La curvatura de la córnea

27 julio 2009

Inma “La Bruja” Dando el cante

Un círculo de luz y dos sillas sobre el escenario del Teatro de la Estación. Así de sobria era la escenografía sobre la que se sustentó el espectáculo “Dando el cante”. La guitarra de Gaspar rompió el silencio bajo los focos, Inma “La Bruja”, todavía entre cajas, lo jaleaba. El guitarrista abrochado a las seis cuerdas, ligero en los dedos, guapo de rizos y “carita de Cristo”. La cantaora poderosa en la voz, amarrando los registros con la sabiduría de quien conoce el percal, pasión en el verbo y de tripas corazón, ambiciosa comunicación con el público al que se dirige sin tapujos, de tú a tú y haciendo gala de una portentosa capacidad de comunicación. Aún no habían pasado tres minutos y en que esto escribe ya estaba encandilado.
“Dando el cante” alterna monologo y flamenco, dos palos que Inma “La Bruja” domina a la perfección. El texto de la representación navegó por el humor surrealista para hablarnos de la diferencia entre la utilización del lenguaje popular, y ese discurso seudo intelectual que utilizan los modernos para diferenciarse.
La única preocupación de Inma “La Bruja” es que se la entienda, que esa retahíla de historias que lleva y trae con desparpajo y desplante traspase el círculo de luz y llegue hasta el público. La brújula del espectáculo son las risas y algunos silencios majestuosos que la actriz deja caer para cambiar el rictus y pasar en un suspiro de la alegría al drama, igualito que en la vida más allá del escenario. Y esa es otra gran virtud de este espectáculo, que entre risas y veras se desgrana la vida que antes era de patio de vecinos y ahora, cada vez con más frecuencia, abre los telediarios. Amores y desgracias que tamizadas por el buen humor terminan por reflejar lo que a casi todos nos ha pasado alguna vez.
Inma “La Bruja” deja bien a las claras que en las tablas se encuentra agustito, respira con calma, parece que se pierde pero retoma la historia, hasta nos enseña una chuletita que le ayuda a avanzar, un mecanismo dramático que normaliza su actuación, que nos abre una ventana para mirarla como a uno de nosotros, que la aleja de la interpretación, precisamente, para que el público la sienta más cerca, para que el escenario y el círculo de luz de diluyan y sólo quede el arte que esta mujer tiene en las venas.
Las canciones aparecen salpimentando el texto y es aquí dónde Inma “La Bruja” ejecuta una excelente selección musical con letras de Federico García Lorca, León Felipe y Julio Iglesias. Enjundia en los sentimientos a flor de piel, piel de gallina por la entrega, el control vocal y el derroche de facultades. La guitarra siempre ahí, templada, juguetona en los solos, brillante en el acompañamiento y paciente con el aire de la cantaora, con sus vaivenes, con el pulso del corazón que siente la hondura del cante, la energía que surge del diafragma y todo lo empapa de emoción. La Bruja es canela fina, largueza de sus brazos, un rostro expresivo, el alma derramada hasta los tacones de los pies y las palmas de la mano para marcar el ritmo de cada palo, de la rumba a la soleá, de la sevillana a la bulería.
“Dando el cante” no tiene doblez, el guitarrista y la cantaora de frente para que el público disfrute de textos inteligentes y cantes de campanillas. Arte en estado puro.




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2 Comments:

At 29 julio, 2009 11:16, Anonymous Anónimo said...

Bonito texto, bonita crítica

 
At 30 julio, 2009 17:06, Blogger Javier López Clemente said...

Hola Anónimo

Gracias por partida doble, una gracias bonitas, por supuesto.

;-)

Salu2 córneos.

 

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