La curvatura de la córnea

29 marzo 2022

Hoy voy a por ti

 

Hoy voy a por ti

 

El gesto despiadado de la imaginación

abre la puerta a la fantasía.

Un cuento de terror que teje palabras

como cáscaras emocionales de odio.

 

El afecto al otro, una gran bola

que no se debe habitar, es la geometría

de la mente, un cálculo frente al mar

para arruinar la vida de las ratas.

 

La violencia es un sueño pegajoso

que se convierte en honda palpitación.

Abandonar la humanidad.

Renacer como depredador.

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27 marzo 2022

Cuando no podíamos salir

 






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23 marzo 2022

Para los muertos

 

Para los muertos

 

La tensión crece como una grieta

en la noche de la gran ofensiva.

La fisionomía de la ciudad

es el ultimátum de los degollados

que gritan a los cielos: No hay rendición.

 

Un misil se estrena en el teatro.

Una bomba mata a un niño en el parto.

En el infierno de la desesperanza

no hay refugio seguro para los vivos,

ni bolsas en la morgue para los muertos.

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21 marzo 2022

Lysistrata

 






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15 marzo 2022

Latas


 

Latas, un universo en descomposición

Los soldados viejos del siglo XVII mendigaban de despacho en despacho una compensación para las penurias guerreras acreditadas en un rollo de documentos que transportaban en un tubo de lata. Tanto dar la lata dio un giro inesperado en 1795 cuando el confitero Nicolas Appert tuvo la ocurrencia de meter sus alimentos en un tarro de cristal cerrado herméticamente, hervirlo y sin saberlo, matar los microorganismos. Pero el latazo definitivo llegó en 1810 y se lo debemos a Philippe Girard que incorporó la hojalata al proceso de conservación de alimentos. Cuarenta años después el abrelatas revolucionó el mundo del laterío y terminó con la costumbre de “córtese alrededor de la parte superior con escoplo y martillo” La Compañía D´Click todavía no conoce esta mejora técnica porque, en el universo donde habita, las latas todavía se abren a golpes.

Latas es un universo que nos habla de unos hombres viven una vida individual entre la siesta y el aburrimiento hasta que la casualidad les lleva a realizar un trabajo juntos. La colaboración da sus frutos en forma de belleza y armonía, el agua es frescor de vida y la sal condimenta el buen humor de quienes se sienten a gusto en compañía, respetan las particularidades individuales, y son capaces de elevar la vista para descubrir que hay latas más allá del equilibro esencial que ha generado la vida en comunidad.

Pero la condición humana, el gen de la competición y el instinto del depredador tiñen la tierra, que si antaño era mies de oro, ahora es brillo de destrucción que rompe el mito de la unidad, se carcajea del diferente y restaura el canto narcisista del yo, y yo, y solo yo para convertir el agua en borrachera y la sal en desierto. La solución quizás sea desandar el camino y regresar al mito original que sigue anclado en su atalaya, escalar hasta la lata primigenia que fue capaz de generar un universo de paz. Pero ese viaje es imposible porque la naturaleza del hombre ha mutado. La única esperanza bajo la tormenta de arena es morir con dignidad.

La compañía D´Click ha creado un espectáculo en el que los aromas circenses se mezclan con la energía de la danza hasta convertirlos en un movimiento que elimina las fronteras entre ambas disciplinas, y crea un lenguaje nuevo donde el equilibrio es verso y las palabras corazón: El código genera un ambiente hipnótico, una tensión magnética que transmite grandes dosis de humor, emoción y poesía para anunciar un futuro poco halagüeño.

La naturalidad enlatada de los movimientos de Ana Castrillo, Javier Gracia y Hugo Gauthier tiene la virtud de la libertad, el secreto del abrelatas que convierte en cotidiano el esfuerzo muscular que proviene del circo, y la precisión con la que se percibe la danza. Sus tres personajes son los últimos supervivientes de una distopía que refleja el malestar de una sociedad que deshecha la utilidad de los ritos, olvida las relaciones humanas y degrada el entorno hasta poner en peligro los límites de la supervivencia y así, mientras ellos luchan hasta la muerte y la luz se desvanece, el público aplaude con fuerza el simbolismo poético de una extinción a la que todos estamos contribuyendo.

