La curvatura de la córnea

19 febrero 2026

Dysphoria

 


Teatro para la reflexión

María Goiricelaya le decía a Rocío García en El País del pasado 16 de febrero que concibe el teatro como una herramienta de reflexión que nos pone frente al momento vital en el que nos encontramos.

La dramaturga y directora bilbaína escribió ‘Dysphoria’ después de la entrada en vigor de la Ley para la igualdad real y efectiva de las personas trans y para la garantía de los derechos LGTBI, que abría la posibilidad de vivir la propia identidad sexual y la expresión de su género mediante la posibilidad de cambiar el nombre y el sexo con la única premisa de la voluntad de hacerlo, pero el debate público se centró en dos de sus posibles consecuencias: pérdida de derechos y fraude.

Algunos actores políticos afirmaban que la nueva norma era un peligro para los derechos adquiridos por las mujeres porque difuminaba la preeminencia del sexo biológico. Con la ley recién aprobada un candidato a una plaza de policía local en Torrelodones pidió que se le valorasen las pruebas físicas con los parámetros destinados a las mujeres, aunque en otras fases previas de la oposición había participado como hombre. La petición se justificaba con un acta notarial en la que pedía registrase como mujer transexual.

Con este panorama el debate general se desvirtuó, como se desvirtúan todos los debates importantes en esta época de confusión. Los diferentes posicionamientos impedían de hecho una reflexión profunda sobre la complejidad personal a la que quería atender una ley novedosa que necesitaba tiempo y oxígeno para caminar, comprobar su funcionamiento y ajustar lo que fuese necesario para evitar rendijas por las que colaban abusos y fraudes. Un tiempo que se le negó entre zascas ingeniosos, la metralleta de Twiter y eslóganes para ocultar la complejidad de cualquier proceso de cambio social. Y eso es precisamente lo que nos ofrece Goiricelaya. La posibilidad de escuchar todas voces que forman parte del coro que interviene en un proceso de transición de género. La intimidad del adolescente. La madre preocupada y superada pero siempre al pie del cañón. La pulcritud profesional y desesperante de los psicólogos. El lenguaje críptico de la justicia. La crueldad de tus iguales.

La acción transcurre en dos espacios que los personajes ocupan cuando cambia su rol en la historia. El infierno es un círculo donde sobresale la teatralidad de una actriz que cambia el ADN para mutar de un personaje a otro y conseguir que los diálogos tengan las características de un duelo que empieza en calma pero puede terminar con un disparo final. La circunferencia que lo contiene y un paralelogramo tangente es el balcón para dirigirse al público, el laberinto que lleva de la duda a la reivindicación, los gritos desesperados y la farfulla legalista que embrolla más que explica.

El texto de Goiricelaya es una catarata de palabras para que la actriz Gema Matarranz se zambulla en ellas con la honestidad de quien hace un trabajo desde las tripas, con una entrega impecable, y más allá del primer asombro que causa la sencillez con la que salta de un personaje a otro, lo realmente sobresaliente es como su interpretación dibuja detalles gestuales y de prosodia que añaden capas y capas de complejidad, que sin embargo se advierten diáfanas y transmitir con nitidez el alma de cada uno de los personajes sin llegar a juzgarlos.

‘Dysphoria’ tiene una actitud de entomólogo que es muy importante porque, mientras recibes una gran cantidad de información y aumenta la sensación de sentirse apelado, la peripecia te golpea en el estómago al mismo tiempo que lanza preguntas que se quedan flotando en el aire en busca de una respuesta. Y ahí entra la responsabilidad del espectador para completar la propuesta. Primero como ciudadano que tiene opinión sobre cualquier cuestión social, pero también en el ámbito de la intimidad personal. Dos espacios que se reflejan en la selección de las canciones que suenan durante la función.

‘Lucha de gigantes’ de Antonio Vega como ese canto a la relativa grandeza del hombre frente a la inmensidad de un universo que siempre nos trae nuevos desafíos “Un duelo salvaje advierte lo cerca que ando de entrar en un mundo descomunal. Siento mi fragilidad”.

‘Debí tirar más fotos (DtMF)’ de Bad Bunny captura un sentimiento de nostalgia y arrepentimiento mucho más íntimo cuando somos incapaces de valorar los momentos y las personas que nos rodean, mientras enfocamos nuestros intereses hacia otras cosas mucho menos importantes. “Pero queriendo volver a la última vez que a los ojos te miré. Debí darte más besos y abrazos las veces que pude.”

¿Recuerdas la cita del principio? El teatro como herramienta de reflexión.

‘Dysphoria’

Compañía: Histrión Teatro. Dramaturgia y dirección: María Goiricelaya. Actriz: Gema Matarranz. Ayudante de dirección: Ane Picaza. Diseño y construcción de escenografía: Álvaro Gómez Candela y Giacomo Ciucci Gómez. Diseño de iluminación: Juan Felipe “Tomatierra”. Música original: Ibon Belandia. Espacio sonoro: Ibon Aguirre. Comunicación y diseño gráfico: Divina Palabra. Fotografías: Palen. Técnicos en gira: Juan Felipe “Tomatierra” y Monza. Producción ejecutiva: Nines Carrascal y Sonia Espinosa. Colabora: Portal 71.

Miércoles 18 de febrero de 2026. Teatro de las Esquinas.

 

 

 


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