La curvatura de la córnea

25 octubre 2024

Testigo de Cargo

 





Una función al servicio de la palabra

Cuando te enfrentas a una obra literaria de Agatha Christie ya sabes lo que vas a encontrar. Elementos de suspenso al servicio de personajes memorables que no son lo que parecen, y una trama intrincada repleta de giros inesperados que a veces son el fruto de ese truquito de incorporar elementos a la intriga que el espectador desconoce, con la finalidad de conducir la peripecia hacia donde le interesa a la autora para cerrar con un final sorprendente. 'Testigo de cargo' cumple con todos esos requisitos hasta ubicarla en los terrenos de una comedia de situación, donde la charla del salón burgués se ha transformado en una comedia policial en la que se va a juzgar a un sospechoso de asesinato, y donde priman el relato de los testigos, la verborrea característica del duelo entre la acusación del fiscal y el más listo de los abogados defensores.

La versión de Roberto Santiago se abona al relato corto original para pasar de puntillas sobre la acción, y dejar que toda la responsabilidad del devenir dramático recale en la capacidad verbal. Tanto es así que hasta la acciones narradas en las acotaciones que inician cada uno de los tres actos, en lugar de ejecutarse, se visualizan mediante palabras proyectadas sobre la pantalla que ocupa el fondo del escenario, y que también se utiliza como decorado para ambientar los espacios y mostrar los retratos de los protagonistas con láminas dibujadas a carboncillo.

La dirección de Fernando Bernués consigue imprimir buen ritmo al esgrima oral del que hacen gala los actores, con la virtud de situar en su justa medida el tono de cada una de las réplicas. Desde el giro necesario para que funcionen las pinceladas de humor, y sobre todo cuando el devenir de la historia les obliga a reiterar acontecimientos de una función al servicio de la palabra.

'Testigo de cargo'

3 Estrellas

Producción: Octubre, Tanttaka Teatroa, Bitó. Autora: Agatha Christie. Versión: Roberto Santiago. Dirección: Fernando Bernués. Reparto: Fernando Guillén Cuervo, Isabelle Stoffel, Bruno Ciordia, José Luís Esteban, María Zabala, Markos Marín, Borja Maestre y Nerea Mazo.

Miércoles 23 de octubre de 2024. Teatro Principal

'Testigo de cargo': Una función al servicio de la palabra (heraldo.es)



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31 agosto 2024

Sobras completas: ¡Hazmerreir!





Antropología para odiseas cotidianas

Si un viajero dorado vino del futuro para clausurar los Juegos Olímpicos de Paris, y recordarnos las esencias del olimpismo, los dos androides que protagonizan 'Hazmerreir' vienen de la frontera de ese mismo futuro gracias a un software IA de última generación diseñado para salvaguardar el entretenimiento. El plan consiste en llevar el monólogo cómico más allá de un tipo frente al micrófono que se dirige directamente al público para generar una comunicación interactiva que conecte, escenario y auditorio. El objetivo se cumple gracias a un salto esencial hacia el género dramático, y que la acción recaiga en los personajes en lugar de hacerlo en la narración. El dramaturgo José Luís Esteban lo resume en dos ideas que lo representan como actor y escritor. «Que las palabras estén vivas y se pueda jugar con ellas»

El juego comienza en el título. 'Hazmerreir' parece la orden Tajante para que los cómicos empiecen a divertirnos, sin embargo los androides fusionan los dos verbos para alejarse de esa acepción. Ellos en realidad se comportan como el antropólogo que estudia las relaciones sociales de los humanos, elige la evolución de las mejores individualidades y hace un resumen de sus vidas tirando de la ironía proporcionada por el diccionario de la RAE. «Hazmerreir. Persona que por su aspecto o conducta es objeto de diversión o burla de otros.» Y así lo androides convierten nuestras odiseas cotidianas de ir al cine, al gimnasio o hacer el amor en una voltereta cómica que siempre esconde una moraleja.

El piano de Naiel Ibarrola ilustra imágenes y sus contornos hasta empujar las peripecias con melodías que a veces reclaman más variedad. ¡ habituales travesuras en la prosodia de Esteban piden transiciones con ese puntito de engrase que se adquiere con los bolos que están por venir.

 

'Sobras completas: ¡Hazmerreir!'

