La curvatura de la córnea

15 febrero 2017

Adrián Flor En La Peluquería


El poeta Adrián Flor visita la Peluquería para charlar de literatura, filología y acción poética.

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13 febrero 2017

El comunismo. Una breve retrospectiva que mira al futuro




Ahora que se cumple un siglo de la revolución rusa es un buen momento para revisar el comunismo y así, caer en la cuenta, de que su trayectoria comienza mucho antes de la irrupción de Lenin y los bolcheviques. Para hacer ese recorrido vamos a planear sobre el número de febrero de la revista Tinta Libre, especialmente con el artículo de Enrique Moradiellos, Catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Extremadura, un texto que nos abre diferentes puertas por las que accederemos a otras fuentes de información.
En la larga trayectoria histórica del comunismo, subraya el catedrático Moradiellos, podemos encontrar tres variantes fundamentales en cuanto a su significado y que nos ayudaran a recorrer el camino histórico del término: El primero es una idea moral y pacífica que pretendía recuperar las vidas y haciendas perdidas por la injusticia del progreso. La segunda recala en 1848 de la mano de Karl Marx (1818-1883) para definir una doctrina filosófica que analizaba la economía capitalista y terminó generando un programa de acción política. Lenin (1870 – 1924) es el protagonista de la tercera fase como el protagonista del poder de un gobierno sustentado sobre un partido único de un marcado carácter dictatorial orientado a la supresión de la propiedad privada y las clases sociales.

Idea moral
Enrique Moradiellos nos recuerda que el término “comunismo” nace en el primer tercio del siglo XIX cuando la revolución francesa de 1789 ya había destruido el Antiguo Régimen y la sociedad iba camino de la ilustración gobernada por los burgueses. Su primera aparición hay que localizarla en la Francia de 1830 como definición de los seguidores de Babeuf (1760-1797) que, siguiendo las palabras de Hobsbawn, fue el líder de la que podemos considerar la primera revuelta comunista protagonizada por el campesinado y gentes sin recursos que veían como los nobles utilizaban sus privilegios de clase para aferrarse a los cargos oficiales que la monarquía absoluta pretendía encomendar a gentes de la clase media, más competentes técnicamente. En medio de esta competición, los señores aristocráticos pretendían aumentar sus rentas llevando hasta el límite sus derechos feudales y exprimiendo los servicios de los campesinos. En cualquier caso, en torno a 1830, el término “comunismo” se puede asimilar al término “socialismo” porque, en afirmación de Moradiellos sus campos semánticos coinciden en la oposición al individualismo egoísta y se preocupan por la “cuestión social” en las ciudades industriales donde campa la pobreza, el trabajo infantil y los hacinamientos insalubres.

Doctrina política
Cuando Marx publicó El Manifiesto Comunista en 1848, nos recuerda Moradiellos, ya había formulado las bases filosóficas de su concepción de la historia en base a un “materialismo histórico” que señala a las relaciones de producción y la economía política como las bases de la superestructura política y jurídica que sostiene la sociedad. Marx defiende que el capitalismo industrial polariza la sociedad entre los dueños del capital, cada vez más ricos, y los proletarios o mano de obra cada vez más pobres. La solución marxista a esta dicotomía pasaba por la supresión de la propiedad privada como paso previo para la eliminación del Estado como culminación de la idea comunista. Es importante señalar que el trayecto marxista se redactó en 1848 y era un programa de acción futura antes que un diagnóstico del presente político. Esta dicotomía teórico-práctica, atendiendo a las palabras del profesor Lizaga, dibuja la paradoja de encontramos ante un pensamiento político poco desarrollado que sin embargo será el referente de un importante movimiento político aunque Marx no desarrolló una teoría del Estado, y es precisamente esa indeterminación  la que nos sitúa ante un enigma histórico ¿Por qué una ideología que proclamaba la libertad terminó por crear una dictadura? Para Marx toda forma de organización política es ilegítima y violenta, por eso es necesario eliminar las instituciones y pasar por la transición de la Dictadura del Proletariado para alcanzar la verdadera sociedad comunista: Una nueva sociedad en la que el Estado desaparece a favor de una organización autónoma de los hombres.
El profesor Lizaga recuerda que, para explicar la deriva totalitaria del comunismo, hay que detenerse en el desprecio de Marx hacia los principios ideológicos del estado burgués cuyo fruto fue la desaparición del Antiguo Régimen y, si el socialismo era la primera fase para superar a la sociedad burguesa y la ideología liberal; el comunismo protagonizaría una segunda fase que cambiaría la política por la administración de las cosas y la dirección de los procesos de producción. Es decir: La política y el Estado desparecían para dejar todo el espacio a la fábrica. Según Hannah Arendt  el pensamiento filosófico de Marx se define por la capacidad del hombre para trabajar. El Homo Faber de Marx es la realidad humana, no en el sentido de que el hombre existe como parte de la Naturaleza, sino que es el hombre quien da forma a la Naturaleza y a las relaciones del hombre con otros seres humanos. Al marxismo, prosigue Hannah Arendt, le falta una teoría política suficientemente solvente porque resta importancia, en su marco conceptual básico, a los rasgos del ser humano relacionados con la política y alienta una sociedad burocrático-totalitaria sin política, instituciones representativas, partidos, disenso y diferencias de opinión.

