La curvatura de la córnea

15 diciembre 2025

Microbicho Teatro






Un refugio para el microteatro

La sala Teatro Bicho ha programado microteatro desde su inauguración en el 2013. En la actualidad Fran Martínez redobla la apuesta con representaciones en dos sábados de cada mes. Esta regularidad potencia el género, permite a los creadores mostrar sus novedades tanto en piezas cortas como en fragmentos de obras de mayor duración. Una función heterodoxa para encadenar tres títulos con diferentes formatos y estilos, que se representan varias veces y dan continuidad al trabajo actoral y de dirección.

Todo comenzó en noviembre de 2011. La compañía ‘Microteatro Zaragoza’ encabezada por el Santiago Meléndez estrenó ‘La noche de los triunfadores’ en espacios tan novedosos como el almacén de los cachivaches del Teatro de la Estación. Los siguientes espectáculos de la compañía ocuparon las habitaciones del albergue o las naves de la fábrica de chocolates Zorraquino, hasta que en 2014 se despidieron sobre las tablas del Teatro del Mercado.

En agosto de 2012 Óscar Castro y Fran Martínez estaban ‘En Construcción’ El primero remodelando lo que sería la sala El Extintor, el segundo escribiendo la obra ‘Nudo’. Esa coincidencia provocó un espacio donde se hacía teatro cuando los fontaneros y los albañiles terminaban su jornada laboral. ‘Nudo’ creció con el tiempo, se representó en el bar ‘La vía Láctea’, y se subió al escenario del Teatro del Mercado.

‘Microteatro en casa’ fue una propuesta del grupo ‘Los Mancusos’ en el año 2013. Javier Ercilla, Javier Guzmán y Fran Martínez metieron el teatro en los domicilios particulares, desde el cuarto de baño al dormitorio. Sin embargo en el año 2018 el salón donde transcurre la obra ‘Un dios salvaje’ de Yasmina Reza terminó instalado en medio del escenario del Teatro Principal. Aquello parecía un contrasentido y sin embargo, la relación del espectador con el espacio quedó completamente alterada porque accedimos a la sala por la puerta de actores, recorrimos las tripas del teatro, y nos sentamos en las noventa butacas que rodeaban la escena y allí, bajo la lámpara de un salón, dos actores y dos actrices lidiaron con la realidad desplegada ante nuestros ojos.

Esta larga trayectoria se condensa en la actualidad del Teatro Bicho. Quizás ya ha pasado el tiempo de eliminar convecciones teatrales para acercar al público a la sensación de lo verdadero, y es hora de reivindicar la sencillez de un foco iluminando un escenario vacío, ese refugio donde los actores respiran palabras hasta empañar las pantallas de nuestros móviles.

 

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11 febrero 2025

Punk de Caos: Me abro en canal en la Meka

 


La Meka Kollective defiende la reutilización de espacios vacíos para usos culturales. El viernes 7 de febrero organizaron un encuentro en la antigua fábrica de chocolates Zorraquino de la calle Lourdes de Zaragoza. El evento contaba con un hall con porras y chocolate (que no se diga!) y dos salas. En la primera mandaba el ritmo de la percusión con muelles como preámbulo a un DJ set and performance. La 2 se había acondicionado para una exposición colectiva con diversos artistas entre los que se encontraba Punk de Caos, y sentía curiosidad por comprobar si su trabajo como ilustradora en las páginas del fanzine ‘Malasangre’ tenía la consistencia para soportar la soledad con respecto a los textos de Álex Martínez o Saúl Mateo.

