La curvatura de la córnea

28 julio 2018

XCM: Debut en acústico



El pasado jueves 26 de julio tuve la suerte de asistir, o eso decían ellas, al primer concierto de XCM en el Parque Grande José Antonio Labordeta, el escenario era un banco de madera y el público unos pocos amigos y familiares, un grupo de Zen sentado en círculo por allí cerquita y unos cuantos zagales bañándose en la fuente de la Plaza de las Princesas, y ya empiezan los problemas léxicos ¿un grupo de Pop catchy-catchy from Zaragoza, una All-girl band estrenando su set acústico en un lugar llamado la Plaza de las Princesas? Pero no, no se confundan Ceci, Marta, Ixeia y Ainoha nada tienen que ver esa imagen estereotipada, ellas son chicas de aquí y ahora, de un año 2018 marcado definitivamente por las miradas y las reivindicaciones de las mujeres.
Cuando etiquetamos a un grupo con el término “Pop” se suele pensar en el canon que nos habla de una música ligera e instantánea de esencia popular. Sin embargo es conveniente abrir las orejas para comprobar que el pop hace mucho que se convirtió en un enorme contenedor donde caben diferentes sensibilidades artísticas y sociales y, para un grupo incipiente como XCM, creo que es bueno fijarse en los covers que realizan y certificar que su propuesta, más allá de la bendita e inevitable sensación festiva, tiene una mirada particular sobre el universo femenino. En este ejercicio me voy a detener en "Scars to Your Beautiful" de la artista canadiense Alessia Cara que, según sus propias palabras, es una canción sobre la imagen del cuerpo de las mujeres, un mensaje que se dirige tanto a hombres como a mujeres para detenernos por un segundo a pensar sobre esa idea que se pretende instalar en la sociedad y que nos habla de que solo una imagen de mujer es posible, esa mujer convertida en icono publicitario, esa idealización que expulsa de la realidad al resto de las mujeres, y en ese punto el mensaje de Alessia Cara es incuestionable: “Y tú no tienes que cambiar nada, es el mundo (el que) podría cambiar de actitud. No hay cicatrices para tu belleza, somos estrellas y somos hermosas.”
Que XCM haga un cover de esta canción es toda una declaración de principios que se confirma con su primer tema original titulado “Perfecta”,, uno de esos temas redondos que pueden marcar el inicio de la banda. "Perfecta" es la historia de un chica que se ha sentido un cero a la izquierda cuando no valía nada porque no era la muñeca perfecta hasta que consigue comprender que, como en el tema de Alessia Cara, el problema está en la mirada (y en las palabras) de los otros.
Y así pasé un buen rato escuchando a esta nueva banda de melodías claras en la guitarra, exquisita sobriedad en el ritmo del bajo, un cajón que anuncia la potente personalidad de quien se sienta encima de él y una voz particular muy interesante y atractiva. No lo duden y escuchen a XCM en su cuenta de Instagram (xcmofficial)

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21 mayo 2011

Don Nadie+Zombra+Rabanaque en el Teatro Arbolé


Ocurrió durante las últimas elecciones del siglo pasado: Un Payaso amaneció colgado en todas las farolas de la ribera del río. ¿Cuánto se ha degradado el panorama político desde entonces, para que ese mismo Payaso abandone su lugar en el paraíso, de un paso al frente y pida el voto para Don Nadie?
La receta del concierto fue la tradicional. La voz de las convicciones tras el atril de los versos propios o ajenos, destilados o recién escritos. Rabanaque, todo palabra.
Tres guitarras a la vera de Álvaro para construir desiertos, caminos y recipientes sonoros que recogieron el latido del poeta y el lamento ancestral depositado en las cuerdas vocales de Gustavo, su baile ritual de los dedos en la boca, los dedos en la barba y, en solo dos ocasiones, los dedos en los potenciómetros del amplificador que conecta el mundo con sus entrañas. Don Nadie, todo música.
Carlos y Fernando el espíritu impera en la manipulación píxel de iconografías reales o imaginadas, históricas o cotidianas. Zombra, todo imagen.
Algunos lo llaman spoken word, otros rock recitado, a mi me parece la formulación química de tres elementos que mantienen su personalidad para mejorarla con el contacto de los elementos contiguos. He hablado muchas veces en esta bitácora de la propuesta de este combo de palabras, música e imágenes. Lo hice desde la sorpresa, el análisis y la admiración. Por eso hoy voy a intentar hacerlo desde los poros abiertos de mi piel, redes dispuestas a cazar la inspiración y el influjo de la mezcla que anoche propusieron Don Nadie+Zombra+Rabanaque+un par de botellas de vino en el Teatro Arbolé de Zaragoza.

Párate a pensar. Cada vez que me visto despiden en Marruecos a un delegado sindical.
El TicTac del tiempo trae políticos con la nariz roja, la que muestra su verdadera faz.
Dunas negras de una historia de amantes que van a morir en el sudario blanco de un beso y los aplausos de no volverse a ver.
¿La poesía te ha salvado la vida alguna vez? Llanuras de un Motel para hormigas sobre una camiseta verde con un caballo marrón que transportan las piedras del loco.
Televisores en acústico para no ser quien soy.
Vivir.
Pensamiento único bajo la máscara del progreso y perdurar tras la zanahoria del bienestar.
¿Te atreverías a medir tu estatura moral? Esa distancia que va desde el pespunte de un hijodeputa hasta las casas sin techos por donde se ha escapado Dios. ¿Escuchas el grito de tantos desheredados por ti y por mí?
Aunque todo siga igual permanecerán las emociones que estos días crecen en las losetas de tantas plazas. Palabras que esperan manos y otras manos. Tus manos.
No percibo, entre maniquíes decapitados y envasados al vacío, la transformación que me convierte en lo que mas detesto.
Bucear en el vientre de la madre mía y sentir el jadeo de un vals.
La electricidad multicolor cuenta hasta tres y enumera todas las cosas que van a cambiar en tu vida. Respira. Y una y dos y tres palabras a tus pies. Cógelas y abre las puertas de par en par.
Llegó el rocanrol, o eso parecía cuando el lado oscuro del corazón y los culos de las vacas voladoras de las mujeres aéreas salieron al escenario.
El aire del sur levantó un blues de pitos y palmas… ¿Y si no tuviéramos miedo a nuestro poder?

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15 marzo 2011

Raquel Agudo & Robert de Evan: Una simbiosis de muchos quilates


El sábado 12 marzo, dentro de las actividades de invierno organizadas por el Ayuntamiento de Cadrete, se celebró la actuación de Raquel Agudo & Robert de Evan. El concierto tuvo lugar en el coqueto salón de plenos del Ayuntamiento, sobre una sencilla tarima y con una magnífica sonoridad.
Robert de Evan comenzó la actuación afinando su guitarra, al parecer, los focos provocaban un cambio de temperatura que modificaba la tensión de las cuerdas. Esa fue la primera pista. Robert es un intérprete sensible, atento a los pequeños detalles para hacer música a lo grande. Ajustó las clavijas y ahormó su cuerpo, en forma de abrazo, a las hechuras de madera. El virtuosismo de sus dedos alcanzó la belleza con la caricia sobre los trastes y ese detalle de terminar todos y cada uno de los temas con un delicado gesto que amainaba las últimas vibraciones de las cuerdas de su guitarra.
Raquel Agudo cantó con versatilidad y adaptó su voz a cada uno de los estilos. Delicada en las notas altas, profunda con los bajos y siempre emotiva, consiguió matizar el ambiente desde la verdad de su interpretación. Nos regaló la chispa de su mirada que buscaba la conexión emocional con el público. También puso palabras acertadas para presentar las canciones que algunas veces fueron didácticas, otras tuvieron la dosis justa e inteligente de la ironía y siempre transmitieron la pasión de quien disfruta con el oficio de cantar.
El programa del concierto comenzó soul, se fue a Brasil y regresó al pop británico de ondas hasta derivar en la saudade de un corazón sin amor que no merece ser amado. La bossa recordó que también hay máscaras en el amor y cuando llegó la influencia de Bach, Raquel posó sus manos en el corazón y Robert digitalizó hasta sentarse en la bahía de San Francisco. Todos vimos pasar la vida en un silbido y la voz recobró el alma sureña de algodón y navegar en el mar. Una brisa arrulló al auditorio con estelas de espuma y blue. Entonces la mirada de Raquel, y su pelo agitado por el viento, se fueron tras las notas juguetonas de Robert. El viaje terminó en una costa gallega bañada por la lluvia de abril y una luz de bossa que anunció el nuevo día.
La noche era de Cole Porter cuando el humo rasgó el blanco y negro de una barra de bar, de un vaso con hielo, de una sonrisa que rompe el corazón: El calor de un garito neoyorquino con el invierno en la puerta y una cantante, abrazada a la boquilla nácar de un pitillo, que desgrana la esencia del jazz.
En la Cuba del son y guaguancó las negras cantan nanas a sus niños, canciones para soñar con una vida de cascabel, caribeño y capitel. Como en todas las vidas, una traición de poner preciosismo de guitarra dónde había contrabajo y el vaivén rasgado de una herida. Pero la vida prevalece con el optimismo de hacer pequeñita una enorme canción sin perder ni un milímetro de la emoción de vivir la vida.
Para terminar nos fuimos a Broadway. Los brillos luminosos de miles de estrellas de la interpretación, bastones de zapatos negros para cantar entre las bambalinas de la improvisación.
Robert de Evan y Raquel Agudo son dos círculos virtuosos como los que ilustran esta crónica. Ambos entran en contacto en dos puntos, guitarra y voz, para fusionar parte de sus áreas, y crear un sector de sabiduría musical con la capacidad emocional de la sutileza. El resto de la superficie de sus espíritus musicales conservan la propia personalidad, de tal manera que cada una de las canciones que interpretan empastan a la perfección y muestran la individualidad de cada uno de ellos: Una simbiosis de muchos quilates.

