La curvatura de la córnea

04 febrero 2026

El retablo de las maravillas

 




Embaucadores y panolis

Els Joglars estrenó en enero de 2004 la adaptación del entremés ‘El retablo de las maravillas’ de Cervantes. Si en el texto original unos medio pelos ponían en solfa al gobernador, el alcalde y el escribano, Boadella ampliaba ese espectro para componer un espectáculo que mostraba «la evolución de la cretinización y la imbecilidad de determinada sociedad»

Veinte años después vuelve a los escenarios para dejar claro que las cosas han cambiado poco, y que los dardos siguen bien afilados para señalar como la elite de farsantes ocupa una posición destacada en la religión limosnera para conversos, el arte culinario de los caraduras y la mierdificación del postureo cultural. Unos embaucadores profesionales, charlatanes que se aprovechan del primer panoli que pasa por allí. En eso Boadella mantiene sus gustos y pone el espejo de lo grotesco para que la gocemos con el reflejo de sus víctimas favoritas, ya saben ustedes: el universo de la pijería progrewoke y unos currantes deslumbrados por el trampantojo de la modernidad.

La dramaturgia acierta de pleno utilizando el lustre de la comedia del arte para aumentar la teatralidad de unos personajes hilarantes que, trasvasados a una comedia de situación contemporánea, quedan retratados por la acidez de un texto marca de la casa donde la sátira juega a diferentes niveles, desde el desarrollo clásico del sketch en busca de la sonrisa hasta los chispazos puntuales que pretenden la carcajada, y ese discursito populista de vacío intelectual para cortar orejas y rabo.

El trabajo del elenco es bien guapo pero destacan un Fontseré capaz de levitar, la chufa del arlequín de Pep Muñoz, y el imparable peso escénico del zaragozano Rafa Blancas que nos lleva a una moraleja final: si tú no eres el embaucador tienes muchas papeletas para ser el panoli.

‘El retablo de las maravillas’

Calificación: 4 estrellas

Producción: Els Joglars. Dirección: Albert Boadella. Dramaturgia: Albert Boadella y Ramón Fontseré. Reparto: Ramón Fontserè, Pilar Sáenz, Dolors Tuneu, Javier Villena, Bruno López-Linares, Rafa Blanca y Pep Muñoz. Dirección técnica: Pere Llach. Espacio escénico. Joana Martí. Diseño de iluminación: Bernat Jansà. Diseño de vestuario: Pilar Sáenz.

Miércoles 28 de enero de 2026. Teatro Principal

Crítica de 'El retablo de las maravillas' de Els Joglars en Zaragoza: Embaucadores y panolis




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31 octubre 2021

Malabrocca el pícaro de la bicicleta

 



La primera maratón olímpica femenina fue en Los Ángeles´84 y la atleta Joan Benoit se llevó el reconocimiento de todo el estadio como la primera ganadora de la prueba. Gabriela Andersen de 39 años entró en el Memorial Sports Arena veinte minutos más tarde, lo hizo tambaleándose, con la gorra ladeada, deshidratada y desorientada. Se negó a recibir asistencia médica y, ante un púbico maravillado, dio toda la vuelta a la pista para desplomarse cuando cruzó la línea de meta. Sin lugar a dudas fue la atleta más aplaudida de aquellos juegos olímpicos. El público mostraba su reconocimiento a alguien que se entrega hasta el final con independencia del puesto que ocupaba en la clasificación porque el mérito estaba en superar los límites personales. Grabiela Andersen se convirtió en una heroína.

El ciclista Malabrocca ya había experimentado la sensación del reconocimiento del público en el Giro de 1946 cuando se clasificó el último de la competición, y se convirtió en un héroe popular al que el pueblo aplaudía porque lo importante era pedalear hasta el final. El puesto era lo de menos. La diferencia entre Gabriela Andersen y Luigi Malabrocca fue que el italiano comprendió muy pronto la idiosincrasia de un negocio en el que sus emolumentos aumentaban si llegaba el último y así, muy pronto planificó sus carreras para terminar en  el último lugar. Pasó de la épica del héroe a la travesura del pícaro.

