La curvatura de la córnea

23 febrero 2026

El funeral 20º Aniversario

 


Un funeral de verbena

Oua Umplute son unos huevos rellenos a la rumana. A saber. Se hace una mayonesa a mano con cuchara de madera, una yema de huevo cocido y otra cruda, mostaza y zumo de limón. Para el relleno mezclamos una cucharada de mayonesa con huevo y patata cocida. El ejercicio de relacionar esta receta con el nombre del espectáculo que Teatro Che y Moche puso a funcionar hace 20 años es un salto mortal a alcance de muy pocos, así que tendremos que pensar que la incorporación por aquellas fechas de Tereza Polyvka a la compañía fue un disparadero para fusionar la música de los zíngaros con el humor somarda. El doctor de Filosofía y Letras Guillermo Fatás definía somarda como esa retranca o intención oculta para mofarse de alguien pero como sin querer.

La puesta en escena de ‘El Funeral’ es un espacio de respeto mortuorio hasta que aparece la pedorreta de una campana y lo pone todo del revés. Ahí está la clave de la función, que en medio de una seriedad socialmente aceptada salte la sorpresa y brote el humor grotesco mediante tres recursos que recuerdan a los que utilizan los payasos.

Los gags físicos se apoyan en el movimiento corporal que siempre termina en el rostro un gesto que certifica la broma y es la vía para descubrir la personalidad de los personajes. Ella resopla porque está harta de hacer tiempo con su cubo de Rubik. El de las baquetas deja pasar el tiempo aburrido hasta que la curiosidad le mete en algún lío. Las seis cuerdas son un remanso de paciencia mientras el tipo que le arrea a los vientos incrementa su enfado, y cuanto más se inclinan las cejas y más se inclinan las pupilas más risas provoca entre el respetable.

La comicidad de la palabra es un alarde para que la farfulla que pavonea cosas triviales se transforme en una brillante pantomima verbal, y conecta de manera directa e intuitiva con la sonrisa y la carcajada. Ese charramengueo de vaya usted a saber que idioma es un perfecto caldo de cultivo para que emerja la figura literaria de la paronomasia: utilizar las mínimas diferencias vocales entre dos palabras para hacer malabares fonéticos, buscar la confusión y dejar que el espectador complete el chascarrillo.

Gestos y palabras son excelentes materiales para romper la cuarta pared, relacionarse con el público, y abrir la puerta a una constante actualización del espectáculo para que las bromas pueden discurrir entre lo atemporal y los acontecimientos novedosos. Y al mismo tiempo son dos recursos susceptibles de ser moldeados dependiendo del tipo de público y del espacio en el que se realiza la función. Esta flexibilidad a la hora de afrontar la comedia puede llevar el espectáculo por derroteros inesperados.

El tercer elemento narrativo es una sobresaliente dimensión musical donde se cuelga todo el humor generado para transformar el espectáculo en un conciertazo con diferentes ritmos y melodías de la música balcánica. El  elenco se pasea con frescura por un pentagrama con momentos agrestes y melancólicos. La generación de energía musical salta del escenario al patio de butacas, se transforma en una sinfonola, y los espectadores insertan la moneda de su canción favorita y así, por el bendito arte de la improvisación convertir el espectáculo en una verbena mediterránea.

‘El funeral. 20º Aniversario’

Producción, vestuario y escenografía: Teatro Che y Moche. Dirección: Joaquin Murillo. Dirección musical: Teresa Polyzka. Intérpretes: Tereza Poyzka, Joaquin Murillo, Kike Lera y Sergio Dominguez.

Enero de 2026. Teatro de las Esquinas




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01 noviembre 2025

Don Juan en los infiernos

 




Don Juan seduce en el Principal

‘Don Juan en los infiernos’ es el título de un poema de Baudelaire donde el mito que convierte voluntad en ley y pasiones en destino viaja en una barca camino del cementerio. El cineasta Gonzalo Suárez conectó el simbolismo de ese trayecto final con dos ideas. La vida del conquistador implacable de mujeres enfrentada con la estrecha moralidad de un Felipe II en cuyo imperio no se ponía el sol, pero situando la acción en la órbita de Moliere, y así mover al personaje por el territorio cómico de quien va de chasco en chasco con mucho ruido de palique y poca chicha de copular.

