La curvatura de la córnea

03 noviembre 2023

Ay, Carmela

 



‘Ay, Carmela’ sigue vigente cuarenta años después

La Sala Beckett de Barcelona y El Teatro de la Abadía de Madrid andan este otoño homenajeado a Sanchis Sinisterra mediante un festival de lecturas dramatizadas, charlas, mesas redondas y el montaje de clásicos indiscutibles de la historia del teatro nacional como ‘Ay, Carmela’ y ‘Ñaque o de piojos’. Desconozco si es una cuestión del destino, pero el caso es que La calle 47 producciones presentó el pasado mes de octubre en el Teatro del Mercado de Zaragoza la obra ‘Ay, Carmela’ adaptada y dirigida por Alberto Castrillo-Ferrer, y protagonizada por Luis Rabanque y Laura Plano.

La función cuenta la peripecia de dos artistas en un momento muy concreto de la guerra civil. Carmela y Paulino Variedades a lo Fino están actuando en la zona republicana hasta que por la gracia de un despiste y el avance de las fuerzas nacionales cruzan la línea del frente, caen prisioneros y los mandos nacionales bajo la dirección artística de un teniente italiano, deciden celebrar la toma de Belchite con un espectáculo de números musicales, magia y momentos cómicos. Entre el público formado por oficiales y altos mandos se encuentran algunos prisioneros de las Brigadas Internacionales que van a ser fusilados al amanecer. Una de las escenas de la función incorpora la burla explicita contra la República lo que desencadenará la tragedia. Carmela es fusilada y su espíritu oloquesea visita a un Paulino humillado y amarrado al recuerdo.

Sanchis Sinisterra subtituló la obra «Elegía a una guerra civil» y sin embargo, en el programa de mano del estreno en el año 1987 afirmaba que la idea era mostrar como unas determinadas circunstancias bélicas reales «zarandean y hieren a los personajes en un acontecer dramático totalmente ficticio». El soporte para imaginar «la tragedia colectiva» Por eso es importante subrayar que, más allá de lecturas históricas, políticas o sociales, el protagonismo corresponde a los cómicos Carmela y Paulino y dos maneras diferentes de enfrenarse al destino: La auto humillación y la valentía.

El acierto de la adaptación de Castrillo-Ferrer está en poner el foco en la relación entre los dos intérpretes, y hacia ese objetivo orienta las decisiones escénicas con las que ha matizado el texto original para acentuar el lado humano de la peripecia y, sin olvidar la evidente reivindicación sobre la memoria de tantos conciudadanos desaparecidos en las cunetas, apostar por un final que apela al público con la invitación a reflexionar sobre un sentimiento nacional amplio y actual. Pero antes de llegar a ese punto hagamos un recorrido por algunos de las modificaciones realizadas por Castrillo-Ferrer.

Sanchis Sinisterra comienza la obra con una acotación muy clara. «Escenario vacío» con una vieja gramola y una bandera republicana medio quemada. Castrillo-Ferrer hace todo lo contrario situando sobre el escenario elementos de atrezo que participaran con valor narrativo en diferentes fases de la obra. Una mesa y una silla volteadas, una caja de maquillaje, un foco de teatro, una lámpara de pie y un arcón para hacer el primer guiño. Sanchis-Sinisterra utiliza la bandera republicana para cubrir la vieja gramola. Castrillo-Ferrer la mete dentro del arcón.