Cuando traspasé la puerta de La Fábrica de Chocolate no pude evitar un salto temporal al año 2013 cuando visité aquel lugar en dos ocasiones. En la primera de ellas el espacio se había transformado en el ‘Infierno’, una función teatral en la que las voz de Santiago Meléndez me introdujo el miedo en el estómago. Unos meses más tarde Miguel Ángel Ortiz Albero se había encerrado en el sótano para poner a prueba la soledad del creador mediante el apartamiento voluntario, frente a la exposición obligada. Se trataba de excluirse del mundo para escucharlo. El poeta recibía visitas para que escuchar historias relacionadas con la Fábrica, y mientras las escribía se proyectaban en el piso superior en tiempo real. Ahora le podría contar la experiencia de mi visita a la obra de Punk de Caos.

Las siete láminas estaban situadas en una pared de blanco borrado donde los desconchones aún no eran plaga. Desde la distancia pude ver las primeras característica de su obra. Todos los personajes están marcados por unas narices alargadas que alcanzan un espacio donde un cartel de Elvis parece el punto de fuga hacia el rock and roll. La presencia apabullante de líneas rectas para conformar espacios que subrayan una geometría de fronteras limpias, diáfanas y contundentes. Unas veces - como en la ‘Meada fúnebre’ -  entre la solidez de un blanco y el negro para que la oscuridad del mundo deje tirado a un hombre en  espacio nítido donde se pierde la dignidad.

Esas líneas también se usan en ‘La lagrimica’ como los límites entre dos universos, uno con el suelo el negro y otro de cuadrados blancos y casi infinitos hasta perderse en una puerta entreabierta. El centro de la imagen es la barra de un bar, que sin embargo no separa, o al menos esa esperanza me asalta cuando leo la cartela que cartela nos habla de una taberna como el refugio de historias y noches interminables. ¿Y si la tristeza fuese  otra de las características que recorren la obra de Punk de Caos? Miro la expresión de las caras de cliente y camarero en ese refugio y si, ahí hay un halo de tristeza.

La tristeza en otras ocasiones se traduce en pequeños detalles para resumir o sintetizan ambientes cutres, como en ese meadero fuera de servicio en ‘Pacto de caballeros’ donde la soledad de quienes miran la misma pared pero no se ven. Una soledad que me vuelvo a encontrar en ‘Baja, co!’ porque pese a ver a tres tipos que parecen congeniar mediante una amistad velada por el aviso de la cartela cuando nos habla de una imagen que tan solo es el eco de una espera eterna en un portal que respira silencio.

Ya no tengo dudas.

Punk de Caos observa la realidad social con un pesimismo condensado en dos imágenes. La primera es de protesta por la remodelación de ‘El Túnel’, un espacio cultural situado en el Barrio Oliver que las autoridades municipales quieren convertir en una factoría artística para jóvenes, mientras Alex Martínez denunciaba en un texto que las instituciones “quieren acabar con los que consideran una plaga malasangres que solo saben dar por culo, hacer mala música y leer zines”

Su cruzamos las variables de los social y lo artístico la obra más interesante y compleja es ‘Avd. del averno, 666’ La cartela me sorprendió porque la autora define la imagen como un espacio donde se disuelven las fronteras, y sin embargo yo solo veía la acentuación de esas fronteras. La primera delimita el esqueleto del edificio coronado por un esqueleto. Me inquietan las escaleras que solo llevan a la muerte o a un muro, como si esas sean las únicas salidas posibles en una universo donde la autoridad rastrea las calles don dos perros, mientras una mujer vive con su tendedero vacío, dos pelean sobre un charco de sangre negra, o duermen al raso sobre un colchón blanco y una manta negra, y de nuevo la soledad, la soledad junto a una botella de alguien que mira fuera de plano. En lo más alto un demonio negro de alas blancas que parecen hechas con tela de araña, esa que nos tiene prisioneros a toda la sociedad y que se resume en la cartela: El desmoronamiento en cada esquina.

Y quien sabe, tal vez Punk de Caos tal nos brinda una solución ante tanto despropósito y desolación en la portada preliminar de un disco del grupo ‘Pena Kapital’ que se titula ‘Amnesia’ Pero antes de que la amnesia se apodere de tu memoria y voluntad date un garbeo por el mundo gráfico de Punk de Caos para bucear en carteles, portadas, ilustraciones y fanzines.