La dramaturgia armoniza estos antecedentes para definir y equilibrar la relación especial entre amo y criado con la chispa de una peripecia a la fuga, momentos de reflexión, y una rueda de personajes para dibujar al pecador con meridiana claridad. Don Juan está  tan íntimamente convencido que vale la pena protagonizar una vida singular, que cuando llega el momento final es capaz de buscar una pirueta ingeniosa para resumir su vida en un chiste.

Las hechuras teatrales se consiguen con elementos formales que enriquecen la narración. El espacio escénico se configura con un baile de bastidores, la sobriedad de unas proyecciones que sin estridencias sugieren localizaciones, y la fuerza hipnótica de la ambientación musical. La dirección conecta comedia y drama porque la agilidad de entradas y salidas deja espacio al peso de unas palabras que van de la burla a la reflexión.

El trabajo actoral es un fabuloso compendio. Muestra musculatura para los duelos verbales que hacen pesas con las frases, alimenta el ritmo que requieren las acciones, y dosifica la gestualidad como el contrapunto entre el hieratismo, la filigrana del bufón enmascarado, y esa ironía que pone en solfa la hipocresía de Don Juan y la nuestra.

 

‘Don Juan en los infiernos’

Calificación: 4 estrellas

Producción: Teatro Che y Moche. Texto: Gonzalo Suárez. Dramaturgia: Joaquín Murillo. Dirección: Marián Pueo. Reparto: Joaquín Murillo, Saúl Blasco y Gemma Cruz. Escenografía: Óscar Sanmartín. Máscaras: Ángel Laín.

Jueves 30 de octubre de 2025. Teatro Principal


Crítica de la obra de teatro 'Don Juan de los infiernos' en Zaragoza: Don Juan seduce en el Principal

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04 junio 2024

Un día feliz_Estreno

 


Teatro, historia y fantasmas

El actor, poeta y dramaturgo José Luís Esteban escribió en su muro de Facebook que ‘Un día feliz’ de Teatro Che y Moche era una gozadera. Una fórmula reconocible, personal y universal a la que le tienen bien cogido el pulso con los siguientes ingredientes: Música, ritmo, humor, lenguaje y desenfado.

‘Zingarozana’ es el término que se inventó el periodista Luís Lles para definir el estilo musical de Teatro Che y Moche. Esa mezcla de la ciudad de Zaragoza con la música zíngara es un contenedor en el que arrasan las melodías saltimbanquis de Teresa Polyvka jugando con el violín, la energía de Joaquín Murillo soplando todo tipo de saxos, el colchón de acordes en la guitarra de Kike Lera, y las percusiones de Sergio Domínguez como garantía de fiabilidad.

‘Un mundo feliz’ es la historia de tres generaciones de fantasmas. Un siglo de aventuras y desventuras a cargo de diferentes miembros de la familia Poliedrich La peripecia avanza mediante la estructura dramática de tres sketch que clarifican la secuencia histórica de las acontecimientos, añaden información geográfica y una explicación pormenorizada del árbol genealógico de una familia de músicos que mudan de época y vestuario manteniendo las esencias de un repertorio, siempre amenazado por elementos externos que solo quieren acallarlo.

El trabajo actoral mantiene con firmeza las intenciones grotescas que van de un idioma que vaya usted a saber, hasta la cumbre que solo está al alcance de los valientes de corazón: El humor negrísimo como herramienta de concienciación, ese momento cuando el chiste está tan claro que casi no puedes ni sonreír por el horror que muestra.

El repertorio musical de la función se puede dividir en dos grandes grupos. Intensas peripecias rítmicas con ejecuciones brillantes para garantizar una fiesta a la que el público se une con sus palmas. Las transiciones entre actos como descanso ceremonial para que todo el peso dramático recaiga en el lamento de las cuerdas que unas veces son vocales femeninas y otras el desgarro del violín. Momentos donde la presencia simbólica de la muerte rompe el ritmo del jolgorio vital.

La estructura de la función apela al público rompiendo la cuarta pared con las melodías musicales, pero también desde las herramientas teatrales de la exageración en el gesto y la rienda suelta a una prosodia en la que el verbo busca el humor blanco con aroma de realismo mágico. La notable eficacia con la que se trasladan estos materiales narrativos al lenguaje dramático está determinada por juegos de palabras, torpezas y broncas que tanto recuerdan a las relaciones escénicas entre payasos.

