La curvatura de la córnea

01 julio 2025

Un tal Quijote

 




Fluir hacia la risa

Muñoz Molina en la última lectura que ha hecho del Quijote asigna a Cervantes la conciencia de la fragilidad humana para dejarse engañar. Que la fuerza de la imprenta en el siglo XVI arrastrara la imaginación de una buena persona al fanatismo, nos lleva a preguntarnos si en el siglo XXI somos capaces de mirar lo real a través de la tecnología, y comprender su influencia para intoxicar la pericia cognitiva.

‘Un tal Quijote’ es un ejercicio práctico de colaboración en el desarrollo escénico para mostrar con meridiana claridad donde está la línea que separa realidad y ficción por el saludable placer de jugar con ella. El código básico de la narración es darle caña al equilibrio de la fábula con dos estrategias. La primera rompe la cuarta pared para apelar al público y conseguir que su presencia sea activa. Al inicio con el cierre a coro de las frases, hasta que la cosa se lía y los espectadores participan de la representación en el escenario. La segunda alimenta el conflicto entre un conferenciante y un currante para que germiné la camaradería característica del clown y así, contagiados por la incansable capacidad para sobreponerse a los obstáculos, conseguir que una vuelta sobre los pies sea el mecanismo mágico para saltar de la realidad tangible de datos y hechos históricos, al mundo imaginado por la pluma de Cervantes donde los molinos son gigantes y las ovejas ejércitos.

Cascai Teatre enriquece esta estructura dramática con sus herramientas habituales. La cuidadísima base gestual de Marcel Tomás mantiene una exuberancia contenida, para que máscara y movimiento sean el preámbulo donde brilla un coctel verbal entre el aroma del musical, la precisión literaria, y esa ironía somarda en la que Toni Escribano se convierte en el contrapeso imprescindible para fluir hacia la risa.

‘Un tal Quijote’

Calificación: 4 estrellas

Compañía: Cascai Teatre. Creación: Marcel Tomás y Susana Lloret. Dirección: Marcel Tomás. Intérpretes: Marcel Tomás y Toni Escribano. Coreografía y movimientos: Marta Ribera. Canciones originales: Carles Serras.

Domingo 29 de junio de 2025. Teatro de las Esquinas


crítica de teatro: 'Un tal Quijote': fluir hacia la risa



Etiquetas: , , , , , , ,

30 junio 2022

Un tan Shakespeare






 Morir de risa

Shakespeare es la fuente esencial del arte teatral porque nunca juzga, solo muestra los conflictos humanos. En eso se parece al clown que ante cualquier problema siempre se remanga, acepta el reto y responde de forma positiva. Con esa premisa, la función baraja tres planos narrativos que suministran conflictos a tutiplén: La realidad más allá del escenario, el desarrollo propio de la acción dramática y un garbeo por la maquinaria que mueve las entrañas del teatro. Pero nuestro héroe no está solo, muy pronto se le une un compañero que destroza versos, aporrea un tambor y zurce todo tipo de escenas. Nos encontramos ante la clásica relación entre el listo y el excéntrico.

Toni Escribano es un magnífico e incansable frontón que devuelve todas las ideas que lanza su compañero. Marcel Tomás disfruta emparedado entre la gestualidad de Tricicle y la verborrea de Rubianes ¡pero ostras!, Shakespeare escribe tan bien que a veces se escapa un fragmento que nos permite apreciar el ritmo hipnótico de sus versos, sentir la pasión de los sentimientos y adivinar la patita de un gran actor revestido de payaso.

Marcel Tomás y Susana Lloret han creado una dramaturgia donde una escena lleva a la otra en una progresión de contrastes dramáticos, cambios inesperados y un ritmo frenético al servicio de la gran virtud del bufón: A la burla del todopoderoso le sigue la parodia de las convicciones morales de cualquier persona. El final de la función es una conga comunitaria, una transfusión entre el escenario y el patio de butacas que convierte a los espectadores en personaje de la ficción y así, los eruditos que han contado las 77 maneras de morir ideadas por Shakespeare para sus personajes, deberían subsanar su error y añadir a la lista la propuesta de Cascai Teatre: Morir de Risa.

 

Ficha Técnica de ‘Un tal Shakespeare’

Calificación 4 estrellas

Producción: Cascai Teatre. Creación y dirección: Marcel Tomàs y Susana Lloret

Intérpretes: Marcel Tomàs y Toni Escribano. Escenografía: Dungi

28 de junio de 2022. Teatro de Las Esquinas.

Etiquetas: , , , , , , ,

28 diciembre 2018

El Comediante o una manera de vivir la vida



Todavía recuerdo la irrupción de Marcel Tomás en la Sala Bicho a finales del mes de mayo de 2014 con aquel torrente de muecas de un hombre incompleto con ramo de flores en la mano, aquella función me dejó tan buen sabor de carcajada que no podía perderme su regreso con el espectáculo El Comediante que se celebró en la misma sala en mayo de 2017, así que tal vez debería explicarles los motivos que me han llevado a repetir, ¿por qué he vuelto a ver el espectáculo El Comediante?

