La curvatura de la córnea

29 junio 2016

Hilo musical para una piscifactoria de Juan Luís Saldaña


Juan Luís Saldaña es como de la familia porque en casa lo solíamos ver en un programa de la tele de esos que te miran a los ojos y te hablan de tú a tú. Era un programa donde se podía reflexionar sobre el cierre del McDonalds de la Plaza de España de Zaragoza como el lugar donde (a vueltas con un poema de Manuel Vilas) se estaba amasando la revolución mientras los neo socialdemócratas de tercera vía hacíamos el ridículo utilizando el verbo maridar para relacionar la botella de vino del supermercado del barrio con un par de torreznos. Sin embargo, como nos recuerda el autor, siempre hubo quien detectó que la sociedad del bienestar no le daba ningún bienestar y buscó otros solecitos a los que arrimarse. En cualquier caso la tele me convirtió en chico Saldaña, un frontman de la tele y el pop que siempre pone el careto y que me mostró como en el camino de la elegancia se encuentra en el nudo de una corbata made in Bere Casillas, desde entonces nada es igual.
“Hilo musical para una piscifactoría” es la primera novela de Juan Luís Saldaña después de un tiempo de poesía y relatos. El título puede sorprender porque la memoria de un pez está muy limitada en el tiempo y la música que acompañe su vida no le va a servir para incrementar su productividad subacuática. Pero cuando algunos  peces abandonaron las aguas para empezar el viaje evolutivo todo cambio, y nuestros recuerdos se acostumbraron a ocupar un espacio de memoria etiquetado por la felicidad, por eso los metemos en bolsas de plástico que paseamos de aquí para allá hasta que una ráfaga de cierzo las avienta de nuestras manos para convertirse en capitanas, entonces las perseguimos con la ansiedad de quien busca revivir aquellas sensaciones placenteras y olvidar por un momento la realidad. Y ese es precisamente el objetivo de la banda que protagoniza este relato que, a modo de thriller de motocarro, transcurre por la geografía zaragozana que limita al este con Rausan, al oeste con el museo Pablo Gargallo, al norte con la cafetería Cibeles y al sur con las espléndidas playas de Zaragoza.
La Cibeles es una de esas cafeterías que tienen el brillo dorado de la década de los setenta cuando lo abrupto de la decoración era sinónimo de Chic Chic Chic y discomusic con espejos en las paredes y taburetes forrados de escay.
“La cala del Encantado es la playa más bonita de Zaragoza”, un lugar que visito con frecuencia al trote cochinero de una carrera que termina en los acantilados de los pinares de Venecia, allí me detengo a escuchar el estruendo del mar y en días claros, cuando la calima es solo un sueño, puedo ver al aire sulfuroso de Utrillas.
Rausan es la frontera entre la ciudad y el desierto, entre nómadas y urbanitas, un terreno para camioneros, autobuses y charlatanes donde puedes “repostar, comer, dormir y celebrar una boda.”
Kiki de Montparnase, musa de los artistas parisinos de entreguerras, ahora vive en el Museo Pablo Gargallo de Zaragoza para recordarnos que nacer provinciana solo es fruto del azar y que una fuerte personalidad puede influir en tu entorno hasta convertirse en el icono de un barrio que le prestó su apellido y objeto de deseo.
“Hilo musical para una piscifactoría” se mueve en un espacio muy determinado que algunos percibirán como una jaula, sin embargo, dentro de ese espacio todos luchan por mantener una normalidad que no es tan normal. Los protagonistas del relato avanzan hacia la conclusión de su aventura a través de puertas abiertas cuando otras se cierran. Es la eterna lucha entre cada elección vital y el discurrir del tiempo, un tiempo que se nos escapa de las manos cuando menos te lo esperas: Puedes vivir en una piscifactoría, volar como una bolsa de plástico o jugar a la petanca. El camino que nos lleva hacia el bien o hacia el mal está ahí, o tal vez la vida solo sea una mezcla determinada por el miedo donde la felicidad es un estado pasajero. Lo importante, como reza la contraportada del libro, es trazar un plan para sentirse vivo. Y tú, querido lector, ¿ya has trazado los planos de la felicidad o tan solo caminas por la paya más bonita de tu ciudad? En cualquier caso ten en cuenta que la banda sonora no puede ser lo más imporante ni para una piscifactoria, ni tal vez para la vida.


