No necesito un nombre para ser mascota
El arte de alzar la voz
Ana Cotoré parte de la ley aristotélica de la contigüidad
para cambiar la mirada del espectador sobre el desarrollo de las artes
escénicas. Cuando dos cosas ocurren juntas, la aparición de una traerá la otra
a la mente. Ese es el punto de partida para comprobar como el binomio belleza-sufrimiento
es un elemento significativo en el proceso de producción y comercialización de
cualquier espectáculo. La representación tiene una enorme carga de teatralidad
gracias a la hibridación de lenguajes que construyen cuatro cuadros y un
epílogo.
El comienzo quiere ser la belleza de una elegante
coreografía bajo la luz satinada que deriva en el tormento de un devastador
primer plano audiovisual. La pantalla vuelve a ser la protagonista en la tristeza
sórdida de una realidad subterránea que se hace presente en un vestido azul
saturado por la claridad expresionista. Entonces la carne se libera de la
cárcel de tela, y busca en la tierra el ritmo básico hasta alcanzar la cadencia
de una rave de iluminación estroboscópica que define con precisión cada
movimiento. El impacto emocional del cuerpo se concreta mediante la palabra, y la
inteligencia de aunar el lenguaje científico con las volteretas de la ironía,
reposar la gravedad de la denuncia, y transformar la experiencia personal en
una reflexión crítica para mostrar un nuevo binomio. Los que tienen la sartén
por el mango que se aprovechan de los trabajadores en precario, y los que
sufren abusos emocionales y vejaciones laborales a costa de su vocación artística.
El epilogo es un drama de lentejuelas sobre silla vieja,
imágenes de humor canino, y una divertida metáfora entre la protesta actual y
la cultura pop de la tele de los ochenta, cuando la duda era elegir entre ser la
mala de pelucón negro o la heroína rubia de melena ondulada.
‘No necesito un nombre para ser mascota’
Calificación: 4 estrellas
Creación, coreografía, textos, interpretación y vestuario:
Ana Cotoré. Mirada externa, fotografía y vídeo: Álvaro Murillo. Diseño de
luces: Víctor Longás. Realización y postproducción audiovisual: Víctor
izquierdo y Laura Arnaiz. Maquillaje y fxs vídeo: Julianna Garza. Asistencia en
rodaje de vídeo: Lucrecia Pierpaoli.
Domingo 7 de junio de 2026. Teatro del Mercado.
Crítica de la obra de teatro 'No necesito un nombre para ser mascota': el arte de alzar la voz
Etiquetas: Álvaro Murillo, Ana Cotoré, Critica Teatro Heraldo, Teatro del Mercado, Víctor Longás




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