La curvatura de la córnea

31 diciembre 2025

Aprender entre lobos




 
 

Aprender entre lobos

Bruno Bettelheim defiende que el lobo de los cuentos permite a los niños experimentar que ocurrirá si no hace caso a las advertencias de sus padres. Sentir miedo y al mismo tiempo divertirse ayuda a los zagales a comprender y alentar el desarrollo de su personalidad, a diferenciar entre el temor a la representación de los seres imaginarios y los peligros de la realidad objetiva. ‘Cinco lobitos’ contribuye a ese proceso a partir de la tonada popular de los cinco lobitos que la loba tiene escondidos detrás de la escoba.

La sabiduría titiritera que atesora Iñaki Juárez conjuga diferentes técnicas de manipulación, vocecillas a tutiplén y la sonrisa de un bonachón en camisa de rayas, con el gesto pícaro de gorra y ponpom que pregunta si todo lo que pasa en los cuentos es verdad. Algún niño para sorpresa de su madre contestó convencido que si, y a partir de ahí la narrativa de la función quedó clara. Historias que asignan a los lobos un rol diferente para alejarlos del sambenito de ser siempre los malos, comprobar que cada uno de ellos tiene su propio pelaje, y cambiar el devenir de los cuentos.

Unas canciones bien guapas nos presentan a los nuevos personajes. Un lobo que sueña con ser dragón. La mala suerte de soplar y pedorrear para ni un cerdito tragar. Denunciar que los lobos se comen a las abuelas es una mentirijilla propia de  cazadores. La ternura del amor entre lobos y claro, como en cualquier familia el lobo disfrazado que descubre su naturaleza depredadora para zamparse a los cabritillos, y de paso descubrir que la naturaleza humana es capaz de abrirlo en canal, llenarle la barriga de piedras, coserla en un pispas y tirarlo al pozo, al río o estrujarlo hasta hacerlo picadillo. Ya saben, los cuentos como ese equipo de supervivencia para enfrentarnos al mundo y sus desafíos.

 

‘Cinco Lobitos’

Calificación: 4 estrellas

Compañía: Teatro Arbolé. Producción: Esteban Villarrocha. Texto, dirección y titiritiero: José Ignacio Juárez Montolio. Música: José Ramón Vericad – CUTI. Diseños: María José Montón. Construcción: Teatro Arbolé. Diseño luces: Julio Sebastián.

Lunes 29 de diciembre de 2025. Teatro Arbolé.


Crítica de la obra Cinco lobitos en el Teatro Arbolé de Zaragoza: aprender entre lobos

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28 diciembre 2025

El Borrador #2 en El Enjambre Lab

 



 El Borrador #2 Teatro Remix para el siglo XXI

La segunda acepción de la RAE define borrador como un texto provisional susceptible de modificación y desarrollo. En El Enjambre han afinado esta definición para implementarla en el mundo de las artes escénicas. Ellos la conciben como una revista escénico-literaria en vivo con piezas cortas, improvisaciones, escritura y performance.

La energía y el buen tono que se gastan Louis Well y Maria Aladrén para presentar el proyecto dio paso a una representación que tiene como objetivo conectar con el público mediante la participación activa que va más allá de la presencia física de quien recibe un mensaje. La finalidad es compartir en tiempo real un espacio escénico sobre el que fluye información en doble sentido. Los actores apelan constantemente al público al mismo tiempo que recibe y reacciona a los impulsos generados desde el patio de butacas. El espectáculos es a la postre un gran contenedor de contenidos donde lo importante es ese ejercicio tan científico de probar y probar para tejer el camino sobre el que transitar.

‘El Borrador’ tiene un sello particular. Un armazón contemporáneo que nos lleva hasta el concepto de teatro de la Grecia Clásica: Dar la voz al público para que exprese su protesta sin un control previo de la narrativa. Si en las primeras representaciones del teatro griego el público jaleaba la obra ganadora para convertirse en un acontecimiento político y social, los espectadores de ‘El Borrador’ hicimos propuestas para gritarlas en forma de protesta ciudadana. Cánticos al ritmo de una manifestación callejera que fueron evaluados por el volumen de aplausos recibidos. El ganador del concurso abogaba por la expulsión de los especuladores  del mercado inmobiliario hasta hacer efectivo el derecho que tienen todas las personas para acceder una vivienda digna.