@retazosdepodredumbre

punkdecaos@gmail.com

 

@lameka.Kollective




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04 febrero 2013

Infierno, de Microteatro Zaragoza



Infierno es el lugar donde los pecadores son eternamente castigados después de la muerte, sin embargo, en el Infierno de Microteatro Zaragoza los demonios y los ángeles caídos están todavía muy vivos.
La Antigua Fábrica de Chocolates Zorraquino de Zaragoza será, hasta primeros de marzo, la puerta del Infierno. Un vestíbulo donde el mal se traduce en cuatro monólogos paritarios: Dos mujeres, dos hombres y un silencioso y sumiso sirviente. Cinco personajes exentos de misericordia y sentido de la justicia. El orden lo encontramos en las horas de un reloj y la localización topográfica es una nave de dimensiones fabriles en la que el calor infernal es sustituido por la gélida sensación de la inquietud. En realidad no nos encontramos en el Infierno sino en el preámbulo que nos espera antes de morir, en esa ceguera tan humana de creernos inmortales y con el derecho a colmar todos nuestros macabros deseos sin temer a las acciones que la justicia divina repartirá al fin de los tiempos.
Ellas enlutadas tras el maquillaje blanco y el pavor inscrito en ojos desorbitados por un gesto más allá de este mundo. Voces que no son de aquí. Ellos mucho más terrenales y tal vez por eso más inquietantes. Piel desnuda para el joven exitoso, ávido por la globalización del mal y tan seguro de sus posibilidades como esos tiburones de las finanzas que solo atisban sus propias satisfacciones. Labios y lengua diseñados para el placer. El veterano trafica con la velocidad psicotrópica de su mente, frases aceleradas, pensamiento desorbitado, dudas aparentes, soluciones rápidas, no hay tiempo para pensar, la música tensa el ambiente, te golpea, ritmo inflexible y la huida siempre hacia delante, como ese dedo que descerraja una bala para anunciar el silencio. Tres segundos de majestuoso silencio para demostrar que tan difícil es gestionar el huracán como la calma. Santiago Meléndez también es silencio en medio del vértigo controlado, la ansiedad que va de sus palabras hasta el estómago, esa extraña conexión entre la ficción y los miedos. Meléndez en carne viva, cada gesto, cada sonido y esa mirada que uno no sabe hasta donde va. Por eso no me creo el final de su monólogo, porque su personaje nos ha llevado a la deriva que no casa con una solución tan monolíticamente institucional. El final de ese hombre es la desorientación, la eterna lucha para sobrevivir al pasado que crece y crece en horror. No hay calma ni para él ni para nosotros. Su final es tal vez un descampado, una bala, el agua de una alcantarilla, un final que, al menos, nos deje un resquicio para calmar nuestra conciencia. La maldad de los más poderosos tiene otros matices y una pléyade de esbirros para los trabajos sucios.
Los actores de Microteatro Zaragoza nos muestran que no hay necesidad de fuego porque el infierno son los otros, si querido lector, usted y yo.

INFIERNO: por Microteatro Zaragoza. En la antigua Fábrica de Chocolates Zorraquino, calle Lourdes 5-7 de Zaragoza. Reservas en el 622 431 121 y en microteatrozgz@gmail.com. Hasta el 5 de marzo.

