La curvatura de la córnea

10 octubre 2026

Saeta


 

Mira que me voy a morir

Javier Aranda se sube durante estas Fiestas del Pilar al escenario del Teatro Arbolé con el espectáculo ‘Saeta’, ese palo flamenco de estructura libre y tono solemne que, sin acompañamiento musical, permite al intérprete jugar con el dramatismo, añadir filigranas y enfatizar los sentimientos sin atender ni a guitarrista ni a compás. A esa forma de presentarse ante el público, y a poquito que te pases, en el mundo del teatro lo llaman sobreactuación. Y de eso va la función, del mundo del teatro y un poquito también de la sobre actuación porque, más allá de la solemnidad del programa de mano que habla de una reflexión sobre el rol del actor y el sentido de su oficio, lo cierto es que hasta ahora Javier Aranda iba por los teatros del mundo vestido con el traje de titiritero.

Que sí, que su formación académica proviene de la Escuela Municipal de Teatro de Zaragoza, pero no se dejen engañar. Para comenzar el espectáculo utiliza de anzuelo el más sencillo títere de guante que un espectador avispado es capaz de imaginar, y desde esa simpleza se marca un gag desternillante. ¡¡Qué zorro el Aranda que a lo somarda y de inicio se mete al público en el bolsillo!!!

Pero en cuanto consigue las primeras de muchas risas y aplausos se quita la careta y ahí está, sin trampa ni cartón haciendo de actor. La figura retórica es un breve monólogo para evocar la muerte de su padre, del que tiene pocos recuerdos porque murió cuando él era solo un niño. Y en ese momento se materializa el meollo de la función: ‘Saeta’ entrelaza el teatro con la vida (y la muerte)

El desarrollo de la dramaturgia se construye a partir de dos materiales esenciales. Por un lado hay una concepción filosófica que parte de la muerte del padre, eso que Manuel Vilas definía en su novela ‘Ordesa’ como el comienzo del caos porque él, el padre de cada uno de nosotros, es quien sabe a ciencia cierta quien es su hijo porque su existencia es fruto de su voluntad (y bueno, de la madre) pero Aranda no cita a su madre, su obsesión es con la muerte temprana del padre. Con la muerte en definitiva.

El otro material narrativo tiene que ver con la forma de acercarse a esa obsesión que al parecer le tiene secuestrado el entendimiento y sus manos de artesano: Hibridar su cuerpo con los títeres. Carlos Converso lo denomina como la materialidad del títere y la corporalidad del actor-titiritero, hasta afirmar que títere y titiritero conforman una unidad corpórea y tangible. Desde ese convencimiento acude a Ana Alvarado porque la especialista en teatro de objetos sostiene que la manipulación de objetos es un montaje de cuerpos, el del actor y el del objeto. Converso traslada esa idea al teatro de títeres para concluir que nos encontramos ante un tipo de representación hibrida entre el titiritero en escena animando al títere hasta conformar el fenómeno integral de un solo cuerpo teatralizado, eso que Estaban Villarrocha define como objetos que quieren ser sujetos, pero subrayando que lo interesante es dudar de cuál es el rol del actor y del títere hasta preguntarse ¿quién es el objeto y quien el sujeto?

Javier Aranda se lanza de bruces sobre esos conceptos teatrales, y realiza un delicado trabajo de orfebrería para construir cada uno de los personajes. Casi siempre lo hace delante de los morros de unos espectadores expectantes y boquiabiertos al comprobar que del batiburrillo de objetos que ocupan el escenario surgen diferente sujetos con una personalidad que a veces es compleja y socarrona, otras alegre y sencilla, incluso alocada y bailonga.

La elaboración de cada uno de estos personajes tiene como finalidad dar un buen repasito al variado espectro de actividades a las que se puede dedicar un actor. Recuerden que Aranda ahora ya no está ejerciendo de actor a tiempo completo, ahora es titiritero cuando manipula y pone voz a los títeres, pero al mismo tiempo se ríe, y no estoy seguro si lo hace como actor o como Javier Aranda, no creo que lo haga como titiritero porque en esos momento está a tope de ocupado manipulando el títere. El caso es que sobre el escenario se representan desde un intenso texto de Shakespeare o algo parecido - aquí lo importante es ponerle mucha intensidad dramática a la interpretación-, también se ejecuta una performance donde prima lo visual, o la revolución estética del teatro contemporáneo con audiovisuales y lenguajes narrativos que nos llevan hasta la inmediatez y el impacto de las redes sociales. El grado de libertad artística es tan elevado que los títeres sienten ese hálito tan humano de la libertad, y se sienten emancipados del titiritero que, por mucho empeño que ponga jamás de los jamases podrá volar como una marioneta de hilos convertida en vedette celestial. Eso es así.

Pero todo este despliegue de creatividad para mayor gloria de las artes escénicas es tan breve como el tiempo que dura la representación. Los personajes que han encarnado actor, titiritero y títeres mueren cada vez que el público abandona la sala y el chispa apaga la luz.

Ese es el martirio y el éxito que persigue a Javier Aranda cada vez que se sube a un escenario. Porque la única manera de cosechar el aplauso del público. Y ahora estoy pensando en ese público calidad Teatro Principal que sabe que solo se aplaude al final de la representación, nada que ver con el público Teatro Arbolé que aplauden a tontas y a locas, y así no hay manera de morirse como Dios manda porque, como les decía por ahí arriba: Todos los personajes que aparecen en una obra de teatro mueren cuando llega el fundido a negro y la ovación cerrada (o no tanto) del respetable. Y ‘Saeta’ en eso no es una excepción.

La excepcionalidad de ‘Saeta’ tiene otros motivos. La naturalidad con la que Aranda transforma todo el entorno material para dotarlo de vida y personalidad. La capacidad dramática de invitarnos a reflexiones complejas mediante el uso inteligente de un humor que desengrasa y quita peso a esa figura que Patrice Pavis denomina como monstruo sagrado. Los espectadores pro ya saben a quienes me refiero, a esos comediantes, actores y saltimbanquis que son adulados hasta mitificarlos como  el vínculo vivo entre el texto del autor, la orientación del director, y la mirada del oído de un público siempre deseoso de que alguien le cuente una buena historia.

`Saeta'

Dramaturgia, dirección, fabricación de títeres y actor: Javier Aranda.

Viernes 9 de octubre de 2026. Teatro Arbolé

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15 septiembre 2026

Mishi Mushi y los ratones

 



Hace falta más cachiporra

El Teatro Arbolé salió a la calle de entrada gratuita para celebrar el XIII Festival Iberoamericano de Teatro para Niños y Niñas. La actriz Ana Santa Cruz aprovechó la soleada mañana para repartir pescaito entre el respetable, hasta que el género se acabó, y por arte de birlibirloque se convirtió en la titiritera que cuenta una historia sobre la eterna disputa entre un gato degustador de quesos y dos ratones que acuden al olorcillo del manjar.

‘MIshi Mushi y los ratones’ utiliza diálogos, canciones y rimas para construir escenas en las que se mezclan diferentes técnicas de manipulación. La titiritera tan pronto permanece oculta tras el teatrillo para insuflar vida con el juego de sus manos, como de repente se coloca en el centro de la escena donde comparte espacio con un títere de mesa y otro de varillas superiores. A esta capacidad para utilizar diversas maneras de mostrar a los personajes en una misma escena, se le añade el juego de la mutación y así, el gato del cuento unas veces tiene la solidez de quien pisa tabla rasa, pero otras veces se muestra con la volatilidad de un guante de tela vaporosa que parece volar hasta que ¡zas!, el minino salta al proscenio embutido en un traje negro y una máscara. Ahora la titiritera en una actriz para dar una especial corporeidad a un felino que, todos los sabemos, más pronto que tarde sufrirá una buena tunda de esos cachiporrazos que tanto nos hacen reír.