Práctica gubernamental
La tercera fase de la acepción del término comunismo es decisiva y lleva la impronta de Lenin porque, y volviendo a Moradiellos, fue él quien hizo del marxismo-leninismo la ideología que inspiró una práctica política del poder estatal que duró 74 años. Todo comenzó cuando el Partido Bolchevique lideró la Revolución de octubre de 1917 que, como recuerda Casanova, se propagó con rapidez porque si bien el ejército zarista era el más grande del mundo, sin embargo, sufría la amplitud de un territorio que dificultaba su movilización, además de la represión interna que, como le cuenta el propio Casanova al periodista Ramón Lobo, la revolución bolchevique no hubiera ocurrido o hubiera sido otra cosa sin la Primera Guerra Mundial, la incompetencia del Zar y su lejanía de la sociedad. La variante leninista del marxismo, prosigue Moradiello, planteó la necesidad de organizar un partido clandestino para combatir la autocracia zarista y conquistar el poder.
Mientras tanto, y volvemos a las clases de Lizaga, la otra alternativa al marxismo eran los partidos socialistas de los estados liberales de occidente que, lejos de abogar por la desaparición del estado, lo defendían como una herramienta para mejorar las condiciones del proletariado, de esta manera el socialismo se definía como la suma de las aspiraciones naturales y reivindicaciones sociales de todos aquellos obreros que habían alcanzado una conciencia con respecto a su situación como clase y de la misión que ésta debía desempeñar en la moderna sociedad capitalista. Para el socialismo no es imprescindible suprimir la propiedad de los medios de producción y aboga por la reforma frente a la revolución porque han cambiado los objetivos, ahora se trata de mejorar el nivel de vida de las clases trabajadoras. Como vemos, los planteamientos teóricos de la social democracia y su implantación están muy alejados de Marx y Lenin.
Regresamos a las palabras de Moradiellos para constatar que el golpe revolucionario de Lenin triunfó a finales de 1917, disolvió la Asamblea Constituyente, optó por la represión de todos los opositores e instauró la dictadura del proletariado para organizar la vida del país mediante la nacionalización de la industria, el comercio, el transporte y las instituciones educativas. Aunque la idea del régimen soviético era construir una sociedad gobernada por obreros y campesinos, la realidad determinó una creciente burocratización. En este sentido es muy interesante recordar como el profesor Lizaga en sus clases nos remitía a dos libros que constituyen la evidencia de un cambio estratégico en la posición de Lenin. El primero está escrito antes de la llegada al poder, y el segundo una vez instalado en el mismo. La confrontación entre los dos textos nos llevará a comprobar cómo Lenin abandonó los presupuestos teóricos marxistas porque los consideró inejecutables una vez instalado en el poder.
Lenin plasmó en su obra El Estado y la revolución de 1917 una fiel interpretación del pensamiento marxista que, frente a las posiciones socialistas, abogaba por la supresión del Estado. El rechazo de Lenin por el Estado está viene determinado porque lo considera el generador de una visión burguesa de la separación de clases y, por lo tanto, su apuesta, la apuesta comunista pasa por eliminar instituciones tan despreciables como el ejército, la policía, las instituciones burocráticas y políticas de la burguesía. Sin lugar dudas nos encontramos ante una visión errónea de la historia porque niega las revoluciones burguesas que suprimieron el Antiguo Régimen. En cualquier caso la primera fase de la revolución comunista pasaba por un acceso violento al poder para eliminar la propiedad privada y la explotación, mientras que la segunda fase eliminaría el Estado para que todas las desigualdades queden compensadas y así, cada uno aportaría según sus capacidades y recibiría lo que necesitase.
Pero una vez que la revolución alcanzó el pode, Lenin escribió en 1918, tan solo un año después, el libro Las tareas inmediatas del poder soviético, un texto en el que afirmaba que, ante la imposibilidad de que el pueblo pueda sostener y organizar la economía y el ejército, se hacía imprescindible la presencia de especialistas. De esta manera la revolución se ve obligada a introducir la burocracia como una clara desviación del ideario revolucionario comunista pero como una necesidad para evitar el colapso de la economía. Es un paso atrás en los postulados marxistas porque en la práctica las masas no son capaces de asumir esa tarea. Especialistas y burócratas recibirán un salario muy por encima de los obreros, y así la organización económica también contradice los fundamentos básicos del comunismo.
Lenin reconoce que está dando pasos atrás y termina por implantar una dictadura política unipersonal porque considera imprescindible el aumento de la disciplina para aplastar la resistencia contra revolucionaria y para organizar la producción. Así se establece la obediencia de muchos sobre los deseos de uno, otra clara contradicción y un claro desprecio a la democracia del proletariado frente al poder unipersonal de líder como introducción a una dictadura.
La muerte de Lenin en 1924 lo encumbró a un culto semireligioso de embalsamado en Moscú cuando, siguiendo la reflexión de Casanova, había dos claras posibilidades de extender la revolución por Europa con la derrota de los poderes establecidos en los imperios alemán y austriaco que buscaban la paz para emerger como regímenes democráticos. De esta manera las clases trabajadoras de estos países, tenían enfrente a poderosos grupos contrarrevolucionarios, frente a los movimientos socialdemócratas que representaban sus intereses en un entorno inclinado hacia la democracia y el parlamentarismo.