La mesa va a ser un elemento esencial en el transcurso de la peripecia. Junto al aguardiente será el motor del recuerdo que lleve a Paulino a su niñez en el Seminario. Soporte para que los artistas se maquillen para la función. La consulta grotesca del doctor Tocametoda. El recurso visual en todas estas escenas es el mismo. La mesa mantiene bien juntitos a los protagonistas para potenciar la sensación de unión personal y artística hasta llegar al momento culminante de la función cuando Carmela se une al canto de los milicianos. Sanchis Sinisterra la ha situado sobre el escenario y acota una acción. «Al tiempo que abre y despliega la bandera alrededor de su cuerpo desnudo, cubierto sólo por unas grandes bragas negras. Su imagen no puede dejar de evocar la patética caricatura de una alegoría plebeya de la República.» Mientras tanto Paulino está «angustiado y falsamente jocoso» y muy preocupado porque a Carmela se le ven las tetas. Los sonidos de escena son «los propios de un fusilamiento: pasos marciales, voces de mando y una cerrada descarga de fusilería» al tiempo que «la luz se extingue, excepto una vacilante claridad sobre la figura de Carmela» La versión de Castrillo-Ferrer sitúa a Carmela sobre la mesa que se convierte en el altar de un sacrificio donde se ha eliminado por completo la simbología política. No hay desnudo ni un protagonismo especial de la bandera. La escena del fusilamiento se resuelve con una tenue luz que subraya el abrazo de Paulino y Carmela.

Regresemos al principio de la función. La primera acotación sobre la iluminación del espacio escénico es tan sencilla como «un click enciende una triste lámpara de ensayo» En este caso Castrillo-Ferrer diseña algunas acciones que parecen una coreografía. Paulino tiene un momento tan poético como teatral. Cruza el escenario y tira del cabo de una cuerda para elevar el foco que está en el suelo. Su luz fluctúa hasta detenerse. La acción de Carmela es mucho más prosaica cuando cambia la bombilla de la lámpara de pie con ese aire cotidiano de andar por casa. Es una manera muy teatral y sencilla de marcar las diferentes personalidades de nuestros protagonistas que el texto terminará de alicatar con sus reflexiones sobre el hecho de ser artistas. Paulino tiene una actitud intelectual y con un gran sentido de la dignidad artística, que sin embargo todos percibimos de manera grotesca. Carmela tiene preocupaciones mucho más terrenales y prácticas como la poca calidad de los decorados o del vestuario

La importante decisión de Castrillo-Ferrer de que los protagonistas hagan más acciones tiene la intención final de aumentar la comicidad que ya contiene la versión original. Veamos dos ejemplos.

Carmela comienza el espectáculo que se ofrece a los militares cantando un pasodoble tuneado al gusto del bando nacional. Al finalizar, se queda junto a Paulino que «ordena las hojas, aclara la voz y lee con un énfasis que apenas disimula su inseguridad» un discurso de alabanza patriótica. La comicidad original se sustenta en una Carmela que permanece indiferente junto a Paulino hasta que por aquello del orden desordenado de las hojas, pasa de una alabanza al Caudillo Franco, a la lista de la compra de la compañía. Cuatro kilos de morcillas y dos pares de ligas negras. Paulino aterrado pide perdón mientras Carmela ausente se está arreglando un zapato. La versión de Castrillo-Ferrer añade un efecto cómico clásico. Paulino lee el discurso con Carmela a su lado. En cada punto y seguido en el que Paulino detiene las alabanzas a los invictos salvadores de la Patria, Carmela da por terminado el discurso y camina presurosa hacia el fondo del escenario para seguir la función. Sin embargo lo que sigue es el discurso y Carmela vuelve al lugar inicial. La secuencia se repite varias veces con el evidente disgusto de Carmela a la que el discurso se le está haciendo muy largo.

El segundo ejemplo tiene carácter poético. Paulino «lee con rapsódica entonación» un romance que Federico de Urrutia publicó en su libro de 1938 ‘Poemas de la Falange’ En la versión original Paulino está solo en el escenario hasta que Carmela lo interrumpe después del verso que viste al Cid con la camisa azul de los falangistas. Castrillo-Ferrer opta por un número a dúo. Paulino propone que Carmela traduzca a gestos las bellas palabras del idioma español, y así los extranjeros de la sala comprenderán mejor las esencias del poema. El resultado es desternillante y su grado de patetismo es suficiente para que Castrillo-Ferrar decida acortar la velada que nos están ofreciendo, y eliminar el número del mago «Pau-li-chin» La decisión es acertada porque con todo lo que ha sucedido en el escenario el público ya tienen claro la intención del autor de mostrar a unos cómicos de humor chabacano, mediocre y vulgar. Y sin embargo los queremos.

