La curvatura de la córnea

19 mayo 2026

Llueve y hace sol sobre Paris

 




El milagro de conversar

Borges afirma que la vida tiene un único momento cuando sabes quién eres. José Aguilar es un guardia civil herido en un atentado terrorista que defiende el encuentro humano para acercarse a la verdad sin repetir certezas, y perder el miedo para enfrentarse a esa complejidad. ‘Llueve y hace sol en Paris’ se mueve entre esas dos ideas mediante una conversación atravesada por la tragedia. La hija de Sofía murió en el atentado terrorista en el que se inmoló el hijo de Fátima.

El texto de Abel Neves transita desde la belleza poética de quien navega por los recuerdos, hasta la expresión cruda y desbocada de la rabia. Un laberinto de sensaciones que han colonizado la vida de dos mujeres a la búsqueda de una nueva brújula para sobrevivir a la pena.

La dirección de Cristina Yáñez se apodera de esa fluctuación y atornilla las palabras al escenario, o las convierte en el disparadero para que las acciones tengan el delicioso sabor del juego de la representación y desde ahí, conseguir que la teatralidad golpeé con la emoción de los sentimientos, hasta situarnos frente al dilema de tomar una posición moral.

El trabajo actoral muestra con nitidez la transformación de las protagonistas mediante un magnífico arco dramático sustentado en dos maneras diferentes de interpretación. Mientras Inmaculada Oliver realiza un ejercicio de contención corporal  para concentrar toda su energía en las tonalidades de la voz y la expresión facial, Silvia Espigado se sube al vértigo de una montaña rusa donde despliega un amplio catálogo de estados de ánimo diferentes y contradictorios y así, mientras el griterío polarizador del exterior se rasga las vestiduras, hay un lugar en el teatro donde llueve y hace sol al mismo tiempo, porque más allá del arcoíris se puede volver a vivir después de perderlo todo.

‘Llueve y hace sol en París’

Calificación: 4 estrellas

Producción: Tranvía Teatro. Autor: Abel Neves. Traducción: Lourdes Eced. Dirección y puesta en escena: Cristina Yáñez. Reparto: Silvia Espigado e Inmaculada Oliver. Escenografía: Silvia de Marta. Iluminación: Javier Anós y Pablo Hernández. Espacio sonoro y composición musical: Miguel Ángel Remiro.

Jueves 6 de mayo de 2026. Teatro de la Estación.



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08 mayo 2026

El Horla


 

Cuando la función terminó El Horla no había estado allí

Antonio García Ángel afirma en el prólogo de una edición gratuita que ‘El Horla’ de Guy de Maupassant adopta la forma de diario para, más allá de la descripción irónica de la burguesía, contar una historia de terror a partir de la figura del doble. Esa idea del ‘otro’ deja al lector en una posición en la que no está seguro si los sucesos que cuenta el narrador son alucinaciones o sucesos verdaderamente paranormales. El texto se mueve en esa ambigüedad hasta crear una criatura emblemática entre lo tangible y lo fantasmal, dos ingredientes indispensables para llevar a sus víctimas hacia los territorios de la locura.

La versión teatral de Pacific Producciones parte de la premisa de que El Horla es un personaje instalado en la menta de la protagonista, cuya imagen corporal es la locura. El objetivo es «indagar en la demencia desde la conexión entre mente, memoria y pensamiento» De manera que la puesta en escena aspira a retratar esa manera de vivir, sin embargo la dramaturgia y la dirección de Miguel A. Camacho no culmina esos objetivos porque su adaptación esta lastrada de principio a fin por un discurso netamente narrativo.

La narración es un elemento perfectamente válido para usarlo sobre el escenario cuando se trata de introducir hechos pasados o adornar la acción con relatos y sucedidos. El problema en este caso es que esa forma de exposición es un réplica fidedigna del texto literario original y así, el clásico narrador teatral se sustituye por el protagonista contando lo que le pasó. Todas las acciones que ocurren en el escenario están referenciadas al pasado. Más allá de un par de diálogos, no hay un desarrollo del personaje en primera persona que permita al espectador destruir la ilusión escénica hasta identificarse con el personaje protagonista.

La energía y la entrega escénica de Elisa Marinas no puede sustituir ese lastre narrativo, que al fin y al cabo, aleja la historia del espectador porque el relato se percibe como una sesión de narración oral donde la tercera persona reina de principio a fin, con algunas gotas de acción dramática y así, cuando la función terminó lo más evidente era que la por allí no había pasado la presencia fantasmal o imaginaria de El Horla, y como esa criatura o ilusión había afectado en primera persona al  cuerpo y la mente de la protagonista. La sensación fue de asistir  a un relato en diferido de los hechos, exactamente la experiencia que se tiene cuando lees el diario original, y ahí sentí que el texto no se había sometido al proceso propio de una adaptación del lenguaje discursivo al dramático con una consecuencia fatal: el relato se había devorado al personaje escénico.

‘El Horla’

Producción: Pacific Producciones.  Autor: Guy de Maupassant. Versión, dramaturgia , iluminacióny dirección: Miguel Ángel Camacho. Intérprete: Elisa Marinas. Escenografía y vestuario: Elisa Sanz.

Domingo 19 de abril de 2026. Teatro de la Estación.

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22 marzo 2026

Más perdidos que Carracuca


 

Cartografías posibles para perdidos

Thoreau se enfrenta al hecho de perderse desde una contundente afirmación. No nos encontramos ante nosotros mismos hasta que no estamos perdidos. Los protagonista de ‘Más perdidos que Carracuca’ cumplen con esa máxima gracias a la capacidad que tiene el texto de Emilio del Valle para tejer una maraña de apariencias que rebotan una y otra vez en un mar de coletillas, y sin embargo deslizan con maestría las claves para dibujar la personalidad de los personajes, hasta situarlos ante dos monólogos antológicos que elevan a los protagonistas por la gracia de la palabra que cuenta una historia de andar por casa, pero también sobrevuela el campo de la filosofía.

Este croquis narrativo se enriquece con elementos simbólicos que aumentan notablemente la deliciosa teatralidad de una pareja que conoce muy bien el trayecto que va de su trabajo en el mercado al agujero donde duermen. La distancia entre vivir bajo la luz natural de una sociedad que los ignora, y dormir si se puede bajo la luz artificial de una cazuela que ejerce de lámpara de techo. Saben exactamente donde se encuentran, y son conscientes de que ellos son los abollados que la sociedad ha olvidado. Una demoledora realidad con algunos rasguños por lo que se cuela la esperanza de un rayito de luz que ilumine nuevos caminos.

Su condición de perdidos viene determinada por la escasa habilidad que tienen para leer el mapa de la vida. Una cartografía que se disfraza de periódico con sus noticias y sus ofertas de trabajo, pero también de un reproductor de casetes. Si la prensa juega el papel de la esperanza, la música es la vía muerta de una mecedora donde cerrar los ojos y dejarse llevar por el ritmo disco funk. Ahí se encuentra el conflicto. La lucha entre recorrer el camino para salir de la inmundicia, o de quien se conforma con hacer una y otra vez el mismo recorrido, pulsar play y olvidar su condición.

La diligencia de Emilio del Valle para mover a los personajes por el escenario tiene la virtud de aunar las curvas del texto con un esmerado manejo de los ritmos y las pausas. Esa armonía es fundamental para construir los puentes que conectan comedia y tragedia, congelar la sonrisa y dejarte varado en la preocupación. Un trasiego cíclico que descarta la aparente sencillez arquetípica de los personajes y los muestra con toda su complejidad.

