La curvatura de la córnea

11 junio 2014

María José Moreno en la FNAC

"De joteros"



El pasado martes diez de junio se celebró en la FNAC de Plaza España el último encuentro literario de la temporada organizado por la Asociación Aragonesa de Escritores. El poeta Miguel Ángel Yusta ejerció funciones de moderador. La invitada era la actriz María José Moreno. Ambos entraron juntos a la sala. Los dos muy elegantes, el poeta portaba una americana color salmón y la actriz una blusa roja. Daba gusto verlos con ese porte que solo es posible si uno ha nacido en la década de los cincuenta del siglo pasado. El poeta dobló la chaqueta sobre una de las butacas del estrado y la blusa electrificó la escena.
Miguel Ángel Yusta hizo una breve introducción biográfica de la invitada y lanzó su primera pregunta. María José Moreno dejó la cuestión suspendida en el aire, como si la fuerza de la gravedad estuviera ausente. Fue un breve instante, el imprescindible para que el sonido cesara y entonces, solo entonces, la actriz respiró y el oxígeno se hizo palabras. Las frases ocuparon en espacio que se merecen, las dejaba colgando en el ambiente, flotaban con tanta suavidad que mis tímpanos, acostumbrados al atropellamiento y al grito, vibraron en esa frecuencia tan próxima al placer. La primera de todas ellas fue: Hay que amar el arte de la interpretación como a cualquier otro trabajo, y a continuación llegó el matiz: El trabajo de actor requiere de un tratamiento intelectual previo para obtener un mayor rendimiento de su voz y de su cuerpo. El actor necesita ser un buen observador para reproducir las cosas.
La actriz acudió a su niñez, cuando actuar era un juego de vecinas para remedar las aventuras de tebeo de las Hermanas Gilda. Hasta que llegó la muerte de su padre. Un suceso que le dejó algunos problemas físicos y psíquicos. La familia consultó a un médico y, ya ven ustedes, La Moreno llegó al teatro por prescripción facultativa.
El poeta preguntó cómo preparaba los papeles y ella, levantando las cejas afirmó: ¡¡Cómo puedes!! Y entonces nos contó la importancia de encontrarse con directores de los que te puedes fiar, de los que saben perfectamente que es lo quieren de cada uno de los actores, y que lectura tienen, tanto del teatro en general como de la obra que se está preparando. Sin embargo, también confirmó la existencia de directores que no tienen tan claras estas premisas y con esos, por más que uno trabaje su papel, siempre se termina sufriendo. Por eso La Moreno insistió en la importancia de una buena dirección para sostener con firmeza que un gran director nunca puede matar a un actor, pero un panoli sí. Panoli, lo dijo con seriedad pero con un pequeño mohín para quitarle hierro al asunto y usted, querido lector, ¿cuánto tiempo hace que no escucha el término panoli?
La actriz estuvo muy en profesional para defender que un actor, ni nadie, puede dejarse machacar por alguien, pero también dejo muy claro que la función del actor es estar atento a las necesidades o las exigencias del que está la mando de la nave. Las propuestas para enriquecer un personaje pueden estar muy bien pero quien tiene la última palabra, y eso no se discute, es el director; y lo que él dice es lo que se debe levantar en escena. La escena, ese territorio donde el actor expone su intimidad porque no tienes otros recursos a los que acudir salvo los que le aportan su propia experiencia vital, y es a partir de ahí desde dónde La Moreno entiende al personaje, aunque claro, subrayó que es imprescindible guardar las distancias para no caer en la locura y confundir la representación con la vida, o viceversa, aunque eso sí, cuando la La Moreno está en pleno proceso de ensayos mira los acontecimientos cotidianos desde el prisma que le aporta el personaje, si hace una comedia todo le parece mucho más feliz que si está trabajando un drama.
La conversación derivó hacía la importancia que tiene la educación a la hora de mantener un cierto estatus cultural. Un público educado en valores culturales siempre será más numeroso y más exigente, un binomio muy importante para el desarrollo de esta industria, me atrevo a añadir.
Y entonces llegó la hora de la nostalgia. El moderador y la actriz recordaron viejos teatros de Zaragoza como el Iris, el Dorado o el Argensola; aunque no se demoraron en situar a los acutales El Mercado, Las Esquinas o La Estación. La Moreno también abogó por los nuevos espacios que están cambiando la escena teatral, espacios pequeños que auto promocionan su programación a través de redes sociales y folletos, pequeñas compañías que realizan un excelente trabajo y tan solo necesitan el apoyo del público que acude a recintos más tradicionales, como el Teatro Principal, un público capaz de arriesgarse a recorrer estos nuevos espacios que salpican la ciudad y en los que se encuentran propuestas interesantes.
La actriz reconoció que se lo pasa muy bien cuando ejerce las funciones de dirección, entre otras cosas porque siempre intenta crear un clima divertido, el buen ambiente necesario para que la propuesta sea el campo sobre el que construir la obra de teatro.
El evento terminó con la voz de María José Moreno. Dos textos muy diferentes para dejar bien claro que el matiz en el tono, una pequeña aceleración o el remanso entre palabras son herramientas que domina sin un gramo de afectación. Cierro los ojos. En la oscuridad las palabras son hertzianas mientras la gravedad condensa el silencio que envidia su voz
La Moreno contó muchas más cosas pero ustedes me disculparan porque entre frase y frase a veces,  me quedaba colgado en la siesta de sus ojos, en el sosiego de sus cuerdas vocales y allí, mecido por tantos años de experiencia sobre los escenarios, soñaba con alimentarme de las palabras que los grandes dramaturgos dejaron escribieron para grandes actrices como María José, La Moreno.