Algunos espectadores adultos estuvieron molestando durante toda la representación a quienes queríamos disfrutar del teatro en la calle. Un murmullo constante para hablar de cosas que se pueden tratar en otro espacio y lugar. Ese chismorreo es una falta de respeto al trabajo de la artista, y por eso afirmo que a la dura mollera de estos maleducados les hace falta más cachiporra.

 

‘Mishi Mushi y los ratones’

Calificación: 3 estrellas

Producción: Compañía Ana Santa Cruz. Textos de la Pescadora, dirección, titiritera, diseño y realización de títeres: Ana Santa Cruz. Realización de máscara: Enrique Jiménez. Fotografía: Nicolás Morales Sarmiento. Diseño del cartel: Gaspar El Pinturillas.

Domingo 13 de septiembre 12h. Teatro Arbolé

 Crítica de teatro: Hace falta más cachiporra

 

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08 febrero 2026

La tierra de Alvargonzález

 


Títeres para mayor gloria de Don Antonio

Don Antonio partió de Soria una mañana de octubre porque quería visitar la fuente del Duero. En el viaje coincidió con un campesino y un indiano. Mientras el indiano le hablaba de Veracruz, y el campesino le advertía que era mal tiempo para subir al Urbión, el poeta pensaba en lo mucho que los hombres del campo saben y nosotros ignoramos. Hasta que el camino los obligó a cruzar un puente de madera entre Cidone y Vinuesa y el campesino señaló a su diestra. Por aquel sendero se va a los mejores campos de antaño y malditos hoy: La tierra de Alvargonzález.

El profesor Martín Domínguez Berrueta organizó  en junio de 1916 un viaje a la ciudad de Baeza, y algunos cuentan que el joven estudiante Federico García Lorca tuvo ocasión de visitar a Machado que por entonces ejercía de maestro en la ciudad. Es muy tentador pensar en la imagen del poeta sevillano recitando ‘La tierra de Alvargonzález’ al joven granadino. Un encuentro a partir del cual se puede establecer dos conexiones. La primera es literaria con la presencia en la obra de ambos de una tierra dura y adusta sobre la que se desarrolla un drama rural anunciado por la presencia de la luna. La segunda es teatral porque el romance de Machado formaba parte del repertorio del grupo de teatro universitario ‘La Barraca’, en el que Lorca ejercía las funciones de actor y director literario.

La Diputación de Soria ha impulsado una idea de Jesús Rubio para que a la conexión entre Machado, García Lorca y las tierras sorianas, se añadan los Titiriteros de Binéfar y así, la compañía oscense ha recorrido los mismos lugares por los que pasó ‘La Barraca’ con una versión de ‘La tierra de Alvargonzález’ La gira formaba parte del programa de actividades vinculadas al congreso ‘Federico García Lorca en Soria’. Un espectáculo que el pasado 6 de febrero de 2026 se representó en el Teatro Arbolé de Zaragoza.

La puesta en escena es diáfana en cuanto a la separación de voz, acción y música, y esa distancia en el escenario es precisamente el crisol para que la historia adquiera todos los nutrientes. Tres espacios, cada uno con sus características especiales que dejan a las claras como el buen ejercicio de un oficio individual es la base irrefutable para que brote el talento colectivo.

Paco Paricio a la izquierda del escenario parece que ejerce la función de narrador, pero sus palabras van mucho más allá de la voz en off que encadena los temas, resuelve conflictos y da paso a nuevas escenas. Su figura está mucho más cerca del recitante que muestra paisajes, presenta títeres y nos lleva en volandas al ámbito de las emociones. Pausado entre hojas de otoño y nieve de invierno. El peso de su voz tiene el regusto del remanso popular junto a la fuente, y del trueno de un hacha que acecha. Se toma un respiro, remueve sus ancas y sonríe cuando los versos piden danza. Agacha la pulcritud veterana de su testa y se concentra en el texto que trae una noche de muerte, frío y fantasmas. Unas veces sonríe y otras brama.

Paco Borderías a la derecha del escenario está rodeado de instrumentos para la melodía, cachivaches para los efectos sonoros y a veces Julia Cruz traspasa la frontera entre la titiritera y la cantante para marcar el ritmo con un pandero o encandilarnos con una voz nítida y trasparente que da luz a la representación. Y mientras el musiquero parece que vive en la energía estática del asiento, a su alrededor todo es movimiento. Las cuerdas golpeadas del chicotén, las llaves acariciadas del clarinete y el sube y baja de cascabeles, unas nueces o vaya usted a saber… hasta que Borderias se levanta cuando el soniquete se hace bodorrio y verbenero, y hasta se atreve a mover las caderas en un tosco vaivén.

Marta Paricio y Julia Cruz ocupan el centro del escenario para que salten las chispas entre los polos de la música y la voz. Tras el tenderete por donde interpretan los títeres, combinan la eficacia de los movimientos de quien saber estar cundo la manipulación exige esconderse, y sacar el garbo que se necesita cuando hay que dejarse ver para mayor gloria del dramaturgo y de la escena.

Los títeres pertenecen a varios tipos de manipulación. El grueso de los personajes son marotas construidas con troncos de la orilla de la Laguna Negra, materiales que repiten la leyenda que vivieron. Lo vemos en sus bocas rectas, sus ojos saltones y en esas melenas rizadas mesadas por las manos de la titiritera. Manos que a veces transmiten sensualidad y otras se transforman en drama que tapa los ojos, o esa guapería que se marcan los indianos cuando vuelven de allende los mares con riquezas y buenos augurios. Manos unidas por el amor o desnudas para crocotear con dos cucharas y un alambre.

El retablo tras el que se mueven los títeres se convierte en plano de proyección de las ilustraciones de David Vela. Dibujos que recuerdan a las viñetas que los ciegos apuntaban con el cayado en los romances medievales. Escenas donde predomina el perfil de figuras con evidente ascendencia de esas siluetas titiriteras que toman vida en contraste con el fondo. Un homenaje a este modelo de títeres de figura recortada es la luna azulada, que sujeta por un palo tiene dos mecanismos para cambiar de expresión, y que los titiriteros ya usaron en 1993 en el espectáculo ‘Almogávares’.

La representación tiene la sabiduría de unir con una aparente sencillez el aire popular del romance como expresión poética de un Machado que en 1912 se encontraba en un momento de cambio. Abandonaba la estética modernista de un simbolismo sensorial, para comenzar una etapa historicista donde su poesía se centraba en el paisaje, y mostrar una reflexión crítica sobre una España a la que amaba profundamente a pesar de los españoles y así, la puesta en escena se alimenta de esa  encrucijada para acertar de pleno con el uso de diferentes lenguajes de valor escénico. Verso, títeres y música consiguen una representación que transmite una enorme carga sentimental que mantuvo en vilo al patio de butacas, hasta que explotó en una profunda y emotiva ovación final.

‘La tierra de Alvargonzález’

Producción: Los Titiriteros de Binéfar. Autor: Antonio Machado. Puesta en escena y voz: Paco Paricio. Titiriteras: Marta Paricio y Julia Cruz. Músico: Pablo Borderías. Ilustrador: David Vela.

Viernes 6 de febrero de 2026. Teatro Arbolé.




