La curvatura de la córnea

15 marzo 2021

El año roto del Covid-19

 

Ilustración: @fer_zombra



El País publicó el domingo 14 de marzo un cuadernillo de 24 páginas titulado “Covid 19. El año roto”, de todo ese material periodístico he extraído los elementos que, aunque ya formaban parte de todo lo que se ha publicado a lo largo de todo este año, me han parecido interesantes con la idea de resumir algunos acontecimientos para confeccionar un relato de autoconsumo propio que contenga los elementos esenciales que necesito para dar forma y entender la génesis y algunas consecuencias de la pandemia.

Elvira Lindo sitúa el inicio de la pandemia sobre el marco general del deterioro ambiental que permite acercar el reservorio natural de virus residentes en animales salvajes hasta nuestras inmediaciones. En realidad nos propone una reflexión sobre la libertad individual y la idea de abandonar cualquier principio de protección social en favor de un individualismo que, sin tener en cuenta la presión que suponen nuestras decisiones sobre el mundo natural, no se puede restringir en favor de un interés colectivo y así, el 14 de marzo de 2020 la normalizad de nuestras rutinas dio un giro tan imprevisible como un estado de alarma que redujo nuestra capacidad de movimientos y, aunque tal vez entonces no éramos conscientes, se agrandó la brecha de quienes podían pasar el encierro con cierto confort y los más desamparados. Sin embargo, en medio del colapso, hubo un breve periodo de tiempo en el que se mantuvo la sensación colectiva de que mejorar la atmósfera con algunos cambios de hábitos como reducir el consumo caprichoso sería bueno para todos, para el colectivo por encima de la individualidad. Pero estos buenas intenciones se fueron diluyendo hasta anhelar la vuelta a la normalidad, la vieja normalidad que algunos sitúan en la misma lógica del liberalismo económico anterior a la pandemia mientras otros, promueven un cambio de normalidad que reduzca la desigualdad y modifique el concepto de progreso para ligarlo a una transición verde que promueva la biodiversidad de un mundo más habitable. Y claro, la dicotomía social entre quienes se ha reactivado la solidaridad con quienes viven en el desamparo, frente al individualismo egoísta que propugna el enfrentamiento y la ira, una dicotomía que se reflejó en las redes sociales y, televisada con todo detalle, también la encontramos entre la clase política.

Pedro Sánchez, Salvador Illa y Fernando Simón fueron los que decidieron que las cifras de contagios nos abocan al cierre total y al estado de alarma. Cué y Pérez sitúan en la noche del 8 de marzo el momento en el que los contagios se dispararon en Madrid y el País Vasco y, aunque se decidió cerrar los colegios, el martes 10 aún había dudas entre los ministros muy políticos que pretendían el estado de alarma y los muy económicos que pedían prudencia. En medio del debate se intentaron alternativas como cortar los vuelos con Italia, reducir el aforo de los espectáculos o forzar el teletrabajo. Pero el virus ya estaba descontrolado y la pandemia lo devoraba todo hasta que ya no quedaba otro remedio. La decisión se tomó el jueves 12 por la noche cuando España superó a Francia como segundo país europeo con más casos detectados. La maquinaria política y administrativa tenía el reto de coordinar con las comunidades autónomas las medidas tomadas por el gobierno en materia de salud pública y libertad de movimientos porque todo el mundo sabía que el Ministerio de Sanidad era incapaz de dirigir todo el sistema sanitario porque las competencias sobre gestión estaban descentralizadas. El Consejo de Ministros del 14 de marzo estableció el estado de alarma y se construyó un discurso entre emotivo y bélico que se resumía en la frase: “Este virus lo paramos unidos” Sin embargo no fue esa la sensación que tuvimos desde la ciudadanía.

España acumulaba 292 muertos por Covid cuando se decretó el estado de alarma, una semana después se multiplicó por cinco y dos semanas más tarde por 20. Ha pasado un año desde aquella decisión y muchos protagonistas, aunque se debaten con la idea de que llegaron tarde, terminan por exculparse porque los datos disponibles eran deficientes y la dificultad de tomar una decisión en base a informaciones de baja calidad. Algunos responsables se defiende con el argumento de que a posteriori y con todo lo que ahora sabemos el estado de alarma se tendría que haber aprobado el 20 de febrero, sin embargo nos invitan a una visita a la hemeroteca para valorar como todavía el 10 de marzo ni se querían cancelar las Fallas ni la Semana Santa. Cuando se decide parar todo menos lo esencial comienza el dilema que el gobierno niega: Economía o salud. Antonio Garamendi, líder de CEOE, declaró en aquellas fechas que “No se puede parar la producción de un país. Esto es la ruina.” El dilema, después del primer impacto que a casi todos nos sorprendió, seguía ahí y un año después todavía se mantiene el debate en amplias capas sociales y políticas entre economía o salud y, mientras tanto, por nuestras vidas han discurrido la segunda y la tercera ola, y ahora mismo estamos pensando si salvamos la Semana Santa del 2021 mientras el marcador de los muertos ya no está en las portadas de los periódicos, ni abre los informativos de televisión. Han pasado doce meses y el dilema todavía sigue ahí.

Si algo le falta a esta crisis es una evaluación profunda y exhaustiva de todos los acontecimientos que nos han abocado a tomar soluciones drásticas y quizás la primera sea situar, como nos recuerdan Romero y Linde, la fecha en la que entró el virus en España. El primer caso se detectó en enero en la isla de La Gomera y, mientras las autoridades sanitarias con Fernando Simón a la cabeza, no veían motivos para preocuparse, es muy probable que el patógeno es expandiera durante todo el mes de febrero. Este error de diagnóstico tal vez tenga una explicación porque las autoridades tardaron demasiado tiempo en autorizar pruebas diagnósticas para los casos de neumonías atípicas que llegaban a los hospitales. Un hombre que había viajado a Nepal murió en un hospital de Valencia el 13 de febrero y hasta el 3 de marzo nadie supo que fue la primera víctima conocida en España del SARS-COV-2 mientras uno de los médicos que le trató dedicó tres semanas a que Salud Pública le hiciera las pruebas necesarias porque sospechaba que había muerto por el coronavirus. David Roncero, médico de Igualada, pidió a mediados de febrero hacer esas pruebas diagnósticas pero se lo denegaron porque el 24 de Enero el Ministerio de Sanidad definió el caso para practicar esas pruebas, a toda persona con síntomas de infección respiratoria que hubiera viajada a Wuhan, esto se amplió a otras zonas de riesgo, o hubiera estado en contacto con un caso confirmado de covid-19. Tuvo que llegar el 24 de febrero, un mes después, para que se considerara sospechoso a cualquier persona con un cuadro clínico de infección respiratoria aguda con síntomas como fiebre, tos o sensación de falta de aire. A todos ellos se les realizaría una prueba PCR. Ese mes en el que Sanidad definió caso sospechoso de una manera tan débil hizo imposible la estrategia de contención porque se escapaban del control médico muchos infectados. El Ministerio de Sanidad niega que fuera un error y recuerda que solo se podía diagnosticar con una PCR de la que no había disponibilidad porque los fabricantes no las exportaron hasta que no garantizaron sus propias necesidades. Sin embargo, según los periodistas, algunos intensivistas lo niegan y dicen que la falta de capacidad diagnóstica llegó más tarde. En cualquier caso el viernes 8 de marzo de 2020 se habían notificado 374 casos oficiales sin embargo, un año después, las bases documentales del Instituto de Salud Carlos III asignan a ese día 8 marzo la cifra de 7.909 contagiados. El físico experto en modelos matemáticos Álex Arena habla de datos nefastos, sistema informático inexistente y retraso en las notificaciones. Un coctel perfecto para el desastre epidemiológico.

Iñigo Domínguez recoge las palabras de Raquel Collados que era enfermera del centro de salud de Móstoles “Teníamos un protocolo surrealista. A los pacientes con síntomas respiratorios les preguntabas si venían de Wuhan, Italia o Torrejón, o había estado en  contacto con alguien de allí. Si decían que sí, te vestías con la EPI y todo. Pero tú veías gente con los mismo síntomas que no habían salido de su barrio”

Repasemos otros errores políticos de la crisis. 1 La recomendación de llevar mascarilla llegó tarde porque más allá de su funcionalidad con personas que no están enfermas, no se podía recomendar el uso de un material que no existía en el mercado y que se intentó restringir su uso a la comunidad médica que adolecía de los equipos de protección personal necesario para enfrentarse al virus. Y eso abre otras puertas de debate como la efectividad de mantener altos niveles de stock de materiales que, en situaciones normales, nos pueden llegar de inmediato desde sus lugares de producción gracias al sistema de distribución global de mercancías, o de la importancia de diseñar industrias nacionales que tengan la capacidad y la flexibilidad para trasformar su producción y cubrir las necesidades de determinados elementos esenciales en caso de emergencia. 2 Italia era el epicentro de la epidemia en Europa y España mantuvo sus 200 vuelos diarios hasta el 10 de marzo. 3 Todo el tiempo que se tardó en cerrar lo compensamos con abrir demasiado pronto, una desescalada rápida hacia la nueva normalidad en la que entraron al mismo tiempo territorios como Asturias con una incidencia de 0.5 casos por  cada 100.000 habitantes y Madrid con 18. 4 y quizás lo más importante, era que teníamos que aprovechar el periodo de desescalada para aprender de los errores del pasado y reforzar los sistemas de salud pública para que tuvieran la musculatura que les permitiera localizara brotes y aislarlos en cuanto se produjeran. Fue la época de la palabra mágica: Rastreadores. Pero los rastreadores no llegaron y en el mes de julio España solo tenía la mitad de los rastreadores que recomendaban los estándares internacionales. Esta deficiencia produjo que apenas se detectaban tres contactos cuando en otros países la media era de nueve. 5 Los expertos están de acuerdo en que el ocio nocturno sirvió para propagar el virus y España, después de abrirlo mientras otros países lo mantenían cerrado, volvió a cerrarlo el 14 de agosto. Y así sigue a día de hoy.  6 Creo que todos lo sabemos: Las Navidades fueron el desastre anunciado. Mientras todos los expertos advertían de los riesgos, las autoridades permitieron el movimiento entre comunidades con aquella pirueta entre allegados y familiares que abrió la mano de los toques de queda mientras las reuniones familiares desembocaron en una ola que se podía haber evitado. 7 No olvidemos  que el eterno dilema ente economía y salud  siempre está ahí.