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27 enero 2012

Sergio del Molino y Luís Alegre achican espacios en el Forum de la FNAC

El binomio era muy interesante. El periodista y escritor Sergio del Molino se encargaría de las respuestas. El polifacético y siempre brillante Luís Alegre de las preguntas. El toma y daca tendría lugar sobre las páginas de El restaurante favorito de Nina Hagen, el último libro de del Molino. Sin embargo, el motivo de mi presencia era musical. Fui con la esperanza de escuchar a Luís Alegre cantar en directo una de esas coplas que entona los fines de semana en el radiofónico “A vivir Aragón” de Miguel Mena.
Luís Alegre confesó que le gusta participar en presentaciones de libros y otros saraos de parecida calaña porque es una buena manera de ver y tocar a la gente. Evocó su relación personal con Felix Romeo y como fue él quien lo puso en la pista de Sergio del Molino. Un periodista, recordó las palabras del escritor recientemente fallecido, con gran talento literario y una manera personal de ver las cosas. Alegre añadió que la narración de su invitado a lo largo del libro era versátil, estimulante, variada y mestiza. Un amplio abanico sobre las inquietudes personales del autor. A continuación desestimó poner al autor en el brete de confesar la trastienda de sus artículos, las claves internas y preguntó por los motivos que le llevaron a elegir como título El restaurante favorito de Nina Hagen.
Sergio del Molino no es fan de Nina Hagen. Sin embargo le gusta el carácter reciclador de la cultura pop alemana y este libro contiene textos reciclados que ya tuvieron otras vidas. El autor se mostró muy contento con la portada. Un sofá desaliñado, de pereza outsider¸ que le recordaba los tiempos madrileños de cuando amueblaba su piso con la basura recogida durante las noches de borrachera.
Luís Alegre definió la escritura de su compañero de charla como antiarrogante. Muy alejada del escritor, incluso con talento, que mira por encima del hombro a sus lectores. Es una actitud militante afirmó del Molino, que también hizo referencia al día que Felix Romeo le dijo que muchos de los jóvenes autores escribían con frac de literatura encorsetada. Y como de aquel comentario extrajo un consejo que es una de las máximas del escritor Rafael Reig: La literatura es un terreno para tipos que escriben y leen en pijama. Una actitud mucho más comunicativa, cómoda y productiva.
El libro, sugirió Alegre, es un catalogo personal de lugares y personajes. Eso, afirmó del Molino, es una expiación literaria para conseguir que lo personal sea más visible e importante. Quitarse pudores y llegar con la verdad al corazón del lector. Para eso, apostilló Alegre, nada tan efectivo como la sinceridad. Las hojas de este libro certifican que Sergio del Molino cuenta lo que se le pasa por la cabeza y lo hace sin artificios de estructura literaria. Procuro ser sincero y honesto, contestó el periodista. La honestidad es un factor muy importante y subrayó que, si en sus lecturas buscaba la voz del autor, cuando escribía debería dejar algo de su sufrimiento porque, aunque haya invención, mi voz está ahí.