A partir de ese momento de comunión surgió un proceso creativo que aunó eso que los estudiosos de las artes escénicas del siglo XXI han denominado teatro trasmedia, multimedia e intermedia. Una triada a la que se unió al representación de algunas escenas que hacían efectivo las proclamas de ‘Un manifiesto para momentos inestables’ firmado y asumido por los miembros de ‘El Borrador’

El teatro trasmedia busca la participación del público modificando los tiempos de recepción mediante un uso de la tecnología. ‘El Borrador’ conecta con los espectadores de dos maneras. La primera es convertir el  clásico programa de mano en un fanzine donde las escenas se presentan aunando sugerencia visual con músculo literario. La segunda consiste en escanear un código QR para acceder a uno de los textos que se van a representar. El espectador tiene la posibilidad de editarlo sin límites, se puede borrar, añadir, sustituir o inventar. El resultado final se representó mediante la lectura sobre sus teléfonos móviles de un actor y una actriz.

El teatro multimedia se expresa mediante nuevos lenguajes que suelen relacionarse con la tecnología. ‘El Borrador’ lo hace  de dos maneras diferentes. Con el uso eficaz y sugerente de proyecciones a modo de escenografía para ilustrar algunas escenas, y mediante una experiencia netamente audiovisual donde la imagen es un vehículo de lectura que te invita a seguir unas instrucciones con respecto al sonido. Un experimento que invita al público a jugar con su capacidad para percibir, separar o evitar diferentes ritmos y melodías.

El teatro intermedia propone la interrelación dramática de medios, que en este  caso consistió en la adaptación de un podcast conversacional al lenguaje del escenario. La herramienta utilizada fue la naturalidad de los actores para traspasar la percepción auditiva de la palabra, y acompañarla de pequeñas acciones que conformaron una actitud netamente teatral. Esa magia de convertir las palabras pronunciadas en habitantes del espacio escénico, una carnalidad que propicia la transición del audio original al boceto que empieza a dibujar unos personajes todavía en contrucción

El segundo punto de ‘Un manifiesto para un momento inestable’ que defiende ‘El Borrador’ se afirma que «La atención es nuestro material escénico. Creamos un oasis de curiosidad en medio de las ruinas de la economía de la atención» La economía de la atención es un concepto ligado a la monetización de los usuarios de internet. Desde su definición hace 20 años hasta la actualidad hay un nuevo factor que cambia todo el paradigma: La incorporación de la Inteligencia Artificial (IA) cono catalizador de elementos que siempre han pululado por la red, pero que ahora conforman un corpus común donde el diálogo con la IA parece aunarlos en una lógica de conversación que nos tiene hipnotizados sin saber muy bien donde empiezan y donde acaban los diferentes contenidos. Información, intoxicación, entretenimiento y monetización del tiempo de navegación son cuestiones que se mezclan para en el mejor de los casos agitar la duda  nuestra neuronas, o simplemente caer en la trampa de un conversación donde la mercancía eres tú.

María Aladren salió a escena para conversar con una IA, poner en evidencia su condición algorítmica, y mostrar que su diseño solo tiene finalidad de mantener el contacto todo el tiempo posible. En un momento de la representación  el público participó en el diálogo y, aunque las respuestas circulares y alabanciosas de la IA provocaron muchas risas, quedó patente que detrás de lo que se nos vende como supuestamente inteligente hay una máquina que no comprende los vericuetos de una relación crítica de preguntas que requieren respuestas meditadas. El duelo deja en evidencia que la narrativa de la IA no va mucho más allá de gestionar, resumir, organizar y exponer la enorme cantidad de información que circula on line.

‘El Borrador’ asume el mundo inestable en el que nos movemos y lo traslada al escenario. Se trata de experimentar un método donde el error se entiende como el paso previo a probar algo diferente. Los fragmentos que se generan en ese proceso son susceptibles de ponerse en escena y así, lo realmente importante es mostrar una evolución que en realidad nunca termina, y cada nueva función es un nuevo techo en el camino.