Tras la caída del muro
El modelo comunista pervivió hasta su desplome entre 1989 y 1991 como resultado, recuerda Moradiellos, de su fracaso económico, deslegitimación social y estancamiento cultural.
Isaac Rosa apunta a todos aquellos que bailaron sobre los cascotes del muro de Berlín pensando que allí se estaba sepultando al enemigo para recordarles que, con el paso del tiempo, el muro, además de caer sobre los militantes comunistas, también se desplomó encima de toda la clase trabajadora del occidente capitalista gracias a la ruptura del equilibrio que dotaba al comunismo como una condición de amenaza para lograr que el capitalismo occidental torciera su brazo y permitiera el gran pacto social y político de la posguerra ante la posibilidad de una revolución. El gran acuerdo, del que España se quedó fuera, alejó a las masas sociales del comunismo a cambio del estado del bienestar y la democracia representativa. Sin embargo, una vez derribado el muro, el tren del capitalismo alcanzó la suficiente velocidad para descarrilar y provocar una crisis global y financiera que ha terminado por derivar en precariedad, desigualdad e incertidumbre. Entonces, subraya Rosa, es cuando la idea anticapitalista se vuelve a instalar en una clase trabajadora que se ve traicionada y sumida en la pobreza dentro de un sistema que, en palabras de Ramón Lobo, está basado en la ganancia que ha dejado desprotegida a muchas personas. Por eso, asevera Rosa, el comunismo está en fase de reinventarse para encontrar un sitio mediante la actualización de su discurso.
Todos esos condicionantes provocan que en el panorama actual, como nos recuerda Miguel Roig, una discusión que ya no debería situarse en las tradicionales coordenadas de izquierda o derecha, porque la contradicción fundamental del siglo XXI se está planteando entre capitalismo y democracia, y como la izquierda global piensa hacer frente a esta avalancha neoliberal que, con actores como Trump en Estados Unidos, Orbán en Hungría o Le Pen en Francia ataviados con las prendas de la pos verdad o las verdades alternativas, y que muy pronto se denominaran “neo democráticos.”
Ramón Lobo recoge la voz de César Rendueles que, más allá de tildar la revolución bolchevique como un éxito o un fracaso, nos invita a estudiar ese período histórico con una serenidad intelectual que permita repensar aspectos como esa idea instalada que nos habla de un experimento ensayado una vez y para siempre. Tal vez, nos advierte Rendueles, podríamos reflexionar sobre la posibilidad de su funcionamiento en una sociedad bien diferente y mucho más avanzada que la Rusia de 1917.

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Bibliografía
Casanova, Julián. Europa contra Europa. Crítica. Barcelona: 2011.
Hobsbawm, Eric. La era de la revolución. Crítica. Buenos Aires: 1987.
Lizaga, Luis. Asignatura de Pensamiento Social. Grado de Historia. Universidad de Zaragoza. Curso 2012-2013.
Lobo, Ramón. “De Lenin a Trump.” Tinta Libre. Feb. 2017. Nº 44.
Moradiellos, Enrique. “Un siglo de comunismo: idea, doctrina y práctica.” Tinta Libre. Feb. 2017 nº 44.
Roig, Miguel. “La cabeza, el corazón, la pierna.” Tinta libre. Feb. 2017 nº 44.
Rosa, Isaac. “De cómo el capitalismo nos vuelve comunistas. Tinta Libre. Feb. 2017 nº 44.

