La curvatura de la córnea

12 junio 2024

Aitana Sánchez-Gijón en La Ballena

 



Encuentro con Aitana Sánchez-Gijón en La Ballena del Barrio de las Fuentes

Javier Guzmán aprovechó que Aitana Sánchez-Gijón estaba en el Teatro Principal de Zaragoza interpretando la función ‘La Madre para invitarla a un encuentro en la sala de ensayos de la escuela La Ballena, al que tuve la suerte de asistir.

La mayoría de las asistentes eran actrices aficionadas (algunas de ellas especialmente emocionadas), un actor y actrices profesionales, una directora de cine, una niña, un bebé, la madre del organizador y un señor al que le gusta mucho Anthony Quinn.

Quiero empezar con una confesión. En lo más profundo de mi interior deseaba encontrarme con una diva y volver a sentir ese regustillo que siempre está por ahí pululando entre los que tenemos el gen de fan forever. La actriz hace una entrada mítica de diva y yo me desmayo. Ese es sueño. Pero tendré que esperar a otra ocasión porque Aitana Sánchez-Gijón entró como una corriente de aire fresco, diáfana en el color de sus ropas y una coleta al viento que dejaba libre una amplia sonrisa que transmite alegría y una mirada franca con muchas ganas de conectar con el otro. Eso que mi madre siempre me decía: En la mirada descubrirás a las buenas personas. Todos la recibimos con un primer aplauso tan cerrado y contundente como todos los que vinieron después.

Javier Guzmán lanzó una selección de preguntas que tenían la finalidad de mostrar a sus alumnas como se enfrenta a la profesión una actriz con cuarenta años de carrera y como, más allá del éxito o de la repercusión de su trabajo, la energía y los miedos a la hora de subirse a un escenario son muy parecidos, da igual si eres una estrella o es la primera vez que sales al escenario de La Ballena.

Aitana Sánchez-Gijón comenzó por tranquilizar a los que ya habían visto la función programada en el Teatro Principal. El dolor del personaje no me impregna. Y esa fue la primera lección, que una cosa es buscar en tu interior algo que conecte con el personaje, y otra muy diferente confundir tus vibraciones personales con las que sufre el personaje en escena.

La preparación de cualquier papel siempre parte del estudio, de hacerse preguntas. En el caso de ‘La Madre’ trató de comprender todas las capas que se cruzaban entre realidad, ficción, o vaya usted a saber. Quería entender el cuadro cubista que pinta el texto de la función, y desde ahí llevarlo a un trabajo de interpretación realista. Este largo camino siempre parte de la incomodidad personal, y además tiene que adaptarse a las indicaciones del director. En este caso les pedía a los actores que no estuvieran atmosféricos pese a una escenografía que les invitaba a crear un ambiente etéreo. En este sentido Aitana hizo una interesante reflexión en torno al uso del micrófono, y como un buen sonido les permite trabajar con una naturalidad que resulta imposible con la técnica clásica de proyectar la voz. Puso como ejemplo su anterior producción teatral. ‘Malvivir’ necesitaba una interpretación tan hacia afuera con coreografías de gran desgaste físico, canciones y desplazamientos, que el soporte técnico de micrófono no tenía sentido. Aitana Sánchez-Gijón reflexionó sobre la necesidad de que el trabajo del interprete debería centrarse en encontrar una coherencia que sincronice todos estos conceptos teóricos y prácticos, teniendo en cuenta que cada proyecto es totalmente diferente al anterior. Por eso es tan importante hacer que las inevitables dudas iniciales se conviertan en libertad de creación y puso un ejemplo.

El director de ‘La Madre’ había incorporado muchos elementos de atrezo durante el proceso de ensayos y los actores ya los habían incorporado como una parte más de la composición de sus personajes. Sin embargo, el director decidió eliminarlos totalmente un par de semanas antes del estreno para poner al elenco al borde del infarto. A las risas de los asistentes se sumó el gesto de satisfacción de Javier cuando confesó que eso lo saben muy bien sus alumnos porque  es lo habitual en La Ballena.

La idea es que todo viene bien para construir el papel, que la confianza y la relajación no hay que encontrarla en los objetos que pertenecen a la escena. La esencia de cualquier papel  está en el interior del intérprete y por eso hay que quitar todo lo accesorio. Aitana Sánchez-Gijón lo resumió en la necesidad de realizar un trabajo intuitivo del cuerpo para conectar con el texto y la emoción. La importancia del cuerpo en el teatro se basa en dejarlo brotar. Este  trabajo sin embargo es mucho más difícil de realizar en el audiovisual por la propia manera fragmentaria de rodar las escenas en las que tienes que entrar y salir una y otra vez, sin la continuidad que caracteriza una obra de teatro.

La actriz reconoció que después de cuarenta años de trabajo profesional siempre ha salido a escena con un nivel de ansiedad muy alto, una sensación que por primera vez ha mudado con ‘La Madre’. Con esta función sigue sintiendo ese run run compuesto por el combo de un miedo que siempre viene, la experiencia contrastada de que la catástrofe nunca sucede y la función siempre sale adelante. Por eso recomendó la improvisación como una buena herramienta de trabajo que acostumbra al actor a construir la verdad al momento, porque esa habilidad es muy posible que lo salve de alguno de esos resbalones inevitables que con el paso del tiempo se convierten en anécdotas y chascarrillos.

Aitana Sánchez-Gijón confesó que su formación no va más allá de algunas clases de teatro en su barrio,  porque muy pronto empezó a trabajar profesionalmente. Fue en los escenarios donde se forjó como actriz gracias a la suerte de participar en proyectos con compañeros de talla mayúscula, justo en el momento en el que se estaba dando un paso adelante para construir interpretaciones sustentadas en una naturalidad que huía de la vieja escuela declamatoria.