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Olvidé la sombra de la encina

Foto: Oscar Gómez Chacón

 

Tierra, memoria y futuro

La compañía ‘Raigambre’ estrenó el 20 de diciembre de 2025 en el Teatro Arbolé de Zaragoza su espectáculo ’Olvidé la sombra de la encina’. La información previa de la función hablaba de una obra dedicada a la memoria rural y a la pérdida de identidad. La mirada nostálgica que nos propone está muy alejada de la corriente restaurativa que añora el pasado tan y como era, la dramaturgia aboga por un mensaje crítico,  reflexivo, y con un inicio de función que fue una buena pista en ese sentido. Todo comenzó  como los buenos manuales de Geografía Humana: con un glosario de términos y la descripción geográfica de donde ocurren los acontecimientos.

La vida de las palabras está determinada por su uso y muchas de ellas mueren porque simplemente desaparece las cosas que representan, algo muy habitual con términos relacionados con una forma de vida en el campo que ha cambiado radicalmente en los último cincuenta años. Por eso la retahíla de palabras que inicia la función tiene esa misión arqueológica de guardar y custodiar lo que de otra manera estaría destinado al olvido. El segundo factor que centró el desarrollo del espectáculo fue determinar las coordenadas geográficas de donde transcurre la acción. Tierra al sur de serranías donde los montes son extensiones inabarcables de olivos y así, establecidos los parámetros del lenguaje y el espacio, comenzó el ritual.

La mesa en medio del escenario hacia las veces de altar. La escenografía la formaban unos estantes repletos de tarros de cristal, y los protagonistas dentro de cada uno de ellos. Si en el teatro de objetos los elementos más inesperados cobran vida, en este caso los encargados de realizar la liturgia eran tierra, semillas, madera y toda la extensión de un olivar. Un espacio por el que Bellota sobrevuela cielos, deambula terruños  y horada surcos a lomos de su propia sombra. El títere está manejado con la técnica japonesa del Bunraku. Tres titiriteros trabajando al unísono se hacen cargo del personaje, pero el punto esencial es que tienen que respirar al unísono, y quizás esa sea la mejor imagen para potenciar la idea de comunidad que pretende la función. La implicación de todos con el objetivo de salvaguardar oficios, espacios y sentimientos que han forjado territorio y memoria, pero ahora corren peligro de extinción.

Los titiriteros también ejercen de actores. Es una transición en la que se diluye la estética y el ambiente que la representación ha creado, quizás porque desde esas afueras se gritan los problemas internos y contemporáneos de esos espacios que ahora están vacíos, pero la sensación es que la barrera entre el títere y la interpretación tiene querencia por una rigidez que reduce intensidad poética de la historia. No hay una correlación entre la dramaturgia que bucea en la historia oral con cierto aire revolucionario, y unas hechuras teatrales que se perciben básicas hasta desdibujar el enorme potencial expresivo que contiene el mensaje de la obra. Así se puede llamar la atención, poner el ojo en la diana del problema, pero no alcanza para agitar los sentimientos de un público aleja de las historias que se cuentan. Se aprecia el esfuerzo estético e intelectual, pero sin alcanzar ese momento en el que palabras y acciones golpean la conciencia, y que el teatro se convierta en la energía que nos transporte al latido de la emoción.

‘Olvidé la sombra de la encina’ tiene una virtud muy importante: no pretender regresar al pasado porque su objetivo es mirar hacia atrás con el sano propósito de generar preguntas plenamente actuales sobre nuestra relación con el entorno natural, su preservación física y sentimental, y a partir de ahí reflexionar para tener consancia de todo lo que ya se ha perdido. Una nostalgia reflexiva con sensibilidad estética para habitar los detalles del pasado, apreciar los rastros de la memoria y evocar el nutriente esencial de la reflexión. Un método casi científico para  comprender la importancia de preservar las huellas del pasado, y a partir de esa experiencia otear el futuro que todavía está por venir.

‘Olvidé la sombra de la encina’

Espacio comunitario de artes escénicas y creación La Horizontal. Centro Del Títere De Alcorcón. Dramaturgia: Laura Hernando, Fito Puntas E Isabel Denzel. Dirección: Isabel Denzel Y Soraya Manjavacas. Interpretación: Fito Puntas, Laura Hernando, Jimena Villalba. Diseño y construcción de escenografía: Fito Puntas. Diseño y construcción del títere: Fito Puntas Y Laura Hernando. Diseño de vestuario : Kat Imbarach. Diseño de luces: Kai Sánchez. Espacio Sonoro: Daniel León González. Producción Ejecutiva: Laura Hernando. Acompañamiento en la construcción del títere: casa-taller de marionetas de Pepe Otal

20 de diciembre de 2025. Teatro Arbolé

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31 diciembre 2025

Aprender entre lobos




 
 

Aprender entre lobos

Bruno Bettelheim defiende que el lobo de los cuentos permite a los niños experimentar que ocurrirá si no hace caso a las advertencias de sus padres. Sentir miedo y al mismo tiempo divertirse ayuda a los zagales a comprender y alentar el desarrollo de su personalidad, a diferenciar entre el temor a la representación de los seres imaginarios y los peligros de la realidad objetiva. ‘Cinco lobitos’ contribuye a ese proceso a partir de la tonada popular de los cinco lobitos que la loba tiene escondidos detrás de la escoba.

La sabiduría titiritera que atesora Iñaki Juárez conjuga diferentes técnicas de manipulación, vocecillas a tutiplén y la sonrisa de un bonachón en camisa de rayas, con el gesto pícaro de gorra y ponpom que pregunta si todo lo que pasa en los cuentos es verdad. Algún niño para sorpresa de su madre contestó convencido que si, y a partir de ahí la narrativa de la función quedó clara. Historias que asignan a los lobos un rol diferente para alejarlos del sambenito de ser siempre los malos, comprobar que cada uno de ellos tiene su propio pelaje, y cambiar el devenir de los cuentos.

Unas canciones bien guapas nos presentan a los nuevos personajes. Un lobo que sueña con ser dragón. La mala suerte de soplar y pedorrear para ni un cerdito tragar. Denunciar que los lobos se comen a las abuelas es una mentirijilla propia de  cazadores. La ternura del amor entre lobos y claro, como en cualquier familia el lobo disfrazado que descubre su naturaleza depredadora para zamparse a los cabritillos, y de paso descubrir que la naturaleza humana es capaz de abrirlo en canal, llenarle la barriga de piedras, coserla en un pispas y tirarlo al pozo, al río o estrujarlo hasta hacerlo picadillo. Ya saben, los cuentos como ese equipo de supervivencia para enfrentarnos al mundo y sus desafíos.

 

‘Cinco Lobitos’

Calificación: 4 estrellas

Compañía: Teatro Arbolé. Producción: Esteban Villarrocha. Texto, dirección y titiritiero: José Ignacio Juárez Montolio. Música: José Ramón Vericad – CUTI. Diseños: María José Montón. Construcción: Teatro Arbolé. Diseño luces: Julio Sebastián.

Lunes 29 de diciembre de 2025. Teatro Arbolé.


Crítica de la obra Cinco lobitos en el Teatro Arbolé de Zaragoza: aprender entre lobos

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03 mayo 2025

Que llueva Que llueva

 


Ojalá que llueva

La antropóloga Virginia Mendoza parte del recuerdo de sus abuelos mirando al cielo con angustia para contar en un libro como ‘La Sed’ ha sido uno de los motores de la humanidad. Migrante para escapar de ella, sedentaria para saciarla mediante el dominio y la distribución del agua, y creyente cuando los dioses traen la lluvia.

El texto de Lorenzo Asensio también nace de los recuerdos familiares para contar la historia de una niña sedienta, y su empeño por estudiar todas las historias que se han recogido sobre la lluvia con un solo objetivo: el regreso del agua sobre la tierra fértil donde creció con sus abuelos, y que ahora está seca como rastrojo.

