La curvatura de la córnea

27 enero 2012

Sergio del Molino y Luís Alegre achican espacios en el Forum de la FNAC

El binomio era muy interesante. El periodista y escritor Sergio del Molino se encargaría de las respuestas. El polifacético y siempre brillante Luís Alegre de las preguntas. El toma y daca tendría lugar sobre las páginas de El restaurante favorito de Nina Hagen, el último libro de del Molino. Sin embargo, el motivo de mi presencia era musical. Fui con la esperanza de escuchar a Luís Alegre cantar en directo una de esas coplas que entona los fines de semana en el radiofónico “A vivir Aragón” de Miguel Mena.
Luís Alegre confesó que le gusta participar en presentaciones de libros y otros saraos de parecida calaña porque es una buena manera de ver y tocar a la gente. Evocó su relación personal con Felix Romeo y como fue él quien lo puso en la pista de Sergio del Molino. Un periodista, recordó las palabras del escritor recientemente fallecido, con gran talento literario y una manera personal de ver las cosas. Alegre añadió que la narración de su invitado a lo largo del libro era versátil, estimulante, variada y mestiza. Un amplio abanico sobre las inquietudes personales del autor. A continuación desestimó poner al autor en el brete de confesar la trastienda de sus artículos, las claves internas y preguntó por los motivos que le llevaron a elegir como título El restaurante favorito de Nina Hagen.
Sergio del Molino no es fan de Nina Hagen. Sin embargo le gusta el carácter reciclador de la cultura pop alemana y este libro contiene textos reciclados que ya tuvieron otras vidas. El autor se mostró muy contento con la portada. Un sofá desaliñado, de pereza outsider¸ que le recordaba los tiempos madrileños de cuando amueblaba su piso con la basura recogida durante las noches de borrachera.
Luís Alegre definió la escritura de su compañero de charla como antiarrogante. Muy alejada del escritor, incluso con talento, que mira por encima del hombro a sus lectores. Es una actitud militante afirmó del Molino, que también hizo referencia al día que Felix Romeo le dijo que muchos de los jóvenes autores escribían con frac de literatura encorsetada. Y como de aquel comentario extrajo un consejo que es una de las máximas del escritor Rafael Reig: La literatura es un terreno para tipos que escriben y leen en pijama. Una actitud mucho más comunicativa, cómoda y productiva.
El libro, sugirió Alegre, es un catalogo personal de lugares y personajes. Eso, afirmó del Molino, es una expiación literaria para conseguir que lo personal sea más visible e importante. Quitarse pudores y llegar con la verdad al corazón del lector. Para eso, apostilló Alegre, nada tan efectivo como la sinceridad. Las hojas de este libro certifican que Sergio del Molino cuenta lo que se le pasa por la cabeza y lo hace sin artificios de estructura literaria. Procuro ser sincero y honesto, contestó el periodista. La honestidad es un factor muy importante y subrayó que, si en sus lecturas buscaba la voz del autor, cuando escribía debería dejar algo de su sufrimiento porque, aunque haya invención, mi voz está ahí.
Luís Alegre recordó que el libro tiene un aire de nostalgia y melancolía que se resume en la interesante relación del autor con el pasado. Soy antinostálgico, replicó del Molino, y lucho para seguir siéndolo aunque el recuerdo me toque como a todo el mundo. En España, aseveró, se explota obscenamente la nostalgia y, aunque también tengo pasado y algunas heridas que no se pueden ignorar, intento teñirlas de ironía y distancia.
La charla se alejó momentáneamente de lo personal para reflexionar sobre el periodismo. Un oficio, confesó del Molino, en el que me siento arrebatado y al que llegué por una simple cuestión monetaria, al fin y al cabo me pagaban por escribir. Pero un buen día, aquella profesión que se transmitía de generación en generación, dejó de ser lo que era y, tras sentirse desplazado, abandoné las redacciones que ya no me permitían hacer mi trabajo como lo hicieron otros reporteros. De esas fuentes bebió del Molino y perfumó sus trabajos periodísticos del aroma de la literatura ( y seguramente también a la inversa). Terrenos fronterizos donde es imprescindible desdoblar la personalidad. Por un lado el ciudadano con DNI y obligaciones fiscales y al lado el otro Sergio del Molino, el que transpira en las páginas de sus libros, eso sí, ambos son corpóreos.
El factor familiar regresó a la charla con la abuela Currita, una niña divertida e inteligente que siempre te llevaba al huerto, y un proyecto literario dónde el viaje venezolano de la familia de del Molino se mezclará con esas historias de mesa camilla que se cuentan de generación en generación.
Sergio del Molino confesó que se lo pasaba pipa con el gozo de la literatura pese a la rudeza de algunos de sus textos. Tan solo se mostró un poco desdeñoso con esas rutinas añadidas al “mundillo” y que van desde cócteles majestuosos a cargo de las grandes editoriales hasta presentación como la que allí tenía lugar. Desde el público reímos la ironía. Era evidente que todos los presentes la estábamos gozando así que la siguiente pregunta fue sobre el sexo. Y ahí, en ese terreno tan resbaladizo, Sergio del Molino recordó que en las novelas, cuando el sexo es protagonista, llegan las frases hechas y otras sutilezas que nos alejan del mundo de las sensaciones. Si toca follar, enfatizó, hay que transmitir esa sensación. Si me cuentan un polvo quiero ponerme cachondo. Era el momento propicio para anunciar que su próxima novela, que se publicará en el mes de marzo, tendrá un alto contenido pornográfico y nada de sensualidad o sugerencia. Las escenas de sexo están narradas con luz cenital, cámara de alta definición y plano fijo.
La charla aún continúo pero caí en la tentación y abandoné tan interesante foro. Uno de los clásicos futboleros me esperaba catódico al otro lado de la ciudad.

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