Calificación: 3 estrellas

Texto e intérprete: José Luís Esteban. Música original en directo, gráfica e ilustraciones: Naiel Ibarrola. Atrezzo: José Ibarrola. Distribución: Pilar Royo.

Jueves 29 de agosto. Centro Joaquín Roncal.

Antropología para odiseas cotidianas (heraldo.es)


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27 febrero 2023

Sobras completas. Volumen 1

 




Una fiesta gozosa

El primer volumen de las 'Sobras completas' parte de dos premisas. La primera es gastronómica. Aunque la Odisea de Homero ha sido el festín de innumerables propuestas culturales y artísticas durante 29 siglos de historia, todavía queda lo mejor: El regocijo de rosigar sus huesos para que la hecatombe de la Grecia Antigua continúe en la era del algoritmo. La segunda es teatral. La dramaturgia consigue una peripecia divertida a partir de un texto con excelente vigor literario, que crece gracias a una partitura musical al servicio de la parodia y la palabra inextinguible de un comediante empeñado en despertar la conciencia del espectador.

Esteban es el actor que canta, baila y hace virguerías con el flow para mostrar el devenir del comportamiento humano. El piano de Ibarrola es la precisión matemática de un Pentagrama gestual. La relación entre ambos parece regida por el principio de incertidumbre cuántica: Si atiendes al texto se difumina la música y viceversa. Pero solo es un espejismo. Sobre el escenario se desarrolla la relación clásica del devenir atómico, cuando elementos diferentes se enlazan para obtener un material nuevo y estable: Disfrutar del teatro.

La escenografía es diáfana para solaz de una banda sonora que, con texturas y ritmos elásticos acompaña a unos personajes que abandonan La epopeya homérica para contarnos vidas y anhelos. El rayo de Zeus atrapado en una serigrafía. Ulises ese héroe que se excusa por sus hazañas. Los secundarios intercambian gorras para contradecir a Calderón y soñar lo que no son. La belleza de Helena pide perreo al despecha'o. De la'o a la'o y a otro la'o. El ritual termina cuando el rapsoda apaga las lámparas de la ficción y declama el objetivo más importante del hombre: No apresures nunca el hermoso viaje que te hace Sabio.

 

Ficha Técnica

'Sobras completas. Volumen 1'

Calificación: 4 estrellas

Basado en 'La Odisea' de Homero con dramaturgia de José Luís Esteban y música de Naiel Ibarrola. Producción, dirección y reparto: José Luís Esteban y Naiel Ibarrola.

25 de febrero de 2023. Teatro del Mercado.



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13 abril 2022

José Luís Esteban: Un actor cuántico


 

José Luís Esteban afirmó que la línea recta ya no es el camino más corto entre dos puntos. La física cuántica ha demostrado que, entre dos fotones situados a la distancia más grande que podamos imaginar, surge una estrecha relación de manera que lo que afecta a uno, repercute inmediatamente en el otro. Ese es el mecanismo que Esteban ha utilizado para conectar su profesión de actor con la poesía y la escritura dramática.

El ciclo Conversaciones en La Aljafería situó a José Luís Estaban en la parte central del estrado, a ambos lados su compañero de oficio Luis Rabanaque y el escritor Adolfo Ayuso que, como los fotones que estudia la física cuántica, dinamizaron una charla que comenzó en confesionario: Rabanaque reveló que los tres pertenecían al gremio de los tímidos, Ayuso invocó a Gil de Biedma para reclamar la conversación como un espacio saludable, y los tres contertulios hicieron eso tan teatral de pasarlo bien.

Esteban, que se formó como actor en la Escuela Municipal de Teatro de Zaragoza, recordó a buenos profesores como Mariano Anos o Cariñena, y puso en valor la importancia de una enseñanza que afiance la vocación fabrique actores con capacidad para cuestionar todo lo aprendido y asentar sus conocimientos en contacto con el público, ese momento esencial de enfrentarse a la platea que solo se aprende ahí, en el ritual de la representación. Se definió como un actor de pico y pala, dentro de un oficio incierto, duro y áspero pero tremendamente enriquecedor cuando, después de devastar amplias áreas de terreno baldío, uno es capaz de encontrar esa pequeña perla de plenitud que conecta con los espectadores y los lleva a un lugar maravilloso. Un trabajo en el que la curiosidad ha sido una herramienta imprescindible para mantenerse firme en la ardua tarea de conectar con la visión de un mundo contradictorio que un actor necesita comprender para desarrollar su profesión.