La sesión terminó con el mejor corolario posible cuando un alumno con acento anglosajón mostró su preocupación porque sentía que actuando en español no conseguía dar al personaje todo lo que necesitaba. Aitana lo tranquilizó. Nadie le iba a pedir un manejo brillante del idioma. La solución estaba en aplicar esa circunstancia particular a su personaje y así, olvidar el imposible de hablar un español perfecto, y utilizar esa energía en añadir una capa más a su personaje, la del anglosajón que se está expresando en español para interactuar con el resto del elenco. Ya saben, otra de las máximas de La Ballena: Todo lo que sucede siempre hay que ponerlo a favor de la escena que se está interpretando.

 




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19 octubre 2023

Presentación de la comedia ‘El último amor de Don Juan’


 

El Edificio Grupo San Valero de la Universidad de San Jorge situado en la Plaza de Santa Cruz de Zaragoza acogió la presentación del nuevo libro de Juan Bolea. 'El último amor de Don Juan' es su estreno como dramaturgo, más allá de su primera incursión en las artes escénicas con la adaptación de su novela 'La mariposa de obsidiana'. En este caso el debut es doble porque también será el director de la función que se representará el próximo 31 de octubre en el Teatro del Mercado.

María Heredia, editora de la obra para 'Los libros del gato' negro', intervino en primer lugar y nos dio una pista interesante. La función que ha escrito Juan Bolea toma el mito de la literatura y lo convierte en personaje para darle una pátina que, entre el humor y es sarcasmo, nos hace pensar.

Blanca Resano, directora de teatro y profesora en la Escuela Municipal de Teatro de Zaragoza, tomó la palabra para congratularse de que un escritor con la amplia trayectoria de Juan Bolea se inicie en el mundo del teatro, y que además lo haga con un personaje inmortal que nació hace quinientos años porque, más allá de la multitud de propuestas que han trabajado con el personaje de Don Juan, Juan Bolea, al contrario de lo que ha ocurrido históricamente, lo quiere inmortalizar mediante la salvación del mito al que presenta como un humano prendido en el conflicto vital de convivir. Nadie antes se había parado a mirar con consideración a Don Juan, ni Tirso, ni Moliere, ni siquiera Juan Mayorga en pleno siglo XXI. Blanca Resano defiende la decisión del autor de tomar a Don Juan y, como si se tratase del muñequito del Google Maps, soltarlo en una realidad que le es totalmente ajena. Terminó defendiendo el trabajo del actor como ese elemento que puede revitalizar un texto escrito.

Juan Bolea, que comenzó su intervención agradeciendo la cesión del espacio y la generosidad de la editorial, confesó que lo poco que sabe de teatro se lo ha enseñado Blanca Resano a partir de su relación como adaptador y directora en la función 'La mariposa de obsidiana'. El discurso de Bolea es brillante gracias a esa pedagogía de quien sabe manejar un montón de referencias para condensarlas en mensajes cortos, precisos y tan contundentes como un buen canapé. Nos habla de su pasión por los mitos literarios que van del pícaro a La Celestina, de Quijote a Sancho Panza, pero ninguno de ellos tan interesante e intenso como la figura de Don Juan, que le ha permitido una larga inmersión a través de infinidad de autores de la talla de Goldoni, Mozart, Tirso, Moliere, Balzac y largo etcétera. Ese viaje le hizo cambiar de opinión sobre ese sevillano aventurero, castizo y universal que, más allá de su evidente capacidad para la seducción, su verdadero encanto quizás resida en la ausencia de miedo. Porque Don Juan es el gran demonio español y nada tiene que ver con los hombres de carne y hueso. Don Juan no puede ser humano porque es la personificación de la maldad, el gran enemigo del amor, alguien a quien solo le interesa destrozar personas, que está más allá de las convicciones de cualquier época, no es un espadachín, tampoco ejerce eso que se ha dado en llamar donjuanismo y el manejo del cortejo y la Galantería Zalamera como armas para promover la conquista del sentimiento amoroso. Don Juan nada tiene que ver con eso recursos tan humanos, para él la mujer tan solo es una víctima.

Juan Bolea defiende que todas esas características son las que lo han convertido a Don Juan en un espíritu criado en el barroco, y que él ha situado a la España actual en clave de comedia. La intención es aprovechar la peripecia para colarnos teorías y monólogos que nos lleven hasta la reflexión.

'El último amor de Don Juan' es una fábula, un cuento que el autor ha soñado como una creación escénica para ¿salvar a Don Juan? La respuesta la encontrarás en las estanterías de tu librería favorita o en las tablas del Teatro del Mercado.


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21 abril 2022

El teatro se lee, se escucha y se ve


 

La XIX edición de la Semana de las Letras de Torrero tiene como lema: "El teatro: IV centenario del nacimiento de Molière". La inauguración se celebró el 20 de abril en el Centro Cívico Torrero con una mesa redonda titulada "El teatro se lee, se escucha y se ve", y en la que participaron Esteban Villarrocha (Editorial Arbolé), Aurora Martínez (Bosnerau Producciones) y Fernando Vallejo Labrador (Teatro de la Estación), con Ana Segura (Aragón Radio) en calidad de moderadora.

Segura inició el acto con una reflexión que conectaba el teatro de la Grecia clásica con los musicales de nuevo cuño para detenerse en la idea de teatro como reflejo de la sociedad en la que se desarrolla y cambia junto a la evolución histórica. A partir de esa máxima, Segura reflexiona sobre la convivencia de textos clásicos como los Molière, plenamente vigentes 400 años después de ser escritos, que se siguen representando en salas tradicionales donde la idea de la escena se asienta en la relación entre cuerpo, voz y espacio; y al mismo tiempo vivimos la irrupción de Internet como un elemento de cambio que nos permite acceder a multitud de contenidos, además de llevar el radio teatro más clásico a otro nivel sonoro de mayor calidad y complejidad.

