La curvatura de la córnea

30 abril 2022

Letterism: Patrimonio tipográfico

 


El pasado 28 de abril se celebró en el CaixaForum de Zaragoza un encuentro con el diseñador Ausias Pérez y el rapero y mucho más Dano que, unidos por las letras y la fotos, celebran diez año de Letterism, un proyecto que nació para conservar el patrimonio tipográfico mediante documentación fotográfica.

La iniciación de Ausias en el mundo de la tipografía comenzó desde el grafiti y su preocupación formal para pasar a la pintura como paso previo al mundo digital. De formación autodidacta y frankenstein desde sus inicios tuvo una relación muy estrecha con la música urbana y el hip-hop en una historia de intercambios mutuo hasta llegar a la profesionalización de su actividad.

Dano es un músico que estudió diseño gráfico y, mientras grababa un video en un garito a las cuatro de la madrugada, conoció a Ausias pintando un cartel a mano en una perfecta caligrafía gótica y así, unidos por las letras y las fotos.

Ausias afirma que su trabajo de diseño se debate entre la relación con artistas como la parte más visible y un trabajo con marcas comerciales que siempre están dominadas por la funcionalidad en un mundo en el que se percibe una clara tendencia de aumento de la cultura visual contemporánea. Buen ejemplo es el último disco de Dano que contiene todo un desarrollo estético en torno al diseño gráfico y una tipografía especialmente diseñada para la ocasión.

Las biografías de Ausias y Dano son esenciales para comprender la pasión que ambos ponen en un proyecto que les permite ver el mundo de una manera muy especial, porque han terminado por educar sus mirada para convertir la cotidianidad de la ciudad en un viaje al diseño, gracias a un bagaje cultural que les permite tanto encriptar mensajes en sus trabajos que requieren descifrar determinados códigos creativos para su completa comprensión, pero esa mirada también les ayuda a encontrar motivos de comprensión en una tipografía que habitualmente pasa desapercibida porque, entre otras cuestiones como la baja intensidad cultural y una escasa valoración del patrimonio, son trabajo tipográficos de autores anónimos que Letterism saca del congelador del olvido para darle una pátina de valoración sentimental, emocional y académica con la pátina suficiente para guardar memoria de esos rotulistas sin formación académica de diseño, se desatienden de normas y modas para conseguir unos resultados estéticos muy interesantes. Letterism es un proyecto que pone el valor a los rotulistas que añadieron valor creativo a comercios bares, mercerías o talleres para embellecer el barrio.

Letterism se ha conformado gracias a los viajes de sus precursores, pero también gracias a un gran número de colaboradores desinteresados que fotografían la tipografía de su ciudad para generar una comunidad en la que convive mucha gente con la misma inquietud, y que se materializó en 2013 con una cuenta de Instagram. Todo este material es filtrado por el criterio de Ausias y Dano que estudian todas las aportaciones atendiendo al material de construcción que puede ir de la forja al metacrilato, letras pintadas a pincel o carteles retro iluminados de neón. En este punto hicieron un homenaje a Vicente Almazán, un zaragozano que fotografío la ciudad desde un punto de vista muy particular y que tenía su propia sección sobre tipografía porque, al parecer, Zaragoza es un oasis tipográfico con un patrimonio que abarca un periodo artesanal muy interesante que va desde los años 20 a los 89 del siglo pasado. Algo que constató Doble H que, calidad de colaborador habitual de Letterism, contó como su experiencia a bordo de una bicicleta para ir a la caza tipográfica, una actividad que  ha cambiado su forma de conocer la ciudad para constatar que lo underground no está reñido con lo exquisito.





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27 abril 2022

El jardín de Valentín


Un modelo atómico de representación

El pesimismo existencial se puede resumir en una frase de Sartre: El infierno son los demás. Esta consideración del Otro ilustra perfectamente el hecho teatral que vive del conflicto, una tensión que se puede producir entre los personajes del escenario, pero también con el público de la platea. 'El jardín de Valentín' apela a ese pesimismo existencial de un universo circular que se debate entre la libertad y la identidad del individuo.