Esta nutritiva estructura dramática se sustenta gracias a un portentoso trabajo actoral. Jorge Muñoz y David Fernández «Fabu» huyen de la naturalidad para dejar bien a la vista todos los elementos artificiales que utilizan para manufacturar unos personajes anclados en una incontestable realidad que la sociedad no quiere ver. La primera impresión nos llega a través del aspecto corporal y físico. Una coreografía de movimientos, tics y posturas que sirven para el trazo gordo de la personalidad de cada uno de sus personajes, mientras el pincel fino para perfilar los detalles está determinado por el trabajo artesano de una brillante prosodia. Malabares con la palabrería de baratillo y una carga de profundidad con un subtexto que nos apela.

‘Más perdidos que Carracuca es un retrato que eleva el tiro por encima de la evidente marginalidad que nos muestra sobre el escenario y dispara al patio de butacas tres preguntas esenciales que nos invitan a reflexionar. ¿Cómo manejamos los vínculos de la convivencia? ¿Cuánta dignidad somos capaces de perder para permanecer en el lado luminoso del mundo? ¿La solución a los males contemporáneos pasa por borrar la cartografía con la que sueñan los habitantes de un submundo que nos empeñamos en olvidar?

‘Más perdidos que Carracuca’

Compañía: Teatro Tarambana. Autoría y dirección: Emilio del Valle. Elenco: Jorge Muñoz y David Fernández «Fabu». Asistente Dirección: Elena Lucas. Producción: Nacho Bonacho, Salvador Sanz, Amelia Lloret y Javier Zurita. Escenografía y vestuario: Inconstantes Teatro y Tarambana Teatro. Iluminación: José Manuel Guerra.

Sábado 21 de marzo de 2026. Teatro de la Estación.



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15 marzo 2026

La tarde que llegaron los Beatles

 




 Memorias de un beatlemaníaco

Paco Ortega en 1964 se quedó varado en una armonía vocal. La melodía hablaba sobre el sabor a miel que perdura en el beso que despertó su corazón. Sesenta años después hace gala de ese amor con un monólogo autorreferencial construido sobre tres pilares. Los recuerdos infantiles son el universo fundacional que dispara la biografía afectiva. Introduce un personaje con funciones de alter ego como la ventana abierta a un diálogo en primera persona de ficción con los mismísimos John, Paul, Ringo y George. Estos dos vectores principales se mezclan con una dosis perfectamente medida de teatro testimonial, unas pinceladas de realidad social y devenir histórico para enmarcar toda la peripecia. Se añade un prólogo que es una buena idea para cerrar la historia en círculo, sin embargo peca cuando explica en exceso la maquinaria narrativa, algo innecesario porque la sencilla puesta en escena es suficiente para seguir con claridad los pasos que sigue la historia.

Paco Ortega hace un delicioso ejercicio de naturalidad a la hora de trenzar los diferentes ambientes por los que transita, desde el brillo en su mirada para evocar a personas y objetos que no necesitamos ver, hasta la vitalidad en la prosodia de quien sabe cada detalle musical y biográfico de los Beatles. Tan solo la levedad técnica de cuando el directo no se ajusta al milímetro con las voces grabadas y se pierde un poco de tensión.

El resultado es una experiencia que cualquier fan reconocerá. Crear un personaje más allá de uno mismo que interactúa en el mundo de los sueños, la memoria como cajón de sastre para conectar las vivencias propias con los idolatrados, establecer una jerarquía causal que centrifugue ambas experiencias, y que la satisfacción con el pasado de los grandes hits explique nuestra forma de entender la vida..

‘La tarde que llegaron los Beatles’

Calificación: 4 estrellas

Producción: Teatro del Espejo. Autor e interpretación: Paco Ortega. Dirección: Rafael Campos. Voces en Off: Cristián Álvarez, Rafael Campos, Alfonso Desentre, Carlos Lorente e Isabel Rodríguez.

Viernes 13 de marzo de 2026. Teatro de la Estación


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01 diciembre 2025

Damas Maltidas

 

                           


Disección a la novela realista

La aspiración de la novela realista del siglo XIX era observar el mundo para reproducirlo tal y como es, sin embargo el observador juega un papel muy importante porque su mirada determina la interpretación final y la manera de escribirlo. Chema Cardeña ha realizado ese ejercicio experimental aplicando una dramaturgia para desenredar la vida de tres mujeres fundamentales en la historia de la literatura, y hacer una trenza que visibilice su relevancia contemporánea.

El texto elimina el corsé realista que las aprisiona, las acerca al espectador mediante el uso de la primera persona, y diluye el estereotipo por el que son célebres. Los arrebatos místicos de ‘La Regenta’ enamorada de un Don Juan. La distancia que separa lo imaginado de la vida real atrapa a ‘Madame Bovary’. Una urdimbre inhóspita de individualismo confisca el universo afectivo de ‘Anna Karénina’.

La dirección aprovecha la sencillez escénica de una tarima que gira sobre sí misma para crear dinámicas de gran teatralidad. Un juego de planos en los que se representan pasajes de las novelas aderezados con citas de sus autores Alas Clarín, Flaubert y Tolstoi, mientras la peripecia avanza siguiendo un arco dramático común en el que confluyen todos los acontecimientos: la losa de un matrimonio apático, el sueño de encontrar la pulsión desenfrenada del amor y la caída al precipicio para perderlo todo.

El trabajo actoral es excelente. Las palabras de ellas palpitan tras los vestidos enlutados, mientras la expresión de sus rostros muestra las heridas de unas mujeres que gravitan sobre el blanco impoluto de un hombre para retratarlos a todos. El cortafrío que matiza las voces para el engaño, el apabullante peso escénico que aplasta el universo femenino, y una coda final para la reflexión que eleva el impacto dramático.

‘Damas Malditas’

Calificación: 4 estrellas

Producción: Arden Producciones. Texto y dirección: Chema Cardeña. Intérpretes: Carme Juan, Pepa Juan, Rosa López, Darío Torrent. Escenografía: Luís Crespo. Vestuario: María Poquet. Iluminación: Josemi Felguera. Música: Emilie Autumn

Sábado 29 de noviembre. Teatro de la Estación

Crítica de la obra de teatro 'Damas malditas': Disección a la novela realista

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05 mayo 2025

A cada paso

 




Sabiduría de payasa

Beckett nos enfrenta a la angustia de la condición hRogerumana mediante el teatro del absurdo. Sus personajes viven encerrados en un circunloquio de diálogos y acciones repetidas. Winnie es uno de ellos. Una habladora sin fin que quiere convencer al espectador de que sus días son felices enterrada hasta la cintura en un montículo. La precisión obsesiva del autor acota su comportamiento con la mezcla de palabras atolondradas y las rutinas cotidianas que le proporcionan los objetos para peinarse, limpiarse los dientes o limarse las uñas.

Pepa Plana y Roger Juliá liberan a Winnie de todas esas ataduras mediante una dramaturgia que convierte ‘A cada paso’ es un universo nuevo. La cárcel en forma de montículo es una falda de tules que recorre la muralla de un espacio circular para abrir puertas y ventanas. La iluminación de Yuri Plana y el diseño sonoro de Lluís Cartes aliñan la escenografía de Xavier Erra con una  deliciosa variedad de capas narrativas para que la peripecia rompa definitivamente amarras, se aleje del mundo sin propósito del teatro de Beckett, y convierta el escenario en el hábitat ideal para dar rienda suelta a la imaginación de una payasa. La repetición se sustituye por una curiosidad insaciable que descubre como conectar la ficción del escenario con la realidad del patio de butacas. Y eso lo cambia todo.