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25 noviembre 2012

Revisiones, obsesiones y otros tributos en el barrio del Gancho





La cultura es capaz de cambiar la orografía de las calles. Desde hace un tiempo la calle Las Armas comienza en sala de teatro El Extintor y termina en la librería El Armadillo Ilustrado, y no vean ustedes la de cosas que hay por el medio. Esta mañana he vuelto a recorrer la calle Las Armas desde el Mercado Central hasta el amable recibimiento de Octavio Gómez Milián que, como coordinador del último libro de la Editorial Comuniter en su colección Voces de Margot, abrió la presentación de “Revisiones, obsesiones y otros tributos”, uno de esos interesantes potajes que los chicarrones de Comuniter se sacan de la manga y ya van por lo menos tres.
En este caso el hilo conductor trata de revisitar recuerdos, mitos, personajes, ambientes, canciones, cualquier cosa anclada con fuerza al pasado y capaz de transformarse en un tributo en actualidad “Spin off”. O más o menos porque como confiesa Octavio en la solapa del libro cada autor hizo lo que quiso.
Miguel Carcasona inauguró el turno de palabra para los autores. Nos contó las casualidades que unían su vida con Jacques Brel, y no se ustedes, pero cuando escucho el nombre de un cantante francés comienzo a dudas porque tiendo a confundirlos, bueno a todos no, confundo a Brel con Brassens hasta que recuerdo que Brassens es el cachondo (eso se lo debo a Javier Krahe) y entonces me relajo porque Brel debe ser el serio. Carcasona esto lo tiene mucho más claro porque, según leo en su relato, Jacques Brel es belga. Tierra trágame.
David Jasso, que no se disculpó por los cuadros de su camisa, avisó sobre su relato, y esto dará mucho que hablar entre sus fans, que no estaba confeccionado con las herramientas del terror, el campo habitual de los textos de Jasso. Imagino que el autor de clásicos como “La silla” también tiene su corazoncito y, aunque no explicó los motivos, se ha escapado hasta el imaginario de Joaquín Sabina para terminar en mayo una canción que el jienense escribió en abril.
Eva Puyó situó la acción de su relato en un cine. Rubén es un director de teatro, viendo la película “Amantes” de Vicente Aranda. Rubén esta en medio de dos actrices de su compañía que además son hermanas. Y ahí me despisté. Ni me llamo Rubén ni soy director de teatro, y además El Armadillo Ilustrado no es un cine. Sin embargo ahí estaba yo, entre las hermanas Lacarta. El efecto espejo viajó a la primera vez que estuve cerca de Marian y Ana. Fue el día que descubrí el Ateca Power de La Noche Sin Techo 2007. Una de esas experiencias que nunca se olvidan.
El relato de Magdalena Lasala bebe de las fuentes de Flaubert y de la danza de Salambó con la serpiente sagrada. Lasala estaba entusiasmada porque había podido sacar de ese cajón secreto que tienen los escritores a uno de sus personajes favoritos, a mujer apasionada. La autora, imbuida por la pasión y la danza, inició un boceto de cimbreante vaivén que, ¡¡lástima!! No fue a más.
Antonio Romero mide los años por sanlorenzos y eso es toda una carta de presentación. Recordó ya habían pasado dos años desde que escribió el relato. Tiempo suficiente para que la destinataria del texto, su novia de entonces, ya estuviera fuera de su vida. Al parecer hay otra chica en su vida aunque no explico si a la actual también le escribe relatos o ha cambiado de táctica. El caso es que a su chica de entonces, a la de hace dos años el texto le gustó y eso parece ser suficiente marchamo de calidad. Fue preocupante comprobar como las referencias y los mitos de Antonio Romero, un tipo capaz de tocar bajo, theremin (sea lo que sea un theremin), provengan de lugares tan tecnológicos como la Nintendo y Super Mario Bros al que bautiza como el primer pagafantas. Les confieso que ya tengo marcada la página con su relato.
Igor Paskual llegó de Gijón montado en un tren y sin perder ni una pizca de ese aire elegante que imaginas a alguien que ha liderado una banda de glam rock. Antes de cantar hizo algún chascarrillo sobre Mick Jagger que en fin, no se lo tendré en cuenta porque demostró un alto grado de mitomanía, cantó por derecho, estuvo simpático y hasta pedagógico cuando me enseño cosas interesantes y que yo desconocía sobre…¿¡no lo adivinan!? Les recuerdo que hace un momento he escrito la palabra “glam”
Y luego vinieron las charlas, las firmas de los autores y Enrique Cebrián Zazurca que me dio un palo por lo fino, nada de navajitas en el cuello, una envolvente jurídica, casi ná. Roberto Malo que llegó tarde pero llegó, Mónica y una tesis sobre las pelucas que se ponen las mujeres caribeñas y, con tanto darle a la hebra, me volví al barrio con la compañía de David Jasso y sin catar ni una gota de vino. Y claro que lo voy a decir, me hubiera gustado contar con la presencia de Juan Luís Saldaña, ese zombi posmoderno de frase corta y siempre dispuesto a morder con todo el cariño del mundo, o no.
Este libro es un aviso para navegantes. No escondas tus obsesiones, todos las tenemos y en dosis adecuadas es una buena gasolina para subir la presión de nuestro torrente sanguíneo. Si eres capaz de dar el paso no lo dudes, este libro te ayudará a reencontrarte con esa obsesión digna de un tributo.