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04 diciembre 2010

Las consecuencias: Bunbury sin boa

¿Qué hiciste Zaragoza, ciudad noble e inmortal para acoger a Bunbury en tu seno?
Alfarero capaz de reinventar una y otra vez cada una de sus canciones. Alquimista de las esencias musicales que dosifica con la sabiduría del chaman. Cantante de casino, elegante, delicado y canalla. Caminante del sur, extranjero, el hombre de las seis cuerdas que compone temas contundentes como bloques tiernos de piel. Un sonido depurado, atento a los detalles de un piano hammond que transporta las melodías a una película en cinemascope y technicolor. Guitarras de puñal, seda de slide guitar y el pulso firme del ritmo.
Un cantante bajo los focos que desbordan los límites de escenario y derraman colores al mundo que muta para aislarnos de la realidad. Desde mi asiento en la grada recibo el dardo de la emoción, la incomprensible trayectoria que va de las cuerdas vocales del cantante hasta el centro de mi corazón. El milagro de los versos para golpear las tripas y anudar la garganta. Las palabras, trasiego de magia, suspenden el significado racional y se revelan fundamentales para gestionar vidas y sentimientos.
Las consecuencias de vivir con alma negra de blues, el sombrero cowboy del country, la banqueta de cantar boleros, el cuero del chaleco para agitar el rock and roll y la pachanga gitana del que va por el mundo arrastrando la vida nómada. Elementos agitados, en ese punto exacto dónde la mezcla aún no se ha fusionado para convertirse en otra cosa, el estado de los ingredientes mantiene las texturas originales de la ortodoxia y, sin embargo, el aroma es personal e intransferible.
La supervivencia del arte depende de la generación de emociones. Bunbury mantiene la musculatura capaz de construir puentes que rompen la incomunicación, llegan a las esquinas inconfesables del alma y allí se alojan con la intención de cambiar el triste devenir cotidiano de los gestos, que si antes eran tristes y anodinos, ahora están teñidos por la sabiduría poética de un cantante de dimensiones astronómicas.
Un concierto delicado en el mensaje, potente en la representación y mestizo en los ritmos. Después de tantos años disfrutando del cabaret, por fin ha vuelto el mejor Bunbury sin boa.

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12 octubre 2010

Cardio Tour en Zaragoza


A Bosé o lo amas o no tienes nada que hacer. Yo me enamoré de él en 1978. Su presentación en Televisión Española me dejó pegado al suelo de mi casa en el Barrio del Piojo. Y aquella canción en la que le decía a una chica que tenía que dejar de hacer el amor con ella porque se acordaba de otra, eso si que era demasiado para un zagal de trece años en la provincia de Teruel.
Un par de años después lo vi en directo en el Huevo de Zaragoza, algo que siempre agradeceré a mi hermana y mi cuñado. Me recuerdo pasmado en la grada ante el humo, las luces y las coreografías. Así que ya ven, mi encandilamiento por Miguel Bosé viene de antiguo.
El camino ha sido largo y jalonado de algunos desencuentros que, justo antes de convertirse en irremediables, siempre se solucionaron. Cuando estaba cansado del fenómeno fan llegó “Bandido” y “Salamandra” para dar paso a la década de los noventa que culminó con “Laberinto” (un gran disco que hasta el propio Bosé ha olvidado), y las “Once maneras de quitarse un sombrero” que, por fin, concitó elogios en la prensa musical especializada que siempre lo había ignorado (aún guardo la crítica de Diego A. Manrique) Y entonces Bosé se reinventó de nuevo y dio un nuevo giro en su carrera. “Sereno” fue el primer paso y “Velvetina” confirmó una apuesta valiente por la modernidad, los nuevos sonidos, más electrónica sin renunciar a la elegancia de las melodías, nuevas formas en las letras y búsqueda de un concepto global. Bosé dotaba sus canciones de texturas, sabores, olores y colores. Pero las cosas no debieron salir como estaban previstas, al menos en lo económico. Entonces vino Papito Tour, un karaoke gerenacional que lo mantuvo tres años de gira y lo elevó de nuevo al trono de las listas de venta del ámbito latino y hasta de este país cuando ya no se vendía un disco.
Cardio Tour es el regreso, la continuación del camino, recoger el testigo que se dejó en “Velvetina” para darle más frescura y optimismo. Un espectáculo confeccionado al milímetro con una escenografía diseñada para subrayar conceptos, que las imágenes y los videos sean una lanzadera visual que ayude a comprender el mensaje porque, no lo olviden, en Miguel Bosé todo es mensaje, a veces críptico y otras evidente; descriptivo para con la realidad o en escala de sueños y valores. “Cardio Tour” te hace palpitar desde la contundencia de los nuevos temas hasta la enésima reinterpretación de los más veteranos. Abogo por un concierto de Miguel Bosé sin las canciones “Nena”, “Amante Bandido” y “Sevilla” que, en realidad utiliza para devolver al público más clásico a la Tierra, para darles un respiro porque sus nuevos vuelos rastrean territorios que, como te descuides, dejan fuera a quienes aún viven y suspiran por los grandes éxitos del pasado. Yo se lo perdono, pero sólo por esta vez y, por favor Don Miguel, deje usted de mover el culo para que le chillen chicas, mozas recias y yogurcines. No le hace falta un recurso tan manido. Su propuesta es apabullante y moderna, siga por ahí, abra nuevos caminos y olvídese definitivamente de dónde viene. Yo se lo agradeceré y así mantendremos este idilio que ya dura treinta y dos años.




