Hernán Cortés entre la leyenda negra y la reivindicación histórica
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El Ámbito Cultural de El Corte Inglés acogió en el día de ayer, dentro del ciclo conocer a… -coordinado por Javier Millán-, el estreno del cortometraje “¿Qué tienes que contarnos? Un trabajo de Impacto Producciones con guión y dirección de Raúl Guíu, y protagonizado por la periodista Mayte Salvador.
Les seré franco. No voy a hablar de este cortometraje porque cualquier desliz, una pequeña insinuación, el más mínimo spoiler puede resultar nefasto a la hora de su visionado. Sin embargo, les diré que Mayte Salvador, la pueden escuchar todas las mañanas en Radio Ebro, hizo una apasionante defensa del oficio de periodista que, precarizados por la crisis y atrapados en las garras de las empresas de comunicación y su voraz apetito económico, se ven abocados a sobrevivir, sobre todo en la televisión, en unos medios que deterioran sin escrúpulos esa máxima de informar, formar y entretener.
Una pelea por la audiencia donde todo vale. Esta deriva en la baja calidad de los productos de entretenimiento e información sólo tiene una solución: La movilización del espectador. Es muy fácil cambiar de canal para, después del desesperante panorama TDT, pulsar el botón OFF del mando a distancia, conectar la luz de la mesa camilla y, como dijo Groucho Marx, abrir un libro (“Encuentro la televisión muy educativa. Cada vez que alguien la enciende, me retiro a otra habitación y leo un libro.”) Y me atrevo a añadir: conectar la radio, pinchar un disco, escribir un cuento, editar un video, cantar una canción o recitar un poema. Aunque ya saben, consejos doy que para mi no tengo.
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El Ámbito Cultural de El Corte Inglés de Zaragoza acogió en el día de ayer la presentación del libro “El Castillo de Sora”, editado por la Institución Fernando el Católico, promovido por la Asociación Castrum Valdejassa y escrito por Marisancho Menjón.
Manuel Muñoz recordó el camino que recorrió la asociación, asentada en la localidad de Castejón de Valdejasa para, después de la desolación de comprobar como nadie se presentó a la convocatoria de una beca de investigación, encontrarse con la autora.
Luís Zueco, de la asociación de los amigos de los castillos de Aragón, puso en valor el minucioso trabajo de investigación que sustenta este libro de historia, así como la audacia y la inteligencia de la autora que viene avalada por su larga trayectoria de publicaciones sobre la cultura y el patrimonio aragonés.
Marisancho Menjón agradeció la fantástica oportunidad que se le brindó cuando le ofrecieron la elaboración de este libro porque, como natural de Tauste, su relación con el Castillo de Sora está estrechamente ligada a cuando, “de moceta”, el Castillo suponía la aventura de una excursión al misterio de sus oquedades y a una pregunta muy de la comarca: “¿Quién no ha ido a Sora a tirar piedras?” Esta cercanía geográfica y sentimental proporciona al libro, además de la argamasa de la solvencia histórica, la chispa de la energía vital que suministran los espacios ocupados en la juventud. También confesó lo agraciada que se sentía en el terreno profesional porque, pese a la importancia del Castillo en el devenir de la zona, casi nada se ha escrito sobre él, un misterio del destino que permitió a la autora pasarlo “cañon” en su trabajo de indagación porque muchos de los acontecimientos iban a ser contados por primera vez.
La autora abandonó estas sugestivas disquisiciones personales y volvió al refugio del Power Point para ponerse académicamente interesante entre orígenes islámicos, vestigios renacentistas y un pantallazo de Google Maps sobre la tela del proyector. Marisancho se levantó e indicó algunas localizaciones geográficas mientras la luz del proyectó bañó su vestido negro y modificó la orografía de la zona baja de las Cinco Villas al arrullo de su voz. El instante fue muy breve y la historiadora regresó con presteza al resguardo de los datos hasta que Violante de Luna, mujer de una pieza, devolvió el brillo a los ojos de la autora y los Villahermosa, los jesuitas o el secuestro de un pastor. La exposición, ajustada a los hechos probados, buscaba la pulsión de los personajes que recorren este libro. Hubo momentos en los que sentí como Marisancho Mejón se debatía entre contarnos la verdad histórica o dejarse llevar por las rendijas de las hipótesis para rellenarlas con la fuerza creadora de la literatura. “El Castillo de Sora” es un excelente libro de historia pero la voz de su autora, o eso me pareció, esconde el pulso de una novelista con el deseo de inventar un relato dentro de la historia.
