Alonso Q. Una lectura dramatizada
El Enjambre Lab y Teatro Bicho han unido fuerzas para construir
una función titulada ‘Alonso Q.’ El método de trabajo para su producción sigue
su particular forma de entender las artes escénicas: poner en valor el proceso
creativo como el primer paso para que reclamar el interés del público.
La directora María Aladrén y el actor Fran Martínez citaron
a una serie de personas para mostrar por primera vez el texto sobre el que va a
trabajar la puesta en escena. La idea era realizar una lectura dramatizada con dos
objetivos fundamentales: Comprobar si la peripecia se comprendía perfectamente.
Evaluar si el texto traspasaba la idea conceptual sobre el que se levanta la
función y aterrizaba en la realidad que necesita el escenario.
Patrice Pavise considera la lectura dramatiza como un género
situado entre la lectura de un texto y su escenificación, y que cuenta con dos
modalidades. La puesta en espacio de una obra sin los aditamentos de vestuario
o decorados. La puesta en voz como preámbulo al principio de los ensayos para
buscar diferentes tonos de enunciación y entonación cuando los movimientos aún
no han sido fijados.
El actor y poeta Mariano Anos escribió en 2018 un artículo
sobre cómo hacer una lectura dramatizada. El texto se centra en lo que hemos
llamado ‘puesta en espacio’ sin embargo, aunque el evento al que asistí lo
podemos considerar como una ‘puesta en voz’, me gustaría rescatar una cita que
subraya la importancia de este tipo de trabajo: «La acción de leer es de algún
modo, en toda su sencillez y complejidad la acción teatral por excelencia»
Una mesa tras la que se sienta el actor y la directora. Fran
Martínez lleva un libreto de papel, María Aladrén un portátil. Él busca los
accidentes geográficos del texto para subir, saltar y volar sobre ellos, ella lee
las acotaciones con frialdad. Los dos llevan gafas.
Durante los primeros momentos de la lectura temí perderme.
Pero solo era la introducción necesaria para establecer las bases de lo que iba
a venir, y tras ese puntito de miedo, comprendí que me había precipitado porque
la premisa de la historia funcionaba perfectamente. En la cabeza de Alonso Q. irrumpían
sin orden ni concierto Quijote, la verdulera, Sancho, un vecino, Dulcinea, y como
le pasaba al caballero de la Triste Figura hasta el propio encantador Frestón
se pasaba por allí.
La situación enseguida me enganchó y ya no pude salir hasta
que de un sopetón llego el final. Ocurrió sin darme cuenta. La historia
terminaba en lugar donde la peripecia podría seguir, y eso ya es un buen
síntoma.
Pero volvamos al principio, cuando Fran golpeaba la mesa. No
estoy seguro si lo hacía por inseguridad o en busca de la energía necesaria
para sentir a cada uno de los personajes por los que transitaba. Quizás era la
indicación de ese salto. Un alehop, el impulso para vencer la distancia de uno
a otro, esa inmensidad entre la ficción literario que coloniza nuestra cabeza, y
la realdad que va de un kilo de tomates al rellano..
Los golpes cesaron cuando puso sus manos una sobre otra.
Entonces solo se movía el pulgar de la mano izquierda. Arriba y abajo como marcando
el ritmo del soliloquio. Él cambiaba de voces pero el ritmo del pulgar seguía
ahí, marcando el ritmo. La frecuencia era inferior a la de los golpes y el
gesto era mucho más delicado. Comenzaba al inicio de una frase y se quedaba en
suspenso. A veces bajaba al final de esa frase, pero otras veces se quedaba
ahí, a la espera de la palabra de alguno de los personajes, o para llenar el
vacío del silencio.
Cuando Fran cambiaba de voz para mudar de personaje, la
expresión de su cara lo seguía. Los labios se retorcían, las cejas se arqueaban
y el purgar seguía ahí con su acción de metrónomo caprichoso hasta que se
detuvo definitivamente. Entonces supe que tenía que cerrar los ojos. Los abrí
de golpe cuando la lectura terminó. Lo supe porque le gesto suave con el que
Fran pasaba las hojas devino en un golpe. Abrí los ojos pero no aplaudí
inmediatamente porque mis manos se entrelazaron detrás de la nuca para
preguntar ¿ya se ha terminado?
Era evidente que tenía ganas de más sobre el devenir de
Alonso Q.. una necesidad que voy a saciar en breve. María y Fran va a dar más
pasos para compartir el proceso creativo, y han decidido realizar ensayos
abiertos a todo el que quiera verlos, para conocer los horarios solo tienes que
escribir a teatrobicho@gmail.com. Yo
ya he enviado mi solicitud.
Etiquetas: artículo, crítica teatro, El Enjambre Lab, Fran Martínez, María Aladrén, Teatro Bicho



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