David Diestre ha escrito una pieza titulada ‘La tercera voz’ que muestra esa inestabilidad en la representación. El punto de inicio recuerda al aroma clásico de unos personajes en busca de autor, pero su texto tiene el objetivo de revolucionar la representación desde dentro del propio texto, por eso los personajes no buscan quien los defina, ellos asumen que pertenecen al espacio escénico pero se rebelan contra lo que ya está escrito, y sus acciones en realidad cambian el mensaje que el autor ha dictado en el libreto. Es una manera de lleva a la práctica eso que ‘El Borrador’ llaman borrar y reescribir para probar algo nuevo. En ese ejercicio el espectador se enfrenta a lo imprevisible, en realidad no sabe si lo que se dice sobre el escenario es lo que está escrito, o son reacciones de los actores llevados por la construcción que ha hecho del personaje. Esa inquietud de no saber exactamente si el texto es el clásico trabajo cerrado y acotado, o es solo la excusa de una realidad mutante que se cambia en cada representación para probar otros fragmentos y observar como reacciona el público ante un teatro donde nada está fijado por completo.

La función terminó cerrando un círculo simbólico. Si al comienzo la conexión con el público fue mediante la política de la protesta que se grita en el ágora, en el epílogo fluía por unos cables de cobre que conectaba de manera física artistas y espectadores hasta enchufarse en el ukelele y la voz de Nines Carcelas. El rito era tan sencillo como cantar ‘La llorona’ en un karaoke. Una canción popular que ha transcendido generaciones, y que se ajusta perfectamente a la filosofía de ‘El Borrador’. De origen anónimo se han grabado multitud de versiones con letras diferentes… ya sabes de lo que hablo: escribir, borrar y volver a escribir para conseguir algo nuevo en cada representación. Se llama ‘El Borrador #2’ y nació en ‘El Enjambre’ un laboratorio colectivo para la comunidad artística de Aragón.

‘El Borrador #2’

Team Borrador: A Bontempi, A Pacheco Agudelo, D Diestre, E Pez, J Palomar, L Wells, M Aladren, M Eugenia Rubio, M León, M Tendi, M Valdearcos, M Wells, N Carcelas, R Conejero, R Herrero, R Muñoz Zuara, S Wells.

Sábado 13 de diciembre de 2025. El Enjambre

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27 diciembre 2025

Tarzán El Musical

 


Tarzán en la cuerda floja

Tarzán cuenta la historia de un bebé zarandeado por el vaivén del destino que lo deja al cuidado de una manada de gorilas, entre los que se siente el patito feo, hasta que toma conciencia de sí mismo, se transforma en héroe con categoría de Rey de los Monos y así, la jungla africana se convierte en un guiño a otro mito: el hombre hecho a sí mismo capaz de triunfar en la selva de la civilización occidental. La versión de Theatre Properties elimina el comportamiento violento del protagonista, lo introduce en un amable reencuentro amoroso con marchamo de cuento infantil, y defiende un espacio natural de diversidad frente a la especulación de los depredadores.

El teatro musical se nutre de la tensión entre palabra y música para producir una narración continúa coherente. Sin embargo el texto de Silvia Villaú se aleja de ese objetivo al reconvertir un personaje secundario para catalizar acontecimientos que se explican pero no se representan. Un recurso que disminuye la teatralidad, y limita el arco dramático de unos personajes que derivan en planos, monótonos y con poca emoción.

Este desequilibrio se compensa gracias a una heterogénea banda sonora de ritmos enlatados. Un pórtico atractivo que pone de relieve todas las voces solistas. La contundencia de Carlos Salgado como el malo de la historia, la energía de Silvia Villaú, la ternura maternal de Noemí Arribas, y los deliciosos duetos de una elegante Mireia Coma en el papel de Jane y un solvente Giampaolo Picucci como Tarzán.

