La curvatura de la córnea

29 septiembre 2021

La distancia que va del BOE a una roñosa libertad

 


Marta trabajaba como geriatra en el Clínico San Carlos de Madrid y allí acudió cuando a las 17 semanas de gestación sufrió una rotura prematura de la bolsa, perdió el líquido amniótico y, aunque le pronosticaron la poca viabilidad del feto, nadie le advirtió sobre el peligro que corría su propia salud. Marta podía interrumpir su embarazo pero no podía hacerlo en aquel hospital porque todos los médicos de ginecología eran objetores de conciencia y las pacientes eran derivadas a clínicas privadas. Nadie contempló las razones médicas y terapéuticas para realizar la interrupción de su embarazo y a Marta le dieron el alta. En  lugar de recibir la prestación gratuita de una operación que necesitaba, fue ella la que gestionó la intervención en una clínica privada comenzó a sangrar y acudió de urgencia a la clínica Isadora.

Lara escuchó por la radio la historia de Marta y su recuerdo se trasladó de inmediato al sofá de su casa, a la mañana del 3 de noviembre de 2020 cuando, después de un mes de dudas y angustias, decidió abortar.

Lara era consciente de las ocho semana de gestación porque sabía perfectamente el día en el que un espermatozoide de su pareja había fecundado su óvulo y, aunque algunas amigas le recomendaron un centro ginecológico privado, ella decidió hablar con su médico en busca del mejor consejo y hacer valer el derecho al aborto libre a petición de la mujer que recoge la ley desde el año 2010. Su médico le informó: La interrupción voluntaria del embarazo no se podría hacer en un hospital y le recomendó dos clínicas asociadas a la Seguridad Social. Una de ellas la clínica Isadora.

Lara llamó a la clínica y sí, todo era fácil. Tenía dos opciones. La interrupción gratuita era posible si acudía a una oficina de la Seguridad Social, sellaba unos papeles y hacía un trámite administrativo que duraría una semana. También podía hacerlo de manera inmediata a elegir entre dos modalidades: 400 euros con sedación, un poco más de 300 sin ella. Apuntaron sus datos, con sedación.

Dos días después Lara y su pareja llegaron a una clínica vetusta, como de otro tiempo. Cruzó aquella puerta con la intención de escapar de dramas y tristezas y, antes de atravesar cuatro puertas más, firmó el consentimiento y la asunción de responsabilidades ante posibles riesgos.

La primera puerta era la psicológica donde respondió con sinceridad: Cuarenta y dos años, una hija de nueve de otro padre, cuento con medios económicos, estoy convencida y he madurado mi decisión. Embarazo no deseado. La respuesta: Ya puedes irte.

La segunda puerta fue la ecografía. Una señora mayor y cariñosa le preguntaba por su anterior embarazo y cuanto pesó su hija al nacer. Lara contestaba dócil y confusa mientras se preguntaba por la utilidad de todos aquellos datos sobre su niña recién nacida.

La tercera puerta era la del dinero y allí volvió a firmar los papeles del consentimiento y los riesgos además de escribir de puño y letra que sí, que los había leído y aceptado. Pasó la tarjeta por el datafono, marcó su número secreto y operación aceptada.

La cuarta puerta estaba en el sótano: Un quirófano destinado a una única actividad. Una enfermera le introdujo en la vagina pastillas para dilatar y esperó su turno mientras por aquella puerta salía un doctor lavándose las manos o una mujer dormida. Lara entró caminando al quirófano con el culo al aire, se subió al potro y le ataron las piernas. Lara ya no pudo más y rompió a llorar. Allí nadie iba a cuestionar su miedo y se durmió.

Lara despertó al otro lado de una mampara donde se revolvía una chica de Plasencia y, aunque todavía notaba los efectos de la anestesia, una señora que le llamaba cariño le pidió que se vistiera porque ya podía irse. Había prisa. Lara se estaba poniendo las bragas cuando la señora cariño le dijo que se pusiera una compresa, que iba a sangrar, que  aquello era como un parto. Lara pensó que quizás las chicas que no hubieran parido creerían a la señora cariño.