Antes de comenzar la función, la dramaturgia se despliega en el patio de butacas para dibujar una delgada línea entre la realidad con luz de sala y el relato oral que termina enmarcado por la sencillez de una escenografía que contextualiza simbólicamente a los personajes. Dos mundos que permanecen unidos gracias al uso intensivo de la literatura. Palabras de un cuento ilustrado por acciones. El tejemaneje de una bruja con ingredientes improvisados para hacer un conjuro que a veces es un chubasco y a veces no. Ese cuento de la abuela donde la niña y el río parecen reales hasta vaya usted a saber en qué devienen. Comprobar entre risas que ni desafinando va a llover, mientras el coro colectivo entonando una canción popular hace milagros con la diosa de la lluvia aplastada por tanto plástico.

Las pocas veces que la peripecia pierde fluidez con explicaciones de más y una dirección dubitativa, la vigorosa energía de las actrices sale al rescate con la fuerza del cuenta cuentos de tradición oral o el manejo sutil de la máscara. La dinámica de representación mezcla con solvencia lenguajes narrativos, y obtiene una merecida ovación final.

 

‘Que llueva. Que llueva’

Calificación: 3 estrellas

Producción: Toca tocón. Texto original: Lorenzo Asensio. Dirección: Andrea Sierra y Teru Romero. Intérpretes: Aitana Díez, Andrea Sierra y Teru Riesco. Títeres y atrezo: Inés Paniagua. Escenografía: Gabriela Morantes. Iluminación: Alba de la Cruz.

Jueves 1 de mayo de 2025. Teatro Arbolé.

‘Que llueva. Que llueva’: Ojalá que llueva

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20 abril 2025

Peter y Wendy

 


El horror de crecer tiene solución

J. M. Barrie concebía la aventura como una fantasía en la que al menos se cumplía un deseo: estar en un lugar diferente o ser otra persona. La versión que la compañía El Perro Azul realiza de su novela’ Peter Pan y Wendy’, subraya el dilema de elegir en que lado de la ventana quieres estar. Donde los sueños de la niñez eterna de Peter crean un territorio imaginario, o permanecer varado en la aburrida realidad de un adulto que ilumina con su teléfono móvil el patio de butacas para saber el resultado del último partido de fútbol, y perderse la solución que Wendy lanza desde el escenario. El horror de crecer con el paso del tiempo solo se cura cuando repites en bucle todos los cuentos que aprendiste de niño.

La dramaturgia de Jorge Padín sitúa la ficción en dos terrenos. Desde el proscenio se apela al público con una narración oral aliñada por máscaras, que unas veces representan niños perdidos, pieles rojas y piratas, y otras tiran de brocha fina para mostrar con detalle la personalidad de la madre amorosa, un padre que va a lo suyo y el malo con gancho y bigote. El resto del espacio lo ocupa la acción teatral. La sencilla mezcla del simbolismo poético de una tela vaporosa y un elegante diseño de iluminación abren la puerta para que la imaginación complete las imágenes. Los protagonistas mecidos por las olas del mar y un viento que los lleva en volandas hasta la isla de Nuncajamás.

El trabajo actoral de Gemma Viguera y Fernando Moreno transita con eficacia entre esos dos mundos con un buen manejo de las palabras, y un notable desarrollo gestual para definir con precisión la personalidad de cada uno de los personajes. Mostrar la delicada elegancia de una mujer, la inquietud permanente de un niño y las ganas de pelear de cualquier pirata hasta que aparece un cocodrilo.

‘Peter y Wendy’

Calificación: 4 estrellas

Producción: El perro azul. Autor: J.M. Barrie. Dirección escénica y dramaturgia: Jorge Padín. Elenco: Gemma Viguera y Fernando Moreno. Música: Elena Aranoa y Nacho Ugarte. Iluminación: Juan Berzal. Títeres y máscaras: Carlos Pérez.

Sábado 19 de abril de 2025 Teatro Arbolé.

'Peter y Wendy': El horror de crecer tiene solución

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09 marzo 2025

Tutudo

 



Gallinas al cuidado de la vida

El bigote de Daniel Rabinovich cantaba lo contenta que estaba la gallinita que dijo eureka, y un niño con las barbas de Carlos Núñez lo interrumpía. ¿Por qué estaba muy contenta? ¡¿Por qué?!. La respuesta era un momento de confusión. La gallinita estaba contenta porque iba a poner un hijo, digo tener un huevo. Es decir tener un hijo y entonces se remataba en tono irónico: Los hijos son la alegría de la vida, con sus risas, sus juegos y sus preguntitas.

Mientras la gallinita de Les Luthiers establecía la típica tensión de humor entre un niño y una adulto, las dos gallinas de ‘Tutudo’ hacen citica social mediante una representación sosegada y amable, que muestra el ambiente ideal de un espacio de acogida para quien no tiene familia: La delicadeza de los cuidados, el disfrute de un cuento, la sorpresa de la magia, y el cariño de una banda sonora para los vaivenes de la vida. Se trata de dar calor de hogar a unos huevos con origen y pasado indeterminado para que disfruten de un espacio donde florece la idea de resilencia, que el psiquiatra Boris Cyrulnik define como «Retomar un nuevo desarrollo tras una agonía psíquica o traumática»

La dramaturgia y las interpretaciones de Sergio Marzo y David Aznar valoran con elegancia la actuación de las autoridades políticas, y desde un humor que juega a retorcer lenguaje y palabras, poner en valor la humanidad como el bien común que debería construir un planeta donde todos los polluelos tengan la posibilidad de crecer felices en un nido seguro, y desde allí despegar hacia la aventura de nuevos horizontes. Quizás la función pide un giro narrativo para mostrar un malo malote más amenazador que el remite escrito en una huevera de cartón enviada por la burocracia “güebernamental”, ya saben, esa ojeriza contra algunos menores de edad.

 

‘Tutudo’

Calificación: 3 estrellas

Producción: Embolicarte Sociedad Cooperativa. Compañía: Marzomayeta. Idea original, texto y dirección: Sergio Mazo. Intérpretes: Sergio Mazo y David Aznar. Música: David Aznar. Vestuario: Obsidiana Atelier. Escenografía: Rebeca Pena.

Miércoles 5 de marzo. Teatro Arbolé.

'Tutudo': Gallinas al cuidado de la vida


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06 enero 2025

Edelmiro II y el dragón Gutiérrez

 


Público y Títeres  en el país de Tri

Fernando Lalana confiesa en el prólogo de ‘Edelmiro II y el dragón Gutiérrez’ que una obra de teatro, más allá del disfrute de la lectura, su principal objetivo es ser representada, hasta aquí todo parece en orden, pero cuando uno llega a la página 47 te das cuenta del tipo de humor que se gasta el autor en esta acotación: “En este momento, entre el regodeo del público, aparece a espaldas del rey el Dragón Gutierrez. Mide cinco metros treinta de alto, y aunque tiene un aspecto horripilante, debe inspirar cierta ternura, problema que le endoso al escenógrafo de la Compañía. No olvidad los ocho cuernos”

La adaptación para títeres realizada por Teatro Arbolé ha pasado por alto esta indicación, ha convertido al narrador en titiritero para que fluya la comunicación entre el público y los personajes que, por aquello de cambiar la localización del país de Fofa al país de Tri, todos tienen una estrecha relación en su vestuario y apariencia con los triángulos.

Estoy convencido que cuando  Lalana escribió esta obra en el año 1990 estaba pensando en una obra representada por actores y por eso puso en boca del narrador algo así como: Quiero contaros una historia sensacional. Pero como es una historia muy larga y complicada y yo me cansaría mucho, van a ser los propios personajes los que os hablen. Es lo que la gente mayor llama teatro.

