La curvatura de la córnea

19 octubre 2023

Presentación de la comedia ‘El último amor de Don Juan’


 

El Edificio Grupo San Valero de la Universidad de San Jorge situado en la Plaza de Santa Cruz de Zaragoza acogió la presentación del nuevo libro de Juan Bolea. 'El último amor de Don Juan' es su estreno como dramaturgo, más allá de su primera incursión en las artes escénicas con la adaptación de su novela 'La mariposa de obsidiana'. En este caso el debut es doble porque también será el director de la función que se representará el próximo 31 de octubre en el Teatro del Mercado.

María Heredia, editora de la obra para 'Los libros del gato' negro', intervino en primer lugar y nos dio una pista interesante. La función que ha escrito Juan Bolea toma el mito de la literatura y lo convierte en personaje para darle una pátina que, entre el humor y es sarcasmo, nos hace pensar.

Blanca Resano, directora de teatro y profesora en la Escuela Municipal de Teatro de Zaragoza, tomó la palabra para congratularse de que un escritor con la amplia trayectoria de Juan Bolea se inicie en el mundo del teatro, y que además lo haga con un personaje inmortal que nació hace quinientos años porque, más allá de la multitud de propuestas que han trabajado con el personaje de Don Juan, Juan Bolea, al contrario de lo que ha ocurrido históricamente, lo quiere inmortalizar mediante la salvación del mito al que presenta como un humano prendido en el conflicto vital de convivir. Nadie antes se había parado a mirar con consideración a Don Juan, ni Tirso, ni Moliere, ni siquiera Juan Mayorga en pleno siglo XXI. Blanca Resano defiende la decisión del autor de tomar a Don Juan y, como si se tratase del muñequito del Google Maps, soltarlo en una realidad que le es totalmente ajena. Terminó defendiendo el trabajo del actor como ese elemento que puede revitalizar un texto escrito.

Juan Bolea, que comenzó su intervención agradeciendo la cesión del espacio y la generosidad de la editorial, confesó que lo poco que sabe de teatro se lo ha enseñado Blanca Resano a partir de su relación como adaptador y directora en la función 'La mariposa de obsidiana'. El discurso de Bolea es brillante gracias a esa pedagogía de quien sabe manejar un montón de referencias para condensarlas en mensajes cortos, precisos y tan contundentes como un buen canapé. Nos habla de su pasión por los mitos literarios que van del pícaro a La Celestina, de Quijote a Sancho Panza, pero ninguno de ellos tan interesante e intenso como la figura de Don Juan, que le ha permitido una larga inmersión a través de infinidad de autores de la talla de Goldoni, Mozart, Tirso, Moliere, Balzac y largo etcétera. Ese viaje le hizo cambiar de opinión sobre ese sevillano aventurero, castizo y universal que, más allá de su evidente capacidad para la seducción, su verdadero encanto quizás resida en la ausencia de miedo. Porque Don Juan es el gran demonio español y nada tiene que ver con los hombres de carne y hueso. Don Juan no puede ser humano porque es la personificación de la maldad, el gran enemigo del amor, alguien a quien solo le interesa destrozar personas, que está más allá de las convicciones de cualquier época, no es un espadachín, tampoco ejerce eso que se ha dado en llamar donjuanismo y el manejo del cortejo y la Galantería Zalamera como armas para promover la conquista del sentimiento amoroso. Don Juan nada tiene que ver con eso recursos tan humanos, para él la mujer tan solo es una víctima.

Juan Bolea defiende que todas esas características son las que lo han convertido a Don Juan en un espíritu criado en el barroco, y que él ha situado a la España actual en clave de comedia. La intención es aprovechar la peripecia para colarnos teorías y monólogos que nos lleven hasta la reflexión.

'El último amor de Don Juan' es una fábula, un cuento que el autor ha soñado como una creación escénica para ¿salvar a Don Juan? La respuesta la encontrarás en las estanterías de tu librería favorita o en las tablas del Teatro del Mercado.