Antes de salir de la clínica a Lara le entregaron unas recomendaciones post interrupción voluntaria del embarazo y el informe de alta que leyó al llegar a casa: Legrado evacuador por aspiración. Motivo de la consulta por causas médicas. El informe médico de alta miente porque hay una casilla sin rellenar: “A petición de la embarazada”

Lara sabe que sus circunstancias eran distintas a las de Marta pero el maltrato institucional es el mismo. Ella ha pasado todo este tiempo con la necesidad de gritar su rabia y amargura porque siente que los “derechos largamente luchados por las mujeres se ejecutan en sórdidos sótanos porque seguimos siendo niñas ante la ley. Unas niñas muy tontas e irresponsables que acabarán entrando, por su propio pie y con el culo al aire, en el frío y roñoso territorio de su libertad”.

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Marta Vigara es geriatra.

Lara Moreno es escritora.

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27 septiembre 2021

Un volcán al lado de casa

 


Elsa tenía seis años cuando el 24 de junio de 1949 estalló el volcán de San Juan en la isla de La Palma. En su recuerdo guarda el calor y el miedo, el abrazo de su abuela y de su primo, y como a los pocos días su tío los llevó a ver correr la lava y contemplar toda la agresividad de aquel río de fuego que arrasaba con todo.

Elsa no estaba en la isla el 26 de octubre de 1971 cuando un volcán estalló en la zona conocida como Las Indias. Cuando ella llegó todo había acabado y lo vivió como una aventura, una visión llena de atractivo y belleza porque, una vez pasado el peligro, las huellas que había dejado el volcán en el paisaje se percibían como una experiencia excitante, y con el tiempo visitar La Palma significaba contemplar las transformaciones que la lava había hecho en el terreno.

Elsa ahora tiene 78 años y afirma que el volcán de Cumbre Vieja es diferente y se niega a escribir sobre la belleza de las nubes de ceniza y las llamaradas rojas que pintan el cielo negro de la noche. No estoy seguro si puede entender que escritores, músicos o pintores busquen inspiración en la energía descontrolada del volcán, o que cualquiera de nosotros se siente frente al televisor como lo hacemos ante uno de los documentales de la BBC en los que te recuerdan que los volcanes son imprescindibles para el equilibrio del planeta, que llevan millones de años moldeando la corteza terrestre y que gracias a su actividad las nutrias del parque de Yellowstone puede pescar en pleno invierno en unas aguas termales sin la que no podrían sobrevivir.

Elsa se enfrenta a la visión del volcán que asola su isla como algo inhumano, peligroso y aterrador porque, para los habitantes del oeste de La Palma significa dejar atrás la vida amueblada de sus casas, la memoria de las fotos de los abuelos colgadas de la pared y las tierras calcinadas donde cultivaban plátanos, mangos y aguacates.

Por eso Elsa piensa que, por muy bellas o llamativas que parezcan las imágenes, no deberíamos ni frivolizarlas, ni olvidar que detrás de esa visión están las lágrimas angustiadas de una madre, niños asustados sin colegio y la voz de un viejo agricultor que suspira “Dios mío, toda una vida”.

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Elsa López es escritora, antropóloga, catedrática de Filosofía y embajadora de buena voluntad de la Reserva de la Biosfera Isla de La Palma ante la Unesco.

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25 septiembre 2021

Cuando el camino siempre te lleva a tu padre


 

“Padre” es la tercera obra que Fran Martínez presenta en solitario bajo el paraguas de Teatro PezKao para conformar una trilogía junto a “Nudo” y Manipulados”.

“Nudo” era un catálogo de estímulos y reacciones. Una encrucijada entre la contención o perder los estribos, entre el comportamiento apropiado y como enfrentarte al conflicto. En realidad daba igual cual era tu reflexión porque hay un momento en la vida en el que la violencia se planta delante de tus narices y te guste o no terminaras por reaccionar y no, no sabes cómo lo vas a hacer.

“Manipulados” nos mostraba que todos nosotros habitamos en una cárcel de vidas manipuladas de la solo seremos capaces de escapar cuando consigamos ser nosotros mismos y romper el cordón umbilical que nos une al mundo.

“Padre” recoge el relevo de estas obras y las sintetiza en el protagonista de una nueva historia que sobrevive gracias al salario que obtiene con el suministro y la utilización legal tanto de la violencia como de la manipulación porque, andando la vida, una cosa son nuestros sueños de vendedor de electrodomésticos en la tienda del barrio y otra el proceloso camino de la vida que te lleva a ser un funcionario público con capacidad legal para suministrar las dosis adecuadas de violencia para que todos los demás podamos dormir en paz.