Me parece imposible que el autor imaginara que Iñaqui Juárez en el año 2025, haciendo gala de la veteranía que tiene en el oficio de titiritero, pusiera su experiencia y talento al servicio de su historia para que todos y cada uno de los personajes tomaran vida con una personalidad muy definida por el mecanismo mecánico que permite a los títeres de mesar realizar diferentes movimientos, y el aliño de una voz que los caracteriza. Como protagonistas El narrador como “pelmazo indispensable”. Benito “mandamás en funciones” El rey Eldemiro II que en la versión original estaba diplomado por la UNED pero en esta ocasión ha estudiado en Utebo (o vaya usted a saber). La “saladísima” reina Felisa. El dragón Gutiérrez “un dragón de los de verdad. No valen trucos” Un funcionario, una pregonera, un dragonero, un caballero, una bruja y todo el pueblo de Tri, un país tan pequeño que no está en Google Maps.  

La ejecución técnica es impecable y la relación que establece el titiritero con el público incrementa la importancia que Lalana les asigna cuando no define como un elemento muy importante, porque sin público no hay teatro. Juárez en su adaptación va un poco más allá, y además de pedir al público que esté atento a la trama y a lo que se cuenta (funciones que alguno adultos olvidaron), asigna al público tareas de vítores, el poder de los conjuros del derecho y del revés, y lo más importante… que forme parte de la acción.

‘Edelmiro II y el dragón Gutiérrez’

Producción: Teatro Arbolé. Autor: Fernando Lalana. Adaptación y titiritero: Iñaqui Juárez

Domingo 5 de enero de 2025. Teatro Arbolé

 


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05 enero 2025

Un día en el teatro

 



Las entretelas del teatro

El teatro necesita de una convención. El público deja su incredulidad en el ambigú y se deja empapar por todos los elementos que componen el juego de la ficción. ‘Un día en el teatro’ es un viaje para mostrar como funciona ese mecanismo que conecta lenguajes y oficios teatrales con la mirada y las expectativas del espectador.

La aventura comienza bajo la carpa de circo que adopta la función de la caverna de Platón. Una danza de luces se proyectan sobre la pared para generar la ilusión de un personaje que en la realidad no existe hasta que de repente, lo que tan solo era un reflejo agigantado de dos dimensiones, se convierte en una payasa de volumen tridimensional y hechuras humanas. El espacio ha cambiado. La pared ahora es la escenografía de un escenario donde se muestran los elementos necesarios para construir una obra de teatro, y desvelar como el trabajo actoral se sustenta en la sucesión de conflictos.

Las primeras peleas se producen con elementos técnicos como el cachondeo de una iluminación con ganas de fastidiar, o un baúl de atrezo mal colocado. Pero en cuanto la payasa que ha perdido su nariz roja se encuentra con el payaso de la panza, la peripecia es un enfrentamiento entre los dos personajes en un crescendo gustoso, divertido y estimulante en el que participan gestos, bailes y magia. El sonido hace acto de presencia mediante onomatopeyas que evolucionan en palabras que construyen diálogos, y cuando parece que la historia va a elevar el ritmo y la complejidad narrativa, todo se queda varado en un abrazo a la técnica de narración oral para contar cuentos con la ayuda de ilustraciones. Afortunadamente en el tramo final los títeres se encargaron de regresar a la esencia del arte escénico, y recuperar la dinámica propia de una representación teatral.

‘Un día en el teatro’

Calificación: 3 estrellas

Compañía: Teatro Arbolé. Producción: Esteban Villarrocha. Idea original: Iñaqui Juárez. Dirección: Alicia Juárez. Interpretes: Iñaqui Juárez y Alicia Juárez. Música: Óscar Carreras. Diseño luces: Fernando Martínez.

Jueves 2 de enero de 2025.  Teatro Arbolé


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03 diciembre 2024

Entrepieles


 

De lirio en lirio

Me quedé colgado de la última frase del primer párrafo. Dos escarabajos de cristal negro. La frase me era familiar pero no conseguía situarla hasta que mi acompañante me sopló al oído. Era el comienzo de 'Platero y yo' Ya Saben. Pequeño, peludo, suave y tan blando por fuera que se diría todo del algodón, que no lleva huesos. Solo los espejos de azabache de sus ojos son duros que dos escarabajos de cristal.

El texto de 'Entrepieles' que ha escrito Adolfo Ayuso tiene un aroma costumbrista teñido por un lirismo que nace de una mirada ingeniosa y particular, que le permite radiografiar comportamientos sociales para dejar al descubierto defectos personales y retratar el comportamiento humano. Su manera de contar las cosas tiene la chispa que salta cuando la pausa entre dos frases basta para pasar de la reflexión de calado a la catarsis del humor, que a veces es fina ironía y otras Brochazo Gordo y tentetieso. Estas diferentes tonalidades en la narración se armonizan en una dramaturgia sobre las vueltas que da el devenir de la vida y esos dardos que te dejan noqueado en el asiento, algunas veces por la risa, pero otras hay que tener cuidado. Las flechas que parecen dirigidas a otros espectadores, es muy posible que hagan diana en tu manera de mirar el mundo y la condición humana, esa que nos iguala mucho más de lo que pensamos.

Nos encontramos ante un ejercicio de libertad literaria para tratar temas especialmente sensibles como la anorexia y la obesidad, y lo hace desde el punto de vista de un creador al que se le ve la pátina de una humanidad imprescindible para construir tres personajes soberbios que te cogen de la solapa, te arrastran a lo largo de la peripecia, y terminan por romperte el corazón con un final de triple salto mortal.

La dirección de Paco Paricio ordena con pulcritud el tránsito de los personajes en el espacio, dibuja la coreografía de la intimidad entre títeres y actor con la naturalidad de movimientos bien delimitados, que subrayan las diferentes personalidades de todos los personajes, y muestran las estaciones emocionales que trascurren desde la ternura al desparrame.

El enérgico trabajo actoral de Josean Mateos es imprescindible para levantar una representación con la solvencia de quien se enfrenta a dos espacios completamente diferentes, y exprimir las relaciones que se establecen en diferentes planos entre el actor y los dos títeres

La interpretación en el primero de esos planos nos mostró las conexiones emocionales que establece Justo con Fina y Celia. Justo es un coach de medio pelo con soluciones poco habituales para los pacientes que acuden a terapia, en este caso dos mujeres muy distintas que muestran con total sinceridad todas sus preocupaciones y secretos mediante diálogos con buen ritmo, y capacidad para mostrar la personalidad de cada una de ellas, y al mismo tiempo cartógrafor el comportamiento social ante los diferentes.

El segundo espacio se sitúa en el proscenio. El personaje Justo se escapa del territorio de los títeres para enfrentarse al público, y a veces para encontrarse con el actor Josean. El trabajo de interpretación es mucho más directo en este espacio, incluso me atrevo a decir que es un momento cabaretero, pero en lugar de cantarnos en que parte del alma le pica la pulga maligna, el personaje reparte tarjetas para que vayamos a sus sesiones de terapia, hasta que en algún momento es el actor quien que confiesa que las tarjetas pertenecen a su productora de teatro. Una manera simbólica de reivindicar el carácter terapéutico del rito del teatro para mejorar nuestras vidas y las de los profesionales de las artes escénicas. Pero la gran mayoría de los monólogos los sentí como una señal de aviso sobre la importancia de gestionar los vaivenes emocionales y así - entre reflexiones sobre el devenir de la vida como una noria que gira y gira sin asegurarnos si nos encontramos en el punto más álgido o en la fosa más profunda - invitarnos a repensar como recorremos ese camino que une alegría y tristeza, éxito y fracaso, mieles y miseria. Y vuelta a empezar.

