La curvatura de la córnea

06 noviembre 2025

Celestina

 


La Celestina de Juan Bolea o la tragicomedia descafeinada de Calixto y Melibea

 

Acercarse a una obra dramática para realizar un nuevo espectáculo ya es un acto de intervención que arrima el ascua a la sardina del autor, y hay dos formas esenciales de hacerlo: realizar una adaptación o lanzarse a la versión libre.

Josep Lluis Sirera plantea el debate del acercamiento contemporáneo hacía los clásicos en unas coordenadas muy claras. Si el autor se salta la literalidad del texto original, al menos se debería preservar los elementos que le dan relevancia a la obra, y a partir de ahí construir un diálogo entre pasado y presente, de manera que la relectura aporte nuevos códigos, lenguajes y complicidades.

Juan Bolea se acerca a La Celestina mediante la segunda opción, así que desde el punto de vista formal realiza una reescritura activa en la que reorienta y reinterpreta la obra dramática original. Este tipo de acercamiento, en palabras de Jesús Campos García, corre un grave peligro: Diluir en exceso las intenciones de la obra hasta llevarla a lugares muy alejados del original por razones de marketing para que el prestigio del referente sea el reclamo comercial y pelillos a la mar.

Aunque los motivos dan un poco igual, lo cierto es que Bolea moldea la obra original para construir una peripecia que aborda de una manera diferente los grandes temas que construyen el relato: el amor y la avaricia, sin embargo también elimina otros tan importantes como la transición tragicómica de los acontecimientos azuzados por la venganza y una confesión final que sirve de catarsis.

La propuesta amorosa que Rojas presenta en ‘La Celestina’ es la transición entre el amor cortés y un amor digamos que renacentista. El paso de la tradición literaria medieval donde lo que se dice es mucho más importante que lo poco que se hace, a un cortejo marcado por una acción que tiene como objetivo un amor caracterizado por la carnalidad voluptuosa del deseo hasta satisfacer con gozo y alegría los apetitos sexuales, semejante ejercicio suele dejar en segundo plano los requiebros literarios y se centra en las caricias.

 ‘La Celestina’ ejemplifica este cambio de modelo mediante la superposición de dos planos. Resulta cómico que los criados usen los mismos moldes de expresión que sus amos cuando sus situaciones son absolutamente diferentes, mientras los amos nos muestran grandes recursos retóricos y parlanchines sin llegar a tocar piel con piel, los criados son mucho más variados, rápidos y atinados a la hora de unir el calor de sus cuerpos en fuegos sexuales. Bolea cambia en este asunto dos cosas fundamentales.

La dramaturgia mantiene de inicio la relación cortés entre Calixto y Melibea, sin embargo el cambio de esa forma de amar se ejemplifica con una modificación del espacio vital de Melibea, que deja su jardín para vivir en las estancias de Calixto desde donde observa su antiguo lugar de un trabajo tan creativo como la moda. Esa modificación tiene toda la pinta de cambiar el amor cortés por una especie del típico amor romántico dos punto cero tan idealizado como antiguo en época contemporánea. El mensaje de la mujer que lo abandona todo por acompañar a su amor nada tiene que ver con la obra original.

Mientras Rojas deja las muestras visibles de amor voluptuoso en el lado de las criados, Bolea define este contrapunto amoroso con el riesgo de una triple pirueta mortal. El amor voluptuoso se produce entre Sempronio, servidor de Calixto, y la propia Celestina. Para este movimiento necesita rejuvenecer a la hechicera y, de paso, aprovecha esta novedosa relación amorosa para mezclarla con la verdadera conexión entre estos dos personaje, que no es otra que su amor por el dinero y las ganas que tienen ambos de aumentar su patrimonio engañando al Calixto enfermo de amor.

Esta relación entre Celestina y Sempronio terminará de mala manera por la avaricia de la hechicera que quiere engañar al amo y de paso al criado. Ahí entra la venganza del criado que terminará con la vida de Celestina. Bolea respeta ese momento pero obvia que el destino juega a la contra de Sempronio que también terminará muerto. Este paso es esencial para el desarrollo de la obra porque provocará la venganza de la mujer que bebe las carnes del criado y así, a la larga, su muerte será la espoleta que traslada la comedia amorosa a la tragedia que estalla para destruir el amor entre Calixto y Melibea que, si hasta entonces habíamos visto cortés, falta muy poco para que descubramos toda la dimensión de ese nuevo amor, ese es el cambio esencial que necesita la obra que llega en la cumbre final con un monólogo vibrante de Melibea donde, más allá de la muerte, se proclama la victoria del amor lúbrico de gozos, frente al requiebro de versos y sueños.