El comentario de José Luís Esteban en su página de Facebook continuaba con un merecido elogio al tratamiento que hay detrás de todo lo que hasta ahora se ha comentado, pero también destacaba que nos encontramos ante una función sin trascendentalismos, sin mensajes subrayados en negrita, y sin aburrimiento concertado y cultísimo. Y es cierto que la pátina dramática se pasea sobre el escenario tiene una tenue insinuación histórica, que sin embargo es importante poner en valor porque pone el foco en las curvas de un camino que no deberíamos olvidar.

Los asesinatos que jalonan la historia de la familia Poliedrich tienen el aire marcial de un siglo de autoritarismo situado en el corazón de la Europa que mira hacia el Este y así, los tres actos de la función que transcurre desde 1922 hasta 2022 es una novedosa cronología para un siglo de violencias.

El Terror Rojo Bolchevique que, más allá de la Revolución de 1917 y la Guerra Civil de 1918-1919, continúo en el tiempo una vez que Stalin se convirtió en el amo indiscutido de la Rusia Soviética, y que en 1922 fue el responsable de las primeras muerte violentas en la familia musical de los Poliedrich.

Las ganas de interpretar música llevó a la familia Poliedrich a disfrazarse de judíos para sustituir a una banda musical de judíos que en 1942 había sido trasladado en tren a un campo de concentración para formar parte  de la solución final que los nazis diseñaron para terminar con el pueblo judío. El periodista Guillermo Altares relató en 2017 como algunos documentos de Naciones Unidas demostraban que los Aliados tenían claro lo que estaba ocurriendo con los judíos desde diciembre de 1942, y que esa barbaridad no significó la apertura de sus fronteras. “Los documentos de la Comisión de Crímenes de Guerra de la ONU ofrecen una nueva perspectiva de un momento crítico: cuando los países que podían recibir refugiados supieron que los judíos estaban siendo asesinados a escala industrial tampoco cambiaron su política.”

El epílogo de la función nos sitúa en 2022, en los primeros bombardeos que el régimen ruso de Putin puso en marcha con la intención de conquistar Ucrania. Una guerra que todavía está viva, y que el catedrático de Estudios Europeos de la Universidad de Oxford Timothy Garton Ash ha definido como una nueva era de la historia europea y mundial que, tras el periodo de postguerra mundial y la época del Muro de Berlín, ha explotado en una crisis fundamental. “Hacer posible que gane Ucrania o dejar que pierda, influirá de manea crucial en como sea la nueva era. La lección más importante de la historia es que somos nosotros quienes la hacemos.”

Pero volvamos a las palabras de José Luís Esteban para cerrar esta reseña y subrayar como la experiencia de asistir a una función de ‘Un día feliz’ es descubrir el placer de jugar con el teatro y con la música, de fundir realmente lenguajes distintos para llegarle al alma al espectador.”

 

‘Un día feliz’

Producción: TEATRO CHE Y MOCHE. Dramaturgia: JOAQUÍN MURILLO. Dirección musical y arreglos: TERESA POLYVKA. Dirección artística y puesta en escena: JOAQUÍN MURILLO. REPARTO: Teresa (Violín): TEREZA POLYVKA, Ioaqim (Saxos): JOAQUIN MURILLO, Yuri (Guitarra): KIKE LERA, Zoltan (Percusión): SERGIO DOMÍNGUEZ. Espacio escénico: ÓSCAR SANMARTÍN. Diseño iluminación/dirección técnica: TATOÑO PERALES. Vestuario: ANA SAN AGUSTÍN. Realización escenografía: JESÚS SANCHO Y CARLOS TRÍAS. Realización vídeo: VÍCTOR IZQUIERDO / BARBECHO PRODUCTIONS. Diseño gráfico: ÓSCAR SANMARTÍN. Técnico de sonido/Técnico de iluminación: DIEGO VICÉN/ÓSKAR ÚBEDA. Ayudante de producción: SAÚL BLASCO. Asesoría y coordinación musicológica: VICTOR REBULLIDA. Distribución/producción: RAQUEL ANADÓN. Ayudante de producción: MARIAN PUEO.