Luís Alegre recordó que el libro tiene un aire de nostalgia y melancolía que se resume en la interesante relación del autor con el pasado. Soy antinostálgico, replicó del Molino, y lucho para seguir siéndolo aunque el recuerdo me toque como a todo el mundo. En España, aseveró, se explota obscenamente la nostalgia y, aunque también tengo pasado y algunas heridas que no se pueden ignorar, intento teñirlas de ironía y distancia.
La charla se alejó momentáneamente de lo personal para reflexionar sobre el periodismo. Un oficio, confesó del Molino, en el que me siento arrebatado y al que llegué por una simple cuestión monetaria, al fin y al cabo me pagaban por escribir. Pero un buen día, aquella profesión que se transmitía de generación en generación, dejó de ser lo que era y, tras sentirse desplazado, abandoné las redacciones que ya no me permitían hacer mi trabajo como lo hicieron otros reporteros. De esas fuentes bebió del Molino y perfumó sus trabajos periodísticos del aroma de la literatura ( y seguramente también a la inversa). Terrenos fronterizos donde es imprescindible desdoblar la personalidad. Por un lado el ciudadano con DNI y obligaciones fiscales y al lado el otro Sergio del Molino, el que transpira en las páginas de sus libros, eso sí, ambos son corpóreos.
El factor familiar regresó a la charla con la abuela Currita, una niña divertida e inteligente que siempre te llevaba al huerto, y un proyecto literario dónde el viaje venezolano de la familia de del Molino se mezclará con esas historias de mesa camilla que se cuentan de generación en generación.
Sergio del Molino confesó que se lo pasaba pipa con el gozo de la literatura pese a la rudeza de algunos de sus textos. Tan solo se mostró un poco desdeñoso con esas rutinas añadidas al “mundillo” y que van desde cócteles majestuosos a cargo de las grandes editoriales hasta presentación como la que allí tenía lugar. Desde el público reímos la ironía. Era evidente que todos los presentes la estábamos gozando así que la siguiente pregunta fue sobre el sexo. Y ahí, en ese terreno tan resbaladizo, Sergio del Molino recordó que en las novelas, cuando el sexo es protagonista, llegan las frases hechas y otras sutilezas que nos alejan del mundo de las sensaciones. Si toca follar, enfatizó, hay que transmitir esa sensación. Si me cuentan un polvo quiero ponerme cachondo. Era el momento propicio para anunciar que su próxima novela, que se publicará en el mes de marzo, tendrá un alto contenido pornográfico y nada de sensualidad o sugerencia. Las escenas de sexo están narradas con luz cenital, cámara de alta definición y plano fijo.
La charla aún continúo pero caí en la tentación y abandoné tan interesante foro. Uno de los clásicos futboleros me esperaba catódico al otro lado de la ciudad.