La autora afirmó que se sentiría muy contenta si alguien continuara la labor histórica que la brevedad de este libro deja abierta. Apuntó que a ella, apasionada por la investigación de legajos y andariega de los territorios sobre los que escribe, le gustaría levantar la vista de los papeles y los riscos para hablar con la gente del entorno. Una recolecta de testimonios que plasmen como esta fortificación afectó al desarrollo de sus vidas. Esta afirmación tal vez desvelé una necesidad vital de Marisancho Mejón: Regresar a los días en los que subía al monte Guanzo para tirar piedras contra el cierzo y soñar la milenaria historia del Castillo de Sora.
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El Ámbito Cultural de El Corte Inglés acogió la presentación del libro “Como escribir un guión para un cortometraje” (ALBA) de Fernando Marin. La introducción, tras una estuvo a cargo de Javier Millán. El responsable de “Impacto Producciones” subrayó el la vocación de guía de un libro pensado guionistas noveles. Una herramienta necesaria para la salud del productor que se enfrenta todas las semanas a la lectura de varios guiones que adolecen de escasa originalidad, tienen una vaga estructura narrativa y suelen emular experiencias personales en bares y otros tugurios de marcado cariz nocturno. El libro responde a las dudas que se suscitan en la actual eclosión del corto donde, gracias a la revolución tecnológica, cualquiera puede rodar, pero donde muy pocos son capaces de contar una historia interesante que pueda llegar a espectadores tan variopintos como los que visitan los Festivales de Fuentes de Ebro, Cannes o las páginas especializadas en Internet.
Fernando Marín tomó la palabra y confesó que había fraguado su personalidad literaria en el ámbito de la novela y el relato. Su desembarco en el guión para cortos llegó con un encargo. Fue entonces cuando descubrió que, frente a todo lo publicado para confeccionar un guión para largometrajes, nada había editado específicamente para cortos. Por eso, a partir de su propia experiencia, y de la confección de apuntes para cursos de la Escuela de Escritores de Madrid, decidió publicar esta obra, con marcado carácter didáctico, para aquellos escritores que han decidido contar historias en menos de 15 minutos. Un manual que huye de lo teórico para profundizar en los aspectos prácticos que van desde el chispazo de la idea que surge de un sueño, una noticia, la observación de la vida o el desarrollo de un encargo externo; hasta la importancia de dotar a esa primera imagen de un tema que nutra la historia y la lleve a los terrenos del amor, la política o vaya usted a saber.
El carácter breve del corto exige reducir las escenas, los personajes y el presupuesto. Olvida los finales abiertos o melancólicos. El mejor final para un corto es la solución cerrada del conflicto que se plantea. Y se volvió a subrayar la importancia de contar historias, y hacerlo pensando que el texto final, con independencia del cual sea su origen, será el manual de trabajo para los diferentes equipos de trabajo que constituyen el rodaje de una película, gremios tan diferentes como el director, los electricistas o maquillaje y vestuario. Por eso las escenas deben huir de un lenguaje excesivamente literario para centrarse en narrar con tensión dramática y sin ambigüedades.
Aproveché el turno de preguntas para interrogar a Fernando Marín sobre la necesidad de tener conocimientos técnicos sobre la manufactura del cine para escribir un guión. Su respuesta fue contundente. Olvídate de los tipos de plano, el travelling y los efectos sonoros. Escribe un guión literario y después será muy interesante, en algunas ocasiones, compartir charla con los puntos de vista del productor y el director. En otros proyectos el perfil definitivo de la historia se consigue en un guión técnico donde se definen los aspectos audiovisuales de la historia que, por regla general, casi siempre difieren de cómo la imaginó el guionista.
Al hilo de esta respuesta, repregunté por lo habitual que era en el cine español que el director de un largometraje dirija sus propios guiones. En el mundo del cortometraje, afirmó Fernando Marín, esa costumbre esta mucho mas acentuada y, tal vez porque son proyectos pequeños, es muy habitual que la idea, el guión, las funciones de producción y el trabajo de director recaigan sobre la misma persona. Un círculo cerrado que impide el debate creativo, un ejercicio muy saludable porque otras visiones pueden aportar puntos de vista que enriquezcan la historia, y esa es también la función de un guionista, ser capaz de asimilar nuevas modificaciones para insertarlas en el guión y mejorar el resultado final.
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Cualquier yerno o nuera que se precie atesora una buena anécdota sobre su suegra. La ventaja de los escritores es que pueden inventárselas. Eso debieron pensar los responsables de Ediciones Nuevos Rumbos cuando decidieron publicar un libro titulado “Suegras. Retratos breves sobre el gran enemigo” que se presentó el pasado 30 de diciembres en el Ámbito Cultural de El Corte Inglés de Zaragoza.Etiquetas: ambito cultural el corte inglès, Editorial Nuevos Rumbos, José Gastón, reseña evento, Santiago Gascón, Suegras