Más perdidos que Carracuca
Cartografías posibles para perdidos
Thoreau se enfrenta al hecho de perderse desde una
contundente afirmación. No nos encontramos ante nosotros mismos hasta que no
estamos perdidos. Los protagonista de ‘Más perdidos que Carracuca’ cumplen con
esa máxima gracias a la capacidad que tiene el texto de Emilio del Valle para
tejer una maraña de apariencias que rebotan una y otra vez en un mar de
coletillas, y sin embargo deslizan con maestría las claves para dibujar la
personalidad de los personajes, hasta situarlos ante dos monólogos antológicos
que elevan a los protagonistas por la gracia de la palabra que cuenta una
historia de andar por casa, pero también sobrevuela el campo de la filosofía.
Este croquis narrativo se enriquece con elementos
simbólicos que aumentan notablemente la deliciosa teatralidad de una pareja que
conoce muy bien el trayecto que va de su trabajo en el mercado al agujero donde
duermen. La distancia entre vivir bajo la luz natural de una sociedad que los
ignora, y dormir si se puede bajo la luz artificial de una cazuela que ejerce de
lámpara de techo. Saben exactamente donde se encuentran, y son conscientes de
que ellos son los abollados que la sociedad ha olvidado. Una demoledora
realidad con algunos rasguños por lo que se cuela la esperanza de un rayito de
luz que ilumine nuevos caminos.
Su condición de perdidos viene determinada por la escasa
habilidad que tienen para leer el mapa de la vida. Una cartografía que se
disfraza de periódico con sus noticias y sus ofertas de trabajo, pero también de
un reproductor de casetes. Si la prensa juega el papel de la esperanza, la
música es la vía muerta de una mecedora donde cerrar los ojos y dejarse llevar
por el ritmo disco funk. Ahí se encuentra el conflicto. La lucha entre recorrer
el camino para salir de la inmundicia, o de quien se conforma con hacer una y
otra vez el mismo recorrido, pulsar play y olvidar su condición.
La diligencia de Emilio del Valle para mover a los
personajes por el escenario tiene la virtud de aunar las curvas del texto con
un esmerado manejo de los ritmos y las pausas. Esa armonía es fundamental para
construir los puentes que conectan comedia y tragedia, congelar la sonrisa y dejarte
varado en la preocupación. Un trasiego cíclico que descarta la aparente sencillez
arquetípica de los personajes y los muestra con toda su complejidad.
Esta nutritiva estructura dramática se sustenta gracias a un
portentoso trabajo actoral. Jorge Muñoz y David Fernández «Fabu» huyen de la
naturalidad para dejar bien a la vista todos los elementos artificiales que
utilizan para manufacturar unos personajes anclados en una incontestable realidad
que la sociedad no quiere ver. La primera impresión nos llega a través del
aspecto corporal y físico. Una coreografía de movimientos, tics y posturas que
sirven para el trazo gordo de la personalidad de cada uno de sus personajes,
mientras el pincel fino para perfilar los detalles está determinado por el
trabajo artesano de una brillante prosodia. Malabares con la palabrería de
baratillo y una carga de profundidad con un subtexto que nos apela.
‘Más perdidos que Carracuca es un retrato que eleva el tiro
por encima de la evidente marginalidad que nos muestra sobre el escenario y
dispara al patio de butacas tres preguntas esenciales que nos invitan a
reflexionar. ¿Cómo manejamos los vínculos de la convivencia? ¿Cuánta dignidad
somos capaces de perder para permanecer en el lado luminoso del mundo? ¿La
solución a los males contemporáneos pasa por borrar la cartografía con la que
sueñan los habitantes de un submundo que nos empeñamos en olvidar?
‘Más perdidos que Carracuca’
Compañía: Teatro Tarambana. Autoría y dirección: Emilio del
Valle. Elenco: Jorge Muñoz y David Fernández «Fabu». Asistente Dirección: Elena
Lucas. Producción: Nacho Bonacho, Salvador Sanz, Amelia Lloret y Javier Zurita.
Escenografía y vestuario: Inconstantes Teatro y Tarambana Teatro. Iluminación:
José Manuel Guerra.
Sábado 21 de marzo de 2026. Teatro de la Estación.
Etiquetas: critica teatro, David Fernández "Fabu", jEmilio del Valle, Jorqe Muñoz, Tarambana Teatro, Teatro de la Estación




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