo de los miércoles de ‘La Ballena’ estrena esta función el 18 de junio. Desde  estas líneas les deseo mucha mierda, porque lo valen.

 

Escuela de Teatro La Ballena. Autores: Tennessee Willimas, Neil Simón, Arthur Miller, Martin McDonagh, Guillermo Heras, Jean Genet y Jon Fosse. Dirección: Javier Guzman. Elenco: Ana Gracia, Fernando Pueyo, Alicia Vigo, Luís Javier Tejada, Manuel Naudín, Mapi Villarroya, Brian Aley, Pilar Pérez, Beatriz Jordán, Ana Palomares, María Mengual, Pilar García y Carlos Arroyo.

La Ballena. Miércoles 11 de junio de 2025



 

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26 septiembre 2024

3 Hermanas

 




Un Chejov para el siglo XXI

Una de las responsabilidades más importantes de los dramaturgos contemporáneos es ofrecer nuevas lecturas de los clásicos para que nos hablen del presente sin traicionar la esencia del pasado. La adaptación que Alfonso Plou y Carlos Martín han realizado de ‘Las tres hermanas’ supera el reto con algunas pinceladas para actualizarla. Se introducen frases que nos sitúan en la Rusia postsoviética que lucha por recuperar la identidad idealizada de cuando era un imperio. La incorporación del patinete como símbolo de una generación atosigada por una sucesión de crisis económicas que los arrastra a una edad de hielo, donde la nostalgia idealiza un pasado que se advierte como cobijo y consuelo. Estas dos situaciones conectan la fatalidad melancólica del estreno de la obra en 1901 con una sensación muy arraigada en estos tiempos hiperconectados por la globalización: creer constantemente que la felicidad está en otra parte hasta abstraerse de la realidad.

La escenografía tiene la finalidad funcional de un enorme salón donde ocurre la peripecia que alterna territorios de tristeza, soledad y desesperación con acontecimientos alegres y distendidos, hasta que la sencillez poética de una proyección nos deja en un jardín de abetos y abedules donde se resuelven todos los dramas que nunca llegan a percibirse como tragedias.

A partir de este contexto, la dirección de Carlos Martín ha cuidado al máximo el trabajo del elenco para dibujar cada uno de los personajes mediante un acertado ejercicio de precisión. Actores y actrices manejan con sutileza el realismo teatral hasta conseguir que el artificio de la verdad conecte con el espectador, y hacerlo participe del fluir cotidiano de la vida. Esta autenticidad es imprescindible para seguir el juego dramático a un Chejov en modo siglo XXI.

 

‘3 Hermanas’

Calificación: 4 estrellas

Compañía: Teatro del Temple y Nova. Autoría: Antón Chejov. Adaptación: Alfonso Plou y Carlos Martín. Dirección y escenografía: Carlos Martín. Intérpretes: Alex Aldea, Fany Gijón, Javier Guzmán, Blanca Láinez Laura Lúa, Luisal Martu, Jorge Rado, Rubén Remacha, Ignacio Viscasillas, Nuria Zapatería. Producción: María López Insausti.

Martes 24 de septiembre. Teatro de las Esquinas.

'3 Hermanas': Chejov en modo siglo XXI (heraldo.es)

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20 junio 2024

De estreno en La Ballena

 


Una ballena en Las Fuentes. Primera Parte

Una ballena en Las Fuentes. Segunda Parte

De estreno en La Ballena

Tenía ganas de volver. Después de mis dos primeras visitas tenía ganas de ver el resultado final  del proceso creativo al que Javier Guzmán invita a sus alumnos, y ayer fui al estreno del grupo al que ya había visto trabajar en la lectura de texto y en los ensayos de sala.

Las claves del proceso de aprendizaje las dio Javier en su breve introducción al espectáculo. El artista de las artes escénicas siempre tiene que estar con un puntito de insatisfacción con respecto a su trabajo, ese es el impulso necesario para comprobar si un pasito más es posible. Pero lo más importante para el alumno es llegar a ser consciente del viaje que ha realizado en busca de su personaje, un itinerario sin previsiones y abierto a la magia de perderse que, inevitablemente, tiene un punto de inflexión cuando todo el proceso se detiene para mostrar al público el resultado del trabajo.