Una de las transformaciones que más me han asombrado en este año es cómo se ha diluido la percepción de unos muertos que, mientras a todos nos horrorizaban, algunos se dedicaban a lanzarlos no solo contra las autoridades, sino contra todo hijo de vecino que osara tener un matiz que aportar en el debate. Ha pasado un año y los muertos de cada día han pasado a formar parte del paisaje con total naturalidad. Andrino, Grasso y Llaneras nos recuerdan que la contabilidad de los muertos ha sido un grave problema en muchos países y que tal vez por eso nos encontramos con dos varas de medir. La primera es la que han utilizado muchas autoridades sanitarias de muchos países que exigían la confirmación de muerte por Covid-19 mediante una prueba diagnóstica que garantizase la presencia del virus y así el fallecido engrosaba la estadística oficial, pero esta práctica subestima el número de afectados, sobre todo en los períodos en los que esos detectores de Covid-19 escaseaban. Así que la mejor manera de medir el impacto de la pandemia ha sido calcular el exceso de muertes observadas en los registros civiles que en España se ha cifrado en 92.000 fallecidos más de lo normal el año pasado. Al comparar las cifras de fallecimientos por olas se observa el patrón de que muy pocos países han sufrido dos olas muy duras. La explicación a este fenómeno parte del efecto de inmunidad ya que los contagios se frenan de manera natural después de que mucha gente haya pasado la enfermedad y, aunque esto no impide nuevas oleadas, es probable que limite su expansión. También sabemos que la enfermedad es más letal entre población anciana y, por lo tanto, parece lógico que los países con una población anciana mayor registren más muertes. En cualquier caso resulta difícil dilucidar los motivos que explican la magnitud de la pandemia en cada país cuando hay que manejar factores como: En qué momento llegó el virus, (es peor recibirlo al principio cuando menos se sabía de él), los hábitos sociales, la densidad de la población en las ciudades, el tamaño de la vivienda y la rapidez y contundencia de las medidas tomadas. Las comparaciones en este terreno se parecen más un alarde que a un análisis.

En toda esta catástrofe, como en cualquier buen relato, hay un héroe. En esta caso es un héroe colectivo, todas aquellas personas que trabajaban en el ámbito sanitario o de los recursos sociales que, como redacta Alfageme, tuvieron que enfrentarse a su propia metamorfosis profesional y personal para hacer frente a una inesperada avalancha que gracias a su esfuerzo no nos pasó por encima a todos los demás. El ejemplo es la desaparición del Hospital Universitario Ramón y Cajal para convertirse en el Macrocovid, un lugar que el 13 de marzo de 2020 clausuró sus 60 puertas y aisló a los enfermos de coronavirus mientras sus jefes de servicio olvidaban la especialidad de cada una de sus plantas para dividir el hospital en una zona sucia y otra limpia. Una mascarilla para dos días de duro trabajo, batas desechables reutilizadas, la soledad de la muerte a cada paso y el silencio del miedo. Una mega estructura lenta y burocrática que adaptó procesos y equipos de forma ágil gracias al esfuerzo de muchos profesionales. Todo lo necesario para no colapsar y lo consiguieron. Ahora que ya no les aplaudimos desde los balcones vendrá el estrés postraumático a visitarlos con las caras de los que fueron sus pacientes y, mientras tanto, muchos tendrán que renovar sus contratos temporales.

En este breve relato se quedan muchas historias por contar en residencias de ancianos, trabajadores esenciales del comercio y la industria, los niños dando un ejemplo de madurez en las casas y el mundo de la cultura abriendo las puertas de sus casas para regalarnos un poco de felicidad. Y tal vez es por eso, porque no sé muy bien como terminar una historia que en realidad no ha terminado, quizás por eso recuerdo el enorme impulso que ha recibido la ciencia y la investigación que ha sido capaz de responder a la pandemia con una amplia gama de vacunas gracias a trabajos científicos que muchos de ellos arrancaron hace más de treinta años, o sirva de ejemplo el virólogo español Enjuanes que lleva estudiando los virus desde que publicó su tesis en 1976. Tal vez sea el momento de priorizar una ciencia y tecnología que mejore la vida de todos, algo que cuesta imaginarlo si pensamos que el 80% de las vacunas fabricadas hasta el momento está a disposición del 10% de la población mundial, y ustedes ya se imaginan cómo se organiza ese reparto porque, si hace un año decíamos que este virus no entendía de clases sociales o cuestiones geográficas, quizás ahora no podríamos decir lo mismo ni en su expansión, ni en el campo de las soluciones.

La foto social más cercana quizás esté todavía en fase de revelado pero se atisban males como una sociedad más desafecta y polarizada que empieza a tropezar en la piedra que, como recuerda Cristina Monge, no permite el encuentro y la conversación entre demócratas porque las plazas y las redes sociales se están llenando de gritos, mentiras y consignas. Por eso me apunto a la propuesta de Daniel Innerarity cuando recuerda a Borges y la explicación de un teólogo para afirmar que nuestras posiciones ideológicas son incompletas sin el contraste de las opuestas, y que tal vez deberíamos luchar por conseguir que la crítica a las ideas diferentes no implique una descalificación moral, y que tal vez la inteligencia radica en saber escuchar con respeto las otras opiniones porque, en la solución a los problemas colectivos que nos asolan, sería preferible ser mejores antes que se superiores, al fin y al cabo “ninguna ideología tiene, pese a sus posibles pretensiones en ese sentido, una interpretación completa del mundo.”

 

 

Documentación

Alfageme, Ana. “La hazaña del hospital mutante” El País. Covid-19, el año roto. 14 Mar 2021. 17.

Andrino, Borja. Grasso, Daniele. Llaneras, Kiko. “92.000 muertos” El País. Covid-19, el año roto. 14 Mar 2021. 10-11.

Domínguez, Iñigo. “Crónica de la primera semana: El virus ya está aquí” El País. Covid-19, el año roto. 14 Mar 2021. 18-19.

E. Cué, Carlos y Pérez Claudi. “Ya está bien. Vamos a parar todo menos lo esencial” El País. Covid-19, el año roto. 14 Mar 2021. 4-5.

Lindo, Elvira. “Nuestro único hogar” El País. Covid-19, el año roto. 14 Mar 2021. 2-3.

Romero, José Manuel y Linde, Pablo. “Los errores políticos ante el virus” El País. Covid-19, el año roto. 14 Mar 2021. 8-9.

 



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29 mayo 2020

Krugman: Comercio y Geografía del Nobel al Covid 19



El catedrático de Economía Financiera y Contabilidad Luis Ferruz ha formado un grupo de análisis y debate en Facebook al que me invitó a participar para glosar las contribuciones que hizo Krugman para alcanzar el Premio Nobel de 2008. Nada más aceptar la propuesta recordé aquellos días en los que comencé a hojear el suplemento dominical color salmón de El País y me detenía en el artículo de Krugman. En realidad lo hacía por el placer de la narración porque muchas veces no entendía muy bien de que iba todo aquello, un poco como me pasa ahora y que hace que esta reseña empiece muy mal, porque ahorita mismo no tengo ni idea de . por qué le habían dado el Nobel a Krugman en el año 2008.

La imagen más popular del economista tiene que ver con su confesión de sentirse keynesiano y su apasionado enfrentamiento con las leyes neoliberales, de hecho, como escribe Estefanía, su último libro titulado “Contra los Zombis” expone un buen número de ideas neoliberales que se deberían desterrar de la realidad, pero que se niegan a morir y siguen haciendo mucho daño. Son “las ideas zombis que van dando tumbos, arrastrando los pies y devorando el cerebro de los ciudadanos, pese a haber sido refutadas por las pruebas.” “Krugman dice que la más persistente de estas ideas tiene que ver con los impuestos: la insistencia en que gravar a los ricos es destructiva para la economía en su conjunto y que las rebajas fiscales a las rentas altas dará lugar a un crecimiento económico milagroso.”

El profesor Escribano Francés se alegraba en noviembre del 2008 de la concesión del Nobel a Krugman porque, además de poner de relieve el espíritu keynesiano y su interesante capacidad teórica, se premiaba a un gran divulgador. Por su parte el profesor García Verdugo añadía el valor de la intuición de Krugman a la hora de tomar ideas poco formalizadas de otros autores para hacerlas más tangibles. En ese sentido, López Cabia afirma que la gran aportación de Krugman al mundo de la economía fueron sus trabajos en el campo del comercio internacional y las relaciones que establece entre geografía y economía y como, mientras las teorías clásicas del comercio internacional hacían hincapié en que eran los factores productivos como la tierra, el trabajo y el capital los que facilitaban la especialización de los diferentes países en aquello que los hacían más eficaces, de manera que en el mercado todo el mundo salía ganando con el intercambio internacional, Krugman rompió esa tesis con una “nueva teoría comercial” que demostraba como el comercio se producía “entre productos del mismo tipo y entre países del norte”, y por lo tanto los “beneficiados del comercio son las economías más industrializadas.”

El profesor Escribano Francés resalta la importancia en este nuevo marco del concepto de “Economías de escala” en la que los costes de producción se reducen por un aumento de la misma gracias a la reducción del coste de fabricación unitario. De esta manera las empresas se reducen y la competencia se genera en unos mercados imperfectos mediante oligopolios internacionales con empresas que colonizan un bien determinado hasta conseguir que la competencia no sea entre estados, sino entre esas empresas que, cada vez más grandes y muy integradas en el comercio mundial, terminan siendo predominantes. En este tipo de economía la escala y el espacio son importantes e influyen en los motivos por los que los países comercian más allá de las ventajas absolutas de vender lo que uno hace mejor y comprar lo que uno hace peor. En ese sentido, Krugman defiende la necesidad de detectar un sector estratégico de la economía para que sea apoyado por el estado y sin embargo, subraya en profesor Escribano Francés, las suspicacias con esta tesis tiene que ver con la implantación práctica dentro de una economía política que precisa definir con claridad y objetividad qué industria es estratégica y cuáles no, para implementar ayudas estatales de manera transparente y sin motivaciones perversas.

García Verdugo subraya la incoporación que Krugman hace del espacio como factor económico a la importante reducción de costes en los transportes que favorece las transformación de los países que si en el pasado  eran puntos económicos con diferentes características pero sin aludir a cuestiones espaciales de espacios regionales porque no se consideraban más allá de cuestiones descriptivas. Las teorías de Krugman añaden factores como la historia de saber quién llega antes y por lo tanto quien hace antes las explotaciones planteando una realidad más próxima a lo que sucede mediante el concepto de desigualdades regionales, grandes concentraciones y la importancia de entender que cuando en un país se produce un desarrollo económico no se reparten los efectos por igual, con un coste social de las zonas que se quedan por detrás.