Hay otras muchas acciones que Castrillo-Ferrer ha incorporado para aumentar la teatralidad cómica. Me gustaron especialmente los momentos en los que Paulino juega con el atrezo para que de manera acrobática desaparezcan del escenario la silla y una escoba. La incorporación más importante de estas pequeñas acciones quizás sea la forma de incidir en la dualidad temporal de una peripecia en la que el tratamiento del tiempo es decisivo para el desarrollo de la acción dramática y así, para que todos lo tengamos claro, cuando Paulino cojea significa que Carmela está muerta.

Pero todo este planteamiento dramático sería imposible sin el excelente trabajo actoral de Luis Rabanaque y Laura Plano. Rabanaque llena de matices el discurso de Paulino modulando sus estados de ánimo desde el tono profesional para hablar con el teniente que también es un artista, hasta el matiz de un miedo que a veces tiene que ver con la guerra, pero también con esa duda que acarrea sobre la calidad de su arte y cómo se enfrenta a los obstáculos de la vida. Ese miedo que le salva la vida pero lo dejará muerto para siempre. Laura Plano está deliciosa dibujando una Carmela carnal en el enfado, la risa y el gozo. Sus matices tienen más que ver con la gestualidad en las manos y un amplio catálogo de caras de ojos bien abiertos, boquitas de piñón y una revolera en las manos para mayor gloria de una copla desgarradora que nos cuenta la vida de una mujer más preocupada por el sufrimiento de una madre polaca, que de la ceguera ideológica a punto de fusilarla. Lo personal por encima de lo político, como en la última escena.

La función de Sanchis Sinisterra termina con el espíritu oloquesea de Carmela sobre el escenario. A su lado Paulino se enfrenta al teatro vacío después de la tragedia. Sin embargo Carmela puede ver a los muertos que la acompañan en su nueva situación. A los milicianos. Al polaco. A ellos se dirige con diversión. «¡Por lo menos ya sabréis decir donde habéis muerto!» La versión de Castrillo-Ferrer se decanta por un pequeño matiz que me parece definitivo. Las últimas palabras de la función se acompañan por una tenue luz de sala que hace visible al público. Carmela rompe la cuarta pared, se situa en el patio de butacas y cambia los destinatario de sus palabras. Ya no habla para los muertos. Carmela se dirige a los españoles de 2023 para preguntarnos si sabemos decir Belchite, Aragón y España. Quién sabe si tres nombres para tres formas de querer a un territorio: Local, autonómico y nacional.

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‘Ay, Carmela’

Producción: La calle 47 Producciones. Autor: José Sanchís Sinisterra. Adaptación y dirección: Alberto Castrillo-Ferrer. Intérpretes, Laura Plano y Luis Rabanaque. Asesora de movimiento: Carlota Benedí. Escenografía y atrezo, Manolo Pellicer. Espacio sonoro, David Angulo. Diseño de luces, Alejandro Gallo. Vestuario, Jesús Sesma. Maquillaje y postizos, Teresa Lozano. Diseño gráfico, Manuel Vicente

29 de octubre de 2023. Teatro del Mercado.



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26 febrero 2022

Rosita abre una puerta a la esperanza


 

Lorca en 1935, después de estrenar dos tragedias como Yerma y Bodas de sangre, quiso escribir una comedia sencilla y amable pero no le salió. Doña Rosita la soltera “tiene más lágrimas que mis anteriores producciones”. La última obra teatral de Lorca es el poema dramático dedicado a una solterona española de seda, ajuar y sombrilla que ya no existe, y sin embargo, tiene el poder de los clásicos para relacionarse con los tiempos actuales.