La dirección mueve con acierto una puesta en escena en la que destaca el uso del cuerpo de baile con volteretas, la tela acrobática de circo y la energía del hip hop, hasta llegar al final con un vibrante número grupal. La vitalidad de todo el elenco con música y coreografía consigue un aplauso generalizado de los espectadores.

‘Tarzán El Musical’

Producción: Theatre Properties. Dirección, libreto y letras: Silvia Villaú. Música: José Enrique de la Vega. Coreografía: José Félix Romero. Elenco: Giampaolo Picucci, Mireia Gómez. Silvia Villaú, Carlos Salgado, Noemí Arribas y Nando González.

Martes 23 de diciembre de 2025. Teatro Principal


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20 diciembre 2025

Un monstruo viene a verme

 



La medicina de los cuentos

La escritora Irene Vallejo recuerda que de niña necesitaba un suministro constante de cuentos a la hora de ir a la cama. Era el instante más feliz del día. Los cuentos en ese momento de oscuridad eran el salvoconducto para traspasar el miedo. Quizás porque Conor siente que su vida se desliza por un tobogán sin padre ni madre ni perrico que le ladre, es un monstruo quien todas las noches lo visita y le cuenta cuentos que se  convierten en herramientas para enfrentarse al cáncer de su madre, a la ausencia del padre y al acoso en la escuela. Historias para comprender la encrucijada moral en la que está atrapado: el miedo más terrible coincide con el mayor de los alivios, y así descubrir que el comportamiento humano se caracteriza por la ambigüedad de a veces hacer el bien y otras el mal.

El universo simbólico de los cuentos y el mundo real se funden gracias a una puesta en escena con una deliciosa capacidad teatral en la que participan aspectos técnicos y narrativos. La precisión quirúrgica de iluminación y sonido al servicio de sillas en danza o la pasividad de una cama de hospital. Proyecciones visuales sobre las hojas digitales de un árbol que se desparraman en coreografías para transportar la narración oral hasta la fertilidad de las hechuras dramáticas.

El trabajo actoral consigue una elegante dinámica grupal que empuja las acciones individuales para definir con nitidez a los personajes, y mostrar con claridad sus arcos dramáticos hasta resolver los conflictos exteriores que acorralan a Conor. Pero su comecome interior se queda suspendido cuando la peripecia culmina en un fundido a negro, que la noche del estreno cortó la respiración del patio de butacas durante tres segundos de un silencio emocionante y absoluto, hasta romperse por una ovación sólida y compacta.

‘Un monstruo viene a verme’

Calificación: 4 estrellas

Producción: Fundación Teatro Joven. Colaboración: Asociación Española Contra el Cáncer. Idea: Siobhan Dowd. Autor: Patrick Ness. Dirección: José Luís Arellano. Reparto: Elisa Hipólito, Eduardo Aguirre de Cárcer, Antonia Paso, Cristina Bertol, Armando Pita, Fernando Saiz de la Maza, Leyre Morlán, Nadal Bin y Raúl Martín. Escenografía: José Luis Raymond y Laura Ordás. Música: Alberto Granados. Iluminación: Juan Gómez Cornejo y Jesús Díaz Cortés. Videoescena: Álvaro Luna. Movimiento escénico: Chevi Muraday.

Miércoles 17 de diciembre de 2025. Teatro Principal



Crítica de la obra de teatro Un monstruo viene a verme: la medicina de los cuentos


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15 diciembre 2025

Microbicho Teatro






Un refugio para el microteatro

La sala Teatro Bicho ha programado microteatro desde su inauguración en el 2013. En la actualidad Fran Martínez redobla la apuesta con representaciones en dos sábados de cada mes. Esta regularidad potencia el género, permite a los creadores mostrar sus novedades tanto en piezas cortas como en fragmentos de obras de mayor duración. Una función heterodoxa para encadenar tres títulos con diferentes formatos y estilos, que se representan varias veces y dan continuidad al trabajo actoral y de dirección.