La Fundación Nobel anunció el premio con un comunicado en el que se recordaba que si bien el comercio y la geografía siempre habían sido cuestiones clave para el debate económico, Krugman las había reformulado para responder a preguntas como: "¿Cuáles son los efectos del libre mercado y de la globalización?“ Krugman parece contestar a esa pregunta en un artículo publicado por el FMI en 2016 cuando afirma que aunque el comercio tiene más beneficios que efectos negativos, el proceso globalizador se encuentra “sitiado” por los populismos políticos de izquierda y derecha para sostener que los perdedores del comercio internacional no parecían numerosos, en gran parte porque ese flujo comercial era intraindustrial y entre países similares y, por lo tanto, con efectos mínimos en la distribución de ingresos. Sin embargo, la evolución histórica ha sido muy diferente porque la caída de los costes del transporte y la revolución de los países en desarrollo han provocado un creciente comercio Norte-Sur “entre países con niveles de desarrollo muy diferente” Esa polarización, defiende Krugman, tiene un efecto muy importante sobre el empleo industrial y la distribución de los ingresos entre asalariados y capital. De manera que exportaciones chinas desplazan a trabajadores norteamericanos del sector industrial. De esta manera el proceso globalizador ha cambiado la distribución de la renta en el mundo y a Krugman le sorprende que “la reacción haya tardado tanto en llegar y que sus efectos sean tan comedidos” Su solución huye de las propuestas Trump y otros populistas que buscan una guerra comercial, para él la solución es retocar el comercio internacional con una reducción de su importancia y detener el proceso liberalizador “tan fuerte y rápido como el que se ha perseguido desde 1990” y yo me pregunto ¿es posible que estás propuestas de Krugman en el año 2016 se vean favorecidas por la era post pandemia Covid-19?

La segunda pregunta que lanzaba la Fundación Nobel con el anuncio del premio para Krugman contenía aspectos económicos y de geografía humana ¿Cuáles son las fuerzas impulsoras detrás de la urbanización mundial? Siguiendo la pista de la pregunta llegué hasta Japón como un buen ejemplo de cómo un área geográfica resume la preocupación de Krugman por trazar líneas históricas que expliquen regiones en las que se acumulen industrias y modifiquen la urbanización mundial.

La política aislacionista de la época Tokugawa (1615-1868) impulsó en Japón una industria artesanal que se localizaba en las principales ciudades meridionales y en las regiones donde el crudo invierno no permitía tareas agrícolas y por lo tanto la mano de obra era abundante. Esta industria incipiente abastecía la demanda de los principales núcleos de población.

Durante era Meiji (1968-1912) el país comenzó la occidentalización con una industria económica que se expandió rápidamente gracias a los avances tecnológicos occidentales, a las grandes inversiones privadas estimuladas por la Primera Guerra Mundial y a una cuidadosa planificación económica que aupó a Japón como una de las principales naciones industriales.

El carácter original a la política industrial del Japón fue acelerar el proceso de reconversión de los sectores en declive hacia las nuevas tecnologías como la informática, telecomunicaciones, nuevos materiales y biotecnología.

Todas esta trayectoria económica nos permite trazar una línea histórica que tiene su origen en los zaibatsu de la Edad Media y que llega hasta los nuevos zaibatsu de empresas modernas financieras y plenamente capitalistas que, con un carácter menos familiar, tienen una política expansiva agresiva para racionalizar la producción desde las familias a las sociedades anónimas y que actualmente dominan la economía japonesa: Toyota, Nissan, Hitachi, Toshiba, Nec, Mitsubhisi.

Este desarrollo industrial se ve reflejado en la ocupación del espacio geográfico con gran importancia del fenómeno urbano como una de las características de Japón cuyas ciudades tuvieron su origen en el periodo feudal de artesanos, comerciantes y mercados surgidos junto a un puerto marítimo o en el interior hasta conforma la megalópolis japonesa de Tokaido como la aglomeración urbana de mayores dimensiones del mundo: Un largo eje de 1200 Km entre Tokyo y Fukuoka donde se concentra el 75% de la población del país. El inicio de esta megalópolis se encuentra en el siglo XVII cuando el principal eje de comunicación pasaba por Tokyo y Kyoto hasta que el siglo XX la región se vio reforzada por el rápido proceso de industrialización y equipamiento ampliando su área de influencia hacia el sur.

La megalópolis japonesa es donde se instalan la mayor parte de los centros industriales y grandes empresas que se benefician de una densa red de transportes y que sin duda es el rasgo más sobresaliente de la geografía urbana japonesa.

La geografía y la historia explican el actual desequilibrio demográfico regional que tradicionalmente se había instalado en las llanuras arroceras y por ello cuna de la civilización japonesa. La industrialización reforzó esa situación hasta convertirla en una de las mayores y más espectaculares concentraciones del planeta, desde el punto de vista demográfico y económico.

Para terminar tenemos que regresar a Krugman y retomar las dos preguntas básicas que se le lanzaron en el documento que anunciaba el Nobel de Krugman: ¿Cuáles son las fuerzas impulsoras detrás de la urbanización mundial? ¿Cuáles son los efectos del libre mercado y de la globalización? Tal vez sería interesante situar esas preguntas en el marco de la actual crisis generada por la Covid 19 y recuperar el pensamiento de Brando Milanovic cuando abre la puerta para repensar “las cadenas de valor a escala mundial creadas sobre la premisa de una mercado mundial sin suturas” y si esas cadenas ¿se van a restaurar o por el contrario van a aumentar las barreras para circular entre países? ¿lo harán de una manera diferente o simplemente desaparecerán? En ese sentido, Mónica de Bolle ya está viendo como muchos países “intentan lograr cierta autosuficiencia en la producción” de ciertos “bienes como parte de una estrategia de defensa nacional”, entonces ¿nos enfrentamos a un mundo posterior a la pandemia más proteccionista? ¿se pondrá de moda esa teoría que le dio el Premio Nobel a Krugman sobre el apoyo del estado a los sectores declarados estratégicos?

Ya ve, improbable lector, este acercamiento a Krugman nos deja varias preguntas a las que usted puede responder, dedicarse a reflexionar o buscar  qué piensan los que dirigen o aspiran a hacerlo la realidad económica, política y social. Tal vez ese sea el mejor ejercicio que puede hacer un ciudadano para defender la democracia.

Fuentes

Azcárate Luxán, Blanca y otros. Grandes Regiones de la Tierra. Naturaleza y Sociedades. UNED. Madrid. 2016: 202-208.

De Bolle, Mónica. “El arriesgado freno de la globalización “ El País. https://elpais.com/especiales/2020/coronavirus-covid-19/predicciones/el-arriesgado-freno-de-la-globalizacion/. 3 May 2020.

El Economista. “Paul Krugman: "Lo raro es que la reacción contra la globalización haya tardado tanto" El Economista. https://www.eleconomista.es/economia/noticias/8046184/12/16/Paul-Krugman-Lo-raro-es-que-la-reaccion-contra-la-globalizacion-haya-tardado-tanto.html. 23 Dic 2016

Escribano Francés y García Verdugo. “Aportaciones teóricas de Paul Krugman, Premio Nobel de Economía 2008” Canal Uned. https://canal.uned.es/video/5a6f142fb1111fd7548b544d 13 Nov 2008

Estefanía, Joaquín. “Keynes explicado a los zombis” Tinta Libre. https://www.infolibre.es/noticias/tintalibre/2020/04/03/keynes_explicado_los_zombis_105551_1042.html. 11 Abr 2020.

Europa Press. “Crónica Nobel.- Paul Krugman obtiene el Nobel de Economía por sus teorías sobre comercio y geografía económica “https://www.europapress.es/internacional/noticia-cronica-nobel-paul-krugman-obtiene-nobel-economia-teorias-comercio-geografia-economica-20081013144244.html. 13 Oct 2008

Milanovic, Branko. “El largo invierno del capitalismo “ El País. https://elpais.com/especiales/2020/coronavirus-covid-19/predicciones/el-largo-invierno-del-capitalismo/. 3 May 2020.

López Cabia, David. “Paul Krugman”. Economipedia. https://economipedia.com/definiciones/paul-krugman.html. [última consulta] 01 May 2020

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18 mayo 2020

Guantes y mascarillas


La primavera se extrañó cuando llegó a la ciudad y solo encontró el silencio humano de quienes habían desaparecido tras los visillos de los balcones para asomar el morro y la oreja. Aunque la primavera no lo sabía, aquella presencia tan discreta se llamaba cuarentena y los pájaros, que no conocen el lenguaje de los humanos se dedicaban a trinar bajo un cielo radiante y sorprendentemente limpio. La primavera, que había los últimos lustros de su vida para adaptarse y sobrevivir entre el humo de los tubos de escape y las prisas de los transeúntes, brotó exuberante sobre las aceras, el asfalto y las azoteas. La primavera estaba feliz y lo pintó todo de verde.

La primavera muy pronto advirtió la presencia de dos nuevas criaturas urbanas: Guantes azules, blancos y negros y un sinfín de variedades de mascarillas de papel, de tela, lisas y de fantasía que se adueñaban de todos los barrios de la ciudad. La primavera, incapaz de determinar si se trataban de especies vegetales o animales, no comprendía como los cadáveres de aquellos nuevos habitantes ocupaban la sombra de los árboles, la ribera de los ríos y el asfalto negro sin que los buitres hicieran su trabajo, y tal vez por eso decidió olvidar sus observaciones y hacer lo que mejor sabía hacer. La lluvia melosa empapó la tierra hasta las entrañas y ahora, justo cuando los pasitos todavía indecisos de niños, adultos y abuelos vuelven a correr, caminar y pasear, el sol ilumina una senda de futuro al que se va por ahí, andandito con precaución y paso firme.

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17 mayo 2020

Covid-19 y la ficción





A poco que te asomas a los medios de comunicación te encuentras con la Presidenta de la Comunidad de Madrid Díaz Ayuso clamando al cielo porque al parecer vivimos en una suerte de dictadura a la que tenemos que combatir a ritmo de beats cazuela loop. El periodista o vaya usted a saber Eduardo Inda asemeja el estado de alarma aprobado por mayoría absoluta en el parlamento con una dictadura y el afamado torero Cayetano Rivera escribe en su cuenta de Twitter que cuando la dictadura es un hecho la revolución es un derecho.