Toda esta complejidad se queda en el limbo porque, cuando Bolea omite la muerte trágica de Sempronio atasca el motor de la tragedia y no le queda más remedio que justificar la muerte de Calixto en un accidente del que Melibea se entera por teléfono. La respuesta de la amada no va más allá de unos balbuceos para hacer un mutis y la verdad, no estoy seguro si por accidente o suicidio, morir fuera de escena. La decisión de que Calixto y Melibea mueran fuera de la visión de los espectadores le resta a esta historia de amor de la fuerza dramática necesaria para conmover a un patio de butacas, que en lugar de implicarse en los sucesos tan solo pueden ejercer de  espectador de los acontecimientos, una posición que los aparta de la emoción final que requiere la obra.

El texto de Bolea tiene una buena musculatura con algunos momentos donde las frases suenan contundentes, redondas con ecos de expresión que recuerdan el tono de la obra original, y a la vez es eficaz en los asuntos contemporáneos que la escenografía pretende subrayar mediante la proyección de imágenes frías con vocación de situar geográficamente una peripecia que no necesita de brújulas para saber dónde se encuentra la acción, y que a la postre le quita foco a las palabras en lugar de subrayarlas.

La dirección de Bolea deja huérfanos a los actores. La sensación durante toda la obra es la ausencia general de teatralidad porque toda la preocupación del director parece centrarse en que se diga bien el texto, y eso ocurre con solvencia, pero sin embargo falta un trabajo definido para que los actores tengan un criterio al que acogerse para dar sentido a las deambulaciones por el escenario, que las distancias entre sus cuerpos sean las adecuadas para aumentar la intensidad emocional de las réplicas, y tener como objetivo que las reacciones corporales atiendan a lo que el texto expresa. Y es ahí donde se aprecia los diferentes niveles de veteranía del elenco. Mientras la dirección desaprovecha la dulzura de Sara de Leonardis (Melibea) y la imponente presencia de Alberto Santos (Calixto), ellos se agarran al texto sin mucho riesgo, y el director les deja hacer cuando debería encontrar una relación que explotara mucho más esa química que el público ve en base a la palabra, pero que para los personajes son las brasas sobre la que palpita el deseo carnal. Esa es la identidad perdida y que la obra pide a gritos que se materialice.

Los momentos más teatrales se producen cuando la acción recae en la pareja de Celestina y Semrponio. Lorena Soler juega muy bien esa manera particular que tiene de estar en escena y una fuerza en su actitud y su mirada que ya hemos visto en otras producciones. Luis Trébol realiza un excelente ejercicio con esa prosodia que tanto y tan bien ha cultivado en el teatro leído, su manejo de las frases y los cambios de entonación marca de la casa consiguen un buen armazón para un personaje, que quizás pide otro tipo de gestualidad más acorde a su condición.

Juan Bolea escribe en el programa de mano que se acerca a La Celestina para hacer una versión libre que respeta el argumento original pero alterándola mediante la actualización de las referencias morales y sentimentales de los personajes. Sin embargo la sensación que tuve al final de la obra fue que la modificación de gran parte de la trama, más que actualizar la obra de Rojas, tan solo la convierte en la descafeinada tragicomedia de Calixto y Melibea.

 

‘Celestina’

Producción: Oyambre Producciones & Infinity Broadcast Media. Texto y dirección: Juan Bolea. Reparto: Lorena Soler, Alberto Santos, Sara de Leonardis y Luis Trébol. Producción: Alejandro Bolea. Lus y sonido: Alfredo Mompel. Atrezzo: Jacbo Atienza.

Miércoles 15 de octubre de 2025. Teatro del Mercado.


