La curvatura de la córnea

22 junio 2026

Alonso Q

 



En un lugar de la mente

Cervantes inventó un hidalgo que sufre una transformación delirante de la identidad que le lleva a transmutarse en una nueva realidad, donde se auto percibe como el caballero andante Don Quijote. Nada que ver con el dilema al que se enfrenta Alonso Q. Una elección entre mantener a raya la salud mental mediante una estabilidad que le hace perder su identidad, o enfrentarse al riesgo de vivir a volandas de dos planos que conviven, y lo enredan entre la realidad del barrio y la ficción generada por imágenes y voces que no existen, y que sin embargo lo arrastran a situaciones conflictivas.

La dirección de María Aladrén es un excelente ejemplo de una concepción escénica que amalgama texto y trabajo actoral para conseguir una representación nutritiva, donde el discurso del personaje se traslade de manera natural a las acciones que realiza y desde ahí, que los problemas visibilizados en el escenario terminen por apelar al patio de butacas.

La complejidad de la propuesta se suscita porque el protagonista vive en un doble vaivén. Mientras la prosodia de las palabras transcurre en una mente que funciona como un dial de radio, donde toda la marea de voces que lo acompañan ocupan el primer plano gracias al buen uso del micrófono; la gestualidad es una deliciosa continuidad de pequeños detalles y matices que van de la composición corporal a la expresividad facial.

Esta arquitectura conceptual se sostiene gracias a la emocionante interpretación de Fran Martínez, al que ya hemos visto en otras ocasiones crear personajes atrapados en nudos y cadenas, pero en esta ocasión su trabajo se expande más allá del cuerpo para habitar el espacio social, atrapar al espectador en el silencio de la sala, y generar un debate sobre como percibimos a las personas que pasan por una enfermedad mental.

‘Alonso Q’

Calificación: 4 estrellas

Producción: El Enjambre Swarm Lab y Teatro Bicho. Idea y texto: María Aladrén y Fran Martínez. Dirección: María Aladrén. Intérprete: Fran Martínez. Luces y sonido. Pedro Javier Mora. Escenografía: Louis Wells. Asistente: Nuria Martínez. Diseño Gráfico: Nashaat Conde. Ayudante de Producción: Mayte Serrano. Difusión y redes: Estela Algaba.

19 de junio de 2026. Teatro del Mercado.


Etiquetas: , , , , ,

05 junio 2026

Yo soy una fiesta


 

Una deliciosa entente

La investigadora alemana Erika Fischer-Lichte utilizaba el concepto «giro perfomativo» para definir una nueva forma de expresión en la que se desdibujan las fronteras entre una expresión del cuerpo que amplía su fuerza frente el significado textual. Una idea que ya había promulgado Antonin Artaud con la defensa de potenciar lo ritual, lo teatral y lo físico. El cuerpo como portador completo del sentido de la actuación[1].

‘Yo soy un fiesta’ navega entre estos dos conceptos con una diferencia esencial. No se trata de aplicar al cuerpo un discurso específico que lo diferencie del resto de lenguajes narrativos. Lo realmente maravilloso es conseguir que gestualidad, palabra y banda sonora conformen un conjunto de gran emotividad para unas escenas de alto valor poético que impacta de lleno en el patio de butacas. Este objetivo se sustenta en  la perfección técnica del trabajo actoral. Las interpretaciones de Camila Grigera y Ángela Tortajada parten de una elocuente naturalidad llena de frescura para que danza, gesto y palabra se pongan al servicio de una historia con aromas de autofcción escrita por Lola Vera.

Esa maquinaria forman sostiene una peripecia que habla de encuentros, desencuentros y añoranzas, de como a veces la vida pasa sin que seamos capaces de darnos cuenta de que el meollo de la existencia está ahí, en una receta de cocina o la coreografía de una canción que nos acompaña a lo largo de los años. Adela está descubriendo esos lugares donde su madre y su abuela sobreviven envueltas en un tira y afloja de amor y tensión, de recuerdo y presente, mientras su amiga Cami, siempre a su lado, tiene la virtud de transformarse en todas las mujeres que caminan por el laberinto de los afectos para convertirse en el catalizador de la pena y la alegría.

El formato fragmentario de ‘Yo soy una fiesta’ es una garantía para mantener en vilo a un público, que sigue a pie juntillas el devenir de las actrices. Desde la frescura del contexto que proviene de la prosodia, unas veces es concreto y otras difuminado, mientras las acciones se centrifugan por la periferia hasta constituirse como el centro de una situaciones que se muestras con la precisión de la cámara lenta, o el vértigo de la repetición de un loop. El resultado siempre es el mismo. La delicadeza eclosiona en un instante donde todo se detiene mientras los espectadores se quedan suspendidos en  la deliciosa densidad de la emoción.

____

La compañía ‘La Perrerire’ presentó el 2 de mayo en el Teatro Bicho la obra ‘Yo soy una fiesta’ de Lola Vera con Camila Grigera y Ángela Tortajada.

 



[1] Martínez Valdearas Jara, Saura-Clares Alba. Luque Diana. Teatro y artes escénicas en el ámbito histánico Siglo XXi. Cátedra. 2023

Etiquetas: , , , , ,

18 abril 2026

Alonso Q. Una lectura dramatizada


 

El Enjambre Lab y Teatro Bicho han unido fuerzas para construir una función titulada ‘Alonso Q.’ El método de trabajo para su producción sigue su particular forma de entender las artes escénicas: poner en valor el proceso creativo como el primer paso para que reclamar el interés del público.

La directora María Aladrén y el actor Fran Martínez citaron a una serie de personas para mostrar por primera vez el texto sobre el que va a trabajar la puesta en escena. La idea era realizar una lectura dramatizada con dos objetivos fundamentales: Comprobar si la peripecia se comprendía perfectamente. Evaluar si el texto traspasaba la idea conceptual sobre el que se levanta la función y aterrizaba en la realidad que necesita el escenario.

Patrice Pavise considera la lectura dramatiza como un género situado entre la lectura de un texto y su escenificación, y que cuenta con dos modalidades. La puesta en espacio de una obra sin los aditamentos de vestuario o decorados. La puesta en voz como preámbulo al principio de los ensayos para buscar diferentes tonos de enunciación y entonación cuando los movimientos aún no han sido fijados.

El actor y poeta Mariano Anos escribió en 2018 un artículo sobre cómo hacer una lectura dramatizada. El texto se centra en lo que hemos llamado ‘puesta en espacio’ sin embargo, aunque el evento al que asistí lo podemos considerar como una ‘puesta en voz’, me gustaría rescatar una cita que subraya la importancia de este tipo de trabajo: «La acción de leer es de algún modo, en toda su sencillez y complejidad la acción teatral por excelencia»

Una mesa tras la que se sienta el actor y la directora. Fran Martínez lleva un libreto de papel, María Aladrén un portátil. Él busca los accidentes geográficos del texto para subir, saltar y volar sobre ellos, ella lee las acotaciones con frialdad. Los dos llevan gafas.

Durante los primeros momentos de la lectura temí perderme. Pero solo era la introducción necesaria para establecer las bases de lo que iba a venir, y tras ese puntito de miedo, comprendí que me había precipitado porque la premisa de la historia funcionaba perfectamente. En la cabeza de Alonso Q. irrumpían sin orden ni concierto Quijote, la verdulera, Sancho, un vecino, Dulcinea, y como le pasaba al caballero de la Triste Figura hasta el propio encantador Frestón se pasaba por allí.

La situación enseguida me enganchó y ya no pude salir hasta que de un sopetón llego el final. Ocurrió sin darme cuenta. La historia terminaba en lugar donde la peripecia podría seguir, y eso ya es un buen síntoma.

Pero volvamos al principio, cuando Fran golpeaba la mesa. No estoy seguro si lo hacía por inseguridad o en busca de la energía necesaria para sentir a cada uno de los personajes por los que transitaba. Quizás era la indicación de ese salto. Un alehop, el impulso para vencer la distancia de uno a otro, esa inmensidad entre la ficción literario que coloniza nuestra cabeza, y la realdad que va de un kilo de tomates al rellano..