El diccionario de la Real Academia de la Lengua define dictadura como un régimen político que, por la fuerza o violencia, concentra todo el poder en una persona o en un grupo u organización y reprime los derechos humanos y las libertades individuales. No sé qué pensará usted, improbable lector, pero yo me asomo al balcón de casa, a los medios de comunicación y a mi entorno más cercano y no consigo casar la definición del diccionario con la opinión de nuestros ínclitos compatriotas. Tal vez solo sea que, como nos recuerda Raúl Rodríguez Ferrándiz, Ayuso, Inda y Cayetano son fugitivos de la realidad y crean una ficción para convertirla en un reducto de la vida cotidiana y así, ensalzando mundos imaginarios donde representar la injusticia, la maldad y el crimen, experimentan esas experiencias como si fueran reales. Esta situación no tendría mayor importancia si nuestros protagonistas utilizaran la mentira para construir una ficción y hacer de ello un acto creativo que transformara la mentira, o la diferencia entre lo que uno dice y lo que uno piensa, en una ficción que necesita pacto entre emisor y receptor, y verosimilitud en el relato. La ficción, dice Rodríguez Ferrándiz, supone que todos estamos en el ajo, mientras que la mentira descarta al destinatario que por definición no está en el mismo ajo que el emisor de la mentira. Así que no se equivoquen, a no ser que usted esté en el mismo ajo que ellos, Ayuso, Inda y Cayetano están mintiendo.

Rodríguez Ferrándiz nos recuerda que la circulación de conspiraciones y dislates no es nueva y van desde el montaje cinematográfico de la llegada a la Luna hasta la negación de la muerte de Elvis Presley que de vez en cuando se aparece en algún Sanck Bar de carretera, sin embargo la gran novedad para nuestros días es como el entretenimiento de estas historias sensacionalistas propias de tabloides, panfletos y oportunistas se han trasladado al manistream de la información disfrazada de entretenimiento.

El autor de “Máscaras de la mentira: El nuevo desorden de la posverdad” hace hincapié en como el relato ha invadido el discurso político de manera que la descalificación como narrativa ha ocupado el lugar del argumento como retórica. De esta manera, el campo de la narrativa, las ficciones y, en el caso que nos ocupa, el de las las mentiras, terminan por identificar un bloque político que comienza siendo de uso interno para adeptos y muy cafeteros, pero que puede terminar en el exterior mediante una explosión de sentimientos cainitas y más allá de mis cazuelas todo es barbarie. Los técnicos lo llaman narrativas estratégicas pero nosotros lo podemos llamar postureo político y se trata de convertir cualquier narración en una ficción que, como tal, es inverificable. Es un mecanismo que permite contagiar cualquier evento que nos interese sobre noticias, declaraciones y modificar su ADN de realidad para disolverlo en el mundo de la narración y la ficción hasta dejar en la palestra pública lisa y llanamente: Una mentira. De esta manera los conspiranoicos tergiversan una trama contada a modo de novela hasta obtener el valor de un documento desclasificado.

A mí me da mucha pena que toda esta energía creativa y tanta imaginación distópica, en lugar de aspirar a la compañía de Orwell, Huxley o Tarantino se oriente para construir un espacio político, cuando lo que necesitamos es un espacio común donde una actitud crítica sea compatible con la responsabilidad cívica que se precisa para gestionar esta pandemia y sus consecuencias sanitarias, económicas y sociales.

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10 mayo 2020

Covid 19: ccu cgg cgg gca 12 letras que han cambiado el mundo




Para comprender la dimensión física del virus se dice que es una pelotita de unas 70 millonésimas de milímetro pero, como esa definición métrica es difícil de imaginar, es mucho más gráfico decir que el Covid-19 es tan pequeño con respecto al ser humano como una gallina respecto al planeta Tierra. Los coronavirus a vista de microscopio parecen una bola demoledora con pinchos y son esas espículas las que utiliza de llave para entrar a la célula y contaminarla con una efectividad 20 veces mayor que su pariente y predecesor que mató a menos de 800 personas mientras el Covid-19 ya ha matado a más de 270.000.

Las instrucciones genéticas del Covid-19 están compuestas por 29.903 letras combinando pequeñas secuencias que contienen cuatro elementos químicos: a Adenina, u Uracilo, g Guanina y c Citosina. La principal arma del virus es la espícula que ejerce de llave para abrir las células humanas y las directrices para fabricarlas son un secuencia de 3831 letras y, dentro de esa área genética, la gran novedad del Covid-19 respecto a otros coronavirus son 12 nuevas letras: ccu cgg cgg gca que son las principales culpables de su contagiosidad y virulencia.

Cuando el Covid-19 llega a una célula necesita de un receptor para anclar su espícula, pero esta unión no basta para empezar la invasión porque el virus necesita cortar la proteína de su propia espícula para activar el ataque y soltar dentro de la célula su código genético ARN que comienzan a autocopiarse engañando a la célula.

La gran novedad del Covid-19 son las 12 letras extras del virus que son capaces de activar la furina, una enzima presente en casi todas las células humanas, para que corte la espícula de los nuevos virus generados dentro de la célula de manera que facilitan una nueva área de invasión. Este comportamiento, además de la entrada de nuevos virus a la célula infectada, también permite la invasión de una célula infectada a otra célula sana, de manera que el virus evita su exposición a los anticuerpos del exterior y continúa el proceso de infección por multiplicación.

Documentación:

Ansede M., Galocha A. y Zafra M. “La secuencia de 12 letras que ha cambiado el mundo” El País. 10 May 2020: 34-35

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06 mayo 2020

Covid-19 versus Científicos: La guerra que se va a ganar




He buceado en el reportaje que Luis Miguel Ariza publicó en El País Semanal del 3 de mayo para hacer un refrito y un resumen sobre las vías de solución que se siguen en la actualidad en el ámbito de la ciencia para luchar contra el Covid-19. Hombres y mujeres de laboratorios pequeños y habitualmente olvidados que con la alarma sanitaria han saltado a la palestra en dura competición con capitanes a posteriori, virólogos de video vertical y ahora salgo al balcón que te vas a enterar de lo que vale un peine.

Luís Enjuanes, que estudia los coronavirus desde 1985, dirigía una tesis doctoral y cuando surgió la noticia de una neumonía en China. La tesis que, estudiaba un virus que saltó a los humanos desde los dromedarios, habían desarrollado una vacuna que protegía el 100% de los ratones humanizados utilizados en los ensayos, sin embargo la vacuna no interesaba a nadie y no llegaron a desarrollarla en humanos. Esa investigación, y la tecnología obtenida cuando la ciencia sufría la indolencia política y la falta de fondos, se ha convertido en un preciado tesoro para combatir la actual pandemia.

Enjuanes confiesa que cuando comparó el retrato genético del Covid- 19 con un virus parecido que apareció en 2002 pensó que tendría un comportamiento similar: Causar una gran alarma y tener un recorrido de siete meses hasta que en junio de 2003 quedó aislado. Por desgracia el Covid-19 no siguió el mismo camino y la biología del nuevo patógeno nos jugó una mala pasada gracias a que tenía características especiales, personalidad propia y la particularidad de que no se delataba porque era capaz de permanecer oculto durante mucho tiempo. Esa capacidad dificultó las investigaciones y, cuando los científicos todavía trataban de encontrar el origen, el virus ya estaba muy diseminado gracias a que una persona sin síntomas pero infectada tenía la misma facilidad de contagio que otra persona con fiebre y tos. Enjuanes afirma que nunca había visto un comportamiento así en los coronavirus mortales para los hombres.

Los virus sufren un terrible problema existencial porque, aunque su máxima es sobrevivir y por eso necesitan infectar cuanto más mejor, sin embargo si un virus es muy agresivo y consigue una alta tasa de mortalidad, lo cierto es que la muerte del contagiado termina la rueda de propagación y el virus también muere. Pero antes de que eso ocurra la ciencia tiene tres caminos para luchar contra los virus: Antivirales, sueros, ingeniería genética y vacunas.

La primera vía es la utilización de los antivirales para frenar la progresión del virus en los enfermos y nuestra esperanza se deposita en la anticipación de los científicos que dedicaron los escasos recursos de los que disponían para luchar contra patógenos hasta llegar a la Aplidina que, pensada para un tipo de leucemia, se ha probado en cultivos celulares con coronavirus y la reducción del virus es dramática. La virologa Isabel Sola recuerda que entre ambos virus hay una similitud entre un 96% y un 98% en la proteína que necesitan para procrear dentro de las células y la Aplidina es capaz de engancharse a esa proteína y romper la reproducción vírica. Por el momento hay que esperar a los resultados con el Covid-19 para lanzar las campanas al vuelo porque la Aplidina es un fármaco que se podría fabricar en grandes cantidades.

La segunda vía es la de los sueros que consiste en extraer sangre de muchos pacientes afectados y recuperados porque, aunque los sueros no son abundantes, contienen los anticuerpos capaces de enfrentarse al virus. Enjuanes recuerda que fue la técnica usada en la crisis del ébola cuando la sangre que se le extrajo al médico misionero que murió en Madrid ayudó, junto a un antiviral, a recuperarse a la auxiliar de enfermería que se había contagiado en el desarrollo de su trabajo.

La tercera vía camina por la ingeniería genética y el diseño de anticuerpos específicos diseñados en el laboratorio, en este caso en Holanda, donde ya se han impedido la muerte de ratones inoculados con coronavirus muy parecidos al Covid-19. Son unos anticuerpos capaces de deteriorar la forma de corona del virus que es su herramienta de entrada a las células sanas. Si las pruebas en humanos sanos determinan la seguridad de estos anticuerpos, su fabricación también es relativamente fácil de llevar a cabo.

La cuarta vía son las vacunas. Mariano Esteban es un veterano virólogo que pertenece al comité que vigila las muestras del virus de la viruela confinadas en dos laboratorios de seguridad de Estados Unidos y Rusia. La viruela, aunque es el más efectivo de los virus, perdió la batalla gracias al médico español Xavier Balmís que emprendió una campaña mundial de erradicación usando en forma de vacuna el fluido de las pústulas de las manos de las vaqueras que ordeñaban vacas infectadas. Balmís desconocía que aquel fluido dotaba de inmunidad al hombre porque contenía Vaccina Virus. Esteban está siguiendo la estela de Balmís y usa la Vaccina Virus para disfrazarla con proteínas de otro virus muy agresivo y así fabricar vacunas contra el ébola, el zika o el VIH. Esta técnica se puede aplicar al Covid-19 porque ya se ha descubierto su secuencia genética y el equipo de Esteban está diseñando una variante atenuada del Vaccina Virus y el Covid-19 que tenga capacidad de robarle a este último la espícula que le sirve de gancho para entrar en las células humanas e infectarlas.

Estaban reflexiona sobre la situación en España que califica de impensable “Se podía pensar en aislamientos de grupos o de zonas, como sucedió en Canarias al principio, pero no esto. Nos ha sorprendido a todos los virólogos y tenemos que aprender más de la biología del virus: cómo se multiplica, su tasa de mutación, cómo interacciona con nuestras defensas y por qué se contagia con tanta facilidad.”

El virus, recuerda el periodista Ariza, ha ganado el primer asalto, pero ahora llega el contraataque de la ciencia internacional.