La disposición física del espacio escénico diseñado por Labrador invita a una ficción cuyo meollo transcurre en un átomo, esa partícula indivisible por métodos químicos, formada por un núcleo en el que conviven un protón y un neutrón, y una órbita periférica en la que se ha instalado un electrón que toca el piano. Nos encontramos ante la partícula esencial del teatro donde dos personajes, aderezado por otras narrativas, viven la intensa presencia del Otro, que a veces es el contrincante en el juego del tira soga pero también el que nos acompaña en el desfile, o escapa del mismo miedo subido a un taburete. Felipe García Romero consigue un átomo onírico bañado por una delicada iluminación y la sugerente proyección de imágenes que subrayan la transformación de una realidad paradójica.

Las relaciones entre las fuerzas atómicas, que al inicio parecen compactas y coincidentes, sufren con el paso del tiempo un juego de modificaciones. El detonador de los cambios es la brillante combinación de textos con la autoría de Samuel Beckett, Karl Valentín y Rafael Campos. El lenguaje se centra en la definición de las partículas que ocupan el núcleo y así, la interacción entre el protón y el neutrón entra en un zigzag de frases, pensamientos al tresbolillo y palabras de voltereta que aparentemente no llevan a ninguna parte, y sin embargo dibujan perfectamente el perfil de cada uno de los personajes, su evolución, anhelos y dudas. La confrontación se cuece a vista del electrón que órbita sobre un pentagrama desde el que observa, suministra elementos de atrezo y amplifica la acción marcada por la rueda de la rutina, que muy pronto se verá amenazada por la presencia de la incertidumbre ¿Quién soy yo?

La pregunta es al mismo tiempo trampa y tentación, porque la respuesta está más allá del núcleo seguro del átomo y así, sin romper la cuarta pared pero mirándola de reojo, los elementos atómicos expanden sobre la platea sus propias dudas y certezas sobre la libertad individual que unas veces es crueldad, incomunicación y angustia, pero también puede ser el gozoso cabaret de trazar un 8, asistir al teatro o disfrutar de un combinado tropical a la sombra de la Torre Eiffel. Es el momento clave: Público, protón y neutrón se miran frente a frente para zambullirse en el mismo mar de dudas. ¿Qué hacer cuando la vida más allá del escenario se parece tanto al eterno volver a empezar de cada representación teatral? ¿Qué ocurrirá si pongo en duda la certeza esencial de que todas las historias se cuentan desde el tradicional esquema de planteamiento, nudo y desenlace? ¿La estructura circular de la repetición será la rueda de la fortuna que me llevé de una jornada a otra similar siguiendo el camino seguro de la calma? ¿El precio de tanta tranquilidad será perder la libertad personal de vivir gracias a mis propias decisiones? ¿Qué alternativa tomar? ¿Qué posible elección entre las múltiples opciones?

La dramaturgia de Cristina Yañez tiene el mérito de mostrar con aparente sencillez un complejo mundo estructural y narrativo que siempre juega a favor de unos personajes perfectamente construidos por Javier Anós y Daniel Martos. El trabajo actoral, con una excelente dicción, es la clave para resaltar la importancia del lenguaje de unos personajes construidos sobre diálogos malabares que, manteniendo siempre un tenso equilibrio, moldean las frases y las trasladan a una composición corporal y psicológica que evoluciona con una veracidad que culmina todo el excelente trabajo artístico destilado en 'El Jardín de Valentín', una experiencia seductora que apela a la racionalidad del espectador para recorrer nutritivos terrenos dramáticos abonados por la sonrisa, la reflexión y el compromiso del teatro con la sociedad.

 

Compañía: Tranvía Teatro

Intérpretes: Javier Anós, Daniel Martos y Natalia Gómara

Diseño espacio escénico y atrezo: F. Labrador

Iluminación/video creación: Felipe García Romero

Espacio sonoro-arreglos musicales: Rubén Larrea

Vestuario-escenografía: Jesús Sesma

Letra Canción: Pedro Álvarez-Ossorio

Producción ejecutiva: Fernando Vallejo

Dramaturgia y dirección: Cristina Yáñez

24 de abril de 2022. Teatro de la Estación



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23 abril 2022

Por fin solo

 



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21 abril 2022

El teatro se lee, se escucha y se ve


 

La XIX edición de la Semana de las Letras de Torrero tiene como lema: "El teatro: IV centenario del nacimiento de Molière". La inauguración se celebró el 20 de abril en el Centro Cívico Torrero con una mesa redonda titulada "El teatro se lee, se escucha y se ve", y en la que participaron Esteban Villarrocha (Editorial Arbolé), Aurora Martínez (Bosnerau Producciones) y Fernando Vallejo Labrador (Teatro de la Estación), con Ana Segura (Aragón Radio) en calidad de moderadora.

