La curvatura de la córnea

05 diciembre 2022

Ratas y canguros: Divertimento para mamíferos

 


Teatro Bicho ha trasladado su sede a la calle Ricardo el Arco en la margen izquierda y así, un antiguo video club se ha convertido en uno de los últimos reductos del teatro alternativo de la ciudad. El nuevo espacio se inauguró el 18 de noviembre con la función de Teatro PezKao titulada «Ratas y Canguros».

Aunque las ratas y los canguros pertenecen a la familia de los mamíferos, no es lo mismo pensar en un maldito roedor que en la simpatía de un marsupial, al menos desde nuestra latitud norte, vaya usted a saber lo que pensaran Los australianos.

La sobriedad en la escenografía invita a que la dramaturgia se extienda más allá de espacio escénico, como si el hecho teatral huyera de su responsabilidad dramática, troceara la realidad mediante escenas sueltas que, sin relacionarse directamente con el público, lo apelan sin miramientos con una dialéctica que enfatiza argumentos, conversación y discusiones, hasta deslizarse por el delicioso mundo del absurdo. Un apetitoso terreno que se deja querer por los desequilibrios cotidianos, como si todo lo que ocurre en el escenario fuera un experimento creativo de la vida, dos personajes que mutan con la única intención de encontrar un humor esencial que, entre peripecias particulares y una sutil diversión, provoque en el patio de butacas un acto de reflexión antes que una carcajada sonora.

Fran Martínez y Nashaat Conde nos regalan una interpretación en la que domina el control del tiempo, el silencio y la lentitud. Las escenas se llena de miradas y pequeños gestos para conectar un realismo desganado con las inquietudes de los personajes, pero cuando menos te lo esperas las palabras llegan en avalancha, desembocan en un desequilibrio que rompe las situaciones creadas, y nos obligan a mirar el mundo con un prisma muy particular, una lente de aumento que nos avisa del peligro de caminar permanentemente por la cuerda floja, de compartir la vida con otros mamíferos y sin embargo ¿qué otra cosa podemos hacer las ratas y los canguros más que unir nuestras fuerzas contra el apocalipsis zombi que cada día asola nuestras vidas?

 

 


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22 mayo 2022

Padre




 Querido padre

‘Padre’ es una fábula que cierra y sintetiza una trilogía. Si ‘Nudo’ reflexionaba sobre la reacción cuando la violencia se planta delante de las narices, y ‘Manipulados’ invitaba a huir de la cárcel de nuestras vidas, en esta ocasión recorremos la distancia entre los sueños de la infancia y la realidad de un detective de narcóticos que suministra la dosis necesaria para que la sociedad pueda vivir en paz. Se trata de organizar una vida mermada por los conflictos de una gestión deficiente en la comunicación con el padre, con el algoritmo reproductor de música, y con los problemas sin resolver de las relaciones sociales y amorosas.

El discurso es una combinación de diálogos: Epistolares que reclaman al padre, del personaje consigo mismo preocupado por hacer visible su mundo, además de la búsqueda de la complicidad del público para asumir el riesgo de incorporar elementos dramáticos generados por la improvisación. Esta compleja estructura narrativa intenta dibujar una vida que se escabulle, no profundiza en los conflictos por los que transita el protagonista y deja escapar momentos de tensión sin conseguir una intriga interesante, la sombra de un villano al que querer o el perfil de un ángel al que odiar. De esta manera, aunque la palabra domina sobre la acción, se renuncia al monólogo interior como el elemento para conocer las confidencias que nos permitan entender al protagonista hasta que de repente, el final se precipita sobre la escena modificando el esquema de representación pero sin generar un golpe de efecto emocional.

La función, con pizcas de humor negro, elimina los quitamiedos que hacen aflorar nuestro lado bueno y, como en una canción de First Aid Kit, señala el melancólico camino hacia una maldad absoluta que comenzó en una carta que decía: «Querido padre»

 

Ficha técnica de ‘Padre’

Calificación: 2 estrellas

Teatro PezKao presenta una obra escrita, dirigida, producida, e interpretada por Fran Martínez. Ayudante de dirección: Evelia Sancho. Diseño de luces: Alfonso Miranda, Ricardo Ibañez y Paco Bruna.

Teatro del Mercado 20 de mayo de 2022.

