La curvatura de la córnea

28 diciembre 2011

“El restaurante favorito de Nina Hagen” de Sergio del Molino

Sergio del Molino nació en el Foro en 1979. Desconozco cuando llegó a Zaragoza y al periódico el Heraldo de Aragón. Sin embargo no he olvidado los comienzos de su columna dominical “La ciudad pixelada”, un espacio dónde se dedicaba a glosar la fauna bloguera de Zeta. Les confesaré que cada semana husmeaba aquellas líneas en busca de alguna referencia a esta bitácora.

Sergio del Molino se graduó en el oficio de escritor publicado con el libro de relatos “Malas influencias” (Tropo Ediciones), un volumen de supervivientes, de literatura impregnada por las frustraciones de la realidad y de historias construidas sobre la delgada línea que separa lo correcto de las malas influencias. Su segundo libro, “Soldados en el jardín de la paz” (Prames), navega entre el ensayo, el reportaje y la investigación periodística sobre los sentimientos de los que, lejos de la patria, intentan mantener su identidad en el extranjero.

“El restaurante favorito de Nina Hagen” (Anorak Ediciones 2011) es su tercer libro y se mantiene en el ámbito del periodismo. Las piezas que lo conforman, aunque tienen su origen en el blog personal del autor y en las páginas del Heraldo de Aragón, han sufrido una importante labor de reescritura. El autor confesó durante la presentación del libro que la propuesta de publicar estos artículos vino de la mano del editor. Una idea que le sirvió para recopilar, editar y asimilar todo lo aprendido tras cinco años de juntar letras. También subrayó algunos de los pilares sobre los que desea construir su obra literaria: Escribir de manera compulsiva, evitar toda solemnidad y acercar la literatura hacía terrenos desaliñados y hogareños, una estrategia para ahondar en la relación entre lector y escritor.

Sergio del Molino vino al barrio de Las Fuentes para celebrar el día de las Librerías 2011. Junto a la mesa redonda de El Pequeño Teatro de los Libros leyó un par de fragmentos de “El restaurante favorito de Nina Hagen”. Cuando terminó me atreví a preguntarle cuales eran los motivos para utilizar un título tan punk. El autor, supongo que bien adiestrado por el editor, me contestó que la respuesta se hallaba entre las páginas del libro. Así que, para colmar mi curiosidad, me compré un ejemplar y lo leí.

“El restaurante favorito de Nina Hagen” comienza con un prólogo que nadie debería saltarse. Una nutritiva reflexión sobre la evolución del periodismo en España y la transición de las rancias redacciones de nicotina y “lingotazos a media tarde para darle chispa a los textos” hasta las actuales, tan asépticas y llenas de “veinteañeros donde se habla en lenguaje tecnocrático” Un grito para reclamar periódicos con más “sustancia narrativa”.

Los artículos de este libro contienen la esencia del estilo de escritura Made in Sergio del Molino y que se resume en tomar un acontecimiento - algunas veces cotidiano (“Ojos verdes”) y otras no tanto (“Las historias de Hopper”) – y exponerlo bajo tres premisas: La primera es la dualidad en el lenguaje, que en la misma página puede ser coloquial (“follar, polla, teta, mamada, corrida”) o con una vocación más elevada (“Están narrados sin elipsis ni acelerones, pero tampoco con el detallismo taxonómico y aburrido del porno”) La segunda es su capacidad para trufar los textos de datos, situaciones y acontecimientos de sabrosura cultural (“Administrativamente desnudo, económicamente insolvente, como un vagabundo de Brecht”). La tercera es un humor al acecho (“y me he acordado de la casa de Bernardette en Lourdes, el lugar más espantoso del mundo después del autoservicio para autobuses de Esteras de Medinaceli”), que algunas veces deriva en comentarios ácidos (“He cometido el error de comprar la revista más moderna de los modernos, y no tengo humor para desestructurarme ni para valorar discursos narrativos no lineales”)

Sergio del Molino combina esos tres elementos en diferentes proporciones y construye artículos que nos llevan al Mediterráneo y a diversas capitales europeas o norteamericanas, pero también a taxis, oscuras líneas de metro y museos. Notas de viaje que terminan por mostrarnos aspectos familiares de las fotos de su abuelo, o una abuela intrigante y cainita. Sergio del Molino es un vendaval de palabras que te empapan. Pero no se confundan. Sus palabras nada tienen que ver con la palabrería de mercadillo o las engoladas actitudes culturales que muestran un falso cielo enladrillado que solo ellos parecen capaces de desenladrillar. Las palabras de este libro tienen sabor a barra de bar, a ese amigo soñado que, sin sonajeros ni falsas modestias, te cuenta como ve las cosas que pasan a la vuelta de la esquina o en la RDA. Tan sólo tienes que dejarte llevar por un mundo jalonado de libros, películas y la teoría de la literatura de pijama (“Quizá lo más doloroso y lo más recomendable sea asumir lo que dice Rafael Reig en Literatura para caníbales: la literatura no es más que un señor en pijama que escribe en una casa para que le lea otro señor en pijama en otra casa. Nada más, ni nada menos. Lo demás es coctelería y tramoya”) Porque la meta literatura es otra de las líneas que explora el autor preocupado por el devenir del oficio de contar historias: “Jamás escribiré nada que valga la pena si no/…/ encaro mi propia historia sin pudor. No sé si me atreveré algún día”

Y, mientras espero en pijama a que en el siguiente libro el autor se decida a dar ese salto por encima del pudor, me quedo con estas historias que, atendiendo a los deseos de su autor, están alejadas de la solemnidad y nacen con vocación hogareña. Unos artículos con el peso ideal, la adjetivación justa y necesaria, exentos de retórica y muy alejados del touch pretencioso al que tan fácil es estrellarse desde la tribuna de la opinión.

“El restaurante favorito de Nina Hagen”, como afirma Sergio del Molino, es el testimonio de una pasión juvenil, íntima y absolutamente intransferible de ser un cronista.


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