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27 abril 2020

Covid-19 y la sociedad líquida




Quizás sea un buen momento para poner sobre la mesa algunas características de nuestra sociedad y así entender mejor distintos comportamientos ante la crisis sanitaria que nos asola y que ha dejado a la vista de todos algunos factores de lo que Zygmunt Bauman describió como sociedades “liquidas”. Bauman enfocaba su tesis hacia el mundo del consumo de objetos que pierden su utilidad y su atracción en poco tiempo, sin embargo creo que es un buen experimento aplicarlos a estos tiempos donde bulos y hechos alternativos de dudosa veracidad están colonizando el terreno de la realidad para dibujar nuevos espacios que nos golpean y pretenden sustituir los acontecimientos por un atrezo de mentira
La máxima de Bauman es que la vida líquida no puede mantener su forma ni su rumbo durante mucho tiempo, es una vida precaria y vivida en condiciones de incertidumbre constante. Estamos inmersos en una sustancia liquida que lo mismo se alimenta de los cuñados al teclado que de los bots especializados en enviar miles de mensajes para dañar reputaciones y así, abrumados por tanta marea, no podemos seguir el ritmo de unos acontecimientos que se mueve con gran rapidez en las Redes Sociales mientras la ciencia, que basa su trabajo en el método prueba-error y se mueve en el terreno de la incertidumbre, funciona a una velocidad mucho más lenta en su destilación que todas esa avalancha de verdades absolutas que nos ahogan. Esta manera de actuar afecta a la representación de la realidad que en este mundo líquido necesita alimentarse de nuevos y constantes comienzos, que sin embargo nos proporciona finales breves o inexistentes. De esta manera la viralización de tanta opinión de andar por casa en comentarios demoledores plagados de insultos o eternos videos en vertical de ciudadanos que gritan, se produce el fenómeno social de que  hoy me levanto virólogo y me acuesto agente internacional de comercio, sin darme importancia. Todas estas perlas, más pronto que tarde, forma un detritus que nos rodea y terminará por inundarnos hasta anular la capacidad de distinguir entre Luís Enjuanes, director del laboratorio de coronavirus del Centro Nacional de Biotecnología, y Facundo el Enterao. En ese sentido Bauman es pesimista y afirma que este mecanismo social no puede detenerse en una sociedad liquida y su consecuencia será el laberinto.
En un medio ambiente líquido quizás lo más razonable sea aceptar la desorientación y aumentar la capacidad de acostumbrarse al vértigo y la marea, el viaje va a ser muy largo y tendremos que tolerar el itinerario, la dirección y todas las marejadas que aparezcan. Porque el Covid-19 nos está retratando a unos y a otros, a los acomodados en el plano material, político e instantáneo pero empobrecidos en lo espiritual, y todos los demás que intentan poner lo mejor para resistir y caminar juntos. Tenemos que ser conscientes que en una sociedad liquida, frente a las cautelas de la ciencia y la prudencia de moverse por terrenos todavía desconocidos, lo importante es la percepción inmediata, la velocidad de los acontecimientos y consumir cualquier combustible para la maquinaria del exceso de medio-noticias, mentiras, medias verdades y majaderías que dificultan la solución posible en el menor tiempo posible y que están comprimiendo las certezas.
Los que tenemos una cierta edad sabemos que existió un mundo pasado en el que el tiempo era mucho más lento, en el que la distancia entre las angustias de vivir y la moral para enfrentarse a ellas permitía una cierta reflexión que te permitía mirar todo el camino recorrido y atisbar hacia el futuro con alguna esperanza. Ahora que todo se apuesta a lo inmediato, es muy difícil mirar hacia atrás, hacia el punto de partida, porque todo se juega al rápido movimiento temporal de una “vida líquida que es una vida devoradora”.
Una sociedad democrática no debería tener problemas para elevar un “mea culpa” Empezando por la autocrítica de todas las administraciones, desde la estatal, a la local pasando por la autonómica, todos sus responsables deberían repasar su relación con los errores y los aciertos y reflexionar sobre como los han trasladado a una sociedad que va camino de la infantilización, entre otras cosas, porque se hacen juegos malabares con la verdad. Pero también necesitamos una autocrítica íntima y personal qué identifique en cuanto hemos ayudados a solventar la crisis, pero también cuantos palos hemos puesto en la ruedas de una situación compleja e inédita en nuestra latitud. Una sociedad democrática que se precie, además de saber toda la verdad, también debería saber gestionarla.
Manuela Carmena escribía hace un par de días que en estos momentos tan difíciles sería importante reflexionar en común sobre cómo queremos reconstruir nuestra sociedad: Podemos elegir la confrontación viral que a veces vemos en la práctica política y en algunos mensajes de Whatsapp, Facebook o Twitter; pero también podemos pensar como un organismo biológico cuyo resultado final provenga de la suma de una cooperación inteligente. La elección depende de cada uno de nosotros.




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24 abril 2020

Covid- 19 y la dicotomía económica




El nobel de economía  Paul Krugman dice la que la economía no es una religión. Sin embargo en teoría económica hay dos dioses por antonomasia: Smith para los neoliberales y Keynes para los socialdemócratas.
El neoliberalismo surgió con la consolidación del orden político y social del mercado internacional del siglo XIX. Smith defendía que en el libre mercado había una mano invisible que buscaba satisfacer sus propios intereses y era el propio mercado quien se autorregula de manera óptima, por eso cuanto mayor desregulación mejor funcionamiento económico. Pero el castillo de naipes se fue al garete con la depresión de 1929 y, en contraposición, surgió Keynes que, sin dejar de ser capitalista, defendía que el Estado debía tomar un papel activo en la economía de un país y proponía un Estado de Bienestar con políticas de redistribución de la riqueza a través de los impuestos para financiar los servicios públicos. No se trataba de suplantar el mercado, tan solo de regularlo. Estas dos tendencias económicas tiene dos profetas en la Tierra: Roosevelt y Friedman.
El presidente de los Estados Unidos Franklin Delano Roosevelt hizo frente a la «gran depresión del 29» impulsando lo que se conoció como New Deal, un nuevo acuerdo para sacar a la economía de su estancamiento gracias a la intervención del Estado y paliar los efectos sociales de la crisis aunque aumentara el déficit público, de esa manera se abría paso el Estado de Bienestar teorizado por Keynes.
El premio Nobel de Economía Milton Friedman regresó a las ideas neoliberales con unos postulados definidos en la que se llamó la Escuela de Chicago y que se pusieron en marcha bajo la dictadura de Pinochet en Chile durante los años 70 gracias a los Chicago Boys, los discípulos chilenos de Friedman que diseñaron un programa económico ultra liberal bajo una dictadura política que amordazaba la opinión de partidos políticos y sindicatos. En diez años bajó el Producto Interior Bruto, aumentó la deuda externa, el paro y quebraron muchas empresas. Sin embargo es cierto que Friedman declaró que sus teorías no se habían podido aplicar al pie de la letra en Chile entre otras cosas porque su teoría económica no era posible sin libertades políticas.
El periodista Joaquín Estefanía ha sacado su periscopio a la superficie de la actualidad y para comprobar que la crisis sanitaria y económica del Covid-19 ha dejado a los neoliberales más comprometidos ideológicamente escondidos bajo las piedras, y nadie discute la intervención pública para disminuir en lo posible la depresión económica, el paro y el empobrecimiento. Así que según The Wall Street Journal, el guardián periodístico de las esencias ortodoxas del libre mercado, Keynes vuelve a estar de moda
Luis de Guindos, actual vicepresidente del Banco Central Europeo y Ministro de Economía en el Gobierno de Rajoy entre los años 2011 y 2018 en los que aplicó una política de recortes y austeridad a la población mientras ayudaba a reflotar la deuda de los bancos, ha defendido la necesidad de una Renta Mínima de Emergencia durante la crisis, "tiene que actuar el Estado en este período transitorio para que después de la crisis sanitaria, con un impacto económico intenso y profundo, no se produzca una crisis social. Que todos nos hagamos cargo de las necesidades básicas de la población más vulnerable"
Así que quizás el debate a futuro es si queremos que las medidas Keynesianas vayan más allá de la pandemia o si vamos a esperar a que los neoliberales salgan de debajo de las piedras para volver a dejar la economía, la salud y la educación en las manos invisibles que manejan el mercado.

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19 abril 2020

Covid-19 y el miedo




Bob Woodward, uno de los periodistas que investigó el Watergate, publicó hace un par de años un libro sobre la presidencia de Trump a través de cientos de horas de entrevistas con miembros de su Administración. El periodista buscaba un buen título para su libro y me lo imagino dando vueltas a la frase que le había dicho el secretario presidencial de entonces, Rob Porter: “Me siento como si estuviéramos paseando constantemente por el borde de un acantilado” Woodward debió de transitar por esa frase muchas veces hasta que recordó unas palabras de Trump en su época de candidato: “El poder efectivo es el miedo” y entonces Woodward supo que ya tenía el título de su libro: Miedo. Al fin y al cabo, como nos recuerda la filosofa Amelia Valcárcel, el poder siempre ha buscado controlar el temor y normalmente se le va de las manos, esa es una de las razones por la que tenemos la política y la democracia para poder atar al miedo como al perro guardián nuestro jardín. Jugar con él es de irresponsables.
El viernes pasado empecé mi turno de mañana y de camino a la fábrica, todavía de noche, detuve la moto en un semáforo. El conductor del coche que se situó a mi lado iba solo y llevaba puesta una mascarilla. Una mascarilla detrás de los cristales de un automóvil con airbags delanteros y traseros, cinco cinturones de seguridad, llamada automática a la compañía de seguros en caso de accidente y daños a terceros. Durante un breve lapsus de tiempo me quedé mirando a un hombre y su mascarilla dentro de un automóvil en el trayecto de casa al trabajo y pensé que tenía miedo.
La noche anterior había escuchado a un virólogo en la radio. Explicó en un tono muy didáctico que las mascarillas quirúrgicas no se recomendaban para la vida cotidiana de personas sanas y que solo se justificaban en personas con infección respiratoria para no contagiar a los demás, y en la protección del personal sanitario o familiares que atienden a los pacientes. El virólogo contó que llevar mascarilla todo el día podía provocar una falsa sensación de seguridad que nos hiciera olvidar lo realmente eficaz: La combinación de toser en la parte interior del codo, la distancia social y lavarse las manos con jabón o desinfectante con asiduidad. Sin embargo el virólogo cambio el tono técnico de su intervención por uno más amigable, cálido y cercano antes de dar por finalizada su intervención diciendo que en fin, que si alguno de los radioyentes no le convencían sus argumentos y se sentían más seguros llevando la mascarilla… ¡¡No me hagan caso y no lo dude, póngase la mascarilla!! El señor del coche tal vez había escuchado la misma emisora de radio que yo.
Valcárcel nos cuenta que hubo un tiempo de temor fundado cuando la vida estaba muy cerca de una muerte visible y constante, como si el infierno estuviera en la tierra y abriera la puerta para devorar a los hombres. El miedo también ha habitado en los terrenos de la religión con curas que bramaban todos los males del Apocalipsis desde los púlpitos exentos de los altares y la piedad. Miedo a la peste, a la hambruna, a las guerras de religión, miedo de los chivos expiatorios por cuestiones ideológicas. Las víctimas tienen el miedo inoculado con crueldad. Un miedo que se contagia, que desconcierta y nos enloquece. Y sin embargo pocas cosas hay tan insensatas como detener al miedo. Una vez se lo escuché a un torero. El miedo es el asidero a la vida. Un torero sin miedo está muerto. El miedo es la alarma que nos avisa de que estamos vivos. ¿Qué hacer? Valcárcel recomienda  que lo mantengamos a raya, no hay que darle vidilla, pero dejarle trabajar los justito para que nos alerte sobre las señales que anuncian un peligro.
El escritor dominicano Frank Báez piensa que ya nos hemos acostumbrado al apocalipsis de una cuarentena con los supermercados abiertos y yo me atrevo a añadir con la cuenta de Netflix España que no ha necesitado bajar la calidad de su señal porque al parecer nuestra malla de fibra óptica está mineralizada y súper vitaminada, mientras los riders que pedalean para Glovo distribuyen videojuegos, herramientas de bricolaje y ropa para hacer gimnasia desde los macro almacenes de Amazon. Sin embargo Báez nos advierte de que no hay que bajar la guardia, que hace poco leyó una pintada que advertía “El fin está aquí” sin embargo también es cierto que al lado había otra que decía “El mundo no se acaba” y es usted, improbable lector, quien tiene que decidir.