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26 marzo 2011

Reig & Vilas: Un par de españoles

El jueves 24 de marzo se presentó en el Forum de la Fnac de Zaragoza “Todo está perdonado” la última novela de Rafael Reig. Manuel Vilas ejerció de anfitrión, amigo y consorte. El poeta apareció con el estilo inconfundible de la versión Zeta de Johnny Cash. La sorpresa estuvo en el careto de Rafael Reig, su parecido con el humorista Javier Cansado me dejó boquiabierto. Una semejanza que no se aprecia en la foto que ilustra su artículo en el suplemento cultural del diario ABC. Pero lo mejor llegó cuando Reig comenzó a hablar y su voz me llevó a un bar de Madrid la que entré de zagal cogidito de la mano de mi padre. Calamares fritos que los tengo más baratos al final de la barra caballero. Anduve colgado en aquellos recuerdos de alfombras de servilletas de papel y cabezas de gamba, y por eso no enteré muy bien de la modalidad que habían elegido los autores para prepara la presentación: Hace dos minutos tomando una cerveza, o tomando una cerveza cada dos minutos. Las risas, la buena conversación y la complicidad entre ambos apuntaban hacía la segunda opción.
Manuel Vilas tomó la palabra y agradeció a Rafael Reig que hubiera escrito una que la novela que mostraba una visión crítica de la España que va desde la guerra civil hasta nuestros días, y que paliaba la actual falta de acercamiento entre la literatura y la sociedad. Porque una de las misiones de la novela, afirmó, es reflejar el mundo que nos toca vivir, analizar la política y la vida. “Todo está perdonado” nos cuenta la “Inmaculada Transición” y lo hace con brillantes ejercicios de creación de lenguaje que son productos prodigiosos de la imaginación y la metaforización. Una novela política en el mejor sentido de la palabra, dónde lo ideológico es relevante porque descubre como son las nuevas alienaciones de la vida que vivimos. Pero también, cambió de tercio el poeta, es literatura en forma de novela policíaca, sin olvidar que una parte fundamental de la novela comienza con una cita de Marx: “La crítica de la religión es la premisa de toda crítica” Aplicar este pensamiento a la particular teología de España nos llevaría a afirmar que, sin criticar a la Iglesia no podemos comprender la realidad que tenemos delante.
A Vilas le duele España, afirmó Reig antes de contarnos que “a Unamuno le dolía España porque padecía de fimosis. ¿Y Vilas…?” La pregunta inconclusa flotó en el ambiente y dejó en mi mente otra interrogación ¿Sufrirá Manuel Vilas de fimosis? El poeta tomó el envite por el lado patriótico y contestó “No nos queda otros cojones que ser escritores españoles.”
El novelista regresó a su libro. “Todo está perdonado” es como Buñuel. El típico ateo educado religiosamente, y la religión es la elección básica, junto a la masturbación que puede sustituirla.
Cuando Manuel Vilas preguntó por el engranaje policiaco del libro, Rafael Reig contestó que lo había sacado de un tuper de la nevera y explicó que hay dos tipos de cocineros. El primero compra todos los ingredientes que necesita – incluyendo especias exóticas como el cúrcuma o un decilitro de alguna chorrada -. Rafael Reig pertenece a la escuela de cocina que abre la nevera y combina los ingredientes que encuentra. En este caso, envueltos en papel de plata, fueron tres: Emoción, rencor y un poco de nostalgia. Los descongeló en el micro ondas y con ellos cocinó “Todo esta perdido” El protagonista del guiso es un detective que nació por la convicción del autor de que lo que nos cuentan no es verdad, por eso necesitamos un personaje con integridad moral, que no tenga nada que perder y vea el mundo desde una visión insólita. Ve lo mismo que nosotros pero de un modo distinto.