Etiquetas: , , , , , , ,

08 septiembre 2023

Perdidas por el teatro


 

Una declaración de amor

Después de darme un garbeo entre la décimo tercera y décimo cuarta acepción de la RAE para la palabra “perderse”, es muy probable que las protagonistas de la obra de teatro que ha escrito Esteban Villarrocha no estén tan perdidas como nos dice el título de la función. Perderse puede ser errar el camino de un rumbo elegido, o no encontrar ni el camino ni la salida, sin embargo, la situación que arranca la aventura de  Martina y Jimena es muy parecida a lo que le ocurrió a Alicia persiguiendo al conejo blanco. La diferencia es que Alicia termina por sentirse perdida en un mundo absurdo, mientras Martina y Jimena saben perfectamente que se encuentran en el sótano del teatro y ocurre lo inevitable, eso que hacen los buenos actores: Jugar.

Un filósofo alemán de enorme bigotón escribió de buena mañana que dentro de cada persona hay un niño escondido que quiere jugar. Ese es el motivo, la razón filosófica que explica la inmediata conexión de las protagonistas que pisan escenario y el patio de butacas. Una corriente inevitable entre quienes juegan y aquellos espectadores que arden en deseos de hacerlo hasta que, cuando menos se lo esperan: Luz de sala y a bailar con una vuelta, navegar sobre las olas del mar y cantar esa canción que pone el mundo del verrés.

Toda la función gira en torno a la idea de mostrar el mundo del teatro a partir de dos vertientes. La primera es una intención explícita y razonada para clarificar la realidad que gira alrededor del mundo de las artes escénicas, desde cuestiones prácticas como la función del apuntador hasta una nutritiva muestra de la historia del teatro, sin olvidar el consejo sobre lo saludable de la lectura, y todo un muestrario de supersticiones para la vestimenta o esas palabras prohibidísimas. Leyes ancestrales que deben cumplirse a rajatabla si no quieres que en el cajón de la taquilla crezcan las telarañas. Estos acontecimientos factuales siempre derivan en el vértigo de la acción, la realidad objetiva se deja a un lado y comienza la construcción de su representación escénica hasta alcanzar el tan deseado sentido dramático que olvida cualquier moralidad para presentar un universo que no necesita explicación racional y así, palabras, gestos y silencios se convierten en delicioso divertimento, hondonada de carcajadas y, ustedes me disculparán, en pirueta cultural.

De todas las referencias explícitas que el texto contiene me voy a detener en tres que definen la esencia de esta función y por extensión del teatro. Cuando Oscar Wilde escribió «La importancia de llamarse Ernesto» puso el foco en la libertad para elegir quien quieres ser. La pluma de Moliere siempre afilada para arremeter con las convecciones sociales de su época escribió el «Enfermo imaginario» como el representante de quienes atados al dolor y al miedo son prisioneros de sí mismo. Nuestras dos protagonistas están a punto de elegir lo que quieren ser con la libertad de quienes han guardado el miedo en un bolsillo. Y así de dispuestas llega la prueba crucial, cuando las palabras de Shakespeare flotan en un aire que cambia de densidad mostrando su extraño poder. Ese es mi momento preferido. Julieta suspira en el balcón mientras Romeo camina bajo la luna. Durante un breve segundo, mientras los versos se esparcen sobre el escenario, parece que el drama va a ganar la partida… pero en un pestañeo la réplica no llega a tiempo, el despiste despistado vence y un pescozón bien dado devuelve chanza, cachondeo y su pellizco de amor. Ese es el mejor ejemplo del trabajo de dirección de Blanca Resaco que, más allá de la buena gestión del espacio y los movimientos, ha encontrado el ritmo perfecto para que la pausada premisa intelectual de paso a una acción trepidante, que siempre se detiene en una postal, una imagen fija, una foto en la que Martina y Jimena entre sonrisas, reojos y dudas enamoran definitivamente al patio de butacas.