Domingo 12 de mayo de 2024. Teatro del Mercado

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18 agosto 2023

Un mundo feliz_Versión verano


 

Un mundo feliz a 111 Kilómetros de casa

La carretera A-1202 se endereza con la extraña sensación de abandonar la provincia de Huesca para reingresar a la de Zaragoza. Al poco el casco urbano de Santa Eulalia de Gállego se queda a la derecha mientras el cauce del río se adivina al fondo. Justo antes de abandonar el pueblo y triangulando su posición geográfica con la ermita de Santa Quiteria y los Mallos de Agüero, se advierte un paralelepípedo negro que transforma el Corral de García en un centro de creación creativa dirigido por Jesús Arbués que, “más allá de romanticismo de situar un espacio escénico en una población tan pequeña”, nació en 2019 con “la intención política para generar economía y difundir el acceso a la cultura para gente que vive en los pueblos pequeños”. El sábado 12 de agosto la platea presentó un lleno de campanillas para recibir a la compañía Teatro Che y Moche y su nuevo espectáculo «Después de El Funeral siempre llega…Un día feliz».

Enrique Vicién en la revista cultural El Eco de los Libres sitúa este nuevo espectáculo como la continuación de las más de 1.000 representaciones de «El funeral» El título de la pieza de Vicién resume perfectamente el espíritu de la nueva función: “Humor y memoria para hacer frente a la barbarie.” y recuerda que los dos pilares fundamentales sobre los que se construye el espectáculo son musical y literario.

El entramado teatral es el caparazón que acoge un concierto de un estilo musical que el periodista Luis Lles bautizó como “zingarozana” o una mezcla de música zíngara realizada por zaragozanos que ya es marca de la casa. Un repertorio con todos los ingredientes para que las melodías envuelvan al público en un ambiente alegre y vital, donde las voces maridan con el tintineo de los dedos saltimbanquis de Teresa Polyvka jugando con el violín, la energía de Joaquín Murillo con los saxos, el colchón de acordes en la guitarra de Kike Lera, y la fiabilidad en las percusiones de Sergio Domínguez con la máquina del ritmo a pleno rendimiento. La brillante ejecución musical garantiza la fiesta a la que el público se suma con la alegría de dar palmas. La exuberancia festiva se compensa con momentos más ceremoniales y nostálgicos en los que todo el peso musical recae en la capacidad evocadora del violín. Situaciones donde la presencia simbólica de la muerte sustituye al jolgorio y destila el valor nutritivo del humor negro. Una interesante tensión dramática donde la tragedia transita por una iluminación y un maquillaje que abonan una realidad mágica para situar a los protagonistas más allá de la muerte y reivindicar una continuidad temporal que no terminé de comprender.

El segundo pilar de la función es una dramaturgia emparentada con la novela «Todo está iluminado» del escritor de raíces ucranianas Jonathan Safran Foer que, en palabras de Martínez de Pisón, abre el armario familiar para encontrar humor, realismo mágico y una pizca de sentimiento trágico de la Historia. Materiales literarios que se trasladan con eficacia a un lenguaje dramático en un ejercicio de memoria para descubrir las tragedias de los ucranianos a lo largo de la historia, y transmitir la idea de un autoritarismo que viaja en el tiempo: Bolchevique en el año 1922, nazi en 1942 y nacionalista ruso en la actualidad. Tres capsulas temporales para subrayar el mismo proyecto reaccionario: Perseguir al artista que no se acomode a los moldes culturales y políticos implantados por un poder que, con capacidad para cambiar los pasaportes de las gentes que permanecen durante generaciones en el mismo lugar geográfico, es incapaz de permitir un mundo más allá de sus estrechas coordenadas.

Este interesante planteamiento se debilita cuando la dramaturgia cae en la tentación de utilizar el pobre recurso de repetir el esquema narrativo que nos cuenta el origen de los protagonistas y así, olvidando la máxima del historiador Julián Casanova: “La historia rima, pero no sé repite”, diluye la potencia de unos personajes perfectamente construidos con anterioridad. La afirmación académica nos ayuda a comprender la importancia de dotar a cada periodo histórico por el que pasa la función de un marco narrativo diferente que vaya más allá de las interesantes variaciones musicales y someros cambios en el atrezo.