El estreno es un momento muy interesante porque confluyen dos expectativas. La del espectador que quiere ver un proceso finalizado, con independencia del punto en el que se encuentra el actor, en esa cumbre del estreno lo más importante es conseguir que el público alcance el clima de emoción que ha venido a buscar. En el caso de alumnos en formación es habitual que sea relación con el patio de butacas tenga diferentes grados porque cada actor está en un punto diferente del itinerario que le lleva hacia el personaje, eso el público lo sabe y por eso el objetivo cambia. Lo único importante es que los cómicos han detenido el carromato para mostrarnos hasta donde han llegado en su camino y ese ejercicio de desnudarse tiene un enorme valor.

La primera sorpresa de la tarde fue la inversión del espacio. El público ocupaba unas sillas sobre el escenario mientras los actores estaban diseminados por el graderío. Este cambio de posición aumentaba la sensación de asamblea y ponía el acento en la palabra de la pareja de actores que representaba cada escena, mientras el resto de sus compañeros se unían al foro de espectadores que escuchan. La transformación de ciudadano a interprete venía determinada por delicados cambios de iluminación que nos llevaban de unos personajes a otros.

Personajes que buscan voz y gesto. Personajes escondidos que surgen tras una frase que a veces permanecen y otras se van. El empaque de personajes tan seguros de sí mismos que son capaces de incorporar al discurso el insignificante adelanto de una réplica. Personajes definidos por el fraseo y un brillo en los ojos  que te atrapan y ya no te sueltan. Alumnos con la valentía de abrir la ventana y dejar que el aire del teatro refresque nuestra mirada.


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12 junio 2024

Aitana Sánchez-Gijón en La Ballena

 



Encuentro con Aitana Sánchez-Gijón en La Ballena del Barrio de las Fuentes

Javier Guzmán aprovechó que Aitana Sánchez-Gijón estaba en el Teatro Principal de Zaragoza interpretando la función ‘La Madre para invitarla a un encuentro en la sala de ensayos de la escuela La Ballena, al que tuve la suerte de asistir.

La mayoría de las asistentes eran actrices aficionadas (algunas de ellas especialmente emocionadas), un actor y actrices profesionales, una directora de cine, una niña, un bebé, la madre del organizador y un señor al que le gusta mucho Anthony Quinn.

Quiero empezar con una confesión. En lo más profundo de mi interior deseaba encontrarme con una diva y volver a sentir ese regustillo que siempre está por ahí pululando entre los que tenemos el gen de fan forever. La actriz hace una entrada mítica de diva y yo me desmayo. Ese es sueño. Pero tendré que esperar a otra ocasión porque Aitana Sánchez-Gijón entró como una corriente de aire fresco, diáfana en el color de sus ropas y una coleta al viento que dejaba libre una amplia sonrisa que transmite alegría y una mirada franca con muchas ganas de conectar con el otro. Eso que mi madre siempre me decía: En la mirada descubrirás a las buenas personas. Todos la recibimos con un primer aplauso tan cerrado y contundente como todos los que vinieron después.

Javier Guzmán lanzó una selección de preguntas que tenían la finalidad de mostrar a sus alumnas como se enfrenta a la profesión una actriz con cuarenta años de carrera y como, más allá del éxito o de la repercusión de su trabajo, la energía y los miedos a la hora de subirse a un escenario son muy parecidos, da igual si eres una estrella o es la primera vez que sales al escenario de La Ballena.

Aitana Sánchez-Gijón comenzó por tranquilizar a los que ya habían visto la función programada en el Teatro Principal. El dolor del personaje no me impregna. Y esa fue la primera lección, que una cosa es buscar en tu interior algo que conecte con el personaje, y otra muy diferente confundir tus vibraciones personales con las que sufre el personaje en escena.