La función de Lorca navega en una doble vertiente. La primera es anecdótica, genera la acción, rasgos de comicidad y se desarrolla alrededor de la soltería que, si Lorca la expresa como una evolución grotesca de una doncella, casi un siglo después permite otro tipo de lectura más actual. Pero el gran protagonista de la función, la proteína con peso argumental recae en el transcurrir del tiempo. No se trata solo de esperar la pasión de un novio, el rocío del amanecer o las luces de los sueños. El tiempo en su esencia es muerte, olvido, anulación de aquellos sentimientos que fueron hoguera, un protagonista que también es capaz de dialogar con nuestro presente para analizar una sociedad que se hunde, se cierra y se fagocita a si misma entre narcisismos, postmodernidad y una avalancha tecnológica.

El texto de Lorca permite múltiples posibilidades de representación para enfrentarse al  riesgo que supone transitar la línea temporal que va de la juventud a la vejez, de una comedia ligera de pasiones al drama adusto y frío de la soledad. El interés de Lorca por el paso del tiempo se evidente cuando el texto comienza y termina poniendo en boca de sus personajes la exclusividad de la rosa muscosa, una rosa roja de rocío, que se abre al mediodía, se desmaya por la tarde y cuando toca la noche, se comienza a deshojar.

La adaptación de Laura Plano comienza musical entre bailes, manolas y una hermosa Rosita para centrar toda la atención en su lozanía, su soltería y todo lo bueno por venir. El drama, que Lorca pone en voz de hombre, aquí se anuncia entre notas y trastes, escondido entre la melodía de la canción y una escena que pertenece a la obra “Los sueños de la prima Aurelia”, un texto inacabado de Lorca que dibuja el carácter distraído y soñador de unas mujeres que se consuelan y gozan leyendo novelitas de amores imposibles, ficciones con páginas y páginas de paja y muy poquita pasión. La incorporación de este texto aleja todavía más la dramaturgia del drama y confirma la apuesta por una adaptación que subraya el desarrollo jocoso y humorístico de los personajes. El tono de esta primera parte de la función se advierte aéreo, no pisa suelo, la idea de comicidad, asentada en las cuerdas vocales, reclama más músculo y diafragma, menos caricatura y más corporeidad.

Entre tanto la poesía toma la escena cuando la mujer y el hombre se encuentran. La mujer es carnal, ebullición y pálpito. El hombre es mito hierático de mármol, palabras de amor y promesas que cosechan besos para tornarse en mentiras de un futuro que nunca va a llegar.

La idea del paso del tiempo se transmite a través de un elegante vestuario aderezado con flores para Rosita, sus Tías, el Ama y las Manolas. Tocados de color para las Solteras que, entre abanicos chispeantes y un montón de hambre, ponen garbo de comedia a una precaria situación social.

El drama llega de golpe con la hojarasca del otoño. Las cabezas sin tocados, si acaso una ligera esperanza en el pelo envejecido de Rosita. Tan de repente nos ponemos serios que la discusión, que ya viene de lejos, entre la Tía y el Ama todavía se percibe comedia y le quita foco a la confesión desgarrada que compara el dolor entre un entierro de cuerpo que ya es pasado y la herida abierta imposible de suturar. El peso del tiempo se hace evidente con los muertos a los que llorar, pero también con las esperanzas que terminaran por morir, el reconocimiento de una realidad incontestable que, en el remanso de la oscuridad, evoca lo que pudo haber sido y no es. Es el momento culminante. La lírica se deshoja con el drama anunciado mientras el viento azota una puerta. Esa es la opción de Lorca.

Laura Plano, ante el inexorable paso del tiempo, apuesta por la esperanza. El viento amaina y abre la puerta para que se cuele la memoria gozosa de quienes fuimos y de quienes podríamos ser. Un final poético que salva la ilusión, traza líneas de memoria y une los puntos cardinales de aquella lejana vez que fuimos felices: “He de volver para llevarte a mi lado en un barco de oro cuajado con las velas de la alegría”. 