El inicio de la trama responde al esquema clásico y nuestro personaje atiende a ese consejo que le dan a los que sufren de una adicción: Toma un bolígrafo y escribe tus pensamientos. Y nuestro personaje, en camino de corregir su adicción o no, hace caso del consejo y abre camino a una confesión, si es real o inventada es lo de menos, lo sustancial es que nuestro personaje entabla una relación escrita con su padre de manera que el formato de comunicación epistolar conforma su pensamiento y la verbalización del mismo sin embargo lo sustancial, querido e improbable lector, es que esa comunicación se entabla con el padre, una figura masculina a la que más pronto que tarde casi todos los hijos terminamos por reeditar, edulcorar o perdonar, así que ya lo sabes, si vas a ver esta función es posible que te preguntes cuanto tiempo falta para convertirte en tu padre porque, esa traslación a la figura paterna no deja de ser una mirada al futuro que anuncia ese ejercicio tan sano y saludable de transformar una determinada trayectoria vital en un carrusel de luz y color detrás del que esconder todas esas cosas que nos empeñamos en olvidar, recrear o inventar. Por eso nuestro personaje tiene la prevención de narrar su punto de vista de cómo es su vida, porque ese documento escrito dejará constancia de cómo fue él sin importar si lo narrado es real o inventado.

¿Recuerdan que les dije que nuestro protagonista se gana la vida con la violencia y la manipulación? Esas serían condiciones suficientes para convertirlo en uno de esos villanos que tanto nos gustan, oscuros, odiosos y carne de cañón a manos de nuestro héroe favorito. Sin embargo nuestro personaje es capaz de sortear esos clichés y, por el arte de la improvisación, se convierte un alguien afable, simpático, capaz de sacarte un sonrisa y, esa es la gran dificultad de la función, como Fran Martínez cambia del registro epistolar de salmodia al contacto directo con el público y la comedia. Ese salto es una gran virtud de la función, pero también es un territorio que necesita crecer porque, y ahora les voy a contar un secreto, una de las maneras de trabajar de Fran Martínez es entregar al público el material de la representación cuando él sabe que todavía es un material maleable con capacidad de alcazar otras cotas, es el contacto con el público el que le dicta si debe ahondar en una dirección o buscar un camino alternativo, no me pregunten como lo hace, al parecer algunos actores saben descifrar la respiración, la risa y el silencio del público y, tal vez por eso, me atrevo a contarles por dónde me gustaría que la función creciese.

Creo que la salmodia dramática que asocia el verbo del personaje con el silabeo propio de quien va leyendo lo que escribe es un buen recurso para iniciar la función pero, perseverar en ese recurso nos aleja del personaje, y evita su crecimiento emocional, por eso a mí me faltó que cuando nuestro personaje abandona la silla, la mesa y el papel donde escribe, su registro vocal y el silabeo se transforme en un potente soliloquio interno, que las palabras fluyan en lugar de repiquetear, que el corazón tome las riendas y que la intensidad dramática determinada por la maldad se diluya de a poquitos hasta que el personaje salte al vacío, al abismo, a la gran brecha que todos y cada uno de nosotros conocemos, esa que separa el malo malasombra del buenísimo bien. Porque esa es la gran lección moral de esta fábula: La maldad nunca es absoluta y, si rascas un poco, detrás de cada malo, malísimo hay una persona deseando escribir una carta que comience diciendo: Querido Padre.

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17 septiembre 2021

Para comérsela

 

Juan José Millás confiesa en su artículo de hoy que se ha comido a su nieta. Comprendo perfectamente al escritor porque, aunque yo no tengo nietas ni se les espera, conozco muy bien esa sensación de querer comerte a una niña. Me pasa muchas veces con mi sobrinica de ocho años, es un arrebato incontrolable de alegría que no se puede canalizar ni con abrazos, ni con besos aunque sean en triadas manchegas, la bilirrubina caribeña y bailonga me da un subidón en el que pierdo la capacidad de valorar las consecuencias y entonces zas!!! me la como.