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25 septiembre 2021

Cuando el camino siempre te lleva a tu padre


 

“Padre” es la tercera obra que Fran Martínez presenta en solitario bajo el paraguas de Teatro PezKao para conformar una trilogía junto a “Nudo” y Manipulados”.

“Nudo” era un catálogo de estímulos y reacciones. Una encrucijada entre la contención o perder los estribos, entre el comportamiento apropiado y como enfrentarte al conflicto. En realidad daba igual cual era tu reflexión porque hay un momento en la vida en el que la violencia se planta delante de tus narices y te guste o no terminaras por reaccionar y no, no sabes cómo lo vas a hacer.

“Manipulados” nos mostraba que todos nosotros habitamos en una cárcel de vidas manipuladas de la solo seremos capaces de escapar cuando consigamos ser nosotros mismos y romper el cordón umbilical que nos une al mundo.

“Padre” recoge el relevo de estas obras y las sintetiza en el protagonista de una nueva historia que sobrevive gracias al salario que obtiene con el suministro y la utilización legal tanto de la violencia como de la manipulación porque, andando la vida, una cosa son nuestros sueños de vendedor de electrodomésticos en la tienda del barrio y otra el proceloso camino de la vida que te lleva a ser un funcionario público con capacidad legal para suministrar las dosis adecuadas de violencia para que todos los demás podamos dormir en paz.

El inicio de la trama responde al esquema clásico y nuestro personaje atiende a ese consejo que le dan a los que sufren de una adicción: Toma un bolígrafo y escribe tus pensamientos. Y nuestro personaje, en camino de corregir su adicción o no, hace caso del consejo y abre camino a una confesión, si es real o inventada es lo de menos, lo sustancial es que nuestro personaje entabla una relación escrita con su padre de manera que el formato de comunicación epistolar conforma su pensamiento y la verbalización del mismo sin embargo lo sustancial, querido e improbable lector, es que esa comunicación se entabla con el padre, una figura masculina a la que más pronto que tarde casi todos los hijos terminamos por reeditar, edulcorar o perdonar, así que ya lo sabes, si vas a ver esta función es posible que te preguntes cuanto tiempo falta para convertirte en tu padre porque, esa traslación a la figura paterna no deja de ser una mirada al futuro que anuncia ese ejercicio tan sano y saludable de transformar una determinada trayectoria vital en un carrusel de luz y color detrás del que esconder todas esas cosas que nos empeñamos en olvidar, recrear o inventar. Por eso nuestro personaje tiene la prevención de narrar su punto de vista de cómo es su vida, porque ese documento escrito dejará constancia de cómo fue él sin importar si lo narrado es real o inventado.

¿Recuerdan que les dije que nuestro protagonista se gana la vida con la violencia y la manipulación? Esas serían condiciones suficientes para convertirlo en uno de esos villanos que tanto nos gustan, oscuros, odiosos y carne de cañón a manos de nuestro héroe favorito. Sin embargo nuestro personaje es capaz de sortear esos clichés y, por el arte de la improvisación, se convierte un alguien afable, simpático, capaz de sacarte un sonrisa y, esa es la gran dificultad de la función, como Fran Martínez cambia del registro epistolar de salmodia al contacto directo con el público y la comedia. Ese salto es una gran virtud de la función, pero también es un territorio que necesita crecer porque, y ahora les voy a contar un secreto, una de las maneras de trabajar de Fran Martínez es entregar al público el material de la representación cuando él sabe que todavía es un material maleable con capacidad de alcazar otras cotas, es el contacto con el público el que le dicta si debe ahondar en una dirección o buscar un camino alternativo, no me pregunten como lo hace, al parecer algunos actores saben descifrar la respiración, la risa y el silencio del público y, tal vez por eso, me atrevo a contarles por dónde me gustaría que la función creciese.

Creo que la salmodia dramática que asocia el verbo del personaje con el silabeo propio de quien va leyendo lo que escribe es un buen recurso para iniciar la función pero, perseverar en ese recurso nos aleja del personaje, y evita su crecimiento emocional, por eso a mí me faltó que cuando nuestro personaje abandona la silla, la mesa y el papel donde escribe, su registro vocal y el silabeo se transforme en un potente soliloquio interno, que las palabras fluyan en lugar de repiquetear, que el corazón tome las riendas y que la intensidad dramática determinada por la maldad se diluya de a poquitos hasta que el personaje salte al vacío, al abismo, a la gran brecha que todos y cada uno de nosotros conocemos, esa que separa el malo malasombra del buenísimo bien. Porque esa es la gran lección moral de esta fábula: La maldad nunca es absoluta y, si rascas un poco, detrás de cada malo, malísimo hay una persona deseando escribir una carta que comience diciendo: Querido Padre.