Esteban Villarrocha, con una trayectoria de 44 años en el mundo de los títeres afirmó que "Los títeres me han elegido y han sido mi vida", para a continuación preguntarse si la digitalización, que ya ha afectado a la edición en papel de las obras de teatro, afectará finalmente a la concepción tradicional que tenemos del teatro como un espectáculo en vivo, una preguntaba pertinente después de verificar como la pandemia provocó un volcado masivo de contenidos en Internet para perder la esencia en la nube. Villarrocha apostó un teatro orgánico, y tras afirmar que teatro se puede hacer hasta en la barra de un bar, se preguntó si Shakespeare tiene sentido fuera del fórum que significa el espacio tradicional de representación. En ese sentido fue muy enérgico cuando defendió el derecho que todos tenemos de disfrutar de espectáculos en directo tan impresionantes como los programados en el Teatro Real de Madrid, un espacio público que debería tener un acceso más fácil para que los espectadores descubran el soberbio espectáculo de la representación teatral cuando todas las posibilidades técnicas y económicas se ponen al servicio de la función. Villarrocha también puso en valor el archivo sonoro de la Cadena SER con sus clásicos de radio teatros realizados por una elenco excepcional de actores, pero sobre todo defendió al libro, ese objeto de deseo que se puede oler y tocar, como un maravilloso preámbulo para llegar al espacio escénico y, atendiendo a una pregunta de la moderadora, resaltó la excepcionalidad de la Serie Roja de la Colección Titirilibros de la Editorial Arbolé como un catálogo donde se agrup la obra dramática de autores aragoneses contemporáneos como Rafael Campos, Mariano Cariñena, Joaquín Melguizo o Mariano Anos, a los que yo me atrevo a añadir otros más jóvenes como Susana Martínez o Nashaat Abdel-Hafez Conde.

Ana Segura recondujo la charla hacia el ámbito creativo de Internet que, además de permitirnos recuperar material clásico de formatos audiovisuales, nos permite diseñar una radio a la carta y la posibilidad de sumergirte en la ficción sonora en la que Aurora Martínez de Bosnerau Producciones, sintiéndose heredera del antiguo radio teatro y las radio novelas, aplica las nuevas tecnologías, con la intención final de dar el salto a unas plataformas sonoras que permiten una total inmersión del oyente en la experiencia sonora, y pueden funcionar como Netflix en el mundo de las películas y series de TV. Martínez subrayó la importancia de los profesores de lengua como aquellos que nos llevan de la mano hacia la lectura en voz alta, un hecho que puede ser el primer paso para interesarse por el mundo del audio, un lugar que está teniendo mucho auge, y por lo tanto precisa necesita de una criba de calidad, donde la mejor tecnología se ponga a expensas de las buenas historias. La escuchas de ficciones sonaras, afirmó Martinez, puede ser un puente perfecto para llegar al teatro clásico, sobre todo las producciones, como las que ellos facturan, cuentan con actores de la talla de Félix Martín y Alfonso Desentre que involucran su talento y profesionalidad para materializar un guión que está pensado para ser escuchado, y que combina momentos de una sola pista de sonido con otros en lo que se pueden manejar hasta sesenta pistas, todo con el objetivo final de que el oyente esté inmerso en la narración.

La moderadora se preguntó por la calidad de los textos dramáticos mientras Fernando Vallejo ponía el acento en aprender a consumir teatro, en una necesaria educación para acceder a producciones que, más allá de su complicación, se suelen ver desde fuera con miedo. El problema, subrayó Villarrocha, es que no hay hábitos culturales. Tal vez por eso, retomó Vallejo, cuesta tanto ir al teatro, volver a él y, como se ha filtrado a la sociedad la idea de un espacio elitista, así se impide que la población acceda a una cultura compleja que vaya más allá del espectáculo pensado para el esparcimiento. El teatro, continúo Vallejo, es una ceremonia de reafirmación social, si hay sociedad habrá teatro. En ese sentido, el proyecto que se impulsa desde El Teatro de la Estación es una filosofía de vida que se relaciona con la ciudad y con el barrio donde está instalado. Se trata de plantear cuestiones desde una posición política con la intención de evolucionar y aumentar la relación social. Un modelo en el que tiene mucha importancia los contenidos, se programan obras para generar debate porque, más allá del formato en el que se realice, el interés radica en la capacidad para generar preguntas. Entonces Villarrocha defendió la palabra frente a otras formas más gestuales de representación que trajeron las vanguardias porque, para que el teatro sea teatro, tiene que ser político y lanzar preguntas desde la corporeidad de la palabra en escena, un acto que otras formas de reproducción no pueden conseguir. En ese sentido, Vallejo trazó una pequeña trayectoria histórica del teatro en España y recordó el medievo con un teatro en los ámbitos sacro y popular para terminar burgués, con una larga espera hasta el primer tercio del siglo XX con la llegada de compañías como La Barraca, que perseguían popularizar el teatro para todos los públicos hasta que la Guerra Civil rompió ese impulso, y la dictadura franquista dividió las artes escénicas entre un teatro de mercado orientado a la taquilla, y la promoción de los clásicos relacionándolos con una defensa de la patria mitificada, de manera que esos textos quedaron fuertemente marcados. Retomar esos clásicos con puestas en escena diferentes y una visión moderna que los acerque al público es una de las tareas que ya se están haciendo.