Segura inició el acto con una reflexión que conectaba el teatro de la Grecia clásica con los musicales de nuevo cuño para detenerse en la idea de teatro como reflejo de la sociedad en la que se desarrolla y cambia junto a la evolución histórica. A partir de esa máxima, Segura reflexiona sobre la convivencia de textos clásicos como los Molière, plenamente vigentes 400 años después de ser escritos, que se siguen representando en salas tradicionales donde la idea de la escena se asienta en la relación entre cuerpo, voz y espacio; y al mismo tiempo vivimos la irrupción de Internet como un elemento de cambio que nos permite acceder a multitud de contenidos, además de llevar el radio teatro más clásico a otro nivel sonoro de mayor calidad y complejidad.

Esteban Villarrocha, con una trayectoria de 44 años en el mundo de los títeres afirmó que "Los títeres me han elegido y han sido mi vida", para a continuación preguntarse si la digitalización, que ya ha afectado a la edición en papel de las obras de teatro, afectará finalmente a la concepción tradicional que tenemos del teatro como un espectáculo en vivo, una preguntaba pertinente después de verificar como la pandemia provocó un volcado masivo de contenidos en Internet para perder la esencia en la nube. Villarrocha apostó un teatro orgánico, y tras afirmar que teatro se puede hacer hasta en la barra de un bar, se preguntó si Shakespeare tiene sentido fuera del fórum que significa el espacio tradicional de representación. En ese sentido fue muy enérgico cuando defendió el derecho que todos tenemos de disfrutar de espectáculos en directo tan impresionantes como los programados en el Teatro Real de Madrid, un espacio público que debería tener un acceso más fácil para que los espectadores descubran el soberbio espectáculo de la representación teatral cuando todas las posibilidades técnicas y económicas se ponen al servicio de la función. Villarrocha también puso en valor el archivo sonoro de la Cadena SER con sus clásicos de radio teatros realizados por una elenco excepcional de actores, pero sobre todo defendió al libro, ese objeto de deseo que se puede oler y tocar, como un maravilloso preámbulo para llegar al espacio escénico y, atendiendo a una pregunta de la moderadora, resaltó la excepcionalidad de la Serie Roja de la Colección Titirilibros de la Editorial Arbolé como un catálogo donde se agrup la obra dramática de autores aragoneses contemporáneos como Rafael Campos, Mariano Cariñena, Joaquín Melguizo o Mariano Anos, a los que yo me atrevo a añadir otros más jóvenes como Susana Martínez o Nashaat Abdel-Hafez Conde.

Ana Segura recondujo la charla hacia el ámbito creativo de Internet que, además de permitirnos recuperar material clásico de formatos audiovisuales, nos permite diseñar una radio a la carta y la posibilidad de sumergirte en la ficción sonora en la que Aurora Martínez de Bosnerau Producciones, sintiéndose heredera del antiguo radio teatro y las radio novelas, aplica las nuevas tecnologías, con la intención final de dar el salto a unas plataformas sonoras que permiten una total inmersión del oyente en la experiencia sonora, y pueden funcionar como Netflix en el mundo de las películas y series de TV. Martínez subrayó la importancia de los profesores de lengua como aquellos que nos llevan de la mano hacia la lectura en voz alta, un hecho que puede ser el primer paso para interesarse por el mundo del audio, un lugar que está teniendo mucho auge, y por lo tanto precisa necesita de una criba de calidad, donde la mejor tecnología se ponga a expensas de las buenas historias. La escuchas de ficciones sonaras, afirmó Martinez, puede ser un puente perfecto para llegar al teatro clásico, sobre todo las producciones, como las que ellos facturan, cuentan con actores de la talla de Félix Martín y Alfonso Desentre que involucran su talento y profesionalidad para materializar un guión que está pensado para ser escuchado, y que combina momentos de una sola pista de sonido con otros en lo que se pueden manejar hasta sesenta pistas, todo con el objetivo final de que el oyente esté inmerso en la narración.