Marcel Tomás y la compañía Cascai Teatro regresaron a Zaragoza aunque esta vez no fue en un espacio alternativo, El Comediante se representó en el Teatro de la Esquinas y ese, mucho más que el excelente recuerdo de literalmente llorar de la risa fue, tal vez, el primer motivo para repetir: Chequear la influencia del espacio en el espectáculo, si la dimensión del escenario, los bastidores laterales, el tipo de asiento para el público o incluso el propio público provocarían una reacción diferente en mi ánimo.

La primera diferencia la encontré nada más pisar la sala porque allí, al alcance de los ojos de los espectadores, podíamos ver el vestuario y parte del atrezo que se iba a utilizar en la obra en lo que parecía una declaración de principios, de transparencia (utilizando el lenguaje político), un decir: Aquí tienen ustedes mis herramientas para construir la comedia.

La segunda diferencia fue la aparición de Marcel Tomás que aprovechó las escaleras del patio de butacas para hacer uno de esos descensos, tan aclamados en las vedettes, en los que parece que el artista baja desde el mismo cielo para entretener al personal.

Y hasta aquí mantuve mi posición analítica y fría porque muy pronto me vi envuelto en la dinámica de la función, en esa partida de ping pong que Marcel Tomás y Toni Castellano utilizan para polarizar sus energías comediantes, e invitarnos a reflexionar sobre la diferencia que hay entre las expectativas con las que todos hemos soñado y la tozuda realidad. En cuanto brotó la primera carcajada me di cuenta que no tenía sentido establecer una comparación entre aquel sabor inicial que recordaba de este espectáculo en la Sala Bicho, un sabor relacionado con el estreno del paladar al saborear un producto fresco y artesano, esa sensación de presenciar un yo me lo guiso yo me lo como o eso que van diciendo los cursis: Working in progress. Así que me quité las gafas de escudriñar la composición, la dramaturgia, olvidé el microscopio de analizar el mecanismo interno de la función y me desparramé en mi butaca azul para disfrutar de situaciones, aventuras y chascarrillos que ya conocía pero que me llegaron con la intensidad de las historias bien contadas que una y un millón de veces culminan en la sonrisa, la risa y la carcajada, tres medicamentos imprescindibles para curarnos de tanta realidad y de tantos enfadados por encima de sus posibilidades.

Confesaré que tenía cierto miedo a enfrentarme de nuevo a esa parte de la función donde todo se centra en la evocación de tiempos pasados, es una cuestión personal influenciada por la fechas navideñas y esa dicotomía entre caer sin miedo en la tentación de la añoranza o fijar la vista en el obstinado presente, ya ven como de alguna manera hemos vuelto al territorio que separa la expectativa y la realidad. Pero pasé bien el trago gracias al buen trabajo de Marcel Tomás que con sus gestos, la luz de su mirada y esa sonrisa que a veces se sorprende, otras te avisa de su complicidad cuando deja brevemente al personaje y muestra al actor que hay detrás para, de una manera mágica, conectar con el espectador.

Etiquetas: , , , , ,

28 mayo 2017

El Comediante o tener un gran día





Todavía recuerdo la irrupción de Marcel Tomás en la Sala Bicho a finales del mes de mayo de 2014 con aquel torrente de muecas de un hombre incompleto con ramo de flores en la mano, aquella función me dejó tan buen sabor de carcajada que no podía perderme su regreso con el espectáculo “El comediante”.
Antes de entrar en materia les confesaré una cosa, desde que reservé las entradas para la función de ayer sábado 27 de mayo, de nuevo en la Sala Bicho, andaba con una medio sonrisa en los labios porque recordaba todas esas veces que mi padre regresaba a casa después del trabajo y me encontraba en la cocina con una toalla y el escurre pescados colocados en la cabeza mientras recitaba con voz engolada y grandes gestos aquella tonada de Albert Hammond que decía: Échame a mí la culpa de lo que pase, cúbrete la espalda con mi dolor. Mi padre fruncía el gesto y, mientras miraba a mi madre que suspiraba tras la tabla de planchar, sentenciaba: Este zagal es un comediante.
Pero ya ven, una cosa son las expectativas y otra la realidad. Y esa es la dualidad con la que juega Marcel Tomás en El Comediante, con la diferencia que va de los soñado a la cruda de la realidad, de esta manera  el escenario de la Sala Bicho se transformó en cueva de Platón para comprobar que las expectativas casi siempre son un pálido reflejo de la realidad, y es ahí donde aparece el trabajo del comediante que a Marcel Tomás le brota de cada poro de su piel y es capaz de sintetizar en su mirada, en cada uno de sus gestos, desde el mohín hasta el brillante reflejo de sus dientes, porque Marcel sale al escenario y la energía cambia, los iones del aire permutan la polaridad y el público se pone en modo carcajada para subirse a una montaña rusa de risas en la que Toni Escribano ejecuta su papel como el contrapunto perfecto, el frontón que devuelve todas las bolas, el demiurgo que genera nuevas situaciones, el apuntador que reconduce el espectáculo, el que pone el sonido, el que rueda un video clip, el camarero, el tipo imprescindible que aliña todos los delirios que suceden en escena.
Una de las virtudes de la función es demostrar que una de las virtudes del teatro son los breves segundos que van de un oscuro a la luz como ese camino que va de la realidad a la imaginación, de la expectativa del espectador a la dramaturgia. En El Comediante las expectativas culminan en las metas volantes de la risa, la boca abierta y el aplauso que, a modo de gasolina, impulsan las situaciones que transitan por el escenario. El Comediante comienza como una partida de ping pong entre los dos actores en escena, pero poco a poco ese peloteo empieza a buscar los límites de las tablas y saltan al patio de butacas en busca de la complicidad activa del público. Ay! ese maravilloso público del teatro alternativo siempre dispuesto a subir a  las tablas.
Tan solo hay que tener la edad suficiente para que la evocación de tiempos pasados se convierta en el motor de aquella bicicleta fabricada con una pinza y una carta de la baraja. Pero es un baño de nostalgia muy alejado de esos videos ñoños que pueblan la red con recuerdos empañados en musiquitas facilonas, sin embargo las músicas de El Comediante son imperecederas, desde los paseos de un matón en las calles de Nueva York hasta ese mensaje final que es toda una declaración de principios: Hoy puede ser un gran día, tan solo tenemos que sonreír, porque ese es el tesoro de esta función: Cuando el interruptor de las luces de sala de la Sala Bicho nos devolvió al presente, uno sale a la calle Pilar Lorengar con ganas de sonreír y, según los últimos estudios, nueve de cada diez espectadores de teatro recomiendan la asistencia a El Comediante de la compañía Cascai Teatro, recuerden que el consumo de este medicamento no precisa de receta médica, con sacar la entrada en taquilla es suficiente.