Los tres participantes y la moderadora coincidieron en la necesidad de potenciar desde la educación el amor por las artes escénicas para que la lectura dramática, la asistencia al teatro y la ficción sonora se reciban como un material cultural complejo y enriquecedor. En ese sentido voy a termina esta crónica con una cita de Esteban Villarrocha publicada en la contraportada de volumen 22 de los Titirilibros Serie Roja: "Sabemos que el Teatro, una vez escrito, solo necesita un lugar y un público y con esto tenemos la habilidad de hacer sonreír, de hacer llorar, pero también de hacer pensar y reflexionar. Como dice Augusto Boal: El Teatro no puede ser solamente un evento, ¡es una forma de vida!"


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13 abril 2022

José Luís Esteban: Un actor cuántico


 

José Luís Esteban afirmó que la línea recta ya no es el camino más corto entre dos puntos. La física cuántica ha demostrado que, entre dos fotones situados a la distancia más grande que podamos imaginar, surge una estrecha relación de manera que lo que afecta a uno, repercute inmediatamente en el otro. Ese es el mecanismo que Esteban ha utilizado para conectar su profesión de actor con la poesía y la escritura dramática.

El ciclo Conversaciones en La Aljafería situó a José Luís Estaban en la parte central del estrado, a ambos lados su compañero de oficio Luis Rabanaque y el escritor Adolfo Ayuso que, como los fotones que estudia la física cuántica, dinamizaron una charla que comenzó en confesionario: Rabanaque reveló que los tres pertenecían al gremio de los tímidos, Ayuso invocó a Gil de Biedma para reclamar la conversación como un espacio saludable, y los tres contertulios hicieron eso tan teatral de pasarlo bien.

Esteban, que se formó como actor en la Escuela Municipal de Teatro de Zaragoza, recordó a buenos profesores como Mariano Anos o Cariñena, y puso en valor la importancia de una enseñanza que afiance la vocación fabrique actores con capacidad para cuestionar todo lo aprendido y asentar sus conocimientos en contacto con el público, ese momento esencial de enfrentarse a la platea que solo se aprende ahí, en el ritual de la representación. Se definió como un actor de pico y pala, dentro de un oficio incierto, duro y áspero pero tremendamente enriquecedor cuando, después de devastar amplias áreas de terreno baldío, uno es capaz de encontrar esa pequeña perla de plenitud que conecta con los espectadores y los lleva a un lugar maravilloso. Un trabajo en el que la curiosidad ha sido una herramienta imprescindible para mantenerse firme en la ardua tarea de conectar con la visión de un mundo contradictorio que un actor necesita comprender para desarrollar su profesión.

Ayuso le recordó unas declaraciones en las que afirmaba que él no renunciaba a nada, que todo lo cogía. Esteban se reafirmó tajante en esa estrategia: Los actores no eligen el rumbo de su carrera. Y, cuando Ayuso ironizó para calificarlo de mercenario, Esteban sonrió para confesar que más que mercenario se un freelance a caballo de un oficio que te lleva por el camino del azar, y que él, lejos de sentarse a esperar que suene el teléfono, siempre está en movimiento, pero sin olvidar que el actor ni pincha ni corta cuando entra en contacto con una industria en la que mandan los directores de casting a la búsqueda de un perfil determinado por eso, continúa Estaban, es tan importante trascender a un determinado perfil físico, al fin y al cabo nadie sabe al cara que tenía Segismundo o Latino de Híspalis. Hay que tener cuidado con la idea de construir un perfil que hoy está de moda y mañana se estrella, sobre todo en un oficio que además de talento precisa de una buena dosis de suerte y de estar en el momento y lugar adecuados. Una profesión con un 84% de paro que deja a muchas promesas varadas en la orilla y puso en valor que para sobrevivir en el mundo de la interpretación no hay que tener miedo a conceptos netamente económicos como la diversificación o la productividad de las propuestas de trabajo.

Esteban donde se encuentra a gusto es sobre el escenario y, aunque la cámara le gusta mucho, confiesa que ha llegado tarde a ese territorio, él viene de hacer teatro sobre carros en las plazas de los pueblos donde el entusiasmo de la gente se mezclaba con la algarabía de bares abiertos y músicas para bailar. Allí se aprenden muchos trucos pero también se prescinde del matiz que hay que mostrar delante de una cámara, algo que aprendió a través de la equivocación, por eso reclamó que en las escuelas, enfocadas hacia el trabajo de actor de teatro, tenían que abrir el foco para considerarse escuelas de interpretación que enseñen a trabajar en la filosofía de que el medio también es el mensaje, y en la interpretación el medio es el actor con independencia de si se actúa para teatro, cine o televisión. Esteban reclamó una reformulación del hecho teatral para dar un salto en su configuración y captar a un público muy influenciado por el consumo de productos audiovisuales con experiencias muy cercanas, tan difíciles de conseguir en espacios teatrales donde el espectador se sitúa lejos de la voz del actor que, con la técnica de la proyección, pierde esos matices que las nuevas tecnologías pueden llevar hasta la última fila del peor auditorio.

Ayuso recordó que al principio de su carrera como actor no sentía curiosidad por una poesía que sin embargo recitaba con fuerza y  energía. La poesía del escote al corazón, recordó Estaban, que se suministraba en La Casa Lac del Tubo o en los bajos de La Campana de los Perdidos donde Luís Felipe Alegre y El Silbo Vulnerado conseguían que la voz y el material escénico de la poesía se asemejara al teatro para unir emoción y entretenimiento.