Pepa Plana se mueve en esta nueva geografía poética con la sabiduría de quien controla a la perfección el ritmo que necesita cada arco dramático por el transita, gracias a un optimismo inalterable para jugar con los objetos de atrezo, y empujar las acciones de la gestualidad a la mueca, del movimiento azaroso a la coreografía, mientras los espectadores se sienten participes de una aventura que los zarandea entre la explosión de la risa y el latido de la emoción.

 

‘A cada paso’

Calificación: 4 estrellas

Producción: Compañía Pepa Plana. Dramaturgia: Pepa Plana y Roger Juliá. Dirección: Roger Juliá. Payasa: Pepa Plana. Escenografía: Xavier Erra. Iluminación: Yuri Plana. Música y espacio sonoro: Lluís Cartes.

Sábado 3 de mayo de 2025. Teatro de la Estación.

Pepa Plana: Sabiduría de payasa

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17 febrero 2025

La noche se está muriendo

 



Un encuentro imposible entre Federico y Margarita

  Margarita Xirgu después de realizar una gira por el norte de España regresó a Madrid en el otoño de 1926 donde se encontró con Lydia Cabrera, una compañera de profesión con la que mantenía una buena amistad.

  A lo largo de la conversación, Cabrera felicitó a su amiga por el próximo estreno de ‘Mariana Pineda’ de Federico García Lorca. Un obra que había llegado a sus manos a través del escritor Eduardo Marquina. La Xirgu mostró su asombro, primero porque Marquina no le había entregado ningún material y segundo porque desconocía al autor del que su amiga hablaba maravillas. El desconocimiento de la actriz era normal porque en 1926 la única obra que Lorca había estrenado era ‘El maleficio de la mariposa’ que cosechó un estrepitoso fracaso en el Teatro Eslava de Madrid. Sin embargo el entusiasmo de su amiga por la figura de Lorca le picó la curiosidad y quiso conocerlo. Media hora más tarde las dos actrices y el autor tomaban el aperitivo. Federico cautivó a Margarita con su simpatía y personalidad. Empezaba una larga amistad que combinaría relación personal y crecimiento artístico.

      ‘Mariana Pineda’ se estrenó en 1927 durante la dictadura de Primo de Rivera y desde entonces hasta 1936 los papeles más memorables escritos por Lorca fueron reservados para Margarita Xirgu. Esta colaboración tejió una profunda admiración entre ambos gracias a largas temporadas teatrales, viajes y el reconocimiento del público. Fue entonces cuando Lorca escribió sobre su amiga: “es un caso extraordinario de talento; talento que se impone a la ñoñería actual de nuestro teatro en batallas constantes de inquietudes interpretativas […] Cada tarde, en la penumbra fría del escenario, me sorprende el arte genial de Margarita con un nuevo matiz, conseguido la noche anterior en el silencio estudioso de sus insomnios.”

     El destino de los amigos cambió en el año 1936. Mientras Margarita Xirgu realizaba su cuarta gira americana de la que nunca regresó a España, García Lorca es asesinado un mes después del alzamiento militar contra la segunda república.

    ‘La noche se está muriendo’ de El Crisol Teatro nos traslada hasta al 8 de marzo de 1945. ‘La casa de Bernarda Alba’ de Lorca se estrena en el Teatro Avenida de Buenos Aires en un momento decisivo para la comunidad de exiliados españoles. Los reaccionarios habían ganado la guerra civil, en las postrimerías de la segunda guerra mundial se adivinaba una nueva geopolítica internacional encabezada por unos EE.UU. que empezaban a mirar al régimen franquista como un posible aliado, de modo que el regreso inmediato a la patria era cada vez un sueño más inalcanzable.

     La dramaturgia de Martín Otiz, que comparte  dirección con Jorgelina Herrero Pons, alcanza un gran peso emociona gracias al perfecto entendimiento entre Mario Petrosino y Lorena Szekely. Sus trabajos transcienden más allá de la imagen mítica y popular que Lorca ha adquirido con el paso del tiempo, para compenetrarse a la perfección que sin con una Margarita Xirgu que pese a todo su bagaje en el mundo del teatro es una gran desconocida en España. La dirección los guía con precisión por todos los estados por los que pasa la obra en los que nos regalan situaciones donde demuestran domino en los diálogos, capacidad camaleónica de transformación corporal que les permite cabalgar con fluidez entre las líneas que separan la realidad escénica de la peripecia escrita por Ortiz y los textos de Lorca. Un vaivén hipnótico que atrapa al espectador de principio a fin.

     Martín Ortiz ha confesado en los medios de comunicación que el reto al que aspira con esta obra es conseguir una representación en la que prime una naturalidad que bajo mi punto de vista transita por tres estados diferentes: La exaltación de la amistad, jugar al teatro y, como le confesó el autor a Antón Castro en el Heraldo de Aragón, “tomar posición frente al neofascismo que avanza contando esta historia protagonizada por dos víctimas del fascismo: uno asesinado y la otra exiliada hasta su muerte.”

     La historia comienza con una premisa que funciona desde el primer momento porque la sencillez narrativa consigue  que lo mágico se presente como algo cotidiano y así, la presencia de Federico muerto pero vivito y coleando en el camerino de La Xirgu es una lanzadera perfecta para conseguir que la sorpresa y la alegría se sublimen en una exaltación de amistad entre dos amigos que se reencuentran después de nueve años. El primer gran acierto de la obra es conseguir que esos primeros momentos dibujen con nitidez a unos personajes en perfecta somtonía, dos personalidades juguetonas que se interesan por el chismorreo que perfuma la vida literaria e intelectual, para utilizar la chispa de la ironía y el buen humor a la hora de hacer unas risas con la figura mayestática de Borges, o el tono en el que canta la Argentinita hasta poner un puntito de sal cuando Lorca busca el sobresalto de su amiga y saca a colación el nombre de su competidora la actriz Lola Membrive. Son momentos deliciosos en los que dos mitos de la escena se muestran tan cercanos que contagian el gozo de su alegría, al mismo tiempo que desvelan esos aires de quien se sabe y disfruta de la fama artística y su repercusión pública.

     La segunda etapa de la función se adentra en territorio metatatral para demostrar como el teatro en realidad se sustenta gracias a la capacidad de los actores para jugar con sus voces y su cuerpo hasta conseguir transformarlos en el alma y el vestuario de sus personajes. La incorporación de algunos textos de Lorca nos regalan unos momentos deliciosos en los que vemos como el dramaturgo se mete en el papel de actor y al mismo tiempo hace pequeña aportaciones de dirección para que los gestos y las intenciones que propone su amiga definan mucho mejor los personajes que han nacido de su pluma. Entonces se produce un momento mágico cuando Lorca despliega un abanico y empieza a interpretar un monólogo de ‘Doña Rosita la soltera’ que se le escapa de la memoria, y entonces La Xirgú toma el relevo para convertir las palabras en emoción. En este espacio también hay sitio para quejas y humoradas  que van y viene entre el dramaturgo preocupado por como algunas actrices chillonas mancillan sus textos, mientras su amiga le recuerda que esos textos ya no son suyos, que ahora pertenecen a todos aquellos que sueñan con subirlos a un escenario. El repaso por algunos pasajes de obra de Lorca es brillante, y nos permite comprobar como su espectro creativo va mucho más allá del éxito popular de las tragedias  de aridez y muerte, hasta alcanzar momentos surrealistas como el diálogo de muertos entre un niño y un gato.