 

 

 

 


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13 marzo 2022

El cuaderno de Pitágoras

 






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05 marzo 2022

El viejo y el mar

 



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04 marzo 2022

Fabiolo Connection

 


La publicación en el Heraldo tiene una errata. La calificación de la obra es de 4 estrellas




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03 marzo 2022

Entre el teatro y la vida

 


El pasado 23 de febrero se clausuró el quinto ciclo de Teatro rebelde organizado por el Teatro de las Esquinas, una programación coordinada por Raquel Anadón para mostrar obras que reúnan valores culturales, artísticos y sociales. Tres características especialmente presentes en “Cabezas de cartel” un espectáculo de la compañía Perigallo Teatro con una dramaturgia construida con amplio muestrario de conflictos.

Una de las herramientas del teatro es presentar acciones humanas mediante un conflicto dramático que enfrente a personajes con diferentes visiones. El conflicto es el motor de cualquier función y así, mediante un combate que puede ser cómico o trágico atender a cuestiones personales, sociales o medio pensionistas.

Perigallo Teatro ha construido una dramaturgia que se mueve entre tres planos distintos. Los dos primeros pertenecen a la ficción de una compañía de teatro llamada Urogallo y “Cabeza de cartel”, la función que estamos viendo, es un ejercicio de metateatro que nos muestra el proceso creativo de “Cimarrón, la que será la próxima función de la compañía ficticia (¿y quién sabe si de la compañía real?). El tercer plano se genera rompiendo la cuarta pared y pertenece a la realidad de la sala. Los espectadores miran el espectáculo pero a veces también son objeto de observación de quienes están en el plano de la ficción, y puede parecer que esa observación mutua, en realidad, más que romper la frontera entre ficción y realidad, lo que hace es transformar la ficción en realidad. Estos tres ámbitos son los lugares de conflicto pero, lejos de tratarlos como espacios estancos, hay una continua relación entre ellos.

La reflexión sobre el acto creativo es el meollo al que se enfrentan los actores Javier Manzanera y Cecilia Nadal de la compañía Perigallo Teatro que, al representar a los actores Javier y Cecilia de la compañía ficticia Urogallo establecen diferentes conflictos en un territorio material y otro moral.

El territorio material del conflicto tiene que ver con la construcción del espectáculo, con el modo de trabajar del actor, del dramaturgo o del escenógrafo, se trata de trabajar en el ensayo para pulir la entonación, ajustar la rapidez de las réplicas y otras cuestiones de fontanería teatral. En el territorio moral se establece una relación entre la creación teatral, la sociedad y los beneficios económicos que puede generar. Es un debate sobre la utilidad del acto creativo para determinar si el teatro es una mercancía que puede vender en el mercado del mejor postor, o el alimento para almas que se ofrece en un templo. ¿Es igual de digno vocear rimas para vender comida rápida, que recitar sonetos de incienso que eleven la condición humana?

La escenografía ayuda a plantear esas dualidades de confrontación: Una mesa con extremos que separan, pero que también sirve de espacio común para trabajar y unir esfuerzos. Una escalera para subirse al templete desde el que lanza una homilía espiritual mientras los mortales con los pies en el suelo piden pan. Un micro para contarle al mundo todo lo buenos que somos mientras una parte de nosotros se rompe los puños de rabia contra un saco de boxeo. Y sin embargo lo más importante es que durante todos esos procesos lo que prima es la palabra. Los conflictos se exteriorizan mediante el debate de los argumentos y los contrargumentos, un intercambio verbal rápido y vertiginoso que parece empujar la acción dramática hacia el precipicio de la ruptura, y entonces, cuando el diálogo llega a un callejón sin salida, se produce el milagro. Lo más importante es seguir juntos en la aventura de crear, de vivir, de respirar. Todo se relativiza para “desobispoconstantinoplizarse”, dejar el ego a un lado, mirar a los ojos a la persona que tienes en frente, aprender a relacionarnos con el miedo, y dejar que el azar marque nuestro destino.

La función muestra que en esa dualidad en la que vivimos entre ficción y realidad, quizás lo más importante es la capacidad de combinar el estado salvaje de un caballo cimarrón con antepasados domésticos, y la entrega sumisa de una cabra de granja con pienso garantizado que a veces, cuando las cosas se ponen mal, puede disfrazarse de la rebeldía necesaria para proteger su espacio. Se trata de mantener todos esos platillos en el aire sin que ninguno de ellos se estrelle contra el suelo.

La complejidad de la dramaturgia es solo aparente porque los actores, que exudan teatro por cada uno de sus poros, imprimen un gran ritmo al desarrollo de acciones para jugar,  crecer y limpiar un espejo al que deberían asomarse, desde los profesionales que sostienen el tenderete del teatro hasta usted y yo, querido e improbable lector, que acudimos a las salas para que la ficción nos ayude a comprender la realidad.

“Cabeza de cartel” es una soberbia función de teatro, y quien sabe si tal vez es una magnifica lección de vida.


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