Esteban se encontró con la poesía cuando abandonó momentáneamente el teatro y se hizo cargo de una papelería. La poesía siempre había sido ese pestiño que se impone en el colegio hasta que se dio de bruces con "Aullido" de Allen Ginsberg, aquellos versos lo patearon con palabras que quiso inocular en los espectadores, y así comenzó un aullido que con el paso del tiempo se mantiene frente a tanto maullido y masaje. En ese caminar poético el músico José Javier Gracia introdujo las melodías de su guitarra hasta fraguar una idea: La música está destinada a unirse con la palabra para multiplicarse, asaltar conciencias y conectar con el entretenimiento, porque más allá del formato que use el actor, el enemigo más terrible de cualquier espectáculo es el aburrimiento.

Rabanaque trajo a la conversación el poemario publicado en Pregunta "Big Band" pero Esteban, al que no le gusta la palabra "poemario", afirmó que una cosa es publicar poesía y otra muy diferente ser poeta, él lo sabe bien porque ha tardado veinte años en decir que es actor, y quizás por eso aún no se atreve a decir que es poeta, se sentiría un impostor con esa etiqueta que le situaría junto a una larga tradición, una herencia literaria que ha utilizado como material de trabajo para situarlo en escenario hasta encontrar, después de un proceso muy largo, su voz de actor.

 Esteban confesó que su trabajo como dramaturgo no fue una elección personal, fue el oficio de actor el que lo arrastró hasta plantearse adaptar "El Buscón" de Quevedo en forma de monólogo y, lo que algunos especialistas consideraron imposible, su amigo Ramón Barea lo vio tan claro como para dirigirlo. Entonces entendió que el terreno de los clásicos era un lugar fructífero si conseguía sentar a Moratín, Calderón o Cervantes en el presente y dejarlos que dialoguen con el público como una ayuda para comprender la actualidad.

Ayuso le recordó que en realidad era una actor que escribía y Esteban remató que más allá de leer, escribir o pensar, el actor siempre tiene que mirar allí donde está el espectador, y cuando Rabanaque apostilló la herramienta del humor con nombres como Azcona o Muchachada Nui, Esteban advirtió que la forma de divertir de Azcona no ha dejado herederos, y que por eso su obra "Don Quijote somos todos" parte de una visión postcervantina para que lo costumbrista llegue a lo social, dos ideas que conectó después de leer "La España vacía" de Sergio del Molino

José Luis Esteban es un actor cuántico que lo mismo te advierte de la conexión entre el surrealismo del humor aragonés con el realismo mágico sudamericano, agita los mimbres de la interpretación para llegar a la poesía, y conecta la realidad de su entorno ciudadano con los clásicos. Una actitud que se resume en unos versos de su autoría:

Por estrecho que sea 
el espacio-tiempo
en que te encuentras,
por espesa que sea la masa
que te empuja y que te aplasta,
por rotunda que se muestre
la gravedad de tus sucesos,
siempre hay una puerta más
que queda por abrir.
Siempre hay un resquicio
por donde se puede salir.

 


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18 junio 2014

Entrenar la excelencia




El centro Etopia está siendo el centro de referencia del II Festival Internacional de música de cámara Musethica. Este edificio acoge los ensayos tanto de jóvenes alumnos como de sus profesores.
El nombre de Etopia es un homenaje a William J. Mitchell, arquitecto del proyecto y autor del libro E-topia en el que se describe como Internet, más allá de un sistema de transporte digital, es una infraestructura nueva que va a cambiar nuestras ciudades y nuestras vidas desde el punto de vista económico, pero también desde lo social y lo cultural en un mundo electrónicamente interconectado. Este interés por las interconexiones coincide con el proyecto pedagógico de Musethica y su intención de anudar el mundo de la excelencia musical con el corazón del público. Una red de emociones tejida entre los intérpretes y el patio de butacas que bien puede ser la sala de diálisis de un hospital o el gimnasio de un colegio de integración.
El pasado lunes 16 de junio tuve la suerte de asistir a uno de los ensayos que se realizan en el Auditorio de Etopia. El espacio era diáfano de colores claros, sobre el escenario un octeto de cuerda interpretaba a Mendelssohn. O al menos eso dice el programa del festival, porque yo soy incapaz de distinguir entre los diferentes autores de música de cámara. Pero eso no importa. Avri Levitan, alma mater de Musethica, dice una y otra vez que para disfrutar de la experiencia musical no son necesarias ni explicaciones ni conocimientos previos. Sólo tienes que sentarte, escuchar y disfrutar. Tomé sus palabras al pie de la letra.
El ambiente del ensayo era relajado. La violinista y profesora Ju-Young estaba ligeramente deslizada sobre la silla en lo que se me antojaba una postura poco ergonómica. El sonido era delicioso hasta que se detuvo la ejecución. Avri intercambió algunas frases con varios alumnos. La breve interrupción me llevó a pensar que ese era el mecanismo de la excelencia: Detenerse para corregir los más pequeños detalles y volver a intentarlo.
El octeto recuperó la actividad pero esta vez el cuerpo de Ji-Yung se había incorporado. La espalda ahora estaba recta, vertical y, al recoger ligeramente las piernas, descubrí el brillo dorado de unas manoletinas que marcaban el ritmo. Los dedos de su mano izquierda eran muy delgados y se movían en danza de energía y precisión. Sus intervenciones eran vertiginosas pero sin embargo se podía apreciar la nitidez de todos los movimientos. El cuerpo de la violinista se me antojó una máquina interconectada. El cerebro procesaba la información obtenida por el nervio óptico, abandonaba la masa encefálica a través del foramen magnum y allí, en la base del cráneo, se añadía la energía muscular aportada por la espalda. La suma de los datos se desplazaba por nervios, músculos y tendones hasta activar la yema de cada uno de sus dedos. La mano izquierda de Ju-Young era una compleja máquina de precisión. A este derroche técnico había que añadir una convicción: Para alcanzar su máximo rendimiento era imprescindible realizar el esfuerzo de repetir una y otra vez todos aquellos pequeños movimientos.
Y mientras yo estaba fascinado, los músicos repetían (o creo que repetían) la pieza, anotaban modificaciones en sus partituras y hablaban sobre la velocidad más adecuada para interpretarla. El trabajo se desarrollaba con la cadencia del artesano que moldea los elementos destinados a provocar sensaciones capaces de cambiar el estado emotivo de la audiencia.
La interconexión que propone E-topia para un mundo netamente virtual consiste en una cadena de datos viajando de manera simultánea a multitud de lugares. El trabajo de este octeto se asemeja a esa visión porque conecta nuevos espacios con la música clásica y, sin embargo, tiene una gran diferencia: Par apreciar de una manera integral el proceso comunicativo propuesto por Musethica es imprescindible formar parte del hálito biológico: La piel, los ojos y el sistema auditivo de cada espectador son los puertos USB que recibirán las ondas cerebrales y la energía muscular de Ju-Young, Avri, Hande, Minji, Filip, Julia, Emil y Dinis.