Ayuso le recordó unas declaraciones en las que afirmaba que él no renunciaba a nada, que todo lo cogía. Esteban se reafirmó tajante en esa estrategia: Los actores no eligen el rumbo de su carrera. Y, cuando Ayuso ironizó para calificarlo de mercenario, Esteban sonrió para confesar que más que mercenario se un freelance a caballo de un oficio que te lleva por el camino del azar, y que él, lejos de sentarse a esperar que suene el teléfono, siempre está en movimiento, pero sin olvidar que el actor ni pincha ni corta cuando entra en contacto con una industria en la que mandan los directores de casting a la búsqueda de un perfil determinado por eso, continúa Estaban, es tan importante trascender a un determinado perfil físico, al fin y al cabo nadie sabe al cara que tenía Segismundo o Latino de Híspalis. Hay que tener cuidado con la idea de construir un perfil que hoy está de moda y mañana se estrella, sobre todo en un oficio que además de talento precisa de una buena dosis de suerte y de estar en el momento y lugar adecuados. Una profesión con un 84% de paro que deja a muchas promesas varadas en la orilla y puso en valor que para sobrevivir en el mundo de la interpretación no hay que tener miedo a conceptos netamente económicos como la diversificación o la productividad de las propuestas de trabajo.

Esteban donde se encuentra a gusto es sobre el escenario y, aunque la cámara le gusta mucho, confiesa que ha llegado tarde a ese territorio, él viene de hacer teatro sobre carros en las plazas de los pueblos donde el entusiasmo de la gente se mezclaba con la algarabía de bares abiertos y músicas para bailar. Allí se aprenden muchos trucos pero también se prescinde del matiz que hay que mostrar delante de una cámara, algo que aprendió a través de la equivocación, por eso reclamó que en las escuelas, enfocadas hacia el trabajo de actor de teatro, tenían que abrir el foco para considerarse escuelas de interpretación que enseñen a trabajar en la filosofía de que el medio también es el mensaje, y en la interpretación el medio es el actor con independencia de si se actúa para teatro, cine o televisión. Esteban reclamó una reformulación del hecho teatral para dar un salto en su configuración y captar a un público muy influenciado por el consumo de productos audiovisuales con experiencias muy cercanas, tan difíciles de conseguir en espacios teatrales donde el espectador se sitúa lejos de la voz del actor que, con la técnica de la proyección, pierde esos matices que las nuevas tecnologías pueden llevar hasta la última fila del peor auditorio.

Ayuso recordó que al principio de su carrera como actor no sentía curiosidad por una poesía que sin embargo recitaba con fuerza y  energía. La poesía del escote al corazón, recordó Estaban, que se suministraba en La Casa Lac del Tubo o en los bajos de La Campana de los Perdidos donde Luís Felipe Alegre y El Silbo Vulnerado conseguían que la voz y el material escénico de la poesía se asemejara al teatro para unir emoción y entretenimiento.

Esteban se encontró con la poesía cuando abandonó momentáneamente el teatro y se hizo cargo de una papelería. La poesía siempre había sido ese pestiño que se impone en el colegio hasta que se dio de bruces con "Aullido" de Allen Ginsberg, aquellos versos lo patearon con palabras que quiso inocular en los espectadores, y así comenzó un aullido que con el paso del tiempo se mantiene frente a tanto maullido y masaje. En ese caminar poético el músico José Javier Gracia introdujo las melodías de su guitarra hasta fraguar una idea: La música está destinada a unirse con la palabra para multiplicarse, asaltar conciencias y conectar con el entretenimiento, porque más allá del formato que use el actor, el enemigo más terrible de cualquier espectáculo es el aburrimiento.

Rabanaque trajo a la conversación el poemario publicado en Pregunta "Big Band" pero Esteban, al que no le gusta la palabra "poemario", afirmó que una cosa es publicar poesía y otra muy diferente ser poeta, él lo sabe bien porque ha tardado veinte años en decir que es actor, y quizás por eso aún no se atreve a decir que es poeta, se sentiría un impostor con esa etiqueta que le situaría junto a una larga tradición, una herencia literaria que ha utilizado como material de trabajo para situarlo en escenario hasta encontrar, después de un proceso muy largo, su voz de actor.

