La curvatura de la córnea

03 mayo 2025

Hilos de Sangre

 


Gritar en la alcoba cerrada

Los textos de Samuel pertenecen al canon de libros históricos, y en ellos se cuenta el cambio político de Israel. De las tribus gobernadas por jueces hasta su transformación en una estructura monárquica centralizada con el rey David como protagonista. Esmeralda Gómez se apoya en esta coyuntura histórica para mostrar como la violación de Amnón perpetra a su hermana es un ejemplo de continuidad en la barbarie, y por eso nos retrotrae hasta el momento en el que su padre David se encaprichó de Betsabé, envió a su esposo Urias a morir en la guerra, y así pudo gozar de la mujer de su vasallo.

Luís García Montero afirma que el ‘Romancero gitano’ de Lorca pretende establecer un diálogo entre la tradición y la vanguardia, con la intención de presentar un mundo literario propio, reconocible, y mediante una manera muy personal de mirar la realidad para contarla a través de imágenes y ordenarla estéticamente.

La dramaturgia de Esmeralda Gómez se sustenta en estas dos narrativas a los que añade el grito de las mujeres que alerta, previene y denuncia, hasta construir una narración con la mezcla de diferentes lenguajes escénicos que encajan de manera sólida y contundente. La energía de sus palabras atraviesa el escenario, se proyecta sobre el patio de butacas y te arrastra porque más allá del desgarro que emociona y conmueve, se cuenta una historia para revelar la injusticia histórica que mezcla en un pozo oscuro deseo y poder.

La escenografía divide el escenario en dos espacios. En el primero transcurren los acontecimientos explícitos para de la historia sagrada, la recreación biográfica y el aroma poético. El segundo es el lugar donde los intérpretes cambian de apariencia física y espiritual. El que modifica la densidad dramática al compás minimalista de las cuerdas de la guitarra de Nacho Blancas, altavoz para un cántico solidario que se pone al lado de la mujer atacada. El eco de la voz desprotegida por el desgarro de la rabia se convierte en reivindicación política y moral.

Esta dualidad geográfica es la base de un proceso creativo caracterizado por el desdoblamiento de imágenes y ecos. Escenas y sonidos que proclaman una realidad más allá de la percepción sensorial, ese ejercicio donde las connotaciones morales confunden la virtud de los sentimientos con la deriva obsesiva que te lleva al pecado de los religiosos o la barbarie de lo crédulos. Es evidente que el objetivo de la autora, más allá de la acción teatral, es visibilizar el ejercicio de la violencia contra las mujeres y transmitir al espectador la necesidad de alcanzar nuevos valores. Sin embargo la manera de mostrarlo aleja el mensaje del discurso panfletario para elevarlo a la enjundia del lenguaje escénico.

La presentación de los personajes es un caleidoscopio de energía y complejidad que permite a los actores recorrer interesantes arcos dramáticos que los llevan por los caminos de la canción, la coreografía y la palabra. Los más evidentes son los de la pareja protagonista. Amnón pasa del enamoramiento infantil a la obsesión fatídica de la seducción turbada por un apetito sexual que muestra un deseo tan irrefrenable como caprichoso. Thamar se presenta desde el inicio con el tono rasgado de quien ha sufrido una agresión, y de alguna manera el resto de los cambios de ánimo siempre tienen ese punto de alarma que mantiene en vilo al patio de butacas hasta que se consuma la violación, y de nuevo aparece la dualidad de no ver lo sustancial y solo atender a su reflejo. Un juego de imágenes deja el drama en la oscuridad mientras un destello de luz es tan solo el flash de un momento estático. La percepción del horror se clava en la retina mientras la música te golpea. Es el momento de comprender la injusticia de exigir a la mujer violada que construya un relato preciso y exhaustivo de la agresión.

La dirección de Félix Martín ordena esta gran cantidad de material como el estratega que despliega sus fuerzas en la geografía de la batalla. Todo parte de una cierta pausa en la que los personajes se manufacturan en la parte posterior del escenario hasta el momento de someterse a la eficacia del movimiento escénico y la coreografía corporal. Su presencia va ganando peso hasta asentarlos sobre los focos más intensos, y dejar que el espectador termine de descubrirlos en una excelente prosodia y gestualidad. La utilización de la pausa es un elemento muy interesante, pero conforme transcurren los minutos se convierte en un pequeño lastre, y la peripecia pierde ritmo por unas transiciones que alargan innecesariamente la duración de la función.

El trabajo actoral es de alto voltaje gracias a la capacidad del elenco para dominar la intensidad de las emociones, mientas la dirección mantiene el equilibrio de unas relaciones que chisporrotean chispas sin caer en la peligrosa tentación del cortocircuito propio de la exageración y la impostura. Conseguir ese delicado equilibrio cuando las emociones están tan a flor de piel es una de las claves del éxito de la función.

Luisal Martu está imponente en cada una de las transiciones con las que le toca lidiar entre la actitud austera y atribulada del adulto y la fresca vivacidad de un niño, el trabajo corporal para descomponerse ante nuestros ojos, o el brillante manejo de la comedia del arte para darle ese punto burlesco para lanzarle una flecha al comportamiento de los poderosos. Eva Lago hace un ejercicio de elegante versatilidad para dibujar los cambios de personaje a los que se enfrenta, contundente en réplicas desde el coro hasta lograr un gran poso dramático cuando su figura remeda la de un hombre. Sara Lapiedra se enfrenta a la dificultad de comenzar su actuación en un punto muy alto de energía, y sin embargo es capaz de que ese grito, lejos de ser un lastre para el resto de su trabajo, convertirlo en un velo invisible para conseguir que, más allá del recorrido realizado por su personaje, el drama esté siempre presente.

