Tuco Requena: Nuevas canciones

Tuco Requena tiene nuevo disco en la calle, bueno, en la calle no, ni tampoco en tu tienda de discos favorita, vaya antigualla, dirán algunos: Tienda de discos favorita. Tuco Requena tira pa´lante con genio, mostrando al artista por los cuatro costados, un tipo cuyo máximo interés es dar a conocer sus creaciones, que si, que ya sabemos que los músicos no se merecen ni el agua que beben, eso piensan algunos desaprensivos. Pues ahí esta Tuco para dar manija al invento y viene dispuesto a regalar sus canciones, o si quieres puedes poner precio a tanto arte y poderío, tu eliges. Es muy fácil, sólo tienes que ir hasta www.tucorequena.es y allí te lo explican.
Un evento de tanta envergadura, y no hablamos de sexo, necesitaba una puesta de largo de alto copete, así que nada mejor que la celebración del veinte aniversario de La Campana de los Perdidos para que Tuco Requena nos ofreciera un concierto con nuevos temas trufados de los grandes éxitos de su anterior trabajo discográfico.
Tuco Requena y su banda, que imagino aún puedo llamar “de soniquete van” nos regaló el ritmo. La máquina de las buenas vibraciones se sustentó en el gusto genético de la música latina que va de la rumba hasta dónde usted quiera, caballero. Ritmos grabados en la memoria de cuando aún había bailes populares atestados de parejas dispuestas a bailar. La música de este oscense tiene apariencia de sencilla porque la música de baile nunca ha tenido el prestigio de otras tonadas, sin embargo, detrás de las metáforas frescas y la brillantez de las letras, se atisba el gusto musical de Tuco, su preocupación por llenar de melodía unas canciones con historias casi siempre se teñidas de ironía. Lo demostró la cadencia elegante del piano (y la fregona) de Hugo Romero “Pollito” que surcó pentagramas en su cabeza con el feeling de quien lo esta pasando en grande. Las pulsaciones del bajo de Javier Crianzon “Suavito” y me atrevo a pedirle a Tuco más minutos funkies para este músico de Benidorm con acento del barrio de La Jota. La elegancia de las más bellas, el coro más guapo, las voces más contundentes, las guardaespaldas de la voz solista, la Reina y la China, ver y escuchar a estas dos cantantes es un deleite. Y dejo para el final a Javier Moreno “El gordo” amarrado al ventilador de seis cuerdas, fino en los solos, energético con el rasgueo, tanto poderío se le escapa por los ojos, me encantó el ansía en su mirada por encontrar el camino, por comunicar, por dejar el ritmo de sus dedos plantatito en un corazón rumbero, y yo lo miraba y me lo quería comer.
Y cuando parecía que todo había terminado comenzó una free jam rumba. El público elegía una palabra (carburador, pusilánime) o una frase (Cristina es divina) y el combo improvisaba un tema, pero, si al grupo no le gustaba lo dicho por el público ocurría lo nunca visto: Los músicos ponían en canción la escasa preparación cultural de la audiencia, es lo que tiene tocar gratis y hacerlo bien.
Tuco Requena se mantiene fiel al espíritu de su música, ritmos bailables a bordo de la ironía, el amor y una visión de la vida que, aunque cargada de problemas, siempre guarda un momento para dar palmas al compás. Tuco Requena nos regaló energía y buenas vibraciones con las que sazonar el invierno que se aproxima.
Un evento de tanta envergadura, y no hablamos de sexo, necesitaba una puesta de largo de alto copete, así que nada mejor que la celebración del veinte aniversario de La Campana de los Perdidos para que Tuco Requena nos ofreciera un concierto con nuevos temas trufados de los grandes éxitos de su anterior trabajo discográfico.
Tuco Requena y su banda, que imagino aún puedo llamar “de soniquete van” nos regaló el ritmo. La máquina de las buenas vibraciones se sustentó en el gusto genético de la música latina que va de la rumba hasta dónde usted quiera, caballero. Ritmos grabados en la memoria de cuando aún había bailes populares atestados de parejas dispuestas a bailar. La música de este oscense tiene apariencia de sencilla porque la música de baile nunca ha tenido el prestigio de otras tonadas, sin embargo, detrás de las metáforas frescas y la brillantez de las letras, se atisba el gusto musical de Tuco, su preocupación por llenar de melodía unas canciones con historias casi siempre se teñidas de ironía. Lo demostró la cadencia elegante del piano (y la fregona) de Hugo Romero “Pollito” que surcó pentagramas en su cabeza con el feeling de quien lo esta pasando en grande. Las pulsaciones del bajo de Javier Crianzon “Suavito” y me atrevo a pedirle a Tuco más minutos funkies para este músico de Benidorm con acento del barrio de La Jota. La elegancia de las más bellas, el coro más guapo, las voces más contundentes, las guardaespaldas de la voz solista, la Reina y la China, ver y escuchar a estas dos cantantes es un deleite. Y dejo para el final a Javier Moreno “El gordo” amarrado al ventilador de seis cuerdas, fino en los solos, energético con el rasgueo, tanto poderío se le escapa por los ojos, me encantó el ansía en su mirada por encontrar el camino, por comunicar, por dejar el ritmo de sus dedos plantatito en un corazón rumbero, y yo lo miraba y me lo quería comer.
Y cuando parecía que todo había terminado comenzó una free jam rumba. El público elegía una palabra (carburador, pusilánime) o una frase (Cristina es divina) y el combo improvisaba un tema, pero, si al grupo no le gustaba lo dicho por el público ocurría lo nunca visto: Los músicos ponían en canción la escasa preparación cultural de la audiencia, es lo que tiene tocar gratis y hacerlo bien.
Tuco Requena se mantiene fiel al espíritu de su música, ritmos bailables a bordo de la ironía, el amor y una visión de la vida que, aunque cargada de problemas, siempre guarda un momento para dar palmas al compás. Tuco Requena nos regaló energía y buenas vibraciones con las que sazonar el invierno que se aproxima.
Etiquetas: conciertos, tuco Requena