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11 noviembre 2011

“La Noche de los Triunfadores” Microteatro en el Teatro de la Estación


El Teatro de la Estación acoge todos los jueves más el fin de semana a las ocho de tarde un espectáculo novedoso en Zaragoza. La compañía de Santiago Meléndez representa en formato de microteatro “La Noche de los Triunfadores”

El microteatro son pequeñas obras de entre diez y quince minutos de duración que se realizan en espacios singulares y varías veces al día, son representaciones para un público que ronda entre seis y doce espectadores. Ayer tuve la suerte de asistir a cuatro de esas funciones y ya les adelanto que volveré para ver el resto.

El espectáculo comienzó en la taquilla, allí me recibió Mister Bacigalup con elegancia y educación, un tipo afable que me aconsejó sobre las representaciones que podía degustar y me llevó de la manita hasta el espacio de cada actuación. En definitiva se trata de elegir las piezas que quieres ver y ajustarte al horario que más te agrade. Puedes ver una, o dos, o todas las que quieras. Puedes hacerlo una detrás de otra o, ¿te lo imaginas? entre pieza y pieza puedes ir a algún bar cercano, tomarte una caña, comentar la jugada y decidir cual será la siguiente aventura.

La mía comenzó por el pasillo de emergencia del Teatro. Cuatro espectadores sentados en un par de peldaños y frente a nosotros un político de nuevo cuño. “El Salvador” nos presentó un nuevo partido, una organización que ¡¡por fin!! nace de nosotros para preocuparse de nosotros veinticuatro horas al día, siete días a la semana. El actor Saúl Blasco conformó un apasionado personaje que a veces era serpiente que hipnotiza y otras torbellino que asusta y sin embargo divierte. Juguetona dicción para un excelente texto lleno de dobles sentidos e inteligencia, un buen asidero para este joven y prometedor actor del panorama local.

La segunda experiencia transcurrió en uno de los almacenes del Teatro ( Un lugar, y perdonen que acuda a mi memoria pero el recuerdo es imborrable, al que yo llamo “la paella” Miren aquí la fotografía que nos hicimos hace poco más de un año con la compañía “El pont flotant” durante la obra “Ejercicios de amor”)

“Benéficas” es un acercamiento al mundo del lujo y del glamour, un lugar tan alejado de su realidad y de la mía que parece de otro planeta, como Laura Plano y Ana Marín. Dos actrices en estado de gracia que construyen de una manera admirable a sus dos personajes, tanto en las intervenciones individuales como en la química que se crea entre ellas, la simbiosis rebosa humor y nos regala momentos tan deliciosos como delirantes.

¿Quién es “La Rencorosa”? Algunos dicen que un oráculo escondido en lo más profundo del almacén general del Teatro de la Estación, un espacio mágico dónde se guardan decenas de atrezzos utilizados en su escenario. Esta mujer, entre la predicción clásica y el Google 2.0, fue capaz de desnudar a todos y cada uno de los espectadores que nos atrevimos a enfrentarnos a su capacidad de observación. Santiago Meléndez emergió entre la memoria en forma de decorados que lo rodeaban, y nos regaló toda la energía y la intensidad de su mirada (no se la pierdan) Fue bajo sus ojos cuando quedé subyugado y esperé, jugándome la vida, al final de la cuenta atrás.

El último viaje fue a otra dimensión. La mejor vidente de Occidente en “Servicio 24 horas” nos mostró a la altura de nuestras narices, como se puede contactar con el más allá. Jesús Sesma demostró que las dimensiones de este mundo son sólo una cárcel y que, con un poco de entrenamiento y mucho interés, otros espacios están al alcance de nosotros, sólo necesitamos alguien que esté dispuesto a pagar el viaje, ¿y tú? ¿Estás dispuesto a enrolarte en esta aventura de diseñar a tu gusto, y lejos del mando a distancia, una hora de entretenimiento? No te pierdas el arte de la interpretación al alcance de la mano.

Teatro de la Estación

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