Los golpes cesaron cuando puso sus manos una sobre otra. Entonces solo se movía el pulgar de la mano izquierda. Arriba y abajo como marcando el ritmo del soliloquio. Él cambiaba de voces pero el ritmo del pulgar seguía ahí, marcando el ritmo. La frecuencia era inferior a la de los golpes y el gesto era mucho más delicado. Comenzaba al inicio de una frase y se quedaba en suspenso. A veces bajaba al final de esa frase, pero otras veces se quedaba ahí, a la espera de la palabra de alguno de los personajes, o para llenar el vacío del silencio.

Cuando Fran cambiaba de voz para mudar de personaje, la expresión de su cara lo seguía. Los labios se retorcían, las cejas se arqueaban y el purgar seguía ahí con su acción de metrónomo caprichoso hasta que se detuvo definitivamente. Entonces supe que tenía que cerrar los ojos. Los abrí de golpe cuando la lectura terminó. Lo supe porque le gesto suave con el que Fran pasaba las hojas devino en un golpe. Abrí los ojos pero no aplaudí inmediatamente porque mis manos se entrelazaron detrás de la nuca para preguntar ¿ya se ha terminado?

Era evidente que tenía ganas de más sobre el devenir de Alonso Q.. una necesidad que voy a saciar en breve. María y Fran va a dar más pasos para compartir el proceso creativo, y han decidido realizar ensayos abiertos a todo el que quiera verlos, para conocer los horarios solo tienes que escribir a teatrobicho@gmail.com. Yo ya he enviado mi solicitud.

Etiquetas: , , , , ,

20 enero 2026

Microteatro en el Teatro Bicho


 

Teatro Bicho. Microteatro 17 de Enero 2026

Teatro Bicho en esta temporada está consolidando una programación quincenal de microteatro que deja constancia de un movimiento alternativo en las artes escénicas de la ciudad, además de crear una base importante de público interesado en este formato. Las tres piezas que se representaron el 17 de enero de 2026 tuvieron en común una interesante construcción de los personajes, y ese puntito de dimensión social que tan bien le viene a estas pequeñas piezas desde las que se pueden mostrar de una manera directa e inmediata parte de la complejidad contemporánea.

‘Pastillas para todo’ está escrita en esa clave de comedia que busca explotar lo cómico a través del juego escénico. El trabajo actoral de Rafa Cadena condensa dos personajes perfectamente definidos por la pantomima. Al primero lo minimiza en los gestos pero lo envalentona con las palabras para enfrentarse a un dramaturgo caprichoso que le obliga a decir palabras con las que está en desacuerdo. El segundo personaje es totalmente diferente. Sorprende la transformación del actor para que todo se convierta en acción y gestualidad, y cuando ya te tiene cogido por la comedia, el personaje se sienta, agacha la cabeza y nos lleva hasta ese imaginario que flota en el cuerpo social. España es el país de mayor consumo de ansiolíticos, hipnóticos y sedantes del mundo. Una epidemia silenciosa que avanza sin grandes aspavientos, pero de forma imparable y contundente.

La comicidad de Cadena se alimenta de la realidad para elaborarla por el filtro de un humor particular hasta conseguir que lo ridículo de la situación responda a una intención estética de estar sobre el escenario.

‘Linterna’ está organizada en torno a dos personajes y dos espacios. Esther Albalá es la locutora de radio nocturna. En la construcción de su personaje juega de una manera determinante que se encuentra sentado detrás de una mesa con micrófono, y desde ahí se aprecia una apuesta muy bien construida desde la mirada. Un reflejo inconfundible de todo lo que dice desde ese tono de voz radiofónica tan familiar para los insomnes, y como cambia de manera radical cuando no está en antena. Claudia Sancho está a su lado pero de pie y en un espacio totalmente diferente. Ella es la oyente que llama a la emisora para contar sus problemas. La construcción del personaje también parte de la voz, pero ahora es todo su cuerpo el que nos transmite inseguridad, dudas, y cuando se sienta, ¡ay! cuando se sienta advertimos el gélido aire de tragedia. Ese momento es una cumbre emocional. Estamos acostumbrados a ver la vulnerabilidad de las personas que han sufrido de acoso y aquí, en un giro de guion también se pone el foco en los acosadores. El conflicto está servido pero para eso se busca el giro humanista que nos ayude a la catarsis de la sonrisa.

La situación cómica viene determinada por el choque entre los dos personajes y como la provocación de uno significa la sorpresa para el otro. Da igual si te han acosado o eres tú el acosador, porque el conflicto que parece derivarse hacia la tragedia, en realidad esquiva ese destino para encontrar un  final feliz y terapéutico que el patio de butacas recibe con alborozo.

‘En metálico y al contado’ también cuenta con dos personajes, un técnico inmobiliario y una clienta. En este caso la construcción de los personajes parte del silencio. Rodrigo Muñoz y Blanco Royo hacen un trabajo elegante y eficaz en la gestualidad que culmina con un cruce de miradas. Todavía no se ha dicho nada y ya conocemos a los personajes mientras el tiempo se dilata incomodo en el escenario… y en el patio de butacas. Entonces llegan las primeras frases. La dirección mantiene el ritmo bajo de una situación absurda y muy bien sostenida hasta que llega el circunloquio del absurdo. Una conversación de noria que dice sin decir, que avanza sin avanzar y que modifica la condición inicial de cada personaje con nuevos y sorprendentes matices hasta aterrizar de golpe en lo peor de estos tiempos:  gentes que pagan una vivienda a tocateja como símbolo de especuladores y fondos buitres.

La mirada del espectador es la responsable de encontrar la comicidad de la pieza. La percepción irónica de las acciones clasifican a los personajes, que poco a poco experimentan una pequeña transformación. La risa acude según la situación y el chascarrillo, cuando el enfrentamiento no tiene ni pizca de gracia lo hace en silencio hasta que estalla en carcajada cuando el material cómico se hace evidente. En ese ir y venir se construye una deliciosa comedia.

 

‘Pastillas para todo’

Textoo de B. Sender y R. Cadenas. Interpretado por R. Cadena

‘Linterna’

Dramaturgia: Esther Albalá. Intérpretes: Esther Albalá y Claudia Sancho. Voz en off: Jorge Hernández. Fotografía y cartel: Laura Andrés.

‘En metálico y al contado’

Producción: Extintos Teatro. Intérpretes: Rodrigo Muñoz y Blanco Royo. Dirección y cartel:  Nashaat Conde.

Sábado 17 de enero de 2026. Teatro Bicho.

Etiquetas: , , , , , , ,

15 diciembre 2025

Microbicho Teatro






Un refugio para el microteatro

La sala Teatro Bicho ha programado microteatro desde su inauguración en el 2013. En la actualidad Fran Martínez redobla la apuesta con representaciones en dos sábados de cada mes. Esta regularidad potencia el género, permite a los creadores mostrar sus novedades tanto en piezas cortas como en fragmentos de obras de mayor duración. Una función heterodoxa para encadenar tres títulos con diferentes formatos y estilos, que se representan varias veces y dan continuidad al trabajo actoral y de dirección.

Todo comenzó en noviembre de 2011. La compañía ‘Microteatro Zaragoza’ encabezada por el Santiago Meléndez estrenó ‘La noche de los triunfadores’ en espacios tan novedosos como el almacén de los cachivaches del Teatro de la Estación. Los siguientes espectáculos de la compañía ocuparon las habitaciones del albergue o las naves de la fábrica de chocolates Zorraquino, hasta que en 2014 se despidieron sobre las tablas del Teatro del Mercado.

En agosto de 2012 Óscar Castro y Fran Martínez estaban ‘En Construcción’ El primero remodelando lo que sería la sala El Extintor, el segundo escribiendo la obra ‘Nudo’. Esa coincidencia provocó un espacio donde se hacía teatro cuando los fontaneros y los albañiles terminaban su jornada laboral. ‘Nudo’ creció con el tiempo, se representó en el bar ‘La vía Láctea’, y se subió al escenario del Teatro del Mercado.