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03 febrero 2017

El juicio de las mariposas


Me gustan mucho las historias de abogados y tribunales, desde la película “Matar a un ruiseñor” hasta la serie de televisión “Alicia Florick.” Me atrae esa escenografía donde prima la palabra y el arte de la oratoria para alcanzar un solo objetivo: convencer al tribunal de que tus argumentos son los buenos, no se trata de tener razón o no, al fin y al cabo lo importante es mantener un discurso verosímil porque todos sabemos que un buen abogado es capaz de salvar al peor de los culpables.
El pasado jueves se estrenó en el Teatro Arbolé la obra “El juico de las mariposas” un texto inédito de la también actriz Iris de Campo pero, no se dejen engañar con la poética del título, la obra juzga, como reza el programa de mano, “a la sociedad de consumo, a la que se acusa de genocidio y crímenes contra la humanidad.”
El objetivo es de envergadura pero tanto la fiscal como la abogada defensora abordan la cuestión desde dos planos diferentes. La joven fiscal, aunque hace alusiones sobre cuestiones teóricas en relación a la condición humana,  esta atornillada al presente más inmediato, con una realidad que la golpea sin remisión, ella no pretende acusar a la humanidad, ni siquiera a la sociedad de consumo, ella quiere meter en la cárcel a hombres y mujeres con nombres propios, esos que aparecen en los telediarios y las tertulias de actualidad política, los responsables tangibles de aquí y ahora. Sin embargo, la abogada defensora arrima el ascua de su defensa al escenario que define Yuval Noah Harari que, si bien reconoce que la evolución del Homo Sapiens se puede medir por el incremento de la crueldad y valga un ejemplo: los emperadores romanos mandaron en tres siglos a menos cristianos a la muerte frente a los leones que los cristianos a otros cristianos en el día de San Bartolomé. Pero la evolución también se puede medir como la culminación de lo que será, de nuevo en palabras de Yuval Noah Harari, el Homo Deus que, de hecho, está consiguiendo que las calamidades disminuyan “Por primera vez en la historia, hoy en día mueren más personas por comer demasiado que por comer demasiado poco, más por vejez que por una enfermedad infecciosa, y más por suicidio que por asesinato a manos de la suma de soldados, terroristas y criminales. A principios del siglo XXI, el humano medio tiene más probabilidades de morir de un atracón en un McDonald´s que a consecuencia de una sequía, el ébola o un ataque de Al-Qaeda.”
Esa dicotomía de los planos discursivos entre fiscal y abogada defensora hace muy difícil que el juicio tenga verosimilitud. La fiscal no pretende convencer al jurado personificado en el público, su lucha es contra el sistema y por eso sus diatribas, que resumen la información más actual, se disparan contra la autoridad moral del juez, que preside la sala, y contra la abogada que, por honrar su oficio, recibe como propias las puñaladas asestadas contra la sociedad de consumo. Sin embargo la abogada defensora busca la complicidad del jurado porque su discurso huye de la actualidad y dibuja la senda del progreso como un señuelo, porque esa senda de progreso también tuvo su presente, un presente en el que los grandes descubrimientos como los de Edison no podían ocultar que la recién nacida clase trabajadora vivía esclavizada mientras los amperios alimentaban los filamentos de su bombilla.
En la serie de televisión Alicia Florick casi siempre hay un momento en el que la fiscalía y la defensa negocian una salida pactada, ambos actores han jugado sus bazas ante el tribunal y muchas veces no están seguros si en la carrera del juicio van ganando o perdiendo, ese es el momento de olvidar la disputa y dialogar. Las protagonistas de la obra no pueden llegar a ese punto de diálogo porque las dos están perdidas en su propio laberinto, es la teoría de Braudel sobre los tiempos históricos y como la forma de abordar los problemas está directamente relacionada con la duración de los fenómenos históricos que recorren una sociedad.
La abogada defensora navega por acontecimientos de larga duración en los que la realidad histórica evoluciona con lentitud pero con seguridad, y que enlace con la teoría citada que pone al Homo Sapiens en lo más alto de trono, al fin y al cabo ha sobrevivido y mejorando sus condiciones de vida, aunque al mismo tiempo se ha quedado anclado en algunas formas de interpretar y comprender el mundo mediante componentes religiosos que no dejan de ser la pervivencia de los mitos.
La fiscal, por el contrario, se amarra al tiempo corto, un tiempo de segundero que se ve afectado por acontecimientos inmediatos, ella, como diría Braudel, está en la medida de las personas, de la vida cotidiana y de la toma de conciencia. Son esas reivindicaciones que fluyen por las venas de las redes sociales y las redacciones de los medios de comunicación con la pretensión de convertirse en el espejo de una sociedad en cuya naturaleza se apilan cuestiones políticas, económicas, sociales y culturales.
La abogada y la fiscal tienen muy difícil encontrase en un espacio temporal que no comparten, sus historias y alegatos pertenecen a dos realidades distintas, la sociedad que ellas acusan o defienden se ha fraguado en tiempos múltiples y a diferentes ritmos de evolución. ¿Seremos capaces de juzgar a la mariposa que fue oruga y crisálida antes de revolotear en el estómago de nuestro primer amor?
Todas estas disquisiciones dificultan que el tribunal sea un lugar verosímil para juzgar a una humanidad que, como ocurre con las mariposas, somos incapaces de juzgar, entonces ¿para qué hacerlo? Tal vez por lo mismo que nos pasaba a mi padre y a mí, porque en aquellas discusiones entre mis sueños y sus vivencias siempre había una salida de emergencia abierta al cariño. Así que tal vez las dos protagonistas de esta función son el reflejo de tantos padres e hijos caminando por el laberinto de dos vidas a diferente velocidad.