Los personajes y el actor transitan por todas estas variables narrativas jugando con fronteras más o menos nítidas desde la sincronía y el equilibrio entre titiritero y títeres, hasta al desdoblamiento actor y personaje. Sin embargo, hay un momento en el que toda esta arquitectura narrativa se viene abajo con una sola frase que ilumina la escena con una duda fundamental. ¿Quién mueve de verdad los hilos de la peripecia? ¿El latido? orgánico de un humano o la personalidad irrefrenable del títere? Es entonces cuando la unidad bicéfala alrededor de una mesa se transforma en la hibridación donde se funden los cuerpos.

El final se precipita por el barranco de lo inesperado, y consigue poner en pie a todo el patio de butacas en un aplauso unánime. Una rotunda ovación para la elegía de aquel Platero del inicio de la función. Lo que hay que hacer ojos como escarabajos negros, que ahora guarda silencio donde una bella mariposa de tres colores revolotea, igual que un alma, de lirio en lirio...

 

'Entrepieles'

Producción: Arteria Producciones. Texto: Adolfo Ayuso. Dirección: Paco Paricio. Interpretación: Josean Mateos. Títeres: Helena Millán.

Viernes 22 de noviembre de 2024. Teatro Arbolé


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21 octubre 2024

El viaje de Greta


 




Musical para un laberinto

El arqueólogo Marcos Méndez establece dos tipos de laberintos: los de una vía única sin encrucijadas donde el recorrido es de punta a rabo hasta llegar al centro, y los perdederos con múltiples caminos posibles que te pueden llevar al exterior o a un callejón sin salida.

Si Teseo penetró en el laberinto con el objetivo de matar al minotauro, y la seguridad de regresar gracias al hilo de Ariadna, ‘El viaje de Greta’ nos muestra un reto mucho más difícil porque ella es la que vive en medio del laberinto de desconocer cuál es su identidad. El pistoletazo de salida para escapar de esa incertidumbre es la irresistible necesidad de encontrar a su verdadera familia mediante un itinerario tan predecible como las vías de un tren. Sin embargo el viaje la llevará por personajes y lugares inesperados, hasta situarla ante la disyuntiva de elegir su propio y particular camino. Una decisión importante porque es el momento de elegir entre desvelar el embrollo de su vida o empezar a vivirla.

Afortunadamente el subrayado didáctico de la función es superado por la eficacia de una narrativa que utilizan todos los elementos propios del teatro. La puesta en escena se construye con video proyecciones y efectos sobre el escenario puestos al servicio de la peripecia que, sustentada en la perfecta sincronía de libreto y partitura, desarrolla una aventura que avanza gracias al tiki taka entre palabras con golpes de humor y momentos emotivos, y unas melodías que van desde el sabor clásico a musical hasta el descacharrante rocanrol del error, o la sabrosura caribeña del azúcar.

El elenco tiene energía de sobra para conseguir  una montaña rusa de coloridos personajes muy bien perfilados, entre los que destacan la calidez del actor para contar un cuento y las canciones interpretadas por las actrices.

‘El viaje de Greta’

Calificación: 4 estrellas

Producción: Off Compañía. Dirección y autoría: Mamen Mengó y Víctor Lucas. Dirección musical y composición: Víctor Lucas. Intérpretes: Alba Vela, Yeray Varo, Ilu Pérez. Escenografía Dora Piles. Coreografía: Toñi B. Forascepi. Video: Patricia Sánchez, Yeray Varo y José Luís Cardo.

Sábado 19 de octubre de 2024. Teatro Arbolé.

Musical para un laberinto (heraldo.es)








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09 octubre 2024

Leo Bassi +70

 




El bufón radiactivo

'Leo Bassi +70' es un espectáculo que cumple con los tres requisitos básicos que le hubieran permitido acceder en calidad de bufón a la corte de los Austrias de los siglos XVI y XVII. El primero es tener un rasgo fuera de lo común. En este caso la acumulación de megatones de energía nuclear, gracias a que sus padres lo expusieron de niño a radiaciones en el desierto de Nevada y eso, como el baño de Obelix en la marmita, se nota. El segundo es que la función está exenta de actos violentos y ataques de furia. Explotar una de vaca en un plató de televisión es cosa del pasado. El tercero y Principal consiste en ser gracioso con la palabra burlesca, y en esa mercancía anda tan sobrado que da gusto oírle.

El payaso es consciente del paso de los siglos, y sabe que los monarcas pintan poco aunque sean constituciones. Ahora «el mundo está gobernado por imbéciles» y por eso «preferiría ser el bufón de Elon Musk». Mientras esperamos ese glorioso momento, Leo Bassi rinde homenaje a sus valores esenciales. A una familia que hunde sus raíces circenses a finales del siglo XIX. A los obreros que todavía se identifican como clase. Al payaso que busca permanentemente la provocación. Tres caminos para un solo objetivo: Hacer reír.

Formalmente el espectáculo se divide en dos fases separadas por un cambio de vestuario entre el pijama de un señor mayor con andador y los brillos de un payaso cara blanca. Pero la verdad es que la transición es solo aparente porque la frontera entre personajes y persona se diluye en la afirmación «Esto que digo no es texto teatral» La única diferencia radica en la mezcla de elementos para que la provocación transite de un humor blanco y entrañable, hasta que la cosa se pone seria, y la risa se transforma en la catarsis de una tragedia que apela a los poderosos.

 

'Leo Bassi +70'

Calificación: 4 estrellas

Compañía, autor, director e intérprete: Leo Bassi

Lunes 7 de octubre de 2024. Teatro Arbolé.


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20 febrero 2024

Entrecajas


 



Humor fantastomático para encajar

El poeta Ángel Guinda escribió que la vida está organizada en cajas. Al nacer y al morir nos depositan en una caja. Nuestras casas son cajas organizadas en cajas más pequeñas. Bajamos a la calle en una caja. Dormimos y viajamos en cajas. Todo está hecho para que encajemos y los que no encajan se desencajan. A Komino y Bartolomeus les pasa un poco eso. Ellos, con unas personalidades tan marcadas y diferentes, están agustito en sus cajas y parece imposible que encajen. La función se inicia con un conflicto tan intenso como divertido hasta que el juego y la imaginación provocan que nuestros protagonistas exploren la condición humana: disfrutar de la amistad, superar las dificultades en compañía y atolondrarse cuando la cizaña con tambor entra en sus vidas y lo pone todo patas arriba.

La dramaturgia utiliza todos los recursos para destacar un humor directo que llega nítido y chispeante al patio de butacas. La metamorfosis de las cajas convierte el atrezo mutante en una cabalgata de sorpresas con botas para escribir, la biciescalera y una percha al volante. La principal preocupación del texto es empujar la peripecia y, aunque un ligero tono de pedagogía parece inevitable, la acción combina  el realismo de insultillos, resquemores y que te zurzan, con picos absurdos y disparatados donde las frases dan vueltas, se ponen del derecho y ahora del revés.

Xabier Flamarique cumple con el breve papel del malo. Xabier Artieda y Aitz Bengoa conjugan con maestría las características clásicas de un Clown listillo con bombín enfurruñado, y el Agusto ingenuo maestro en cucamonas. Rápidos y precisos en los duelos de dicción, rebosan energía y eficacia en el desarrollo físico y gestual de unas caricaturas alejadas de estereotipos para mostrar a dos personas complejas, divertidas y entrañables.

‘Entrecajas’

Calificación 4 estrellas

Producción: Teatro Paraíso. Autora: Rosa A.García. Dirección: Tomás Fernández Alonso. Intérpretes: Xabier Artieda, Aitz Bengoa y Xabier Flamarique. Escenografía: Teatro Paraiso y Kandela Artes Escénicas. Diseño iluminación: Javier Garcia.