‘Hilos de sangre’ utiliza textos previos como el disparadero para un excelente texto que plasma la mirada rabiosamente contemporánea sobre el uso de la violencia sobre las mujeres, y que el teatro vuelva a ser la caja de resonancia que amplfique reivindicaciones y denuncias mediante la confluencia de las artes escénicas con la historia y la poesía.

 

‘Hilos de Sangre’

Producción: Riesgo Teatro. Dramaturgia: Esmeralda Gómez asesorada por Alfonso Plou. Dirección y escenografía: Félix Martín. Intérpretes: Sara Lapiedra, Eva Lago, Luisal Martú y Nacho Blancas. Coreografía: Amador Castilla. Iluminación: Bucho Cariñena. Vestuario: Raquel Poblador – Obsidiana Atelier. Composición musical: Nacho Blancas.

Domingo 6 de abril de 2025. Teatro del Mercado.

 

Revista El Pollo Urbano


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28 mayo 2022

Mátame Tacón: La deliciosa energía del cabaret

 


Riesgo Teatro hace gala de su nombre y pone sobre las tablas una aventura que nos invita a viajar al Lolas Cabaret, un lugar donde las variedades musicales se sirven entre copas, plumas y su puntito de descontrol.

La historia tiene de fondo el Madrid de los años ochenta. El estallido de desinhibido de colores y fauna nocturna propiciado por La Movida encaja muy bien con el ambiente húmedo y lascivo que caracteriza los humos y las boas del cabaret, ese contrapunto y frontera que separa el carmín y las medias de rejilla de una historia marcada por el gris de una dictadura.

'Mátame tacón' se construye sobre los pilares de una comedia cocinada entre las bambalinas de un cabaret donde el Maestro de Ceremonias, Lola y Lolita muestran su talento al mismo tiempo que pasa el tiempo y la vida enredados en cuestiones de un calado ligero para activar la acción propia de la comicidad. Pero la simplicidad es solo aparente, y muy pronto la historia se enriquece sumando diferentes planos temporales que permiten la entrada de una comedia más elaborada, donde el vértigo de las relaciones personales genera gestos de amor infinitos y celestiales, pero también rencores secretos que piden música de réquiem con vestidos rojos de lentejuelas, boas de plumas verdes y un sombreo vaquero para cabalgar nalgas y corazones; aderezos que permiten explorar terrenos tan profundos como la bendita conjunción de la teología con el humor. Los personajes que percibíamos esquemáticos, simplificados, destinados a un ir y venir de las candilejas al morro de la botella, resulta que se enredan y se complican por los vericuetos del amor, la amistad y los recuerdos, mientras de fondo siempre late el corazón del cabaret con esa dimensión heterodoxa que le da un puntapié en sálvese la parte a todo lo convencional y a las pasiones que, filtradas por las estrellas que pisan el escenario, vuelen en libertad.

El desarrollo de esta compleja dramaturgia requiere de un arduo trabajo actoral para navegar a sus anchas entre una comedia pura de acción y reacción con interesantes aproximaciones a un ámbito donde los personajes nos muestran aspectos psicológicos y morales. La interpretación está cargada de tanta energía que muchas veces se traduce en un cierto apresuramiento que ensombrece las acciones y el discurso de un texto que pide ajustes para que algunas escenas sean mucho más concisas, cortantes y contundentes, especialmente los conflictos frente al espejo que se deslizan por la reiteración y frenan la dinámica que pide la comedia. Por el contrario, cuando los intérpretes ocupan el baúl, la comedia fluye mucho más serena, los diálogos son más frescos, las palabras respiran y el humor llega directo, profundo y contundente. La función pide un equilibrio de tanta energía desplegada sobre el escenario, para que los pies dejen de volar y se asienten en la esencia de los personajes, que todo lo etéreo y volátil se haga carnal, y aterrice en las tablas para que texto y acciones se transformen en sentimientos orgánicos, que la verdad fluya, y los latidos del corazón crucen el patio de butacas para fulminarme.

El elenco formado por Sara Lapiedra, Eva Lago y Alex Aldea tiene que dar un salto hacia adelante en sus interpretaciones dramáticas para situarlas a la altura de sus excelentes actuaciones musicales, en las que hacen gala de unas voces al servicio de la historia por contar. En este terreno hay que destacar como los arreglos musicales de Guillermo Matan voltean sin prejuicios clásicos de Concha Piquer, Camilo Sesto, Burning o Mari Trini, para maquillarlos con la purpurina del cabaret donde cada una de las canciones se incorpora al ADN del intérprete hasta llevarla a otro lugar, que unas veces es el cielo acolchado por el amor y la pasión, pero también puede ser el infierno de la tentación, los celos y el alcohol.

 'Mátame tacón'

Producción y escenografía: Riesgo Teatro. Dramaturgia y dirección: Paco Rodríguez. Reparto: Sara Lapiedra, Eva Lago y Alex Aldea. Dirección musical: Guillermo Matan.

27 de mayo de 2022. Teatro del Mercado


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