La moderadora se preguntó por la calidad de los textos dramáticos mientras Fernando Vallejo ponía el acento en aprender a consumir teatro, en una necesaria educación para acceder a producciones que, más allá de su complicación, se suelen ver desde fuera con miedo. El problema, subrayó Villarrocha, es que no hay hábitos culturales. Tal vez por eso, retomó Vallejo, cuesta tanto ir al teatro, volver a él y, como se ha filtrado a la sociedad la idea de un espacio elitista, así se impide que la población acceda a una cultura compleja que vaya más allá del espectáculo pensado para el esparcimiento. El teatro, continúo Vallejo, es una ceremonia de reafirmación social, si hay sociedad habrá teatro. En ese sentido, el proyecto que se impulsa desde El Teatro de la Estación es una filosofía de vida que se relaciona con la ciudad y con el barrio donde está instalado. Se trata de plantear cuestiones desde una posición política con la intención de evolucionar y aumentar la relación social. Un modelo en el que tiene mucha importancia los contenidos, se programan obras para generar debate porque, más allá del formato en el que se realice, el interés radica en la capacidad para generar preguntas. Entonces Villarrocha defendió la palabra frente a otras formas más gestuales de representación que trajeron las vanguardias porque, para que el teatro sea teatro, tiene que ser político y lanzar preguntas desde la corporeidad de la palabra en escena, un acto que otras formas de reproducción no pueden conseguir. En ese sentido, Vallejo trazó una pequeña trayectoria histórica del teatro en España y recordó el medievo con un teatro en los ámbitos sacro y popular para terminar burgués, con una larga espera hasta el primer tercio del siglo XX con la llegada de compañías como La Barraca, que perseguían popularizar el teatro para todos los públicos hasta que la Guerra Civil rompió ese impulso, y la dictadura franquista dividió las artes escénicas entre un teatro de mercado orientado a la taquilla, y la promoción de los clásicos relacionándolos con una defensa de la patria mitificada, de manera que esos textos quedaron fuertemente marcados. Retomar esos clásicos con puestas en escena diferentes y una visión moderna que los acerque al público es una de las tareas que ya se están haciendo.

Los tres participantes y la moderadora coincidieron en la necesidad de potenciar desde la educación el amor por las artes escénicas para que la lectura dramática, la asistencia al teatro y la ficción sonora se reciban como un material cultural complejo y enriquecedor. En ese sentido voy a termina esta crónica con una cita de Esteban Villarrocha publicada en la contraportada de volumen 22 de los Titirilibros Serie Roja: "Sabemos que el Teatro, una vez escrito, solo necesita un lugar y un público y con esto tenemos la habilidad de hacer sonreír, de hacer llorar, pero también de hacer pensar y reflexionar. Como dice Augusto Boal: El Teatro no puede ser solamente un evento, ¡es una forma de vida!"


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20 abril 2022

Sin vivir

Sin vivir

 

La muerte agita la imaginación:
Me quito la escafandra y respiro                                                                                                                        un mar de tranquilidad                                                                                                                                      donde no hay miedos.

La arena bajo mis pies desnudos                                                                                                                        es una invitación a olvidar                                                                                                                                la autobiografía barata                                                                                                                                  que me abocó a la soledad.

Ya no recuerdo lo que pasó                                                                                                                            ni por qué me protegía del exterior.
Sobrevivir en un universo tóxico                                                                                                          agotaba todas mis energías.

La sala está en silencio:
Un hombre embalsamado                                                                                                                      analiza todos los errores                                                                                                                              que lo llevaron a vivir sin vivir.

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19 abril 2022

Homenaje a los Álvarez Quintero

 Un viaje a los rudimentos de la comedia


El domingo 10 de abril Mundo Ficción Producciones presentó en el Teatro del Mercado un homenaje a los hermanos Álvarez Quintero con cuatro piezas del género chico y un monólogo en verso. El género chico nació en la segunda mitad del siglo XIX con breves obras de carácter cómico que, dentro de la corriente de literatura realista, dejaba atrás el teatro romántico de sentimientos y pasiones para escribir piezas caracterizadas por un argumento sencillo, escasa duración y poca transcendencia. En este caso se representó el monólogo en verso Filosofía alcohólica y cuatro sainetes andaluces: El cerrojazo, Sangre gorda, Ganas de reñir y Fea y con gracia. Un buen resumen de jocosas escenas costumbristas en las que se ridiculizan vicios y costumbres sociales dentro del marco general de la comedia.