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02 febrero 2017

Sobre el Yihadismo, una aproximación de la mano de Sami Naïr

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El número 250 de la revista Claves analiza en profundidad el fenómeno yihadista que, además de su cara más terrible en forma de terrorismo y su transformación en la nueva guerra mundial, enfoca el problema desde otros ámbitos históricos y culturales. Este texto es un intento de destilar el artículo que Sami Naïr aporta a este debate y al que le he añadido algunas pincelas históricas con la intención de contextualizar en el tiempo un fenómeno que habitualmente percibimos sin advertir la complejidad que lo trasciende.
Sami Naïr nació en Argelia en 1946, una voz construída en torno a la política, la filosofía y la sociología, especialista en movimientos migratorios fue europarlamentario hasta 2004 y actualmente ajerce como Catedrático en Ciencias Políticas y Director del Centro Mediterráneo Andalusí (CMA) y Profesor-investigador en la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla.
Para comprender el fenómeno del yihadismo en particular y el Islam en general es importante acercarse con perspectiva histórica sobre el amplio debate que se ha producido en el ámbito jurídico porque el Corán, además de un libro religioso es una ley civil fundamental que precisa un esfuerzo permanente en su aplicación e interpretación. Su base teológica busca una sociedad perfecta que se caracterice por una identidad que aúne lo político con lo religioso, sin embargo su desarrollo histórico ha desembocado en una nueva concepción imbricada en un movimiento terrorista que se ha colocado a la altura de los grandes totalitarismos del siglo XX.
Mahoma llegó a la ciudad de Medina y, sin renunciar a su condición de profeta, se convirtió en el primer magistrado de la ciudad, de esta manera unía su condición de jefe religioso y cabeza de una organización política y así configuró un rasgo que históricamente será característico entre los pueblos islámicos. Esta doble condición religiosa y política permitió cristalizar los rasgos característicos del Islam: El primero sustituir el vínculo tribal de sangre por el de la sumisión a la voluntad de Alá. El segundo barnizaba el poder de la comunidad tribal de una prerrogativa que procedía de Dios. El tercero fue una cierta militarización de la comunidad islámica primigenia. La yihad, en medio de este marco general, es un concepto polisémico que puede definirse como “esfuerzo actuado” y que, dependiendo del significado histórico de la revelación islámica, contiene tres dimensiones: Bélica, intertribal y de esfuerzo diario.
Mientras la dimensión bélica ha sido tradicionalmente secundaria, la tradición intertribal tiene raíces preislámicas y se utilizó para expandir el islam o defenderlo de una agresión exterior, sin olvidar que, en cualquier caso, el sentido fundamental de la yihad es el esfuerzo de la vida diaria en cualquier ámbito como los políticos, económicos, filosóficos, jurídicos o militares.
El profeta Mahoma utiliza el concepto yihad en el Corán con ambas connotaciones, bélica y pacífica. “Combatid contra quienes, habiendo recibido la Escritura, no creen en Dios ni en el último Día.” (Corán, 9,29) “No cabe creación en religión. La buena dirección se distingue claramente del descarrío.” (Corán, 2, 256)  En cualquier caso, nos recuerda Sami Naïr, es importante entender que el concepto yihad apareció en el mundo occidental bajo una connotación bélica en medio de la expansión musulmana en la Edad Media o frente a la colonización europea sufrida por muchas sociedades musulmanas desde el siglo XIX.
Los dos campos semánticos en los que se mueve la yihad se han conectado sistemáticamente con la yihad jurídica o el esfuerzo para interpretar la relación entre los preceptos del Corán y sus aplicaciones prácticas en la creación de una jurisprudencia similar al derecho canónico de tradición occidental-cristiana. Esta relación que se hunde en la Edad Media con el concepto de yihad mayor cuyo objetivo principal es humano: Ser musulmán en la comunidad en la que se vive. Por el contrario la yihad menor se refiere a la necesidad de defender a la comunidad musulmana bien a la defensiva o a la ofensiva.
La actitud defensiva, recuerda a Naïr, prevaleció desde el siglo XIV en el mundo árabe, en el siglo XVI en el Imperio Otomano, se revalidó a finales del XIX y se asentó frente a la colonización de occidente durante el siglo XX. Sin embargo la interpretación actual de la yihad es una guerra santa ofensiva. Esta visión no es una novedad porque se arraiga en una tradición teológica que enlaza a los salafistas (fundamentalistas) radicales del siglo XX con la época de expansión del Islam a partir del siglo VI, cuando se luchó  los enemigos de la nueva religión y se conquistaron nuevos territorios.
Como recuerda García de Cortázar y Sesma Muñoz las razones del éxito fulminante del Islam se han atribuido a la conciencia supra tribal que dio cohesión y fuerza a los árabes para abandonar sus tierras desérticas y acceder a las riquezas de sus vecinos gracias a una superioridad militar y al deterioro de los imperios persa y bizantino. Durante el reinado de Alí, yerno de Mahoma, (656-661) el último de los califas perfectos termina la primera etapa de consolidación que se asoma fuera de Arabia. Un enfrentamiento en torno a la relación de la legitimación del poder del califato con el Corán dejó a Los Omeyas a la cabeza de un imperio que, descuidando la jefatura religiosa, se centró en el papel de dirigente político, la centralización administrativa, traslado de la capital de Medina a Damasco (Siria) y el fortalecimiento del carácter autocrático de la autoridad. Estos cambios de modelo se robustecieron con la máxima expansión territorial que abarco Oriente desde la, el norte de África y la invasión de España en el 711. Las conquistas árabes cesaron en la década del 740.