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25 mayo 2024

OL-VI-DO

 



Aviso naíf para una distopía

El olvido para Borges es la cara secreta de la memoria guardada en un sótano. Un fenómeno que la psicología califica de pasajero porque la razón fundamental por la que las personas olvidamos es la interferencia de otras informaciones que reclaman su espacio y por eso, el camino equivocado del olvido puede ser desandado en el momento más inesperado. La propuesta de Biribú Teatro traslada estas cuestiones al ámbito colectivo, a una sociedad que ha decidido archivar sus recuerdos, olvidar la sabiduría del pasado y promover un devenir triste y anodino.

El color rojo domina una escenografía que ordena el escenario para definir las personalidades de las protagonistas. La autoridad medio pelo de Olivia. La curiosidad revolucionaria de Victoria. El dejarse llevar de Dominga. La presentación de los personajes es una deliciosa pantomima rítmica de movimientos administrativos que va perdiendo fuerza hasta que la palabra domina casi por completo la peripecia. La energía regresa cuando Victoria inicia la búsqueda de los recuerdos de su abuela, pero entonces la aventura deriva hacia el merecido homenaje global a unas mujeres con las vidas archivadas por la tacañería del relato histórica. Este cenit emotivo disminuye el arco dramático individual de unos personajes a los que queremos por esa ternura con la que exploran los diálogos de un humor blanco que gira al servicio del teatro del absurdo. Una nueva forma de estar en el mundo para explorar el valor sentimental de reconocerse como nietas.

Se agradece que la dramaturgia de la función reconquiste las tierras del ‘OL-VI-DO’ sin caer en la melancolía de un pasado mejor. La delicadeza de la dirección huye de exageraciones y acierta dosificando el garbo de unas actrices con capacidad para mantener el interés incluso cuando el texto flaquea.

 ‘OL-VI-DO”

Calificación 3 estrellas

Idea original: Biribú Teatro. Asesoramiento dramatúrgico: Itziar Pascual. Dirección Ana García. Reparto: Alba Escribano, Carmen Mas y Lorena Soler. Escenografía: Oscar Sanmartín. Vestuario: Raquel Poblador. Iluminación Ángel Cantizani. Fotografía: Nashaat Conde.

Jueves 23 de mayo de 2024. Teatro del Mercado.


Crítica de Teatro:'OL-VI-DO': aviso naïf para una distopía (heraldo.es)


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26 febrero 2024

Final de la primera edición de MicroCierzo


 

El microteatro se hizo fuerte en la ciudad de Zaragoza en la primera década que inauguraba el siglo. No citaré nombres para no dejarme ninguno pero es imprescindible acudir a la figura de Santiago Meléndez como uno de los principales impulsores de aquel movimiento que, entre la curiosidad artística por buscar nuevos formatos y sobreponerse al 21% de IVA que el Gobierno de entonces asignó a los productos culturales, pretendía encontrar a un público que flaqueaba en el patio de butacas.

La explosión creativa fue un regalo para los aficionados que disfrutamos de la mezcla entre intérpretes con experiencia y las nuevas hornadas. Espacios clásicos como el Teatro de la Estación o el Teatro del Mercado abrieron sus puertas a una experiencia que nació en otros ámbitos más alternativos como las escaleras de El Extintor, un estrado en La Vía Láctea, las venas del Teatro Bicho, cualquier recoveco en El albergue municipal, la penumbra aterradora de La fábrica de chocolate y todo el espíritu porteño que nos trajo Gromeló. El microteatro siguió activo  a lo largo de estos años extendiéndose por  algunas cajas de la ciudad, habitaciones de hotel y domicilios particulares.

Zaragodzilla Teatro y Teatro Bicho han organizado la primera edición de Micro Cierzo. La intención del certamen, más allá de premios y calificaciones, es generar ese tejido teatral tan necesario para que profesionales y público se encuentren alrededor de una fórmula ideal para probar textos, que los actores tomen el pulso a las tablas para afianzar interpretaciones. Unos eventos que tienen la posibilidad de tomar el pulso a los problemas de la ciudad y convertirse en un altavoz social alternativo mediante piezas con una duración máxima de 15 minutos. El domingo 25 de febrero se celebró la final con cuatro propuestas frescas e interesantes.