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11 junio 2014

María José Moreno en la FNAC

"De joteros"



El pasado martes diez de junio se celebró en la FNAC de Plaza España el último encuentro literario de la temporada organizado por la Asociación Aragonesa de Escritores. El poeta Miguel Ángel Yusta ejerció funciones de moderador. La invitada era la actriz María José Moreno. Ambos entraron juntos a la sala. Los dos muy elegantes, el poeta portaba una americana color salmón y la actriz una blusa roja. Daba gusto verlos con ese porte que solo es posible si uno ha nacido en la década de los cincuenta del siglo pasado. El poeta dobló la chaqueta sobre una de las butacas del estrado y la blusa electrificó la escena.
Miguel Ángel Yusta hizo una breve introducción biográfica de la invitada y lanzó su primera pregunta. María José Moreno dejó la cuestión suspendida en el aire, como si la fuerza de la gravedad estuviera ausente. Fue un breve instante, el imprescindible para que el sonido cesara y entonces, solo entonces, la actriz respiró y el oxígeno se hizo palabras. Las frases ocuparon en espacio que se merecen, las dejaba colgando en el ambiente, flotaban con tanta suavidad que mis tímpanos, acostumbrados al atropellamiento y al grito, vibraron en esa frecuencia tan próxima al placer. La primera de todas ellas fue: Hay que amar el arte de la interpretación como a cualquier otro trabajo, y a continuación llegó el matiz: El trabajo de actor requiere de un tratamiento intelectual previo para obtener un mayor rendimiento de su voz y de su cuerpo. El actor necesita ser un buen observador para reproducir las cosas.
La actriz acudió a su niñez, cuando actuar era un juego de vecinas para remedar las aventuras de tebeo de las Hermanas Gilda. Hasta que llegó la muerte de su padre. Un suceso que le dejó algunos problemas físicos y psíquicos. La familia consultó a un médico y, ya ven ustedes, La Moreno llegó al teatro por prescripción facultativa.
El poeta preguntó cómo preparaba los papeles y ella, levantando las cejas afirmó: ¡¡Cómo puedes!! Y entonces nos contó la importancia de encontrarse con directores de los que te puedes fiar, de los que saben perfectamente que es lo quieren de cada uno de los actores, y que lectura tienen, tanto del teatro en general como de la obra que se está preparando. Sin embargo, también confirmó la existencia de directores que no tienen tan claras estas premisas y con esos, por más que uno trabaje su papel, siempre se termina sufriendo. Por eso La Moreno insistió en la importancia de una buena dirección para sostener con firmeza que un gran director nunca puede matar a un actor, pero un panoli sí. Panoli, lo dijo con seriedad pero con un pequeño mohín para quitarle hierro al asunto y usted, querido lector, ¿cuánto tiempo hace que no escucha el término panoli?
La actriz estuvo muy en profesional para defender que un actor, ni nadie, puede dejarse machacar por alguien, pero también dejo muy claro que la función del actor es estar atento a las necesidades o las exigencias del que está la mando de la nave. Las propuestas para enriquecer un personaje pueden estar muy bien pero quien tiene la última palabra, y eso no se discute, es el director; y lo que él dice es lo que se debe levantar en escena. La escena, ese territorio donde el actor expone su intimidad porque no tienes otros recursos a los que acudir salvo los que le aportan su propia experiencia vital, y es a partir de ahí desde dónde La Moreno entiende al personaje, aunque claro, subrayó que es imprescindible guardar las distancias para no caer en la locura y confundir la representación con la vida, o viceversa, aunque eso sí, cuando la La Moreno está en pleno proceso de ensayos mira los acontecimientos cotidianos desde el prisma que le aporta el personaje, si hace una comedia todo le parece mucho más feliz que si está trabajando un drama.
La conversación derivó hacía la importancia que tiene la educación a la hora de mantener un cierto estatus cultural. Un público educado en valores culturales siempre será más numeroso y más exigente, un binomio muy importante para el desarrollo de esta industria, me atrevo a añadir.
Y entonces llegó la hora de la nostalgia. El moderador y la actriz recordaron viejos teatros de Zaragoza como el Iris, el Dorado o el Argensola; aunque no se demoraron en situar a los acutales El Mercado, Las Esquinas o La Estación. La Moreno también abogó por los nuevos espacios que están cambiando la escena teatral, espacios pequeños que auto promocionan su programación a través de redes sociales y folletos, pequeñas compañías que realizan un excelente trabajo y tan solo necesitan el apoyo del público que acude a recintos más tradicionales, como el Teatro Principal, un público capaz de arriesgarse a recorrer estos nuevos espacios que salpican la ciudad y en los que se encuentran propuestas interesantes.
La actriz reconoció que se lo pasa muy bien cuando ejerce las funciones de dirección, entre otras cosas porque siempre intenta crear un clima divertido, el buen ambiente necesario para que la propuesta sea el campo sobre el que construir la obra de teatro.
El evento terminó con la voz de María José Moreno. Dos textos muy diferentes para dejar bien claro que el matiz en el tono, una pequeña aceleración o el remanso entre palabras son herramientas que domina sin un gramo de afectación. Cierro los ojos. En la oscuridad las palabras son hertzianas mientras la gravedad condensa el silencio que envidia su voz
La Moreno contó muchas más cosas pero ustedes me disculparan porque entre frase y frase a veces,  me quedaba colgado en la siesta de sus ojos, en el sosiego de sus cuerdas vocales y allí, mecido por tantos años de experiencia sobre los escenarios, soñaba con alimentarme de las palabras que los grandes dramaturgos dejaron escribieron para grandes actrices como María José, La Moreno.