Las actrices Silvia García Sierra y Blanca Laínez conforman un tándem tan clásico como bien ejecutado. La Jimena de Silvia García Sierra es la marisabidilla, la ley de mis opiniones y el orden de mis deseos, todo empuje y decisión. La Martina de Blanca Laínez es la donde he dejado la cabeza, representante de un universo absurdo. Parecen Carablanca y Augusto en la cuerda floja donde el equilibrio de su relación se ve zarandeado por una narración que las somete a una dura prueba de la que siempre salen airosas: Una montaña rusa de lenguajes escénicos a los que se enfrentan con brio, soltura y esa chispa de quien es capaz de manejar títeres cachiporra, ejecutar saltos mortales de baratillo, plumas de cabaret, bailar con malabares, piratas con los cien cañones de Espronceda, y ralentizar a Quevedo con la moviola prendida entre floretes.

Jimena y Martina tan solo quieren jugar y quizás todavía no lo saben, pero ‘Perdidas por el teatro’ es una declaración de amor a las artes escénicas. Lo entendí cuando llegué a la vigésimo tercera acepción de la RAE para «Perderse» “Amar mucho o con ciega pasión a alguien o algo”

 

_____

‘Perdidas por el teatro’

Producción: Producciones Kinser.

Dramaturgia: Esteban Villarrocha.

Dirección: Blanca Resano.

Actrices: Silvia García Sierra: Jimena. Blanca Lainez: Martina

Ayudante de dirección: Jonathan Carrillo

Ayudante de producción: Irenne Joven

Diseño de iluminación: Alfonso Félez y Julio Sebastián

Diseño de espacio escénico: Manolo Pellicer

Diseño de vestuario y atrezzo: Lucía Igual

Arreglos y confección: Esther Martín

Letrista canción: Joaquín García

Grabación audiovisual y voces en off: Ideosound Pro

Diseño gráfico y rrss: Sonia Celihueta

 

Teatro Arbolé 7 de septiembre de 2023



Etiquetas: , , , , , ,

29 octubre 2022

La mariposa de obsidiana





 

La mariposa no vuela

Juan Bolea ha adaptado su novela 'La mariposa de obsidiana' cambiando las claves de la estructura narrativa con la eliminación de paisajes, personajes y el aroma del viejo periodismo. La intención es situar a la protagonista, y su ascenso al grado de inspectora, en el centro de una dramatización que el autor califica con el nuevo término de «teatro enigma» o la combinación de thriller, intriga policial y novela negra. Sin embargo, aunque la función contiene elementos de los dos primeros ingredientes, carece por completo del enfoque sociopolítico, crítico y realista que caracteriza al tercero. El texto peca de discursivo con constantes apelaciones a acontecimientos que no ocurren en escena, y un desenlace que acude al pobre recurso narrativo de sacar un conejo de la chistera en el último momento para poner datos sobre la mesa que han sido ocultados al público y que resuelven el enigma.

La escenografía se construye con tres paneles sobre los que se proyectan imágenes. En momentos puntuales como el monólogo de la inspectora o en la primera y última escena aportan un cierto ambiente poético, pero durante el resto de la función son añadidos de dudosa capacidad narrativa. El techo del teatro ocupando el fondo del escenario solo emborrona lo que ocurre en escena, algo parecido ocurre con el aliño artificial de música extradiegética que, en lugar de subrayar el tono que se pretende crear, lo hace más irreal e inverosímil.

La dirección se limita a una simple ordenación de los actores en el espacio, con elementos de movilidad rígidos, mecánicos y poco naturales, que tan solo anuncian composiciones desesperadamente estáticas con interpretaciones planas, frías y fraseos casi siempre gritados desde las cuerdas vocales, que impiden la resonancia orgánica de la que nace la emoción.

 

Ficha Técnica de 'La mariposa de obsidiana'

Calificación: 2 estrellas

Producción: D3 Producciones. Dramaturgia: Juan Bolea. Dirección: Blanca Resano. Reparto: Claudia Siba, Chavi Bruna, Amor Pérez-Bea, Rosa Lasierra, Pilar Gascón e Ibán Naval.

27 de octubre de 2022. Teatro Principal.

Etiquetas: , , , , , , , , , , ,