El Salto comenzó la sesión con una propuesta valiente porque da visibilidad a las nuevas realidades mediante una apuesta firme por la tragedia que asola la relación entre dos mujeres que han utilizado el método ROPA para compartir maternidad. Se trata de una fecundación in vitro con embriones de una de ellas (madre genética) que posteriormente se transfieren al útero de la otra mujer de la pareja (madre gestante) La complejidad de esta toma de decisiones se ve definitivamente agravada por un accidente que pondrá en crisis la relación de la pareja. La pieza parte con un desequilibrio de energías entre los personajes donde las palabras y el silencio compiten en la presentación de los personajes. El inicio es un poco dubitativo, los movimientos son ligeros, les falta peso y transmiten inseguridad. Pero es solo un lapsus. Todo cambia cuando el rol entre silencio y palabras cambia de bando. Es la magia incomprensible del teatro. De repente el peso actoral está ahí y es capaz de cortar el ambiente. Ana Cózar tira las frases con energía mientras las lágrimas rojas de Rosa Herrero rasgan, emocionan y  aún falta lo mejor. El fundido a negro final deja el grito de una pregunta flotando en el aire y ese delicioso segundo que el público tarda en reaccionar porque las palabras  nos han golpeado en el estómago y nos quedamos a la espera de una respuesta que no llega. Un final magnífico.

‘La Zarza triste’ fue la propuesta más arriesgada. La Zarza vive en la frontera entre la lírica de requiebros poéticos, metáforas de luna plateada y un abanico que quiere ser tan cañí como sus gafas. Pero a la Zarza le pasa como al maquillaje de su cara, que no sabe muy bien qué dirección tomar. El travesti que hace playblack, el bufón trasnochado de un after, o la reinona de taconazo y nylon negro. Carlos Fontana juega entre una interesante dicción que va del quejío de sufrir al pellizco de reir, y un teatro físico que pide un poco más de elaboración. Cuando la Zarza hace mutis por el foro, a uno le queda la esperanza de que va a volver para contarnos sus días de poderío, copla y carmín.

‘Tía!’ es un sketch estupendo que juega a hablar de un amor que no vemos y sin embargo lo tenemos delante de las narices. Dos personajes que forman un tándem que mantiene el ritmo de la comedia gracias a la eficacia con la que Danae de Vries y Gemma Pina construyen el rol de cada uno de sus personajes, y esos pequeños detalles que cambian la gestualidad, las miradas y la dicción para hacerlos tan adorables que te quedas con ganas de más.

‘A pedir de boca’ de Salvache Cultural es un ejercicio de naturalidad y frescura. Un texto muy bien escrito y trabajado que Nashaat Conde y Jorge Huertas se meriendan con solvencia, seguridad y ese gustillo que da la experiencia para morcillear enlazando con la escena del grupo anterior. Lorena Soler irrumpe en ese ambiente jovial que ya se ha establecido como contrapunto gestual que va del mohín a la sorpresa para huir de tanta palabrería y potenciar aún más la nota de humor. La fórmula funciona de maravilla y pide que ese tono de comedia de salón pase del tamaño de microteatro a un formato más extenso.

El público llenó el patio de butacas para certificar que el formato interesa. Ahora tendremos que esperar hsata próximas ediciones con la esperanza de que se afiancen temáticas que sigan la estela del ‘Método Roca’ y ‘La Zarza triste’, o que además del humor siempre necesario de salón aparezcan otras tonalidades para recoger las realidades que muestren el devenir de la sociedad y los problemas y pulsiones propias de la ciudad. Todo sea por el placer orgánico de aplaudir en el ágora del teatro como reunión ciudadana.

Domingo 25 de febrero de 2024. Teatro Bicho




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02 junio 2023

Casa

 


La realidad asalta la ficción

‘Casa’ es una función de la compañía Cross Border para teatralizar testimonios de personas que han perdido su casa, nunca han tenido un techo o son nómadas en espera de papeles para normalizar su situación. La dramaturga Lucía Miranda realizó 40 entrevistas en diferentes ciudades españolas para construir 20 personajes. Se trataba de ir un poco más allá del habitual teatro verbatim que suele dramatizar elementos narrativos propios de la prensa y otros documentos escritos. El reto más importante en esta ocasión se situaba en el trabajo de los actores y en su capacidad para reproducir con la máxima fidelidad el formato de las fuentes originales en cuanto a gestos, pausas y acentos, no se trataba tanto de construir una representación, como de calcar la apariencia exterior hasta alcanzar la intimidad de los sentimientos.