Esta reacción se produce cuando baila, y últimamente baila mucho, da igual el estilo musical, ella da un respingo, abre mucho la boca y mueve brazos, piernas y trasero en sinuosas serpentinas. Cuando era un poco más pequeña improvisábamos elaboradas coreografías de danza contemporánea que nos quedaban muy bien, pero ahora es mucho mejor porque la estética controlada ha dejado paso a un derroche de energía que soy incapaz de seguir y, aunque a veces lo intento, la mayoría de las ocasiones me deleito mirándola mientras los jugos gástricos empieza a hacer efecto y zas!!! me la como.

Pero cuando más me gusta zampármela es después de uno de sus chistes malos que a veces suelta en formato metralleta, uno tras otro, sin miramientos, chistes a bocajarro que em provocan una risa floja imposible de controlar. Los chistes malos tienen mala fama porque habitualmente dejan mustio al personal, pero yo tengo mucha suerte porque mi sobrina, en medio del desparrame, a veces los transforma poniendo acentos o los chiquititea mediante idas y venidas en palabras y gestos hasta llegar al peor de los finales donde rompemos a reír y de sopetón y zas!!! me la como.

A veces también cuenta chistes buenos, de esos que me gustan tanto con juegos de palabras, entonces los amasa, da un par de vueltas a las frases y justo antes de la resolución hace esa pausa dramática que te avisa de que ya llega el girito gracioso, y tienes que estar atento para pillar el chiste. Es curioso porque en estos casos no me entran ganas de comérmela. No sé qué me ocurre pero la risa floja no llega y me da por analizar los personajes de la historia, determinar la polisemia que produce el chiste, estudiar la corrección formal del planteamiento, nudo y desenlace pero, cuando todo parece perdido y mi acercamiento cultural al chiste va a arruinar la comedia, ella acude para salvarla y me vacila, finge una mueca de seriedad, estira el dedo meñique y engola la voz: Venga tío, no te enrolles con tanto bla,bla,bla que ya estás a punto de consultar el diccionario. Entonces hago como que me enfurruño un poco y de repente, cuando nuestras miradas se cruzan, estallan carcajadas desabrochadas, abro las fauces y zas!!! me la vuelvo a comer.

Espero que me guarden el secreto pero lo cierto es que después de cada uno de estos banquetes de felicidad mi sobrinacea regresa una y otra vez y se planta ahí delante, con un nuevo chiste, otra coreografía y esa sonrisa con la que está para comérsela.

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10 septiembre 2021

La playa de las Transiciones


Ando a medias con la lectura de "Una violencia indómita" de Julián Casanova y en el epígrafe Violencia política y democracia me encuentro con una reflexión que intentaré trasladar a la actualidad.
Casanova recuerda que la dictadura de Primo de Rivera de 1923 no era un hecho único en Europa sino uno más de los regímenes militares de corte autoritario.
Primo de Rivera que compartía con Mussolini el rechazo a la democracia parlamentaria no necesitó la movilización de masas para llegar al poder sin embargo, tras ocho años, no fue una guerra la que derribó a la monarquía española, "sino su incapacidad para ofrecer a los españoles una transición desde un régimen oligarquíco y caciquil a otro reformista y democrático".
El rey Juan Carlos I fue durante mucho tiempo la imagen exitosa de una transición entre la dictadura de Franco y una democracia de estándares europeos. Todo ese prestigio está siendo sepultado por abundantes inicios de actividades ilegales para el ciudadano del montón pero que no afectarían al monarca gracias a la inviolabilidad recogida en la Constitución.
Cada vez que aparecen nuevos y bochornosos capítulos sobre las actuación del anterior Jefe de Estado y actual Rey Emerito se producen reacciones en el espectro más conservador de la política con la pretensión de defender a la monarquía y tal vez por eso, pienso que el actual monarca estará evaluando como realizar una transición que vaya desde el pedestal a punto de derribarse de su padre hasta el colegio de Gales donde estudia su hija. Algo tendría que hacer si no quiere que sus más fervientes defensores sólo sean el abono para un proceso constitucional del siglo XXI.