La preparación de cualquier papel siempre parte del estudio, de hacerse preguntas. En el caso de ‘La Madre’ trató de comprender todas las capas que se cruzaban entre realidad, ficción, o vaya usted a saber. Quería entender el cuadro cubista que pinta el texto de la función, y desde ahí llevarlo a un trabajo de interpretación realista. Este largo camino siempre parte de la incomodidad personal, y además tiene que adaptarse a las indicaciones del director. En este caso les pedía a los actores que no estuvieran atmosféricos pese a una escenografía que les invitaba a crear un ambiente etéreo. En este sentido Aitana hizo una interesante reflexión en torno al uso del micrófono, y como un buen sonido les permite trabajar con una naturalidad que resulta imposible con la técnica clásica de proyectar la voz. Puso como ejemplo su anterior producción teatral. ‘Malvivir’ necesitaba una interpretación tan hacia afuera con coreografías de gran desgaste físico, canciones y desplazamientos, que el soporte técnico de micrófono no tenía sentido. Aitana Sánchez-Gijón reflexionó sobre la necesidad de que el trabajo del interprete debería centrarse en encontrar una coherencia que sincronice todos estos conceptos teóricos y prácticos, teniendo en cuenta que cada proyecto es totalmente diferente al anterior. Por eso es tan importante hacer que las inevitables dudas iniciales se conviertan en libertad de creación y puso un ejemplo.

El director de ‘La Madre’ había incorporado muchos elementos de atrezo durante el proceso de ensayos y los actores ya los habían incorporado como una parte más de la composición de sus personajes. Sin embargo, el director decidió eliminarlos totalmente un par de semanas antes del estreno para poner al elenco al borde del infarto. A las risas de los asistentes se sumó el gesto de satisfacción de Javier cuando confesó que eso lo saben muy bien sus alumnos porque  es lo habitual en La Ballena.

La idea es que todo viene bien para construir el papel, que la confianza y la relajación no hay que encontrarla en los objetos que pertenecen a la escena. La esencia de cualquier papel  está en el interior del intérprete y por eso hay que quitar todo lo accesorio. Aitana Sánchez-Gijón lo resumió en la necesidad de realizar un trabajo intuitivo del cuerpo para conectar con el texto y la emoción. La importancia del cuerpo en el teatro se basa en dejarlo brotar. Este  trabajo sin embargo es mucho más difícil de realizar en el audiovisual por la propia manera fragmentaria de rodar las escenas en las que tienes que entrar y salir una y otra vez, sin la continuidad que caracteriza una obra de teatro.

La actriz reconoció que después de cuarenta años de trabajo profesional siempre ha salido a escena con un nivel de ansiedad muy alto, una sensación que por primera vez ha mudado con ‘La Madre’. Con esta función sigue sintiendo ese run run compuesto por el combo de un miedo que siempre viene, la experiencia contrastada de que la catástrofe nunca sucede y la función siempre sale adelante. Por eso recomendó la improvisación como una buena herramienta de trabajo que acostumbra al actor a construir la verdad al momento, porque esa habilidad es muy posible que lo salve de alguno de esos resbalones inevitables que con el paso del tiempo se convierten en anécdotas y chascarrillos.

Aitana Sánchez-Gijón confesó que su formación no va más allá de algunas clases de teatro en su barrio,  porque muy pronto empezó a trabajar profesionalmente. Fue en los escenarios donde se forjó como actriz gracias a la suerte de participar en proyectos con compañeros de talla mayúscula, justo en el momento en el que se estaba dando un paso adelante para construir interpretaciones sustentadas en una naturalidad que huía de la vieja escuela declamatoria.

La sesión terminó con el mejor corolario posible cuando un alumno con acento anglosajón mostró su preocupación porque sentía que actuando en español no conseguía dar al personaje todo lo que necesitaba. Aitana lo tranquilizó. Nadie le iba a pedir un manejo brillante del idioma. La solución estaba en aplicar esa circunstancia particular a su personaje y así, olvidar el imposible de hablar un español perfecto, y utilizar esa energía en añadir una capa más a su personaje, la del anglosajón que se está expresando en español para interactuar con el resto del elenco. Ya saben, otra de las máximas de La Ballena: Todo lo que sucede siempre hay que ponerlo a favor de la escena que se está interpretando.

 




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05 junio 2024

Una ballena en Las Fuentes. Segunda Parte

 


Una ballena en las Fuentes. Primera Parte 


Segunda visita a La Ballena

Javier Guzman me invitó de nuevo a la escuela para actores aficionados ‘La Ballena’. Si la primera vez pude observar el trabajo de mesa centrado en la lectura y comprensión del texto tetral. Esta vez lo primordial era comprobar como se realizan los ensayos para que las las palabras tomen vida escénica.