     El último estado por el que pasan Lorca y La Xirgu es su toma de posición frente al fascismo, el dictador Franco y el consejo que el asesinado le da a su amiga para que no vuelva a una España aplastada por la dictadura. Su incursión en el desarrollo de la obra me dejó con dos dudas.

      La primera tiene que ver con el tono del texto cuando empiezan a primar los pasajes donde toma relevancia el discurso histórico y la reflexión política, es inevitable atisbar que la voz del poeta está muy influencia por la autoría de Martín Ortiz. El resultado final funciona perfectamente si la intención es conseguir que el mensaje llegue claro y nítido a los espectadores, sin embargo esa opción se aleja de la naturalidad que se había creado en el escenario hasta rozar un tono didáctico. La segunda duda es sobre la idoneidad del momento en que se introduje ese mensaje porque, el recurso de subrayar este asunto prácticamente desde el inicio de la función, para dejarlo apartado hasta una frase en la parte final de la obra en la que Lorca vuelve a incidir en el consejo que le ha traído hasta el camerino de su amiga: no regreses a España. Esa distancia temporal entre el discurso político del inicio y el consejo final reduce el impacto dramático, que seguramente sería mucho mayor dejando toda la reflexión política en la parte postrera de la representación. De esta forma se crearían dos arcos dramáticos muy potentes. El primero consistiría en pasar con nitidez  por tres fases perfectamente marcadas por la alegría inicial, al juego intermedio y al drama final. Pero además se conectaría la ficción con la realidad y así, si en el comienzo de la función atrona un “Silencio” que Bernarda exige a gritos como la señal de identidad para la dictadura que va a gobernar su casa, pero que también sirve como el símbolo de una España cuyo futuro se puede identificar en las palabras que Leonardo de ‘Bodas de sangre’ pronuncia en el tramo final, y que también se pueden leer como el aviso literario para que La Xirgú se olvide de regresar a una patria en la que solo caben los vencedores de la guerra “La noche se está muriendo en el filo de la piedra” y el poema sigue como consejo para que busque un rincón donde siempre la quieran, sin importa la gente, ni el veneno que les echó: A Federico por maricón, y a Margarita por roja.

  ‘La noche se está muriendo’

Producción: El Crisol Teatro. Autor y Dirección de actores: Martín Ortiz.. Intérpretes: Lorena Szekely y Mario Petrosini. Dirección, Escenografía y Vestuario: Jorgelina Herrero Pons. Diseño de Iluminación: Eduardo Safigueroa. Diseño de Sonido: Hernán Fernández. Diseño Gráfico: Alicia Galvele. Asistencia de Dirección: Keila Reynoso.

 30 de enero de 2025. Teatro de la Estación


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21 enero 2025

El gran manicomio

 





Ironía para salvar el mundo

Leopoldo María Panero confesaba en una entrevista que un manicomio parece la mezcla entre el Folies Bergère y el infierno de Dante. Para los que desconocemos la obra poética de Antonina Canyelles la función ‘El gran manicomio’ de Estudí Zero Teatre significa descubrir su universo particular reunido en un caleidoscopio, y observar el hábitat donde conviven y se relacionan seres humanos de cualquier clase y condición que, zarandeados al albur de un arco dramático, nos muestran desde el gozo cabaretero a los fuegos del averno.

La voz lírica de la poeta baraja con gran expresividad la vida cotidiana de colada y fregona, las gotitas del drama en el entierro y la pena, y ese resabio de quien sabe colocar en su sitio y por derecho algunas palabras que la RAE califica de vulgares. Su cartografía parte de quien se ríe del tamaño de sus pies de payasa para alzar una crítica nítida y transparente a los poderosos que manosean leyes civiles y escrituras sagradas. La elaboración de esa realidad particular, palpable y reconocible tiene un ingrediente esencial: La ironía convierte las espinas de la indignación y la realidad social en un bálsamo de Fierabrás benéfico y sanador.

La dramaturgia y dirección de Pere M. Maestre traslada con brillantez ese mundo poético a un lenguaje escénico que armoniza versos recitados, estallido de aforismos, interpretación de canciones, y una escenografía mutante que atrapa al espectador entre ilustraciones a modo de viñetas, y el diseño de espacios oníricos donde escaleras de tijera se transforman en barricadas, tronos y caminos donde los personajes toman vida gracias a la eficacia de un trabajo actoral que luce en la dicción, aliña de verdad los movimientos, y alcanza una cima de emoción con una tonada que clava sus lamentos en la tierra mallorquina.

‘El gran manicomio’

Calificación: 4 estrellas

Producción: Estudi Zero Teatre. Textos: Antonina Canyelles. Dramaturgia y dirección: Pere M. Mestre. Intérpretes: Pepa Ramon, Xim Vidal, Lourdes Erroz, Maria Rosselló, Laura Dalmau, Joseda Ropero, Pere Mestre. Iluminación: Joan Borràs. Música Original: Oleh Zahiney. Utillaje y objetos: Lourdes Erroz, Jaume Sastre,

Domingo 19 de enero de 2025. Teatro de la Estación.


'El gran manicomio': Ironía para salvar el mundo




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28 diciembre 2024

Y fuimos héroes




 Los héroes también juegan

El tiempo ha transformado al héroe mitológico hijo de un dios y un humano en un héroe moderno caracterizado por la fragilidad de quien comete errores y se siente perdido en una aventura que no es de su gusto. El texto de Maribel Carrasco asume esta premisa y dibuja dos personajes tan contundentes como poéticos que van intercambiando sus papeles entre las acciones del héroe para afrontar los problemas, y la figura del escudero que narra los acontecimientos desde la admiración. La peripecia de la pareja es un muestrario de como el poder de la imaginación es un detonante para aterrizar en terreno de juegos, y poner en valor que ese es el mejor lugar donde crear vínculos de amistad con la fuerza suficiente para afrontar burlas, dramas y humillaciones que nos amenazan desde la infancia hasta la edad madura.

La aparente sencillez de una escenografía compuesta por  un banco orgánico de madera mutante, se enriquece con la sensibilidad de unas video creaciones que dibujan la ficción de un comic, letras centrifugadas en busca de palabras o el simbolismo que anuncia la muerte hasta fundirse con la realidad escénica. Este uso creativo del lenguaje visual arropa, ilustra y potencia el desarrollo dramático de los acontecimientos sin caer en la trampa de reiterar o subrayar la información que proviene del texto.

La dirección de Cristina D. Silveira sincroniza estos elementos narrativos con una distribución espacial del escenario en la que todos los movimientos se enriquecen con el aroma de una dinámica coreográfica que resalta el sobresaliente trabajo actoral. Jorge Barrantes y Juan Carlos Castillejo se suben a esa ola para surfear con precisión y nitidez sobre el arco dramático de unos personajes que saltan de la sonrisa a la pena, y conectan emocionalmente con el espectador.

‘Y fuimos héroes’

Calificación: 4 estrellas.

Producción: La Nave del Duende en colaboración con Karlik Danza. Autora: Maribel Carrasco. Dirección: Cristina D. Silvera. Intérpretes: Jorge Barrantes y Juna Carlos Castillejo. Videoescena: Alicia Casado. Escenografía: Antonio Ollero y Palco CB.