Publicado en el nº 132 de www.elpollourbano.net

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02 noviembre 2012

La Morada abre sus puertas en la sala El Extintor



Día de Todos los Santos. La ciudad pasaba el día de difuntos azotada por la resaca de la noche anterior. Noche de niños y disfraz baratillo. Esqueletos pintarrajeados en telas de la China, brujas pirujas en busca de su escoba y la certidumbre de que el terror se ha adueñado de nuestro tiempo. Paseaba por Zaragoza cuando en la calle Armas, a la altura del número 20, escuché un grito desgarrador. Me detuve para dejar que los latidos del corazón volvieran a su rutina. No lo logré porque un chirrido metálico amenazó el poco valor que me quedaba. Aunque estaba asustado logré girarme poco a poco. Era una persiana metálica  y me invitó a pasar. Más allá del alumbrado público todo era tinieblas, y sin embargo, un extraño influjo me llevó hasta el interior de aquel viejo caserón. Sentí frío y la intensa sensación de que estaba a punto de entrar en uno de esos rincones escondidos a la vista implacable de los demás, hasta que la ligera brisa del destino, los hacen brotar. Santiago Meléndez ha destilado la desazón de las calles para escribir un disparadero que sacrifica el altar de un escenario y se hace carne bajo la luz de las neo candilejas: Haces de led blancos y los ojos en par en par de todos los espectadores. No había lugar a la duda. Estaba en el las tripas de La Morada y noté como el miedo se adueñaba de mis sentidos.
En La Morada sobreviven, aunque no sabemos hasta cuando, los restos del Alacrán, de la debacle social y moral que se cierne al ritmo demoledor de cuando creemos avanzar y solo retrocedemos. Scorpio es una criatura atornillada por el sufrimiento y la tenue luz que sus recuerdos se vierten por una voz acompasada y al ritmo, incomprensible para nosotros, del lívido insaciable y fatal. Salamandra plastificó su vida de horror con frases que hieren la culpa inocente de ser invisible ante los demás, y entonces llegó un Ángel de Luz aferrado al texto como única vía de escape y su respiración entrecortada penetró en mi estómago hasta restregar las tripas. Una leve pausa para llegar al pie de las largas trenzas y ojos abiertos de Luna. Vómito de  mocos al compás de una canción infantil silabeada con ritmo fúnebre de miseria y hambre. Ayer lo viví. El desasosiego presente a cada paso y el matiz de un gesto, la mirada desquiciada que trae recuerdos, esperanza o la certidumbre de un futuro lleno de terror. El milagro del respetuoso silencio mientras el tiempo pasa y ellos, los dueños de La Morada, siguen dando vueltas al ritmo terrible del tiempo que se presenta en forma de justicia, aunque algunos pusilánimes la llamaran venganza, y nosotros, los espectadores de teatro, legitimamos con nuestro aplauso.
La Morada es el cuarto montaje de la compañía Microteatro Zaragoza que además estrenan espacio en El Extintor, una sala todavía en construcción para teatro de emergencia y emergente. Un lugar ideal para representar esta obra de teatro que, en palabras de Santiago Meléndez, conecta con el auténtico terror actual de la realidad social.

"¡ ARRGGHHH ! (La Morada)...te sentirás helado....

"El Extintor", Calle las Armas, 20

Del 31 de noviembre hasta el 9 de Diciembre.

Viernes y sábados a las 22

Domingos a las 20 h.

PRECIO: 7 Euros

RESERVAS EN EL 622 431 121



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30 abril 2012

Buscando a Santiago Meléndez me encontré con Odón Val




La información me llegó a través de las redes sociales. Santiago Meléndez iba a actuar en la sala Gromeló el domingo 29 de abril a las ocho y media de la tarde. Una buena hora para ir hasta La Caja Tonta, tomar una cervecita y recorrer el camino de puntos rojos que, si en el pasado llevaba al almacén del bar, en la actualidad te traslada al mundo del espectáculo. Eso si, olviden lo virtual, aquí se paga en efectivo por el acceso.

El aforo de las sala era el habitual en la ciudad del cierzo hasta que el oscuro dejó a un guitarrista en la escena. Pero no un guitarrista cualquiera, un guitarrista que bebe del folclore argentino para destilarse en elegancia, exento de florituras, suave y preciso. Hernán Filippini tomó entre sus manos un bello instrumento, el de las seis cuerdas, y comenzó el show. Al fondo, rasgado por la luz, apareció un personaje muy parecido a Santiago Meléndez pero su acento y su actitud me confundieron tanto como la noche. El cautivo suspiro de amor de una bella espectadora despejó mis dudas. Odón Val, que visitó esta ciudad en carne mortal, regresaba a Zaragoza abierto en canal.