‘Microteatro en casa’ fue una propuesta del grupo ‘Los Mancusos’ en el año 2013. Javier Ercilla, Javier Guzmán y Fran Martínez metieron el teatro en los domicilios particulares, desde el cuarto de baño al dormitorio. Sin embargo en el año 2018 el salón donde transcurre la obra ‘Un dios salvaje’ de Yasmina Reza terminó instalado en medio del escenario del Teatro Principal. Aquello parecía un contrasentido y sin embargo, la relación del espectador con el espacio quedó completamente alterada porque accedimos a la sala por la puerta de actores, recorrimos las tripas del teatro, y nos sentamos en las noventa butacas que rodeaban la escena y allí, bajo la lámpara de un salón, dos actores y dos actrices lidiaron con la realidad desplegada ante nuestros ojos.

Esta larga trayectoria se condensa en la actualidad del Teatro Bicho. Quizás ya ha pasado el tiempo de eliminar convecciones teatrales para acercar al público a la sensación de lo verdadero, y es hora de reivindicar la sencillez de un foco iluminando un escenario vacío, ese refugio donde los actores respiran palabras hasta empañar las pantallas de nuestros móviles.

 

Etiquetas: , , , , , , ,

16 noviembre 2025

Bestias

 


La violencia llama a la puerta

El concepto de violencia tiene la etiqueta de una tarea imprescindible, la que necesitan los hombres para cumplir con su destino. Es la manera de conectar directamente con las exigencias que emanan históricamente de las deidades hasta constituir una existencia trágica. De esta manera las confrontaciones violentas se convierten en victorias y liderazgo.

Esta concepción de la violencia como un instrumento estratégico que condiciona todo lo que rodea necesita del consenso social, y cada una de las razones para romper ese consenso tiene consecuencias, una de ellas es ingresar en la cárcel. A partir de ese momento se establece una situación donde es imposible la reconciliación entre quienes han estado en prisión y quienes todavía no han llegado a ella.

Carla Novi se preguntó por estas cuestiones, y las tiene en cuenta a lo largo de la representación, porque la finalizar le gusta saber cómo afectan al público. Lo hace mediante un pequeño coloquio en el que conversa con los espectadores con el objetivo de abrir un debate. ¿Un delincuente tiene derecho a una segunda oportunidad? ¿Hay que utilizar recursos económicos para reinsertar a un asesino a la sociedad? ¿Nuestra sociedad se define con respecto a que decisión tomamos entre recuperar a las bestias o dejarlas olvidadas en un encierro infinito? Para contestar a estas preguntas la dramaturgia de ‘Bestias’ se construye sobre dos espacios de representación.

El primero se viste de teatro documento para enmarcar la historia con un lenguaje verbal donde la ficción en forma de documental consigue un sustrato histórico y objetivo que da verosimilitud a toda la representación. La video proyección está inspirada en la Special Unit creada en la Escocia de los años 70. Un programa que pretendía rehabilitar a los presos violentos mediante el aprendizaje de diferentes disciplinas artísticas.

El segundo es el terreno material del escenario donde la gestualidad  es la base fundamental que marca el camino de una historia apoyada en el relato y el diálogo. Los personajes se construyen a partir de la expresión corporal y sin embargo, como confesó Carla Novi en el coloquio posterior, ella siempre empieza trabajando con un texto, y es el camino que lleva del relato a su corporeidad quien determina la composición final de los personajes. Por eso la Carla Novi autora del texto le pasó el encargo a la Carla Novi actriz, que a su vez se puso en contacto con la  coreógrafa Enara Tarragó. El trabajo de ensayos fue la clave para encontrar el centro de gravedad de cada personaje, por eso los matices son esenciales. Las diferencias de tono entre el lenguaje narrativo que usan los personajes para las reflexiones y los recuerdos, y como se modifican en el diálogo, pero la mayor apuesta son los momentos en los que la expresión narrativa salta hacia la coreografía, y los personajes entran en un nivel diferente en el que abandonan la peripecia para alcanzar una pulsión artística independiente. Un punto onírico donde se liberan de la prisión. No se trata de diferenciar a cada uno de los personajes mediante el recurso de hacer un nudo en el vestuario de la actriz. Todo es mucho más sutil y excitante. Un ejercicio minimalista en el cuerpo de Carla Novi que se percibe nítido y emocionante, capaz de mantener la tensión en cada nuevo paso, hasta alcanzar la idea desoladora de que todos los protagonistas de la historia están rotos… y entonces me planteo dos dudas que van más allá de la representación y que apelan al mundo real. ¿Redimir a estas personas no será una tarea demasiado grande para hacerlo solamente desde el arte? ¿Una función de teatro será capaz de modificar la mirada de los espectadores para con los presos de verdad? En esas encrucijadas es donde se fragua la emoción, porque la apelación al patio de butacas se aleja del panfleto y se centra en el uso delicadísimo de una ficción que solo expone la historia, sin caer en la trampa de promover una reivindicación concreta.

La larga ovación final estuvo cargada de la electricidad que se genera cuando el aplauso es de piel y corazón. En el aire flotaba la vida de las bestias mientras se expandía la catarsis que demuestra la importancia del teatro como el ágora donde las hechuras de la ficción nos llevan hasta los vericuetos de la reflexión.

El programa de mano de ‘Bestias’ recuerda que este espectáculo nace de la necesidad de la autora de entender de donde surge tanta violencia, y que es lo que hace que unos cuerpos sean violentos y otros no. Y sin embargo la función me dejó pensando que nos encontramos ante valores que no son absolutos. La relación ser humano/violencia es una señal dual indisoluble, y lo único que podemos hacer es aumentar la potencia que nos acerca a la primera, mientras minimizamos la intromisión de la segunda pero…¿qué ocurre si una parte de la sociedad hace exactamente lo contrario? ¿Qué podemos hacer cuando la gestualidad y el verbo son colonizados por actitudes violentas que se amplifican y distribuyen con la rapidez de las nuevas tecnologías y la profundidad social de la televisión generalista?

Carla Novi hace un teatro necesario donde las herramientas de la sensibilidad y la belleza formal nos muestran las facetas de una realidad susceptible de cambio, y quien sabe si percibirla desde la emoción es el primer paso para lograrlo… pero también es posible que dejaremos ganar la batalla a los furibundos que agitan el odio y aumentar en número de bestias.

‘Bestias’

Texto, interpretación y dirección: Carla Novi. Voz en off/videos: Harvey Holtom. Coreógrafa: Enara Tarragó. Música: Aldo Obregón. Diseño de Iluminación: Valeria Vélez. Entrenadora de voz: Javiera Guillén. Diseño de cartel: Susana Sánchez. Agradecimientos especiales: Carlos de Matteis. Asistencia técnica para esta función: María Aladrén y Louis Wells.

Sábado 8 de noviembre de 2025. Teatro Bicho.


Etiquetas: , , , , , , ,

03 junio 2025

Si fue mi maestro un sueño

 


Una deliciosa burbuja

El dramaturgo Miguel del Arco le contaba a la periodista Rocío García que en Madrid hay una burbuja entre los de sus profesión en la que se piensa que la homosexualidad está normalizada en todas partes cuando eso no es así. Y sin embargo después de cuarenta años con la misma pareja todavía son incapaces de darse la mano por la calle porque ese acto de intimidad se considera un acto político que despierta muchas miradas.

‘Si fue mi maestro un sueño’ es una historia de amor entre dos hombres que tampoco se dan la mano, ni siquiera en la intimidad. La dramaturgia se construye sobre tres pilares narrativos que se presentan de manera paralela sin llegar a confluir de manera contundente: la peripecia, el simbolismo y la banda sonora.

La peripecia sitúa la acción en el año 1934. Un profesor llega a un pueblo con el ímpetu que la Segunda República puso en la escolarización. Allí se encuentra con un lugareño y el flechazo es instantáneo. José y Aureliano crean un mundo alternativo al devenir del pueblo hasta que la guerra civil separa definitivamente sus vidas. El lenguaje que predomina en esta parte de la función es la narración de los acontecimientos, que poco a poco se va combinando con escenas que ganan peso dramático. El trabajo actoral de Fran Díaz y Pedro Endolz tiene un deliberado toque de ingenuidad formal con un aroma tan amable que diluye la contundencia del arco dramático que contiene la historia. Una vía de escape del realismo a la que añade un toque simbólico.