El Gato Negro presentó en el Teatro del Mercado de Zaragoza la obra Malabrocca, una versión teatral inspirada en la novela Maglia Nera de Matteo Caccia que, traducida y adaptada por Rafa Blanca, nos cuenta las aventuras y desventuras de un ciclista para convertirse en el eterno perdedor al que los espectadores adoran.

La narración de la picaresca tradicionalmente es responsabilidad de Juglares y trovadores como los interpretes más adecuados para captar la atención del auditorio y será por eso que, en cuando Rafa Blanca se presentó sobre el escenario, arqueó las cejas, abrió los ojos, encogió los hombros y sonrió, sentí que comenzaba el juego de contar historias, la hora de los romances de ciego y así el actor, en lugar de apuntar con un bastón sobre las viñetas que ilustran la historia, se pertrechó con un sombrero, unas gafas y  par de maletas como elementos para saltar de un capítulo al siguiente, de personaje a otro, auto tunear las cuerdas vocales para conseguir voces diferentes y componer escenas multitudinarias, el arte de la interpretación a la vista de todos, sin trampa ni cartón, si acaso con la ayuda de un espacio sonoro y unos audiovisuales tan sencillos como eficaces y que aportaban densidad a una narración que se percibía clara, diáfana, con un magnetismo que atrapaba. La aparente sencillez de quien cuenta anécdotas en clave de humor, sin embargo dejaba espacio para mostrar el contexto histórico en el que se desarrollaba la historia, un país devastado por la guerra de carreteras destrozadas y sin combustible donde la bicicleta se convirtió en el medio de transporte de las gentes populares, que veían en el esfuerzo de los ciclistas la metáfora de sus vidas.

La responsabilidad de llevar hacia adelante toda la arquitectura teatral del texto, la interpretación y la coordinación con los efectos técnicos recae en la excelente cadencia del pedaleo de Rafa Blanca y sin embargo, cuando el humor tapizaba todo el ambiente, la función tuvo un momento para detenerse, Blanca se bajó del carrusel de personajes y, desde los ojos quien sabe si del actor o del hombre, contó la gesta de las gestas de la historia del ciclismo mundial y fue ahí, cuando el desenlace fue recibido por los espectadores con una abrumador silencio, cuando noté el pinchazo de la emoción.

Malabrocca es una función en la que se destila la esencia del teatro, la importancia de la voz desentraña una narración aliñada del buen gusto en candilejas, canciones y sonidos para convertir la tragedia de la vida en esa proteína del humor que te obliga a cambiar de piñón para ascender la montaña de la reflexión.