Sábado 21 de diciembre de 2024. Teatro de la Estación.

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19 noviembre 2024

Casa Strindberg: La más fuerte + Paria

 



Palabras para la soberbia

La literatura dramática de Strindberg sufrió un cambio a finales del siglo XIX. Si hasta ese momento la palabra definía con naturalidad el conflicto entre antagonistas, entonces se transformó en una sucesión de narraciones confinadas en el yo del personaje. Estas expresiones de autoafirmación tienen una lectura contemporánea que las conecta con las redes sociales que, como nos recuerda Vila Matas, evidencian la presencia de muchos seres con identidades construidas al antojo de temores internos, y descontentos con su propia vida. La Companhia de Teatro de Braga puso de manifiesto esta manera de entender la dramaturgia mediante dos obras en portugués con sobretítulos en castellano, y una dirección de Rui Madeira que mantiene la tensión gracias al trabajo de un elenco con buen ritmo en la oralidad y una presencia austera en los enfrentamientos.

El monólogo de ‘La más fuerte’ incrementa la relevancia del relato introspectivo mientras diluye las réplicas gestuales del texto original para aumentar la inacción exterior, y concentrar la atención del espectador en un azote verbal tan desolador que se agradece ese par de gratificantes gotitas de humor.

En ‘Paria’ ocurre todo lo contrario gracias a un formato donde se prima el duelo dialéctico en lo que aparentemente es un conflicto y sin embargo, las réplicas exaltan de nuevo a unos narradores tan poco preocupados por el avance de la acción que, cuando en un momento de la representación los sobretítulos se desincronizaron de lo que se decía en el escenario, los espectadores desconocedores del portugués asistimos a un momento simbólico. Mientras la discusión remedaba el incomprensible guiriagay de estos tiempos, la intensa verbalización establecía la realidad de dos personajes en crisis cabalgando palabras para la soberbia.

‘Casa Strindberg: La más fuerte + Paria’

Calificación: 3 estrellas

Producción: Companhia de Teatro de Braga. Autor: August Strindberg. Dirección: Rui Madeira. Intérpretes: Solange Sá, Eduarda Filipa, Grasiela Müler, André Laires y Rogérico Boane. Escenografía: Manuela Bronze. Vestuario: Mónica Molo. Iluminación: Fábio Tierri.

Domingo 17 de noviembre de 2024. Teatro de la Estación

Palabras para la soberbia



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05 noviembre 2024

Medea a la deriva

 


La metamorfosis de Medea

Se ha convertido en una imagen de estos tiempos. La temperatura del planeta aumenta y cada vez hay menos bloques helados, en uno de ellos, un oso polar mira a su alrededor sin entender lo que está ocurriendo mientras el mundo que conoce desaparece.

La acción de 'Medea a la deriva' si sitúa en uno de esos bloques de hielo que se derriten como la amenaza inevitable de quien viaja a bordo. Desde el punto de vista formal la función bebe de la novela gráfica de Fermín Solís. Algunas de sus viñetas se proyectan sobre el fondo para marcar un estilo sencillo pero contundente en la concepción visual, y en el uso de los colores en un bloque compacto acompañados por unos trazos gruesos que perfilan la escena. La escenografía se alimenta de esa forma de dibujar en el contraste del blanco como elemento de atrezo y el negro del vestuario y los malos augurios. Toda la escena está matizada por destellos azules y naranjas mientras el espacio sonoro completa un espacio poético y contundente.

La peripecia empieza inmediatamente después del último y más terrible crimen cometido por Medea. Un punto de partida para repasar a una vida marcada por un amor arrebatador, y la muerte de quienes osen ponerlo en peligro. Ella se enamoró por una flecha lanzada por Eros, abandonó su país y sus comodidades de princesa para convertirse en esposa fiel y extranjera. El ímpetu de Medea por ayudar a su marido y salvaguardar su relación no tuvo límites en la ejecución de todos los crímenes que consideró necesarios, hasta que Jasón la repudió por otra mujer.

Esa traición modificó su condición. Ella que tanta sangre había derramado para defender su amor ahora se veía abandonada. Estrujó sus razonamientos hasta el punto de cometer el acto más irracional que se puede achacar a una madre. Cuando Medea mató a sus hijos solo tenía en su mente un motivo: Hacer todo el daño posible al esposo que la había traicionado después de toda la sangre que ella se había visto obligada a derramar, incluida la de su hermano Apsirtos. El mito se cinceló con esa crueldad.

La dramaturgia de Isidro Simón combina diferentes elementos narrativos para visualizar con precisión el arco dramático del personaje, y mientras asistes a una metamorfosis biológica y discursiva, no puedes escapar porque Estás pegado a la butaca.

Todo comienza con la danza de un insecto negro sobre el manto impoluto del hielo. La mandíbula desencajada para comenzar a hablar desde la sensación oscura de una asesina, la angustia amarga de una confesión teñida de muerte, pero narrada por alguien atrapada en su condición de inmortal, la que no puede morir ni por su propia mano.

El relato poco a poco abandona el tono irracional y se va adentrando en profundidades más reflexivas. La reflexión empieza domesticar la voz. Los sonidos se humanizan para que el mito reciba una nueva mirada, cuando el siglo XX dibujó a Medea como una extranjera víctima del racismo y la xenofobia, una extranjera sometida a la voluntad de los hombres investidos con la maldad de inventar que asesinó a sus hijos. Estamos en el momento más importante de la obra porque el cuerpo de Medea y su presencia inician una transformación definitiva. La danza modifica sus movimientos, expande articulaciones, y todo se hace más humano en el cuerpo de una mujer que recupera la inteligencia.

El armazón de todo este viaje se sustenta en el trabajo de interpretación de Amelia David. La actriz pone todos sus recursos al servicio de una conexión con el patio de butacas al que paraliza como algunos depredadores hacen con sus presas, un estado de rendición que le permite arrastrarte con avidez de sediento y preocupación de humano por todo el desarrollo de la peripecia. El espacio se llena con su presencia, el manejo del cuerpo, la modulación de la voz y una dosificación adecuada de la gesticulación consiguen que todas las emociones rasguen de emotividad la necesaria reflexión sobre una historia tan compleja.

La actriz Nuria Espert afirma que «Sí, Medea es una mujer terrible, pero el público, cuando termina la función, no sale odiándola, y eso lo hace peligroso. Ve en ella tanto dolor que entiende que puede cometer esos Crímenes.» Sin embargo en esta función, mientras el deshielo ha hecho su trabajo, Medea comprende su estado histórico, proyecta una nueva mirada para aceptar la trayectoria de su vida y que su destino es la eternidad. El renovado compromiso con su figura pasa por una vuelta a la consciencia de su inmortalidad, y una inquietante altivez en la despedida del público para regresar allí donde nacen los mamíferos.