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25 abril 2013

JOY (IN PROGRESS) o la alegría del agotamiento




El Teatro del Mercado, dentro del ciclo “Sin Fronteras 2013” que organiza el Ayuntamiento de Zaragoza, acoge una serie de conferencias en torno a la idea de la alegría. La primera de ellas se celebró el 24 de abril y corrió a cargo de Miguel Ángel Ortiz Albero en la palabra, Ingrid Magrinya en la danza y Gonso en la música. Lamentablemente me fue imposible llegar a la parte perfordance del evento y solo pude asistir al debate posterior.
Gracias a las interesantes aportaciones del público y a las explicaciones de los artistas desde las tablas, me enteré que la esencia de la actuación había sido mostrar como a través de la ejecución, repetición y vuelta a empezar de una actividad se puede llegar hasta la alegría. En el caso de los presentes esa actividad pasaba por el tamiz de la verdad, no se trataba de hacer el teatrillo de sentirse agotados, no, la esencia era mostrar desde la verdad el agotamiento de leer textos, interpretar música al piano y bailar y bailar y bailar hasta la extenuación para, quizás desde ahí, comenzar a crear de verdad.
El gran Cifu contaba hace unos días en Radio 3 como Thelonius Monk estuvo preparando una serie conciertos durante varios días seguidos sin ver la cama hasta que, durante la primera actuación se quedó literalmente dormido sobre el piano y se tuvo que suspender la actuación. Los recitales se reanudaron al día siguiente y Monk, bien dormidito (ustedes ya se lo imaginan) estuvo sublime.
Desde luego la primera premisa para esta teoría del agotamiento sería realizar una actividad creativa. Recuerdo mi temporada como trabajador de una cadena de montajes de lavadoras en la que desarrollaba una actividad repetitiva y constante hasta el agotamiento, más que físico, mental. No estuve mucho tiempo pero dudo que con el tiempo hubiera sido capaz de extraer algún resquicio creativo de aquella actividad. Más allá de la propia experiencia personal parece aceptable que si el agotamiento es la base para la alegría, ese agotamiento tiene que ser creativo: El músico que repite mil veces la misma partitura en busca de la perfección, la bailarina que rueda y rueda hasta llegar a lo etéreo y Ortiz Albero que trota y trota sobre sus zapatillas de color amarillo chillón en para que la inercia de la carrera le suministre nuevas ideas. Puedo aceptar que el agotamiento es fuente de alegría, pero no lo creo posible ni en la zanja, ni en el andamio. El agotamiento en el tajo solo es la antesala del accidente laboral.
Avanzado el debate se suscitó la relación de la alegría con la infancia y claro, si aparece la infancia tenemos que hablar de educación. Ortiz Albero recordó sus tiempos de escolar en un colegio de curas en el que la pedagogía pasaba por machacar y machacar hasta el agotamiento y de nuevo, como en el trabajo manual, en ese agotamiento no hay ni pizca de alegría. Entonces Magrinya recordó que, de esa exaltación del esfuerzo sin mucho sentido hemos pasado a todo lo contrario: Cualquiera puede ser casi cualquier cosa sin el más mínimo esfuerzo ¿han visto ese anuncio del i phone dónde parece que interpretar música es cosa de coser y cantar? y no, no es posible, ser músico, escritor, bailarín y cualquier otra cosa requiere de mucho esfuerzo.
Fue entonces cuando recordé a Ted Robinson, un pedagogo norteamericano que, frente al utilitarismo de la educación, ya saben, puesto que van a machacarte, al menos estudia algo con lo que te puedas ganar la vida, defiende la indagación en la creatividad para potenciar la educación. Y, si la conectamos con el discurso de esta conferencia/perfordance, podríamos decir que la educación basada en la creatividad y bajo la premisa del esfuerzo sería un camino óptimo para alcanzar la alegría.
Tal vez parezca una utopía pero Ted Robinson cuenta en una de sus conferencias (las pueden buscar en You Tube) como una amiga suya padecía los síntomas de eso que la modernidad ha calificado de niña hiperactiva. Aquella niña tuvo la suerte de encontrarse con una psicóloga que le abrió la puerta al mundo del baile, la niña pasó el umbral y descubrió que los síntomas que sufría solo eran los de una gran bailarina. Robinson cuenta que han pasado mucho años de aquello pero que su amiga todavía está dispuesta a ensayar hasta el cansancio, hasta la gloria de conseguir una coreografía perfecta.
Así que ya lo saben, si desean encontrar la alegría, con independencia del oficio que les da de comer, busquen una actividad que les agote. Pueden correr por la ribera en busca de los mil y un sonetos, tocar por bulerías el cajón flamenco bajo los puentes o teclear hasta la extenuación el argumento del best seller 2014, da igual, lo importante es poner un poco de creatividad en sus vidas.