Manuel Vilas reveló que aunque Rafael Reig no tiene ningún interés por el fútbol, la novela contiene paisajes narrativos de gran ritmo futbolístico con descripciones minuciosas de algunas jugadas de la Eurocopa del 2008.
El fútbol es la eucaristía, contestó Reig. La presencia real. La ostia y el vino. El cuerpo y la sangre de Cristo. La democracia en la que vivimos, prosiguió, es una eucaristía sin presencia real, liturgia vacía donde no pasa nada. Como ocurre en la prensa donde tampoco pasa nada porque las corrupciones y otras correas no interesan. Sin embargo, los periódicos deportivos como el Marca y el As se leen con emoción, con presencia real. Una realidad que Rafael Reig ve “de una manera muy tonta. Mi mirada no es la realidad” Entonces explicó se que había hecho novelista porque si no se le ocurría nada se lo inventaba todo “y ya está”. Una invención que solo es válida si el lector, además de reírse, siente que escribir es muy fácil, aunque la elaboración haya hecho sufrir al autor. Escribo, afirmó Reig, para que la gente sea feliz.
Y quizás por eso, Manuel Vilas puso el foco en las elevadas dosis de humor de la novela. Situaciones hilarantes como el reparto a domicilio de ostias consagradas, su comercialización en Tetra Brick, y los problemas que conlleva la conservación, envasado y caducidad de un producto como el Cuerpo de Cristo.
Rafael Reig señaló que toda esta mezcla de géneros en las páginas de “Todo está perdonado” obedece al síndrome de la tía del pueblo. Esa entrañable señora que te sienta a la mesa y te pone de todo: Lentejas de primero, cocido de segundo, gambas para picar entre platos y arroz con leche para el postre. A los personajes de esta novela, continúo, les ocurre como a todos los mortales, cada uno se subleva de una manera diferente ante el poder que siempre es parecido y, como los corchos, siempre sale a flote. Y yo, confesó, siempre he sentido que no flotaba porque era un niño gordo, de mayor soy calvo y como todos ustedes, tampoco estoy contento con mi suerte. Todos sabemos que la felicidad es hacer felices a otros. La salvación es el amor. El amor certifica que existen otras personas más allá de nosotros.
Fue entonces cuando vibró la alarma de mi móvil. Yo también tenía que ir más allá de aquella deliciosa, inteligente y nutritiva presentación, concretamente me tenía que ir al turno de noche. La realidad implacable del calendario laboral me impidió preguntar al novelista sobre un artículo que publicó hace unas semanas en el que afirmaba: “El que cuenta, tanto da en una novela como en el bar de la esquina, siempre quiere conseguir algo de quien escucha: que les des la razón, que le compadezcas, que actúes o que le invites a las copas” Me hubiera gustado saber en cual de esos supuestos se sitúa Rafael Reig, pero a mi me gusta pensar que el autor de “Todo está perdonado” estaría encantado con cambiar sus historias por una copa de vino, una caña bien tirada o cualquier licor espiritual con el que levantar el ánimo y gritar ¡Viva España y mi tía del pueblo!




