La curvatura de la córnea

18 noviembre 2023

Bodas de sangre

 



Sublimar a Lorca

Jacinto Benavente en 1908 declaró que el teatro necesitaba a los poetas. «Vengan la fantasía y los ensueños y hasta el delirar de la poesía» Gerardo Diego definió «Bodas de sangre» en su estreno de 1933 como un drama lírico que lleva la música dentro transformada en sustancia poética y teatral. Teatro del Temple apuesta por tomar «la belleza atemporal que nos sugiere la poética de Lorca» mediante una propuesta muy atractiva para lograr que los elementos líricos del texto no den al traste con el desarrollo dramático de la tragedia.

La puesta en escena y el vestuario dibujan una sugerente poética visual que sitúa la acción en un universo atemporal muy alejado de la mesa con mantel y las cortinas de encaje. La transformación de la escenografía huye de los compartimentos acotados por habitaciones y cuevas hasta difuminar la frontera entre el plano real y el simbólico que determinan la obra, para dejar que la trama fluya sobre sonidos y músicas más allá del flamenco: Llagas abiertas de una madre despechada, los amantes en venas de fuego y esa navajita de sangre que trae soledad y pérdida de una estirpe. Esta estética se fusiona con la dicción masticada de unas palabras que huyen del ritmo declamado a machamartillo, y siembran una densa emoción de raíz ancestral. 

Las interpretaciones navegan entre la contenida sobriedad masculina de los jóvenes y un padre de trazo tradicional, y las energías femeninas que transitan con poderío por una tragedia, que se puede resumir en el magnífico trabajo de Minerva Arbués cambiando de personaje con eficacia magnética, y una soberbia Irene Alquezar que define el tono de la función desde el luto de recordar a los muertos hasta la luna vestida de muerte. 
Todos los recursos teatrales orientados para alejarse del costumbrismo de Lorca y sublimarlo.

 

‘Bodas de sangre’

Calificación: 4 estrellas

Compañía: Teatro del Temple. Producción: María López Insausti. Texto: Federico García Lorca. Dirección y espacio escénico: Carlos Martín. Reparto: Irene Alquezar, Minerva Arbués, Jacobo Castaneda, Alba Gallego, Félix Martín, Alberto Pérez Paz y Claudia Silba. Vestuario: Ana Sanagustín. Música: Gonzalo Alonso.

Teatro Principal. Jueves 16 de noviembre de 2023.

Sublimar a Lorca (heraldo.es)





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06 septiembre 2022

Una noche sin luna

 



Lorca en primera persona

Amin Maalouf defiende que la identidad se construye y transforma a lo largo de la vida, y quienes la reducen a una sola cosa son los sectarios y los intolerantes. Juan Diego Botto escribió esta función para encontrar al poeta, músico, dramaturgo y ciudadano, sin embargo había una evidencia imposible de soslayar: Lorca es un desaparecido, un asesinado con la voluntad de eliminar su rastro físico y destruir su recuerdo. Ese empeño en el olvido también forma parte de la identidad de España, y la función lo incorpora con una evidente intencionalidad política para que la dramaturgia, lejos de convertirse en un panfleto, transforme el debate de ideas en un ejercicio teatral impecable.

El teatro no es la vida aunque la encarnación de Botto en el cuerpo y el alma de Lorca lo parezca gracias a un trabajo brillante, fresco en el diálogo con el público, sinuoso en la narración que viaja entre un vals vienés y lenguas como puños, hasta seducir con ese manojito de humor que alivia tensiones y penas. La dualidad Botto-Lorca conecta con asombrosa precisión palabras, pensamientos y actitudes de hace un siglo con la actualidad política, social y cultural. La dirección de Perís-Mencheta busca precisión y sutileza en los pequeños gestos, hasta que el dolor transforma la escenografía de polvo y madera para decirnos que somos lo que somos por la memoria que guardamos del recorrido personal y colectivo.

El público respondió con una larga y emotiva ovación a modo de garantía: La memoria del poeta que les había hablado de tú a tú estará a salvo, sin embargo cuando la luz de sala apagó el aplauso al actor, había otra evidencia imposible de soslayar: Su padre, Diego Fernando Botto Alduncín fue secuestrado y asesinado en 1977 durante la dictadura de Videla en Argentina. Voces de muerte sonaron.

 

Ficha Técnica de «Una noche sin luna»

Calificación: 4 Estrellas

Producción: La Rota producciones y Barco Pirata producciones. Autor e intérprete Juan Diego Botto. Dirección Sergio Peris-Mencheta. Escenografía: Curt Allen Wilmer. Iluminación: Valentín Álvarez. Vestuario: Elda Noriega.

