La curvatura de la córnea

21 marzo 2011

Crónica de un juicio a David Jasso

El escritor David Jasso compareció el viernes 18 de marzo de 2011 ante el Juzgado Número 1 del Forum de la Fnac de Zaragoza. Presidió la vista el crítico, juez y parte Ilustrísimo Señor Fernando Martínez. La acusación de David Jassó se sustanciaba en los cargos de infracción literaria muy grave por publicar dos libros simultáneamente: la novela “El pan de cada día” (Ed. 23 escalones) y la antología de relatos “Abismo” (Ed. Ajec).
David Jasso llegó con su abogado, el guionista de cine porno Roberto Malo, a quien contrató, según consta en diversas publicaciones de la prensa rosa, tras la promesa de que Jasso protagonizaría la próxima producción cinematográfica de Malo.
Una masa desaforada de lectores confesos de literatura de género recibieron al procesado a las puertas del tribunal con el coro de «Jasso pelele, el pueblo no te lee» Los gritos derivaron en actitudes violentas contra los medios de comunicación escritos que cubrimos la noticia para algún blog de pacotilla.
Las puertas del Templo de la Justicia se abrieron gracias a los puños del púgil Juan Luís Saldaña, presentador de televisión reconvertido por la libertad de prensa y la escasez de anunciantes en alguacilillo de la vista.
El afamado Fiscal José María Tempanillas tomó la palabra y expuso los motivos para inculpar a David Jasso: La actitud irresponsable del autor al saturar el precario mercado literario con dos libros que, además de pertenecer a dos editoriales diferentes, son malos en lo creativo y peligrosos para lectores de género en particular y los seguidores del terror en particular.
Roberto Malo, en calidad de abogado defensor, aseguró que a lo largo de la vista se podría comprobar como su defendido no era el responsable de la simultaneidad en la publicación de sus dos libros. Las circunstancias que se daban en este caso apuntaban hacía otras culpabilidades.
Iris Jasso fue la primera en testificar que, como el sagaz lector habrá discurrido, es la hija del procesado. Las preguntas del Fiscal acorralaron a la delicada señorita hasta que consiguió una endeble confesión en la se dijo ۫«pese a las horas que pasa mi padre delante del ordenador, me es muy difícil asegurar que hace literatura.» El acusado pidió la palabra. David Jasso prometió un aumento en la paga de su hija del IPC real más un diez por ciento de los beneficios que generen las ventas de todos sus libros pasados, presentes y futuros. La hija, emocionada por tanto amor monetario, rectificó sus palabras y contó con pelos y señales las rutinas de trabajo de su papi encaminadas a conseguir los fastos del escritor afamado por la tele y querido por el populacho. Entonces el fiscal preguntó a boca rajo si ella consideraba que toda la obra de su padre estaba escrita por un negro. El abogado defensor protestó ante el cariz xenófobo de la pregunta y se armó la marimorena entre los letrados, un altercado que el Juez, ensimismado con un cascanueces del Ikea, cortó para llamar a los siguiente testigos.
Los representantes de las editoriales, ante el asombro del inculpado, no hicieron acto de presencia. Este hecho, se apresuró a subrayar el Fiscal, es muy significativo para comprender el desprestigio que había alcanzado el autor: El abandono de sus patrocinadores dejó al señor Jasso en pelota picada.
Fernando Lafuente, autor inédito, fue el siguiente en testificar. Aunque se mostró dubitativo en sus respuestas, la habilidad dialéctica del fiscal lo dejaron en un callejón sin salida desde dónde afirmó que «si el señor Jasso era tan prolífico en la publicación de sus libros, era evidente que autores como yo, de gran valía literaria pero desconocidos para el gran público, nunca tendríamos hueco para publicar.» El abogado defensor volvió a su táctica de hacer preguntas retóricas, en este caso sobre el habitual retraso que sufrían las publicaciones literarias y como una fatal coincidencia había puesto a la vez dos libros de su cliente en mercado. Malo recordó que los libros estaban publicados en editoriales diferentes, y por lo tanto no se podía hablar de monopolio. El formato, la estructura y la temática de ambos era tan distinta que decía mucho de la imaginación y el buen hacer como narrador de su defendido.
