La curvatura de la córnea

16 junio 2026

El inquilino


 

Votamos por un inquilino

Santiago Requejo escribió el guion del cortometraje ‘Votamos’ desde un ejercicio de deconstrucción personal, analizar sus prejuicios y acercarse a una realidad revelada por un psiquiatra amigo suyo. Quería analizar cómo se diluye nuestra tolerancia cuando un problema, aparente o real, se instala a nuestra vera, y mostrar el comportamiento de una comunidad de vecinos a la que llega un nuevo inquilino diagnosticado con una enfermedad de salud mental.

La adaptación de Oscar Castro para el escenario parte de algo aparentemente tan simple como un cambio de título. Sin embargo pasar del original ‘Votamos’ a ‘El inquilino’ le añade un capa de actualidad que conecta el pálpito moral de cómo nos relacionamos desde lo humano con nuestros miedos, pero también sobrevuela aspectos económicos y sociales que nos lleva al informe recién publicado por el Consejo de la Juventud y Oxfam Intermón, en el que se afirma que algo más de un tercio entre quienes tienen 25 y 34, perciben su salud mental como mala o regular a consecuencia directa de no llegar a final de mes y no poder afrontar el pago de alquiler.

La sinopsis sitúa la acción en un edificio del centro de Zaragoza, en una reunión de una comunidad de vecinos. Esta breve referencia nos aproxima al teatro costumbrista que desarrolla un panorama humano para reflejar la realidad cotidiana. Sin embargo desde el inicio de la función queda claro que el lenguaje narrativo va a ser el de las herramientas clásicas de la comedia de salón. Crear tensión mediante diálogos picaditos con un puntito de acción alrededor de un sofá. La dirección de Oscar Castro afianza esas bases, y desde ahí consigue una descripción precisa de los personajes, sus condiciones psicológicas y morales, y diferentes comportamientos sociales hasta situarlos en un lugar muy cercano al teatro del absurdo de aquellos que esperan a alguien que no acaba de llegar, y como quien no quiere la cosa que la comedia tome una derivada trágica.

La apuesta es un órdago desde el punto de vista conceptual que precisa de un excelente trabajo actoral para mantener en volandas todos los platillos que giran sobre el escenario. El más evidente es que las réplicas entren a tempo, con la dificultad añadida de ser un número notable de actores responsables de mantener esa tensión. La segunda es la ocupación cabal de espacio mediante una coreografía que oxigena la escena, mantiene activos a los actores y atrapa la atención del espectador. El elenco hace un trabajo riguroso con estos aspectos técnicos, y desde ahí es capaz de crecer. Confecciona unas interpretaciones que brillan a gran nivel, dibujan con nitidez el arco dramático de cada uno de los personajes, que a veces tiene la amplitud de la sorpresa, otras confirma la evidencia, y en todos los casos muestran que detrás de las caretas de andar por la vida, existe un desván donde escondemos miedos, dudas y resquemores.

Esa musculatura narrativa de la obra se puede apreciar porque todo se hace sin estridencias, con diáfana pulcritud en gestos y palabras. Una de las claves del éxito es que todo pasa de manera muy natural, desde la sonrisa de comedia al sobresalto del drama, y de repente un silencio tenso en el escenario que se comparte con el patio para confirmar la magia de la conexión, hasta que la función termina con una merecida y prolongada ovación.

 

‘El Inquilino’

Muestra fin de curso de Delta Teatro basada en la obra de Santiago Requejo ‘Votemos’. Dirección y adaptación: Óscar Castro. Reparto: Esther Bermejo, Juanjo Gracia, Pedro Lobera, Diego Lozano, Marilú Lemon, Olga Moss y Vero Ochoa.


Sábado  13 de junio de 2026. Centro Cívico Tío Jorge de Zaragoza.

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13 junio 2026

Esto no es Fuenteovejuna

 




Todos a una: fiesta y protesta

El texto de Fuenteovejuna de Lope se suele adaptar poniendo el acento en sus temáticas fundamentales. El aspecto político de una venganza violenta y colectiva mediante la rebelión popular frente a un poder injusto, y la parte menos aparente que muestra las debilidades de los amoríos platónicos.

‘Esto no es Fuenteovejuna’ aporta un giro contemporáneo que sitúa la obra en la actualidad con dos niveles que parten de una premisa: la función del teatro como altavoz de las preocupaciones sociales. Desde ese punto de vista se crea un intersección entre la seriedad  de subrayar como el comportamiento en la intimidad de los depredadores sexuales es un reflejo de lo que todos vemos en sus maneras públicas de entender las relaciones personales, y al mismo tiempo se participa en la verbena de convertir el patio de butacas en un ágora para que suenen el bullarengue de protestas y anécdotas festivas.