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La foto la he tomado prestada de una entrada del blog de Rafael Reig con el título:

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21 marzo 2011

Crónica de un juicio a David Jasso

El escritor David Jasso compareció el viernes 18 de marzo de 2011 ante el Juzgado Número 1 del Forum de la Fnac de Zaragoza. Presidió la vista el crítico, juez y parte Ilustrísimo Señor Fernando Martínez. La acusación de David Jassó se sustanciaba en los cargos de infracción literaria muy grave por publicar dos libros simultáneamente: la novela “El pan de cada día” (Ed. 23 escalones) y la antología de relatos “Abismo” (Ed. Ajec).
David Jasso llegó con su abogado, el guionista de cine porno Roberto Malo, a quien contrató, según consta en diversas publicaciones de la prensa rosa, tras la promesa de que Jasso protagonizaría la próxima producción cinematográfica de Malo.
Una masa desaforada de lectores confesos de literatura de género recibieron al procesado a las puertas del tribunal con el coro de «Jasso pelele, el pueblo no te lee» Los gritos derivaron en actitudes violentas contra los medios de comunicación escritos que cubrimos la noticia para algún blog de pacotilla.
Las puertas del Templo de la Justicia se abrieron gracias a los puños del púgil Juan Luís Saldaña, presentador de televisión reconvertido por la libertad de prensa y la escasez de anunciantes en alguacilillo de la vista.
El afamado Fiscal José María Tempanillas tomó la palabra y expuso los motivos para inculpar a David Jasso: La actitud irresponsable del autor al saturar el precario mercado literario con dos libros que, además de pertenecer a dos editoriales diferentes, son malos en lo creativo y peligrosos para lectores de género en particular y los seguidores del terror en particular.
Roberto Malo, en calidad de abogado defensor, aseguró que a lo largo de la vista se podría comprobar como su defendido no era el responsable de la simultaneidad en la publicación de sus dos libros. Las circunstancias que se daban en este caso apuntaban hacía otras culpabilidades.
Iris Jasso fue la primera en testificar que, como el sagaz lector habrá discurrido, es la hija del procesado. Las preguntas del Fiscal acorralaron a la delicada señorita hasta que consiguió una endeble confesión en la se dijo ۫«pese a las horas que pasa mi padre delante del ordenador, me es muy difícil asegurar que hace literatura.» El acusado pidió la palabra. David Jasso prometió un aumento en la paga de su hija del IPC real más un diez por ciento de los beneficios que generen las ventas de todos sus libros pasados, presentes y futuros. La hija, emocionada por tanto amor monetario, rectificó sus palabras y contó con pelos y señales las rutinas de trabajo de su papi encaminadas a conseguir los fastos del escritor afamado por la tele y querido por el populacho. Entonces el fiscal preguntó a boca rajo si ella consideraba que toda la obra de su padre estaba escrita por un negro. El abogado defensor protestó ante el cariz xenófobo de la pregunta y se armó la marimorena entre los letrados, un altercado que el Juez, ensimismado con un cascanueces del Ikea, cortó para llamar a los siguiente testigos.
Los representantes de las editoriales, ante el asombro del inculpado, no hicieron acto de presencia. Este hecho, se apresuró a subrayar el Fiscal, es muy significativo para comprender el desprestigio que había alcanzado el autor: El abandono de sus patrocinadores dejó al señor Jasso en pelota picada.