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24 agosto 2018

Mimo Sapiens o la evolución gestual



Los doctores Blanca y Sánchez, afamados investigadores de la Compañía de Teatro Zarakatraka, pronunciaron una conferencia el pasado 23 de agosto en el Centro Joaquín Roncal dentro de su ciclo de Noches de Verano 2018. La conferencia tuvo como punto de partida los últimos descubrimientos que se han realizado en el afamado yacimiento arqueológico de Atalapuerca que, si bien adquirió fama mundial gracias a su aportación para comprender la evolución humana con el descubrimiento del Homo Antecesor como el primer humano europeo, en la actualidad ha dado un vuelco al introducir en el proceso evolutivo de hominización un nuevo ejemplar que se ha bautizado con el nombre de Mimo Sapiens, un homínido caracterizado por el silencio (o casi).
Los estudios genéticos ya habían confirmado que gran parte del genoma humano pertenece al Mimo Sapiens pero el exhaustivo trabajo de los profesores Blanca y Sánchez ha logrado encontrar vestigios del Mimo Sapiens a lo largo y ancho de la historia de la humanidad. Sus teorías se sustentan en la gestualidad: Si la palabra es esencial para la comunicación humana, el gesto, la expresión corporal y la faz del rostro humano son la rúbrica a un modo de comunicación que, precisamente por olvidarse de las palabras, se convierte en un lenguaje universal.
Rafa Blanca y Oscar Sánchez han desarrollado unas revolucionarias técnicas de investigación que, gracias a una amplio y generoso programa de subvenciones municipales, autonómicas y nacionales, siempre tan preocupadas por expandir la cultura, así como a la aportación de importantes empresas privadas, les permiten mostrar las huellas que el Mimo Sapiens ha dejado en civilizaciones como la Egipcia o la Grecolatina, en épocas como la Edad Media o en lugares tan sorprendentes como Marina D´or Ciudad de Vacaciones.
El gran acierto de esta conferencia científica radica en su presentación, olvídense de pesadas y tediosas explicaciones apoyadas por un Power Point, los doctores Blanca y Sánchez ofrecen sus investigaciones en un novedoso sistema de Video en Tres Dimensiones. La mecánica de la conferencia es muy didáctica: Primero se realiza una introducción hablada del trocito, de la pieza, del periodo en el que vamos a visualizar el modo de vida del Mimo Sapiens, en esta faceta de explicación oral destaca el doctor Rafa Blanca que, especializado en interpretación gestual por la RESAD, sin embargo muestra una rápida, ágil y fresca verborrea, tal vez porque a su labor investigadora se añade su experiencia como profesor de interpretación en el Conservatorio Profesional de Danza de Zaragoza. El doctor Óscar Sánchez sin embargo despliega lo mejor de su discurso desde al universo clown y una gestualidad marcada por los detalles que moldea como un orfebre para abrir, con un gesto mínimo, todo un universo que ha construido desde su Ateca natal hasta la rebeldía de unos payasos que llevaron la risa a Palestina.
Pero nada sería posible sin la participación del público que asiste a la conferencia, su actitud es esencial para que los doctores Blanca y Sánchez den lo mejor de su experiencia científico-teatral hasta alcanzar una catarsis colectiva simbolizada por la euforia de unos aplausos atronadores y gritos de “Yiiiija” o “Au, au, au” un comportamiento desaforado y jacarandoso que, quien esto escribe, jamás había visto en una conferencia ni científica ni teatral.