La peripecia, los personajes y las situaciones históricas se merecen ir un paso más allá de las herramientas del happening y su propósito de alejarse del texto fijado de antemano para huir explícitamente del propósito de contar una historia y así, modificar la narración básica que se repite para conectar los golpes de humor con todo el devenir trágico y fortalecer la excelente construcción de los personajes para que la trama gane en fortaleza. Aprovechar al máximo el excelente trabajo actoral con el recurso de manipular el lenguaje de un idioma inventado, en el que las palabras se relacionan con la musicalidad de los sonidos hasta conseguir un delicioso muestrario gestual de intenciones y actitudes que expresan perfectamente la personalidad de los personajes y los mensajes que quieren transmitir.

La vuelta a la ciudad fue tan especial como la intención de los comediantes: Pararse al borde de la noche y disfrutar de la querencia de Las Perseidas para convertir lo más negro del cielo estrellado en un espectáculo.

Un mundo feliz versión estreno

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«Después de El Funeral siempre llega…Un día feliz»

Producción: TEATRO CHE Y MOCHE

Dramaturgia: JOAQUÍN MURILLO

Dirección musical y arreglos: TERESA POLYVKA

Dirección artística y puesta en escena: JOAQUÍN MURILLO

REPARTO: TEREZA POLYVKA, JOAQUIN MURILLO, KIKE LERA y SERGIO DOMÍNGUEZ.

 

Espacio escénico: ÓSCAR SANMARTÍN

Diseño iluminación/dirección técnica: TATOÑO PERALES

Vestuario: ANA SAN AGUSTÍN

Realización escenografía: JESÚS SANCHO Y CARLOS TRÍAS

Realización vídeo: VÍCTOR IZQUIERDO / BARBECHO PRODUCTIONS

Diseño gráfico: ÓSCAR SANMARTÍN

Técnico de sonido/Técnico de iluminación: DIEGO VICÉN/ÓSKAR ÚBEDA

Ayudante de producción: SAÚL BLASCO

Asesoría y coordinación musicológica: VICTOR REBULLIDA

Distribución/producción: RAQUEL ANADÓN

Ayudante de producción: MARIAN PUEO


Sábado 12 de agosto. Corral de García de Santa Eulalia del Gállego

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05 marzo 2022

El viejo y el mar

 


La crueldad poética del mar

La literatura de Hemingway bucea en sus experiencias vitales. ‘El viejo y el mar’ es un relato sobre la captura de un gran pez, el escenario donde un hombre se enfrenta a la naturaleza, una pelea protagonizada por la fuerza moral, el heroísmo y la soledad en la que todos pierden.

Teatro Che y Moche realiza un delicioso ejercicio poético alejándose del tono de la novela para combinar de manera sobresaliente tres planos narrativos. La videocreación transforma la escenografía en movimiento o la detiene en calma chicha para que unas veces sea protagonista y otras océano de fondo. La banda sonora es una evocadora música incidental que, combinada con sonidos para subrayar la acción, acentúa las emociones. Los actores trenzan las palabras del texto con la carlinga audiovisual para arribar a buen puerto.

La adaptación de Alfonso Plou acierta de pleno cuando tira por la borda la expectativa dramática de una lucha en soledad, y transforma la aventura del viejo y los monólogos de la novela en un nutritivo diálogo con el muchacho. La relación de los personajes sobre la barca, además de profundizar en la idea poética que recorre toda la obra, potencia la amistad que nació en el mar, se afianzó en tierra y consolidó una entrañable simbiosis entre la sabiduría del maestro que no se da por vencido, y la energía del pupilo con muchas ganas de aprender. Joaquín Murillo, que aferra sus acciones sobre la verdad de quien sabe fijar el derrotero, manejar un botalón y tensar el sedal, viste a su personaje con un tono sosegado y esperanzador. Elisa Forcano refresca el ambiente lírico con una energía contenida y estimulante que, lejos de ser el contrapunto del héroe, se eleva a compañero de fatigas, amigo en la charla y garantía de un pescador de reemplazo tan brillante como esta función.

 

Ficha técnica ‘El viejo y el mar’

Calificación: 4 estrellas

Autor: Ernest Hemingway. Adaptación: Alfonso Plou. Dramaturgia: Joaquín Murillo, Marian Pueo y Alfonso Plou. Reparto: Joaquín Murillo y Elisa Forcano. Videocreación: Pedro Santero. Música: Víctor Rebullida. Coordinación Técnica: Tatoño Perales.