La dramaturgia conecta el texto original con lo mejor de las trayectorias de ‘Lagarto Lagarto’ y ‘Teatro Indigesto’ Ya hemos visto otras veces como la magia de los primeros se adueña con solvencia del texto dramático hasta darle un meneo y romperlo en la chispa somarda de una salida inesperada. Los segundos aportan veteranía en el ejercicio gimnástico de un teatro de improvisación que algunas veces flojea en la dificultad añadida de replicar el flow de los versos del Siglo de Oro.

El elenco domina de largo los registros por los que pasa la peripecia. Se nota todas las horas que han pasado juntos sobre las tablas con el peso escénico de Alfonso Palomares, la navaja suiza de J.J. Sánchez, y en medio de todo el fregao la imponente energía de Encarni Corrales, la más lúcida en las búsqueda de nuevas rimas, apabullante en la seriedad del drama y su poquito de flamenco como quien no quiere la cosa.

 

‘Esto no es Fuenteovejuna’

Calificación: 3 estrellas

Producción: Lagarto Lagarto. Dramaturgia y dirección: Javier Trillo y Alfonso Palomares. Intérpretes: Encarni Corrales, J.J. Sánchez y Alfonso Palomares. Escenografía: Circok. Iluminación: Manuel Escosa. Vestuario: Lucía Rodríguez. Ayudante Dirección: Elena Gómez Zazurca. Dirección Producción: Maite Berges.

Jueves 11 de junio de 2026. Teatro del Mercado.

Crítica de teatro de ‘Esto no es Fuenteovejuna’: todos a una, fiesta y protesta


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12 junio 2026

No necesito un nombre para ser mascota

 



El arte de alzar la voz

Ana Cotoré parte de la ley aristotélica de la contigüidad para cambiar la mirada del espectador sobre el desarrollo de las artes escénicas. Cuando dos cosas ocurren juntas, la aparición de una traerá la otra a la mente. Ese es el punto de partida para comprobar como el binomio belleza-sufrimiento es un elemento significativo en el proceso de producción y comercialización de cualquier espectáculo. La representación tiene una enorme carga de teatralidad gracias a la hibridación de lenguajes que construyen cuatro cuadros y un epílogo.

El comienzo quiere ser la belleza de una elegante coreografía bajo la luz satinada que deriva en el tormento de un devastador primer plano audiovisual. La pantalla vuelve a ser la protagonista en la tristeza sórdida de una realidad subterránea que se hace presente en un vestido azul saturado por la claridad expresionista. Entonces la carne se libera de la cárcel de tela, y busca en la tierra el ritmo básico hasta alcanzar la cadencia de una rave de iluminación estroboscópica que define con precisión cada movimiento. El impacto emocional del cuerpo se concreta mediante la palabra, y la inteligencia de aunar el lenguaje científico con las volteretas de la ironía, reposar la gravedad de la denuncia, y transformar la experiencia personal en una reflexión crítica para mostrar un nuevo binomio. Los que tienen la sartén por el mango que se aprovechan de los trabajadores en precario, y los que sufren abusos emocionales y vejaciones laborales a costa de su vocación artística.

El epilogo es un drama de lentejuelas sobre silla vieja, imágenes de humor canino, y una divertida metáfora entre la protesta actual y la cultura pop de la tele de los ochenta, cuando la duda era elegir entre ser la mala de pelucón negro o la heroína rubia de melena ondulada.

 

‘No necesito un nombre para ser mascota’

Calificación: 4 estrellas

 

Creación, coreografía, textos, interpretación y vestuario: Ana Cotoré. Mirada externa, fotografía y vídeo: Álvaro Murillo. Diseño de luces: Víctor Longás. Realización y postproducción audiovisual: Víctor izquierdo y Laura Arnaiz. Maquillaje y fxs vídeo: Julianna Garza. Asistencia en rodaje de vídeo: Lucrecia Pierpaoli.

Domingo 7 de junio de 2026. Teatro del Mercado.

Crítica de la obra de teatro 'No necesito un nombre para ser mascota': el arte de alzar la voz


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05 junio 2026

Yo soy una fiesta


 

Una deliciosa entente

La investigadora alemana Erika Fischer-Lichte utilizaba el concepto «giro perfomativo» para definir una nueva forma de expresión en la que se desdibujan las fronteras entre una expresión del cuerpo que amplía su fuerza frente el significado textual. Una idea que ya había promulgado Antonin Artaud con la defensa de potenciar lo ritual, lo teatral y lo físico. El cuerpo como portador completo del sentido de la actuación[1].