La sesión comenzó de nuevo con un círculo de la verdad. En esta ocasión la voz no era de los actores, eran los  personajes los que contestaban a las preguntas que lanzaba Javier. Era una manera de cambiar de piel y al mismo tiempo vestirse con diferentes capas que no están proporcionadas por el texto. El ejercicio fue el preámbulo a los ensayos de tres escenas diferentes protagonizados por parejas.

La conclusión fundamental de esta segunda visita está relacionada con la primera, porque ahora he podido comprobar porque Javier recalcaba una y otra vez la importancia de aprenderse el texto de memoria. Esa es la clave diferencial para que los ensayos sean sesiones nutritivas en las que palabras y actores puedan trabajar con eficacia.

Cada una de las tres parejas de actores eligió a su aire la ocupación del espacio y la colocación del atrezo. Javier les dejó desarrollar la acción de una manera intuitiva y solo intervino al final para proponer opciones encaminadas a que los actores estuvieran más cómodos en escena. Les invitó a pensar en la posibilidad de contar con elementos que les ayudasen en la interpretación, les recordó que tuvieran presente lo que el personaje sabe y no sabe cuando entra o sale de la escena, y subrayó la importancia de no adelantar acotamientos que el espectador todavía desconoce con intenciones, gestos y composición corporal. A partir de estas indicaciones generales, el valor diferencial del ensayo viene determinado por la preparación previa de los actores. Los que no se saben el texto están perdidos a la búsqueda de las palabras y eso les imposibilita activar las acciones propias del personaje. Sin embargo los que llevan el texto bien hilado son capaces de incorporar diferentes opciones, desde desplazamientos en el espacio a la propia actitud del personaje en escena.

En la primera de las parejas hay una evidente descompensación. Mientras una parte maneja el texto a la perfección, su compañero tiene tantas dudas que toda la escena es un constante tropezar, detener la acción y volver a caer. Javier intentó solucionar el asunto modificando la presencia de los actores, redujo los elementos dinámicos de la acción para que se centraran en la palabra y sí, la escena gana un cierto reposo pero el desequilibrio entre un personaje muy perfilado y otro que todavía está por llegar sigue siendo evidente.

La tercera de las parejas sabía el texto tan al dedidillo que se olvidaron de interpretar a sus personajes. Javier les recordó que la escena tiene momentos cómicos y trágicos que deberían llegar al público, y para eso es imprescindible que las dos actrices sean conscientes de la situación en escena para encontrar los lugares donde hay que cambiar el tono. No se trata de soltar el texto como una retahíla donde el diálogo está separado por los puntos aparte del libreto. El reto es enriquecer la escena con la carnalidad que el personaje necesita, y que está mucho más allá de recitar las frases con más o menos rapidez, contundencia o desazón. El secreto está en conseguir que a los personajes les importe las cosas que suceden en escena, y para eso el actor tiene que creerse lo que dice. Javier siempre interviene mediante preguntas, en su exposición nunca hay certezas. Creo que huye de intervenir de manera absoluta y directa sobre la construcción de la acción y las intenciones porque su objetivo es conseguir que los actores construyan el viaje que hace el personaje.

El ensayo de la segunda pareja fue el más productivo aunque ellos antes de comenzar confesaron que estaban un poco confundidos por la relación que tenían con sus personajes. Ella se sentía como una autómata. Él se sentía rígido y con falta de conexión. El primer pase evidenció que el texto con sus diferentes declamaciones fluía estupendamente de principio a fin. Javier les preguntó sobre las acciones que cada personaje realizaba en escena y a continuación les propuso varias modificaciones a modo de juegos.

El objetivo para la actriz era aumentar las dudas para subrayar que ese era el marco en el que desarrolla la acción. La primera modificación fue incorporara a la escena a dos compañeras para ejercer del Pepito Grillo que con sus opiniones introduce indecisión en el diálogo entre personajes. El segundo eliminaba un elemento esencial de la escena lo que provocó incertidumbre y titubeos.

Javier tenía otra estrategia para el actor que partía de un excelente trabajo y la que le propuso esconder las intenciones del personaje. No hace falta ser excesivamente evidente en tus propósito y hay que confiar en que el público va a entender la astucia del personaje sin hacerla evidente, y por eso en este caso la recomendación era no subrayar sus deseos.