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24 febrero 2020

El Hombre Almohada entre la imaginación y la violencia




Teatro PezKao estrenó el 20 de febrero en el Teatro del Mercado de Zaragoza  “El Hombre Almohada” del irlandés Martin McDonagh cuya trama gira en torno a un escritor que vive en un país totalitario donde la policía lo interroga para dilucidar la relación entre los cuentos infantiles que escribe y una serie de asesinatos.
La historia parte de la premisa de lo peligroso que puede ser la literatura, o cualquier otro acto de creación, porque el Estado tiene muy difícil acotar las mentes que son capaces de crear otros espacios más allá de la gris realidad, o imaginar nuevas historias que pueden ser tan coloridas como un cerdo verde o tan truculentas como el uso incomprensible de la violencia. Historias que, con independencia de su naturaleza, se cuentan desde la belleza del lenguaje, ese lugar donde el horror se puede hacer poema. Por eso, cuando uno de los personajes sitúa la acción en un “estado totalitario” recordé la idea del sociólogo Max Weber sobre la íntima relación que se produce entre violencia y Estado porque, si bien es ser cierto que la violencia no debería ser el medio normal que usa el Estado para relacionarse con la sociedad civil, todos sabemos que el gran poder público es la exclusiva del uso de la violencia, y es precisamente ese monopolio el que le obliga a respetar los derechos inalienables del ser humano, una convicción que ,a estas alturas del siglo XXI, quizás ya no precise de una distopía para imaginar a la policía sobrepasar los límites que Weber señala al Estado.
Creo que es pertinente subrayar la apuesta valiente de Teatro Pezakao por llevar a cabo un montaje que obliga a la precisión de un cirujano a la hora de trabajar con elementos dramáticos tan sensibles como delimitar un entorno de humanidad e ingenuidad dentro de un ambiente  desolador, y que además aspira a mostrarnos la crueldad que somos capaces de desarrollar.
El inicio de la representación es claro y nítido gracias a una sencilla escenografía y una excelente iluminación, que nos sitúa de inmediato en una de esas escenas que tantas veces hemos visto en las películas donde un poli bueno y un poli malo interrogan a un sospechoso. Y a partir de aquí nos encontramos con dos planos. El excelente dibujo que Nashaat Conde hace del poli malo gracias al uso de la violencia psicológica y verbal, mientras su compañero, el poli malo, encarnado en la gran corpulencia de Javier Guzman se queda un poco desdibujado precisamente porque quizás su papel pide más dosis de violencia física para que el miedo crezca de verdad e inunde el patio de butacas. También hay que destacar el trabajo actoral de un Chavi Bruna que ilumina el segundo acto de la función con un personaje claro, diáfano al que quieres desde el primer minuto.  El papel protagonista recae en los hombros de Fran Martínez, es un trabajo difícil que no se termina de completar porque por el camino se pierde la dosificación en el tránsito de un hombre naif de cierta sensibilidad e ingenuidad infantil que se transforma a lo largo de la obra hasta enfrentarse al dilema de su responsabilidad como escritor, hijo y hermano. Tampoco ayuda al personaje la elección dramática con la que se presentan los cuentos en escena, una simple lectura o la proyección de imágenes son aspectos que aportan muy poco al desarrollo dramático, incluso al contrario, creo que restan tensión e interés, y esto es algo muy extraño en una compañía que en otras ocasiones nos ha ofrecido una excelente alquimia teatral en obras como “Nudo”, “Incómodos” o “Manipulados”
Levantar una función como “El hombre almohada” es un gran reto que te obliga a superar la dificultad de mezclar todas las contradicciones que abre la trama de un texto que contiene elementos que lo acercan a la sensibilidad de la  comedia negra, pero que pide a gritos de la veracidad suficiente para que nos atrape el horror. Teatro PezKao realiza un potente trabajo desde la honestidad  de siempre y con ese aire fresco que tan bien le viene a la escena teatral local gracias a una obra comprometida y valiente. Por eso les dediqué un cerrado y prolongado aplauso.