 

'Medea a la deriva'

Producción: Maltravieso Teatro. A partir de la novela gráfica de Fermín Solís. Dramaturgia y dirección: Isidro Timón. Intérprete: Amelia David. Composición musical/Espacio Sonoro: Lorenzo González. Diseño de Iluminación: Jesús Pablos/Fran Cordero. Adaptación Viñetas: Fermín Solís. Vídeo/Foto: Patricia Bravo. Vestuario: Yolanda Blanco. Estilismo/Peluquería: Esther Olivera. Área técnica: Jesús Pablos. Ayudante de producción: Ángeles Morlón

Domingo 20 de octubre de 2024- Teatro de la Estación


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06 octubre 2024

Acelgas con champán


 



Un viaje a la nostalgia

‘Acelgas con champagne’ se estrenó en agosto de 1969. La crítica de Pérez Fernández en ABC hablaba del éxito de una comedia sobre un tema penoso con ribetes dramáticos. El «desviacionismo sexual» de un personaje que lucha por «redimirse» sin acentuar las tintas en gesto y lenguaje en un mullido lecho de situaciones divertidas con desenlace feliz. Espectáculos Tauro ha españolizado el título de la función para superar ese pasado del que venimos, reivindicar la diversidad sexual,  maridar hortaliza con vino espumoso (si hay presupuesto), y refugiarse en un viaje a la nostalgia con aromas de café-teatro y vodevil que navega entre dos polos artísticos.

Javier López se convierte en mucho más que el coro y el acompañamiento musical para la diva. Sus dos cuerdas vocales y las seis de la guitarra son el contrapunto melódico que espera cada nueva entrada de su partenaire, mientras nos regala versiones muy personales sobre los labios de un bolero que no quieren besar, y la inagotable avalancha de metáforas sabineras que gruñen a ritmo de canta autor y rumba sobre amores cerrados por derribo, o esa pena que dura no sé cuántos días y un montón de noches.

Jesús Sesma se mete en la piel de una Drag Queen para darle palique a un repaso muy particular de mitos generacionales como Los Payasos de la Tele. Aplica golpecitos de amable bambú al público para echar pa`lla la vergüenza porque se viene coreografía de cuplé. Y se enfrenta en riguroso play-back al desgarro amoroso de una mujer insoportable entre lo peor de lo peor, o al indomable desdén de una cabaretera que dice bye bye a su amante desde lo más alto de una silla. Cuarenta y dos años de carrera para salir sin maquillaje sobre una modesta escenografía, y darse el gusto de cantar que entre dudas y risas todo lo ha hecho a su manera.

 

‘Acelgas con champán’

Calificación: 3 estrellas

Producción: Espectáculos Tauro. Dramaturgia, dirección, espacio escénico, vestuario y attrezzo: Jesús Sesma. Dirección musical, diseño de iluminación y espacio sonoro: Javier López. Intérpretes: Jesús Sesma y Javier López

Viernes 4 de octubre de 2024. Teatro de la Estación

'Acelgas con champán': Un viaje a la nostalgia (heraldo.es)


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06 mayo 2024

La violación de Lucrecia

 


Análisis histórico y emocional de una Violación

La primera referencia histórica de Lucrecia es de Fabio Píctor alrededor del 200 a.C. Roma ha vencido a Cartago y se encuentra en plena expansión por el Mediterráneo. Es un momento propicio para cultivar historias míticas que afiancen este proceso histórico y los tres siglos que han pasado desde el suicidio de Lucrecia en el año 509 a.C, con el añadido de la inexistencia de fuentes contemporáneas, conforman el territorio ideal para construir un relato históricamente falso que mezcla las pasiones personales con una conjura palaciega.

Colatino está casado con Lucrecia y en el reposo tras la batalla le habla a su primo y príncipe heredero Tarquino, sobre la belleza y castidad de su esposa. Tarquino es incapaz de refrenar sus deseos, irrumpe en la habitación de Lucrecia, asalta su lecho y la viola. Lucrecia se siente impotente, arrastra la culpa de haber sido infiel a su marido y decide suicidarse. Bruto, primo de Tarquino, aprovecha el acontecimiento para provocar una revolución que expulsa a los Tarquinos de Roma, abolió la monarquía y la sustituyó por una república.

Carlos de la Torre Oliva ha estudiado la evolución del tratamiento del mito de Lucrecia en las diferentes fuentes literarias y, desde el génesis del relato, su suicidio solo tuvo un valor simbólico. Ella no es la protagonista, tan solo es el detonante que impulsa a la venganza y citando a Harper-Scott, "desde el punto de vista del género, el suicidio de Lucrecia es considerado como el resultado de la infamia de un hombre y no del sufrimiento de una mujer. Es un hombre quien la convierte en mártir y de nuevo, es un hombre quien la convierte en un instrumento político"

Lucrecia se suicida porque en la Roma de su época la relación sexual entre una mujer y un hombre que no fuera su marido era un acto de deshonra para ella que, sin tener en cuenta si era fruto de una violación o un adulterio consentido, se transfería al marido e hijos. una afrenta que solo podía desaparecer con la muerte de la mujer. Quinientos años después de la tragedia mítica dos autores coetáneos se acerca a Lucrecia de maneras muy diferentes. Tito Livio potencia el drama. Ovidio se centra en los sentimientos.

La Lucrecia de Livio se aleja de la condición humana para construir una heroína que, pese a desconocer los acontecimientos políticos que siguen a su suicidio, insiste en su inocencia implorando venganza mientras pronuncia discursos antes de su muerte. La pretensión del autor es conseguir una perspectiva histórica para que las generaciones Venideras encuentren un ejemplo de virtud.

Sin embargo, la Lucrecia de Ovidio es una mujer en estado de shock que se lamenta por el honor perdido y es incapaz de contar a su padre y a su marido el trágico acontecimiento. En lugar de una heroína que habla de venganza, vemos a una mujer que nos muestra sus sentimientos en una representación mucho más humana y natural.

San Agustín reinterpretó la historia de Lucrecia para el cristianismo en el año 413 d.C con una frase que define muy bien sus conclusiones. Si es adúltera, ¿por qué es elogiada?; si es honesta ¿por ¿Qué se suicidó? A San Agustín le preocupa el debate sobre la condición de adultera de Lucrecia para concluir que su muerte es la prueba de su culpabilidad, y dejarla en un callejón sin salida al convertir la culpa y el suicidio en adulterio. Esta visión de los acontecimientos dejaba en la desprotección más absoluta a todas las mujeres violadas porque la culpa siempre recaería sobre ellas y su adulterio.

William Shakespeare reescribió la Historia en 1594 en forma de poema narrativo. El dramaturgo se aleja de la moralidad romana y de San Agustín que nos llevaban a la venganza, el honor y el pecado, y se centra en los mundos interiores de los protagonistas. Lucrecia y Tarquino expresan sus dudas y preocupaciones. 'La violación de Lucrecia' se condensa de esta manera en un tema clásico que se desarrolla mediante un despliegue de recursos retóricos y patrones rítmicos que constituyen el núcleo arquitectónico de la historia. Harold Bloom defendía que este dominio inigualable del lenguaje conseguía voces definidas para que los personajes históricos fueran percibidos por el lector como personas.

Alfonso Zurro ha detectado que a todas estas versiones literarias del mito les falta la voz íntima de una mujer. La ficción literaria clásica no se detiene en las entrañas de una agresión sexual, y olvida por completo la compleja reacción que sigue a una violación. Este tiempo que transcurre entre el silencio de las dudas y el miedo hasta un grito de rabia y denuncia. La dramaturgia parte del texto de Shakespeare y lo duplica con una peripecia contemporánea para subrayar los huecos que le faltan al relato y ocupar todo el espectro de sentimientos y emociones olvidadas. Dos historias atadas por el mismo hilo rojo del dolor con el aliño de unas digresiones que detienen la acción dramática, rompen la cuarta pared y reclaman la atención del público. Se trata de poner el foco en el devenir histórico de un acto tan terrible como la violación de una mujer. Una lacra que repite patrones a lo largo del tiempo hasta plantarse delante de nuestros ojos, acota el uso de la violencia contra la mujer y lo conecta con el análisis del historiador Julián Casanova cuando afirma que la violación de mujeres, aunque también ocurre en periodos de paz y en espacios civiles cotidianos, adquiere un significado especial durante la guerra que disminuye la sensibilidad ante el sufrimiento humano, intensifica el sentido de los hombres de derecho y superioridad hasta aumentar la licencia social para violar de forma repetida y como espectáculo público.