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18 septiembre 2009

Tuco Requena: Nuevas canciones


Tuco Requena tiene nuevo disco en la calle, bueno, en la calle no, ni tampoco en tu tienda de discos favorita, vaya antigualla, dirán algunos: Tienda de discos favorita. Tuco Requena tira pa´lante con genio, mostrando al artista por los cuatro costados, un tipo cuyo máximo interés es dar a conocer sus creaciones, que si, que ya sabemos que los músicos no se merecen ni el agua que beben, eso piensan algunos desaprensivos. Pues ahí esta Tuco para dar manija al invento y viene dispuesto a regalar sus canciones, o si quieres puedes poner precio a tanto arte y poderío, tu eliges. Es muy fácil, sólo tienes que ir hasta www.tucorequena.es y allí te lo explican.
Un evento de tanta envergadura, y no hablamos de sexo, necesitaba una puesta de largo de alto copete, así que nada mejor que la celebración del veinte aniversario de La Campana de los Perdidos para que Tuco Requena nos ofreciera un concierto con nuevos temas trufados de los grandes éxitos de su anterior trabajo discográfico.
Tuco Requena y su banda, que imagino aún puedo llamar “de soniquete van” nos regaló el ritmo. La máquina de las buenas vibraciones se sustentó en el gusto genético de la música latina que va de la rumba hasta dónde usted quiera, caballero. Ritmos grabados en la memoria de cuando aún había bailes populares atestados de parejas dispuestas a bailar. La música de este oscense tiene apariencia de sencilla porque la música de baile nunca ha tenido el prestigio de otras tonadas, sin embargo, detrás de las metáforas frescas y la brillantez de las letras, se atisba el gusto musical de Tuco, su preocupación por llenar de melodía unas canciones con historias casi siempre se teñidas de ironía. Lo demostró la cadencia elegante del piano (y la fregona) de Hugo Romero “Pollito” que surcó pentagramas en su cabeza con el feeling de quien lo esta pasando en grande. Las pulsaciones del bajo de Javier Crianzon “Suavito” y me atrevo a pedirle a Tuco más minutos funkies para este músico de Benidorm con acento del barrio de La Jota. La elegancia de las más bellas, el coro más guapo, las voces más contundentes, las guardaespaldas de la voz solista, la Reina y la China, ver y escuchar a estas dos cantantes es un deleite. Y dejo para el final a Javier Moreno “El gordo” amarrado al ventilador de seis cuerdas, fino en los solos, energético con el rasgueo, tanto poderío se le escapa por los ojos, me encantó el ansía en su mirada por encontrar el camino, por comunicar, por dejar el ritmo de sus dedos plantatito en un corazón rumbero, y yo lo miraba y me lo quería comer.
Y cuando parecía que todo había terminado comenzó una free jam rumba. El público elegía una palabra (carburador, pusilánime) o una frase (Cristina es divina) y el combo improvisaba un tema, pero, si al grupo no le gustaba lo dicho por el público ocurría lo nunca visto: Los músicos ponían en canción la escasa preparación cultural de la audiencia, es lo que tiene tocar gratis y hacerlo bien.
Tuco Requena se mantiene fiel al espíritu de su música, ritmos bailables a bordo de la ironía, el amor y una visión de la vida que, aunque cargada de problemas, siempre guarda un momento para dar palmas al compás. Tuco Requena nos regaló energía y buenas vibraciones con las que sazonar el invierno que se aproxima.

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22 agosto 2009

Amaral en Herrera de los Navarros

Fotografía: Laura de la Riva


Herrera de los Navarros, un pueblo con poco más de setecientos habitantes, esta a sesenta kilómetros de Zaragoza. La carretera, cuando decidió dejar de lado el río Huerva, nos llevó hasta el ocaso de la tierra amarilla tras la siega, el cielo grana de cuando el sol se va y, escondido entre montañas, el escenario de la gira de Amaral.
Antes del concierto, y como preámbulo cultural, visitamos los tres bares junto al cauce empedrado y seco del río Herrera. La primera ronda a la sombra de la torre mudéjar, la segunda y la tercera con la banda sonora del primero de los teloneros: El sonido de Copiloto nos llegaba nítido y potente mientras la cámara de Aragón Televisión levantaba el revuelo entre paisanos y forasteros.
Entramos al campo de fútbol con los primeros acordes de Tachenko, un grupo que, según dijo una de mis acompañantes, ha mejorado mucho desde que el bajista se ha cortado el pelo. Momento de encuentro y saludo con algunos nativos que estaban con esa chispa en la mirada que les proporcionaba la emoción del evento y trasiego sin pausa de litros de cerveza en una barra de camareros rápidos, diligentes y amables. Tachenko se despidieron con agradecimientos y llegó la hora de darle avío al bocata de longaniza.
Amaral tiene una gran virtud, es de los pocos grupos con capacidad para alcanzar el número uno en las radio fórmulas, vender una cantidad razonable de discos para los tiempos que corren y tener caché entre la prensa especializada dónde se supone que se prima la calidad por encima de inventos mediáticos. Por eso hace discos como “Gato negro, dragón rojo”, la simbiosis de esas dos maneras de entender el negocio de la música que van desde la popularidad masiva al reconocimiento artístico. En ese difícil equilibrió siempre pesó más el pop que el rocanrol, por eso, cada vez que asistía a un concierto de Amaral sentía que no nos habían entregado toda la potencia que son capaces de generar, sin embargo, el concierto de Herrera de los Navarros fue distinto.
Javier Aguirre y Eva Amaral demostraron que tienen un buen puñado de canciones con sobreado espíritu eléctrico, y aún faltó más guitarreo. Cada vez que se vislumbró la posibilidad de un solo, Mr Aguirre se escondió muy pronto detrás de lo ortodoxo para mostrarnos sólo lo correcto. El día que este chico se desmelene en el escenario vamos a tirarnos por los suelos de gustito, porque ayer, como siempre, cedió todo el protagonismo a Eva. Pero claro, ¿que puedes hacer cuando la cantante de la banda aparece en escena guapísima, energética, con la entrega a flor de piel y cantando sobresaliente?
El concierto de anoche será uno de esos que no se olvida: Tuve la suerte de contar con un par de excelentes compañeras de coros y bailes. Me gustó el encuentro con Félix Oliván y su rebosante alegría que resumía la todo un pueblo. La cercanía sin agobios al escenario me permitió pasar de las pantallas de video y ese gesto tan simple le da otra dimensión a la música. Creo que hasta ayer no era consciente pero las canciones de Amaral forman parte de la banda sonora de mi vida.

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31 julio 2009

Terapia Achilipú

El pasado 20 de julio conté en esta bitácora como las rumbas camaleónicas de Leo se habían convertido en mi banda sonora para este verano, una selección donde Las Grecas ponían colorines con “Achilipú”. Marian de ATK, confesó en la zona de comentarios que esa versión le provocaba desmayos, por eso me acordé de ella ayer por la noche en, no se asusten los ortodoxos de la ribera, Las Playas de Zaragoza.
En Zaragoza siempre hubo una playa en la Química, actual barrio de La Almozara. Los restos de la Expo del 2008 nos han dejado una playita con palmeras, chiringuito, arena y agua de río para baños estivales. Un espacio abierto al sol y al cierzo, según convenga a la climatología local, a la sombra de la Torre del Agua y junto al puente del Milenium.
El cartel del concierto de anoche unía el regreso al panorama musical de Raimundo Amador con la máquina para bailar de La Fundación Tony Manero. A mitad de la velada los dos estilos se unieron sobre el escenario anfibio de Las Playas de Zaragoza. El funky disco infierno se mezcló con la blueslería flamenca en una versión potente, acuática y ventolera del “Achilipú”.
La Terapia Achilipú tiene multitud de fórmulas, una solución personalizada para cada paciente que va desde las psicodélica setentera de Las Grecas, pasa por los ritmos latinos del Gran Combo y continúa con la versión hippie cañí de La Terremoto, que ustedes lo pasen bien.

El viaje se inicia pinchando aquí.

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27 julio 2009

Inma “La Bruja” Dando el cante

Un círculo de luz y dos sillas sobre el escenario del Teatro de la Estación. Así de sobria era la escenografía sobre la que se sustentó el espectáculo “Dando el cante”. La guitarra de Gaspar rompió el silencio bajo los focos, Inma “La Bruja”, todavía entre cajas, lo jaleaba. El guitarrista abrochado a las seis cuerdas, ligero en los dedos, guapo de rizos y “carita de Cristo”. La cantaora poderosa en la voz, amarrando los registros con la sabiduría de quien conoce el percal, pasión en el verbo y de tripas corazón, ambiciosa comunicación con el público al que se dirige sin tapujos, de tú a tú y haciendo gala de una portentosa capacidad de comunicación. Aún no habían pasado tres minutos y en que esto escribe ya estaba encandilado.
“Dando el cante” alterna monologo y flamenco, dos palos que Inma “La Bruja” domina a la perfección. El texto de la representación navegó por el humor surrealista para hablarnos de la diferencia entre la utilización del lenguaje popular, y ese discurso seudo intelectual que utilizan los modernos para diferenciarse.
La única preocupación de Inma “La Bruja” es que se la entienda, que esa retahíla de historias que lleva y trae con desparpajo y desplante traspase el círculo de luz y llegue hasta el público. La brújula del espectáculo son las risas y algunos silencios majestuosos que la actriz deja caer para cambiar el rictus y pasar en un suspiro de la alegría al drama, igualito que en la vida más allá del escenario. Y esa es otra gran virtud de este espectáculo, que entre risas y veras se desgrana la vida que antes era de patio de vecinos y ahora, cada vez con más frecuencia, abre los telediarios. Amores y desgracias que tamizadas por el buen humor terminan por reflejar lo que a casi todos nos ha pasado alguna vez.
Inma “La Bruja” deja bien a las claras que en las tablas se encuentra agustito, respira con calma, parece que se pierde pero retoma la historia, hasta nos enseña una chuletita que le ayuda a avanzar, un mecanismo dramático que normaliza su actuación, que nos abre una ventana para mirarla como a uno de nosotros, que la aleja de la interpretación, precisamente, para que el público la sienta más cerca, para que el escenario y el círculo de luz de diluyan y sólo quede el arte que esta mujer tiene en las venas.
Las canciones aparecen salpimentando el texto y es aquí dónde Inma “La Bruja” ejecuta una excelente selección musical con letras de Federico García Lorca, León Felipe y Julio Iglesias. Enjundia en los sentimientos a flor de piel, piel de gallina por la entrega, el control vocal y el derroche de facultades. La guitarra siempre ahí, templada, juguetona en los solos, brillante en el acompañamiento y paciente con el aire de la cantaora, con sus vaivenes, con el pulso del corazón que siente la hondura del cante, la energía que surge del diafragma y todo lo empapa de emoción. La Bruja es canela fina, largueza de sus brazos, un rostro expresivo, el alma derramada hasta los tacones de los pies y las palmas de la mano para marcar el ritmo de cada palo, de la rumba a la soleá, de la sevillana a la bulería.
“Dando el cante” no tiene doblez, el guitarrista y la cantaora de frente para que el público disfrute de textos inteligentes y cantes de campanillas. Arte en estado puro.