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El Papa se asoma (o no tanto) a la historia


El Papa Francisco recibió muchos elogios cuando fue entrevistado por Jordi Evole sin embargo a mi no me gustó. Es cierto que repartió estopa contra un montón de asuntos que detesto pero, cuando las preguntas orbitaron sobre cuestiones directas de su negociado, sacó la muleta, se dedicó a dar largas cambiadas al periodista y no dio ni una sola estocada.
El bueno de Francisco lo ha vuelto a hacer, esta vez a preguntas de Carlos Herrera. El Papa opina y seguramente tiene razón que "No sé si España está totalmente reconciliada con su propia historia, sobre todo del siglo pasado. Y si no lo está, tiene que hacer un paso de reconciliación con la propia historia"

Pero claro es evidente que la primera reflexión que acude es preguntarse si la Iglesia ha hecho ese mismo ejercicio, se lo pregunta con acierto Angel Munárriz: "¿Está la Iglesia "reconciliada" con su propio papel en el convulso siglo XX español? La trayectoria de la institución –cómplice de la represión y hermanada con el franquismo–, su estatus actual –erigido sobre privilegios con origen en la dictadura y a los que la jerarquía se aferra–, su trato a las víctimas y su resistencia a oficializar un perdón y reconocimiento de culpa que sí ha emitido en otros casos indican claramente que la propia Iglesia no está a la altura del listón que pone el propio pontífice." 

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Nostalgias

 


Hoy he estrenado una camiseta que me ha regalado mi sobrinica de ocho años con el logo de la película Regreso al futuro. Me gusta pensar que es un homenaje por el buen rato que pasamos viendo la trilogía, por la de veces que le expliqué todos los saltos temporales y porque, en contra de los que yo pensaba, no fue un tiempo dedicado a la nostalgia. La película aboga por el presente como un espacio siempre abierto, sujeto a cambiamos en el que las decisiones toman una gran importancia porque pueden tener consecuencias desastrosas (o no) para nuestro entorno. Tal vez me gustó porque lejos de convertirse en un ejercicio de nostalgia al modo de escuchar las emisoras de radio tipo M-80 o Kiss FM, el trabajo de Zemeckis y Spielberg, como dice Déborah García, es una invitación a recordar quiénes somos, de dónde venimos y una alerta sobre en quien no podemos convertir.

Nunca he sido muy amigo de nostalgias, ni de mirar todo el rato al espejo retrovisor para ver lo auténticos que éramos en el pasado, en lugar de mirar por el parabrisas para pensar cómo podemos ser auténticos a tiempo real.

Pero estos convencimiento se han venido un poco abajo después de leer a Sergio del Molino cuando afirma que la nostalgia, que el médico suizo Johannes Hofer en 1688 la incluía en el terreno de las enfermedades, ha terminado por convertirse a día de hoy en un sentimiento tan comercial como rentable. Otro motivo más para escapar de ella sin embargo, el mismo Del Molino me enseña el camino de la salvación de la mano de Svetlana Boyn y la idea de dos tipos de nostalgias. La mala nostalgia que anida en los que pretenden volver a un pasado mítico y suele arraigar en nacionalistas y tradicionalistas. La buena nostalgia emparentada con la reflexión y que se caracteriza porque la añoranza y el pensamiento crítico no son conceptos opuestos. Para convencerme hago una prueba y la añoranza de los años ochenta no me impide reconocer que el uso y abuso de la batería electrónica de aquella época era una turra insoportable. El siguiente paso, en consejo de Boym es tomar esa imagen del pasado y convertirla en una estrategia para entender el presente, en mi caso sería advertir que la turra de la batería electrónica era el preludio inevitable para toda la música electrónica que escuché en los años 90 y que tanto me hizo bailar.

Muchos creadores tienen muy claro ese concepto positivo de la nostalgia y ahí enganchan su productividad. Cuando Manuel Jabois reflexiona que  el encierro por la pandemia fue el motivo de empezar a mirar atrás como si hubiésemos perdido el futuro para siempre, Muñoz Molina le responde que ese mecanismo respondía a que cuando el presente se queda parado el pasado cobra una fuerza tremenda, y eso me hace pensar que quizás por eso yo tiendo a huir de la nostalgia, porque quizás solo tengo miedo a que mirar al pasado detenga el presente y enfrentarte al riesgo como le pasó a la esposa de Lot que, llena de nostalgia, miró hacía atrás y se convirtió en una estatua de sal.

Pero estoy saliendo del carril de la nostalgia positiva al que también me invita una de las fundadoras de la compañía Little Spain cuando Cristina Trenas explica los conceptos que acompañan a los videos de C. Tangana, y afirma que se trata de colocar algo fuera de lugar para reinterpretar ese espacio de una forma diferente. En el caso de C. Tangana asocian la estética a una identidad mediante evocaciones relacionadas con lo que hemos vivido: El pueblo, un amor duradero o el efímero del adolescente.

