La curvatura de la córnea

18 junio 2014

Entrenar la excelencia




El centro Etopia está siendo el centro de referencia del II Festival Internacional de música de cámara Musethica. Este edificio acoge los ensayos tanto de jóvenes alumnos como de sus profesores.
El nombre de Etopia es un homenaje a William J. Mitchell, arquitecto del proyecto y autor del libro E-topia en el que se describe como Internet, más allá de un sistema de transporte digital, es una infraestructura nueva que va a cambiar nuestras ciudades y nuestras vidas desde el punto de vista económico, pero también desde lo social y lo cultural en un mundo electrónicamente interconectado. Este interés por las interconexiones coincide con el proyecto pedagógico de Musethica y su intención de anudar el mundo de la excelencia musical con el corazón del público. Una red de emociones tejida entre los intérpretes y el patio de butacas que bien puede ser la sala de diálisis de un hospital o el gimnasio de un colegio de integración.
El pasado lunes 16 de junio tuve la suerte de asistir a uno de los ensayos que se realizan en el Auditorio de Etopia. El espacio era diáfano de colores claros, sobre el escenario un octeto de cuerda interpretaba a Mendelssohn. O al menos eso dice el programa del festival, porque yo soy incapaz de distinguir entre los diferentes autores de música de cámara. Pero eso no importa. Avri Levitan, alma mater de Musethica, dice una y otra vez que para disfrutar de la experiencia musical no son necesarias ni explicaciones ni conocimientos previos. Sólo tienes que sentarte, escuchar y disfrutar. Tomé sus palabras al pie de la letra.
El ambiente del ensayo era relajado. La violinista y profesora Ju-Young estaba ligeramente deslizada sobre la silla en lo que se me antojaba una postura poco ergonómica. El sonido era delicioso hasta que se detuvo la ejecución. Avri intercambió algunas frases con varios alumnos. La breve interrupción me llevó a pensar que ese era el mecanismo de la excelencia: Detenerse para corregir los más pequeños detalles y volver a intentarlo.
El octeto recuperó la actividad pero esta vez el cuerpo de Ji-Yung se había incorporado. La espalda ahora estaba recta, vertical y, al recoger ligeramente las piernas, descubrí el brillo dorado de unas manoletinas que marcaban el ritmo. Los dedos de su mano izquierda eran muy delgados y se movían en danza de energía y precisión. Sus intervenciones eran vertiginosas pero sin embargo se podía apreciar la nitidez de todos los movimientos. El cuerpo de la violinista se me antojó una máquina interconectada. El cerebro procesaba la información obtenida por el nervio óptico, abandonaba la masa encefálica a través del foramen magnum y allí, en la base del cráneo, se añadía la energía muscular aportada por la espalda. La suma de los datos se desplazaba por nervios, músculos y tendones hasta activar la yema de cada uno de sus dedos. La mano izquierda de Ju-Young era una compleja máquina de precisión. A este derroche técnico había que añadir una convicción: Para alcanzar su máximo rendimiento era imprescindible realizar el esfuerzo de repetir una y otra vez todos aquellos pequeños movimientos.
Y mientras yo estaba fascinado, los músicos repetían (o creo que repetían) la pieza, anotaban modificaciones en sus partituras y hablaban sobre la velocidad más adecuada para interpretarla. El trabajo se desarrollaba con la cadencia del artesano que moldea los elementos destinados a provocar sensaciones capaces de cambiar el estado emotivo de la audiencia.
La interconexión que propone E-topia para un mundo netamente virtual consiste en una cadena de datos viajando de manera simultánea a multitud de lugares. El trabajo de este octeto se asemeja a esa visión porque conecta nuevos espacios con la música clásica y, sin embargo, tiene una gran diferencia: Par apreciar de una manera integral el proceso comunicativo propuesto por Musethica es imprescindible formar parte del hálito biológico: La piel, los ojos y el sistema auditivo de cada espectador son los puertos USB que recibirán las ondas cerebrales y la energía muscular de Ju-Young, Avri, Hande, Minji, Filip, Julia, Emil y Dinis.

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