Odón Val. Recordaba su nombre y su trayectoria. Heterodoxo cantante argentino de enorme éxito internacional. Un intérprete de sobrada capacidad vocal y suficiente cuajo artístico para enfrentarse a proyectos musicales tan diferentes como grabar en el estudio junto a los Chemical Brothers, o protagonizar en Broadway los grandes musicales de Andrew Lloyd Webber.

Su presencia era imponente, con esa arrogancia voluptuosa que da la fama y las lentejuelas. Una arrogancia que al público le encantó porque no hay nada más agradecido que mostrarse tal cual, sin trampa ni cartón, fuera los artificios y las falsas modestias y Odón Val, se lo puedo asegurar, es cualquier cosa menos modesto. El espectáculo no discurrió por los caminos que el cantante argentino había previsto: Inconvenientes con el decorado solventados a última hora por un auxiliar de sala, imperfecciones en el atrezzo, y poca integración en el espacio, tan reducido como sugerente y cercano. Así fue pasando la función, entre pequeños desastres que, sin formar parte del show, Odón los incorporó con la maestría de los grandes y provocó aplausos entusiastas y grandes carcajadas.

Las carcajadas siempre estuvieron presentes en la sala, desde la presentación inicial, un recitado a toda velocidad con aires de Nacha Guevara, hasta todo lo que vino después en forma de un Joselito por fados, la traducción despiadada de un hit monegasco-eurovisivo, y ese aroma vital que flotaba al estilo Albert Pla. Pero olviden las etiquetas que les sugiero porque Odón Val es capaz de sintetizar cualquier influencia y llevarla a su terreno, un cabaret ideado para triturar letras y músicas que a veces son de Brassens, Les Luthiers y hasta un coro que el guitarrista hizo en solitario para suplir a los cinco sudamericanos. Pero la cosa no paró aquí. Odón, crecido por la entrega incondicional del público, tomó entre sus manos un abanico, bajó el tono hasta el umbral sonoro de la Montiel y nos cantó un cuplé, la hilarante radiografía de una boda y hasta cedió por unos minutos, y eso fue el acabóse, el protagonismo vocal al guitarrista que añoró, ¡pobrecito mío! el pueblito que lo vio nacer.
El espectáculo estaba a punto de terminar y yo estaba contento. Había salido de casa buscando al actor Santiago Meléndez con su MicroTeatro Zaragoza y me había encontrado con el gran descubrimiento de Odón Val, un intérprete personalísimo que trabaja los pequeños detalles para dar giros copernicanos a las canciones que conforman su repertorio. Pendenciero, tan sugerente como irritante, a veces sutil con el lenguaje y otras directo, muy directo, con esa virtud de convertir en carcajada lo que en otros suena soez. Para el final guardó un emocionante grito de esperanza y, cuando la salva de aplausos era atronadora, Odon Val nos regaló su lado más sexy. Una sinuosa explosión carnal que acribilló mis ojos con su mirada felina.

Permanezcan atentos a los carteles, los periódicos y las redes sociales. Una actuación de Odón Val es garantía de humor inteligente. Bajo esa apariencia de cabaret cutre se esconde un enorme actor y a su lado, con mirada cómplice, el talento a raudales del guitarrista Hernán Filippini.