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26 julio 2009

Madonna Sticky & Sweet Tour


El sol cayó a la hora que marcan las estaciones. La noche bajó la temperatura hasta que las dos enormes emes que flanqueaban el escenario se iluminaron de violeta. Las videopantallas despertaron con la cinética pegajosa & dulce de los caramelos para convertir los exteriores de la Feria de Muestras de Zaragoza en una fábrica de chucherias. Madonna se presentó sentada sobre un trono, ambición rubia, jugosos tirabuzones, vara de mando en plaza, un guiño en sus ojos y las letras rosas de “Candy Shop” para dejar claro lo que se avecinaba.
El Sticky & Sweet Tour se dividió en cuatro ambientaciones escénicas. Los preludios entre todas ellas resultaron una excelente muestra artística que combinó la coreografía en directo con las videoproyecciones. El aroma gángster del comienzo con Rolls Royce rosa dejó paso al espíritu lúdico y deportivo de los High School, además de una lección magistral de cómo se salta a la comba. “La isla bonita” siempre estuvo anclada en lo latino, pero esta vez el homenaje fue para Rumanía y los Zíngaros. El tramo final fue una fiesta “Rave” con marcados tintes espirituales y la visualización de que un mundo diferente es posible, otros lo hicieron y nosotros, ¿qué haremos con este mundo que nos ha tocado vivir? Un ejercicio que intentaba demostrar que el baile y el entretenimiento deben ser compatibles con la concienciación ciudadana sobre los graves problemas que acechan este inicio del siglo XXI.
El despliegue visual fue apabullante. Dos pantallas en ambos extremos del escenario y una excelente realización reflejaban todas las evoluciones de la cantante y los dieciséis bailarines de esos que en cada movimiento te cortan la respiración. Un espectáculo coreografiado con vértigo, medido al milímetro de la filigrana, plagado con multitud de detalles y ejecutado con brillantez. En la parte posterior del escenario tres pantallas móviles para subrayar, dar brillo y llenar de efectos ópticos e imágenes los temas. El momento más brillante en el aspecto visual dejó a Madonna en el interior una jaula circular y allí, por el arte de los píxeles, tan pronto se bañaba en agua, como se mecía sobre un manto de plumas o sucumbía a los copos de nieve.
Cuatro homenajes para el difunto Rey del Pop: 1º Un bailarín nos recordó esa magia inexplicable que guardan los pasos del Moowalker. 2º El guante blanco de Jacko en la mano de Madonna. 3º Sobre las pantallas una cita de Michael afirmaba que para hacer un mundo mejor sólo tenemos que hacerlo. 4º Se apagan las luces pero la fiesta no ha concluido, mientras el público desaloja el recinto ferial, algunos aún bailamos al ritmo de los Jackson Five.
Madonna construyó el concierto de anoche sobre el último de sus discos, un trabajo que no ha alcanzado las cotas de popularidad ni de ventas de antaño, en eso, los ochenta también son un sueño. Esa decisión musical fue un alarde de valor que dice mucho y bueno de la cantante. Madonna huyó de convertir el recital en un karaoke para nostálgicos y, en ese terreno del riesgo, adaptó las canciones de otras épocas a los sonidos más actuales de las pistas de baile, rasgueos de guitarra eléctrica y tintes raperos, un ejercicio que puede parece injusto con los exquisitos arreglos originales de algunos de los temas, sin embargo nos advierte de la importancia de mirar hacia delante, el inabarcable camino de transformarse para crecer en creatividad, toda una lección de modernidad para quien lleva más de veinticinco años en la escena musical. Pero no todo iba a ser máquina para la pista de baile, Madonna disfrutó de momentos netamente musicales, ya saben, se para la fábrica de los colorines, los músicos desenchufan sus instrumentos, el DJ ordena sus discos y sobre el escenario una banda de instrumentistas de la Europa del Este, esos que vemos por nuestros barrios, nuestras fábricas, esos que ponen música a nuestros paseos y apellidos impronunciables a las listas de los Expedientes de Regulación. Guitarras, violines, las vías del tren, visados, pasaportes y los pobres del mundo invadiendo nuestros jardines configurados por la PS2 y Madonna, rodeada de todos ellos, sigue en el intento de demostrar que para la música y el corazón no hay fronteras.
La Reina del Pop sigue viva, larga vida para Madonna.





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25 julio 2009

Queen Vs U2. Bandas Tributo 09


Hace algunos años se puso de moda contratar a grupos para, en lugar de confeccionar la tradicional verbena, vestir las plazas de los pueblos del más contundente concierto. Esta nueva moda desplaza los bailes tradicionales de las fiestas patronales para dejar sitio a excelentes resúmenes en directo de la historia del pop y del rock. Los grupos que actuaron ayer en la Sala Multiusos de Zaragoza son la sublimación de este nuevo concepto festivo.
U2 Zen Garden abrieron la noche. Durante unos minutos me pareció ver a Bono personificado como si los años noventa nunca hubieran pasado. La magia del encantamiento duró hasta que el cantante nos dio las gracias en italiano y caí en la cuenta, aquel tipo con rosario de plata sobre el pecho era en realidad una versión customizada de Tony Manero.
Es cierto que los italianos bordaron la imitación gestual de los irlandeses pero el espejismo sólo funcionó durante los primeros temas, lo justo hasta que te fijas en las canciones. U2 Zen Garden interpretan con acierto los temas originales pero se quedaron muy lejos de darles contenido emocional. No se trata de remedar a pies juntillas los gestos, esa táctica se queda en la superficie, no traspasa los límites del escenario, no conecta. Un error que les llevó a la falta de credibilidad porque una excelente ejecución en lo técnico no es nada si no viene cargada de emotividad, el factor más importante en un concierto que, para las canciones de U2 es imprescindible, y ahí los italianos no estuvieron finos, les faltó la entrega necesaria para que los himnos lo fueran de verdad y el público creyera.
Dios Salve a la Reina fue recibido con aclamación y no defraudaron, ellos tiene la fórmula mágica de la banda tributo. Desde el primer minuto quedó claro que más allá de parecidos faciales, melenas guitarreras y andares de la factoría Mercury, ellos habían llegado a la ciudad del cierzo para arrasar y lo hicieron. El público estaba claramente a favor de obra y colaboró con sus cánticos a que la temperatura subiera hasta convertir la sala en una olla a presión dónde el grupo argentino se sintió muy a gusto, ellos si, ellos eran todo energía, credibilidad y entrega.
Al final del concierto, cuando el personal se abrazó en extensa cadeneta con litro de cerveza en mano, descubrí el secreto que convierte a las canciones de Queen en cántico de nuevas generaciones. Esa escena yo la había vivido, era el mismo mecanismo, la misma energía, el mismo ambiente festero, las mismas ganas de juerga: Las canciones de Queen han traspasado fronteras generacionales en Zaragoza porque en los pueblos aragoneses, durante los tórridos veranos, las verbenas tradicionales hace mucho tiempo que incluyen una selección de canciones del grupo británico, es ahí donde el semillero crece en lo emocional y por eso, el concierto de anoche terminó con el ritual veraniego de la verbena.
El cartel anunciaba un duelo Queen frente a U2, ese es un debate que a mi no me gusta, a mi me gusta sumar, apilar, nada de elegir. Anoche, para los amantes de los duelos, se dilucidaba un reto entre Dios Salve a la Reina y U2 Zen Garden y, como pronosticaron las jovencísimas Carolina Kuhl y Laura de la Riva, ganaron los argentinos con su tributo a Queen.