 Esteban confesó que su trabajo como dramaturgo no fue una elección personal, fue el oficio de actor el que lo arrastró hasta plantearse adaptar "El Buscón" de Quevedo en forma de monólogo y, lo que algunos especialistas consideraron imposible, su amigo Ramón Barea lo vio tan claro como para dirigirlo. Entonces entendió que el terreno de los clásicos era un lugar fructífero si conseguía sentar a Moratín, Calderón o Cervantes en el presente y dejarlos que dialoguen con el público como una ayuda para comprender la actualidad.

Ayuso le recordó que en realidad era una actor que escribía y Esteban remató que más allá de leer, escribir o pensar, el actor siempre tiene que mirar allí donde está el espectador, y cuando Rabanaque apostilló la herramienta del humor con nombres como Azcona o Muchachada Nui, Esteban advirtió que la forma de divertir de Azcona no ha dejado herederos, y que por eso su obra "Don Quijote somos todos" parte de una visión postcervantina para que lo costumbrista llegue a lo social, dos ideas que conectó después de leer "La España vacía" de Sergio del Molino

José Luis Esteban es un actor cuántico que lo mismo te advierte de la conexión entre el surrealismo del humor aragonés con el realismo mágico sudamericano, agita los mimbres de la interpretación para llegar a la poesía, y conecta la realidad de su entorno ciudadano con los clásicos. Una actitud que se resume en unos versos de su autoría:

Por estrecho que sea 
el espacio-tiempo
en que te encuentras,
por espesa que sea la masa
que te empuja y que te aplasta,
por rotunda que se muestre
la gravedad de tus sucesos,
siempre hay una puerta más
que queda por abrir.
Siempre hay un resquicio
por donde se puede salir.

 


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17 enero 2022

Paulina Cifuentes: Una pícara del siglo XXI. Tal vez seas tú.

 



Hace unos días leí en la prensa que la Dirección General de Instituciones Penitenciarias invitaba a todos los interesados un nuevo experimento judicial que se iba a desarrollar en el Teatro del Mercado. Paulina Cifuentes había sido condenada por un tribunal tradicional de estafa, fraude fiscal y hurto. Se trataba de escuchar sus razones durante 70 minutos. No teníamos que decidir si era culpable o inocente, eso ya había quedado sustanciado en el juicio, el reto era votar por mayoría si merecía la libertad o permanecer en prisión.

El abogado defensor de Paulina apareció a lo largo de la semana en diversos medios de comunicación. Su idea era relacionar la imagen de la su defendida con los protagonistas de la novela picaresca del siglo XVII: Buenas personas de excelente corazón que tan solo eran las víctimas de una realidad circundante que los había moldeaba en fullerías y así, asediados por las malas compañías terminaban por caer en el mundo de la delincuencia.

Cuando llegué al teatro la taquillera no sabía nada de una invitación penitenciaria y me cobró la entrada a un precio razonable. El patio de butacas presentaba un lleno absoluto y lo que yo esperaba como una pequeña representación para un número reducido de ciudadanos con la inquietud de sentirse jurados por un día, tenía todos los ingredientes para convertirse en un espectáculo teatral de los de todo vendido, luces y acción.

Paulina Cifuentes utilizó muy bien el tiempo del que disponía y su intervención fue muy entretenida en un ir y venir de la  ironía a la persuasión y hasta tuvo sus momentos de seriedad, al fin y al cabo había mucho en juego, y dejó claro que esto de la picaresca, aunque ella nunca lo llamó así, era prácticamente una forma de vida que se reproducía de forma natural en esos ambientes vulgares donde no hay ni heroísmo ni santidad. La pícara del siglo XXI se basó su discurso en dos pilares: El imperativo categórico de Kant y el punto de vista.