Este homenaje a los hermanos Álvarez Quintero nació para conmemorar el 150 aniversario del nacimiento de Serafín y, como recordó Arturo Pérez Reverte en 2018, quizás ha llegado la hora de mirar a estas obras de teatro sin el barniz que el franquismo le puso a los tópicos andaluces para vestir España de patio de flores, un "adueñarse de los Quintero" del que a estas alturas de la historia es necesario huir, y para conseguirlo nada mejor que hacerlo como recuerdan los actores, "sin cambiar ni una coma de los textos originales" que transmiten "la alegría de vivir y ese sentir tan sevillano que nos refleja como sociedad y que ellos plasmaron como nadie" Ese legado es el que defiende la compañía desde el escenario.

Las obras de los hermanos Álvarez Quintero, en palabras de Mariano Paco, son el paradigma de la distancia que a veces hay entre la crítica dramática que tan solo veía comedias con una gran sencillez, y el éxito entre el público popular de la época atraído por una visión optimista de la vida. Para acercarme a estas piezas un siglo después de su estreno he decidido olvidar la novedad que supuso en su época y su posterior utilización por parte de la dictadura para centrarme en el mecanismo dramático con el que están construidas.

La función cumple con la idea básica de una comedia con personajes modestos, desenlace feliz y la intención de provocar la risa del espectador, todo desde un tono lleno de ternura y con unos personajes arquetípicos muy bien construidos por Carmen Canivell, Antonia Gómez, Alberto López y Alfonso Sánchez que manejan perfectamente el tránsito de una peripecia que va del equilibrio costumbrista al desequilibrio del conflicto, para terminar en un nuevo equilibrio igual de costumbrista que el inicial.

Es muy interesante la propuesta de mostrar a los actores preparándose para la actuación en el plano de la realidad, y como cruzan la línea al mundo de la ficción donde, la sencillez de la escenografía permite que todo el protagonismo recaiga en un trabajo actoral que marca perfectamente los ritmos que requiere un texto que, jaleado muchas veces desde la platea, integra a la perfección la ruptura constante de la cuarta pared para introducir al público en el meollo de la acción. La transición entre escenas es muy lenta para conseguir cambios escenográficos leves y, aunque la música y algunos guiños de los actores, rebajan el tiempo de espera, una mayor continuidad llevaría la comedia a otro nivel porque, precisamente el ritmo es uno de los aciertos en la construcción de la escenas en las que cada personaje tiene el tiempo y el espacio que su perfil pide para que la risa brote, desde el pánfilo patiparado hasta la guindilla que acelera ademanes, frases y el vaivén del abanico.

El monólogo en verso tienen un tratamiento diferente y, mientras el actor estaba atado al presente determinado por la silla, la mesa y el vaso, a mí me dio por pensar en la posibilidad de romper por una vez la tradición que tanto respeta la función, y cambiar la situación de ese filósofo alcohólico, transformar la acción atada a la silla, la mesa y el vaso para convertirla en un monólogo estándar de stand up comedy con el filósofo de pie, sobrio y delante de un micro recordando el sucedido en el pasado. Y esa sea, vaya usted a saber una tarea por hacer: Situar los textos de los hermanos Álvarez Quintero al primer tercio del siglo XXI.

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Producción: Mundo Ficción Producciones y SEDA. Autores: Serafín y Joaquín Álvarez Quintero. Dirección: Alfonso Sánchez. Reparto: Alfonso Sánchez, Alberto López, Carmen Caniveil, Antonia Gómez Grande. Escenografía: Pepe Távora. Vestuario: Pilar Rubio Diseñadora-

Teatro de las Esquinas. 10 de abril de 2022.


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17 abril 2022

Incondicionales



 

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13 abril 2022

José Luís Esteban: Un actor cuántico


 

José Luís Esteban afirmó que la línea recta ya no es el camino más corto entre dos puntos. La física cuántica ha demostrado que, entre dos fotones situados a la distancia más grande que podamos imaginar, surge una estrecha relación de manera que lo que afecta a uno, repercute inmediatamente en el otro. Ese es el mecanismo que Esteban ha utilizado para conectar su profesión de actor con la poesía y la escritura dramática.

El ciclo Conversaciones en La Aljafería situó a José Luís Estaban en la parte central del estrado, a ambos lados su compañero de oficio Luis Rabanaque y el escritor Adolfo Ayuso que, como los fotones que estudia la física cuántica, dinamizaron una charla que comenzó en confesionario: Rabanaque reveló que los tres pertenecían al gremio de los tímidos, Ayuso invocó a Gil de Biedma para reclamar la conversación como un espacio saludable, y los tres contertulios hicieron eso tan teatral de pasarlo bien.