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21 julio 2009

Juan Perro ha vuelto


Juan Perro ha vuelto con las mismas hechuras que ya utilizó Santiago Auserón en el pasado.
Andaba el año 2006 o cercanías cuando los hermanos Auserón se lanzaron a la carretera cargaditos de versiones, el índice de su memoria sonora destilado por la marca de la casa.
Las malas lenguas acertaron y la aventura de rolar en directo terminó en disco.
Enric Palomar, director de la Original Jazz Orquesta del Taller de Musics de Barcelona reclamó la presencia de Santiago Auserón para darle una vuelta de Big Band a las canciones de Radio Futura y Juan Perro, de nuevo la
carretera y unos arreglos magistrales para canciones que están pintadas con tiza en el corazón de toda una generación. La aventura también terminó en disco.
Juan Perro ha vuelto a la carretera con un montoncito de nuevas canciones. Antes, cuando los discos eran el meollo del cuscurro, estas nuevas tonadas se habrían pulido en un estudio, volcado en discos y distribuidas en tu tienda favorita de discos, si todavía existieran esos lugares dónde perder una tarde.
El Perro es listo y sabe que todo ese trabajo sería en vano porque el intercambio de archivos sonoros es la nueva senda por la que circulan las novedades. Así que ha preferido mostrar unas maquetas por las nuevas redes, solfear en su propia página
web y, mientras nosotros nos derretimos con sus nuevas historias, el Perro se fue al caribe en busca de tres músicos talentosos con los que disfrutar en el local de ensayo hasta ensamblar un recital de esos a los que palabra memorable se queda pequeñita. Y quien sabe si después de girar, de mostrar su trabajo y de recoger los aplausos del público, quien sabe si después de todo eso una discográfica graba los temas, una distribuidora los pone en los anaqueles y el público remolón saca los cuartos de la cartera para que este tipo del Barrio del Gancho zaragozano continúe en la brecha de hacernos felices.
Juan Perro llegó hasta Zaragoza para sentir que entre sus paisanos siempre será bien recibido. Un escenario sobrio, el ritmo y los latidos vestidos de blanco, las melodías y los punteos ataviados de negro, cuatro músicos para gozar.
En el concierto del Teatro Principal primó la elegancia vocal de un Santiago Auserón redivivo en Juan Perro sin sombrero, ni traje, sólo camiseta, pantalones, los acordes de su guitarra y una cita de Nietzsche para recordarnos que la felicidad esta en la sencillez.
Las historias tan bien escritas como siempre, el uso elegante del lenguaje para contarnos la vida hasta convertir su cancionero en radiografía social, amorosa y festiva. Impresionante despliegue vocal con múltiples registros y esa banda, un momento que me levanto, con la pulsión sabrosa de Ronald Morán al contrabajo; la máquina a vapor de Moisés Porro un baterista con el alma inabarcable de la percusión; y las seis cuerdas de la guitarra rendidas a los dedos vertiginosos del virtuoso Norberto Rodriguez. Juan Perro confecciona con esas herramientas un viaje que recorre la Cuba de Compay, el Nueva Orleáns fronterizo, el roquerío mamado en Malasaña y un susurro para Billie Jean.
La apuesta es la de siempre y tiene mucho que ver con la importancia que le damos a las canciones que aliñan nuestra vida. Juan Perro nos invita a descubrir los orígenes: La olvidada sensación de escuchar por primera vez temas nuevos, enfrentarte a ellos sin prejuicios, tonadas que llegan a tumba abierta hasta los sentidos, sin trampa ni cartón, las historias en boca del cantante como el barro en manos del alfarero, el artesano que labra la filigrana delante de tus narices, el orfebre que de a poco construye un pedazo sentimental que la música deposita en el alma.
La nueva gira de Juan Perro es un viaje emocionante, la seducción de un contador de historias — olviden tontadas veraniegas al uso y ráfagas repetitivas de los media para reproducir en el teléfono móvil — Juan Perro le canta a la vida, canciones que sueñan con instalarse en nuestra memoria, historias imperecederas fabricadas a la sombrita del oficio de quien sabe mezclar con pericia los ritmos del mundo con la buena utilización del lenguaje.



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15 junio 2009

Adanowsky, el ídolo

Fotografías de Javier López con la cámara de Carolina Kuhl


El Teatro de la Estación de Zaragoza albergó en el día de ayer la actuación del Adanowsky, una marca que ya es toda una declaración de principios al mezclar, Dios mediante, el nombre del primero de los hombres, y un apellido paterno con tanta repercusión mediática.
La fiesta comenzó con el grupo francés Gush. Cuatro voces, una guitarra y palmas. Eso fue todo lo que necesitaron, además de toneladas de talento, para desgranar la esencia de la música pop con melodías tan sencillas como eficaces a la hora de conectar con el público. Cuatro tipos bien juntitos frente al micro o al otro lado, entre el publico para regalarnos calidez sin amplificadores y la esencia destilada de quienes disfrutan con el oficio de emocionar a través de una canción, un excelente recordatorio del poder balsámico de la música, de esa extraña corriente que circula entre quienes nos regalan una melodía y quienes estamos dispuestos a dejarnos llevar por la incomprensible magia de mecernos al arrullo de las notas. Pero lo mejor aun estaba por llegar.
Los chicos de Gush cambiaron su aspecto ataviados con unas chaquetas blancas de lentejuelas que —y no me pregunte como se destiló esa imagen en mi mente — me recordaron a los momentos mas gloriosos de Tequila. Adanowsky se hizo dueño y señor de la escena. Empezó potente con petición de amor incluida, nada de simbolismos, besos para todos los presentes, uno por uno y desde ese gesto todo fue comunión con el público.
El concierto tuvo tantas variantes que es imposible definir una sola línea, fue una invitación para inventar etiquetas del tipo rock cabaretero, crooner funky music y boleros incestuosos para no dormir. Adanowsky nos contó el mundo desde el prisma irreverente de su mirada y nos invitó a entrar en sus sueños a través de miradas cómplices, el ejercicio del voodoo y el despliegue de sobradas facultades interpretativas, un espectáculo en el que colaboró un personaje mutante muy cercano al Popotxo de la Orquesta Mondragón. Mecanismos de representación que parecían frutos de la locura, la improvisación o un evidente y anárquico desparrame escénico, pero eso eran solo las apariencias porque durante mas de dos horas no hubo ni una sola nota discordante. Adanowsky y los chicos de Gush ejecutaron con brillantez y eficacia todos y cada uno de los temas, nos mostraron la contundencia del que tiene un suculento tesoro musical para navegar sin problemas por todos los ritmos que nos ofrecieron, y me temo que por cualesquiera otros que se propongan, nos regalaron notables solos de batería, guitarra y piano, rock-pop-funky-bolero y soul bajo la patina desenfadada de quien se lo esta pasando de perlas y, por lo tanto, consigue que el público se lo pase cañón, abandone las butacas del teatro para bailar, saltar y desembarcar sobre las tablas del escenario para conseguir que la fusión entre artistas y mortales sea mucho mas que una frase.
La actuación de Adanowsky fue una gozada, apabullante, sudorosa y energética, una propuesta musical fresca, inteligente y capaz de generar tantos megavatios que podríamos cerrar de una tacada todas las centrales nucleares de este país.