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14 enero 2012

La Noche de los Triunfadores


Lo llaman microteatro porque está construido con historias que no van más allá de diez o quince minutos de duración. Utiliza lugares poco habituales para una representación y lo hace con aforos muy reducidos. El público tiene la potestad de elegir cuantas de las piezas quiere ver y el orden de las mismas. Se puede elegir una o todas las que quieras. Verlas una detrás de otra o, entre pieza y pieza, acodarte en la barra del bar, comentar la jugada y decidir cual será la siguiente aventura. Ayer probé otra interesante posibilidad. Aconsejado por la organización y tras señalar los platos que me faltaban por degustar, me dejé llevar…
“La Noche de los Triunfadores” comenzó su andadura en el Teatro de la Estación (lo puedes leer aquí) y más tarde se trasladó a las dependencias del Albergue Municipal. Allí nos esperaba Rosamarilla. No, no se hagan los despistados. Ustedes, como yo, conocen perfectamente a esta Star de la televisión. Una mujer especializada en mangonear el picadillo de la vida y servirlo en prime time. La actriz Pilar Molinero tomó posesión de la escalera del Albergue y nos mostró, peldaño a peldaño, la derrota del sentido común frente al share. Los espectadores seguíamos los pasos de la actriz en su conquista del espacio escénico - ese lugar dónde los actores representan la vida- Semejante persecución terminó por resultar natural y excitante. Pilar Molinero deambuló desde los camerinos hasta un plató de televisión. El trayecto nos deparó las confesiones de la estrella y puso sobre la parrilla los combustibles para mantener viva la chispa del directo. Pero lo mejor estaba por llegar. La actriz rompió la línea, que hasta entonces parecía invisible, entre representación y realidad, y nos otorgó a los espectádores un protagonismo que hasta entonces no teníamos. Su mirada y un ligero roce de sus dedos me invitaron a cruzar el umbral. Yo le dije que sí. La afirmación no era para la actriz. Mi aseveración fue para el personaje y ese, señores, es el triunfo más grande que puede lograr una actriz.
No hubo tregua. Desde no me pregunten dónde surgió la figura de un sacerdote. Con educación apostólica nos invito a adentrarnos en la intimidad de una pequeña habitación. El espacio se redujo a la mínima expresión. El sacerdote entre los espectadores prendidos de unas sillas, todos muy juntitos y las convenciones teatrales definitivamente destrozadas. Una tenue luz nos invitó a recordar esos pasajes ocultos por el poder, la vergüenza y los intereses sociales. Antonio Magen moldeó la atmósfera con un brillante ejercicio actoral. Su voz y su gesto, tan cercanos e irremediablemente verdaderos, crearon ambientes cálidos, siniestros y, tras un susurro junto a mis orejas, inquietantes. La experiencia fue turbadora. Les confieso que llegué a olvidar que Magen era un actor. Su mirada, los deslumbrantes cambios en el registro dramático y la inflexión de sus palabras suministraban ritmo cardíaco a un hombre mecanizado por las piezas que contiene el calidoscopio de la maldad humana.
A estas alturas de la función ya tenía bastantes emociones en el cuerpo. Quise marcharme pero el taquillero, entre la amabilidad y la amenaza, me invitó a que utilizará la última de mis entradas. Al fin y al cabo, me dijo, usted ya ha pagado. Le hice caso.
En la bodega del Albergue nos esperaban unos comerciales muy eficientes. Comprar un producto bancario, aunque hubo épocas gloriosas, siempre fue un poco farragoso, sobre todo para ciudadanos, como quien esto escribe, poco duchos en menesteres económicos. Pero lo que en un principio me pareció financiero, muy pronto se desveló biológico. La banca, queridos amigos, va en pos de nuevos nichos de negocio y ha entrado, definitivamente, en un nuevo concepto de obra social y humanitaria. Irene Alquézar y Rafa Blanca lograron que me partiera de la risa y con decirles eso ya sería suficiente. Carcajadas que unas veces fueron desternillantes y algunas otras un poco acojonadas. Sin embargo quisiera poner en valor el apabullante despliegue gestual y vocal de ambos actores. Una cascada de mínimas sugerencias que, disparadas una detrás de otra y a velocidad de vértigo, tuvieron la virtud de provocar momentos hilarantes hasta que el movimiento y el sonido se detuvieron en un breve segundo. Paréntesis de silencio para reír nervioso o temblar. La representación fue tan generosa en la entrega y tuvo tanta energía, que abandoné el espacio aturdido por el miedo que se había instalado en muchos órganos vitales, y no tanto, de mi cuerpo. Si aquello dura un poco más ¿Quién sabe que tipo de contrato hubiera firmado un servidor?
Santiago Meléndez es el autor y director de “La Noche de los Triunfadores” De su mano han surgido unos textos brillantes, capaces de dotar a cada uno de los personajes de las palabras adecuadas para potenciar sus particularidades. Las historias siempre tienen el matiz inteligente de la ironía, con la clara intención de incitar a la complicidad activa del espectador, que se sienta involucrado. El trabajo de dirección parte sin lugar a dudas de ese excelente material literario para personalizar cada escena con gran variedad de registros. Una labor, que se me antoja muy íntima entre director y elenco de actores, y que se traslada a la piel del espectador, destinatario final de este banquete teatral que, aunque alejado del espacio escénico tradicional, contiene todos los valores del buen teatro con mayúsculas. Lo llaman microteatro pero sus dimensiones son gigantescas. Todavía me duelen las manos de aplaudir.
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Aquí toda la información sobre fechas y horarios.