Esteban, que se formó como actor en la Escuela Municipal de Teatro de Zaragoza, recordó a buenos profesores como Mariano Anos o Cariñena, y puso en valor la importancia de una enseñanza que afiance la vocación fabrique actores con capacidad para cuestionar todo lo aprendido y asentar sus conocimientos en contacto con el público, ese momento esencial de enfrentarse a la platea que solo se aprende ahí, en el ritual de la representación. Se definió como un actor de pico y pala, dentro de un oficio incierto, duro y áspero pero tremendamente enriquecedor cuando, después de devastar amplias áreas de terreno baldío, uno es capaz de encontrar esa pequeña perla de plenitud que conecta con los espectadores y los lleva a un lugar maravilloso. Un trabajo en el que la curiosidad ha sido una herramienta imprescindible para mantenerse firme en la ardua tarea de conectar con la visión de un mundo contradictorio que un actor necesita comprender para desarrollar su profesión.

Ayuso le recordó unas declaraciones en las que afirmaba que él no renunciaba a nada, que todo lo cogía. Esteban se reafirmó tajante en esa estrategia: Los actores no eligen el rumbo de su carrera. Y, cuando Ayuso ironizó para calificarlo de mercenario, Esteban sonrió para confesar que más que mercenario se un freelance a caballo de un oficio que te lleva por el camino del azar, y que él, lejos de sentarse a esperar que suene el teléfono, siempre está en movimiento, pero sin olvidar que el actor ni pincha ni corta cuando entra en contacto con una industria en la que mandan los directores de casting a la búsqueda de un perfil determinado por eso, continúa Estaban, es tan importante trascender a un determinado perfil físico, al fin y al cabo nadie sabe al cara que tenía Segismundo o Latino de Híspalis. Hay que tener cuidado con la idea de construir un perfil que hoy está de moda y mañana se estrella, sobre todo en un oficio que además de talento precisa de una buena dosis de suerte y de estar en el momento y lugar adecuados. Una profesión con un 84% de paro que deja a muchas promesas varadas en la orilla y puso en valor que para sobrevivir en el mundo de la interpretación no hay que tener miedo a conceptos netamente económicos como la diversificación o la productividad de las propuestas de trabajo.

Esteban donde se encuentra a gusto es sobre el escenario y, aunque la cámara le gusta mucho, confiesa que ha llegado tarde a ese territorio, él viene de hacer teatro sobre carros en las plazas de los pueblos donde el entusiasmo de la gente se mezclaba con la algarabía de bares abiertos y músicas para bailar. Allí se aprenden muchos trucos pero también se prescinde del matiz que hay que mostrar delante de una cámara, algo que aprendió a través de la equivocación, por eso reclamó que en las escuelas, enfocadas hacia el trabajo de actor de teatro, tenían que abrir el foco para considerarse escuelas de interpretación que enseñen a trabajar en la filosofía de que el medio también es el mensaje, y en la interpretación el medio es el actor con independencia de si se actúa para teatro, cine o televisión. Esteban reclamó una reformulación del hecho teatral para dar un salto en su configuración y captar a un público muy influenciado por el consumo de productos audiovisuales con experiencias muy cercanas, tan difíciles de conseguir en espacios teatrales donde el espectador se sitúa lejos de la voz del actor que, con la técnica de la proyección, pierde esos matices que las nuevas tecnologías pueden llevar hasta la última fila del peor auditorio.

Ayuso recordó que al principio de su carrera como actor no sentía curiosidad por una poesía que sin embargo recitaba con fuerza y  energía. La poesía del escote al corazón, recordó Estaban, que se suministraba en La Casa Lac del Tubo o en los bajos de La Campana de los Perdidos donde Luís Felipe Alegre y El Silbo Vulnerado conseguían que la voz y el material escénico de la poesía se asemejara al teatro para unir emoción y entretenimiento.

Esteban se encontró con la poesía cuando abandonó momentáneamente el teatro y se hizo cargo de una papelería. La poesía siempre había sido ese pestiño que se impone en el colegio hasta que se dio de bruces con "Aullido" de Allen Ginsberg, aquellos versos lo patearon con palabras que quiso inocular en los espectadores, y así comenzó un aullido que con el paso del tiempo se mantiene frente a tanto maullido y masaje. En ese caminar poético el músico José Javier Gracia introdujo las melodías de su guitarra hasta fraguar una idea: La música está destinada a unirse con la palabra para multiplicarse, asaltar conciencias y conectar con el entretenimiento, porque más allá del formato que use el actor, el enemigo más terrible de cualquier espectáculo es el aburrimiento.