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15 abril 2020

El Covid19 también levanta muros y fronteras






El 16 de marzo el Gobierno español decidió suspender el Acuerdo de Schengen y cerrar sus fronteras terrestres para el paso de personas, una decisión que se sincronizaba con la tomada por el Consejos de Ministros de Sanidad e Interior europeos en una cumbre por videoconferencia en la que se había decido restringir los viajes no esenciales a la UE durante 30 días. El objetivo de estas medidas era contener la expansión del Covid-19 y evitar la aparición de fronteras interiores dentro de la UE. Von Der Leyer, presidenta de la Comisión Europea, confiaba en que un bloqueo perimetral relajaría los controles interiores, sin embargo ambos objetivos eran imposibles de conseguir con ciudadanos europeos que ya estaban bloqueados dentro de la propia UE y con la sensación general de un sálvese quien pueda que se vio acentuado cuando a los primeros síntomas de desunión, se sumó la decisión de algunos países de restringir las exportaciones hacia algunos socios de la UE, lo que ponía en riesgo las carencias de otros y, por lo tanto, aumentaba el riesgo de la salud de la población europea.
Aunque el artículo 28 del acuerdo de Schengen recoge la posibilidad de regulación de las fronteras, su uso de facto, significa suspender la libre circulación de ciudadanos entre los  estados de la UE.
La idea original para la creación de una Comunidad Económica Europea siempre ha mantenido dos polos de tensión entre quienes quieren una Europa funcionalista que concentré la gestión por áreas específicas pero sin que los Estados pierdan soberanía; y los que pretenden una Europa federalista que compense la pérdida de soberanía nacional con un gobierno de instituciones supranacionales. En esa tensión inicial, el control de fronteras interiores era uno de los símbolos más preciados.
En marzo de 1957 se firmó el Tratado de Roma que ponía en marcha un gran mercado único compartido por seis socios que pretendían una unión aduanera, la libertad de circulación de personas, capitales, servicios y mercancías, además del derecho a trabajar y residir en cualquier país miembro. Pero estas intenciones no terminaban de materializarse porque  primaban los intereses capitalistas de los mercaderes de una Europa con un pronunciado acento funcionalista de los estados asociados.
El Acta Única Europea entró en vigor el 1 de enero de 1987 y supuso la primera modificación de los tratados fundacionales de las Comunidades Europeas con la pretensión de construir el gran mercado sin fronteras acompañado por cohesión económica y social, de investigación y tecnología y un sistema monetario único y, dentro de este marco, supresión aduanera era la prueba para quien sabe si iniciar el incipiente camino hacia una Europa federalista. Sin embargo esa esperanza se veía ensombrecida por los movimientos migratorias clandestinos, las redes de delincuentes y el terrorismo que empezaba a mostrar sus fauces cuando la organización palestina Septiembre Negro asaltó la sede de la delegación israelí en las Olimpiadas de Múnich de 1973, y también al comprobar como una protesta en la primavera de 1984 en el sector del transporte pesado colapsaba la mayor parte de las fronteras interiores de la Comunidad causando problemas de abastecimiento y dejando en evidencia el deficiente sistema estructural de distribución de mercancías. Todos los miedos, intereses y aspiraciones se condensaron en la ciudad luxemburguesa de Schengen en junio de 1990 donde se diseñó un espacio sin fronteras, que se iría ampliando conforme lo hiciera la Comunidad, y que significaba la eliminación de visados y pasaportes, el refuerzo de controles policiales y judiciales en las fronteras externas y la vigilancia de flujos migratorios. Se suprimían los puestos fronterizos, se reforzaba la cooperación policial y se armonizaban las legislaciones nacionales, El acuerdo de Schengen se incorporó al Tratado de Ámsterdam de 1995 y pasó a formar parte del acervo comunitario.
Muchos ciudadanos europeos, en una medida de extrema dureza, están confinados en una decisión de emergencia que han adaptado muchos estados de manera que el Covi-19 ha reavivado las fronteras y el poder del Estado nacional frente a un enemigo microscópico que no distingue entre nacionalidades y sin embargo, estamos comprobando que, como nos recuerda Bertrand Badie profesor emérito del Instituto de Ciencias Políticas en París, que esta crisis ha puesto de relieve que “no existe una palanca global para responder” y hemos visto como países de la Unión Europea restringían la exportación de material médico o tomaban medidas en función de criterios nacionales cuando la repercusión del Covid-19 nada tiene que ver con las fronteras nacionales.
Esta deriva tiene el peligro de un repunte nacionalista que termine por imponer las barreas que se habían logrado difuminar y, como afirma Strobe Talbott vicesecretario de Estado con la Administración Clinton, tal vez estamos a punto de ver como los instintos nacionalista y el desprecio a la cooperación internacional se adueñan del tablero. Levantar muros entre países y casas puede tener sentido en medio de una urgencia sanitaria pero como recuerda el politólogo Josep Colomer, el Covid-19 ha puesto en marcha una coordinación global entre estados, entidades regionales y locales y organizaciones no gubernamentales que demuestran que la pandemia, como problema global, también significa complejidad y fragmentación y que, por lo tanto, se aleja de la simplificación que implica una idea de soberanía nacional basada en decisiones absolutas, finales y acotadas a un espacio. Quizás tengamos que hacer caso, y nunca pensé que esto sería posible, a Ronald Reagan cuando en 1987 dijo, en otras circunstancias y ante otros enemigos, una frase que ahora viene bien si la usamos pensando en el Covid-19
“Con nuestra obsesión con los antagonismos del momento, olvidamos todo lo que une a los miembros de la humanidad. Quizá necesitemos una amenaza exterior, universal, para reconocer nuestro vínculo común. A veces pienso en lo rápido que desaparecerían las diferencias en el mundo si afrontásemos una amenaza alienígena” (Ronald Reagan en 1987)

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Documentación



Gil Pecharromán, Julio. Historia de la integración europea. Basauri. UNED. 2ª Edición 2017



Ortega, Patricia y López-Fonseca, Óscar. “España clausura fronteras terrestres y solo dejará entrar a residentes o por fuerza mayor” El País. 14 Abr 2020 [última consulta] https://elpais.com/espana/2020-03-16/espana-restablece-las-fronteras-y-prohibe-la-entrada-a-los-no-residentes-salvo-causa-de-fuerza-mayor.html 16 Mar 2020.



Bassets Marc. “Un virus sin fronteras que reactiva el poder del Estado” El País. 14 Abr 2020 [última consulta] https://elpais.com/internacional/2020-03-21/un-virus-sin-fronteras-que-reactiva-el-poder-del-estado.html 22 Mar 2020.

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13 abril 2020

Covid-19 o la vida entre los muertos



Los muertos que me rodean pasaron de la vida a mis recuerdos, por eso no voy a visitarlos al cementerio, porque mis muertos no están allí. Ellos hicieron el tránsito del latido al reposo gracias a los velatorios. Cuando yo era monaguillo en algunas ocasiones tuve que acompañar al sacerdote para recoger al difunto en su casa y trasladarlo hasta la Iglesia. Eran escenas que me emocionaron profundamente y donde reinaba la más profunda de las tristezas que se agrandaba por el respetuoso silencio de las calles de mi pueblo hasta terminar en agua bendita. Creo que fueron esas sensaciones percibidas de zagal las que me condicionaron en los primeros velatorios de mis seres queridos, porque pensaba que las honras fúnebres tenían que estar dominadas por la tristeza, la pena y el llanto sin embargo, ante mis ojos se producían escenas contradictorias que era incapaz de comprender. Mientras un amigo rendía tributo junto al difunto y un familiar lloraba en desconsolada soledad, un poco más allá se reencontraban los miembros de una antigua cuadrilla que hacía lustros que no se veían y surgían abrazos, risas y felicidad. Me costó entenderlo y admitirlo: Los velatorios son ese torrente de vida que viene a decirte que llores, que las lágrimas y el respeto inunden cuerpo y recuerdos porque ahí, justo ahí al lado sigue fluyendo el rio de la vida que no se detiene por muy grande que sea tu dolor.
A los familiares y a los muertos por el Covid-19 les ha faltado ese rio de vida que se forma en un velatorio y corren el riesgo de que su dolor y su pena se hagan crónicos, que aniden en su pecho y allí permanezcan para siempre. Pablo del Llano contaba en una crónica para El País Semanal como el frio y la soledad penetraban hasta los huesos al contemplar la escena de un difunto acompañado por tres familiares y como uno de ellos grababa las exequias con un teléfono móvil, imágenes que pasarán de mano en mano y tal vez sirvan de certificación del hecho luctuoso, pero unos fotogramas secos donde la muerte solo es penuria y frustración nunca deberían ser el recordatorio final de una vida.
El Covid-19 ha robado a las familias de los muertos el importante papel del velatorio, por eso, cuando esta tragedia acabe, la sociedad civil tendremos que desempeñar el importe papel del velatorio capaz de regenerar la vida. Las miles de familias afectadas van a necesitar de nuestra ayuda colectiva, de cada uno de los caudales vitales que seamos capaces de llevar hasta la humedad de sus ojos y la aridez de su pena. Por eso sueño con lugares de memoria bajo la sombra frondosa de unos plataneros con espacios para sentarse y reflexionar, con vericuetos por lo que corran los gritos de los zagales que juegan a tula un palmo, y con caminos  para el lento pasear de abuelos con boina, gayata y un vestidito estampado de florecillas sobre el verde esperanza que nos recuerde que ellos esquivaron al Covid-19. Lugares donde los familiares y amigos de los muertos provocados por esta pandemia puedan darse un baño de vida, como los que yo me he dado en todos y cada uno de los velatorios de mis muertos, esos muertos que pasaron de la vida a mis recuerdos.