Caídos del Zielo es un proyecto artístico, social e inclusivo que ha tomado la idea de ‘Casa’ y la ha llevado a otro nivel para conseguir dos objetivos: convertir el escenario en un lugar de encuentro, y que la representación muestre el trabajo multidisciplinar que realizan en su taller de artes escénicas, un ámbito creativo dedicado a personas en riesgo de exclusión social. Su propuesta mezcla en escena a los usuarios del taller con actores profesionales o en proceso de profesionalización utilizando como base del espectáculo la dramaturgia de la función “Casa” de Lucía Miranda, añadiendo nuevos testimonios personales y dos escenas escritas por Javier Casado y Jesús Grijalba.

La escenografía se conforma con el sencillo esqueleto de una casa ocupando la zona central, mientras los actores se sitúan en unos estrados a ambos lados a la espera de intervenir en la acción. Los números coreográficos son momentos especialmente poéticos, algo así como la culminación de un trabajo espacial de interactuación que la dirección resuelve con eficacia, incluso cuando protege a los actores no profesionales con un desarrollo más estático, que se compensa con una enorme carga emocional. El desarrollo de las historias a modo de saltos tiene una ductilidad bien trabajada que permite pasar de manera natural y dinámica de un registro dramático a otro, con el apoyo de las cortinillas sonoras proporcionadas por la guitarra y la voz de Raquel Agudo y así, caminamos entre el humor y el testimonio emotivo, entre el drama personal que rasga el silencio y un delicioso dúo musical.

El teatro es ese lugar donde el público contempla una acción que representa un espacio diferente, y que necesita de una premisa previamente aceptada por el público: Todo lo que allí ocurre es ficción. El trabajo de los actores consiste en conseguir que el púbico olvide esa premisa y que la representación se convierta en un cúmulo de emociones reales que modifiquen el ánimo del espectador. En este sentido ‘Casa’ es un excepción porque la realidad, además de ser el material de trabajo para los actores profesionales, aporta otros matices en la ejecución de los actores no profesionales que juegan a ser actores y así, unas veces mediante el monólogo de sus vivencias, pero también en interacción con sus compañeros profesionales, se crea una relación escénica que resulta muy didáctica para el espectador porque, aunque las diferencias formales en la ejecución del hecho teatral son evidentes, el resultado final tiene una alta tensión dramática, incluso cuando se producen pequeños errores que en este contexto se transforman en deliciosas ventanitas abiertas sobre la piel de la ficción escénica, por las que se cuelan los rayos de la realidad con sus dudas e incertidumbres. Estas aberturas proporcionan los momentos más emocionantes, especialmente cuando los actores no profesionales se enfrentan al monólogo de sus propias vivencias y, aunque asumen el reto de transformar el recuerdo de sus vidas en ficción teatral, casi siempre se ven envueltos por la tensión del escenario hasta que es imposible evitar que debajo del diseño de vestuario aparezca la mirada, la voz y la emoción de la persona. Son momentos mágicos porque la realidad aparece sin aderezos, libre de filtros escénicos y así, las confesiones a flor de piel arrasan el patio de butacas. Para llegar a este punto es imprescindible el trabajo “de equipo” que hacen los actores profesionales. Lorena Soler, Rubén Remacha, Sara Lapiedra y Tamara Rubio, además de sus propias interpretaciones, ejercen el papel de sherpas para el resto de sus compañeros, son la red de protección ante una pirueta, el soporte en el que apoyarse para crecer, los capitanes a los que seguir en una danza ritual. Ellos son la argamasa para mantener unidos los elementos dramáticos de la función.

La responsabilidad final del teatro documento consiste en ir más allá de una representación estética de la realidad que denuncia, por eso es imprescindible que por encima de la trama se muestre con claridad la tesis sociopolítica que defiende el dramaturgo. ‘Casa’ lanza preguntas al público para hacernos pensar. ¿Una casa siempre es un hogar? ¿La calle es la casa de los sin techo? ¿Te has parado a reflexionar que vivimos en un país con millones de casas vacías mientras hay gente sin casa? Todas las situaciones personales que se abordan a lo largo de la función aterrizan en una pancarta en la que se puede leer el artículo 47 de la Constitución: Todos los españoles tienen derecho a una vivienda digna y adecuada. A partir de este principio la función lanza una propuesta para reformar el texto constitucional y sustituir la palabra “españoles” por “personas”, y quien sabe, ahora que empieza un periodo de campaña electoral quizás sea un buen momento para chequear las políticas de vivienda que defienden las diferentes opciones políticas.