Grabación video: David Ramón
Gracias a Susana Mazo

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14 junio 2009

Hellville de Luxe Tour en Zaragoza


El bochorno zaragozano no terminaba de romper en lluvia, así que agradecí el sistema de aire acondicionado del Pabellón Príncipe Felipe. Faltaba media hora para el comienzo del concierto y había media entrada de lo que iba a ser un lleno de esos de no rebosar.
La ronda de cañas de las nueve y cuarto me trajo un presentimiento, esas mariposas que se posan en el estómago y anuncian un buen concierto:
José Ramón estaba en el palco, en frente, Luís Roser bebía cerveza en un vaso de litro, Agustín Martín me deseaba vía SMS una buena velada y Carolina Kuhl hacia lo propio, además de envidiarme, desde un ambigú al otro lado de la ciudad, Félix Valle agitaba la bufanda del Real Zaragoza para celebrar que el equipo de fútbol de la ciudad ha regresado Primera División y Susana Mazo, desarmada sin sus rabiosos rizos rojos, serpenteaba nerviosa dentro de un mini vestido negro.
El concierto comenzó puntual y sin dudas: Imágenes setenteramente psicodélicas en las pantallas, el guitarra con el gorro rojo de un cowboy,
Betty Page subiendo la tensión y en los altavoces música fronteriza, aullidos del desierto, un desierto ocre de capitanas cabalgadas por el cierzo que tan pronto era monegrino como mejicano, viento, arena y rockandroll.
Llegó, como lo viene haciendo desde hace demasiado tiempo, esa transformación cabaretera que tanto emocionaba hace tiempo, que fue un gran descubrimiento pero ahora, por ayer y por todo lo que nos queda, ya no me gustan las cortinas granates, las lámparas de saloon y Bunbury revestido con la boa que ayer fue negra como otras veces fue roja. No, no quiero volver a escuchar el sonido que antaño fue cabaretero, nómada y festivo, y que terminara derivando, al mínimo descuido, en pachanga, porque ayer estuve a punto de hacer la cadeneta como si estuviera en la plaza de mi pueblo. Entonces recordé la máxima que mi sobrina Natalia me enseñó, ella no estaba en el concierto y fue mi garganta la que se elevó sobre el público enfervorizado para gritar con toda mi alma de fan: Bunbury queremos rockandroll.
Y Bunbury me hizo caso porque, aunque con la boa sobre los hombros, las cortinas a la espalda y la lámpara retro colgada sobre su cabeza, la potencia rockera volvió al escenario,“
Infinito” se transformó en un blues y los grandes temas de cuando Bunbury se cuelga la guitarra derivaron en otro homenaje al Oeste, a Las Vegas, al telepredicador tocado por la mano de Dios capaz de elevar el Aleluya de quienes estamos dispuestos a bailar durante todo el tiempo que haga falta.
Casi siempre he escuchado el disco Hellville de Luxe al volante de mi coche, ahí, a ciento veinte kilómetros por horas, esas canciones son asfalto y gravilla. Desde el asiento de conductor, con las manos al volante, he soñado miles de veces transformar esos temas en pasitos de cumbia con la cintura de micielocariñotesoromiamor alrededor de mis brazos. Gracias Bunbury por hacer posible mis sueños.
El sudor amenazaba con deshidratarme cuando entre la marabunta de estrógenos surgió una figura imponente. En su mano un litro terciado de cerveza, en sus ojos el brillo de antes y en su abrazo el coro de la amistad para cantar con el alma en vilo eso que ya sabíamos pero que a veces olvidamos: Solo tenemos que esperar porque siempre llega
el viento a favor. Alejandro Pastor, con su presencia, compañía y complicidad, me hizo un regalo que no olvidare.
Y de ahí todo para arriba hasta que el maestro de ceremonias determinó que un vals suavecito era la mejor manera de terminar otro de sus fastuosos conciertos, una nueva muestra de versatilidad, entrega, pasión, profesionalidad y el sonido brutal de un Hammond.

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11 junio 2009

Olga Román & LIPA en el Teatro de la Estación

Hubo un tiempo al comienzo de los años ochenta donde rockanrolear era la norma y era una delicia que tu novia tuviera querencia por los canta autores, así descubrí discos como “Entre amigos” de Aute, surcos dónde ya se escuchaba la voz de Olga Román, diez años después — tras afianzar sus estudios musicales en el Berklee College of Music de Boston —se la llevó Sabina de gira y aún esperamos otra década para que sacara al mercado el primero de sus dos discos, con el tercero en la cocina.
Olga Román se presentó ayer en el Teatro de la Estación de Zaragoza dentro de la programación de Artistas en Ruta, lo hizo acompañada por un combo de nueve alumnos del Liverpool Institute for Performing Arts en lo que ha resultado ser un excelente experiencia de trasfusión musical y generacional que cada año une a un artista español con un grupo de músicos de la citada escuela, alumnos jovencísimos que ejecutan con brillantez los temas de Olga Román.
El primer sobresaliente de la noche fue para los técnicos que nos regalaron una excepcional calidad en un sonido limpio, agradable, modulado con gusto y dejando a cada uno de los instrumentos su espacio. El segundo para los alumnos, cuatro cantantes a los coros, guitarra española, bajo, batería, teclados y guitarra eléctrica que demostraron una excelente capacitación musical. El tercero fue para la inspirada voz Olga Román, diáfana en el fraseo, con cuerpo, una gran voz que nos regaló pasajes de la vida cotidiana, caminos abiertos a los sueños y la esperanza de que, pase lo que pase, la solución siempre esta en el camino. Preguntó varias veces por la situación emocional y hasta por el confort del público que respondió lo agustito que allí estába hasta que la cantante, bregada en mil batallas, confesó esa mínima inquietud de ver, pese a su miopía, al público tan cerca, respirando con ella. Pero esa preocupación pasó al recuerdo cuando, cansada de sus tacones, descendió de ellos para regalarnos sus pies desnudos y dos canciones extras, durante las cuales me pregunté que ocurriría si alguna vez Olga Román, en lugar de escondernos su mirada, nos contara sus historias, además de con la brillantez de su voz, con la sabiduría de su mirada siempre oculta, concentración con párpados cerrados y el público hechizado con las manos rotas de tanto aplaudir.

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08 marzo 2009

Música y poesía en Hungría

Para encontrar la calle Violante Hungría tuve que preguntar, y con este ojo avizor, fui a parar a una chica morena que me contesto con inconfundible acento sajón «Es la calle paralela, ¿conoce usted el Centro Cívico Universidad?» La invité, pero no aceptó mi propuesta de una noche con músicos, poetas y cantantes.
Lousiana fueron los encargados de abrir la velada ante un público que, aunque escaso, estuvo atento a las propuestas que se lanzaban desde el escenario, la de Lousiana tiene mucho que ver con la elegancia, melodías de apariencia sencilla para canciones amarradas al sentimiento, unos temas sostenidos por la voz de la poeta Ana Muñoz y del músico Luis Cebrián. Manzanas y flores sobre el escenario y ella escondida detrás de la guitarra, allí estaba pero no se dejó ver durante la primera parte del concierto. Ana Muñoz buscó con la mirada la seguridad escénica que derrochó su compañero, su gestó encontró algunas veces cobijo pero, en dos ocasiones, no fue así y yo me sentí pelín incómodo.
La mano derecha de Ana abandonó las seis cuerdas y flotó suspendida en el aire. Ese fue el punto de inflexión que cambio de forma radical su actitud en escena. Mantuvo la elegancia, la voz de la poeta ganó en potencia, una firmeza con la que alcanzó el grado de cantante, despistó un par de miradas sobre algunas de sus amigas apostadas en primera fila y todos la sentimos más cerca.
La fuerza de Ana Muñoz radica en una mirada que todavía no nos muestra, una mirada dispuesta a contarnos las historias que cuentan sus canciones, un aditamento extra que elevaría su perfecta dicción de las palabras y una arrebatadora presencia aunque, sus altísimos zapatos no sean del color rojo que tanto me gusta.
Don Nadie + Rabanaque se presentaron en segundo lugar para sustituir a ausencia de última hora de Puri y los Tanis. Ya hablamos de en esta bitácora de la nueva incorporación de Gigi como baterista de Don Nadie y ayer confirmó la primera impresión que tuve de encontrarnos ante una mujer que atesora una apabullante calidad en el manejo de las baquetas y la sabiduría de la austeridad para redondear los temas con matices swing, ondulaciones jazz y el barniz de la elegancia: La versión del clásico de Elvys Presley “Fever” fue memorable.
La incorporación de Gigi tiene, como beneficio escénico, la liberación del guitarrista y cantante Gustavo con respecto a esa maquinita que él usa para jugar a darle macarena al compás, un tiempo nuevo que le permite levantarse de la silla y deleitarnos con nuevos territorios expresivos cercanos a los bailes callejeros del break. Una de las novedad de la noche fue el dúo entre la voz poética de Rabanaque y la batería de Gigi, un ejercicio de estilo sobrio pero atrayente y que abre un nuevo camino. El telón visual de Zombra fue el gran ausente de la noche, tal vez fue esa falta de aliñó tras el que guarecerse, el motivo que tiñó la noche de un tono romántico, suavecito y amoroso; erala primera vez, de todas las que he disfrutado de sus directos, que no apareció el lado reivindicativo de este combo, unos artistas que caminan con paso firme por la senda de consolidarse como la perfecta simbiosis entre la música y la poesía.
Experimentos in da Notte cerró la noche. Comenzó Pablo Malatesta en solitario, guitarreo lujoso ahormando el ambiente, y esa habilidad para generar un sonido, aplicarle un bucle rítmico y que la repetición resulte provocadora, interesante y seductora. El poeta Octavio Gómez Milián nos recordó la Alsa-dependecia de sus idas y venidas a Madrid, ventura poética de quien viaja en autobús mientras el Estado sutura con vías ferroviarias infraestructuras de alta velocidad a precios para quedarse paradito. Gómez Milián me enganchó con sus versos iniciales con la misa facilidad que me abandonó en los tiempos musicales, deambuló indeciso, solicitó un güisqui y presentó la gran sorpresa de la noche: La poeta Carmen Ruiz Fleta llenó el escenario de tropicalismo lila y este inicio de marzo con quince días de agosto. Una explosión fresca y convincente, interactuó con los músicos con naturalidad, se mostró radiante con el público, nos regaló su sonrisa y una eficacia aplastante en la dicción: Estuvo soberbia y ojala frecuente los escenarios con sus versos y el vaivén musical de unos excelentes arreglos. Volvió Octavio Gómez Milián para follarse a Jane Birkin con más aceleración que firmeza, y me perdí, y regresé durante unos minutos porque a mi me gusta las palabras que el poeta escribe, unos versos que necesitan otro comportamiento en escena, necesitan más verdad, una dicción más asentada, menos descontrol vocal y la misma energía con la que Octavio se amarró al micro para comérselo. Creo que faltó equilibrar la ecuación del spoken word en la dirección de más palabras y menos rock and roll.
Algo bueno ocurre con la poesía zaragozana cuando cuatro de sus más valiosos pilares: Ana Muñoz, Daniel Rabanaque, Octavio Gómez Milián y Carmen Ruiz, se suben a un escenario con músicos de la talla de Luís Cebrian, Don Nadie y Pablo Malatesta y nos ofrecen una interesante velada poético musical al calorcito de tres actuaciones con una sobresaliente calidad sonido, vaya desde este modesto rincón mi felicitación para los técnicos que lo hicieron posible.