Todo comenzó en noviembre de 2011. La compañía ‘Microteatro Zaragoza’ encabezada por el Santiago Meléndez estrenó ‘La noche de los triunfadores’ en espacios tan novedosos como el almacén de los cachivaches del Teatro de la Estación. Los siguientes espectáculos de la compañía ocuparon las habitaciones del albergue o las naves de la fábrica de chocolates Zorraquino, hasta que en 2014 se despidieron sobre las tablas del Teatro del Mercado.

En agosto de 2012 Óscar Castro y Fran Martínez estaban ‘En Construcción’ El primero remodelando lo que sería la sala El Extintor, el segundo escribiendo la obra ‘Nudo’. Esa coincidencia provocó un espacio donde se hacía teatro cuando los fontaneros y los albañiles terminaban su jornada laboral. ‘Nudo’ creció con el tiempo, se representó en el bar ‘La vía Láctea’, y se subió al escenario del Teatro del Mercado.

‘Microteatro en casa’ fue una propuesta del grupo ‘Los Mancusos’ en el año 2013. Javier Ercilla, Javier Guzmán y Fran Martínez metieron el teatro en los domicilios particulares, desde el cuarto de baño al dormitorio. Sin embargo en el año 2018 el salón donde transcurre la obra ‘Un dios salvaje’ de Yasmina Reza terminó instalado en medio del escenario del Teatro Principal. Aquello parecía un contrasentido y sin embargo, la relación del espectador con el espacio quedó completamente alterada porque accedimos a la sala por la puerta de actores, recorrimos las tripas del teatro, y nos sentamos en las noventa butacas que rodeaban la escena y allí, bajo la lámpara de un salón, dos actores y dos actrices lidiaron con la realidad desplegada ante nuestros ojos.

Esta larga trayectoria se condensa en la actualidad del Teatro Bicho. Quizás ya ha pasado el tiempo de eliminar convecciones teatrales para acercar al público a la sensación de lo verdadero, y es hora de reivindicar la sencillez de un foco iluminando un escenario vacío, ese refugio donde los actores respiran palabras hasta empañar las pantallas de nuestros móviles.

 

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09 diciembre 2025

Blanco y en botella


 

Poner del revés el efecto Charlie Rivel

‘Blanco y en botella’. Cuando leí el título de la función pensé en dos posibilidades que podrían desarrollar la peripecia de la función. Ildebrando Biribó es un personaje de Emmanuel Vacca que Castrillo Ferrer llevó a escena de una manera magistral. Partía de la pregunta… el blanco ¿qué blanco? Para reclamar la importancia del apuntador de teatro que devuelve la memoria al actor que la pierde. La segunda parecía más evidente. Blanco y en botella es una expresión coloquial para decir que algo es muy obvio o evidente.

Estas elucubraciones se resolvieron con rapidez porque una de las virtudes de la función es que las dos primeras escenas te ponen las pilas para saber las reglas que rigen a lo largo de la representación.

Todo comenzó con la irrupción de Víctor Palacín en el patio de butacas. Su voz y guitarra al estilo de las coplas de ciego eran el preámbulo todo de lo que iba a ocurrir en escena: La entrada de la actriz subrayaba que su personaje ejercía al mismo tiempo de madre, amante y amiga. Y sin embargo desde el primer momento se apreciaba con nitidez el juego entre la realidad de la ciudadana Yolanda blanco y la ficción teatral

Los elementos básicos de la actuación estaban a la vista. Interacción con el público, ritmo de comedia, agilidad en la prosodia y acciones dinámicas. El carrusel de personajes empezó por una payasa que se ganan el jornal con la BBC de bodas, bautizo y comuniones. En este caso era el cumpleaños de una criatura y todos los alicates de sus amiguitos. Y entonces, cuando creía que había comprendido el código de la función ocurrió la sorpresa. Fue un efecto suave y elegante. Una ligera transformación de la iluminación para dejar notar que felicidad impostada de la payasa se diluía en la personalidad de la actriz que la contenía y así, detrás de las frases estimulantes que surgían de la nariz roja, se advertía con dramática nitidez una tristeza insondable que pertenecía exclusivamente a la actriz (o al personaje, vaya usted a saber)

El efecto emocional me llevó a pensar en Charly Rivel. “El payaso pasa por los mismos sufrimientos y las mismas penas que el resto de la gente pero no puede manifestarlo ni siquiera cuando se muere tu madre” Por eso  nosotros reímos cuando Charly Rivel llora, Eso es lo que hizo Yolanda Blanco en el escenario, mientras su personaje (o ella misma) penaba entre las vicisitudes de la vida y los sinsabores de su profesión de actriz el patio de butacas reía. Entonces noté como ella cogía mi mano y me arrastró a seguirla en las peripecias por venir. Entonces me cogió de la mano para seguirla en su aventura y entendí el título de la función.