Rabanaque trajo a la conversación el poemario publicado en Pregunta "Big Band" pero Esteban, al que no le gusta la palabra "poemario", afirmó que una cosa es publicar poesía y otra muy diferente ser poeta, él lo sabe bien porque ha tardado veinte años en decir que es actor, y quizás por eso aún no se atreve a decir que es poeta, se sentiría un impostor con esa etiqueta que le situaría junto a una larga tradición, una herencia literaria que ha utilizado como material de trabajo para situarlo en escenario hasta encontrar, después de un proceso muy largo, su voz de actor.

 Esteban confesó que su trabajo como dramaturgo no fue una elección personal, fue el oficio de actor el que lo arrastró hasta plantearse adaptar "El Buscón" de Quevedo en forma de monólogo y, lo que algunos especialistas consideraron imposible, su amigo Ramón Barea lo vio tan claro como para dirigirlo. Entonces entendió que el terreno de los clásicos era un lugar fructífero si conseguía sentar a Moratín, Calderón o Cervantes en el presente y dejarlos que dialoguen con el público como una ayuda para comprender la actualidad.

Ayuso le recordó que en realidad era una actor que escribía y Esteban remató que más allá de leer, escribir o pensar, el actor siempre tiene que mirar allí donde está el espectador, y cuando Rabanaque apostilló la herramienta del humor con nombres como Azcona o Muchachada Nui, Esteban advirtió que la forma de divertir de Azcona no ha dejado herederos, y que por eso su obra "Don Quijote somos todos" parte de una visión postcervantina para que lo costumbrista llegue a lo social, dos ideas que conectó después de leer "La España vacía" de Sergio del Molino

José Luis Esteban es un actor cuántico que lo mismo te advierte de la conexión entre el surrealismo del humor aragonés con el realismo mágico sudamericano, agita los mimbres de la interpretación para llegar a la poesía, y conecta la realidad de su entorno ciudadano con los clásicos. Una actitud que se resume en unos versos de su autoría:

Por estrecho que sea 
el espacio-tiempo
en que te encuentras,
por espesa que sea la masa
que te empuja y que te aplasta,
por rotunda que se muestre
la gravedad de tus sucesos,
siempre hay una puerta más
que queda por abrir.
Siempre hay un resquicio
por donde se puede salir.

 


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10 abril 2022

Pensaba que estabas muerto

 



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09 abril 2022

Tartufo. Cuatro siglos de mentiras

 



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01 abril 2022

Puesta en escena: Un universo paralelo

 

Ilustración: @fer_zombra



¿No ves que yo no sé qué hacer con mis dos universos paralelos?
(Jorge Drexler)

 

La puesta en escena es una necesidad que apareció a mitad del siglo XIX para ordenar  el espectáculo teatral, cuando el público dejó de ser una masa homogénea y diferenciada para cada tipo de espectáculo, y se rompió el acuerdo previo entre espectadores y representación para utilizar el mismo código que daba sentido a cada función.

Zola propugnó en 1881 tomar la escena con un nuevo estilo naturalista y resumió sus propuestas en tres elementos claves que representan el teatro: Decorado, vestuario y accesorios. La idea era abandonar los espacios vacíos del pasado para construir un medio que, expulsando objetos falsos y pintados, se convirtiera el eco de la vida cotidiana. Se trataba de abandonar el romanticismo y enfocar las condiciones subjetivas y sociales del ser humano mediante un conjunto de elementos como el atrezo, los decorados, la iluminación o la música que se utilizan para posibilitar un medio ambiente donde los actores evolucionen y que los personajes se muevan con la naturalidad heredada de la novela de la época. Se trata de utilizar los avances mecánicos y técnicos para traducir la narración de dramática en una dramaturgia escénica que tenga en cuenta las palabras, el espacio sonoro y la escenografía.

Pilar Amorós y Paco Paricio escribieron "Titeres y titiriteros. El lenguaje de los títeres" con la intención de recoger métodos de trabajo, reflexiones, y una experiencia de 25 años pisando escenarios por todo el mundo. El segundo capítulo de ese libro es la guía que he seguido para, acercándome a la puesta en escena pensada para el ámbito de los títeres, ampliar la mirada al desarrollo de otras disciplinas de las artes escénicas, pero también a la construcción de materiales literarios, cinematográficos y del comic.

