La curvatura de la córnea

09 diciembre 2025

Blanco y en botella


 

Poner del revés el efecto Charlie Rivel

‘Blanco y en botella’. Cuando leí el título de la función pensé en dos posibilidades que podrían desarrollar la peripecia de la función. Ildebrando Biribó es un personaje de Emmanuel Vacca que Castrillo Ferrer llevó a escena de una manera magistral. Partía de la pregunta… el blanco ¿qué blanco? Para reclamar la importancia del apuntador de teatro que devuelve la memoria al actor que la pierde. La segunda parecía más evidente. Blanco y en botella es una expresión coloquial para decir que algo es muy obvio o evidente.

Estas elucubraciones se resolvieron con rapidez porque una de las virtudes de la función es que las dos primeras escenas te ponen las pilas para saber las reglas que rigen a lo largo de la representación.

Todo comenzó con la irrupción de Víctor Palacín en el patio de butacas. Su voz y guitarra al estilo de las coplas de ciego eran el preámbulo todo de lo que iba a ocurrir en escena: La entrada de la actriz subrayaba que su personaje ejercía al mismo tiempo de madre, amante y amiga. Y sin embargo desde el primer momento se apreciaba con nitidez el juego entre la realidad de la ciudadana Yolanda blanco y la ficción teatral

Los elementos básicos de la actuación estaban a la vista. Interacción con el público, ritmo de comedia, agilidad en la prosodia y acciones dinámicas. El carrusel de personajes empezó por una payasa que se ganan el jornal con la BBC de bodas, bautizo y comuniones. En este caso era el cumpleaños de una criatura y todos los alicates de sus amiguitos. Y entonces, cuando creía que había comprendido el código de la función ocurrió la sorpresa. Fue un efecto suave y elegante. Una ligera transformación de la iluminación para dejar notar que felicidad impostada de la payasa se diluía en la personalidad de la actriz que la contenía y así, detrás de las frases estimulantes que surgían de la nariz roja, se advertía con dramática nitidez una tristeza insondable que pertenecía exclusivamente a la actriz (o al personaje, vaya usted a saber)

El efecto emocional me llevó a pensar en Charly Rivel. “El payaso pasa por los mismos sufrimientos y las mismas penas que el resto de la gente pero no puede manifestarlo ni siquiera cuando se muere tu madre” Por eso  nosotros reímos cuando Charly Rivel llora, Eso es lo que hizo Yolanda Blanco en el escenario, mientras su personaje (o ella misma) penaba entre las vicisitudes de la vida y los sinsabores de su profesión de actriz el patio de butacas reía. Entonces noté como ella cogía mi mano y me arrastró a seguirla en las peripecias por venir. Entonces me cogió de la mano para seguirla en su aventura y entendí el título de la función.

La escenografía eran tan sencilla como unos soportes sobre los que colgaban el vestuario de cada uno de los personajes a los que Yolanda Blanco prestaría su cuerpo. Las patas de esos soportes nacían de unas botellas blancas. Era evidente. La función se construía sobre dos conceptos. Los personajes están anclados en el arquetipo que les correspondía, en ese blanco y en botella que el público espera, comprende y disfruta, pero al mismo tiempo la protagonista cuenta las vicisitudes de una vida que siempre se mezcla con la ficción propia del escenario, la sala de ensayos o el casting para un anuncio absurdo. Una trenza de ficción amasada con la vida y la profesión del cómico atado a una máxima que todos conocemos. Pase lo que pase el espectáculo debe continuar.

La dirección de Ana García organiza con un buen criterio todos los elementos narrativos. La música en directo consigue una textura orgánica como el colchón que subraya con elegancia los momento álgidos. Los desplazamientos en el espacio y la prosodia de la actriz se enriquecen gracias a la diversidad rítmica que deja paso a silencios que nos trasladan del humor hasta ese punto sabroso donde la melancolía se decanta en empatía con el personaje.

El trabajo actoral de Yolanda Blanco es un catálogo de teatralidad que parte del compromiso con su profesión, y del elevado grado de honestidad que necesita la propuesta para que de verdad golpeé al espectador. La verosimilitud de todas sus acciones enriquece la pulsión autobiográfica que sobrevuela sobre le escenario hasta el punto de quedarte prendado con el personaje (y con ella). Ese es el gran acierto de la función, que una reacción química exotérmica entre la actriz y el patio de butacas tenga la suficiente energía para conseguir una ovación a rabiar cuando ella ( o su personaje) toma la gran decisión.

Yolanda Blanco consigue el alarde de romper con una tradición que siempre pone por delante la necesidad de mantener en pie el espectáculo por encima de cualquier circunstancia. La función le da la vuelta al efecto Charly Rivel con dos efectos secundarios. La tristeza del payaso por sus fracasos se recibe en el patio de butacas, pero esta vez con la misma intensidad emocional que la actriz (o Yolanda Blanco) rompe con la tradición de poner por delante de cualquier otro acontecimiento que le espectáculo debe continuar.