Estas formas creativas de acercarse al pasado suavizan mi desconfianza hacia la nostalgia y quién sabe, quizás una solución sea copiar a Gardel cuando hizo historia de la canción cantando a la nostalgia de una risa loca y, en lugar emborracharnos para poder brindar por los fracasos del amor, del dinero o de la salud, podríamos sentarnos delante de un teclado, filtrar nuestro pasado por el tamiz de la nostalgia buena y convertirla en un recurso estimulante. Hagamos caso a Marty McFly “Supongo que ustedes no están preparados para esta música. Pero a sus hijos les encantará.”

 

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05 septiembre 2021

Entre el amor y la muerte

 

Ana Iris Simón publicó ayer su primer artículo en la zona de opinión de El País con un artículo dedicado a su abuelo Vicente y al amor.

Yo no sé si a ustedes les pasa, pero algunas veces la charla que sigue una buena comida entre amigos y familiares derivaba hacia la muerte, ya saben, cual es la mejor forma de morir, cuanto tiempo falta para la muerte, nos morimos o nos matan, una amplia gama de variantes con un tema estrella: ¿Qué es mejor, ser el primer finado de una pareja o sobrevivir para encargar flores? En este punto Micielocariñotesoromiamor siempre lo ha tenido claro, ella prefiere morirse antes que yo, ese era el momento para salpimentar la charla con una humorada y yo solía decir que mire usted por dónde en eso estábamos de acuerdo y que vaya cosas tiene el destino que tiene que intervenir la muerte para que coincidamos en una opinión: Tú te mueres primero, cariño y ya me encargo yo de que tu recuerdo perviva para siempre en este mundo de desvaríos.

Vicente, el abuelo de Ana Iris Simón, no está de acuerdo conmigo desde que todos los días hace el mismo recorrido que va de la panadería, al café del bar Quinta y del hogar del jubilado al cementerio. Vicente visita el chalé de su esposa todos los días, arregla un tiesto con flores que dejó sobre su lápida y señala a los adosados de sus amigos, al que se murió más joven que él o al que era su quinto.

Vicente era de los míos, de los que entre bromas y verás prefería morirse el último de la pareja, que la parienta vaya por delante. Pero ahora que la realidad es inevitable Vicente se arrepiente porque el mundo que le rodea ya no es el mismo desde que Mari Cruz ya no está. Ahora todo es más difícil, las jornadas son más largas y la soledad no termina de disiparse con la compañía de hijos, nietos y bisnietos. Desde que Mari Cruz se fue a Vicente le falta el amor y eso no se suple aunque la tenga todo el día en la boca, que si la abuela dejaba esto aquí, que el guiso de la abuela se hacía así.

Por eso, mientras escribo estas palabras, pienso que no sé yo, que tal vez sobrevivir a Micielocariñotesoromiamor está bien para hacer un chascarrillo de sobremesa o hacerla rabiar un poquito, pero quien sabe en qué se convertirá el lento devenir de la vida sin la pareja que me acompaña en el camino.

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04 septiembre 2021

La historia de un embuste: De estudiante a ocupa

 

Había una vez dos periodistas llamados Patricia Peiró y Fernando Peinado que un día investigaron una noticia con dos historias, una era verdad y otra era mentira.

La de mentira era muy corta y decía: Carmen, una mujer mayor de casi 90 años, ha perdido su piso a manos de su cuidadora, una joven marroquí de 26. Es la historia con el tamaño ideal para viralizarse por las redes sociales y terminar como objeto de discusión en las terrazas de los bares donde nobles ciudadanos gozan de su libertad. La historia de verdad es un poco más larga y necesita que prestes atención a los detalles que suelen son los protagonistas de las buenas historias.

Érase una vez una joven marroquí que llegó a Madrid en 2017 para estudiar Filología Hispánica en un programa conjunto de la Complutense y la Sorbona de Paris. La muchacha se aposentó en uno de los soportales de la calle Toledo donde Carmen de 89 años le alquiló dos habitaciones de su residencia por 400 euros. La joven estudiante desconocía que Carmen no era la propietaria del inmueble que habitaba desde 1946, aquella mujer mayor era una inquilina de renta antigua que pagaba 121 euros una cuantía que, por ley, se actualizaba anualmente con el dato oficial de inflación, pero había un detalle importante que Carmen no tuvo en cuenta: Su contrato de alquiler tenía un cláusula que prohibía expresamente el subarriendo.

