La curvatura de la córnea

02 noviembre 2012

La Morada abre sus puertas en la sala El Extintor



Día de Todos los Santos. La ciudad pasaba el día de difuntos azotada por la resaca de la noche anterior. Noche de niños y disfraz baratillo. Esqueletos pintarrajeados en telas de la China, brujas pirujas en busca de su escoba y la certidumbre de que el terror se ha adueñado de nuestro tiempo. Paseaba por Zaragoza cuando en la calle Armas, a la altura del número 20, escuché un grito desgarrador. Me detuve para dejar que los latidos del corazón volvieran a su rutina. No lo logré porque un chirrido metálico amenazó el poco valor que me quedaba. Aunque estaba asustado logré girarme poco a poco. Era una persiana metálica  y me invitó a pasar. Más allá del alumbrado público todo era tinieblas, y sin embargo, un extraño influjo me llevó hasta el interior de aquel viejo caserón. Sentí frío y la intensa sensación de que estaba a punto de entrar en uno de esos rincones escondidos a la vista implacable de los demás, hasta que la ligera brisa del destino, los hacen brotar. Santiago Meléndez ha destilado la desazón de las calles para escribir un disparadero que sacrifica el altar de un escenario y se hace carne bajo la luz de las neo candilejas: Haces de led blancos y los ojos en par en par de todos los espectadores. No había lugar a la duda. Estaba en el las tripas de La Morada y noté como el miedo se adueñaba de mis sentidos.
En La Morada sobreviven, aunque no sabemos hasta cuando, los restos del Alacrán, de la debacle social y moral que se cierne al ritmo demoledor de cuando creemos avanzar y solo retrocedemos. Scorpio es una criatura atornillada por el sufrimiento y la tenue luz que sus recuerdos se vierten por una voz acompasada y al ritmo, incomprensible para nosotros, del lívido insaciable y fatal. Salamandra plastificó su vida de horror con frases que hieren la culpa inocente de ser invisible ante los demás, y entonces llegó un Ángel de Luz aferrado al texto como única vía de escape y su respiración entrecortada penetró en mi estómago hasta restregar las tripas. Una leve pausa para llegar al pie de las largas trenzas y ojos abiertos de Luna. Vómito de  mocos al compás de una canción infantil silabeada con ritmo fúnebre de miseria y hambre. Ayer lo viví. El desasosiego presente a cada paso y el matiz de un gesto, la mirada desquiciada que trae recuerdos, esperanza o la certidumbre de un futuro lleno de terror. El milagro del respetuoso silencio mientras el tiempo pasa y ellos, los dueños de La Morada, siguen dando vueltas al ritmo terrible del tiempo que se presenta en forma de justicia, aunque algunos pusilánimes la llamaran venganza, y nosotros, los espectadores de teatro, legitimamos con nuestro aplauso.
La Morada es el cuarto montaje de la compañía Microteatro Zaragoza que además estrenan espacio en El Extintor, una sala todavía en construcción para teatro de emergencia y emergente. Un lugar ideal para representar esta obra de teatro que, en palabras de Santiago Meléndez, conecta con el auténtico terror actual de la realidad social.

"¡ ARRGGHHH ! (La Morada)...te sentirás helado....

"El Extintor", Calle las Armas, 20

Del 31 de noviembre hasta el 9 de Diciembre.

Viernes y sábados a las 22

Domingos a las 20 h.

PRECIO: 7 Euros

RESERVAS EN EL 622 431 121



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