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27 febrero 2021

Réquiem por un campesino español o el repaso de la conciencia

 


Réquiem por un campesino español es una de esa obras que llevan un spoiler explícito en el título, la diferencia con otras crónicas de muertes anunciadas, es la referencia a una misa de difuntos que se hace sin difunto, en la celebración de un réquiem el protagonismo no recae en el difunto que no está presente, los protagonistas son los demás, en este caso: El Mosén, el sacristán, los que transitan el poder y quizás usted, querido e improbable lector, yo y el resto de los ciudadanos de este país, que alguna responsabilidad tenemos en que se mantenga el drama de que todavía haya difuntos que no están presentes.

La primera alegría al regresar al patio de butacas del Teatro Principal fue comprobar que se había recuperado el pasillo central que, con la sustitución de las butacas de hace un tiempo, había desaparecido para aumentar el número de localidades y de paso restarle un puntito de elegancia a un espacio del que podemos presumir los zaragozanos. Mientras esperaba el comienzo de la función hacía cábalas sobre qué camino tomarían los personajes ¿El acento estaría en sus significados simbólicos o ahondarían en la relación de amistad que fragua toda una vida en común?

Ramón J. Sender escribió esta novela durante su exilio en el año 1953 y, aunque el título original fue Mosén Millán, su versión definitiva cambió en 1960 con Réquiem por un campesino español, lo que provocaba un giro en la percepción de la obra aunque Mosén Millán seguía siendo el hilo conductor de una historia que conocemos gracias al dibujo que traza su memoria  en torno a un triángulo simbólico: El Mosén que representa a la iglesia católica, Paco en funciones de pueblo español y don Valeriano, don Gumersindo y el duque en el papel del poder que bascula entre el cacique y el capitalismo, por eso, aunque el título evoca la muerte de un labriego, en realidad nos encontramos ante una revelación histórica… bueno igual voy muy rápido y  tal vez sea mejor parar pies y cabeza para olvidarme de los simbólico y atender a la relación personal y de amistad entre Mosén Millán y Paco el del Molino, dos personas que han vivido juntas los sacramentos del bautizo, la comunión y la boda, ceremonias que celebran la vida, pero también el tortuoso camino hacia extremaunción que anuncia la muerte. En esas cábalas andaba mi cabeza antes de que se levantara el telón, divagando en dualidad con la que te puedes acercar al texto de Sender: Entre lo simbólico y la vida, entre estudiar que papel jugó la Iglesia Católica en la Guerra Civil de 1936 o la relación entre dos amigos.

La adaptación que representa Teatro Che y Moche de la novela de Ramón J. Sender construye la tensión narrativa de una manera asimétrica, mientras el actor Joaquín Murillo da vida a Mosén Millán, Saúl Blasco se encarga de dar voz y gesto a todo el resto de los muchos personajes que pasan por las tablas del teatro. Esa es una decisión arriesgada porque difumina el centro de atención que provoca el dúo entre Millán y Paco, o si lo prefieren entre la Iglesia y el pueblo, de manera que los recuerdos del cura se transforman a nuestros ojos en muchas voces y muchos gestos y así, la narración en lugar de mantener la tensión entre dos planos de la realidad, se relaja por la multiplicidad de espejos en los que mirarse. Pero esto es solo una observación personal porque todo lo que ocurre en escena tiene una gran calidad dramática, la actitud paternal del Mosén en la piel de Joaquín Murillo y el despliegue técnico que Saúl Blasco realiza en un amplio abanico de registros que aborda, maneja y domina con determinación. Es el excelente trabajo actoral en que me permite seguir a pie juntillas todo lo que allí se cuenta, en un espacio escénico muy apetitoso y con tanta memoria colectiva acumulada en ese recibidor de madera que se coloca en el interior de las iglesias, ya saben, a los dos lados las puertas laterales para el ir y venir de los fieles, mientras la gran puerta central solo se abre para los acontecimientos especiales como el trasiego de vírgenes y  patronos, o el jolgorio de bodas y pena de entierros. Los elementos teatrales ganan y me llevan a un viaje mágico que rastrea el recuerdo y la conciencia de un cura de pueblo que tal vez no sabe manejar los vericuetos morales de algunas de las ovejas de su rebaño. El pasado y el presente se buscan, se cruzan y se alejan hasta que llega la hora de la verdad, la verdad que todos sabemos, esa verdad que, para seguir viviendo a veces tenemos que olvidar, disfrazar y, si eres creyente, confesar ante el Altísimo, y tal vez por eso, porque ya he olvidado lo que significa confesarse, la duda me acompañó cuando abandoné el teatro. No terminé de entender cuál había sido el viaje vital, moral o intelectual que había hecho Mosén Millán, aunque quizás la respuesta la tenía delante de mis narices, en la escena final, cuando comienza la misa de Réquiem y quién sabe, tal vez el difunto ya no sea el anunciado Paco el del Molino, sino el alma arrepentida de Mosén Millán, el verdadero protagonista de esta historia. 