Carmen, después de dos años de convivencia con la joven marroquí, en marzo de 2019 se puso un poco delicada de salud y abandonó su casa de tantos años para trasladarse a la cercana Plaza Mayor donde vivía su hermano.

La propietaria del piso realquilado era una señora de Bilbao que a principios de 2021 se dio un garbeo por su propiedad madrileña cuando descubrió que en el buzón aparecía un nombre que no era el de Carmen. La sospecha anidó en su ánimo, una mosca se puso detrás de la oreja y decidió enviar un burofax a Carmen en el que le anunciaba su intención de rescindir el contrato por incumplimiento. La inquilina contestó con una mentira: La únicas mujeres jóvenes que duermen en mi casa son zagalas que vienen al centro de fin de semana y, como viven lejos, les resulta más cómodo quedarse a dormir mi casa.

Los tres meses que siguieron al envío del burofax fueron de normalidad para la joven marroquí realquilada que siguió sola en el piso desde donde teletrabajó una vez finalizados sus estudios.

Todo cambió en Agosto de este año cuando Carmen y cuatro de sus familiares le dijeron que se iban a mudar al piso y que por lo tanto debía irse en un plazo de treinta días. Pero no tuvieron tanta paciencia y diez días después la policía se presentó en la vivienda alertada por unas peleas que ya duraban tres jornadas. Los agentes que intervinieron ya habían hablado con la propietaria bilbaína y, mientras la joven marroquí se quedó en la vivienda tras demostrar que había pagado un alquiler.

Fue entonces cuando la nieta de Carmen llamó a un número de denuncias que tienen en Telemadrid desde donde el recomendaron que se pusiera en contacto con Desokupa, una empresa que alcanzó una considerable fama mediática en los magazines mañaneros de televisión y que ahora cuenta con un considerable número de seguidores en redes sociales. Desokupa hizo lo que suele hacer y fue hasta la casa donde vivía la joven marroquí, aporreó la puerta al grito de abres o te vas a meter en un lío porque de aquí nos vamos a los juzgados a pedir tu detención inmediata. La joven no abrió y llamó a la policía que se encargó en explicar a los desokupadores la situación: El litigio en marcha por la vivienda se dilucidaba entre la propietaria bilbaína y Carmen que había incumplido el contrato de alquiler.

La situación legal parecía clara pero parte del negocio de Desokupa se basa en alimentar su canal de YouTube con historias, si son faldas o no es lo de menos, lo importante es la cuenta de resultados. Así que la campaña contra la joven realquilada siguió con una concentración frente a su casa publicitada en redes y permitida por la Delegación del Gobierno. Diez personas coreaban hija de puta una cuidadora es ocupadora mientras cinco cámaras de televisión aumentaban el negocio de los 1.7 millones de euros facturados por Desokupa en 2019, y ponían en bandeja el mensaje xenófobo que la ultra derecha se dedicó a difundir dando pábulo a la historia falsa de una extranjera que ocupa la casa de una anciana mientras estaba en el hospital.

La propietaria bilbaína ha enviado un nuevo burofax a Carmen mientras la joven filóloga marroquí es víctima de amenazas y acoso en redes sociales.