Teatro de las Esquinas. 4 de septiembre de 2022.


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26 febrero 2022

Rosita abre una puerta a la esperanza


 

Lorca en 1935, después de estrenar dos tragedias como Yerma y Bodas de sangre, quiso escribir una comedia sencilla y amable pero no le salió. Doña Rosita la soltera “tiene más lágrimas que mis anteriores producciones”. La última obra teatral de Lorca es el poema dramático dedicado a una solterona española de seda, ajuar y sombrilla que ya no existe, y sin embargo, tiene el poder de los clásicos para relacionarse con los tiempos actuales.

La función de Lorca navega en una doble vertiente. La primera es anecdótica, genera la acción, rasgos de comicidad y se desarrolla alrededor de la soltería que, si Lorca la expresa como una evolución grotesca de una doncella, casi un siglo después permite otro tipo de lectura más actual. Pero el gran protagonista de la función, la proteína con peso argumental recae en el transcurrir del tiempo. No se trata solo de esperar la pasión de un novio, el rocío del amanecer o las luces de los sueños. El tiempo en su esencia es muerte, olvido, anulación de aquellos sentimientos que fueron hoguera, un protagonista que también es capaz de dialogar con nuestro presente para analizar una sociedad que se hunde, se cierra y se fagocita a si misma entre narcisismos, postmodernidad y una avalancha tecnológica.

El texto de Lorca permite múltiples posibilidades de representación para enfrentarse al  riesgo que supone transitar la línea temporal que va de la juventud a la vejez, de una comedia ligera de pasiones al drama adusto y frío de la soledad. El interés de Lorca por el paso del tiempo se evidente cuando el texto comienza y termina poniendo en boca de sus personajes la exclusividad de la rosa muscosa, una rosa roja de rocío, que se abre al mediodía, se desmaya por la tarde y cuando toca la noche, se comienza a deshojar.

La adaptación de Laura Plano comienza musical entre bailes, manolas y una hermosa Rosita para centrar toda la atención en su lozanía, su soltería y todo lo bueno por venir. El drama, que Lorca pone en voz de hombre, aquí se anuncia entre notas y trastes, escondido entre la melodía de la canción y una escena que pertenece a la obra “Los sueños de la prima Aurelia”, un texto inacabado de Lorca que dibuja el carácter distraído y soñador de unas mujeres que se consuelan y gozan leyendo novelitas de amores imposibles, ficciones con páginas y páginas de paja y muy poquita pasión. La incorporación de este texto aleja todavía más la dramaturgia del drama y confirma la apuesta por una adaptación que subraya el desarrollo jocoso y humorístico de los personajes. El tono de esta primera parte de la función se advierte aéreo, no pisa suelo, la idea de comicidad, asentada en las cuerdas vocales, reclama más músculo y diafragma, menos caricatura y más corporeidad.

Entre tanto la poesía toma la escena cuando la mujer y el hombre se encuentran. La mujer es carnal, ebullición y pálpito. El hombre es mito hierático de mármol, palabras de amor y promesas que cosechan besos para tornarse en mentiras de un futuro que nunca va a llegar.

La idea del paso del tiempo se transmite a través de un elegante vestuario aderezado con flores para Rosita, sus Tías, el Ama y las Manolas. Tocados de color para las Solteras que, entre abanicos chispeantes y un montón de hambre, ponen garbo de comedia a una precaria situación social.

El drama llega de golpe con la hojarasca del otoño. Las cabezas sin tocados, si acaso una ligera esperanza en el pelo envejecido de Rosita. Tan de repente nos ponemos serios que la discusión, que ya viene de lejos, entre la Tía y el Ama todavía se percibe comedia y le quita foco a la confesión desgarrada que compara el dolor entre un entierro de cuerpo que ya es pasado y la herida abierta imposible de suturar. El peso del tiempo se hace evidente con los muertos a los que llorar, pero también con las esperanzas que terminaran por morir, el reconocimiento de una realidad incontestable que, en el remanso de la oscuridad, evoca lo que pudo haber sido y no es. Es el momento culminante. La lírica se deshoja con el drama anunciado mientras el viento azota una puerta. Esa es la opción de Lorca.

Laura Plano, ante el inexorable paso del tiempo, apuesta por la esperanza. El viento amaina y abre la puerta para que se cuele la memoria gozosa de quienes fuimos y de quienes podríamos ser. Un final poético que salva la ilusión, traza líneas de memoria y une los puntos cardinales de aquella lejana vez que fuimos felices: “He de volver para llevarte a mi lado en un barco de oro cuajado con las velas de la alegría”. 


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