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09 abril 2020

Covid-19: Teruel y Shanghái nunca han estado más cerca








La familia Zhu estaba en España disfrutando de unas vacaciones durante el caluroso mes de agosto, se había planteado recorrer en diez días la distancia entre Barcelona y Toledo. Un recorrido que pasaba por Albarracín y Teruel donde se pinchó una de las ruedas del vehículo que los transportaba.
El calor en el mes de agosto en la provincia de Teruel está muy relacionado con la altitud de la provincia que se convierte en una gran paella a más de 900 metros de altura al nivel del mar donde los rayos del sol caen desde el cielo para abrasar la tierra vacía.
La familia Zhu se había arremangado para cambiar la rueda del vehículo pero no sabían muy bien cómo hacerlo y la barrera del idioma hacía imposible la comunicación con quienes se habían parado para ayudarles que no se manejaban ni en chino ni en inglés, pero la familia Zhu estaba de suerte.
Carmen Loureiro, una mujer vasca con apellidos gallegos, afincada en Teruel desde 2017 y profesora en el Instituto Vega del Turia no dudó en poner sus  conocimientos del idioma de Shakespeare al servicio de la familia Zhu para llamar a la asistencia y hacer de intérprete con los operarios de la grúa que había acudido a repararles en pinchazo. Pero el sol de agosto seguía ahí, porque el sol no sabe que Teruel Existe, ni si los pinchazos son chinos o españoles y tampoco sabe nade  de tres ancianos y una niña pequeña a la solera de un día de agosto en la España Vacia. Pero Carmen sí que lo sabe y por eso los invitó a esperar a la sombra fresca de su hogar.
La familia Zhu cruzaron descalzos el umbral porque así lo marca las normas de educación de su país que, es una señal de respeto, obedece a la intención de dejar las malas vibraciones fueran en la calle y porque caminar descalzo relaja los puntos de presión del pie y favorece la circulación de la sangre. Carmen, que  estaba un poco azorada por la novedad de aquella costumbre y porque se iban a ensuciar los pies, pasó este primer momento de sorpresa y les ofreció agua para refrescar tantos calores, mientras la más pequeña de la familia Zhu enseguida se hizo con algunos juguetes de los críos que andaban desordenados por aquí y por allá.
Una vez solucionada la avería ambas familias se hicieron un par de fotos, intercambiaron sus direcciones de correo electrónico y se despidieron a pie de carretera. Carmen pensó que aquella anécdota del pinchazo y la familia Zhu descalzos en el salón de su casa se quedaría en el catálogo del anecdotario familiar que se cuenta una y otra vez en Nochebuena o durante las cenas en las fiestas patronales y, cuando la familia Zhu mandó un par de correos para avisar que habían terminado bien sus vacaciones y ya estaban en casa, parecía que ha historia ya había concluido. Pero lo que entonces nadie sabía era que el Covid- 19 se iba a propagar con gran virulencia en España.
Cuando la familia Zhu se enteró que la pandemia había llegado a España se preocuparon por la situación de la familia de Carmen, volvieron a contactar con ella y le preguntaron si necesitaban algo. Carmen, cuando leyó aquel correo, lamentó profundamente que ni siquiera había caído en la cuenta de preguntarles por cómo les había ido a ellos con la epidemia del Covid-19 en China.
Carmen respondió que no necesitaban nada pero, después de consultarlo con su marido, decidieron contarles el grave problema que había en España porque no se disponía de suficientes materiales de protección. El siguiente mensaje de la familia Zhu fue una caja con 600 mascarillas enviadas gracias a la empresa Tialoc Group de Shangai que pertenece a uno de los miembros de la familia Zhu. El segundo envío llegó el cuatro de abril y Carmen, después de ponerse en contacto con el Ayuntamiento para donarlas y recibir la callada por respuesta, tiro de las ideas, de las manos y de los euros de sus compañeros en el Instituto. Las primeras mascarillas las entregaron en la residencia de Javalambre y después hicieron un fondo para pagar las tasas de aduanas y el transporte hasta Teruel para construir una cadena solidaria que parte de Shanghai, hace parada el Instituto Vega del Turia y termina en el Hospital de Teruel Obispo Polanco donde esas mascarillas ayudan a salvar vidas.
Una historia tan bonita merece un final que recoja las palabras con las que Cruz Aguilar terminó su crónica en el Diario de Teruel:
“Carmen ayudó a los chinos sin esperar nada a cambio, simplemente porque es su forma de ser. El pasado verano era impensable que, viviendo en un país como España, pudiera necesitar nada, y mucho menos material sanitario, de otros lugares del mundo. El coronavirus ha tirado las torres más altas sobre las que se asentaban los esquemas mentales occidentales y “la gran conciencia social y comunitaria” que tienen los chinos ha sido de gran ayuda en Teruel. Ayer por ti hoy por mí. Solidaridad en estado puro.”

(Este relato es una recreación que parte de la crónica que escribió Cruz Aguilar en el Diario de Teruel y a la que accedí gracias al muro de Facebook de Mar Martínez Labarta. La fotografía de Carmen Loureiro y sus hijos es la que publicó el períodico)

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07 abril 2020

Los que luchan contra el Covid-19 no son héroes


Mamoudou Gassama dejó Malí en 2013 para llegar a Francia donde vivía su hermano. Cinco años después era un inmigrante sin papeles que el 26 de mayo de 2018 buscaba por Paris un lugar para ver la final de la Liga de Campeones entre el Real Madrid y el Liverpool. Mamoudou tenía 22 años cuando vio a un crio colgado de un balcón y no dudó en escalar cuatro pisos para salvarlo. Esta acción fue grabada por un peatón que pasaba por la zona y en poco tiempo se hizo viral. El nombre de Momoudou Gassama se había borrado de casi todos los titulares de prensa que lo rebautizaron como Spiderman. El revuelo fue tan enorme y universal que el Presidente Macron, que por entonces estaba preparando una ley para endurecer la legalización de inmigrantes, lo recibió en el Palacio del Eliseo, lo condecoró, le prometió que rápidamente obtendría la ciudadanía francesa y le propuso trabajar como bombero en París. Pero yo miraba aquel video una y otra vez y no lograba atisbar a ningún héroe, en aquellas imágenes grabadas en vertical y repetidas en bucle en todas las pantallas del mundo, en lugar de un disfraz de hombre araña, yo veía a un ser humano capaz de poner su sensibilidad y su valor al servicio de las desgracias de otro ser humano. Mamoudou Gassama fue, en el sentido machadiano del término, un buen hombre.
En la batalla contra el Covid-19 también han aparecido en las pantallas y los papeles miles de personas a la que se le cuelga el cartel de héroes, entre otras muchas, el personal médico y auxiliar de urgencias en particular y todas las plantas de un hospital en general; y las plantillas de los supermercados desde la línea de cajas, a las estanterías pasando por el almacén. Y yo que a los primeros solo los veo por los medios de comunicación y a los segundos los observo en mi barrio los miro y los vuelvo a mirar y no consigo ver héroes. Solo puedo a ver a hombres y mujeres, algunos son profesionales con un alto nivel de preparación luchando para salvar vidas y pertrechados con su valor pero con muy poca protección, otros son trabajadores manuales dando todo su esfuerzo y amabilidad mientras tantas veces tienen que lidiar con esos covidiotas que no han entendido un carajo que es eso de la distancia social de seguridad. Yo los miro y no veo héroes, veo hombres y mujeres a los deberíamos recordar bien, memoriza sus caras y su trabajo y así, cuando todo esto haya pasado y la palabra héroe deje de sobrevolar hospitales y supermercados para volver a los comics y las pantallas, entonces será el momento de ayudarles a que los trabajadores de la sanidad dejen de estar minados por la precariedad de los contratos temporales y una escasa oferta pública de empleo, que los trabajadores de los supermercados, además de la precariedad, tengan el derecho a conciliar su vida familiar esos domingos y festivos en los que comprar en chándal 100 gramos de chirlas para la paella se ha convertido en una opción de ocio. Y, aunque Bowie tenía razón y todos podemos ser héroes por un día, quizás sería mejor elevar nuestros niveles de humanidad para que los ejemplos a seguir cuando regresemos a la normalidad sean de seres humanos como Mamoudou Gassama, el personal sanitario y las plantillas de los supermercados

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05 abril 2020

Paco, el Covid-19 y las palabras




El Covid-19 ha pasado por la vida de Paco Vázquez y, mientras leo sus palabras,  pienso la importancia del lenguaje y las palabras como las herramientas que describen la realidad y nuestros sentimientos. Porque no es lo mismo hablar de infectados que de contagiados. El infectado es un ser vivo invadido por microorganismo patógenos, pero también es corromper con malas doctrinas o malos ejemplos. El contagiado es el que ha adquirido una enfermedad y la puede transmitir. Cuando hablamos de una gripe nunca decimos que estoy infectado, como mucho mira que trastazo he pillado; sin embargo la alegría y el amor se pueden contagiar. La elección del lenguaje siempre es esencial

Paco cuenta como el viernes 13 de marzo se sintió mal y, aunque al principio no le dio importancia, el sábado había empeorado y la preocupación se instaló definitivamente, por eso comenzó a llamar a los teléfonos de emergencia que facilitaban los medios de comunicación pero al otro lado de la línea solo encontró silencio y llegó el miedo. Un miedo compartido con su “chica” y esa sensación de soledad de luchar con paracetamol y agua azucarada a un tormento mientras al otro lado del teléfono seguía el silencio hasta que Pili, que además de su “chica” es la mujer con la que ha compartido toda su vida, ya no soportaba una situación que había empeorado, deciden ir a urgencias y entonces, cuando sólo buscas una solución, una brizna de esperanza, un bálsamo para el miedo, entonces todo empeora.