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03 septiembre 2021

Afganistán en dos fotografías

La imagen de Afganistán quizás se pueda resumir en dos fotografías que ha publicado El País en las páginas 2 y 3. La primera es de Juan Carlos Quintero y muestra a tres talibanes montando en bicicleta por las pistas vacías del aeropuerto de Kabul, los tres miran a cámara y el primero de ellos parece que lleva un arma colgada a la espalda. La segunda es de la agencia AFP y documenta una manifestación de mujeres en la ciudad afgana de Herat, todas llevan pancartas pero la que más llama la atención es la mujer que ocupa el centro de la fotografía, es una pancarta amarilla del tamaño de un folio donde ha escrito en árabe un mensaje en azul oscuro que combina con el azul horror del burka que cubre todo su cuerpo.
Juan Carlos Quinteros se ha quedado en Kabul para contarnos lo que sucede en aquella ciudad. La crónica de hoy transcurre en el recién conquistado aeropuerto de Kabul donde los talibanes están dando un tour a la prensa para mostrar el desbarajuste que los militares estadounidenses han dejado en su retirada. En el inventario entran desde avionetas y helicópteros destruidos a cientos de cascos, mochilas, y chalecos antibalas que sirven para mostrar la táctica de tierra quemada del ejército de EE.UU. en su retirada del país. Pero la mirada de Quinteros es panorámica y advierte como al traspasar la puerta norte que estuvo controlada por los estadounidenses hay un inmenso silencio que flota denso y, antes de acceder a la pista, observa una barricada formada por coches militares y furgonetas volcadas como la prueba del temor a un ataque frontal de los talibanes. Algunos aviones de la aerolínea comercial afgana parecen esperar su momento para alzar el vuelo en la pista sin embargo, tras las puertas de embarque de pasajeros, el suelo está repleto de cientos de maletas, ropas y bolsas de todas las personas que escaparon con la urgencia de quien huye y así, el aeropuerto de Kabul es un gran contendor de desechos de material militar pero también de recuerdos civiles. Por encima del silencio, un equipo técnico de procedencia catarí chequea las instalaciones para comenzar cuanto antes los vuelos internacionales.
Ángeles Espinosa se hace eco desde Islamabad de una manifestación en Herat, la tercera ciudad de Afganistán donde decenas de mujeres afganas se manifiestan para reivindicar su derecho a trabajar y la participación femenina en el nuevo gobierno talibán. Las mujeres, en un rasgo de valentía, se han concentrado frente a la sede del Gobierno provincial con pancartas que dicen: “No tengáis miedo, estamos todas juntas” Ellas piensan que si un pájaro no puede volar con una sola ala, su país tampoco puede hacerlo ignorando el 30% de la fuerza de trabajo. Las manifestantes son activistas de los derechos de la mujer, funcionarias, trabajadoras y estudiantes que tienen miedo a perder los avances conseguidos en las dos últimas décadas. Pasthana Zalmai se encuentra entre ellas y afirma que está dispuesta a llevar burka, pero que no va a ceder en el derecho de las mujeres y las niñas a la educación. Un burka azul horror que cubrirá todo su cuerpo mientras tres talibanes en bicicleta por las pistas del aeropuerto de Kabul nos muestran que, aunque todo está destrozado, se avecina actividad desde la torre de control.

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02 septiembre 2021

Cuando el tiempo se agota

 


Rufino Juárez murió ayer en León a la edad de 86 años. En octubre de 2018 colocó una placa en la tumba de su padre en la que se podía leer: “Rufino 3-9-1897 // 22-10-1936 … y seguimos esperando tu vuelta de tan largo «paseo» ¡Se nos agota el tiempo!” Al final Rufino tenía razón, su tiempo ya se ha agotado y su padre, acompañado por otras 70 personas, sigue tirado en una fosa común sin poder descansar junto a los restos de su esposa.

Rufino y otros familiares había pedido al alcalde de Villadangos del Páramo (León) que agilizara los trámites para la exhumación de la fosa común dada la edad de algunos de ellos y por el significado emocional y humano para todos. El alcalde, desoyendo la aprobación del proyecto de exhumación de la Junta de Castilla y León y la ley que protege el derecho a buscar los restos de las víctimas del franquismo, lo sometió a un referéndum entre los vecinos. El resultado de la votación fue de veintidós personas en contra, dos en blanco, doce a favor y algunas otras que no quisieron participar porque la votación contradecía la ley y porque los derechos humanos no se votan. Las autoridades de la Junta de Castilla y León han recordado que la ley ampara las exhumaciones y que la votación no tenía valor alguno. El proyecto seguirá adelante, aunque Rufino no lo pueda ver.

En su columna de ayer Sergio del Molino reflexionaba sobre este asunto de usar un referéndum como coartada democrática “para pasarse la democracia por el forro de las urnas.” y remataba su texto con un párrafo tan demoledor que debería avergonzarnos a todos: “Bastante insólito es ya que en 2021 queden tantas víctimas perdidas en tantos pudrideros, como para que algunos perpetúen con filibusterismo plebiscitario una ignominia que ninguna democracia puede tolerar.”

Olga Rodríguez escribe hoy que los hijos y los sobrinos de Rufino van a tomar el relevo para continuar con la búsqueda del abuelo Rufino Juárez Fernández, asesinado y desaparecido el 22 de octubre de 1936.

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