Fernando Lafuente, autor inédito, fue el siguiente en testificar. Aunque se mostró dubitativo en sus respuestas, la habilidad dialéctica del fiscal lo dejaron en un callejón sin salida desde dónde afirmó que «si el señor Jasso era tan prolífico en la publicación de sus libros, era evidente que autores como yo, de gran valía literaria pero desconocidos para el gran público, nunca tendríamos hueco para publicar.» El abogado defensor volvió a su táctica de hacer preguntas retóricas, en este caso sobre el habitual retraso que sufrían las publicaciones literarias y como una fatal coincidencia había puesto a la vez dos libros de su cliente en mercado. Malo recordó que los libros estaban publicados en editoriales diferentes, y por lo tanto no se podía hablar de monopolio. El formato, la estructura y la temática de ambos era tan distinta que decía mucho de la imaginación y el buen hacer como narrador de su defendido.
Ernesto García García, primo del inculpado, fue el último testigo de la vista. El señor García García no necesitó de preguntas. El señor García se puso a largar con el gracejo del que ha visto todas las temporadas de El Club de la Comedia. Se confesó gran amante de la buena literatura. «Si leo lo que escribe mi primo es por obligación familiar y porque en el Carrefour se pueden comprar los dos libros por el precio de uno.» El señor García mostró su alegría por la celebración del juicio « Así puedo ver a mi primo en un nuevo ambiente. Ya estoy cansado de que solo nos veamos en bodas y entierros.»
Los alegatos finales del Fiscal y el Abogado Defensor abundaron en los argumentos que ya se habían expuesto a lo largo de la vista y que se resumen en dos. Primero, David Jasso es culpable porque ha publicado a la vez dos libros malos y eso no tiene perdón. Segunda, David Jasso, además de ser inocente, es la víctima de un negocio que desprecia el terror como género literario.
El inculpado pidió la palabra para hacer su propio alegato. La pieza oratoria resultó ser de una intensidad emotiva al alcance de muy pocos, una excelente muestra de la capacidad de un escritor de raza. Un texto que reproduzco en su totalidad para deleite de lectores al uso y de creadores que persiguen el sueño de contar historias.
«Miembros del jurado, familiares, amigos, senadores, representantes de la realeza. Ha llegado el momento del final. La ultima oportunidad para que se haga justicia y para que triunfen de una vez por todas la libertad y la esperanza.
Porque lo que aquí se está juzgando hoy, no es un libro o dos, ni a un autor, ni a un depauperado panorama editorial. Aquí hoy, lo que se están juzgando son los sueños, las ilusiones. La esperanza.
Se habla de crisis, la gente camina entre sombras sin sonreír. En una sociedad triste y miserable. Miraos, sois piltrafas, auténticos despojos. Escoria sin sueños. La alegría ha desaparecido. Nada nos sacará de la crisis, nuestra vida carece de sentido, me dicen vuestras miradas bovinas. Ya no hay nada que podamos hacer.
Sin embargo alguien, en este desolador panorama se ha atrevido a hacer frente a la desilusión. Yo lucho por un mundo mejor, en el que los sueños pueden hacerse realidad, por un mundo en el que nuestros hijos, por muy idiotas que sean, sepan que cualquier impresentable puede triunfar. Y yo soy la prueba viviente de ello.
Que la irresponsabilidad, la dejadez y la copia descarada aprovechándose del trabajo de nuestros compañeros pueden dar sus frutos, que podemos ascender pisoteando a los demás para llegar hasta lo más alto, que lo que importa somos nosotros mismos y nuestro nivel de vida. Que hemos de golpear con nuestros dientes y morder con nuestros puños sin mirar nada más que nuestro propio beneficio.
No, no estamos hablando de libros, estamos hablando del triunfo a cualquier precio. De mis sueños, que merecen hacerse realidad gracias a vuestra pasta.
Ahora cuando deliberéis ya sabéis lo que tenéis que hacer. Yo no voy a pediros que votéis por mi libertad. Ni siquiera que leáis mis libros. Lo que os voy a pedir se puede resumir en solo tres palabras. Compradlos, joder, compradlos.»
El Jurado Popular, cautivo ante tan elocuentes palabras, declaró inocente a David Jasso por los delitos que le habían sido imputados.