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30 enero 2009

Roscón Rock en la Plaza de Ariño



Día reivindicativo. Todas las plazas del centro de Zaragoza clamaron por un mismo objetivo: No al cierre de las Casas de Juventud y nada mejor que una jornada musical para poner en solfa la política cultural del actual equipo municipal.En la Plaza de Ariño los primeros en calentar la mañanita, todavía húmeda por los chubascos nocturnos, fueron Dadá y su punkirockandrollsoulbluespopero para grande y chicos. Despliegue de energía desde el micro, contundencia a las cajas, ritmo vibrante desde el bajo, eficacia, seriedad y solvencia desde la guitarra, eso y tres Dadetes para perder el sentido a los coros. Versiones de Ray Charles, Beatles y la Creedence Cleanwater Revival llevaditas al terreno personalísimo de este grupo que tiene el buen humor de preparar una canción para probar sonido al ritmo del “Salta” de Tequila, bailar la danza de los Zombies y mostrarnos, sin sonrojos, un dossier secreto dónde se descifran las soluciones del Alcalde para evitar el cierre de las casas de Juventud. Lo hicieron bajo el influjo Stoniano de Sus Satánicas Majestades, no desvelaré nada en lo nominal de la letra adaptada, tan solo daré una pista: La solución esta en el blues. Don Nadie+Rabanaque continuaron el espectáculo, esta vez como había rayitos mañaneros de “zol” no estuvieron presentes las video proyecciones de Zombra (y perdonarme por lo nefasto del chistecillo) Dos novedades importantes presentaron los Don Nadie, la primera fue que Gustavo, voz, guitarra y otros sonidos, actuó de pie durante gran parte del evento y eso, para sus seguidores, es toda una primicia. La segunda, y mucho mas importante, fue la presencia de Gigi a la batería, la nueva incorporación aderezó el primer tema con envoltura tropical y todos los demás con la solidez de una buena ejecución. Un paso más en este combo musical que volvió a dar valor a la palabra, a la música, a la reivindicación de que otra ciudad es posible si todos exigimos a los que nos gobiernan acciones políticas encaminadas a potenciar la cultura dentro de los ámbitos sociales ya establecidos y que han demostrado su valía.

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28 noviembre 2008

Vetsusta Morla en la Oasis de Zaragoza


Aviso para incrédulos: Ya os lo dije: Vetusta Morla van a romper.No me pregunten la fecha pero hace unos meses la FNAC de Zaragoza homenajeó a Sergio Algora en su faceta musical, en los prolegómenos me encontré a Ana Manzana Muñoz , allí, tejiendo frases para disimular al palurdo que paseo en este body, hablé con la poeta de los días en los que El Niño Gusano apostó por las letras en español de calidad luxury, entonces, y a modo de ejemplo actual cité a Vetusta Morla, los ojos de Ana me miraron como nunca olvidaré, y ya era la segunda vez que eso ocurría. Unas semanas más tarde la poeta-estudiante-amadecasa me envió un mensaje: Vetusta Morla el 27 de noviembre en Zaragoza.
Crónica de antes de irme dormir: Tenía unas ganas mayúsculas de verlos en concierto. Había deglutido cada uno de los segundos de sus grabaciones, un grupo con más de diez años de local, un bagaje que pesa lo suyo, que se deja ver sobre el escenario, en la trama de unas canciones que han sido manufacturadas con la laboriosidad del artesano, que guardan detalles de buen gusto, de sabores, de vibraciones épicas, de momentos intensamente poéticos en las letras y rotundos en las melodías.
El sonido fue sobresaliente, pátina de lujo para unos tipos que han tenido la paciencia de grabar un disco por el puro placer de hacerlo, temas nacidos para ensalzar los sentimientos, que dosifican la cantidad necesaria de pasión, tempo inteligente, ir creciendo en intensidad hasta provocar las más efusivas muestras de entrega, unas canciones perfectamente ensambladas, el tejemaneje de los privilegiados, temas que nacen afectuosos, tristes o alegres, eso da igual, porque Vetusta Morla moldea el formato con sabiduría para, después de colocar el mensaje, regalarte un instrumental de esos que te dejan tirado por lo suelos, solfeo a la deriva que reposa lo dicho, que fluye, que se impregna en la piel, en lo heroico. Una mecánica que usan en todas y cada una de sus canciones y que en la noche de hoy han trasladado hasta el escenario. Un concierto perfectamente medido para que conmoción tocase cumbre a los sesenta minutos, cinco de descanso y vuelta al escenario para arrasar con la frescura del que ya ha triunfado.
Concierto memorable en la Oasis el de hace un par de pares de hora, una robusta demostración de cómo es posible perfilar, teñir y marcar temas míticos con versiones extendended life de altos vuelos, dosificadas con inteligencia y una elección perfecta de los temas para ir dando calor al público, el calentamiento previo a la entrega, una mirada efectiva para que los flujos emocionales se dejen ir, retornen, asciendan y de allí hasta la gloria.
Vetusta Morla es un grupo que, a poco que la suerte lo acompañe, se convertirá, si ya no lo es, en una formación de referencia, música para escuchar con los vasos sanguíneos, las venas y otros lugares líquidos donde disfrutar de un grupo inteligente. Los que han probado de sus recetas ya saben de lo que hablo, quien no haya degustado este exquisito manjar, no pierdan el tiempo, Vetusta Morla va a ser el próximo grupo revelado a las masas, la sensación de los festivales del verano que vendrá, y si no al tiempo.