Sábado 17 de febrero de 2024. Teatro Arbolé

'Entrecajas': humor fantastomático para encajar (heraldo.es)


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21 enero 2024

He venido a hablar de mi libro



 

Miguel Sáenz, en una conferencias de la Fundación Juan March, definía la colaboración que durante tres años tuvieron el compositor Kurt Weill y el escritor Bertolt Brecht, como un momento decisivo para la evolución de la opera moderna, y sin embargo su relación se podría definir como una historia de desacuerdos. Mientras a Brecht parecía no gustarle la música de Weill, entre otras cosas porque su éxito reducía su papel al de libretista, el compositor comprendía mejor el dilema: "La música impacta más que las palabras. Brecht lo sabe y yo sé que lo sabe. Pero nunca hablamos de ello. Si se planteara, no podríamos seguir trabajando. Brecht pide una sumisión total. De mí no la consigue, pero sabe que soy bueno y que lo comprendo artísticamente. Brecht es uno de los mayores talentos literarios de la Alemania moderna; pero ser un gran poeta no significa necesariamente ser un buen compositor... Brecht es un genio, pero yo soy el único responsable de la música de nuestras obras conjuntas".

'He venido a hablar de mi libro' nace como un homenaje musical a Kurt Weill a partir de cuatro elementos tan esenciales como interesantes: El texto de Alberto Castrillo-Ferrer, la delicada dirección musical de Marta Almajano y la elegancia en el desarrollo escénico.

El texto parte de una trama sencilla y cotidiana. La vida de una bibliotecaria y como su pasión por la lectura nos lleva hasta una compleja reflexión sobre las maneras que tienen los lectores de enfrentarse a los diferentes modos de contar una historia.

La novela siempre invita a imaginar con total libertad escenarios, personajes y situaciones. Sin embargo, la lectura de obras de teatro, además de minoritaria, casi siempre está lastrada por la idea de que el texto está incompleto hasta que se representa sobre un escenario. Una cortapisa mental ante la evidencia de que la obra teatral es el resultado final de un trabajo en equipo, quizás por eso se paraliza la imaginación del lector ante el apabullante trabajo de pensar en modo dramaturgia, escenografía, iluminación y Dirección de actores.

El valor narrativo de los diferentes lenguajes que conforman la arquitectura escénica de la función nos lleva a preguntarnos sobre la distancia que hay entre la realidad orgánica que nos rodea y la ficción teatral. ¿Cómo es posible que algo inventado que no existe más allá del escenario alcance el corazón del espectador con más potencia emocional que muchos hechos reales? En ese terreno crecen las dudas de la protagonista que no sabe muy bien dónde está la frontera entre las vicisitudes de la vida y el escenario donde todo lo que sucede está escrito previamente por un autor. La peripecia de nuestra protagonista, más allá de reflexiones metateatrales, nos sitúa ante una duda esencial en nuestro comportamiento cotidiano: ¿Nos limitamos a seguir a pie juntillas el papel que nos han escrito, o somos capaces de dar ese salto de libertad que nos permita ir un poquito más allá?

La selección musical está pensada para subrayar los estados de ánimo por los que pasa la protagonista. Un toque de alegría, ternura y melancolía hasta un puntito de decepción. La interpretación al piano de Enrique Escartín recoge la sutileza de unos temas que a veces evocan el sonido del cabaret alemán con acento político y reivindicación comunitaria, para saltar a una percepción mucho más lúdica de canciones estilo Broadway, diseñadas para asfaltar los caminos por los que transcurre la acción.

La iluminación, escenografía y atrezo tienen un tratamiento aparentemente sencillo bajo la máxima de que todo lo que aparece en escena está ahí para alcanzar un valor narrativo. Un cielo de estrellas y un foco cenital crean un entorno íntimo y agradable, mientras dos escaleras transforman el espacio.

La dirección de Alberto Castrillo-Ferrer utiliza todo este utillaje teatral al servicio de las capacidades interpretativas de una Esther Ballesteros que comenzó un pelín dubitativa. Muy pronto alcanzó el peso dramático y la eficacia necesaria para manejarse con todos los elementos escénicos. Destaca su calidad como cantante gracias a un agradable timbre de voz y una amplia paleta de expresividad que va de la dulzura a la contundencia. Recursos que utiliza con un acierto notable, y que le permite recorrer un arco dramático que conecta la encogida bibliotecaria del inicio, con la rutilante estrella del teatro musical que cierra la función con broche de oro.

'He venido a hablar de mi libro'

Texto y dirección: Alberto Castrillo-Ferrer. Música: Kurt Weill. Dirección musical: Marta Almajano.  Interpreta: Esther Ballesteros. Piano: Enrique Escartín. Vestuario: Marie-Laurie Bernard. Iluminación: Toño Candelas y Mariano Ballestero. Confección Vestuario: Carmen Fernández. Coreografía: Ingrid Magrinyá.

Viernes 19 de enero de 2024. Teatro Arbolé

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08 septiembre 2023

Perdidas por el teatro


 

Una declaración de amor

Después de darme un garbeo entre la décimo tercera y décimo cuarta acepción de la RAE para la palabra “perderse”, es muy probable que las protagonistas de la obra de teatro que ha escrito Esteban Villarrocha no estén tan perdidas como nos dice el título de la función. Perderse puede ser errar el camino de un rumbo elegido, o no encontrar ni el camino ni la salida, sin embargo, la situación que arranca la aventura de  Martina y Jimena es muy parecida a lo que le ocurrió a Alicia persiguiendo al conejo blanco. La diferencia es que Alicia termina por sentirse perdida en un mundo absurdo, mientras Martina y Jimena saben perfectamente que se encuentran en el sótano del teatro y ocurre lo inevitable, eso que hacen los buenos actores: Jugar.

Un filósofo alemán de enorme bigotón escribió de buena mañana que dentro de cada persona hay un niño escondido que quiere jugar. Ese es el motivo, la razón filosófica que explica la inmediata conexión de las protagonistas que pisan escenario y el patio de butacas. Una corriente inevitable entre quienes juegan y aquellos espectadores que arden en deseos de hacerlo hasta que, cuando menos se lo esperan: Luz de sala y a bailar con una vuelta, navegar sobre las olas del mar y cantar esa canción que pone el mundo del verrés.

Toda la función gira en torno a la idea de mostrar el mundo del teatro a partir de dos vertientes. La primera es una intención explícita y razonada para clarificar la realidad que gira alrededor del mundo de las artes escénicas, desde cuestiones prácticas como la función del apuntador hasta una nutritiva muestra de la historia del teatro, sin olvidar el consejo sobre lo saludable de la lectura, y todo un muestrario de supersticiones para la vestimenta o esas palabras prohibidísimas. Leyes ancestrales que deben cumplirse a rajatabla si no quieres que en el cajón de la taquilla crezcan las telarañas. Estos acontecimientos factuales siempre derivan en el vértigo de la acción, la realidad objetiva se deja a un lado y comienza la construcción de su representación escénica hasta alcanzar el tan deseado sentido dramático que olvida cualquier moralidad para presentar un universo que no necesita explicación racional y así, palabras, gestos y silencios se convierten en delicioso divertimento, hondonada de carcajadas y, ustedes me disculparán, en pirueta cultural.