Kant provocó un cambio radical en la filosofía cuando defendió que la ética es autosuficiente, un mandamiento autónomo que no depende ni de la religión ni de la ideología y que rige el comportamiento humano porque la voluntad de cada uno de nosotros se sustenta en nuestra propia racionalidad, y eso es un principio moral. En el caso de Paulina se trataría de que mi racionalidad ejerciera un acto de buena voluntad para devolverle la libertad. El valor ético y moral de esa decisión pertenecería a mi intimidad y, sin tener relación con nada externo a mi buena voluntad, su ejecución no dependería de los efectos que pueda producir. Este razonamiento que me recordó un artículo de Manuel de Prada, en el que aludía al teólogo francés Garrigou-Lagrange para sostener que tan importante es no transigir de los principios, como tener la capacidad para ser tolerante con ellos en la práctica, algo que solo se puede conseguir si de veras tienes un ramalazo de amor frente a quienes, por no creer en ningún principio, transigen con todos, muchas veces por falta de amor. Y ese era el caso de Palomina Cifuentes. Es decir, aunque deploremos y no esté de acuerdo con sus actos, mi buena voluntad de liberar a la presa es un acto íntimo de amor que me representa como buena personas, y que no tiene ninguna relación ni con la maldad determinada por la justicia ni con la posibilidad de su liberación. El razonamiento era impecable y me convenció. Estaba dispuesto a votar por la libertad de Paulina. Pero entonces empezó el asunto del punto de vista.

Paulina Cifuentes apeló a que sus andanzas picarescas se perciben de una manera u otra dependiendo del punto de vista. Me recordó una viñeta de El Roto en la que ve a un delfín a punto de comerse una sardina que su entrenador lleva en la mano. El texto dice: “El público aplaudía al delfín, pero nadie se acordaba de la sardina”. Paulina puso todo su esfuerzo para que el público dejara de verla como la listilla bien entrenada en forma de delfín y la percibiera como la pobre sardina cuyo destino final está predeterminado por el hecho impepinable de ser una sardina. En realidad solo hay que cambiar el punto de vista para dejar de aplaudir al delfín y apiadarse de la sardina.

La gran baza de Paulina era que podía elegir el punto de vista desde el que se contar su vida, tenía la potestad de erigirse en el autor, al fin y al cabo, el público no le queda otra opción que seguir la construcción dramática que el autor ha diseñado. Y Paulina se decidió por utilizar tres maneras diferentes de contarnos su vida.

La primera y más brillante fue el diálogo con el público. Ustedes me dirán que eso es imposible porque el público no es un personaje. Eso podría ser verdad en una representación convencional pero les recuerdo que nos encontramos inmersos en un experimento que tiene como objetivo principal que Paulina conecte con el público, toque su corazón, active su cerebro o cualquier otra circunstancia que la lleve hasta la libertad. Así que hubo diálogo y muy nutritivo. Fueron los mejores momentos de Paulina: Ella, la coreografía de sus manos y la mirada de tú a tú sobre las personas que la teníamos que decidir sobre su futuro inmediato.

El segundo tipo de diálogo ampliaba en número de personajes. A un lado su padre y al otro su madre. Juego de voces muy bien caracterizado. Su padre siempre en movimiento, excepto cuando estaba en la cárcel. Su madre siempre quieta excepto cuando seguía a su marido hasta la ciudad donde lo habían encarcelado. Pero Paulina aún dio un paso más.

Algunas de las historias que nos contó estaban compuestas por personajes a los que no veíamos, que decían palabras que no entendíamos y que provocaban diálogos en los que solo escuchamos la voz de la pícara. El número de personajes había aumentado más allá del entorno familiar, la comunicación se hizo más compleja y, aunque Paulina se desenvolvía muy bien en un trajín que iba de la intriga a la comedia, la verdad es que poco a poco fui perdiendo su punto de vista, la conexión emocional se cortocircuitó y, aunque la narración perdió su voz para alejarse en lo esencial: Examinar con atención si merecía una segunda oportunidad.

Antes de votar que Paulina Cifuentes permaneciera en la cárcel pensé en la viñeta de El Roto. Si algo tenía claro era que Paulina no tenía nada en común con una sardina que se deja comer. Ella es un delfín surcando los mares de la vida, y aunque a veces nade fuera de tiesto y merezca pasar un tiempo a la sombra ¿Quién sabe?, estoy seguro que la Dirección General de Instituciones Penitenciarias le dará una nueva oportunidad de luces, escenografía y dramaturgia. Una próxima ocasión para la que ya conozco el camino hasta la taquilla.


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