El simbolismo está representado por el uso de ‘La vida es sueño’ de Calderón de la Barca. Todo comienza con el verso que titula la función, y continúa con el uso explícito de otras partes del texto, para que los personajes de Segismundo y Rosaura eleven la relación homosexual de los protagonistas a un lugar poético, y desde ahí reflexionar sobre la dualidad entre la tozuda realidad que nos rodea y el libre albedrío de ser lo que uno quiere ser. Si Segismundo se lamenta de su vida confinada en una torre. José y Aureliano solo pueden mostrar su relación en la intimidad del hogar., y sin embargo en lo más profundo de su pensamiento, a ellos les gustaría comportarse con la valentía de Rosaura para criticar las convenciones sociales, buscar su propia identidad, y desafiar la definición de género al uso de la época.

La banda sonora incluye, entre otros, a Sinatra, Aute, Chavela y Berlanga & Canut para mezclar estilo y tiempo diferentes con una sola misión: subrayar con letra y melodía el significado de cada pequeña escena representada. Pero permíteme una confesión. Tuve la sensación que la apenas esbozada arquitectura dramática en realidad era la justificación para regalarnos con una combinación de diversos estilos musicales con unos sencillos y eficaces arreglos al servicio de la voz y la guitarra acústica de Pedro Endolz que, si comenzó un poco dubitativo, muy pronto alcanzó la serenidad necesaria para transmitir la emoción que brillaba en sus ojos

Sábado 17 de mayo de 2025. Teatro Bicho


Etiquetas: , , ,

01 marzo 2025

Microcierzo 2ª Edición

 


Microcierzo. Segundo Certamen de Microteatro en Teatro Bicho

 El 22 de febrero se celebró en el Teatro Bicho la segunda edición del certamen de microteatro Microcierzo. En esta ocasión todo se jugaba a una sola ronda con una sala repleta de público y seis participantes que se pueden dividir en tres grupos.

En el primer grupo se advierte una tendencia estática que no estable con claridad un lenguaje más contundente y sólido de comedia. Tanto en ‘Problemas conyugales como en ‘El consultorio’ se instalan en unas premisas iniciales que prometen mucho pero no terminan de crecer más allá de una comicidad en busca de alguna frase ingeniosa o una situación risible


‘Problemas conyugales’ de Encama2 establece desde el inicio un interesante diferencia de carácter entre unos protagonistas a lo que Vero y Diego les tiene muy bien pillado el tranquillo. Pero a partir de ahí todo se iguala en un relato demasiado plano, que deja la comicidad en manos de unos giros más o menos ocurrentes. No se trata tanto de alcanzar un ritmo de comedia de alta velocidad de ejecución, que en esta sitcom de pachorra es perfectamente evitable, más bien el reto está en conseguir que todo lo anodino de la situación, que por sí misma ya es graciosa, no contamine el sketch hasta el punto de diluir unos chascarrillos que todos estamos esperando, y precisamente por eso, se nota que cuando la situación se rompe con una infidelidad qu siempre ha estado rondando en el ambiente, la sonrisa irónica de la actriz es un mecanismo que se queda corto para explotar ese momento de comicidad.


‘El consultorio’ de La Integral Teatro nos presenta a una treintañera con dudas existenciales y a una pitonisa que vaya usted a saber. La apuesta por la aceleración de la prosodia de María se ve afectada por un cierto atropellamiento corporal que desenfoca la acción hasta impedir recibir con claridad donde se sitúa exactamente el conflicto con su antagonista. Marisa, al contrario de su compañera de escenario, juega a estar tan pausada y relajada que a veces perdemos la audición de sus réplicas y por lo tanto el propósito de sus intenciones. La situación es potencialmente cómica por esa disparidad de caracteres, y sin embargo no termina de alcanzar la tensión que haga saltar la chispa entre esos dos polos, y así la comedia se esfuma por encima de una mesa que aleja a las protagonistas en lugar de entretejerlas.

El segundo grupo se caracteriza porque los personajes y su función dentro de la situación cómica están mejor definidos, y eso favorece el desarrollo de la comedia



‘La mejor bollera’ de B de B empezó con ese puntito de ansiedad que alborota desplazamientos y gestualidad, y sin embargo la percepción de los personaje es nítida en medio de un cierto descontrol que tiene la virtud de transformarse en una vendaval de energía,y eso siempre se agradece desde el patio de butacas. Esta volatilidad presencial se sosegó bastante cuando en un giro muy chulo se incorporó la narrativa del musical. Es ahí donde Irina Arenas y Catalina Morón detienen lo justito la maquinaria para que la tranquilidad ente en escena. Cuando el pentagrama sale de la peripecia regresa ese ritmo acelerado de unas interpretaciones que sin embargo ahora están mucho nítidas y ajustadas. Es una pena que cuando el embrollo sentimental entre las protagonista queda al descubierto no se detenga del todo la acción en un remanso de sosiego, un girito que daría mucho más peso a ese cambio argumental para sumar otro acierto a esos deliciosos momentos musicales.



‘El pintor austriaco’ de Extintos Teatro fue el número donde la comedia estuvo mejor definida. La dirección y el texto de Rodrigo Muñoz sitúan el peso cómico de los personajes en la intensidad perfecta de una prosodia que potencia la firmeza de las frases, la intencionalidad de la réplicas y una moderación en la gestualidad que sin embargo es capaz de provocar situaciones cómicas mediante la ilustración de chistes que de esta manera van más allá de lo verbal. Todos estos materiales narrativos están perfectamente sincronizados y expuestos para elevar la comicidad de un texto inteligente, donde una aparente cotidianidad costumbrista nos avisa de la expansión neonazi o similares que está sucediendo a lo largo y ancho del continente europeo, hasta provocar esa maravillosa sensación de hacer reír mediante una situación real que no tiene ninguna gracia, y además viene cargada con un pasado histórico que parece regresar con fuerza.

El tercer grupo lo componen los dos participantes que se alejan del texto y ponen el acento de sus interpretaciones en la gestualidad.



‘¡Tira!’ de Facultad Mermada apuesta por poner a un payaso al filo de la dificultad de trabajar con un asunto tan delicado como el maltrato machista. Ese el mérito de una propuesta valiente para agitar un problema social que siempre nos llega desde la sección de sucesos. El desarrollo de la dramaturgia es demasiado simple. Cuando la mirada de Helena Castillo toma el escenario, su terror es nuestra sonrisa y eso ya es un logro. Pero todo ese desplazamiento que la lleva del agua bendita al banco de los rezos está pidiendo una yincana de dificultades físicas que nos pongan todavía más de su lado para que, cuando se desvele el verdadero motivo de sus rezos, hiele las sonrisas previas



‘Mi vida en caja’ es una propuesta muy interesante por la utilización de los elementos narrativos que la componen. La base de la historia se sustenta en un ejercicio práctico de la metodología de interpretación Lecoq. Un sistema que se hunde en aquello tan antiguo de separar el personaje del actor mediante la máscara, al contrario de la Grecia clásica donde las máscaras respondían a arquetipos básicos, las máscaras del método Lecoq se caracterizan por aumentar una expresividad muy concreta que concentre la atención del espectador. Ese reclamo permite al actor centrar su actividad en la exploración del personaje mediante el cuerpo en movimiento. En ese sentido la dirección de Ivet Sanza me pareció que se centraba en que los movimientos y la actitud del actor Luisal Martu mostraran aspectos básicos de esta metodología y, sin grandes sorpresas, conseguir un efecto realmente hipnótico. La ausencia de palabras para definir al personaje se sustituyó por una deliciosa melodía incidental de piano a cargo de Estefanía Flox, y cuando la relación entre el personaje de la máscara parecía estar en el mismo plano narrativo, hay un magnifico giro que cambia el rol de la música para convertirla en diegética, irrumpir en la escena y dar un sentido poético y sentimental a una escena emocionante y muy bien construida.