El texto de Alfonso Zurro se asocia perfectamente con los recursos retóricos y rítmicos con los que Shakespeare cuenta la tragedia de Lucrecia, tiene la lucidez de diseccionar las actitudes violentas que se repiten a lo largo de la la historia de la humanidad, y sincroniza esa arquitectura de construir los relatos con la voz de las víctimas de violación que tradicionalmente se quedan al margen y así, las emociones de dos Lucrecias separadas por más de veinticinco siglos de agresiones empastan en una dramaturgia donde todo lo que en el paso estuvo acallado, ahora se constituye en el primer plano de un relato de perenne actualidad que apela a la sociedad en su conjunto.

Alfonso Zurro toma las riendas de la dirección para que las dos historias en el mismo relato con el añadido de una tercera voz tengan una fluidez dramática similar a la que ya demostró en la versión que la Compañía de Teatro Clásico de Sevilla realizó de 'El Público' de Lorca. La inteligencia dramática con la que se utiliza el espacio Escénico de Curt Allen Wilmer y Leticia Gañán logra un gran impacto visual y estético aunando elementos técnicos y artísticos en un ejercicio de clarividencia que fija sobre el escenario la idea argumental mediante la sencilla la luz de una linterna, el granate de la vida devorado por el dolor mientras el lastre del destino basura te impide avanzar a través del espacio sonoro de Elena Córdoba que te golpea y te raya, y te golpea y te raya incluso cuando quiere ser caricia.

La energía en la interpretación de Lorena Ávila condensa todos estos elementos en torno a su presencia. Los pasos de su entrada cruzan el patio de butacas dejando una fragancia de verdad que la acompañará durante toda la representación, y que se irradia sobre el escenario gracias a unas cuerdas vocales que bailan con el verso fluido y se desgarran con el vértigo del grito, del acento sevillano de una actriz que discute con Shakespeare al acento neutro y universal de una mujer que denuncia tantos atropellos. La tensión de sus músculos transita desde la quietud que nace del miedo hasta un aquelarre de convulsiones. La plenitud y sinceridad de su entrega sobre el escenario se sincroniza con una contención que eleva a excepcional el resultado de un trabajo con gran despliegue físico y emocional.

El impacto de la representación es directo y genera una potente conexión física con el patio de butacas. Sientes como una daga se clava en las entrañas, hiela el cuerpo y encoge el corazón hasta dejar suspendida en el aire una pregunta. ¿Qué hacemos con el hilo de horror rojo que ata a todas las mujeres violadas de la historia?

 

'La violación de Lucrecia'

Compañía: Teatro Clásico de Sevilla. Producción: Juan Motilla. Autoría y dirección: Alfonso Zurro (ADE) (A partir del texto de Shakespeare). Actriz: Lorena Ávila. Diseño Espacio Escénico y Vestuario: Curt Allen Wilmer y Leticia Gañán (AAPEE). Música y Espacio Sonoro: Elena Córdoba (Novia Pagana). Diseño Iluminación: Florencio Ortiz (AAI). Diseño gráfico: Ángel Pantoja. Videoescena: Fernando Brea. Equipo Técnico: Tito Tenorio, Fernando Brea, Enrique Galera, Txitxo Oliveira. Ayudante de Dirección: Verónica Rodríguez. Realización Vestuario: Rosalía Lago. Realización Escenografía: TCS. Maquillaje y Peluquería: Manolo Cortés. Coreografía: Isabel Vázquez. Colabora: Luis Alberto Domínguez. Distribución: Lola Solís.

21 de Abril de 2024. Teatro de la Estación.

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30 abril 2024

Paella


 



Cocina real para una ficción

Manuel Vicent divide el desarrollo táctico de los arroces cocinados en paella entre hombre y mujeres. Ellos se invisten de una gran responsabilidad entre la angustia y la euforia de elegir los ingredientes del sofrito. Ellas definen el resto de la vida sin importarles los veinte minutos de cocción para un ratio de doble más uno entre la cantidad de arroz y agua. A los protagonistas de 'Paella' les pasa algo parecido. Mientras la actriz que interpreta a Amparo quiere concretar cómo termina la función de la manera más digna posible, el actor que interpreta a Federico se enreda en vericuetos existencialistas.

El trampantojo comienza en una escenografía que muestra el esqueleto teatral necesario para sostener una peripecia sobre césped artificial y dos sillas de jardín, que lo mismo sirven para discusión de despacho, coreografía y cabaré. Esa misma convención teatral permite una estructura que juega en dos planos. La pareja de personajes en crisis pone de manifiesto la Pertinaz desigualdad entre hombres y mujeres. El dúo de actores apela al público sobre la paradoja de interpretar desde la frialdad necesaria para no naufragar en las emociones de los personajes, evidencia el interés dramático que separa el patio de butacas de las ficciones escritas, improvisadas o vaya usted a saber que transcurren en el escenario, y lanza dardos de cachondeito contra egos y costumbres que caracterizan el mundillo del teatro y la gestión cultural.

El texto es un delicioso encaje de bolillos que guisa una comedia con un aroma trágico, ridículo y musical. La dirección retroalimenta las acciones con buen pulso narrativo que pierde fuelle en algunas transiciones, sin afectar a la precisión cómica de un trabajo actoral que rebosa verdad escénica, ritmo en el uso de la palabra y destreza en el gesto.

'Paella'

Calificación: 4 estrellas

Compañía: Tarambana Teatro. Autor: David Fernández "Fabu". Dirección: Víctor Velasco. Intérpretes: Nerea Moreno y David Fernández "Fabu". Escenografía y vestuario: María Jiménez. Coreografía: Amaya Galeote.

Domingo 28 de abril de 2024. Teatro de la Estación.

Crítica de teatro:'Paella': cocina real para una ficción (heraldo.es)


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27 marzo 2024

El Castillo de Lindabridis



Una aventura tan moderna como de otros tiempos

El humanista italiano Flavio Biondo del siglo XV dividió la historia en tres edades: antigua, media y moderna. Lo hizo desde una superioridad intelectual y cultural que se permitía definir a la Edad Media como la época de tránsito entre las edades gloriosas de las civilizaciones occidentales, entre Grecia y Roma y la época moderna de entonces.

Las novelas de caballería son el producto de esa transición entre la Edad Media y el Renacimiento. Entre finales del siglo XV y principios del XVI se escriben obras de aventuras fantásticas en los que caballeros luchan contra poderosos enemigos.

Calderón de la Barca le dio un buen empujón al teatro en el siglo XVII. Renovó, amplió y embelleció la fórmula teatral de Lope de Vega para incorporar los espectaculares efectos del barroco en el teatro cortesano de amoríos, conflictos de poder y estilo refinado. Es un momento clave para el oficio de escenógrafo que Cosimo Lotti aprovechó para ayudar a Calderón y que las representaciones en las salas palaciegas recogieran efectos de magia que simulaban tormentas, vuelos o metamorfosis.