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22 mayo 2012

Una Jirafa de Teatro Che y Moche

André Breton encargó una jirafa de madera de tamaño natural para la fiesta que los vizcondes de Noailles organizaron en Francia en 1933. Giacometti fue el encargado de diseñar las 20 manchas que cubrían el cuerpo del animal, cada una de ellas se podía abrir mediante una bisagra para que el espectador encontrara los textos escritos por Luís Buñuel. Teatro Che y Moche han visitado esas palabras y les han añadido los poemas que Buñuel escribió bajo el título “Un perro andaluz” para dar vida a este juego de humor negro, desconciertoy algunas perversiones.
La dramaturgia, sustentada sobre la premisa de Buñuel “Todo es absolutamente realizable”, ejecuta un ejercicio de imaginación y libertad para levantar un espectáculo que rompe con la realidad y crea un mundo nuevo. El escenario gira alrededor de las veinte manchas de una Jirafa que, suministradas como veinte comprimidos de ácido surrealista, apelan a los cinco sentidos a través de un desarrollo multidisciplinar integrado por  imagen, música, danza, iluminación y palabra.
El espacio teatral surge circular. Una jaula de aluminio reforzado contiene y muestra en su interior los efectos secundarios del juego. La frontera escenario-espectador se mantiene aunque el paso del tiempo varíe la geometría, pero la tensión aumenta y esa dicotomía se hace insoportable, entonces los principios activos del juego se desparraman entre las butacas. La mezcla, aunque nada la separaba, fue difusa de agua de lluvia con bálsamo de aceite. Imaginé al público exaltado por el río salvaje que surgió de la tormenta. Eso sería revolucionario. Un pueblo capaz de romper reglas y ataduras para abandonar la jaula de oro la realidad e internarse en la jaula abierta y variable de la libertad.
Olvidemos los sueños que me invadieron durante la representación y regresemos al escenario. En el espacio de Una Jirafa la luz danza, la música viste y la coreografía escribe versos tan intensos como la palabra. El cóctel es perfecto, la dosis de cada elemento escénico conforma una maquinaria precisa al servicio de un gran espectáculo que se aproxima a los terrenos operísticos donde libreto y partitura engarzan con la poesía y el baile.
Antonio Muñoz, Marcela Alba, Ingrid Magriñá, Javier Casado, Raquel Anadón y Rubén Martínez son los encargados de abrir cada una de las manchas de La Jirafa y trasladar a los espectadores el impulso dramático que eliminará la realidad para desconcierto, júbilo o indignación de los presentes. El programa distingue entre actores y bailarines pero esa clasificación es muy difícil de atisbar en el escenario. La compenetración entre estos seis principios activos contra el hastío es mágica: Bailan con la luz, se bañan en música, deforman la realidad, activan la imaginación, se mueven como un solo hombre, subrayan los detalles, exploran, declaman, transmiten sensaciones y ponen músculos y mucho talento al servicio de una Jirafa con descaro y frescura.
Una Jirafa es un espectáculo necesario, alivio para la realidad y escaparate de emociones que pellizcan la piel. Teatro Che y Moche nos recuerda que, pese a la grave enfermedad que recorre el mundo y pregonan los voceros, todavía estamos vivos para reírnos de la moral antidiluviana, quejarnos de los poderosos y gritar indignados que aún creemos en la belleza.

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