La ideología yihadista del siglo XX nació como reacción a tres corrientes modernas: Nacionalismo laico que diviniza el estado en sentido occidental olvidando que el Corán es el único referente temporal, reformismo musulmán representando por la Nahda como un movimiento que proponía la modernización de la religión islámica para luchar contra la empresa occidental de colonización y, socialismo y comunismo como ideologías netamente ateas que los fundamentalistas perciben como enemigos absolutos.
En cualquier caso, prosigue Naïr, la historia moderna del yihadismo es una estrategia de  guerra civil que bloquea a las sociedades, una batalla con protagonismo especial de las potencias arábigas del Golfo que financiaron la concepción más retrógrada del Islam que incluía la lucha armada. Otro acontecimiento que reforzó el fundamentalismo fue la victoria de la revolución chiita en Irán y como propició el cambió de papel que el Islam ejercía hasta entonces en el mundo. El argumento chiita original afirma que el poder debía designarse por gracia divina y que un parentesco familiar con Mahoma era más que una señal para elegir al futuro líder. Todo este contexto ha derivado en la actual radicalización en Irak y Siria como la continuación de un terrorismo y guerras civiles iniciado por Al Qaeda y continuado por el ISIS.
La definición política más sencilla, según Naïr, es asimilar yihadismo con el fascismo occidental aunque hay dos elementos esenciales que los separan: El yihadismo no es un movimiento de masas y el fascismo, al menos en Alemania e Italia, no tiene a la religión como elemento de movilización.
La base teológica del yihadismo es el integrismo salafista que defiende la interpretación literal e integral del Corán con respecto a la creación de una comunidad perfecta, un ideal que enlaza con la época de los tres primeros califas tras la muerte del Profeta. La muerte de Mahoma en 632 dejó sin resolver su sucesión y a quien debía corresponder la herencia de su legado religioso y político que pasó a convertirse en una cuestión conflictiva. En un clima de tensión, y durante casi treinta años, el Islam estuvo dirigido por los llamados «cuatro Califas Perfectos» porque siguen la ortodoxia de las prescripciones dictadas por Mahoma: Abu Bakr (632-634) Umar (634-644) Ulmán (644-659) y Ali (656-661) La búsqueda de esta pureza religiosa, subraya Naïr, ha generado un proceso de autodestrucción encabezado por el wahabismo saudita que llevó a la victoria a los talibanes de Afganistán e, inmediatamente, produjo la escisión de Al Qaeda que, a su vez sufrió una escisión que ha dado lugar en Irak al nacimiento del ISIS (Islamic State of Iraq and Syria), Daesh por su acrónimo en árabe en 2006 (al-Dawla al-Islamiya fi al-Iraq wa al-Sham) y la proclamación del Califato en 2014.
La potencia destructora del ISIS, recuerda Naïr, se sustenta en dos patas: Un Estado militar eficiente capaz de utilizar los nuevos medios mediáticos en los que se desarrolla la guerra moderna, y cuyo relato está asociado al poder de la imagen y su distribución inmediata a través de la televisión e Internet hasta convertir sus crímenes en un espectáculo, relatos épicos y sangrientos que sirven para afianzar su segundo pilar: Una organización internacional que recluta a sus milicianos en cualquier lugar del globo e incorporarse a una lucha que legitima el asesinato de los propios musulmanes y utiliza el terror generalizado mediante ejecuciones públicas, crucifixiones y torturas dentro de la interpretación fundamentalista del Corán.
Para Naïr el problema fundamental al que se enfrentan los yihadistas, tanto los que utilizan las armas como los que rechazan la violencia es contestar a una pregunta: ¿El Islam debe ser la referencia, incluso moderada, del orden temporal o debe separarse de él? Esa es la cuestión, la separación entre lo espiritual y lo terrenal. Saddam Hussein en Irak y al-Ássad en Siria impusieron la idea de un Estado laico pero lo hicieron en un régimen dictatorial sin un fuerte apoyo de la sociedad civil. Otros regímenes modernos como Argelia, Túnez, el Irán del Sha, Pakistán e incluso Indonesia no se atrevieron a tanto y pactaron con el Islam moderado el carácter musulmán del Estado. En cualquier caso, subraya Naïr, nos encontramos con la ausencia de tradición democrática y el trabajo pedagógico de modernizar la religión.
Por todo lo expuesto, aconseja Naïr, la lucha desde Europa contra el fundamentalismo debe partir de un visión sin prejuicios que defina el derecho a practicar su religión mediante unas reglas de integración que dejen claro los valores comunes e innegociables que definen la democracia con respecto a la igualdad de sexos, separación de lo espiritual y lo temporal, pluralismo político y libertad de expresión.
Frente a los yihadistas, termina Naïr, no se trata tan sólo de plantear un problema policial o militar, en realidad nos enfrentamos a una cuestión histórica, cultural, identitaria y psicológica con el reto final de adaptar el Islam a las sociedades europeas.