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25 noviembre 2012

Revisiones, obsesiones y otros tributos en el barrio del Gancho





La cultura es capaz de cambiar la orografía de las calles. Desde hace un tiempo la calle Las Armas comienza en sala de teatro El Extintor y termina en la librería El Armadillo Ilustrado, y no vean ustedes la de cosas que hay por el medio. Esta mañana he vuelto a recorrer la calle Las Armas desde el Mercado Central hasta el amable recibimiento de Octavio Gómez Milián que, como coordinador del último libro de la Editorial Comuniter en su colección Voces de Margot, abrió la presentación de “Revisiones, obsesiones y otros tributos”, uno de esos interesantes potajes que los chicarrones de Comuniter se sacan de la manga y ya van por lo menos tres.
En este caso el hilo conductor trata de revisitar recuerdos, mitos, personajes, ambientes, canciones, cualquier cosa anclada con fuerza al pasado y capaz de transformarse en un tributo en actualidad “Spin off”. O más o menos porque como confiesa Octavio en la solapa del libro cada autor hizo lo que quiso.
Miguel Carcasona inauguró el turno de palabra para los autores. Nos contó las casualidades que unían su vida con Jacques Brel, y no se ustedes, pero cuando escucho el nombre de un cantante francés comienzo a dudas porque tiendo a confundirlos, bueno a todos no, confundo a Brel con Brassens hasta que recuerdo que Brassens es el cachondo (eso se lo debo a Javier Krahe) y entonces me relajo porque Brel debe ser el serio. Carcasona esto lo tiene mucho más claro porque, según leo en su relato, Jacques Brel es belga. Tierra trágame.
David Jasso, que no se disculpó por los cuadros de su camisa, avisó sobre su relato, y esto dará mucho que hablar entre sus fans, que no estaba confeccionado con las herramientas del terror, el campo habitual de los textos de Jasso. Imagino que el autor de clásicos como “La silla” también tiene su corazoncito y, aunque no explicó los motivos, se ha escapado hasta el imaginario de Joaquín Sabina para terminar en mayo una canción que el jienense escribió en abril.
Eva Puyó situó la acción de su relato en un cine. Rubén es un director de teatro, viendo la película “Amantes” de Vicente Aranda. Rubén esta en medio de dos actrices de su compañía que además son hermanas. Y ahí me despisté. Ni me llamo Rubén ni soy director de teatro, y además El Armadillo Ilustrado no es un cine. Sin embargo ahí estaba yo, entre las hermanas Lacarta. El efecto espejo viajó a la primera vez que estuve cerca de Marian y Ana. Fue el día que descubrí el Ateca Power de La Noche Sin Techo 2007. Una de esas experiencias que nunca se olvidan.
El relato de Magdalena Lasala bebe de las fuentes de Flaubert y de la danza de Salambó con la serpiente sagrada. Lasala estaba entusiasmada porque había podido sacar de ese cajón secreto que tienen los escritores a uno de sus personajes favoritos, a mujer apasionada. La autora, imbuida por la pasión y la danza, inició un boceto de cimbreante vaivén que, ¡¡lástima!! No fue a más.
Antonio Romero mide los años por sanlorenzos y eso es toda una carta de presentación. Recordó ya habían pasado dos años desde que escribió el relato. Tiempo suficiente para que la destinataria del texto, su novia de entonces, ya estuviera fuera de su vida. Al parecer hay otra chica en su vida aunque no explico si a la actual también le escribe relatos o ha cambiado de táctica. El caso es que a su chica de entonces, a la de hace dos años el texto le gustó y eso parece ser suficiente marchamo de calidad. Fue preocupante comprobar como las referencias y los mitos de Antonio Romero, un tipo capaz de tocar bajo, theremin (sea lo que sea un theremin), provengan de lugares tan tecnológicos como la Nintendo y Super Mario Bros al que bautiza como el primer pagafantas. Les confieso que ya tengo marcada la página con su relato.
Igor Paskual llegó de Gijón montado en un tren y sin perder ni una pizca de ese aire elegante que imaginas a alguien que ha liderado una banda de glam rock. Antes de cantar hizo algún chascarrillo sobre Mick Jagger que en fin, no se lo tendré en cuenta porque demostró un alto grado de mitomanía, cantó por derecho, estuvo simpático y hasta pedagógico cuando me enseño cosas interesantes y que yo desconocía sobre…¿¡no lo adivinan!? Les recuerdo que hace un momento he escrito la palabra “glam”
Y luego vinieron las charlas, las firmas de los autores y Enrique Cebrián Zazurca que me dio un palo por lo fino, nada de navajitas en el cuello, una envolvente jurídica, casi ná. Roberto Malo que llegó tarde pero llegó, Mónica y una tesis sobre las pelucas que se ponen las mujeres caribeñas y, con tanto darle a la hebra, me volví al barrio con la compañía de David Jasso y sin catar ni una gota de vino. Y claro que lo voy a decir, me hubiera gustado contar con la presencia de Juan Luís Saldaña, ese zombi posmoderno de frase corta y siempre dispuesto a morder con todo el cariño del mundo, o no.
Este libro es un aviso para navegantes. No escondas tus obsesiones, todos las tenemos y en dosis adecuadas es una buena gasolina para subir la presión de nuestro torrente sanguíneo. Si eres capaz de dar el paso no lo dudes, este libro te ayudará a reencontrarte con esa obsesión digna de un tributo.




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