La escenografía eran tan sencilla como unos soportes sobre los que colgaban el vestuario de cada uno de los personajes a los que Yolanda Blanco prestaría su cuerpo. Las patas de esos soportes nacían de unas botellas blancas. Era evidente. La función se construía sobre dos conceptos. Los personajes están anclados en el arquetipo que les correspondía, en ese blanco y en botella que el público espera, comprende y disfruta, pero al mismo tiempo la protagonista cuenta las vicisitudes de una vida que siempre se mezcla con la ficción propia del escenario, la sala de ensayos o el casting para un anuncio absurdo. Una trenza de ficción amasada con la vida y la profesión del cómico atado a una máxima que todos conocemos. Pase lo que pase el espectáculo debe continuar.

La dirección de Ana García organiza con un buen criterio todos los elementos narrativos. La música en directo consigue una textura orgánica como el colchón que subraya con elegancia los momento álgidos. Los desplazamientos en el espacio y la prosodia de la actriz se enriquecen gracias a la diversidad rítmica que deja paso a silencios que nos trasladan del humor hasta ese punto sabroso donde la melancolía se decanta en empatía con el personaje.

El trabajo actoral de Yolanda Blanco es un catálogo de teatralidad que parte del compromiso con su profesión, y del elevado grado de honestidad que necesita la propuesta para que de verdad golpeé al espectador. La verosimilitud de todas sus acciones enriquece la pulsión autobiográfica que sobrevuela sobre le escenario hasta el punto de quedarte prendado con el personaje (y con ella). Ese es el gran acierto de la función, que una reacción química exotérmica entre la actriz y el patio de butacas tenga la suficiente energía para conseguir una ovación a rabiar cuando ella ( o su personaje) toma la gran decisión.

Yolanda Blanco consigue el alarde de romper con una tradición que siempre pone por delante la necesidad de mantener en pie el espectáculo por encima de cualquier circunstancia. La función le da la vuelta al efecto Charly Rivel con dos efectos secundarios. La tristeza del payaso por sus fracasos se recibe en el patio de butacas, pero esta vez con la misma intensidad emocional que la actriz (o Yolanda Blanco) rompe con la tradición de poner por delante de cualquier otro acontecimiento que le espectáculo debe continuar.

 ‘Blanco y en botella’

Producción: Hello Yoly. Texto: Yolanda Blanco y Ana García. Dirección: Ana García. Interpretación: Yolanda Blanco. Músico: Víctor Palacín. Espacio sonoro: Víctor Palacín y Juanko Malavirgen. Iluminación y sonido: Guillermo Lafuente. Espacio escénico y vestuario: Raquel Poblador / Obsidiana Atellier y Hello Yoly.

Domingo 9 de noviembre de 2025. Teatro del Mercado.

 

 


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07 diciembre 2025

La Reina de las Nieves

 

Adaptación desequilibrada

Harold Bloom afirma que lo imperecedero de la literatura de Andersen es mezclar la actitud de un niño en un mundo supuestamente adulto con su capacidad para crear un mundo animista, en el que todos los objetos muestran el deseo humano de sobrevivir. Un universo vitalista que siempre tiende a la pulsión maligna. La adaptación que Triana Lorite ha realizado de ‘La Reina de las Nieves’ no consigue trasladar al escenario la tensión entre esos dos polos emocionales.