La imagen final del espectáculo resume perfectamente su espíritu. Cada persona individual del elenco se sitúa junto a su compañero para formar una unidad colectiva que se despide con una canción. En el coro destacan algunas voces solistas para imprimir carácter mientras la actitud va cambiando desde un tono poético hasta alcanzar la rabia de la injusticia, y vuelta empezar con la cantinela que debería avergonzarnos a todos: Casas sin gente, gente sin casas.

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‘Casa’

Producción: Caídos del Zielo de una creación colectiva a partir de la obra teatral de Lucía Mirando, con textos de Javier Casado y Jesús Grijalba. Dramaturgia y dirección: Félix Martín. Reparto: Abdul B. Abderrahman, Esther Lucas, Félix Levi, Fernando Muñoz, Gerardo Prichard, Isidro Sánchez, Javier Antón, Jesús Grijalba, José Carlos Causapé, José G. Peña, Lorena Soler, Luis Alfonso Racho, Manuela Lawson, Marina Pastrán, Pepe Ndong, Raquel Agudo, Rubén Remacha, Sara Lapiedra, Sol Giménez, Tamara Rubio

Han participado también en el taller Sara Gaona, Inma Oliver, Esther Pérez, Juany Palomo, Juancho Tarrío, que aunque en esta ocasión no han podido participar en la obra, siempre estarán con nosotros.

EQUIPO ARTÍSTICO

Escenografía.  Isabel Aladrén / Jaime Cruz / Jorge Fontana / Carmen Gracia / Inés Grasa / Alicia Macipe / Lucía Martínez / Mario Cano / Paola Pardos (alumnos de la especialidad de Diseño de Interiores/Gráfico de la E.S.D.A.)

Vestuario.  Carmen Jiménez / Rubén López / Laiza Inacio / Isabel Fernández / Pablo Calvo / Amanda Buzarra / Christian Ainoza / Carmen Ríos / Paula Sesé / Daniel Villar / Cristian Villar / Emma Valero / Arianna Padillo  / Clara Navarro (alumnos de la especialidad de Diseño de Moda de la E.S.D.A.)

Iluminación. J. J. Sánchez

Utillería.   Ana Barón / Jorge Fontana / Inés Grasa / Alicia Macipe / Lidia Sainz / Marina Sanz / Lucía Arranz / Federica Benigni / Juan Casaló / David Pardos (alumnos de la especialidad de Diseño de Interiores/Producto de la E.S.D.A.)

Versión musical.  Raquel Agudo

Imagen gráfica.   María Arenas / Andrea Baeza / Irene Casas / Eva Embid / Nicolás Fajardo / María Felices / Mario Juárez / Celia Sánchez / José Mª Vázquez / Lucía Ballestero / Andrés García / Mónica Gracia / Carla Imbaquingo / Clara Larraga / Alba Llorens / Irene Mainer / María Serrano / Lara Sierra / Jorge Taravillo (alumnos de la especialidad de Diseño Gráfico de la E.S.D.A.)

Vídeo.  Gabriel Orte

Sonido.  Laboratorio de Sonido. Ayuntamiento de Zaragoza

Fotografía.  Gabriel Orte / Julio Longares

Fotografía imagen gráfica.   Mª Antonia Valverde / Cecilia Casas

Asistente de dirección.   Esther Lucas

Ayudante de dirección y autor de la escena Casa Propia.  Javier Casado

Gestión y producción.  Asoc. Cultural Luna de Arena

 

EQUIPO PEDAGÓGICO

Director y coordinador del Proyecto CAÍDOS DEL ZIELO (Zaragoza)

Félix Martín

Interpretación

Félix Martín

Movimiento, danza y coreografía

Lucía Reula

Voz, música y canto

Raquel Agudo

Psicología social

Gabriela Lafuente / Javier Casado (Psiare)

AGRADECIMIENTOS

A los profesores de la Escuela Superior de Diseño de Aragón, Luisa Pellegero (directora), Eugenia Pérez de Mezquia (coordinadora del proyecto), Alberto Franco, Marta Jiménez, Jorge Pina, Cristina Fleta, Inés Marco, Cristina Ondiviela y Elena Aisa.

