La curvatura de la córnea

25 abril 2013

JOY (IN PROGRESS) o la alegría del agotamiento




El Teatro del Mercado, dentro del ciclo “Sin Fronteras 2013” que organiza el Ayuntamiento de Zaragoza, acoge una serie de conferencias en torno a la idea de la alegría. La primera de ellas se celebró el 24 de abril y corrió a cargo de Miguel Ángel Ortiz Albero en la palabra, Ingrid Magrinya en la danza y Gonso en la música. Lamentablemente me fue imposible llegar a la parte perfordance del evento y solo pude asistir al debate posterior.
Gracias a las interesantes aportaciones del público y a las explicaciones de los artistas desde las tablas, me enteré que la esencia de la actuación había sido mostrar como a través de la ejecución, repetición y vuelta a empezar de una actividad se puede llegar hasta la alegría. En el caso de los presentes esa actividad pasaba por el tamiz de la verdad, no se trataba de hacer el teatrillo de sentirse agotados, no, la esencia era mostrar desde la verdad el agotamiento de leer textos, interpretar música al piano y bailar y bailar y bailar hasta la extenuación para, quizás desde ahí, comenzar a crear de verdad.
El gran Cifu contaba hace unos días en Radio 3 como Thelonius Monk estuvo preparando una serie conciertos durante varios días seguidos sin ver la cama hasta que, durante la primera actuación se quedó literalmente dormido sobre el piano y se tuvo que suspender la actuación. Los recitales se reanudaron al día siguiente y Monk, bien dormidito (ustedes ya se lo imaginan) estuvo sublime.
Desde luego la primera premisa para esta teoría del agotamiento sería realizar una actividad creativa. Recuerdo mi temporada como trabajador de una cadena de montajes de lavadoras en la que desarrollaba una actividad repetitiva y constante hasta el agotamiento, más que físico, mental. No estuve mucho tiempo pero dudo que con el tiempo hubiera sido capaz de extraer algún resquicio creativo de aquella actividad. Más allá de la propia experiencia personal parece aceptable que si el agotamiento es la base para la alegría, ese agotamiento tiene que ser creativo: El músico que repite mil veces la misma partitura en busca de la perfección, la bailarina que rueda y rueda hasta llegar a lo etéreo y Ortiz Albero que trota y trota sobre sus zapatillas de color amarillo chillón en para que la inercia de la carrera le suministre nuevas ideas. Puedo aceptar que el agotamiento es fuente de alegría, pero no lo creo posible ni en la zanja, ni en el andamio. El agotamiento en el tajo solo es la antesala del accidente laboral.
Avanzado el debate se suscitó la relación de la alegría con la infancia y claro, si aparece la infancia tenemos que hablar de educación. Ortiz Albero recordó sus tiempos de escolar en un colegio de curas en el que la pedagogía pasaba por machacar y machacar hasta el agotamiento y de nuevo, como en el trabajo manual, en ese agotamiento no hay ni pizca de alegría. Entonces Magrinya recordó que, de esa exaltación del esfuerzo sin mucho sentido hemos pasado a todo lo contrario: Cualquiera puede ser casi cualquier cosa sin el más mínimo esfuerzo ¿han visto ese anuncio del i phone dónde parece que interpretar música es cosa de coser y cantar? y no, no es posible, ser músico, escritor, bailarín y cualquier otra cosa requiere de mucho esfuerzo.
Fue entonces cuando recordé a Ted Robinson, un pedagogo norteamericano que, frente al utilitarismo de la educación, ya saben, puesto que van a machacarte, al menos estudia algo con lo que te puedas ganar la vida, defiende la indagación en la creatividad para potenciar la educación. Y, si la conectamos con el discurso de esta conferencia/perfordance, podríamos decir que la educación basada en la creatividad y bajo la premisa del esfuerzo sería un camino óptimo para alcanzar la alegría.
Tal vez parezca una utopía pero Ted Robinson cuenta en una de sus conferencias (las pueden buscar en You Tube) como una amiga suya padecía los síntomas de eso que la modernidad ha calificado de niña hiperactiva. Aquella niña tuvo la suerte de encontrarse con una psicóloga que le abrió la puerta al mundo del baile, la niña pasó el umbral y descubrió que los síntomas que sufría solo eran los de una gran bailarina. Robinson cuenta que han pasado mucho años de aquello pero que su amiga todavía está dispuesta a ensayar hasta el cansancio, hasta la gloria de conseguir una coreografía perfecta.
Así que ya lo saben, si desean encontrar la alegría, con independencia del oficio que les da de comer, busquen una actividad que les agote. Pueden correr por la ribera en busca de los mil y un sonetos, tocar por bulerías el cajón flamenco bajo los puentes o teclear hasta la extenuación el argumento del best seller 2014, da igual, lo importante es poner un poco de creatividad en sus vidas.

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