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10 febrero 2011

Francisco Ferrer Lerín en la Fnac de Zaragoza

Me senté en el Forum de la Fnac de Zaragoza preocupado por la situación futbolística sentimental del central de la selección española. Piqué vive un noviazgo twitero con la cantante Shakira. El glamour cañí del torero y la tonadillera transplantado al siglo XXI corría serio peligro porque esta noche se enfrentaba la gloria mundialista de La Roja contra el combinado de Colombia. ¿La intensidad de Piqué en el juego sería la habitual, o se vería mermada porque su chica es natural de Barranquilla, la puerta de oro del caribe colombiano?
En esas andaba mi pensamiento momentos antes del comienzo de la presentación de”Familias como la mía” una novela de Francisco Ferrer Lerín. La cita literaria tenía, además del reclamo del autor al que descubrí hace poco tiempo (Una revelación que puedes leer
aquí), la presencia de Túa Blesa, Catedrático de Teoría de la Literatura y Literatura Comparada en la Universidad de Zaragoza, y Antón Castro, escritor y periodista. Una terna de primera división que se reveló ante mis ojos como alineación futbolística. La culpa, sin lugar a dudas, fue de la camisa y la corbata del señor Blesa. El rojo de aquellas prendas era el símbolo de la Selección Nacional de Fútbol y los tres escritores la reencarnación de Iniesta, Xavi y Busquets.
Túa Blesa tomó la batuta de Xavi y se repartió juego. Mostró su chispeante capacidad para el regate corto: El que afea conductas a escritores de contraportadas, poetas de la experiencia excesivamente cotidiana y críticos que confunden la metáfora con la sinécdoque. Pero también mostró el juego elegante de pases largos, profundos y verticales. La expresión certera del científico que busca ejemplos sobre los que sustentar que la literatura tiene dos aspectos importantes que vienen determinados por la importancia de lo que se debe escribir, frente a la ligereza de lo que sólo nace para ser leído. Lerín pertenecería a esa raza de escritores que escriben sobre lo esencial, a contra corriente y enfrentado a los cánones que tal vez ayudan a llegar a la fama pero que adelgazan la literatura. Un escritor que utiliza sus fabulaciones autobiográficas para mostrarnos “la miseria moral” de los años por los que circula la novela.
Antón Castro, incansable en el verbo, robó todos los balones al estilo Busquets. Discurso de incesable oleaje que viene pero nunca se va porque vuelve y, cuando parece que se va a alejar, regresa de nuevo. Ráfagas de pensamiento que se suceden durante todo el tiempo que dura el juego y si hay prórroga mucho mejor. Castro siempre estuvó en contacto con el balón, buscó en su inabarcable memoria todos los puntos de contacto con el texto y procesó la información en tiempo real. Con intención artística soltó el balón y abrió espacios para que los oyentes recogiéramos sus sensaciones que tuvieron la jovialidad y la energía de quien disfruta del juego. Por eso resaltó la felicidad, la luz y el sexo que contiene el libro.
Lerín, hasta entonces muy silencioso, se vistió de Iniesta. El hombre lento que desaparece mientras el resto del equipo soba el cuero y lo lleva de un lado para otro del campo. Hasta que la pelota llegó a sus pies, controló con la zurda y tocó con la diestra para hacer una croqueta. Salió en velocidad y rectificó la mirada que los presentadores habían vertido sobre el libro. Lo hizo con elegante finura y la majestuosa tranquilidad de quien te hace dudar sobre la naturaleza de su discurso. ¿Ironía o sinceridad cuando afirmó que en su libro ni están ni las miserias detectadas por Blesa, ni la felicidad que encontró Castro? ¿Hay mejor reclamo para el lector que subrayar esa contradicción?
Lerín contó el tortuoso camino que ha precedido a la publicación de este libro y de todo lo que tuvo que rectificar para que viese la luz. Afeó a la editorial la maquetación final del texto porque ha eliminado los espacios en blanco que el autor diseñó con intención de crear una tensión narrativa muy parecida a la que busca cuando escribe poesía.
Francisco Ferrer confesó que la escritura para él es un acto de extrema sencillez, un ejercicio casi mecánico, esa facilidad a la hora de enfrentarse con la tarea del escritor fue uno de los motivos que lo alejó de sus compañeros de generación, tan preocupados por un destino glorioso en las letras españolas. Sin embargo, también confesó que, tras hacer caso a un consejo estilístico que le hizo su mujer, incluyó en el libro algunos pasajes dónde la carga sexual era la parte sustancial del texto, fragmentos que escribió embutido en unos tejanos de mercadillo que a duras penas contenían la erección producida por sus propias palabras. La incomodidad se extendió más allá de la zona de la bragueta, derivó en dolor lumbar y terminó por provocar la impotencia del autor.
La valentía de Lerín y su entrega por la causa literaria me impresionó. Entonces recordé de nuevo a Piqué, ¿sería el central de la selección tan valiente con su profesión como había sido Lerín con la suya? De tapadillo saqué una radio portátil que siempre llevo conmigo y conecté mis orejas a sus auriculares. El locutor estaba enfurecido. Cuatro minutos de la primera parte. Pablo Armero penetraba con velocidad en dirección al área española. Piqué fue a cubrir el hueco en carrera diagonal hasta que cortó la carrera del delantero colombiano con una potente entrada de tackling que no dejaba dudas sobre su entrega.
Es gratificante pensar como en este país todavía quedan futbolistas y escritores que tienen el pundonor de cumplir con su oficio.


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