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10 abril 2012

Letra y Música con Octavio y Saldaña

El ciclo de Letra y Música organizado por la Asociación Aragonesa de Escritores en el Ámbito Cultural de El Corte Inglés, con la coordinación de Mónica Gorenberg, dedicó su jornada de ayer al pop aragonés, y lo hizo con un cartel muy interesante: En primer lugar las palabras de Octavio Gómez Milián y para concluir la guitarra y la voz de Juan Luís Saldaña.

Octavio Gómez Milián es, sin lugar a dudas, una de las voces con más autoridad para hablar del pop en general y del aragonés en particular. Según circula por las redes sociales, su próxima e inminente publicación será un diccionario de grupos aragoneses en el que trabaja desde hace tiempo.
El poeta abrió su conferencia con una máxima: En Aragón nos destacamos porque las letras de las canciones suelen tener un potente peso literario dentro de la aparente sencillez del pop como estilo musical. Una confluencia que ha durado más de treinta años.
El conferenciante viajó hasta los setenta y recordó como la estirpe de los cantautores modificó la música ligera con un poso de literatura y compromiso político que, tras la muerte de Franco, derivó en la movida de la ironía, lo liviano y lo festivo para rimar toalla con playa, o esa otra de Joaquín Carbonell que nos cantaba lo bonita que era la peseta. Fue precisamente en ese periodo cuando se fraguaron los inicios de la obra musical de dos aragoneses con una elevada exigencia literaria en los textos de sus canciones.
Ángel Petisme, acompañado de Ángel Guinda, desde la diáspora madrileña y Gabriel Sopeña que, afincado en Zaragoza compuso durante los noventa y junto al desaparecido Mauricio Aznar, temas que cruzaron fronteras como “Apuesta por el rock and roll”. Milián puso en valor que Sopeña, para subrayar la importancia poética de sus letras,  las publicó en Olifante recogidas a modo de poemario bajo el título “La noche del becerro” Canciones dónde la lírica, exenta de intelectualismos, engarzaba perfectamente con la música dentro de un estilo al que Milián bautizó con la brillante etiqueta de “Country de los Monegros”, un espíritu a caballo de Cash y Dylan, donde el camino es más importante que el destino, estilo de carretera para grandes letristas como José Lapuente de los Proscritos o Jesús López de Malamente, músicos con la fuerza de influir en autores literarios. Esa fue una de las características de los noventa cuando escritores como Ray Loriga y Benjamin Prado, o Chuse Izuel y Felix Romeo en Aragón, incorporaron a sus textos las bandas sonoras de sus vidas. Una confluencia que terminará por hacerse natural en los años dos mil.
(Entonces recordé que Santiago Auserón, zaragozano de cuna, ha publicado en estos días las letras de las canciones que ha escrito bajo el heterónimo de Juan Perro. Lo digo por si la coordinadora de este ciclo tiene a bien recoger la recomendación)