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26 octubre 2008

Vendería mi billete interestelar (Don Nadie+Zombra+Rabanaque)

Estuve a punto de trasladarme de Zaragoza al Festival Periferias de Huesca a bordo de mi utilitario de plástico y crédito personal, caminito por la autovía que los carteles bautizan de Mudéjar. Pero en el último momento hice un viaje interestelar que me llevó desde el Barrio de Las Fuentes hasta el Centro Cultural El Matadero de la capital oscense, el lugar elegido por Don Nadie+Rabanaque+Zombra para presentarnos su nuevo material gráfico-poético-musical. A la entrada se nos entrego una papeleta que valía por un beso. El mío lo he regalado esta noche, ha sido antes de escribir esta reseña, un beso de ascensor que desencadenó un ciento de esos besos con sabor azufre de lignito de las noches más frías de los inviernos utrillenses, de cuando éramos dos cuerpos por saciar, dos bocas por fundir y dos amores por destilar.
Soñé con ellos en librerías del foro, o al ladito de la ría de Bilbao, los he visto actuar en un almacén, en bares, en el tablao de la plaza pública y en un gimnasio. Después de tanto peregrinar tras su pista por fin los he disfrutado sobre el escenario de un teatro, el territorio propicio para crecer, las tablas como lanzadera para la reivindicación, la revolución de los versos, el estrado para gritar que todos somos necesarios, que nuestra aportación solidaria es la clave infinitesimal, una diminuta contribución que sin embargo es imprescindible para solucionar todos los males que azotan este siglo impar.
“Vendería mi billete interestelar” es una invitación al futuro y comenzó con un cuento sobre la inmensidad del Cosmos, la marca Darwin y el sistema liberal de progreso. Lo que el cuento no nos contó es como será el futuro, ¿Un mundo de tecnología punta, desarrollo sostenible y otros escapularios de nuevo cuño? Pero para eso están los poetas, para revelarnos que el futuro no será todo lo que soñamos. El futuro será de los mismos de siempre, de los mismos dueños que nos robaron el pasado, de los mismos que nos moldean el presente, una fiesta a la que muchos de nosotros no estamos invitados. Nuestros billetes para el futuro no son válidos en la nave de los Botín, los Turner o los Cebrián. Pero todo no va a ser tragedia y desamparo, también tenemos que disfrutar de la esperanza en las golondrinas, los gorriones y del amor aéreo de los pies en el aire.
Don Nadie+Rabanaque+Zombra presentaron un espectáculo con continuidad dramática, incluso han auto editado el guión del evento, un salto formal de gran importancia porque abre nuevos frentes creativos, una oportunidad para rastrear por nuevos derroteros mucho más sólidos en la estructura externa del mensaje.
“Vendería mi billete interestelar” es un aviso para navegantes, el abreojos que necesitamos para comprender que los cambios nunca lo son para todos, la anunciación en forma de poema, de canción, de imágenes.
Carlos y Fernando de Zombra presentaron un atrezzo renovado con nuevos “aliños visuales” pero con la imaginación a la que nos tienen acostumbrados. Don Nadie sonaron como un tiro, las guitarras de Álvaro y la caja de las sorpresas con las voces de Gustavo tuvieron la virtud de cubrir todos los huecos del espectáculo, arroparon perfectamente la parte vocal del poeta, reinventaron sus temas más clásicos y, entre el nuevo material, una versión más Don Nade que nunca del “¿Quiénes somos? ¿De dónde venimos? ¿A dónde vamos?” de “Siniestro Total”. La primera vez que disfruté de la creatividad de este combo, el poeta Daniel Rabanaque se escondía tras las letras acostadas en un atril, no pasó mucho tiempo cuando ya le adiviné poses, actitudes y comportamientos escénicos propios de una estrella del rock. Ayer volvió a sorprenderme en su papel de hombre público sobre el estrado de la lucidez, el visionario que mira a través del catalejo para desentrañar los nudos de un futuro que los miopes de entendederas ni siquiera vislumbramos, el ciudadano capaz de gritar las verdades que están por venir, el caminante que abre brecha, el poeta que admira a otros poetas, lo dice y lo disfruta, el tipo que nos mira a los ojos con la franqueza de la que carecen los telepredicadores de las desagracias y los políticos hipócritas con conexión ADSL a los mercados bursátiles.
“Vendería mi billete interestelar” es un repaso crítico al pasado que nos ayuda a calibrar el decepcionante presente y a no peder de vista la hipócrita visión de un futuro que, aunque se nos promete tecnológico y científico, ¡vaya usted a saber señor equilibrista de la pista!
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La foto que encabeza esta entrada es una instantánea tomada en septiembre de este año durante La Noche Sin Techo 08.
De izquierda a derecha: Gustavo (Don Nadie) Fernando (Zombra, falta Carlos y de él nos acordamos antes del flash) Álvaro (Don Nadie) Javier (La Curvatura de la Cornea) y Daniel Rabanaque.
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Don Nadie
Zombra

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08 octubre 2008

Arroyos Estilista

Javier López se puso el cachirulo morado al cuello y se lanzó a las calles festivas de Zeta en busca de inspiración para su blog. Imaginó a la Virgen del Pilar respirando mas tranquila tras el ajetreado veraneo de fast pass para besar la Sagrada Columna que la sustenta, mucho más relajada tras la eliminación de la competencia desleal de Fluvi como icono de nuevo cuño de la ciudad. Trenzó las imágenes para un video poema como si los motores de la industria de Hollywood vivieran en el barrio de Las Fuentes y buscó cara para el protagonista hasta que recordó la suya. Fue una revelación, él había nacido para actor. Embebido en aquella quimera hizo repaso a lo insulso de su vida como preámbulo a olvidar, recuerdos que dejarían su espacio a las nuevas experiencias como estrella del celuloide, una vida aderezada de anécdotas raídas y de poco lustre desde la infancia, pasando por el Instituto, una mili de perros y varios trabajos subyugantes donde la imaginación era tan innecesaria como el talento, la destreza o el virtuosismo de los oficios de antaño: Las manos del ebanista, la precisión del ajustador o el ojo clínico del zahorí.
Decidió ser actor por la tremenda. El primer paso para lograrlo pasaba por cambiar su imagen, dar un giro a su estilismo, ganar en frescura, olvidarse de las proliferación de las canas y el tradicional corte de pelo que lo acompañaba desde siempre para entrar en el olimpo de la interpretación con un peinado moderno, en consonancia con los tiempos por venir, tiempos de primeros planos, travelling y firma de autógrafos con el estatus de seductor para maduritas con intenciones intelectuales, bajo las cuales se escondían finísimas prendas de la lencería más cara y exclusiva, delicadezas de satén para tierras de secano, un Arturo Fernández de nuevo cuño.
Javier López giró sobre sus talones como si el destino le dictara los pasos a seguir y se encontró con el cartel de Arroyos Estilistas. Subió las escaleras en un frenesí, golpeó la puerta con la ansiedad de la inminente transformación provocada por un corte de pelo, un tinte adecuado, extensiones a tutiplé, gomina en las puntas y un champú con olor a fama.
Laura Arroyos abrió con la sonrisa franca de quien esta encantada de recibir en casa, su mirada la delató, aquella chica disfrutaba de su trabajo como estilista. Lo miró de arriba abajo y tras un primer vistazo cargado de sabiduría calculó cambios, imaginó modificaciones y exploró las posibilidades reales que podía ofrecer a su nuevo cliente.
El lavado de cabeza lo dejó relajado y fue la excusa perfecta cuando Laura Arroyos le hizo la fatídica pregunta de « ¿Cómo quieres que te lo corte? » A Javier le hubiera gustado responder con desparpajo, con la seguridad de un veterano acostumbrado a elegir el peinado adecuado para alcanzar el estrellato de la interpretación, una cabellera digna de los mejores dramas, una melena capaz de brillar en las comedias más desternillantes, el peinado ideal para caminar por la alfombra roja de todos los festivales de cine all over the world. En lugar de aquella explosión de sueños se limitó a subir los hombros y poner carita de circunstancias.
Laura Arroyos hizo un mohín de duda, dio dos pasos hacía atrás y trazó con sus manos dos líneas que partieron desde la coronilla de su cliente hasta el flequillo «Tienes unas raíces muy curiosas. Habitualmente el pelo crece en un único sentido, pero en tu caso lo hace en dos direcciones. Es una característica que tenemos que tener en cuenta a la hora de planificar tu estilismo, porque esta configuración capilar suele ser propensa al desarrollo de remolinos y acumulaciones rebeldes de cabellos» Volvió a hacer el mismo mohín, puso sus manos en el cogote de Javier y se agachó en un gesto que parecía el paso previo al golpe mortal de un karateka, aunque sólo fue el movimiento ergonómico de quien busca la mejor postura para investigar que hacer con aquellos pelos. « ¿Habías pensado en algo concreto? » volvió a preguntar la peluquera. El silencio fue eterno. «Creo que para el perfil redondeado de tu cara, para las gafas azules, para las canas tan interesantes que luces y un pelo tan sano y robusto lo mejor, sin lugar a dudas, será hacerte un corte estilo bloguero»
Javier López regresó a su casa más contento que unas campanillas, había olvidado por completo la quimera de convertirse en actor para sentarse frente al teclado de su ordenador con su flamante corte de pelo y darle vidilla a La Curvatura de la Córnea, un blog al que le debía un buen número de momentos memorables.

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