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11 noviembre 2011

“La Noche de los Triunfadores” Microteatro en el Teatro de la Estación


El Teatro de la Estación acoge todos los jueves más el fin de semana a las ocho de tarde un espectáculo novedoso en Zaragoza. La compañía de Santiago Meléndez representa en formato de microteatro “La Noche de los Triunfadores”

El microteatro son pequeñas obras de entre diez y quince minutos de duración que se realizan en espacios singulares y varías veces al día, son representaciones para un público que ronda entre seis y doce espectadores. Ayer tuve la suerte de asistir a cuatro de esas funciones y ya les adelanto que volveré para ver el resto.

El espectáculo comienzó en la taquilla, allí me recibió Mister Bacigalup con elegancia y educación, un tipo afable que me aconsejó sobre las representaciones que podía degustar y me llevó de la manita hasta el espacio de cada actuación. En definitiva se trata de elegir las piezas que quieres ver y ajustarte al horario que más te agrade. Puedes ver una, o dos, o todas las que quieras. Puedes hacerlo una detrás de otra o, ¿te lo imaginas? entre pieza y pieza puedes ir a algún bar cercano, tomarte una caña, comentar la jugada y decidir cual será la siguiente aventura.

La mía comenzó por el pasillo de emergencia del Teatro. Cuatro espectadores sentados en un par de peldaños y frente a nosotros un político de nuevo cuño. “El Salvador” nos presentó un nuevo partido, una organización que ¡¡por fin!! nace de nosotros para preocuparse de nosotros veinticuatro horas al día, siete días a la semana. El actor Saúl Blasco conformó un apasionado personaje que a veces era serpiente que hipnotiza y otras torbellino que asusta y sin embargo divierte. Juguetona dicción para un excelente texto lleno de dobles sentidos e inteligencia, un buen asidero para este joven y prometedor actor del panorama local.

La segunda experiencia transcurrió en uno de los almacenes del Teatro ( Un lugar, y perdonen que acuda a mi memoria pero el recuerdo es imborrable, al que yo llamo “la paella” Miren aquí la fotografía que nos hicimos hace poco más de un año con la compañía “El pont flotant” durante la obra “Ejercicios de amor”)

“Benéficas” es un acercamiento al mundo del lujo y del glamour, un lugar tan alejado de su realidad y de la mía que parece de otro planeta, como Laura Plano y Ana Marín. Dos actrices en estado de gracia que construyen de una manera admirable a sus dos personajes, tanto en las intervenciones individuales como en la química que se crea entre ellas, la simbiosis rebosa humor y nos regala momentos tan deliciosos como delirantes.