‘Yo soy un fiesta’ navega entre estos dos conceptos con una diferencia esencial. No se trata de aplicar al cuerpo un discurso específico que lo diferencie del resto de lenguajes narrativos. Lo realmente maravilloso es conseguir que gestualidad, palabra y banda sonora conformen un conjunto de gran emotividad para unas escenas de alto valor poético que impacta de lleno en el patio de butacas. Este objetivo se sustenta en  la perfección técnica del trabajo actoral. Las interpretaciones de Camila Grigera y Ángela Tortajada parten de una elocuente naturalidad llena de frescura para que danza, gesto y palabra se pongan al servicio de una historia con aromas de autofcción escrita por Lola Vera.

Esa maquinaria forman sostiene una peripecia que habla de encuentros, desencuentros y añoranzas, de como a veces la vida pasa sin que seamos capaces de darnos cuenta de que el meollo de la existencia está ahí, en una receta de cocina o la coreografía de una canción que nos acompaña a lo largo de los años. Adela está descubriendo esos lugares donde su madre y su abuela sobreviven envueltas en un tira y afloja de amor y tensión, de recuerdo y presente, mientras su amiga Cami, siempre a su lado, tiene la virtud de transformarse en todas las mujeres que caminan por el laberinto de los afectos para convertirse en el catalizador de la pena y la alegría.

El formato fragmentario de ‘Yo soy una fiesta’ es una garantía para mantener en vilo a un público, que sigue a pie juntillas el devenir de las actrices. Desde la frescura del contexto que proviene de la prosodia, unas veces es concreto y otras difuminado, mientras las acciones se centrifugan por la periferia hasta constituirse como el centro de una situaciones que se muestras con la precisión de la cámara lenta, o el vértigo de la repetición de un loop. El resultado siempre es el mismo. La delicadeza eclosiona en un instante donde todo se detiene mientras los espectadores se quedan suspendidos en  la deliciosa densidad de la emoción.

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La compañía ‘La Perrerire’ presentó el 2 de mayo en el Teatro Bicho la obra ‘Yo soy una fiesta’ de Lola Vera con Camila Grigera y Ángela Tortajada.

 



[1] Martínez Valdearas Jara, Saura-Clares Alba. Luque Diana. Teatro y artes escénicas en el ámbito histánico Siglo XXi. Cátedra. 2023

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01 junio 2026

Si alguna vez hubo un nosotros

 



De la narración al teatro

A todos nos ha pasado. En una conversación trivial o importante con la persona amada somos incapaces de encontrar argumentos sólidos, ironías inteligentes y flechas certeras hasta que la charla se reconstruye en soledad y entonces encontramos brillo en el verbo, destreza con la disección de acontecimientos, y clarividencia para enumerar todo lo que teníamos que decir y no hemos dicho. Ignasi Vidal se sube a ese tío vivo que algunos llaman torear a toro pasado para lucir finura en la dirección, musculatura en el texto, y potenciar actitudes muy diferentes en cada uno de los personajes, hasta marcarse la pirueta de reconvertir la narración de un monólogo a dos voces en la peripecia que caracteriza el teatro dramático.

La teatralidad se consigue con una sencilla puesta en escena. Dos focos cenitales iluminan la potente expresividad del lenguaje interior de los dos miembros de la pareja, y desde ahí mostrar el conflicto con dos pasos que apelan directamente a la experiencia personal del público. El primero expone la deliberación entre dos maneras muy diferentes de afrontar los derrapes que siempre depara el amor. El segundo es un dilema. ¿Los personajes han abandonado en algún momento el egoísmo de la individualidad para remangarse de verdad en la construcción de un nosotros?

Esta interesante arquitectura narrativa se sustenta en un trabajo actoral donde la naturalidad del gesto y la prosodia consiguen enamorar al respetable. La energía y las buenas hechuras de Félix Gómez lo mantienen a ras de suelo en un comportamiento abonado a la confusión primaria y terrenal, mientras Noemí Ruíz sobrevuela la situación con la estilizada elegancia de unas dudas que culminan en frases contundentes, vuelos poéticos y un dibujo nítido de la personalidad y actitud de los dos personajes.

 

‘Si alguna vez hubo un nosotros’

Calificación: 4 estrellas

Compañía: La Gran Belleza Producciones. Productor: Pedro Macarro. Autor, director y diseño de escenografía: Ignasi Vidal. Interpretación: Félix Gómez y Noemí Ruíz. Diseño de luces: Joaquín Yver.

Sábado 30 de Mayo de 2026. Teatro de las Esquinas.

Crítica de la obra 'Si alguna vez hubo un nosotros en Zaragoza: De la narración al teatro

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Cabaret

 



Los altibajos de Cabaret

El teatro inmersivo sitúa al espectador en un espacio y tiempo distintos al habitual, lo sumerge en una nueva realidad, y modifica de una manera radical la vivencia del espectáculo. La productora de ‘Cabaret’ pretende alcanzar esa pátina sentando a una parte mínima del público en unas mesas instaladas sobre el escenario.