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Bibliografía
Naïr Sami. “Sobre yihadismo” Claves. Enero- Febrero 2017.12 – 23.
García de Cortázar y Sesma Muñoz. Manual de Historia Medieval. Madrid. Alianza Editorial: 2011.




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24 enero 2017

Informe para una Academia o la conferencia de un mono


Dire Straits sonaba y la luz de la sala aún no se había apagado cuando lo vi. Estaba ahí, sobre el escenario. Era un mono, un mono con maletín, traje marrón y chaleco verde cruzaba la escena con ese andar tan característico de los monos y que está directamente relacionado el ángulo que forma el fémur con la horizontal, cuanto más agudo es ese ángulo más fácil es la marcha bípeda, por eso el mono requiere mucho más esfuerzo muscular para moverse de forma bípeda, porque su ángulo Valgus tiene más grados que el nuestro, el del homo sapiens. El mono hizo mutis por el foro y una voz en off anunció que faltaban dos minutos para el inicio de la representación, porque el pasado 20 de enero Javier Arnas, un actor al que tenía muchas ganas de ver en acción, estrenaba en el Teatro de la Estación de Zaragoza, en condición de interprete y director, la obra “Informe para una Academia”, un texto de Kafka publicado en 1917 donde nos cuenta la historia de cómo Pedro el Rojo fue capaz, en tan solo cinco años, de traspasar las rejas de una jaula para instalarse al atril del conferenciante.
Kafka nació en 1883, veinticuatro años después de que Darwin publicara “El Origen de las Especies” donde exponía su teoría sobre como la selección natural era la responsable del diseño de los organismos de los individuos gracias a variaciones beneficiosas de las características anatómicas que mejoran la probabilidad de supervivencia y reproducción de una especie. La consecuencia es que esas variaciones beneficiosas incrementarán su frecuencia con el paso de las generaciones hasta que todos los individuos de la especie posean las características beneficiosas.
Kafka creció en una Europa embriagada por la maravilla de su desarrollo tecnológico, económico, artístico y científico; embelesada de sí misma y egocéntrica con el esplendor y el glamur de los salones aristocráticos, los penachos de los militares y el prodigio de la técnica había asombrado al mundo con una revolución industrial capaz de cambiarlo todo. Parecía que Europa estaba en el cénit de su éxito con lo más esperanzador y liberador que le podía pasar al homo sapiens, sin embargo hay una visión más pesimista de los que viven sumidos en las dificultades, la pobreza y la miseria. Tiempo de explotación de los trabajadores y los más débiles. El año que Kafka escribe Informe para una Academia los bolcheviques toman el poder en Rusia acabando con siglos de aristocracia y le diagnostican tuberculosis, tan solo le quedaban siete años de vida.