 ‘Blanco y en botella’

Producción: Hello Yoly. Texto: Yolanda Blanco y Ana García. Dirección: Ana García. Interpretación: Yolanda Blanco. Músico: Víctor Palacín. Espacio sonoro: Víctor Palacín y Juanko Malavirgen. Iluminación y sonido: Guillermo Lafuente. Espacio escénico y vestuario: Raquel Poblador / Obsidiana Atellier y Hello Yoly.

Domingo 9 de noviembre de 2025. Teatro del Mercado.

 

 


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21 junio 2025

Mea Culpa

 





La terapia de Minerva

Minerva Arbués le contó a Pedro Zapater en estas páginas que después de muchos años de actriz necesitaba encontrar una voz propia para sanar del síndrome de la impostora, ese malaje que te hace dudar de tus logros, mientras la voz de la conciencia alimenta la sensación de culpabilidad como estructura fundamental de la vida.

‘Mea culpa’ es una declaración para demostrar que el testimonio verdadero de la personalidad está relacionado con las acciones que somos capaces de hacer. Un camino por donde corre un  relente de cuñadismo machirulo con sus gotitas de la mala leche que nos aleja del ideal de una pureza absoluta. La peripecia ordena los acontecimientos entrelazando discursos narrativos. La realidad autobiográfica de la actriz está atravesada por un desfile de personajes que vaya usted a saber la proporción de ficción y subjetividad que acarrean.

El talento de Minerva Arbués para combinar las herramientas de la comedia es el pegamento que une ese aparente desbarajuste con un discurso moral. La fluidez verbal le permite desarrollar un relato que juega con las palabras, coloca los chistes con solvencia, y afina una banda sonora con capacidad cabaretera. La gestualidad desinhibida nos lleva al terreno de lo grotesco y, aunque el ritmo afloja con los audios  y la participación del público, esta pirueta artística es la terapia con la que Minerva reivindica su concepción del ser humano. El amor severo del nido familiar y la primera socialización infantil son asidero y zozobra para alcanzar la conciencia ideológica del mundo que nos rodea. Hechos y valores de los que surge el elogio sincero a la madre que nos parió, y la ironía para poner en tela de cachondeo esa nostalgia de baratillo que alimenta las esencias de una historia contemporánea de España que se cree intocable.

‘Mea culpa’

Calificación: 4 estrellas

Producción: Yolanda Blanco, Hello Yoli. Escribe e interpreta: Minerva Arbués. Dirección: Diego Peña. Música original: Miguel Ángel Laita, Vestuario y Atrezzo: Raquel Poblador. Obsidiana Atelier. Iluminación: Angel Cantizani.

Jueves 19 de Junio de 2025. Teatro del Mercado.



'Mea culpa': la terapia de Minerva


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08 diciembre 2022

El reencuentro

 



La exaltación del conflicto

«El reencuentro» es una función abonada a la receta de Cecil B. DeMille para atrapar al espectador: Empezar con un terremoto y de ahí para arriba. El texto de Ramón Paso impulsa la relación entre dos hermanas mediante un conflicto constante que empieza con una batalla campal de un tono muy elevado. El reto consiste en mantener ese alto grado de tensión gracias a una  apabullante avalancha retórica cosida por chistes, giros verbales y frases ingeniosas centrifugadas  al ritmo trepidante de la comedia.

La dirección mantiene el pulso de la peripecia enlazando una coreografía de acontecimientos que van desde asuntos de carácter social como el cuidado de los ancianos, los desahucios o la calidad de la sanidad, hasta las relaciones familiares que nos ayudan a entender la personalidad de las protagonistas, congeniar con ellas y acompañarlas en el combate con el que dirimen sus diferencias. El conflicto entre estas dos fuerzas antagónicas es tan intenso que la sucesión de crisis y colisiones se perciben como una saturación reiterativa. El único momento de duda llega cuando las hermanas conversan: Una ordena la casa y la otra, con una borrachera muy poco verosímil, deambula sin un objetivo claro y definido hasta desinflar parte de la tensión dramática que se había acumulado para sostener el entramado estructural de la narración.

La interpretación de las actrices es el elemento clave. Un exigente «tour de forcé» que nos lleva al resbaladizo mundo de la caricatura, en el que Yolanda Blanco se mueve en parámetros más naturales, pero igual de intensos que la serpentina vocal y gestual en la que surfea Minerva Arbués. Da gusto verlas trabajar en escena con esa generosa energía de la que se retroalimentan hasta conseguir un arco dramático donde lo grotesco aterriza en una cierta calma.

 

Ficha Técnica de «El Reencuentro»

Calificación: 3 estrellas

Producción: Factory Producciones y Hello Yoly. Autor: Ramón Paso. Dirección: Mario Ronsano y Yolanda Blanco. Reparto: Yolanda Blanco y Minerva Arbués

Teatro del Mercado. 6 de diciembre de 2022



 

 

 

 


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