Ernesto García García, primo del inculpado, fue el último testigo de la vista. El señor García García no necesitó de preguntas. El señor García se puso a largar con el gracejo del que ha visto todas las temporadas de El Club de la Comedia. Se confesó gran amante de la buena literatura. «Si leo lo que escribe mi primo es por obligación familiar y porque en el Carrefour se pueden comprar los dos libros por el precio de uno.» El señor García mostró su alegría por la celebración del juicio « Así puedo ver a mi primo en un nuevo ambiente. Ya estoy cansado de que solo nos veamos en bodas y entierros.»
Los alegatos finales del Fiscal y el Abogado Defensor abundaron en los argumentos que ya se habían expuesto a lo largo de la vista y que se resumen en dos. Primero, David Jasso es culpable porque ha publicado a la vez dos libros malos y eso no tiene perdón. Segunda, David Jasso, además de ser inocente, es la víctima de un negocio que desprecia el terror como género literario.
El inculpado pidió la palabra para hacer su propio alegato. La pieza oratoria resultó ser de una intensidad emotiva al alcance de muy pocos, una excelente muestra de la capacidad de un escritor de raza. Un texto que reproduzco en su totalidad para deleite de lectores al uso y de creadores que persiguen el sueño de contar historias.
«Miembros del jurado, familiares, amigos, senadores, representantes de la realeza. Ha llegado el momento del final. La ultima oportunidad para que se haga justicia y para que triunfen de una vez por todas la libertad y la esperanza.
Porque lo que aquí se está juzgando hoy, no es un libro o dos, ni a un autor, ni a un depauperado panorama editorial. Aquí hoy, lo que se están juzgando son los sueños, las ilusiones. La esperanza.
Se habla de crisis, la gente camina entre sombras sin sonreír. En una sociedad triste y miserable. Miraos, sois piltrafas, auténticos despojos. Escoria sin sueños. La alegría ha desaparecido. Nada nos sacará de la crisis, nuestra vida carece de sentido, me dicen vuestras miradas bovinas. Ya no hay nada que podamos hacer.
Sin embargo alguien, en este desolador panorama se ha atrevido a hacer frente a la desilusión. Yo lucho por un mundo mejor, en el que los sueños pueden hacerse realidad, por un mundo en el que nuestros hijos, por muy idiotas que sean, sepan que cualquier impresentable puede triunfar. Y yo soy la prueba viviente de ello.
Que la irresponsabilidad, la dejadez y la copia descarada aprovechándose del trabajo de nuestros compañeros pueden dar sus frutos, que podemos ascender pisoteando a los demás para llegar hasta lo más alto, que lo que importa somos nosotros mismos y nuestro nivel de vida. Que hemos de golpear con nuestros dientes y morder con nuestros puños sin mirar nada más que nuestro propio beneficio.
No, no estamos hablando de libros, estamos hablando del triunfo a cualquier precio. De mis sueños, que merecen hacerse realidad gracias a vuestra pasta.
Ahora cuando deliberéis ya sabéis lo que tenéis que hacer. Yo no voy a pediros que votéis por mi libertad. Ni siquiera que leáis mis libros. Lo que os voy a pedir se puede resumir en solo tres palabras. Compradlos, joder, compradlos.»
El Jurado Popular, cautivo ante tan elocuentes palabras, declaró inocente a David Jasso por los delitos que le habían sido imputados.

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2 Comments:

At 21 marzo, 2011 10:44, Blogger roberto said...

Excelente crónica. En estos casos el jurado popular es quien tiene la última palabra y el buen juicio.
Mi cliente era claramente inocente, y ahora puede volver a escribir en libertad.

 
At 24 marzo, 2011 16:28, Blogger Javier López Clemente said...

Su cliente esta pirao jajajaja y eso me gusta

Un abrazo.

 

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