El certamen terminó con la votación del público y el veredicto del jurado que en este caso coincidió en premiar a ‘La mejor bollera’ de B de B. Así que la organización con buen criterio decidió darle el premio del jurado mientras que el premio del público se le entregaba a ‘La vida en caja’ gracias al segundo lugar entre las preferencias del público y ya saben, ¡¡nos vemos en la tercera edición!!

 

Segunda edición de Microcierzo

22 de febrero de 2025. Teatro Bicho.



Etiquetas: , , , , , , , , , , , , ,

08 febrero 2025

Sex o no sex para principiantes


 

Una comedia para despejar dudas

Shakespeare escribió para Hamlet, uno de los monólogos más famosos de la historia del teatro a partir de una frase que todos hemos repetido alguna vez. "Ser o no ser esa es la cuestión" quiere resolver una duda que parte de una certeza. El príncipe de Dinamarca sabe que el suicidio le llevará hasta el ámbito de los muertos sin embargo, la preocupación del personaje es saber si encontrará algo más allá de la muerte, o la nada más absoluta. Si tras la muerte se mantiene el "ser" o irremediablemente será un "no ser".

'Sex o no sex para principiantes' nos sitúa ante un dilema similar. Que el sexo está ahí es una certeza porque es un terreno abonado a la tentación de contar experiencias bien sabrosas que muchas veces no lo son tanto, por no hablar de esas historias que son pura ficción. ¡ sabe de lo que habló. Pero todas las dudas surgen cuando entramos en la geografía del sexo con el cartelito de principiante. Un vez aterrizados en esa cartografía lo habitual es perderse por el camino, acumular equivocaciones y alejarse de esa meta mítica de conseguir un orgasmo de faralaes con castillo de fuegos artificiales.

El inicio de la función es toda una declaración de principios. Meli León irrumpen la sala sobre ruedas con una descarga de energía que rebosa más allá del escenario, enciende la vitalidad del patio de butacas y se mete al púbico en el bolsillo. es un preámbulo que ya nos avisa de la importancia que va a tener el trabajo físico para la representación de una dramaturgia que utiliza diferentes elementos narrativos que se pueden resumir en tres grandes apartados.

La utilización de sucedidos, juegos de palabras y algunos chistes que bucean en ese territorio donde se subraya la comicidad del monologuista que busca el girito ingenioso para provocar la risa. Este recurso nos deja algunos momentos brillantes, pero también roza el peligro de caer en un ejercicio reiteración. La teatralidad vuelve a ganar enteros gracias a la incorporación titiritera. Unos delirantes Adán y Eva descubren la tabla de gimnasia que ha marcado la historia sexual de la humanidad. Finalmente el grueso de la obra se centra en una representación donde la palabra y la acción conviven en el cuerpo de una terapeuta, o vaya usted a saber, que empieza por recordarnos a la Eva bíblica con hoja de parra y la manzana, hasta convertirse en la televisiva Eva Nasarre de los años ochenta. Un salto temporal que propicia una explicación práctica con un solo objetivo: dar herramientas a las chicas del siglo XXI para extraer la máxima productividad sexual cuando les toque bregar con una pareja de baile con careto de susto y conocimientos de principiante.

La dirección de Jaime Ocaña suelta el carrete ante una actriz que nos regala una presencia y un trabajo tan poderoso como determinante y, aunque es verdad que la tensión de la comedia se mantiene en el escenario, en algunos momentos la puesta en escena muestra un problema de ritmo. No se trata tanto de hacer las cosas más o menos deprisa, sino de conseguir dos objetivos.

El primero es encontrar el flujo adecuado para que las frases cómicas no detengan la acción, porque el recurso de buscar la risa cómplice del espectador y detenerse es una elemento importante de la comicidad, pero utilizarlo en exceso reduce ritmo y teatralidad a la comedia. El segundo tiene que ver con la manera de enlazar las pausas que a veces se generan entre cuadros, pequeños espacios temporales en lo que deja de fluir tanto la acción como la palabra y provoca un paréntesis. Afortunadamente la comedia siempre regresa al escenario después de estos pequeños detalles, que una vez engrasados con más actuaciones llevarán la representación a otro nivel con un equilibrio mucho más depurado entre los elementos que componen la comedia y su ejecución en escena.

Meli León se enfrenta a esta complejidad narrativa con la verdad de la pasión. La intensidad de su trabajo marca definitivamente el desarrollo de la peripecia, su manejo sobresaliente de la teatralidad física llena el escenario de gestualidad, coreografías y elementos gimnásticos que siempre suman, sorprenden y le dan más flow a una prosodia cómica entre la metralleta de chistes del stand up y un café teatro que revela las virtudes escénicas de una actriz que utiliza la mirada femenina para subrayar "anacronismos del pasado"

La función se cierra con la imagen simbólica de los juguetes sexuales tomando la situación y el foco. Tal vez sea un aviso para principiantes y después de estas primeras lecciones básicas de sexo para principiantes, lo suyo sería una segunda parte para contar la historia de como los materiales sintéticos, vibradores y otras herramientas de ensueño han pasado a ser los protagonistas de una nueva era: El sexo tupperware.

 

'Sex o no sex para principiantes'

Dirección: Jaime Ocaña. Intérprete: Meli León.

Viernes 7 de febrero de 2025. Teatro Bicho.


Etiquetas: , , ,

26 febrero 2024

Final de la primera edición de MicroCierzo


 

El microteatro se hizo fuerte en la ciudad de Zaragoza en la primera década que inauguraba el siglo. No citaré nombres para no dejarme ninguno pero es imprescindible acudir a la figura de Santiago Meléndez como uno de los principales impulsores de aquel movimiento que, entre la curiosidad artística por buscar nuevos formatos y sobreponerse al 21% de IVA que el Gobierno de entonces asignó a los productos culturales, pretendía encontrar a un público que flaqueaba en el patio de butacas.

La explosión creativa fue un regalo para los aficionados que disfrutamos de la mezcla entre intérpretes con experiencia y las nuevas hornadas. Espacios clásicos como el Teatro de la Estación o el Teatro del Mercado abrieron sus puertas a una experiencia que nació en otros ámbitos más alternativos como las escaleras de El Extintor, un estrado en La Vía Láctea, las venas del Teatro Bicho, cualquier recoveco en El albergue municipal, la penumbra aterradora de La fábrica de chocolate y todo el espíritu porteño que nos trajo Gromeló. El microteatro siguió activo  a lo largo de estos años extendiéndose por  algunas cajas de la ciudad, habitaciones de hotel y domicilios particulares.

Zaragodzilla Teatro y Teatro Bicho han organizado la primera edición de Micro Cierzo. La intención del certamen, más allá de premios y calificaciones, es generar ese tejido teatral tan necesario para que profesionales y público se encuentren alrededor de una fórmula ideal para probar textos, que los actores tomen el pulso a las tablas para afianzar interpretaciones. Unos eventos que tienen la posibilidad de tomar el pulso a los problemas de la ciudad y convertirse en un altavoz social alternativo mediante piezas con una duración máxima de 15 minutos. El domingo 25 de febrero se celebró la final con cuatro propuestas frescas e interesantes.

El Salto comenzó la sesión con una propuesta valiente porque da visibilidad a las nuevas realidades mediante una apuesta firme por la tragedia que asola la relación entre dos mujeres que han utilizado el método ROPA para compartir maternidad. Se trata de una fecundación in vitro con embriones de una de ellas (madre genética) que posteriormente se transfieren al útero de la otra mujer de la pareja (madre gestante) La complejidad de esta toma de decisiones se ve definitivamente agravada por un accidente que pondrá en crisis la relación de la pareja. La pieza parte con un desequilibrio de energías entre los personajes donde las palabras y el silencio compiten en la presentación de los personajes. El inicio es un poco dubitativo, los movimientos son ligeros, les falta peso y transmiten inseguridad. Pero es solo un lapsus. Todo cambia cuando el rol entre silencio y palabras cambia de bando. Es la magia incomprensible del teatro. De repente el peso actoral está ahí y es capaz de cortar el ambiente. Ana Cózar tira las frases con energía mientras las lágrimas rojas de Rosa Herrero rasgan, emocionan y  aún falta lo mejor. El fundido a negro final deja el grito de una pregunta flotando en el aire y ese delicioso segundo que el público tarda en reaccionar porque las palabras  nos han golpeado en el estómago y nos quedamos a la espera de una respuesta que no llega. Un final magnífico.