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20 mayo 2017

Manipulados y el cordón umbilical





Manipulados es el último montaje de Teatro Pezkao, una compañía zaragozana cuyos objetivos artísticos pasan por un teatro de corte social y de creación propia con intención de activar al espectador que casi siempre es interpelado y con el que suele buscar algún tipo de conexión. En Manipulados eso vuelve a ocurrir cuando el sacerdote al cargo del ritual no tiene reparos en manipular, manosear, sobarlo todo para alterar la verdad, que de eso trata el teatro ¿no? De decirnos desde las tablas que la vida es sueño y que sí, que todos soñamos que estamos en estas prisiones, y pese a todas las cadenas que han apretado nuestro cuerpo, en otros estados más lisonjeros nos vimos. Y esa es la clave de la función: Las cadenas.
Una cadena amarrada al cuello es la más evidente de las manipulaciones porque limita nuestros movimientos y pone en duda nuestra dignidad. Pero la evidencia se puede disfrazar, como se disfrazan los malos actores que engolan el texto para alejarse de la verdad, esa verdad acotada a tu espacio, no salgas de él, es peligroso porque ahí afuera esta la luz que te vigila y te abre el camino hasta que se apaga. A oscuras puedes ser tú, o casi tú, o lo más parecido a ti. Por lo tanto la cadena no es el problema, hay muchos mecanismos para que la manipulación nos llegue al corazón, ahí donde el amor anida, anuda y ata. Manipula tu cuerpo Danone, el teléfono Jazztel y el vendedor de mierdas como “convierte la crisis en una oportunidad”.
Fran Martínez se sube a las tablas para invitarnos a un viaje de reencarnaciones, un ciclo de nacimientos, muertes y renacimientos que muestra un universo gestionado al antojo del actor, que a veces se muestra cercano y otras vuela al mundo del simbolismo que agita manos, mueve pies y disfraza cuerpos. Esos excelentes giros en el registro actoral son los que mantienen alerta al espectador que no se puede fiar del sacerdote que a veces es actor y que nos manipula.
Manipulados, todos manipulados. Es primordial reconocerlo, ser conscientes de nuestra situación, el sacerdote del ritual te lo recuerda: Lo primero fue la palabra que permite expresar el sueño, ¿recuerdas que la vida es sueño y todos sueñan lo que son?,  lo importante es reconocerte en el sueño, ser parte de él para interiorizar el ritual que el sacerdote está ejecutando en el escenario, su misión es lograr que el sacrifico sea interno, tan suyo como del espectador: El objetivo es comprender que todos nosotros somos parte integrante de la manipulación, esa revelación es la esencia del Karma que se producirá cuando el espectador asuma que cada acción del sacerdote tiene su consecuencia, merece una retribución y determina las reencarnaciones que se van sucediendo en la representación hasta comprender que todos nosotros: El sacerdote que dirigir el ritual, los espectadores que somos un panteón politeísta o el técnico que sueña con ser Lenny Kravitz, todos y cada uno de nosotros habitamos en la cárcel de unas vidas manipuladas y para liberarnos tenemos que comprender el absoluto: La manipulación se romperá cuando empecemos a ser nosotros mismos, bueno; casi todo lo que te gustaría ser de ti mismo… si eres capaz de arrancar el cordón umbilical que nos une al mundo:




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08 mayo 2017

Fran Martínez en la peluquería


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05 junio 2013

Incómodos y el comportamiento humano




¿Recuerdas cuando fue la última vez que te sentiste incómodo? Tal vez fue ese silencio en el ascensor mientras tu vecino se miraba los pies y tú guasapeabas un video porno. O durante la cena de anoche, también silencio, mientras tu pareja zapeaba por todas las cadenas menos por esa que a ti tanto te gusta. El silencio cuando miras las mareas ciudadanas y sus manifestaciones sonoras, la degradación de la democracia, esta sociedad cada vez más jerarquizada, la mentira instalada y la corrupción rampante mientras tú y yo, querido lector, sobrevivimos al borde la inanición pero acomodados en un silencio incómodo.
¿Seguro que ahora lo recuerdas? ese silencio incómodo que no viene marcado por el capricho de una pose, sino que constituye parte del comportamiento social, concretamente de su parte más miserable.
Teatro PezKao ha recopilado algunas de esas maneras de actuar de palabra, obra u omisión, comportamientos que forman parte de la comunicación interpersonal, un factor que, si lo aplicáramos con un poco de confianza, cambiaría los patrones fundamentales de la socialización. Es cierto que muchos de los personajes que vemos en el escenario parecen atormentados y viscerales, pero no creas que son tan diferentes a usted y yo, querido lector. La diferencia fundamental radica en que ellos, gracias a la alquimia del teatro, se nos presentan desnudos, sin la protección del anonimato o el velo de lo privado, ellos no saben que los observamos desde el patio de butacas.
Teatro Pezkao mantiene la misma premisa que la actriz de La Abadía Carlota Ferrer define: “El teatro tiene que ser incómodo. Tiene que abrir heridas. Nunca debe renunciar al compromiso con lo que pasa, debe enfrentarse a la vulnerabilidad” Un teatro que podríamos calificar de compromiso social, y que por lo tanto claro tiene que luchar en dos frentes. El primero es el posible desinterés del público, como nos recuerda el crítico teatral José Nogales en su columna del ABC en 1904: “El teatro de ideas suele interesar poco a los que por otros medios más serios conocen esas ideas, y no interesa poco ni mucho a los que las desconoces”. La segunda es conjugar cualquier tipo de con la máxima de que el teatro es un espectáculo. El éxito del teatro comprometido dependerá de la mezcla adecuada de la ecuación formada por el tratamiento de los problemas de la sociedad contemporánea, hacerlo con la intensidad necesaria para conmover al público y conseguir que el resultado sea artístico. Teatro Pezkao, para alcanzar estos objetivos, ha trabajado desde sus inicios con un apabullante minimalismo escénico (dicen por la radio que “Pedro y el capitán” su primera producción teatral tuvo 30 euros de presupuesto en atrezzo), una interesante acentuación, muestra y exposición del trabajo interpretativo, y suficiente espacio para provocar las conciencias. “Incómodos” sigue por el mismo camino
La idea del espectáculo surgió en el bar la Vía Láctea, después de ver “Happiness”, una película de Todd Solonodz que según publicó Jordi Costa en Fotogramas, es una radiografía pesimista, sin concesiones y con un esquinado sentido del humor, tres elementos que se mantienen en la función, tanto en la primera versión que vi en la Sala El Extintor, como esta segunda en el Teatro del Mercado. La gran diferencia es que la compañía ha variado el porcentaje de esos elementos en la dramaturgia de la obra hasta convertirla en una obra nueva.
Esta modificación en la concepción de “Incómodos” creo que es una decisión muy interesante. La primera versión la recuerdo con más ritmo, con gotitas de humor intercaladas a modo de avituallamiento para seguir la obra y un encadenamiento de escenas más dinámico. Sin embargo, en la versión del Teatro del Mercado el humor se ha diluido casi por completo hasta quedarse relegado a los momentos finales. La segunda versión de la obra me gusta más porque mantiene el tono pesimista durante toda la función hasta que te abre una pequeña rendija de esperanza gracias a la última escena (fantástico el comunicado de ETA) que es claramente una puerta de salida para el público, la lanzadera que te permite, al terminar la función, reír, debatir o llorar, usted elige.
La obra ha perdido parte de su ritmo original, sobre todo en las transiciones quizás un poco lentas, aunque algunas de ellas se me antojan necesarias para digerir las miserias humanas que circulan ante nuestros ojos. En cualquier caso, si la intención de la compañía ha sido ralentizarlo todo para acentuar el pesimismo, creo que lo logran aunque tal vez la clave para redondear el espectáculo pase por encontrar un equilibrio entre algunas transiciones lentas y combinarlas con otros cambios más dinámicos y, lo que me parece más importante, dosificar el grado de incomodidad para que fuera de menos a más en un constante in crescendo, por ejemplo, la escena de los dos chicos y sus ordenadores me parece ideal para la parte inicial de la función, sin embargo, después de la notable y contundente escena del soldado, ya solo nos quedaría la salida hacía el humor.
El escenario casi siempre está vacío o con muy pocos elementos de atrezzo, una par de sillas, una mesa y poco más, si acaso una interesante utilización de la iluminación y el silencio, el silencio es una de las claves de la función, el silencio del que calla, el silencio de los actores (memorable el chico en modo nueva pareja y el mendigo) el silencio en definitiva del que escucha y, aunque fuera de plano, el público también escucha y lo hace para reír, para indignarse o para mezclar ambas reacciones en una risa que te hiela el rostro.
Teatro PezKao sigue su camino, una apuesta valiente por escribir textos propios con una mirada minuciosa que pone el foco en la sugerencia, o el golpe directo, un espacio donde proyectar palabras y silencios del comportamiento humano, un viaje que, a poco que rasques, siempre resulta incómodo.