¿Quién es “La Rencorosa”? Algunos dicen que un oráculo escondido en lo más profundo del almacén general del Teatro de la Estación, un espacio mágico dónde se guardan decenas de atrezzos utilizados en su escenario. Esta mujer, entre la predicción clásica y el Google 2.0, fue capaz de desnudar a todos y cada uno de los espectadores que nos atrevimos a enfrentarnos a su capacidad de observación. Santiago Meléndez emergió entre la memoria en forma de decorados que lo rodeaban, y nos regaló toda la energía y la intensidad de su mirada (no se la pierdan) Fue bajo sus ojos cuando quedé subyugado y esperé, jugándome la vida, al final de la cuenta atrás.

El último viaje fue a otra dimensión. La mejor vidente de Occidente en “Servicio 24 horas” nos mostró a la altura de nuestras narices, como se puede contactar con el más allá. Jesús Sesma demostró que las dimensiones de este mundo son sólo una cárcel y que, con un poco de entrenamiento y mucho interés, otros espacios están al alcance de nosotros, sólo necesitamos alguien que esté dispuesto a pagar el viaje, ¿y tú? ¿Estás dispuesto a enrolarte en esta aventura de diseñar a tu gusto, y lejos del mando a distancia, una hora de entretenimiento? No te pierdas el arte de la interpretación al alcance de la mano.

Teatro de la Estación

Dirección

Domingo Figueras Jariod, 8

50004 Zaragoza

Teléfono:

976469494


Microteatro Zaragoza en facebook: Aquí


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09 octubre 2009

Donne

“Donne” es un cocktail que la compañía de Santiago Meléndez nos ofrece en el Teatro de la Estación de Zaragoza. El espectáculo esta construido con poemas escritos por autoras españolas del siglo XX, el acompañamiento musical de un violín (Belén Estaje), la expresión plástica de la danza (Elia Lozano) y las palabras de dos actrices (Pilar Molinero y Yolanda Blanco), que tanto me gustaron en “La calle del infierno”.
“Dome”, como en la elaboración de cualquier otro combinado, tiene como dificultad mezclar las cantidades exactas de cada uno de los ingredientes que lo conforman, un ejercicio imprescindible para que el trago final resulte inolvidable.
Hacer un espectáculo sobre una selección de poemas conlleva la dispersión del hilo narrativo, una manera de paliar este efecto sería dar espacio a los textos, un colchón sobre el que reposar. La dramaturgia que ha construido Santiago Meléndez peca de exceso de ingredientes. No es necesario que música, danza y poemas estén presentes durante todo el tiempo de la representación. La obra ganaría en oxígeno y comprensión si los elementos artísticos se combinasen de diferentes maneras, creo que el espectador agradecería minutos exclusivos para los versos, la danza y la música, en mono dosis como remanso de las palabras que alguna vez también piden silencio.
Es muy significativo que el momento más emocionante de la noche llegase al final de la función tras una excelente selección musical, intensidad en las voces y en la danza hasta llegar a las luces blancas, las cuatro interpretes al fondo del escenario nos dan la espalda y el silencio roto por la respiración de la bailarina: Ese puede ser un tipo de los paréntesis que cada poema de la función necesita para que la avalancha de palabras pueda respirar y que el espectador repose cada uno de los mensajes.
“Donne” es un espectáculo arriesgado que discurre sobre una interesante puesta en escena donde el violín de Belén Estaje subraya a la perfección las emociones que nos transmiten Pilar Molinero y Yolanda Blanco, dos actrices que destilan con acierto las palabras y se integran en el mundo paralelo creado por los movimientos de Elia Lozano. Cuatro excelentes intérpretes que nos trasladan al universo femenino, el amor y la sensibilidad. Una alternativa sugerente para estas Fiestas del Pilar.
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“Donne”
Del 8 al 12 de Octubre
Viernes y sábado 21 horas. Domingo y lunes 20 horas
Teatro de la Estación de Zaragoza
Tlfno de reservas: 976 46 94 94
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