‘La Zarza triste’ fue la propuesta más arriesgada. La Zarza vive en la frontera entre la lírica de requiebros poéticos, metáforas de luna plateada y un abanico que quiere ser tan cañí como sus gafas. Pero a la Zarza le pasa como al maquillaje de su cara, que no sabe muy bien qué dirección tomar. El travesti que hace playblack, el bufón trasnochado de un after, o la reinona de taconazo y nylon negro. Carlos Fontana juega entre una interesante dicción que va del quejío de sufrir al pellizco de reir, y un teatro físico que pide un poco más de elaboración. Cuando la Zarza hace mutis por el foro, a uno le queda la esperanza de que va a volver para contarnos sus días de poderío, copla y carmín.

‘Tía!’ es un sketch estupendo que juega a hablar de un amor que no vemos y sin embargo lo tenemos delante de las narices. Dos personajes que forman un tándem que mantiene el ritmo de la comedia gracias a la eficacia con la que Danae de Vries y Gemma Pina construyen el rol de cada uno de sus personajes, y esos pequeños detalles que cambian la gestualidad, las miradas y la dicción para hacerlos tan adorables que te quedas con ganas de más.

‘A pedir de boca’ de Salvache Cultural es un ejercicio de naturalidad y frescura. Un texto muy bien escrito y trabajado que Nashaat Conde y Jorge Huertas se meriendan con solvencia, seguridad y ese gustillo que da la experiencia para morcillear enlazando con la escena del grupo anterior. Lorena Soler irrumpe en ese ambiente jovial que ya se ha establecido como contrapunto gestual que va del mohín a la sorpresa para huir de tanta palabrería y potenciar aún más la nota de humor. La fórmula funciona de maravilla y pide que ese tono de comedia de salón pase del tamaño de microteatro a un formato más extenso.

El público llenó el patio de butacas para certificar que el formato interesa. Ahora tendremos que esperar hsata próximas ediciones con la esperanza de que se afiancen temáticas que sigan la estela del ‘Método Roca’ y ‘La Zarza triste’, o que además del humor siempre necesario de salón aparezcan otras tonalidades para recoger las realidades que muestren el devenir de la sociedad y los problemas y pulsiones propias de la ciudad. Todo sea por el placer orgánico de aplaudir en el ágora del teatro como reunión ciudadana.

Domingo 25 de febrero de 2024. Teatro Bicho




Etiquetas: , , , , , , , , , , , , ,

18 abril 2023

El peor día de mi vida


 

El peor día de mi vida o vaya usted a saber

El pasado 17 de abril se estrenó en el Teatro Bicho la función 'El peor día de mi vida' en la que participaron los usuarios del área de salud mental del Espacio Visiones de la Fundación Rey Ardid. Uno de los objetivos de esta Fundación es promover la inclusión social mediante la participación a través del arte. En ese sentido me atrevo a señalar que la interpretación a través del teatro tiene la virtud de aprovecharse de las esencias que visten al oficio de actor: Situarse delante del público y estar presente sobre el escenario en un aquí y ahora sin intermediarios, visibilidad sin trampa ni cartón, está persona que ven ustedes soy yo y me voy a transformar en el personaje que necesita la historia que les vamos a contar.

La función homenajea el tipo de humor que la película 'Clerks' (1994) puso de moda, y en el que primaba el arte del diálogo con situaciones siempre sorprendentes en medio de un decorado muy sencillo por el que Transitaban dudas, chascarrillos y unos personajes muy peculiares. 'El peor día de mi vida' recoge esa esencia para destilar anécdotas que nacen de un trabajo previo de improvisación sobre situaciones que nacen de la realidad, y a las que se les añade el puntito justo de sal para convertirlas en un hilarante momento escénico que se soporta en un espacio prácticamente vacío y con escasos elementos de atrezo para centrar la atención en lo más importante: Disfrutar del trabajo de unos actores dispuestos a construir una comedia hilarante.

El sentido del humor que destila la función se consigue gracias una dramaturgia que combina un tiempo corto y trepidante con una historia más pausada a partir de un carrusel de escenas que nacen de dos técnicas narrativas: El sketch como pieza teatral mínima en la que la comicidad se sustenta en el diálogo. El gag donde el chiste tiene el impulso fundamental de la gestualidad. Aparentemente nos encontramos ante una avalancha de minúsculas piezas dramáticas que saltan sin orden ni concierto de una situación a otra para provocar una risa inmediata provocada por la sorpresa, el malentendido o el golpe de efecto que va del humor blanco hasta el mayor de los absurdos. Pero conforme avanza una función que nos arrolla, se van introduciendo peripecias que trenzaran de una historia de desarrollo más lento hasta que abrochará el final de la función con una comicidad nutritiva, para invitarnos a reflexionar sobre el fracaso y el delicado equilibrio en el que se sustentan algunas relaciones humanas, al mismo tiempo que abre una enorme puerta a la esperanza de un océano lleno de personas tan diferentes que sería muy difícil no encontrar a alguien que esté en la misma vibración de onda que tú.

Esta combinación de una narrativa a dos velocidades también se reproduce en el trabajo actoral. Mientras Fran Martínez permanece durante toda la función en el escenario como receptor de un montón de acciones que le estallan delante de sus narices, el catalizador que centraliza el ritmo, a veces con un pequeño acelerón, pero también dejando el espacio y el tiempo necesario para que sus compañeros del Espacio Visiones articulen sus personajes con eficacia narrativa. Unos actores amateur que agitan la comedia con intervenciones encadenadas y sin descanso hasta la culminación final, cuando el patio de butacas irrumpió en una ovación atronadora como colofón a las risas y Carcajadas con las que se recibieron cada uno de los giros de la trama. Fue en medio de ese merecido jolgorio cuando pensé que el trabajo realizado entre bastidores por Eva Caballero y Adela Chávez bien se merece otra comedia, una en la que se cuente el trasiego que el espectador nunca ve, ese jaleo que se puede intuir y que consigue hacer fluir la presencia de tantos actores en danza para levantar una comedia tan guapa como "El peor día de mi vida".

____

'El peor día de mi vida'

Organiza: Teatro Bicho y Fundación Rey Ardid. Colabora: Ayuntamiento de Zaragoza. Dramaturgia y dirección: Fran Martínez. Actores: Usuarios del Espacio Visiones, Eva Caballero, Adela Chávez y Fran Martínez.

 

17 de abril de 2023. Teatro Bicho.

Etiquetas: , , , , , , ,

18 febrero 2023

17 Acciones

 


17 Acciones heterodoxas entre la vida y el teatro

`17 Acciones` es una función en la que Noelia Marín y Gabriel Caballero plantean un mundo teatral dividido en dos planos narrativos que, ocupados por una performer y un actor, encuentran un semillero creativo en el espacio común de los sueños.

Para situarme ante la acción acudo pongo a los protagonistas bajo una  premisa que los defina: El actor ocupa el centro del acontecimiento teatral bajo el paraguas o la tempestad de un texto y unas acciones establecidas previamente para interpretar un personaje que no es él. La performer se caracteriza porque utiliza otros lenguajes narrativos, pero en lo fundamental habla y actúa en nombre propio en tanto que artista y persona. La introducción abona este terreno previo y deja claro ambos papeles: El actor se esconde tras la máscara. La performer parte de la intimidad más personal para vestirse de artista. Es el momento de lanzarse por un tobogán, un sube y baja para que todos, también el patio de butacas, juguemos con palabras, gestos y bailes.

El lenguaje textual ese el territorio esencial del actor y ahí se muestra seguro y con aplomo. La pausa y la cadencia de su voz es el vehículo que cuenta historias. La performer transita de una manera muy personal por el arte mayor de leer poema. Lo hace con una dicción de corrido que, con su puntito indolente, se sitúa en una actitud tan personal como poco interesante hasta sumergirse en las antípodas de la representación.