Estas indicaciones provocaron un cambio sustancial en las dinámicas de la escena porque el foco, además de centrarse definitivamente en la relación entre los personajes, la escena ganó en complejidad. Pero ese solo fue el primer paso. Javier les pidió más oxígeno en los movimientos, y que las palabras tuvieran ligereza cuando la conversación no tuviera una especial relevancia.

El resultado final fue una evidente mejora de la escena a lo largo del ensayo porque, más allá de las propuestas que generaba Javier desde fuera, lo que me pareció determinante fue la ayuda que los actores se brindaban entre ellos esas veces en la que sientes que el  compañero está perdido.

De estreno en La Ballena (Tercera Parte)


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05 abril 2024

Una ballena en el Barrio de Las Fuentes (Primera Parte

 



 Javier Guzmán pasaba los veranos de su niñez en casa de sus abuelos donde solo había una película de video. En aquellas jornadas estivales vio una y otra vez 'Moby Dick' de John Houston mientras pasaban los años y el sueño de viajar a la Patagonia Argentina para ver ballenas. Mientras tanto ha dedicado buena parte de su tiempo al esfuerzo de abrir un espacio dedicado a la enseñanza, ensayo y creación de espectáculos teatrales.

 'La Ballena' está en una zona del Barrio de Las Fuentes de cuando las calles eran huertas, acequias y las casas de dos pisos de las calles pintor Zuloaga y Santiago Rusiñol dibujaban dos líneas rectas y paralelas, mientras la calle Figueras se cimbreaba en un pequeño arco. Si la miras desde la perspectiva de Google Maps es fácil imaginarse el perfil de una ballena.

 Un pequeño cartel iluminado me avisa que he llegado. Frente a la puerta de barras metálicas y cristales traslúcidos no me puedo imaginar lo acogedor del ambiente que me espera. El espacio es diáfano con paredes en tonos oscuros y agradables. Una tenue iluminación adivina el perchero junto a un sofá negro con muchas vivencias. Al otro lado una pequeña barra para hacer café o infusiones. Sobre el grifo del fregadero una bayeta roja como la que tengo en casa. Un paso más adelante domina una luz cenital concentrada en dos grandes mesas y un buen número de sillas alrededor. Al fondo todo está negro. El escenario está a pie de suelo y tres gradas a la espera de espectadores que casi siempre son los alumnos lo observan. La clase diseñada en círculos comenzó sobre las tablas.

 El primer Círculo fue el del recibimiento. Javier saludó a todos los alumnos de manera individual. En su mirada franca adivinó las ganas de conectar con cada uno de nosotros. Desde la amabilidad recuerda la importancia de aprenderse el texto de memoria. No hay que buscar excusas por falta de tiempo, exceso de trabajo o cualquier otra consideración. Saber el texto de memoria es imprescindible para avanzar con eficacia en los ensayos.

El segundo Círculo tuvo dos fases. En la primera se trabajó la idea de grupo mediante la técnica del aplausos. Se trata de hacer un círculo para palmotear ligeramente sobre la espalda de quien tenemos delante. La mano cóncava realiza una percusión que afianza la unión en el grupo de actores. La segunda fase rompe la figura geométrica para aumentar la confianza entre las parejas que están preparando la misma escena.. El primer momento es estático y hay que usar la mirada para vaciarse en los ojos del otro. La dinámica llega después cuando cada miembro de la pareja se alterna para dejarse llevar por el otro. Una mano frente a los ojos para seguirla allá donde vaya. No hay dudas. Uno marca el camino y el otro lo sigue. Un poco más tarde se añaden las palabras del texto a memorizar para sincronizar los movimientos que desconocemos con las palabras memorizadas.

 El tercer círculo es el del análisis. Alrededor de las dos mesas se sientan alumnos y profesor para que cada pareja diseccione los textos que van a representar. La conversación trascurre bajo una premisa esencial: Interpretar significa ser verosímil para vivir de manera creíble circunstancias imaginarias.

 Javier está en alerta permanente y pone mucha atención en cada uno de los alumnos que toma la palabra. Es una avalancha de preguntas, puntualizaciones, y vuelta a preguntar. Deja el espacio suficiente para que cada alumno piense su respuesta que a veces son breves y concisas, pero también se construyen discursos sólidos y argumentados. Una escucha atenta y activa le permite subrayar las líneas más interesantes de las opiniones que vierten los alumnos, al mismo tiempo que es riguroso con la dirección por la que quiere llevar la escena.

