La curvatura de la córnea

15 julio 2011

ExtraEscena_02

El poeta Daniel Rabanaque es el invitado al segundo programa de ExtraEScena

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13 julio 2011

`dita sea la charla

La Taberna Real está frente a Gromeló sin estar enfrentados. Rabanaque y Harguindeguy, frente a frente, en una de sus mesas, enfrentados en una conversación sin frentes. Y yo, frente al placer de escuchar al poeta y al actor, me encuentro ante el dilema de contarles una conversación de marejada en la que me dediqué a disfrutar de las experiencias de mis compañeros de mesa, por eso este texto será, antes que la fotografía de la realidad, el boceto filtrado por mi memoria.

La excusa de la reunión era hablar de “´dita sea”, un artefacto poético que Rabanaque pasea por los escenarios y que nació con la prestancia del rayo. El jugo fónico de exprimir el binomio bendita/maldita apareció en las páginas de los cuadernos que el poeta escribe caligrafía en mano, y de los que surgen ideas que se trasvasan de uno a otro hasta que dieron forma a este… ¿recital, espectáculo, propuesta escénica, speech poético, spoken word? Largo y tendido hablamos de las diferencias conceptuales entre esos términos pero Rabanaque se decantó por usar la expresión spoken word para definir un evento que gira alrededor de la palabra en compañía de músicos, con un Dj, un aliño de imágenes, o con todo a la vez, incluso la palabra desnuda pero siempre, siempre la palabra.

“´dita sea” es un camino con intención poética por el que circulan frases que, aunque no son poemas, ejercen de lianas para llegar a lo poético desde lo político, que se con-fundan, que se mezclen para cambiar el mundo y mostrar que hay otra manera de hacer las cosas. Integrar los sintagmas político/poético, colocarse entre ellos y, aunque sabemos que la poesía no nos salvará, pensemos en el sin sentido de la confrontación de ambos conceptos.

Rabanaque manipula y mezcla imágenes en ´dita sea para sentirse acompañado porque, aunque el espectáculo podría ser un programa de radio, la iconografía es un medio excelente para fijar la atención o para crear un tiempo de descanso. Harguindeguy subrayó que este tipo de relación entre la técnica y la escena debería ser uno de los caminos a explorar en el ámbito teatral, que los aspectos técnicos se ensayaran como parte de lo artístico.

Rabanaque se siente poeta aunque confesó lo mucho que le había costado decidirse a imprimir esa palabra en su tarjeta de visita, entre otras cosas por culpa de John Berger cuando decía que “nadie tiene derecho a llamarse poeta, son los demás los que te lo tienen que decir” Y yo lo digo, Rabanaque es un poeta que salta a las tablas. Un transito donde la voz conquista el territorio del actor y – yo lo he visto con estos ojillos –la pose del cantante rock and roll star. Esa es la gran virtud de ´dita sea: Trasvasar el potencial de la palabra hasta escenario y allí, utilizando recursos audiovisuales, mantener la cadencia reivindicativa de lo político y el aliento poético que se hace aire.

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21 mayo 2011

Don Nadie+Zombra+Rabanaque en el Teatro Arbolé


Ocurrió durante las últimas elecciones del siglo pasado: Un Payaso amaneció colgado en todas las farolas de la ribera del río. ¿Cuánto se ha degradado el panorama político desde entonces, para que ese mismo Payaso abandone su lugar en el paraíso, de un paso al frente y pida el voto para Don Nadie?
La receta del concierto fue la tradicional. La voz de las convicciones tras el atril de los versos propios o ajenos, destilados o recién escritos. Rabanaque, todo palabra.
Tres guitarras a la vera de Álvaro para construir desiertos, caminos y recipientes sonoros que recogieron el latido del poeta y el lamento ancestral depositado en las cuerdas vocales de Gustavo, su baile ritual de los dedos en la boca, los dedos en la barba y, en solo dos ocasiones, los dedos en los potenciómetros del amplificador que conecta el mundo con sus entrañas. Don Nadie, todo música.
Carlos y Fernando el espíritu impera en la manipulación píxel de iconografías reales o imaginadas, históricas o cotidianas. Zombra, todo imagen.
Algunos lo llaman spoken word, otros rock recitado, a mi me parece la formulación química de tres elementos que mantienen su personalidad para mejorarla con el contacto de los elementos contiguos. He hablado muchas veces en esta bitácora de la propuesta de este combo de palabras, música e imágenes. Lo hice desde la sorpresa, el análisis y la admiración. Por eso hoy voy a intentar hacerlo desde los poros abiertos de mi piel, redes dispuestas a cazar la inspiración y el influjo de la mezcla que anoche propusieron Don Nadie+Zombra+Rabanaque+un par de botellas de vino en el Teatro Arbolé de Zaragoza.