Estos nuevos lenguajes narrativos no se podían llevar a cabo en las corralas de la época donde todavía lo esencial era la palabra. Hubo que esperar hasta el siglo XVII para incorporar una espectacularidad que se hizo patente en el teatro del siglo XVIII hasta tal punto, que la importancia del escenógrafo se enfrentaba a la del autor.

Ana Zamora hace gala del dominio de ambas profesiones para construir una versión de ‘El castillo de Lindabridis’ que brinda con todas las influencias que se han citado para, como reza el programa de mano, transformar el encuentro con los espectadores del siglo XXI en una fiesta cortesana de época de Felipe IV.

La escenografía de Cecilia Modano y David Faraca, y el vestuario de Deborah Macias son las piezas de un mecano para moldear paisajes que a veces parecen históricos, pero en cuanto te descuidas se transforman en imaginarios. El trajín que se produce en el escenario está plagado de detalles y pequeños gestos, movimientos asesorados por Fabio Mangolini, para que todo el trabajo de objetos de David Faraca forme parte de una coreografía con dos planos. Mientras uno tiene carácter utilitario, en el otro es donde se desarrolla la interpretación diseñada por Javier García Ávila y ambos se coordinan perfectamente. Asistimos a una metamorfosis material donde el trasiego de instrumentos musicales, cascos de caballeros, espadas para duelos, faldones con escudos nobiliarios y una cofia de encaje tiene una función eminentemente práctica para situar cada elemento en su sitio, y al mismo tiempo la peripecia se desarrolla en el plano narrativo. Intérpretes y músicos transitan transitan de uno a otro a a las mil maravillas y en perfecta sincronía. El lenguaje corporal, el ritmo endiablado del verso, y unas miradas que rompen la cuarta pared apelan al espectador para que no pierda ripio de todo lo que acontece.

María Alejandra Saturno explica que los arreglos y la dirección musical tienen la relevancia que Calderón les otorga en el texto. Acotaciones como «cantan todos» o «suenan cajas y clarines», funcionan como ventanas abiertas de par en par para que entren la inspiración de canciones nuevas y un estudio historiográfico de altos vuelos para bucear en las músicas originales del siglo XVII hasta conseguir una banda sonora que, al servicio del acontecimiento teatral, aumenta la receptividad del espectador mediante la interpretación sobria y elegante de unas melodías que brotan de materiales tan nobles como maderas, cuerdas y cuero.

La dirección de Ana Zamora tiene empaque de sobra para integrar todos los elementos narrativos del mundo medieval y la comedia cortesana y destilar una atractiva experiencia visual, sonora e interpretativa. Su primer paso fue realizar una adaptación necesitaba pelearse con un autor que «no se deja cortar», y que sin embargo necesitaba una buena sesión de lavar y marcar hasta suavizar el impacto de un lenguaje grandilocuente y plagado de vericuetos al que no está acostumbrado el espectador contemporáneo. Se trataba de concentrar toda la potencia de la obra en la acción principal, distribuir el espacio, dosificar la acción, y menear el canasto de la escenografía para que brillen bailes, luchas, y ese tejemaneje de un ir y venir para volar entre nubles, acariciar las olas del mar, y detener el alboroto que deja paso a la prosodia perfecta de las palabra y el ritmo hipnótico de la rima, unas veces en pausado soliloquio y otras en el vértigo de un diálogo picadito.

‘El castillo de Lindabridis’ es una gustosa aventura contemporánea protagonizada por el amor que se la juega en el combate, el arrojo enamorado de mujer travestida y la inteligencia estratégica y sentimental de una princesa que quiere tomar el poder.

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‘El castillo de Lindabridis’ es un espectáculo coproducido por Nao d´amores y la Compañía Nacional de Teatro Clásico. Versión y dirección: Ana Zamora. Intérpretes: Miguel Ángel Amor, Mikel Arostegui, Alfonso Barreno, Alba Fresno, Inés González, Paula Iwasaki, Alejandro Pau y Isabel Zamora. Asesor de verso: Vicente Fuentes / Fuentes de la Voz. Arreglos y dirección musical: Miguel Ángel López / María Alejandra Saturno. Vestuario: Deborah Macías (AAPEE). Escenografía: David Faraco / Cecilia Molano. Iluminación: Miguel Ángel Camacho. Coreografía: Javier García Ávila. Trabajo de objetos: David Faraco. Asesor de movimiento: Fabio Mangolini. Asesor de danza barroca: Jaime Puente. Asesor de armas: José Luis Massó (AAPEE). Ayte. de dirección: Álvaro Nogales. Ayte. de escenografía: Almudena Bautista. Ayte. de vestuario: Victoria Carro. Realización de escenografía: Purple Servicios Creativos. Realización de vestuario: Maribel Rodríguez y Ángeles Marín. Realización de utilería: Miguel Ángel Infante y Paco Cuero. Pintura escenográfica: Nuria Obispo. Prensa: Josi Cortés. Técnico maquinista: Juan Manuel Román. Dirección técnica: Fernando Herranz. Producción ejecutiva: Germán H. Solís

Teatro de la Estación. Marzo de 2024


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22 enero 2024

Sofá y dos cuerpos

 



Donde sus vidas confluyen

Antonio Muñoz Molina admira la escritura de Raymond Carver porque cuando termina alguno de sus cuentos y pone los ojos en la realidad, se da cuenta que la lectura le ayuda a descubrir una desolación que no había percibido. 'Sofá y dos cuerpos' es el viaje que va del primer flechazo de amor hasta esa desolación que sigue a la bronca definitiva. La sencillez escénica deja todo el espacio a los dos elementos esenciales de la función. La forma de contar la historia y el trabajo actoral.

La estructura dramática aliña la habitual presentación, nudo y desenlace con diferentes planos narrativos que van más allá de los diálogos de balada o una batalla de gallos. El monólogo inicial y final, además del cambio de punto de vista en una escena, nos ayuda a escapar del estereotipo de Buenos y Malos. Unas viñetas a modo de apartes de lo que parece una terapia aportan el aire fresco de una honestidad que solo es posible desde la intimidad del pensamiento. Las acciones perfectamente coreografiadas y el termómetro de una banda sonora que mide la temperatura emocional de la pareja completan un medio ambiente ideal que los actores aprovechan para regalarnos una fabulosa interpretación naturalista.

La primera tarea de Elena Rey y Xoel Fernández es eliminar La cuarta pared. Se trata de buscar la complicidad del patio de butacas hasta culminar en una danza sexual. A partir de ese momento, cuando todo empieza a ir cuesta abajo, vuelve la ortodoxia de la representación y el público asiste a la evolución de una debacle que entre algunas risas y muchos silencios nos lleva hasta la tristeza de lo que sería un desenlace aséptico. Pero entonces ella vuelve a conectar con los ojos del público en un alegato final imprescindible para que sus lágrimas provoquen la catarsis que precede a la esperanza.

'Sofá y dos cuerpos'

Calificación: 4 estrellas

Producción: Doble Sentido Producciones. Texto, Dirección y Espacio Escénico: Mariano Rochman. Intérpretes: Elena Rey y Xoel Fernández. Música Original: Ale Martí. Espacio Sonoro: Mariano Rochman y Jorge Ramírez Óberson. Asesoramiento de Movimiento: Carmen Vélez.

20 de enero de 2024. Teatro de la Estación.

Donde sus vidas confluyen (heraldo.es)


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