Dysphoria
Teatro para la reflexión
María Goiricelaya le decía a Rocío García en El País del
pasado 16 de febrero que concibe el teatro como una herramienta de reflexión
que nos pone frente al momento vital en el que nos encontramos.
La dramaturga y directora bilbaína escribió ‘Dysphoria’ después
de la entrada en vigor de la Ley para la igualdad real y efectiva de las
personas trans y para la garantía de los derechos LGTBI, que abría la
posibilidad de vivir la propia identidad sexual y la expresión de su género
mediante la posibilidad de cambiar el nombre y el sexo con la única premisa de
la voluntad de hacerlo, pero el debate público se centró en dos de sus posibles
consecuencias: pérdida de derechos y fraude.
Algunos actores políticos afirmaban que la nueva norma era
un peligro para los derechos adquiridos por las mujeres porque difuminaba la preeminencia
del sexo biológico. Con la ley recién aprobada un candidato a una plaza de policía
local en Torrelodones pidió que se le valorasen las pruebas físicas con los parámetros
destinados a las mujeres, aunque en otras fases previas de la oposición había
participado como hombre. La petición se justificaba con un acta notarial en la
que pedía registrase como mujer transexual.
Con este panorama el debate general se desvirtuó, como se desvirtúan
todos los debates importantes en esta época de confusión. Los diferentes
posicionamientos impedían de hecho una reflexión profunda sobre la complejidad
personal a la que quería atender una ley novedosa que necesitaba tiempo y
oxígeno para caminar, comprobar su funcionamiento y ajustar lo que fuese
necesario para evitar rendijas por las que colaban abusos y fraudes. Un tiempo
que se le negó entre zascas ingeniosos, la metralleta de Twiter y eslóganes para
ocultar la complejidad de cualquier proceso de cambio social. Y eso es
precisamente lo que nos ofrece Goiricelaya. La posibilidad de escuchar todas
voces que forman parte del coro que interviene en un proceso de transición de género.
La intimidad del adolescente. La madre preocupada y superada pero siempre al
pie del cañón. La pulcritud profesional y desesperante de los psicólogos. El
lenguaje críptico de la justicia. La crueldad de tus iguales.
La acción transcurre en dos espacios que los personajes
ocupan cuando cambia su rol en la historia. El infierno es un círculo donde
sobresale la teatralidad de una actriz que cambia el ADN para mutar de un
personaje a otro y conseguir que los diálogos tengan las características de un
duelo que empieza en calma pero puede terminar con un disparo final. La
circunferencia que lo contiene y un paralelogramo tangente es el balcón para
dirigirse al público, el laberinto que lleva de la duda a la reivindicación,
los gritos desesperados y la farfulla legalista que embrolla más que explica.
El texto de Goiricelaya es una catarata de palabras para que
la actriz Gema Matarranz se zambulla en ellas con la honestidad de quien hace
un trabajo desde las tripas, con una entrega impecable, y más allá del primer
asombro que causa la sencillez con la que salta de un personaje a otro, lo
realmente sobresaliente es como su interpretación dibuja detalles gestuales y de
prosodia que añaden capas y capas de complejidad, que sin embargo se advierten
diáfanas y transmitir con nitidez el alma de cada uno de los personajes sin
llegar a juzgarlos.
‘Dysphoria’ tiene una actitud de entomólogo que es muy
importante porque, mientras recibes una gran cantidad de información y aumenta
la sensación de sentirse apelado, la peripecia te golpea en el estómago al
mismo tiempo que lanza preguntas que se quedan flotando en el aire en busca de una
respuesta. Y ahí entra la responsabilidad del espectador para completar la
propuesta. Primero como ciudadano que tiene opinión sobre cualquier cuestión
social, pero también en el ámbito de la intimidad personal. Dos espacios que se
reflejan en la selección de las canciones que suenan durante la función.
‘Lucha de gigantes’ de Antonio Vega como ese canto a la
relativa grandeza del hombre frente a la inmensidad de un universo que siempre nos
trae nuevos desafíos “Un duelo salvaje advierte lo cerca que ando de entrar en
un mundo descomunal. Siento mi fragilidad”.
‘Debí tirar más fotos (DtMF)’ de Bad Bunny captura un
sentimiento de nostalgia y arrepentimiento mucho más íntimo cuando somos incapaces
de valorar los momentos y las personas que nos rodean, mientras enfocamos
nuestros intereses hacia otras cosas mucho menos importantes. “Pero queriendo
volver a la última vez que a los ojos te miré. Debí darte más besos y abrazos
las veces que pude.”
¿Recuerdas la cita del principio? El teatro como herramienta
de reflexión.
‘Dysphoria’
Compañía: Histrión Teatro. Dramaturgia y dirección: María
Goiricelaya. Actriz: Gema Matarranz. Ayudante de dirección: Ane Picaza. Diseño
y construcción de escenografía: Álvaro Gómez Candela y Giacomo Ciucci Gómez. Diseño
de iluminación: Juan Felipe “Tomatierra”. Música original: Ibon Belandia. Espacio
sonoro: Ibon Aguirre. Comunicación y diseño gráfico: Divina Palabra. Fotografías:
Palen. Técnicos en gira: Juan Felipe “Tomatierra” y Monza. Producción
ejecutiva: Nines Carrascal y Sonia Espinosa. Colabora: Portal 71.
Miércoles 18 de febrero de 2026. Teatro de las Esquinas.
Etiquetas: critica teatro, Gema Matarranz, Histrión Teatro, María Goiricelaya, Teatro de las esquinas



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