Etiquetas: , , , , , ,

01 junio 2014

Un hombre incompleto se pasea por la Sala Bicho





La Sala de Teatro Bicho había anunciado a través de las redes sociales el estreno de un espectáculo a cargo de Agustín Batlle, uno de los pioneros de la animación soviética en la Costa Dorada. Con todo el papel vendido, y antes de que las luces de sala se apagaran, sucedió lo increíble. Sobre el escenario, por aquellas vicisitudes del despiste y alguna cerraja mal cerrada, apareció un amigo de Agustín que, tras regalarnos una fuente del Renacimiento provocada por el susto inicial, y con la excusa de hacer tiempo hasta la llegada de su amigo… empezó a contarnos historias, y claro, las historias sobre un escenario tienden, por una cuestión puramente química, a convertirse en teatro. Una reacción muy alejada de los monólogos y otras lindezas, porque el teatro fetén es aquel arte de conjugar verbo y movimiento. Y el amigo de Agustín, para sorpresa de todo el público, resultó ser el demiurgo de un ritual que consistió en hacer reír a mandíbula batiente a todo el personal, excepto a un señor que estaba a mi lado con una camiseta de la selección de fútbol de Brasil y que mantuvo un rictus impertérrito durante toda la función.
Mientras el amigo de Agustín perdía el miedo al público recordé las palabras de José Luis Gómez en su discurso de ingreso a la Real Academia Española (RAE), cuando subrayaba que la palabra no es el hecho que designa, la palabra es solo evocación, una herramienta para la imaginación y una danza interior del texto en el cuerpo. Y ahí radicó la clave de lo que vi anoche en la Sala Bicho: El amigo de Agustín nos brindó una excepcional modulación de las expresiones verbales como una parte inseparable de su coreografía corporal y, gracias al manejo de ese binomio, mutó en actor de teatro.
El hombre incompleto de Cascai Teatre se estrenó en el año 2001 y trece años después sigue cosechando carcajadas entre el público. Parece lógico pensar que el texto, trufado con ajustados guiños locales, ha sufrido múltiples mutaciones además de las inevitables aportaciones que surgen cada noche desde el patio de butacas y que son perfectamente administradas desde el escenario. Ese no puede ser el secreto de su éxito que, sin dudas, está relacionado con el trabajo actoral que se muestra ahí, ante los ojos del espectador con toda claridad. Algunos actores basan su triunfo en la naturalidad que aportan al personaje. Otros actores, como es el caso, nos muestran todos sus trucos: Los tics del personaje, un acento peculiar, grandes gesticulaciones, verborrea sin límite, exageración, sudor, deleite, una sonrisa de dientes blancos y esa extraña particularidad de conseguir que cualquier chascarrillo suene gracioso. En esa tesitura el amigo de Agustín va un paso más allá para convertirse en un payaso de traje y ademanes ridículos, en un mimo del son, en gesticulador e imitador y, cuando te tiene atrapado por el corazón, además de por la risa, se hace la hora de marchar, que el amigo de Agustín tiene una cita. Pero no se preocupen, me han dicho que hoy domingo vuelve a la Sala El Bicho: Yo no me lo perdería.

Etiquetas: , , , ,