La aparición del gesto provoca en ambos protagonistas una reacción muy diferente. El actor se esconde en la falsedad de un air guitar para generar energía escénica mediante la tensión entre su silencio y el Trash Metal, pero ese contraste exento de palabras se percibe tan plano como impostado. El actor enmudecido pierde pie porque la energía no se transforma en la emoción y, aunque se desfonda, su esfuerzo no va más allá de una caricatura. La performer por el contrario se mueve diáfana, su cuerpo genera ondas que atrapan la mirada del espectador mientras el actor cae cautivo de la repetición de las acciones propias de cualquier obra de teatro. Va y viene una y otra vez atrapado en el ciclo botella-vaso-escenario-embudo. El actor se enfrenta a un bucle que no entiende. La repetición teatral solo tiene sentido si la función se resetea y se comienza de nuevo. Sin embargo, no hay una justificación argumental cuando la repetición se produce en la misma escena, y entonces se pierde músculo teatral, al menos hasta que la performer acude en su ayuda, rompe el bucle y crea la imagen de una fuente como una copa de vino.

La actitud del actor y la performer es muy positiva cuando el espacio en el que se desarrolla la representación se pone patas arriba. Es el momento de las mareas de las sillas. El actor asume un papel complementario mientras la performer se activa,  saca partido personal a la marabunta y se siente cómoda en un terreno que le es favorable. En ese momento los espectadores aún estamos un poco despistados. En ese momento desconocíamos que la ruptura de nuestra posición habitual durante un espectáculo teatral tan solo ere el preámbulo de un momento peligroso: La realidad invade la ficción.

El primer paso fue mudar el patio de butacas y desplazarlo. El nuevo espacio se percibe ajeno a la ficción, y ahí la performer se mueve con naturalidad, se integrada sin problemas en lo que ha dejado de ser representación para convertirse en un acto sorpresivo y divertido de la vida. El actor sin embargo necesita recurrir a un elemento cultural para cambiar la dinámica que la realidad generaba. Quizás por eso irrumpe con un ritual cultural que modifica la acción dramática mediante una canción y un fundido a negro.

El peligro de un público que ya se siente parte de la ficción es que no atiende a dramaturgias ni a dinámicas dramáticas. Es un estado muy volátil en el que puede ayudar con la coreografía inacabada, o formar parte de una cadena achilipú de transmisión de datos, Pero también puede romper el hilo de la comunicación o retrasar el desarrollo temporal de la ficción como ocurrió este caso y así, cuando la dramaturgia señalaba que los espectadores debían regresar a su papel de espectadores, pero una muchacha decidió dar rienda suelta a sus necesidades fisiológicas en el plano de la realidad, un breve espacio de tiempo en el que actor y performer deciden suspender la ficción. La pausa diluye la magia del teatro hasta desaparecer. Desde un punto vista formal, este acontecimiento sería un fracaso absoluto para una función ortodoxa, pero en este caso el cataclismo se asumió con naturalidad porque, quien sabe, tal vez `17 Acciones` va de eso, de poner en solfa las herramientas con las que se construye el teatro, situar cada sesión en el borde del precipicio y, cuando la realidad toma de nuevo asiento, recuperar el territorio perdido de la ficción.

El actor y la performer lo tienen claro, esperan a que la realidad se siente de nuevo en la butaca y recuperan sin darse importancia el territorio de la ficción… o no, vaya usted a saber porque, en la función de ayer se sirvieron unos platos que son perfectamente sustituibles por otros diferentes para cambiar toda la dinámica teatral.

La función termina con los dos protagonistas en escena pero tan solo es el actor quien regresa a su estado natural librándose de la máscara, mientras la acción se materializaba pensé que `17 Acciones` tiene el interés del experimento que pone en jaque la comunicación entre quienes hacen teatro y quienes lo consumimos. La situación se percibe maleable, y los platos que se sirvieron en la función de ayer son perfectamente sustituibles por otro menú, con otras características pero con la misma intención de modificar la habitual dinámica teatral.

El espectador puede divertirse jugando a poner etiquetas a todo lo que allí ocurre, empeñarse en comprender la propuesta, o simplemente dejarse llevar y disfrutar de un happening al que tal vez le falta un puntito de tensión dramática que defina con nitidez las diferencias entre los dos personajes, que el conflicto surja de la discrepancia a la hora de enfrentarse a la representación teatral. Y ahora, mientras escribo estas líneas me pregunto si Noelia Marín y Gabriel Caballero dedicaran algún tiempo a reflexionar sobre lo que ocurre en cada pase, si catalogarán las diferentes reacciones del público, o han pensado en extraer algunas conclusiones para convertirlas en las proteínas de una representación ortodoxa.

____

`17 Acciones`

Reparto: Noelia Marín y Gabriel Caballero.

17 de febrero de 2023. Teatro Bicho.


Etiquetas: , , , ,

05 diciembre 2022

Ratas y canguros: Divertimento para mamíferos

 


Teatro Bicho ha trasladado su sede a la calle Ricardo el Arco en la margen izquierda y así, un antiguo video club se ha convertido en uno de los últimos reductos del teatro alternativo de la ciudad. El nuevo espacio se inauguró el 18 de noviembre con la función de Teatro PezKao titulada «Ratas y Canguros».

Aunque las ratas y los canguros pertenecen a la familia de los mamíferos, no es lo mismo pensar en un maldito roedor que en la simpatía de un marsupial, al menos desde nuestra latitud norte, vaya usted a saber lo que pensaran Los australianos.

La sobriedad en la escenografía invita a que la dramaturgia se extienda más allá de espacio escénico, como si el hecho teatral huyera de su responsabilidad dramática, troceara la realidad mediante escenas sueltas que, sin relacionarse directamente con el público, lo apelan sin miramientos con una dialéctica que enfatiza argumentos, conversación y discusiones, hasta deslizarse por el delicioso mundo del absurdo. Un apetitoso terreno que se deja querer por los desequilibrios cotidianos, como si todo lo que ocurre en el escenario fuera un experimento creativo de la vida, dos personajes que mutan con la única intención de encontrar un humor esencial que, entre peripecias particulares y una sutil diversión, provoque en el patio de butacas un acto de reflexión antes que una carcajada sonora.

Fran Martínez y Nashaat Conde nos regalan una interpretación en la que domina el control del tiempo, el silencio y la lentitud. Las escenas se llena de miradas y pequeños gestos para conectar un realismo desganado con las inquietudes de los personajes, pero cuando menos te lo esperas las palabras llegan en avalancha, desembocan en un desequilibrio que rompe las situaciones creadas, y nos obligan a mirar el mundo con un prisma muy particular, una lente de aumento que nos avisa del peligro de caminar permanentemente por la cuerda floja, de compartir la vida con otros mamíferos y sin embargo ¿qué otra cosa podemos hacer las ratas y los canguros más que unir nuestras fuerzas contra el apocalipsis zombi que cada día asola nuestras vidas?

 

 