En un par de ocasiones se produce un pequeño rifirrafe de opiniones contrarias. Javier no tiene problemas en ceder ante los gustos y preferencias de los actores, al fin y al cabo, son ellos los que tienen la responsabilidad de entender al personaje, y dejarles elegir el terreno en el que se va a mover su interpretación es una buena manera de construir la escena. Insiste en la importancia de la veracidad. Cada intérprete tiene que descubrir en cada momento cuáles son los sentimientos del personaje. No hay que adelantarse ni un ápice a todo lo que está por llegar. En el escenario es imprescindible reproducir los sentimientos de la misma forma que funcionan en la vida real. Actuar como si no conociéramos el futuro es clave para que el personaje tenga la musculatura de la verdad.

Javier utiliza este diálogo para crea un marco general en el que aterrizar la teoría necesaria para enfrentarse a los personajes a través de una máxima, dos preguntas y una afirmación: Las cosas se entienden cuando eres capaz de explicarlas. ¿Cuál es tu objetivo? ¿Cuáles son tus acciones? Pasamos de las acotaciones.

Javier quiere una respuesta concreta que explique el objetivo del personaje. Conocer lo que quiere el personaje es clave para sitúa la interpretación en un lugar real que se pueda tocar. Cuando el personaje tiene claro, el objetivo lo puede conectar con un estatus personal por el que el actor haya pasado. Alguna experiencia vital que le permita abrazar al personaje y bruñir con realidad vivida la ficción de la representación.

 Una alumna levanta la mano y expresa una duda. ¿Cuál es la diferencia entre objetivo y motivación? Javier cambia el tono de voz, abandona el ritmo picado del interrogatorio y se pasa a modo explicación para congratularse de lo acertado de la pregunta y contestar. El objetivo es algo concreto. La motivación es el por qué quiero conseguir ese objetivo. Tiene que ser personal y vincular directamente al intérprete con el personaje. Tiene razones intangibles o psicológicas relacionadas con las cosas que se pueden hacer para ser uno mismo y comunicarlo a los espectadores mediante el vestuario, la forma de moverse y de estar sobre el escenario. Javier hace hincapié en la importancia de tener presentes los conceptos de objetivo y motivación para que el actor tenga la posibilidad de apoyarse en sus propias palabras y vivencias como puentes que le abrirán un camino franco hacia el personaje.

 Javier recuerda que las acciones del personaje es todo lo que está pasando por encima del texto y que ocurre en función de su comportamiento. Entonces lanza un consejo. Si se hace una lectura atenta del texto, te detienes en los datos y contextualizas cualquier tipo de afirmación, es más fácil enriquecer la fotografía de los personajes y sus acciones. Y en este punto aprovecha para regresar a la idea de la inmediatez, y la importancia de separar el material que se está representando en el escenario del resto de la peripecia. La interpretación será mucho más creíble si la acción y los sentimientos no están condicionados por lo que va a suceder a lo largo de la obra. Acontecimientos que personaje y espectador desconocen.

 Una de las alumnas está leyendo su texto hasta que Javier la detiene porque su lectura está condicionada por las acotaciones que aparecen en el texto y lanza un mensaje rotundo: Vamos a pasar de las acotaciones. Las acotaciones no dejan de ser una prefiguración para una determinada puesta en escena que tuvo el autor en la cabeza. Con esta premisa, Javier subraya la importancia que teñir el texto con la humanidad que le aporta cada actor, y detenerse en todas y cada una de las frases para entender la profundidad de su significado argumental y emocional. Hay que huir de decir algo por solo decirlo y entender que el actor tiene que encontrar el modo más personal de sentir cada una de las palabras, más allá de cómo puntualice una acotación la forma de decir una frase. De esta manera se consigue que todas las frases tengan el sentido dramático hacia el que se dirige la interpretación. En este sentido es muy interesante buscar constantemente el conflicto entre los personajes.

 La clase de repente llegó a su fin. Las dos horas se habían pasado volando y no teníamos tiempo a probar por primera vez algunas de las escenas sobre el escenario. Me quedé con las ganas de ver el trabajo de Javier y sus alumnos sobre las tablas del escenario, y yo me lo tomo como una señal para que vuelva a colarme como oyente en otra de sus clases y volver a contarte todo lo que aprendí..