La dramaturgia utiliza diversos lenguajes narrativos con resultados desiguales. La peripecia transcurre en un espacio escénico iluminado con el buen gusto de crear un ambiente poético y preciosista. Los aciertos continúan gracias a la potencia dramática que consigue una narración de cuentacuentos apoyada en imágenes, el eclecticismo de una banda sonora que pasa de sonidos contemporáneos a un pop heroico, o una excelente coreografía que nos regala momentos de alto valor estético cuando la protagonista baila con un reno y con su amor recién recuperado.

Estos destellos se alternan con arranques tan bizarros como mezclar cante flamenco con el sombrero calañés que usaban los bandoleros de Sierra Morena en el siglo XIX y los aires de un cabaret. Pero el mayor desajuste se produce por una dirección que se olvida de la dinámica que pide la acción. Al fin y al cabo se trata de contar el viaje de una joven valiente para rescatar a la persona de la que está enamorada. Una aventura que deberíamos percibir llena de obstáculos se trunca por un desarrollo muy estático de los acontecimientos, la construcción deslavazada de unos personajes que nos dejan huérfanos de un arco dramático para que llegue la emoción, mientras el impacto de los elementos fantásticos es imperceptible. El elenco cumple con pulcritud profesional entre tanta frialdad.

‘La Reina de las Nieves’

Calificación: 2 estrellas

Producción: SAI. Compañía Zoe Theatre. Basada en el cuento de Hans Christian Andersen. Dirección, dramaturgia y diseño de iluminación: Triana Lorente. Música: David Bueno. Coreografía: Javier del Arco. Elenco: Huichi Chiu, Irene Camacho, Nacho Zorrilla, Inma Pérez-Quirós, Críspulo Cabezas, Gaby Castillo. Escenografía: Sergio Loro.

Viernes 5 de diciembre de 2025. Teatro Principal

Crítica de la obra 'La Reina de las Nieves' en el Teatro Principal de Zaragoza: una adaptación desequilibrada





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01 diciembre 2025

Damas Maltidas

 

                           


Disección a la novela realista

La aspiración de la novela realista del siglo XIX era observar el mundo para reproducirlo tal y como es, sin embargo el observador juega un papel muy importante porque su mirada determina la interpretación final y la manera de escribirlo. Chema Cardeña ha realizado ese ejercicio experimental aplicando una dramaturgia para desenredar la vida de tres mujeres fundamentales en la historia de la literatura, y hacer una trenza que visibilice su relevancia contemporánea.

El texto elimina el corsé realista que las aprisiona, las acerca al espectador mediante el uso de la primera persona, y diluye el estereotipo por el que son célebres. Los arrebatos místicos de ‘La Regenta’ enamorada de un Don Juan. La distancia que separa lo imaginado de la vida real atrapa a ‘Madame Bovary’. Una urdimbre inhóspita de individualismo confisca el universo afectivo de ‘Anna Karénina’.

La dirección aprovecha la sencillez escénica de una tarima que gira sobre sí misma para crear dinámicas de gran teatralidad. Un juego de planos en los que se representan pasajes de las novelas aderezados con citas de sus autores Alas Clarín, Flaubert y Tolstoi, mientras la peripecia avanza siguiendo un arco dramático común en el que confluyen todos los acontecimientos: la losa de un matrimonio apático, el sueño de encontrar la pulsión desenfrenada del amor y la caída al precipicio para perderlo todo.

El trabajo actoral es excelente. Las palabras de ellas palpitan tras los vestidos enlutados, mientras la expresión de sus rostros muestra las heridas de unas mujeres que gravitan sobre el blanco impoluto de un hombre para retratarlos a todos. El cortafrío que matiza las voces para el engaño, el apabullante peso escénico que aplasta el universo femenino, y una coda final para la reflexión que eleva el impacto dramático.

‘Damas Malditas’

Calificación: 4 estrellas

Producción: Arden Producciones. Texto y dirección: Chema Cardeña. Intérpretes: Carme Juan, Pepa Juan, Rosa López, Darío Torrent. Escenografía: Luís Crespo. Vestuario: María Poquet. Iluminación: Josemi Felguera. Música: Emilie Autumn

Sábado 29 de noviembre. Teatro de la Estación

Crítica de la obra de teatro 'Damas malditas': Disección a la novela realista

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