Etiquetas: , , , , ,

20 junio 2020

La catarsis stripper de Penny




Hacía mucho que tenía este espectáculo pendiente pero el tiempo pasaba y los horarios de Penny no terminaban de acoplarse con los míos y así, en lugar de ir a verla a La Suite, el encuentro se produjo ayer en el nuevo local de Teatro Bicho, el penúltimo día de la Fase 3 de esta pandemia que nos había dejado sin teatro y a puntito de entrar en la nueva normalidad distópica de nuestras vidas. La espera mereció la pena cuando la función, que comenzó con veinte minutos de retraso, puso delante de mis ojos una imagen mucho mejor que la del cartel que encabeza esta crónica: Penny ya no es pelirroja de pelo largo, ahora es morena con el pelo recogido en dos moñetes galácticos, sus gafas han dejado de ser marrón de concha de una vidente de un programa nocturno de esa tele que nadie ve pero todo el mundo consume, para convertirse en dos diminutos rectángulos color pistacho que conectaban sus ojos con los míos, y en lugar de un traje de chaqueta negro como fetiche para cubrir el cuerpo, la nueva Penny me recibió con un ajustado traje de terciopelo a cubierto de una chupa de cuero, todo de negro, como el tacón alto de sus zapatos de tírame tu mirada y fíjala aquí, en esa espectacular presencia que es Penny atrapada en plástico. Y así, tras la sorpresa inicial de tantos cambios a mejor, amé a Penny a primera vista.
Penny es una striper como otros son mecánicos, electricistas o dependientas del Zara, al fin y al cabo Penny llegó hasta su profesión por uno de esos avatares que pasado el tiempo no sabes muy bien como calificar y sin embargo, lo que Penny no olvida es que en realidad lo que ella quería ser era estrella del cine que es mucho más que ser una actriz. Es algo muy parecido a lo que nos pasa a usted, improbable lector y a mí, o lo que le pasaba a los sueños del mecánico que quería ser piloto de Fórmula 1, del electricista que soñaba con ser un astronauta en el Apolo y a la dependienta de Zara que siempre quiso ser estilista de J Lo, Shakira y Beyonce. Porque el espectáculo que levanta Penny, entre el hidrogel alcohólico, las mascarillas y el fusfrish,  va de eso, de reconocer sin remilgos lo que de verdad somos para que la mala vibra inquisidora abandone nuestro cuerpo y nos deje ser, por fin liberados, lo que una vez soñamos. Conseguirlo puede parecer difícil, pero es mucho más fácil si sigues las indicaciones de Penny. Tienes que estar muy atento porque Penny es de mucho hablar y mirar a los ojos del espectador. Ella no puede contener tantas ganas de conectar con su público, de sentirse querida. Penny nos cuenta su vida porque que es imprescindible para entender cómo ha llegado a convertirse en camino y guía, por eso nos habla de las emociones que construyeron su personalidad, del día que subió al cielo de la licra y del día que bajo al infierno del folclor. A mí, en ese entregarse, me recordó al monólogo de La Agrado de la película Todo sobre mi madre de Almodóvar, y a ese maravilloso momento en el que con tan solo desabrocharse un botón de su rebeca consigue que un personaje común y de diario se convierta en toda una brillante ráfaga de humor y buen corazón, las mismas herramientas que usa Penny para meterse al público entre la piel y la cinta de su tanga.
Me gusta imaginarme a la actriz Inma Chopo dando cuerpo de escritura al personaje de Penny entre los pases del mítico Cabaret El Plata en El Tubo de Zaragoza y las clases de danza del vientre porque, para la construcción de un personaje como Penny, además de la fluidez, el desparpajo en la expresión hablada y ese desenvolverse con el público, se precisa de una coreografía corporal donde la pose, el gesto y el ademán transiten entre la contención (o no) y la provocación sensual para salvar con éxito la gran dificultad de que un personaje como Penny, a la que adoras desde el primer segundo del espectáculo, tenga la capacidad de erotizar la sala con elegancia. Ese salto es definitivo para armar el éxito de la función y sin embargo, una vez que Penny ha alcanzado esa cota y ya es la dueña de nuestros corazones, ay, se produce ese momento que tan poco me gusta de subir al público al lugar de los sueños, tal vez funcione en ambientes más nocturnos y canallas o a otras horas, no lo sé, pero a mí, esa relación de la que ya era mi diosa Penny con los mortales que han pagado una entrada no termina de gustarme. Pero olviden de inmediato esta manía personal que no puede ocultar todo mi agradecimiento a Penny, y cómo consiguió la catarsis de descubrir que si somos capaces de sacar hacia afuera el soñador que tenemos dentro, la vida stripper que nos ha tocado vivir se lleva mucho mejor.
No se pierdan la próxima sesión de las historias de Penny el viernes 26 de junio en el Teatro Bicho de Zaragoza.




Etiquetas: , , , , ,

26 enero 2019

Doce sin piedad: Del teatro a la posverdad


El pasado 20 de Enero el grupo aficionado Knuck Teatro en colaboración con Teatro Bicho y bajo la dirección de Fran Martínez representaron la obra “Doce sin piedad”, una función que nos habla de la reunión de las doce personas que componen un jurado enclaustradas para decidir si declaran inocente o culpable a un joven acusado de matar a su padre, en lo que significaba una vuelta al clásico cinematográfico de los años cincuenta “Doce hombres sin piedad” de Sidney Lumet; o a la realización de Gustavo Pérez Puig para el Estudio 1 de TVE. Y fue precisamente el recuerdo de ese programa difuminado en blanco y negro el que se ancló en mi cabeza durante el trayecto hasta llegar a la Bóveda del Albergue, ese híper activo ámbito de agitación cultural, donde se iba a representar la función. El recuerdo me dejó preocupado porque solo podía ver la primera escena del Estudio 1 con la presentación de unos personajes a los que conocemos gracias a un recurso tan alejado del teatro como el primer plano televisivo, que nos mostraba unas cuantas sobreactuaciones gestuales que restaban a la historia credibilidad y verosimilitud a la historia, dos cualidades imprescindibles que una obra de teatro tiene que mantener intactas para que el interés del espectador no se desvanezca.
La primera sorpresa agradable llegó al comprobar que el espacio de la representación no era el habitual y la sensación de claustrofobia necesaria para contar la historia se iba a producir porque el público rodeaba muy de cerca el espacio que ocuparían los actores y, si esta configuración  puede parecer poco efectiva para que el público perciba con nitidez el desarrollo de la obra, sin embargo, la evidente pérdida de perspectiva visual se compensa con creces porque las acciones teatrales se perciben mucho más cercanas y la piel del espectador, inmerso dentro de la dinámica de la acción teatral, a veces tan solo escucha la voz de un personaje sin capacidad para diseccionar su gestualidad o viceversa, a veces tan solo tienes la información gestual de alguien que, aunque en silencio, escucha, reflexiona, construye una argumentación o navega en un mar de dudas.
La segunda sorpresa agradable llegó con la entrada al espacio escénico de los actores: Pasos lentos y coreografiados, dejándose ver para que el espectador caiga en esa tentación diaria de etiquetar al resto de homo sapiens para situarlos en el sitio correcto dentro de ese catálogo que recoge las múltiples personalidades que adornan a la condición humana. Sin embargo muy pronto nos daremos cuenta que la función no va de etiquetar, subrayar o colorear, el reto de este texto es descubrir la valentía intelectual de aparcar las certezas para enfrentarte a las dudas y, en medio de un dilema, chequear todos esos prejuicios que terminan por convertirse en influencias tóxicas para alimentar dogmas, estereotipos y simplificaciones de un mundo cada vez más complejo y así, el espectador avisado se encuentra ante una encrucijada que le permitirá apreciar la gran diferencia que existe entre usar nuestra capacidad de persuasión ante una realidad siempre resbaladiza, o como el relativismo de las opiniones previas  son las vitaminas para terminar manipulando la verdad hasta convertirla en una realidad paralela que tanta preponderancia ha tomado en este inicio del siglo XXI, la posverdad que Miguel del Fresno define como la formación de una opinión única e inmutable construida sobre las emociones o creencias personales. Algo que va mucho más allá de las evidencias y que está relacionado con las dudas razonables que deberían acotar todas nuestras certezas.
El éxito de la función consiste en que, más allá de la concepción espacial o física de la representación, las reflexiones sobrevuelan el ámbito emocional que empuja hasta el desenlace final donde se enfrentan dos maneras de entender la vida. La diversidad de opiniones, por muy polarizadas que estén, es una buena noticia siempre y cuando el respeto y la educación estén presente en ese ir y venir de ideas que no es otra cosa que el fluir del conocimiento, de la experiencia y del pensamiento. Y para convertir este ejercicio en un espectáculo teatral es imprescindible la participación de unos actores que comprendan la función como una de esas frases musicales donde la nota se desplaza de la tónica a la dominante para regresar a la tónica y así, en un ir y venir de tu argumento al mío, ver la vida transcurrir, que los diferentes potenciales produzcan un flujo de intensidad intelectual. Ese fue el gran trabajo actoral que, más allá de algún microsegundo de retraso en la respuesta que necesita la inmediatez de la vida, consigue fluidez y un dibujo bien definido de los personajes, un trabajo actoral complicado porque se trata de reproducir la vida conla obligación de contener las interpretaciones en favor de un crescendo emocional que terminó con un merecido y atronador aplauso del público.

Etiquetas: , , , , ,