Octavio Gómez Milián regresó a los noventa de Gabriel Sopeña cuando introdujo a Loquillo, que había roto con Sabino Mendez como letrista habitual de los Trogloditas, en la musicación de poetas actuales como Gil de Biedma o Luís Alberto Cuenca, territorio acallado desde los tiempos de Paco Ibáñez y Serrat.
Los mismos años noventa que cayeron, tras los cardados y las hombreras de los ochenta, en el desierto de grupos y más grupos cantando en inglés. Pero en esa batalla todo no estaba colonizado. En una pequeña aldea resistía el brillante ingenio de una banda aragonesa que se llamaba El Niño Gusano con Sergio Algora a la cabeza, un brillante autodidacta capaz de compaginar de manera maravillosa música y literatura y además, separar por convicción su carrera musical de la literaria.
El final de la charla se llenó con nombres de formaciones actuales, desde Antonio Romero y sus letras para Domador, el spoken word (que algunos llaman rock recitado) de Justo Bagüeste y Javier Carnicer, o Julio Donoso, hasta el pop poético de Ana Muñoz y Luisiana. Nuevas generaciones que se acercan a la creación con un método mucho más interdisciplinar, jugando con todos los medios tecnológicos y de comunicación con los que disponen en la actualidad.
Lo descrito ni puede ni pretende condensar la brillante intervención de Octavio Gómez Milián que demostró conocimiento y pasión ante el fenómeno de lidiar música y literatura.
Era la hora de Juan Luís Saldaña. Subió al escenario con la pelambrera ligeramente alborotada y aspecto de desaliño descuidado que tanto me gusta. Para mi regocijo mitómano cuando se colgó la guitarra al hombro me encontré ante la imagen rediviva de Fran Perea. Pero no se asusten, el actor malagueño ha sobrevivido a su nefasto paso por Los Serrano y tiene otra vida al otro lado de las seis cuerdas, como Juan Luís Saldaña que, superviviente a los egos y la creatividad de Nubosidad Variable –en palabras de Gómez Milián: El grupo que no pudo o no quiso reinar- nos regaló una excelente sesión de versiones pop con el talento de quienes, como pontificaron los jurados de Operación Triunfo, Tú si que vales y Número 1, aunque no canten bien tienen la capacidad de transmitir emociones. Y eso fue lo que hizo Saldaña. Agarró los cuatro acordes del pop, susurró al micro, bajó los tonos de las melodías para esquivar la peligrosidad de algunas notas agudas y nos acarició con pasajes infinitos de jefes tortugas, orbitas celestiales y algún himno fallido para generaciones al borde de la frustración. Pero Saldaña no sería Saldaña sin sus frases, esos misiles que brotan de no se sabe dónde, píldoras para proclamar que lo más grande nace de lo pequeño y esa relación directamente proporcional entre la longitud de la falda de Eva Amaral y su talento. Saldaña, como yo, todavía espera ese disco memorable del dúo zaragozano y el bendito día que Bunbury decida ser Tom Waits.

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21 diciembre 2011

Juan Luís Saldaña en Tardes de Blog

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19 diciembre 2011

Anuncio: Juan Luís Saldaña en Tardes de Blog

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