Desde mi localidad en el patio de butacas puedo apreciar dos problemas escénicos a las aspiraciones formales de LetsGo. Limitan el espacio para realizar los tres grandes números musicales con coreografía grupal que el espectáculo está pidiendo a gritos, y las acciones que transcurren en lugares diferentes al Kit Kat Klub se convierten en cuadros desesperadamente estáticos.

‘Cabaret’ debería causar una angustia inaguantable mientras nuestros ojos contemplan como el ascenso del nazismo corrompe la vida de las gentes, hasta penetrar en esa burbuja de carcajadas donde música, sexo y hedonismo muestran la más absoluta libertad personal. Sin embargo, las excelentes pinceladas que durante la primera parte simbolizan el mal, se diluyen en un ambiente donde prima la superficialidad de unas relaciones amorosas que, en lugar de golpearnos con el laberinto de la duda, transitan con una ligereza que no te apela, mientras los números musicales se desdibujan en una pulcritud de técnica gestual, pero sin la densidad de ese arañazo que te agarra por las solapas y te hace sudar.

Todo cambia a mejor en la segunda parte, aunque algo falla en la concepción del espectáculo cuando aparece el simbolismo de la noche de los cristales rotos, y se oyen risas entre el público. El color gris ya ha tomado el escenario cuando Patricia Clark da el primer paso hacia un notable giro dramático en todas las interpretaciones. De su voz al silencio hasta desvelar un final más efectista que poético.

 

‘Cabaret El Musical’

Calificación: 2 estrellas

Producción: LetsGo Company. Dirección: Federico Bellone. Director Musical: Julio Awad. Escenografía y vestuario: Felype Lima. Coreografía: Gillian Bruce. Elenco: José Pastor, Amanda Digón, Pepe Nufrio, Patricia Clark Tony River, Gerardo Mínguez y Pepa Lucas.

Miércoles 20 de mayo de 2026. Teatro Principal

Crítica del musical Cabaret en Zaragoza: Los altibajos de Cabaret

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19 mayo 2026

Operación Marbella

 


Sin tetas no hay paraíso

La escritora Ellen Atlanta afirma que las redes sociales han empeorado la tradicional presión estética. El mecanismo es la viralización de un estándar de belleza que termina en las garras de un cirujano. ‘Operación Marbella’ aborda ese problema sin complejos, con el desparpajo de quien le pega un buen meneo a la sátira.

El guion de Lluis Mosquera aporta dos elementos esenciales. La clásica pareja cómica para situar el conflicto entre la metralleta verbal del uno y la comicidad física del otro. Una estructura narrativa que pone la lupa de la crítica social sobre los caraduras aprobetxategis de las aspiraciones estéticas del personal, utilizar rostros populares para alimentar el pitorreo de los medio pelos, y mostrar el abismo entre la realidad del soñado cambio de imagen y el ideal de belleza que se quiere alcanzar.

La dirección escénica de ‘Qué cachondeo grupo’ amplifica la teatralidad utilizando la estética drag queen para que las interpretaciones de Le Cocó & Megui Yeillow desborden ironía, exageración, un puntito bien guapo de acidez, y unos descacharrantes playbacks. El espectáculo tiene el espíritu irreverente de un cabaret a altas horas de la noche con mesas y barra de bar. Quizás por eso cuando el espacio es un teatro, la función podría reducir los interludios musicales, concentrar la energía en exprimir al máximo el ritmo que requiere la comedia, y conseguir un desarrollo más ágil de la peripecia.

La representación funciona como un tiro porque cuenta con la complicidad de la inmensa mayoría de unos espectadores que conocen a la perfección el código del humor que allí se gasta como si no hubiera un mañana y, aunque muchas veces estuvo al alcance de quien esto escribe, les confieso que algunas puyas y chascarrillos se desplegaron fuera de mi radio de comprensión.

‘Operación Marbella’

Calificación: 3 estrellas

Las Pilardos presentan un guión de Lluís Mosquera. Producción, diseño y dirección escénica: Qué cachondeo grupo. Interpretación: Le Cocó & Megui Yeillow. Asistencia de Dirección: Panthea Arjmandi. Iluminación: Samuel Silva. Regiduría: Gonzalo Rodriguez-Villasonte. Foto y Video: Jose Quality. Realización: Samuel Silva.

Jueves 14 de Mayo de 2026. Teatro de las Esquinas.

Crítica de Crítica de la obra 'Operación Marbella' en Zaragoza: sin tetas no hay paraíso


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