Publicado en el nº 136 de El Pollo Urbano

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29 noviembre 2012

Nudo, de Teatro Pezkao, en la Vía Láctea.



El 24 de agosto tuve la ocasión de asistir a un pequeño adelanto de «Nudo» Fue en la inauguración de la Sala El Extintor: La compañía el Teatro Pezkao se sumó a la construcción de ese nuevo espacio con una parte de la obra que ayer pude ver entera en La Vía Láctea.
Nudo es una historia de violencia y como estos días estoy saltando entre las páginas de “Sobre la violencia” un libro de Hannh Arendt, he pensado en transcribir algunas ideas que considero interesantes.
Es difícil hablar sobre las causas, la naturaleza y teorizar sobre la agresividad del comportamiento humano cuando, cualquier grado de violencia nos lleva de inmediato al mundo animal, al salvaje que llevamos dentro. Tal vez el comportamiento violento sea una reacción más natural de lo que estaríamos dispuestos a reconocer. Se dice que la agresividad es un impulso instintivo que aparece independientemente de la provocación. Sin embargo, la falta de provocación lleva a una frustración del instinto, a una agresividad reprimida que, según algunos psicólogos, conduce a una acumulación de energía, cuya eventual explosión será mucho más peligrosa.
Olvidemos las teorías sociales y regresemos al teatro aunque no les quiero hablar de escenografías minimalistas y espacios diáfanos pero opresivos. Hoy quiero hablar de Fran Martínez y su apuesta valiente para con un teatro comprometido. Él ha sido el encargado de la dirección, la dramaturgia y la interpretación de este monólogo, así que Nudo es Fran Martínez. Un demiurgo que ayer paró el tiempo y creó un mundo nuevo sobre el escenario, un lugar a un palmo de altura de dónde nos solemos mover los mortales. La construcción del personaje fue inmediata, sin dudas y, en unos pocos segundos se llevó a todo el público hasta su universo, un lugar dónde un martillo puede cambiar tu vida.
La esencia de Nudo esta, además de un texto que respira credibilidad,  en el trabajo actoral de Fran Martinez que dominó el tiempo y el espacio hasta construir una montaña rusa de emociones para caminar por la delgada línea que separa el lado oscuro de los miedos y las miserias. A continuación, con un salto mínimo, da oxígeno al espectador con el alivio de la sonrisa, a veces nerviosa, a veces tierna pero siempre cómplice. La cercanía de las sillas de la sala al escenario permitió que me acercara a sus ojos. Fueron sus ojos los que cogieron de la mano y me dejaron al ladito de la verdad, junto al corazón. Allí permanecí mientras aquel muchacho me contaba la historia de su vida. Una vida que es la de cada uno de nosotros. La vida que nace tras reconocer el primer acto violento al calor del hogar. En los recreos dónde gordos, gafitas y mariquitas se escondían de la tribu. Bajo la estúpida autoridad de quien se siente superior porque así lo ha querido el sistema productivo, o esa sensación… ¿Recuerdas el primer golpe? ¿Aquel puñetazo cuartelario en el pecho? ¿El día que te pusieron un saco sobre la cabeza y te patearon hasta la humillación? Yo anoche lo recordé. Pero cuando comenzaba el desasosiego vino el teatro a salvarme porque sobre las tablas no encontré a un personaje: A mi lado, sentado en una silla, desnudo frente al perchero, de espaldas a la vida,  me encontré con las palabras de un hombre. Mis palabras.
Nudo es un catalogo de estímulos y reacciones. Una encrucijada entre la contención o perder los estribos, entre el comportamiento apropiado y la reacción ante el conflicto. Da igual cual sea tu actitud, hay un momento en la vida en el que llega la violencia, se planta delante de tus narices y te guste o no terminaras por reaccionar. Es entonces cuando puede aparecer NUDO.

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