COLABORAN

Consejería de Acción Social y Consejería de Cultura del Ayuntamiento de Zaragoza, Albergue Municipal, Coordinadora de Entidades de Personas sin Hogar y la Fundación CaixaBank.

 

1 de junio de 2023. Teatro del Mercado.


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06 mayo 2023

Mundopolski. La guerra contra los tristes

 


Una guerra deliciosa

‘Mundopolski. La guerra contra los tristes’ transcurre en un universo onírico degradado en lo material pero con un objetivo encomiable que parte de una premisa: El mundo está lleno de tristes y necesita de una revolución de amor para renovar la ilusión por vivir

La disposición física del escenario deja el proscenio para el meollo donde se fabrica la ficción. Es el territorio de los payasos. El fondo está ocupado por un demiurgo en funciones de Corifeo para armonizar a su antojo el desarrollo de la peripecia. Escucha las peroratas de los personajes, traduce al pueblo el lenguaje serpenteante de la trama mediante palabras, muecas y mugidos, y hasta le da vidilla a la música de tambores y guitarras para que las canciones empasten unas veces con el mensaje y otras en la pista de baile.

Mika Y Mundo son dos payasos de chapa y chaqueta que pueden decir Chaikovski y sin embargo conservar una identidad que va mucho más allá de la sílaba “cha” Ese es el verdadero meollo de la cuestión. La diferencia entre Mundo y Mika. Mundo es el rey de la pista, un comunista trotskista con pocos amigos y algunos lejanos camaradas, el que se regodea en una rueda de palabras rimadas, el que parece que abarca mucho pero de identidad anda flacucho. Mika de identidad va sobrada. Idealista y guerrillera de raigambre aragonesa canta como los viejos árboles de la ribera, con los verbos hace volteretas, con los bailes bulerías, la sonrisa por bandera y una falda de mil capas que agita como una pandereta. Revuelo de mil giros sueña con dragones de fuego ataviados con manguera de bombero.

Mundo y Mika son seres complejos y singulares que asumen su diversidad frente a la peligrosa monotonía de quien se define con respecto al otro, al diferente. Ellos tienen dos personalidades que muestran la riqueza de su individualidad. Mundo un poco cansado está en el camino de vuelta, él que conoce la cumbre de la risa  también ha visto la soledad, y ahora se acerca al lado oscuro del pesimista. Una deriva que no sabe muy bien cómo gestionar. Mika es la marejada de la utopía que quiere esparcir la alegría, imagina una avalancha de chanzas, chistes y picardías, pero si para llegar a ese cambio hay quien promueve el despiste, no duda en montar una barricada y apuntar con su mosquetón a todo el que esté  triste.

Dos energías tan distintas que al principio se abrazan en vendaval pero… que el tiempo, la conciencia y la diferencia en la identidad terminan por separar. Son razones psicológicas, distintas maneras de pensar, que Mundo de repente comprende su mundo, y a Mika eso le da igual. Ella, perdida un segundo en el desengaño, está a puntito de rendirse y de llorar, pero la jotera resiste y, aunque despierta en la implacable realidad. Ella que ha bebido de los dulces manjares del arte de soñar, se resiste temeraria al siniestro final.

El mundo de Mundo derrotado es un aviso a los navegantes de prismáticos para otear el horizonte con la retórica de lo teórico, cuando la lejanía permite parlotear de batallas culturales y plantar la trampa del olvido, que el primero de muchos males es simplificar nuestra identidad. Mika cabalga sobre el viento aunque nadie sabe dónde está. El Corifeo, atado al suelo que no le deja ir más allá, concluye la parodia, el entretenimiento y los mensajes de libertad para recordarnos que la tristeza también es parte de nuestra personalidad, que no pasa nada, que eso es lo normal pero… mientras el escenario se funde a negro una pregunta flota en el patio de butacas: ¿Quién defiende a los que sueñan en esta ciudad? ¿Quién escucha a los payasos que desmontan la tristeza de un mundo que necesita vivir con palabras, rimas y canciones que nos hablen de amor, hostia, de amor?