Los alumnos se despiden mientras se conjuran para memorizar el texto. Javier me sonríe mientras me regala un apretón de manos firme y franco. Camino de vuelta una casa. Recuerdo el mapa de Google que he consultado esta mañana y me imagino ascendiendo por el cuello de una Ballena en el Barrio de Las Fuentes.

Una ballena en Las Fuentes. Segunda Parte

De estreno en La Baallena

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01 abril 2018

Un Dios salvaje o la diferencia entre una tarta y un pastel




Que la compañía Microteatro en casa represente “Un Dios salvaje” en el Teatro Principal puede parecer un contrasentido, y sin embargo no lo es. Microteatro en casa lo que busca en sus espectáculo es cambiar la relación espacial que hay entre el público y los actores, no se trata tanto de tirar la cuarta pared, como de diluirla, y ese objetivo se puede lograr en el salón de una casa pero también en un teatro convencional. La primera novedad fue que el público accedimos a la sala por la puerta de actores y recorrimos las tripas del teatro hasta llegar al escenario donde nos esperaban noventa butacas que rodeaban la escena y allí, bajo la lámpara del salón, los cuatro demiurgos dispuestos en círculo para cocinar su moral y la nuestra.
El texto de Yasmina Reza, que hace diez años pude ver con la dirección de Tamzin Townsendverlo y la interpretación de Aitana Sánchez-Gijón, Pere Ponce, Maribel Verdú y Antonio Molero, ya es un clásico dentro del teatro contemporáneo con esa vocación de espejo que invita a preguntarnos sobre nuestros comportamiento y como pueden variar en función del estallido de un determinado conflicto y al final, el conflicto es lo de menos, lo importante son nuestras reacciones reflejadas en las interpretaciones de los actores, ese delicado momento en el que la risa se paraliza porque te ves representado en la máscara social de alguno de los protagonistas y ves, incrédulo, como en cualquier momento se puede desencadenar la agresividad que vierte sal en la herida. ¿Qué somos cuando pervertimos los códigos morales por los que nos regimos? ¿Somos capaces de defender nuestros posicionamientos sin arremeter contra los posicionamientos de los demás?
Pero en realidad, mi interés por asistir a la función se centraba en los actores, quería comprobar como las energías de sus interpretaciones eran capaces de compensar la rueda que hace girar la trama, la eficacia en el equilibrio para que el viaje de los personajes no se vaya al traste, porque esa es la clave de la función, que los cuatro personajes tienen que modificar actitud y valores manteniendo la fluidez de la obra, tienen que tirar todo por la borda pero manteniendo el equilibrio y sin que nada se desborde, que todo fluya en el terreno de la credibilidad, cualquier pequeño desliz en esas transiciones emocionales puede dañar a la función de manera irreversible.
Los cuatro actores, Fran Martínez, Javier Guzmán, Pilar Aguilera e Irene Alquezar hacen un trabajo brillante y equilibrado con ese ballet imperceptible que los hace girar sobre la rueda de la vida, pero me parece que es Irene Alquezar la que tiene un puntito mayor de responsabilidad. Al fin y al cabo es su personaje el que tiene que dar un salto mayor, al menos en lo aparente, en lo corporal, es lo superficial si me lo permiten decirlo así, es ella la que tiene que merodear por un terreno donde la tentación por la parodia es enorme, y esa es una frontera peligrosísima en este caso, una línea que no se debe traspasar porque entonces el viaje de los personajes y del público se quedaría en anécdota, en chascarrillo, pasar esa línea sería quitar transcendencia a un tipo de teatro que también es una escuela de vida, que nos ayuda a comprendernos a nosotros y a entender ese mundo que está ahí fuera, donde las candilejas dejan paso a las farolas.
El Dios salvaje que nos presenta la compañía Microteatro en casa es un mecanismo de precisión que gira alrededor de los conflictos que la vida nos pone encima de una mesa salvaje aunque esté decorada con tulipanes, esos conflictos que tú y yo intentamos digerir como lo hacemos con esa porción que tanto nos gusta de la tarta de manzana y pera de nuestra abuela y que, sin embargo, terminamos por vomitar sin saber muy bien como ha sucedido.

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