Párate a pensar. Cada vez que me visto despiden en Marruecos a un delegado sindical.
El TicTac del tiempo trae políticos con la nariz roja, la que muestra su verdadera faz.
Dunas negras de una historia de amantes que van a morir en el sudario blanco de un beso y los aplausos de no volverse a ver.
¿La poesía te ha salvado la vida alguna vez? Llanuras de un Motel para hormigas sobre una camiseta verde con un caballo marrón que transportan las piedras del loco.
Televisores en acústico para no ser quien soy.
Vivir.
Pensamiento único bajo la máscara del progreso y perdurar tras la zanahoria del bienestar.
¿Te atreverías a medir tu estatura moral? Esa distancia que va desde el pespunte de un hijodeputa hasta las casas sin techos por donde se ha escapado Dios. ¿Escuchas el grito de tantos desheredados por ti y por mí?
Aunque todo siga igual permanecerán las emociones que estos días crecen en las losetas de tantas plazas. Palabras que esperan manos y otras manos. Tus manos.
No percibo, entre maniquíes decapitados y envasados al vacío, la transformación que me convierte en lo que mas detesto.
Bucear en el vientre de la madre mía y sentir el jadeo de un vals.
La electricidad multicolor cuenta hasta tres y enumera todas las cosas que van a cambiar en tu vida. Respira. Y una y dos y tres palabras a tus pies. Cógelas y abre las puertas de par en par.
Llegó el rocanrol, o eso parecía cuando el lado oscuro del corazón y los culos de las vacas voladoras de las mujeres aéreas salieron al escenario.
El aire del sur levantó un blues de pitos y palmas… ¿Y si no tuviéramos miedo a nuestro poder?

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18 febrero 2010

´dita sea


Dejé los versos ripiados de la comedia de Don Mendo en los asientos del veintidós. Estaba contento con el ensayo pero llegaba tarde a la Vía Lactea, a la sesión de poesía a cargo de La Despeinada y organizada por Amigos del Teatro, con un extracto de “Despellejada”, recital poético bilingüe (francés- español), de Céline Rainoird; y las intervenciones de Carmen Camacho y David Eloy Rodríguez, poetas de paso por la ciudad.
Me recibió la voz de Rabanaque, voz firme de marcado cariz político. La barra vacía, excepto el bigote mejicano de Paco Peco y dos jarras de cerveza. Un telón negro separaba lo bebible de lo poético.
La sala llena de ojos, oídos y el aire viciado por el poeta con palabras para describir la tortura como representación teatral que la autoridad certifica con titulares en la prensa. Mantener las apariencias tras la barbarie. Piruetas de fontaneros en las cloacas del Estado, esa de red de cañerías maniqueas que exhala fragancias primaverales si los mandamases son de nuestra cuerda, o fétidos aromas putrefactos por la acción represora de quienes nos disputan el poder. Pequeñas grietas para sustentar democracias, rendijas por las que se escapa el factor humano que debería regir la acción de los poderosos.
La primera vez que escuché a Rabanaque tiraba bolitas inalámbricas de papel para contactar con el público y dedicarles versos. Ayer, el poeta punteaba la pantalla de un ordenador. El impulso liberaba imágenes de Rubén Cárdenas que, prendidas de una tela blanca, esperaban la voz cableada del poeta. Palabras transeúntes del cobre de los hilos que penetraban en la tarima de madera, pasaban al subsuelo y se multiplicaban como raíces. El público silencioso, con las plantas de los pies sobre la tierra y el alma en el vilo de un sueño labrado por el poeta. Tierra y agua. Talones, pelvis y sal. Sal del mundo, escribe un verso, arruga un papel, nadar entre botas, peces y el ambientador de un coche que recorre la autopista a más de mil. A mis espaldas un tipo tira de la cadena, el sonido del agua se incorpora al recital. Rabanaque nos invita a recibir sus versos en el corazón. Los Zombra cierran los ojos. No me atrevo a participar en el juego. Apuro mi jarra y decido mirar por el visor de la cámara de fotos. El poeta sigue ahí. El atril se me antoja una barrera. El zoom me trae la mirada de Rabanaque y ahí, al ladito de mis dudas, siento su imponente presencia vegetal. La rama verde que cimbrea junto al río los poemas para ya. Urgencias para tiempos de olvido.

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