El objetivo principal es evitar el aburrimiento y lo primero es disponer de un mensaje interiorizado, una historia que merezca ser contada, algo concreto para comunicar que, alejado de vaguedades, se convierta en esencia teatral mediante el manejo de un el sistema de códigos para crear un canal de comunicación entre el público y los personajes.

El siguiente paso es técnico. Hay que definir el estilo y la relación que el espectáculo va a tener con los espectadores con la idea de unificar y dar coherencia a todos los elementos que van a formar parte de la función: Diseño de los títeres, escenografía, iluminación y vestuario. El público percibe todos estos elementos como un símbolo, como un código estético que debe tener un desarrollo coherente, lógico y ajustado a la idea general del montaje. Esta acotación del campo de trabajo estético, lejos de reducir los horizontes, es una buena herramienta para encontrar soluciones brillantes que se ajusten a los objetivos establecidos.

La imaginación del público también necesita un espacio, y en ese camino cualquier recurso que sea simple y sencillo suele ser una idea que termina de perfilarse en el patio de butacas: La iluminación tenue y los decorados difusos difuminan la escenografía y contribuyen a que se active la imaginación del público. En muchas ocasiones la austeridad suma y conecta.

Los elementos que aparecen en escena están sometidos a una jerarquización. La categoría más importante es la del títere, seguido de la escenografía y de los objetos que aportan verosimilitud a la historia. El juego entre los tres elementos consiste en dotarlos de funciones narrativas que pueden desde el protagonismo, pero también desde el rol de pasar desapercibidos.

El armazón para contar la historia es la tradicional triada de planteamiento, nudo y desenlace. El inicio es fundamental porque se descubre la escenografía, o parte de ella, y define la relación entre la ficción del escenario y la realidad que observa. Es el momento de crear expectativas con la presentación de los personajes y, en el caso de los títeres, dejar un tiempo para establecer un código que permita su comprensión, que el público reconozca visualmente al muñeco, explore sus movimientos, descubra su personalidad y  compruebe como se relaciona con la escenografía, el titiritero y el entorno. En este momento se abre la puerta al mundo de la ficción y se instala una convección con una serie de reglas que se desarrollarán y respetarán a lo largo de toda la acción dramática.

Una buena presentación de los personajes es el mejor preámbulo para construir mejores tramas y conflictos, mientras que personajes endebles dificultan ese objetivo. El conflicto puede aparecer de repente o hacerse esperar, ser un cúmulo de pequeños conflictos o uno enorme y definitivo, también puede ser la punta de un iceberg que somos incapaces de ver hasta que irrumpe en toda su magnitud.

La misión principal de la dramaturgia es elegir con precisión el mejor momento para visualizar el conflicto, centrar ahí toda la atención dramática y provocar el máximo efecto sobre el espectador. Este momento hay que enmarcarlo con un subrayado visual, una frase demoledora o un silencio dramático.

El teatro de títeres se caracteriza por escribir con imágenes, y por eso es importante que los elementos visuales aparezcan al principio de la función, sin embargo es esencial reservar alguna sorpresa para la segunda parte, un aliciente que el  conflicto progrese, evolucione o se transforme. La inmovilidad o presencia estática va en detrimento de la fuerza narrativa. Todo lo que no evoluciona se muere.

El desenlace es la parte más ideológica del espectáculo y define el punto de vista sobre la manera de abordar la vida, resume valores, vicios y virtudes. Se puede construir desde lugares y tonos tan diferentes como el poético, el simbólico o el naturalista. Más allá de la resolución estética es la hora de desvelar la tesis que apoya el espectáculo ante el dilema planteado por la función.

El reto más importante de todo este proceso creativo es hacerlo de forma inteligente mediante la acumulación de diferentes capas de lectura que permita diferentes lecturas según el tipo de púbico.

El planteamiento de Amorós y Paricio es una base excelente para construir un espectáculo o cualquier acción creativa. Sin embargo en manos de los autores está modificarlo, cambiarlo y ponerlo patas arriba. Al fin y al cabo, como canta Jorge Drexler: "Ir y venir, seguir y guiar, dar y tener, entrar y salir de fase. Amar la trama más que el desenlace. Por ahí como en un film de Eric Rommer. Sin esperar que algo pase. Amar la trama más que el desenlace".


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