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14 enero 2012

La Noche de los Triunfadores


Lo llaman microteatro porque está construido con historias que no van más allá de diez o quince minutos de duración. Utiliza lugares poco habituales para una representación y lo hace con aforos muy reducidos. El público tiene la potestad de elegir cuantas de las piezas quiere ver y el orden de las mismas. Se puede elegir una o todas las que quieras. Verlas una detrás de otra o, entre pieza y pieza, acodarte en la barra del bar, comentar la jugada y decidir cual será la siguiente aventura. Ayer probé otra interesante posibilidad. Aconsejado por la organización y tras señalar los platos que me faltaban por degustar, me dejé llevar…
“La Noche de los Triunfadores” comenzó su andadura en el Teatro de la Estación (lo puedes leer aquí) y más tarde se trasladó a las dependencias del Albergue Municipal. Allí nos esperaba Rosamarilla. No, no se hagan los despistados. Ustedes, como yo, conocen perfectamente a esta Star de la televisión. Una mujer especializada en mangonear el picadillo de la vida y servirlo en prime time. La actriz Pilar Molinero tomó posesión de la escalera del Albergue y nos mostró, peldaño a peldaño, la derrota del sentido común frente al share. Los espectadores seguíamos los pasos de la actriz en su conquista del espacio escénico - ese lugar dónde los actores representan la vida- Semejante persecución terminó por resultar natural y excitante. Pilar Molinero deambuló desde los camerinos hasta un plató de televisión. El trayecto nos deparó las confesiones de la estrella y puso sobre la parrilla los combustibles para mantener viva la chispa del directo. Pero lo mejor estaba por llegar. La actriz rompió la línea, que hasta entonces parecía invisible, entre representación y realidad, y nos otorgó a los espectádores un protagonismo que hasta entonces no teníamos. Su mirada y un ligero roce de sus dedos me invitaron a cruzar el umbral. Yo le dije que sí. La afirmación no era para la actriz. Mi aseveración fue para el personaje y ese, señores, es el triunfo más grande que puede lograr una actriz.
No hubo tregua. Desde no me pregunten dónde surgió la figura de un sacerdote. Con educación apostólica nos invito a adentrarnos en la intimidad de una pequeña habitación. El espacio se redujo a la mínima expresión. El sacerdote entre los espectadores prendidos de unas sillas, todos muy juntitos y las convenciones teatrales definitivamente destrozadas. Una tenue luz nos invitó a recordar esos pasajes ocultos por el poder, la vergüenza y los intereses sociales. Antonio Magen moldeó la atmósfera con un brillante ejercicio actoral. Su voz y su gesto, tan cercanos e irremediablemente verdaderos, crearon ambientes cálidos, siniestros y, tras un susurro junto a mis orejas, inquietantes. La experiencia fue turbadora. Les confieso que llegué a olvidar que Magen era un actor. Su mirada, los deslumbrantes cambios en el registro dramático y la inflexión de sus palabras suministraban ritmo cardíaco a un hombre mecanizado por las piezas que contiene el calidoscopio de la maldad humana.
A estas alturas de la función ya tenía bastantes emociones en el cuerpo. Quise marcharme pero el taquillero, entre la amabilidad y la amenaza, me invitó a que utilizará la última de mis entradas. Al fin y al cabo, me dijo, usted ya ha pagado. Le hice caso.
En la bodega del Albergue nos esperaban unos comerciales muy eficientes. Comprar un producto bancario, aunque hubo épocas gloriosas, siempre fue un poco farragoso, sobre todo para ciudadanos, como quien esto escribe, poco duchos en menesteres económicos. Pero lo que en un principio me pareció financiero, muy pronto se desveló biológico. La banca, queridos amigos, va en pos de nuevos nichos de negocio y ha entrado, definitivamente, en un nuevo concepto de obra social y humanitaria. Irene Alquézar y Rafa Blanca lograron que me partiera de la risa y con decirles eso ya sería suficiente. Carcajadas que unas veces fueron desternillantes y algunas otras un poco acojonadas. Sin embargo quisiera poner en valor el apabullante despliegue gestual y vocal de ambos actores. Una cascada de mínimas sugerencias que, disparadas una detrás de otra y a velocidad de vértigo, tuvieron la virtud de provocar momentos hilarantes hasta que el movimiento y el sonido se detuvieron en un breve segundo. Paréntesis de silencio para reír nervioso o temblar. La representación fue tan generosa en la entrega y tuvo tanta energía, que abandoné el espacio aturdido por el miedo que se había instalado en muchos órganos vitales, y no tanto, de mi cuerpo. Si aquello dura un poco más ¿Quién sabe que tipo de contrato hubiera firmado un servidor?
Santiago Meléndez es el autor y director de “La Noche de los Triunfadores” De su mano han surgido unos textos brillantes, capaces de dotar a cada uno de los personajes de las palabras adecuadas para potenciar sus particularidades. Las historias siempre tienen el matiz inteligente de la ironía, con la clara intención de incitar a la complicidad activa del espectador, que se sienta involucrado. El trabajo de dirección parte sin lugar a dudas de ese excelente material literario para personalizar cada escena con gran variedad de registros. Una labor, que se me antoja muy íntima entre director y elenco de actores, y que se traslada a la piel del espectador, destinatario final de este banquete teatral que, aunque alejado del espacio escénico tradicional, contiene todos los valores del buen teatro con mayúsculas. Lo llaman microteatro pero sus dimensiones son gigantescas. Todavía me duelen las manos de aplaudir.
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Aquí toda la información sobre fechas y horarios.

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