El inquilino
Votamos por un inquilino
Santiago Requejo escribió el guion del cortometraje ‘Votamos’
desde un ejercicio de deconstrucción personal, analizar sus prejuicios y
acercarse a una realidad revelada por un psiquiatra amigo suyo. Quería analizar
cómo se diluye nuestra tolerancia cuando un problema, aparente o real, se
instala a nuestra vera, y mostrar el comportamiento de una comunidad de vecinos
a la que llega un nuevo inquilino diagnosticado con una enfermedad de salud
mental.
La adaptación de Oscar Castro para el escenario parte de
algo aparentemente tan simple como un cambio de título. Sin embargo pasar del original
‘Votamos’ a ‘El inquilino’ le añade un capa de actualidad que conecta el
pálpito moral de cómo nos relacionamos desde lo humano con nuestros miedos,
pero también sobrevuela aspectos económicos y sociales que nos lleva al informe
recién publicado por el Consejo de la Juventud y Oxfam Intermón, en el que se
afirma que algo más de un tercio entre quienes tienen 25 y 34, perciben su
salud mental como mala o regular a consecuencia directa de no llegar a final de
mes y no poder afrontar el pago de alquiler.
La sinopsis sitúa la acción en un edificio del centro de
Zaragoza, en una reunión de una comunidad de vecinos. Esta breve referencia nos
aproxima al teatro costumbrista que desarrolla un panorama humano para reflejar
la realidad cotidiana. Sin embargo desde el inicio de la función queda claro
que el lenguaje narrativo va a ser el de las herramientas clásicas de la
comedia de salón. Crear tensión mediante diálogos picaditos con un puntito de
acción alrededor de un sofá. La dirección de Oscar Castro afianza esas bases, y
desde ahí consigue una descripción precisa de los personajes, sus condiciones
psicológicas y morales, y diferentes comportamientos sociales hasta situarlos
en un lugar muy cercano al teatro del absurdo de aquellos que esperan a alguien
que no acaba de llegar, y como quien no quiere la cosa que la comedia tome una
derivada trágica.
La apuesta es un órdago desde el punto de vista conceptual
que precisa de un excelente trabajo actoral para mantener en volandas todos los
platillos que giran sobre el escenario. El más evidente es que las réplicas entren
a tempo, con la dificultad añadida de ser un número notable de actores
responsables de mantener esa tensión. La segunda es la ocupación cabal de
espacio mediante una coreografía que oxigena la escena, mantiene activos a los
actores y atrapa la atención del espectador. El elenco hace un trabajo riguroso
con estos aspectos técnicos, y desde ahí es capaz de crecer. Confecciona unas
interpretaciones que brillan a gran nivel, dibujan con nitidez el arco
dramático de cada uno de los personajes, que a veces tiene la amplitud de la
sorpresa, otras confirma la evidencia, y en todos los casos muestran que detrás de las caretas de andar por la vida, existe un desván donde escondemos
miedos, dudas y resquemores.
Esa musculatura narrativa de la obra se puede apreciar
porque todo se hace sin estridencias, con diáfana pulcritud en gestos y palabras.
Una de las claves del éxito es que todo pasa de manera muy natural, desde la
sonrisa de comedia al sobresalto del drama, y de repente un silencio tenso en
el escenario que se comparte con el patio para confirmar la magia de la
conexión, hasta que la función termina con una merecida y prolongada ovación.
‘El Inquilino’
Muestra fin de curso de Delta Teatro basada en la obra de Santiago Requejo ‘Votemos’.
Dirección y adaptación: Óscar Castro. Reparto: Esther Bermejo, Juanjo Gracia,
Pedro Lobera, Diego Lozano, Marilú Lemon, Olga Moss y Vero Ochoa.
Sábado 13 de junio de
2026. Centro Cívico Tío Jorge de Zaragoza.
Etiquetas: CC Tío Jorge, critica teatro, Delta Teatro, Diego Lozano, Esther Bermejo, Juanjo Gracia, Marilú Lemon, Olga Moss, oscar castro, Pedro Lobera, Santiago Requejo, Vero Ochoa



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