La luz de sala se va a negro y el mono regresa a la escena. La única curva de su columna vertebral le hace caminar con mucha menos flexibilidad que la proporcionada por las cuatro curvas de la columna del homo sapiens. En seguida presto atención a sus manos con un pulgar robusto y largo mientras el resto de los dedos son más cortos, unas manos que, aunque son capaces de portar un maletín y extraer unas hojas, están pensadas para apresar con fuerza ramas y palos, tan alejadas de las habilidosas manos humanas capaces de acariciar un piano y apretar un gatillo. El mono se queda un momento estático y mira al público a través de una mandíbula saliente hasta que da un salto simiesco, se sitúa en el atril y comienza a hablar. Entonces mi sorpresa es máxima: El mono que esta sobre el escenario es capaz de hablar aunque al final de muchas de sus frases y entre algunas palabras aparezcan pequeños gruñidos que se escapan de sus labios, ecos de lo que fue su condición selvática hace tan solo cinco años, cuando Peter el Rojo era un mono que vivía en el corazón de África y era incapaz de pensar que en tan solo cinco años sería capaz de contarnos la historia de su vida como si fuera un hombre, porque una de las características esenciales del humano es su capacidad para construir relatos, y el mono, el mono del escenario cuenta su historia de una manera muy convincente, con esa capacidad tan humana de recordar lo que le conviene a la historia, con las pausas adecuadas y el punto exacto de dramatismo que reclama la atención del público, lo mantiene en vilo y, cuando menos te lo esperas, hay un efecto de luz que subraya las acciones de su verbo. El mono nos cuenta la versión de su vida pero no crean que se aferra al atril del conferenciante, el mono deambula por el espacio con solvencia, alguna vez tiene que luchar contra su instinto animal y se despista con una hoja, una mosca o no puede evitar darse el gustazo de llenarse la panza, pero enseguida vuelve a su estado de narrador, un narrador que se enfada y grita o se enternece y hasta tiene una ligera relación con un público al que tiene embebido en su peripecia.
La historia de Pedro el Rojo está directamente relacionada con la libertad, por eso, cuando se ve encerrado entre los barrotes de una jaula su único pensamiento es volver a ser libre, pero la libertad del animal ya es imposible, así que decide imitar a los hombres. Sin embargo Pedro no advierte que la salida que ha tomado a través del uso de la palabra, aunque es muy probable que lo acerque a la condición humana, también significa la pérdida de su propia identidad de mono. En realidad, Pedro no evoluciona hacía la condición de hombre porque la evolución darwiniana exige un tiempo prolongado para que la selección natural haga su trabajo. El mono, el mono que veo en el escenario ha sufrido una metamorfosis a través de la imitación que le permite hablar, incluso es capaz de construir un relato sobre este escenario con la solvencia de un buen actor, pero en realidad estamos asistiendo a la involución de un mono que, en lugar de mantener la paciencia biológica, desciende por el tobogán que lo llevará a convertirse, si nada lo remedia, en un hombre.
Cuando Pedro el Rojo abandonó el escenario se produjo un intenso silencio, uno de esos silencios que preceden a una sonora tanda de aplausos. El mono regresó sonriente para saludar al público y al técnico de la sala, una operación que repitió varias veces al son unánime de la ovación que se acalló cuando las luces de la sala iluminaron mi cara de pánfilo porque, al fin y al cabo me había quedado con las ganas de ver la actuación de Javier Arnas que, vaya usted a saber los motivos, fue sustituido por aquel mono de maletín, traje marrón y chaleco verde.

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