De todas las referencias explícitas que el texto contiene me voy a detener en tres que definen la esencia de esta función y por extensión del teatro. Cuando Oscar Wilde escribió «La importancia de llamarse Ernesto» puso el foco en la libertad para elegir quien quieres ser. La pluma de Moliere siempre afilada para arremeter con las convecciones sociales de su época escribió el «Enfermo imaginario» como el representante de quienes atados al dolor y al miedo son prisioneros de sí mismo. Nuestras dos protagonistas están a punto de elegir lo que quieren ser con la libertad de quienes han guardado el miedo en un bolsillo. Y así de dispuestas llega la prueba crucial, cuando las palabras de Shakespeare flotan en un aire que cambia de densidad mostrando su extraño poder. Ese es mi momento preferido. Julieta suspira en el balcón mientras Romeo camina bajo la luna. Durante un breve segundo, mientras los versos se esparcen sobre el escenario, parece que el drama va a ganar la partida… pero en un pestañeo la réplica no llega a tiempo, el despiste despistado vence y un pescozón bien dado devuelve chanza, cachondeo y su pellizco de amor. Ese es el mejor ejemplo del trabajo de dirección de Blanca Resaco que, más allá de la buena gestión del espacio y los movimientos, ha encontrado el ritmo perfecto para que la pausada premisa intelectual de paso a una acción trepidante, que siempre se detiene en una postal, una imagen fija, una foto en la que Martina y Jimena entre sonrisas, reojos y dudas enamoran definitivamente al patio de butacas.

Las actrices Silvia García Sierra y Blanca Laínez conforman un tándem tan clásico como bien ejecutado. La Jimena de Silvia García Sierra es la marisabidilla, la ley de mis opiniones y el orden de mis deseos, todo empuje y decisión. La Martina de Blanca Laínez es la donde he dejado la cabeza, representante de un universo absurdo. Parecen Carablanca y Augusto en la cuerda floja donde el equilibrio de su relación se ve zarandeado por una narración que las somete a una dura prueba de la que siempre salen airosas: Una montaña rusa de lenguajes escénicos a los que se enfrentan con brio, soltura y esa chispa de quien es capaz de manejar títeres cachiporra, ejecutar saltos mortales de baratillo, plumas de cabaret, bailar con malabares, piratas con los cien cañones de Espronceda, y ralentizar a Quevedo con la moviola prendida entre floretes.

Jimena y Martina tan solo quieren jugar y quizás todavía no lo saben, pero ‘Perdidas por el teatro’ es una declaración de amor a las artes escénicas. Lo entendí cuando llegué a la vigésimo tercera acepción de la RAE para «Perderse» “Amar mucho o con ciega pasión a alguien o algo”

 

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‘Perdidas por el teatro’

Producción: Producciones Kinser.

Dramaturgia: Esteban Villarrocha.

Dirección: Blanca Resano.

Actrices: Silvia García Sierra: Jimena. Blanca Lainez: Martina

Ayudante de dirección: Jonathan Carrillo

Ayudante de producción: Irenne Joven

Diseño de iluminación: Alfonso Félez y Julio Sebastián

Diseño de espacio escénico: Manolo Pellicer

Diseño de vestuario y atrezzo: Lucía Igual

Arreglos y confección: Esther Martín

Letrista canción: Joaquín García

Grabación audiovisual y voces en off: Ideosound Pro

Diseño gráfico y rrss: Sonia Celihueta

 

Teatro Arbolé 7 de septiembre de 2023



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17 mayo 2023

Adiós




 El viaje de las decisiones

El concepto «teatro sin palabras» nos lleva intuitivamente a la idea de silencio, sin embargo estaríamos cometiendo un error. 'Adios' es un espectáculo de creación en el que ese binomio que nos parece indispensable de gesto y palabra, se ha sustituido por la fusión entre una música incidental magnética para aprehender el gesto y la expresión corporal situadas en un medio escénico que tiñe un particular costumbrismo cotidiano con la magia de lo poético. El trabajo del espectador en estas latitudes escénicas ya no consiste en decodificar los dos lenguajes clásicos del teatro. En esta función la melodía y los ritmos musicales te mecen pero también te guían para centrar la atención y advertir como el gesto subraya y evoca todo lo que no se nombra.

La peripecia puede parecer evidente. Dos jóvenes enamorados que se despiden para encontrarse en el futuro. Él se enfrenta a la aventura de quien da un paso más allá de su entorno cotidiano. Ella espera en la estación de trenes como si viviera en una canción de Serrat, hasta que decide marchar. El viaje de los dos personajes tiene en común la relación que se establece con... no estoy muy seguro si es un ente, una persona, una sombra o una ilusión, lo que parece evidente es que alumbra a los perdidos para ayudarles a encontrar el camino. Puede ser el eco del soporte de que nos encontramos ante la figura oracular que ayuda al héroe para continuar la aventura. A partir de aquí todo se complica. La función se bifurca y es muy probable que cada espectador decida cuál es el camino que está tomando la narración. Los espectadores acostumbrados a las historias enrevesadas con final feliz se abrazaran a la esperanza y al aliento del optimismo, pero otros estarán pendientes de cómo se despliegan los elementos del drama hasta que se imponga un final absoluto y desolador. En esta encrucijada es donde se advierte la ventaja de enfrentarnos a la ausencia de las palabras, porque así la historia se puede adaptar a la realidad que cada Espectador decide. Quizás por eso es una experiencia inmersiva que te invita a reflexionar sobre la dificultad del camino y como, tanto si regresamos al hogar inicial como si nos quedamos arrojados en el arcén de la existencia, todos sufrimos una transformación que nos impide volver a ser los mismos que éramos en el pasado.

El desarrollo escénico tiene un marcado carácter cinematográfico donde cada plano termina en un fundido a negro. Es una dinámica muy visual que nos reta a mirar la función como una película muda para descifrar todo el catálogo gestual que se despliega ante nuestros ojos. Se trata de encontrar el significado de acciones y expresiones. Coreografías que van desde la demostración de un sentimiento hasta la reacción del instinto.

El trabajo actoral es determinante para que todo el conjunto alcance un elevado grado de emoción, y me atrevo a señalar los aspectos de interpretación que se transmiten con mayor intensidad y quizás representen a los personajes. Inma Oliver enmarca con especial intensidad su mirada, sus ojos son la parte más determinante de un potente gesto facial. Todo lo que hace sobre el escenario se percibe delicado, una manera diferente de enfrentarse a las mismas vicisitudes a las que se enfrenta su compañero y que marcarán el Devenir final del personaje. Manuel López-Vigo reproduce con una delicadeza desasosegante los modos más cotidianos y monótonos de la vida. El arco de su personaje le permite mostrar desde un alto nivel de energía hasta la quietud mínima. Arantxa Azagra construye un personaje de dinámica pausada dentro del caos al que no le vemos el rostro, y que ejerce de contrapunto onírico al devenir terrenal en el que se desarrolla la peripecia.

El programa de mano de 'Adios' estaba en lo cierto. Montón encontramos ante sesenta minutos tan intensos como emotivos. Un viaje que te pone delante de tus decisiones para saber de qué manera manejamos el devenir de la vida. ¿Todas las decisiones que tomamos nos hacen más libres? ¿En la perpetuación consciente del daño nos sentimos esclavos de la rueda en la que giramos, o es un lugar seguro donde escondernos? Son solo dos preguntas de las muchas que genera está interesante propuesta.

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'Adiós'

Producción: Cia. INTERMITENCIAS. Idea y dirección: Arantxa Azagra. Intérpretes: Inma Oliver, Manuel López-Vigo y Arantxa Azagra. Vestuario y espacio escénico: Laura Sanz. Diseño de iluminación: Roberto Gregorio (Txutxi). Técnico en sala: Ester Gascón. Diseño gráfico: Laura Sanz y Manuel López-Vigo. Espacio sonoro: Faustino Cortés y Manuel López-Vigo. Música: Joan Valent, Portico Quarter y Faustino Cortés / Fotografía: Iván Miguel.

Viernes 12 de mayo de 2023. Teatro Arbolé.




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