La función se sustenta sobre tres aciertos. La adaptación de Jorge Huertas para trasladar el imaginario original de carácter vasco y dotarlo de aromas aragoneses. Un trasvase en su justa medida, sin sobresaltos folcloristas o subrayados catetos que hubieran dado al traste con el equilibrio poético que desprende la peripecia, a la que deja respirar, crecer y complicarse hasta el vuelo de la resolución final.

La dirección de Amparo Nogués consigue una dramaturgia en la que combina con la precisión del buen gusto todos los lenguajes que pasan por el escenario, dando a cada uno de ellos el valor teatral que en cada momento necesita la función. El secreto está en ajustar la dosis en el tono imprescindible del clown, y tener la buena mano de maridar la mirada de Mika, siempre pendiente del futuro, con el aroma de melancolía que envuelve a Mundo. A partir de ahí todo lo domina un movimiento constante. El énfasis del ritmo van más allá de una coreografía exenta, se incorpora con naturalidad a las intenciones de los personajes, hasta combinar perfectamente con su forma de hablar, de deslizarse por el gozo simple de repetir una y otras vez las mismas fórmulas en un degradado progresivo, de la alegría de cantar tan  fuerte y tan alto como los latidos del corazón. La mezcla de todos estos elementos es deliciosa y solo encuentro un pero muy personal. Jaime Ocaña compone una personaje que somardea con la naturalidad marca de la casa con una presencia que percibo excesiva, y que sin embargo la platea recibe con gozosas carcajadas. Mucho más interesante son esos breves momentos cuando su discurso gana en solidez y pide más cuerda, que la ruptura entre la carga de profundad filosófica y el petardazo del chascarrillo tenga un poco más de recorrido para aumentar la tensión y así, que el contrapeso de su personaje como custodio de la realidad cotidiana, gane en densidad y contundencia para estar a la altura de las dos criaturas que maneja a su antojo, y potenciar la comedia en esos esos momentos musicales llenos de chispa y sabor.

La función da un salto de calidad gracias a la interpretación de los protagonistas que se percibe liviana, y sin embargo es capaz de condensar literatura y expresión corporal. Un trabajo que aúna sensibilidad y eficacia para subrayar el arco dramático de los dos protagonistas. El personaje de Jorge Huertas, aunque parece estar muy arriba, siempre está acompañado por un cierto aire taciturno hasta que ya no puede más y todo va cuesta abajo. Huertas contiene los excesos, amarra los dramas al suelo mientras la pena nos desgarra. La belleza de su derrota es el contrapunto necesario para que el trabajo de Lorena Soler brille sin paliativos, una actriz con esa mirada que solo puede nacer de la profunda conciencia de su oficio, una expresividad que conecta con la butaca, te atrapa y ya no te suelta. Todo en ella es verdad: las notas que salen de su garganta, la alegría del rostro y esa dificultad de mantener la alta intensidad que necesita se personaje para, en un breve momento, dar un volantazo a tanta energía positiva y cambiar todos los registros de expresión para dejar la sala en silencio, los espectadores con el estómago encogido y los ojos asomados al borde del precipicio por donde se despeñan las lágrimas.

‘Mundopolski. La guerra contra los tristes’ nos recuerda que los cuentos son mapas para recorrer la vida y que, mientras las payasas van por el mundo para poner una sonrisa allá donde hay una paters, un muro de concertinas, un puchero vacío o el socavón de un proyectil, no debemos olvidar otro mundo mucho más cercano a nuestra piel donde anida la tristeza.

La productora Salvache Cultura se estrena con esta obra y deja sobre el escenario del Teatro del Mercado un sugestivo rastro de talento.

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‘Mundopolski. La guerra contra los tristes’

Producción: Salvache Cultural. Guión original: Jon Gerendiaga y Unai Gárate. Adaptación: Jorge Huertas. Dirección: Amparo Nogués. Reparto: Jaime Ocaña, Lorena Soler y Jorge Huertas. Escenografía: Raúl Castillero. Vestuario: Raquel Poblador (Obsidiana Atelier) Iluminación: Saúl Blasco. Música en directo: Jaime Ocaña. Técnico: Ricardo Juan Amador. Fotografía.  Más Mastral. Ayudantes de dirección.   Yolanda Catón / Sara Bilotto Pons.

Teatro del Mercado. 5 de mayo de 2023.


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