Es imposible ponerse en la piel de Paco y Pili, porque una cosa son las recomendaciones oficiales de permanecer en casa si tienes los síntomas del Covd-19 y otra el desconsuelo de sentirte abandonado. Paco dice que cuando llegaron a urgencias sintieron esas miradas asustadas de quienes tratan con leprosos. Paco utiliza la palabra leproso que nos traslada a los tiempos del Levítico “El que tenga llagas de lepra deberá llevar rasgada la ropa y descubierta la cabeza, y con la cara semicubierta gritará: ‘¡Impuro! ¡Impuro!” Paco se siente impuro cuando una auxiliar con demasiado miedo y ninguna empatía le dice “échese atrás” Un gesto tan alejado de esas trabajadoras de la sanidad que dan la mano a los enfermos terminales aislados de sus familiares y que necesitan ese poquito de calor humano. El mismo calor del que nos habla Marcos en la Biblia cuando Jesús fue a Betania a casa de Simón el leproso, se sentó a su mesa y una mujer derramó un frasco de perfume de nardos sobre la cabeza del invitado. Paco y Pili tuvieron esa maldita suerte que veces nos pone en el camino a gentes que aún viven en tiempos del Antiguo Testamento y volvieron a casa enfermos y derrotados.

Cuatro días de cansancio, fiebre, diarreas y un teléfono que sigue en silencio. Pili quiere ir al hospital pero Paco se niega, no quiere la soledad y el aislamiento al que le obligaría permanecer hospitalizado. Al quinto día sonó el teléfono. Era su médico de cabecera pero la percepción de Paco ha cambiado tanto que ya no siente el auxilio de la medicina, él siente que las sucesivas llamadas tan solo son para comprobar que sigue ahí, vivo. Y Paco sigue ahí hasta que el 30 de marzo amaneció con unas décimas de fiebre que poco a poco desaparecieron por completo.

Paco termina su relato con una serie de agradecimientos entre los que destaca a “Pili, mi chica, mi mujer”. Pero lo que más me llamó la atención fue que, de nuevo el lenguaje. Paco confiesa que ha escrito su experiencia para que todos sepamos cómo se siente un “infestado”. Paco no se siente infectado o contagiado. Paco se siente infestado que, al margen del sentido estrictamente médico, nos habla de corromperse con malas doctrinas y malos ejemplos, infestar tiene un potente significado negativo y rememora daños, estragos y hostilidades. Y no, eso no puede ser Paco. Quisiera terminar este texto con la fuerza de un Jedi, me gustaría extender la mano para que pudieras comprender que vosotros no sois unos infestados, que vuestra experiencia es una de las millones de historias que se van a contar durante décadas sobre esta crisis y que contarla tiene que ser la catarsis para volver al camino de la vida con el orgullo de quienes se han enfrentado a una experiencia muy dura en pareja, hombro con hombro. .

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03 abril 2020

La vida a rajatabla de Carmin Cle




Para mi prima

A Carmin Cle le gustaría seguir el confinamiento a rajatabla pero ella, que tantas cosas ha hecho en su vida a rajatabla desde que le hicieron el trasplante, sin embargo no puede seguir el confinamiento, la diálisis es lo que tiene, no puedes decidir, tienes que desplazarte hasta el hospital varias veces por semana y pasar unas cuantas horas en una sala..
Camin Cle ha escuchado muchas veces que su fortaleza y disciplina son míticas, sin embargo cada vez que sale de casa hacia uno de los grandes focos de infección del Covid-19 en su ciudad, el ritmo cardiaco se le altera porque se sabe vulnerable y siente una insalvable inseguridad en un desplazamiento en el que le va la vida, pero si se queda en casa también.
La decisión ya está tomada y cuando llega a su destino mira a los ojos al personal sanitario que la tiene que atender, los mira para entrar en sus corazones porque no quiere saber nada de mascarillas, guantes, gafas o trajes de buzo. Ella solo quiere un acceso vascular con flujo suficiente para que la fuerza de la sangre circule por las arterias, pase a la venas y así eliminar los deshechos, mantener los minerales del cuerpo y que los glóbulos rojos se sientan tan a gustito como en aquellas noches de verano en las que la orquesta tocaba canciones para bailar y los vestidos de vuelo con florecillas verdes, naranjas y amarillas tan pronto daban alocadas vueltas de rocanrol, como se mecían con el suave vaivén de un bolero que separaba las mejillas de los amantes gracias a un brazo derecho con una pulserita de plata, un brazo derecho en alto, tan rígido y estirado como el blanco y negro de la televisión, hasta que ese brazo, por la fuerza de unos versos con sabor tropical que cantaban: Toda una vida me estaría contigo. No me importa en qué forma. Ni como, ni donde, pero junto a ti. Ese brazo perdía tensión muscular y las mejillas se rozaban en un suspiro que rompía el ritmo del twist y el beso que no había llegado, se dejaba pasar hasta la siguiente verbena.
Ahora Carmin Cle tampoco puede besar a todas esas personas que la ayudan a vivir y quizás por eso, cuando regresa a casa, sonríe y al vaivén de su cuerpo delgadito, le gusta cantar aquella tonada que dice: Bailando el twist again. Like we did last summer. Bailando el twist again, vamos a bailar. Y entonces imagina besos por doquier, besos con churros en el desayuno, besos on the rock para el vermoth, risotto, carpacho y paella de besos, besos a lo grande y volteretas de besos. Camin Cle cae rendida en el sofá y mira el calendario de la rajatabla: Sólo faltan dos días para volver a diálisis, pero  no tiene ni idea de cuanto va a durar este confinamiento.

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01 abril 2020

El paseo de Sandra y Suk





Para Sandra García Roche



Sandra y Suk pasean por una ciudad confinada. Suk está deseando llegar el parque. Sandra piensa en su primer día de trabajo y como aprendió a moverse con la moto entre un tráfico tan denso y ruidoso que ahora ha dejado sitio al viento.  El parque también está vacío. Suk trota ligero sin la atadura de la correa y se aleja. Sandra lo mira y nota como la emoción empieza a cosquillearle los pies, sube hasta el estómago y se instala en la cabeza porque a veces no puede, a veces es incapaz de desconectar de las intensas jornadas de trabajo en la UCI del Vall d´Hebron, y entonces se alegra que las obligaciones que el Covid-19 ha impuesto sobre la distancia social no sean necesarias con Suk, la pandemia no afecta al afecto entre canes y humanos.
Sandra se hizo una foto en la puerta del vestuario justo antes de comenzar su trabajo en la que le veía ataviada con todos los equipos de protección personales propios para luchar contra el Covid-19: botas, guantes, mascarilla, unas gafas de seguridad sobre sus gafas de ver el mundo y un mono blanco con capucha que cubría el resto del cuerpo. Ante de enviar la foto añadió un emoticono sonriente delante de la frase: Mirar que guapa estoy con todos estos complementos enviados desde China. Sin embargo Sandra nada dijo de las batas que llevaban antes de que se desencadenara esta crisis sanitaria que le exige jornadas maratonianas en la delicada tarea de gestionar el servicio de urgencias, los circuitos de enfermos y humanizar en todo lo posible una situación que desborda cualquiera de las situaciones que imaginó mientras estudiaba Medicina Intensiva, porque Sandra, que soñaba con tratar a pacientes críticos pero potencialmente recuperables, ahora se enfrenta a la paradoja de colgarse una armadura para luchar en primera línea de combate contra el sistema de abastecimiento, la logística internacional y las previsiones políticas. Sandra sabe que no puede bajar la guardia ni un minuto, que si las batas que usaban antes eran más cómodas y transpiraban mejor, ahora lo primordial es cuidar todos esos complementos que vienen de China, que son clave para no contagiarse y que, como hace días que escasean, una vez estrenados y usados durante horas en las zonas más peligrosas, hay que reutilizarlos después de limpiarlos y esterilizarlos. Es lo que hay en la trinchera en la que  se ha convertido su trabajo y Sandra se lo toma con la valentía que le otorga el juramento hipocrático: Velar solícitamente y ante todo por la salud de mi paciente.
Su amigo Jóquetele pasó un buen rato mirando la foto. No se atrevía a hacer un chascarrillo con aquella imagen a la que, al fin y al cabo, todos los días aplaudía a las ocho de la tarde desde su balcón. Sin embargo, ponerle cara y memoria a aquellas palmas que unos días tocaba por tangos y otros por bulerías lo cambiaba todo. Así que se dejó llevar y tecleó desde su teléfono móvil. Oye Sandra que cuando me dijiste que ibas a estudiar medicina intensiva pensaba que se trataba de trabajar a destajo con tu fonendoscopio y un palito de polo para verle al personal la campanilla, y hacerlo todo bien deprisita para irte a pasear. Y que no me fastidies que te han clavado ese trajecillo chino con el que te pareces a los mecánicos y a los chispas de mi fábrica cuando se meten al electrofiltro de las calderas de recuperación para limpiar aisladores de alta tensión y soldar martillos rotativos, que al fin y al cabo no será muy diferente de eso que haces tú de vigilar los sistema endocrinos y respiratorios, y que no te creas, que si tu pones tubos nasogástricos, bombas de succión, drenajes y catéteres;  ellos, sin darse importancia tiran de quemar varilla de soldar y cambiar fusibles. Y no te olvides de lo más importante Sandrica, que están muy bien los aplausos en los balcones para subiros la moral y que los pizzeros os regalen una cuatro quesos familiar con bebida y alitas de pollo que, si te digo la verdad eso no es comida para esos héroes en los que de repente os habéis convertido porque la tele no hace más que repetirlo una y otra vez. Pero vaya, que yo no digo nada y que todo eso está muy bien, pero Sandrica que no se te olvide los más importante: Apúntate todas las horas extras que luego, cuando se pasen todos estos apuros y los de los dineros tengan que soltar la gallina, entonces se hace tabla rasa y se te he visto no me acuerdo, hazme caso, apúntate todas la horas extras que eso luego se olvida.
Aunque Sandra contestó a su amigo con un montón de emoticonos partiéndose de risa, ella no se reía. En su cabeza todavía resonaban las últimas conferencias que había consultado por internet para estar al día con las novedades sobre el Covid-19, los avances en las vacunas y los posibles medicamentos para su tratamiento. Sandra miró el reloj y decidió volver a casa, ya había pasado la hora que hay que dejar reposar la masa de la focaccia que iba a preparar con la carne picada de la carnicería de su hermano, le puso la correa a Suk y en los auriculares sonó la voz aterciopelado de Suu que le cantaba y le animaba

Una platja i birra, el somni de tothom

I alguna guitarra donant to a la situación

En un paradis perdut, perdut de veritat

Va a pasar una nit que yo sempre guardaré al cap

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