La curvatura de la córnea

15 febrero 2026

La noche terca


 

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Vals del aniversario


 

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Magnolias



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El rayo que no cesa 1


Un poema de Miguel Hernández acompañado por la guitarra flamenca de Nacho Estévez 'El Niño'

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14 febrero 2026

Panorama desde el puente

 



La compleja condición humana

‘Panorama desde el puente’ transcurre en el Brooklyn de los años 50 para mostrar dos conflictos esenciales. El primero es el deterioro de una relación familiar zarandeada por los celos y el machismo, mientras la versión de Eduardo Galán diluye la atracción erótica del protagonista hacia su sobrina política. La consecuencia es reducir el tamaño del caos vital en el que vive, y ayudar al espectador a enfrentarse al dilema de estar de acuerdo (o no) con el comportamiento de una persona de moral criticable, por eso la carga dramática de la peripecia recae en el segundo conflicto. El miedo de los inmigrantes que sobreviven coaccionados por la ley, la justicia y unas normas sociales que se resumen en dos posturas. La pareja de jóvenes baila porque tienen la esperanza de acogerse a la ley para alcanzar la felicidad de una vida nueva. Los hombres maduros no lo hacen porque son prisioneros de un honor restrictivo y miope que los empuja hasta un callejón donde la única salida es aprovecharse de la ley para caer en la fatalidad de una injusticia.

Javier Molina acierta de pleno con la oscuridad de una puesta en escena que busca una doble dimensión. Mientras la realidad toma el patio de butacas y se hace cargo de la narración, una cámara captura la imagen de todos los antagonistas para proyectar la subjetividad de un primer plano que subraya el enfrentamiento, hasta que ese recurso desaparece y la tragedia acelera hacia el desenlace final.

El trabajo actoral tiene el magnetismo de una veracidad realista en la que destaca la energía desbordante con la que José Luís García-Pérez muestra el laberinto de su personaje, la naturalidad de María Adánez para transitar de la sabiduría a la rendición, y la suave evolución con la que Ana Garcés y Pablo Béjar pasan de la ingenuidad al desgarro.

 ‘Panorama desde el puente’

Calificación: 4 estrellas

Producción: Secuencia 3. Autor: Arthur Miller. Versión: Eduardo Galán. Dirección: Javier Molina. Reparto: José Luis García-Pérez, María Adánez, Ana Garcés, Pablo Béjar, Rodrigo Poisón, Francesc Galcerán, Manuel Andrés y Pedro Orenes.

Jueves 12 de febrero de 206 Teatro Principal




Crítica de teatro de 'Panorama desde el puente' en Zaragoza con María Adánez: La compleja condición humana


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11 febrero 2026

Wicked

 


Mucho más que dos brujas

‘Wicked’ nos cuenta más cosas que la historia de dos brujas de Oz. La historia de amistad y desencuentro entre la Malvada Bruja del Oeste y la Bruja Buena del Norte se enriquece con más capas de significados que van más allá de los requisitos dramáticos de la típica relación que transita de la rivalidad a la amistad y la separación. En este espectáculo también encontramos corrientes subterráneas donde se reflexiona  sobre identidad y aceptación. La descripción de una lucha por la justicia dentro de un marco emocional donde la propaganda crea la necesidad vital de elegir constantemente entre dos bandos muy claros que representan todo lo bueno y todo lo malo. Una polaridad que hace añicos la complejidad del ser humano.

La historia es un buen ejemplo de como la identidad de una persona está constituida por infinidad de elementos y eso, en lugar de convertiré en un arquetipo, tiene el valor de constituir una persona singular. La piel esmeralda de Elfaba oculta un talento incomprendido, de la misma manera que la ambición de Glinda oculta el buen criterio de su corazón. Respetar esas diferencias y contemplarlas por separado es una forma de educar nuestra mirada hasta comprender que la aceptación del otro es un elemento clave porque, tan beneficioso y admirable son la bondad de Elfaba como las aspiraciones de Glinda. Al final, lo único mportante es conseguir un mundo justo donde no tenga cabida el odio del totalitarismo contra el diferente,

La dramaturgia cabalga sobre esta capa de reflexión para construir un magnífico espectáculo audiovisual gracias a la combinación de todos los aspectos artísticos y hasta conseguir que la popularidad del musical con tendencia brilli brilli se convierta una representación donde la narración también se alimenta de esa teatralidad característica del teatro de texto.

La escenografía muta del colorido a un mundo gris y funciona como un contenedor donde la sencillez del atrezo permite dejar todo el espacio a la representación puramente teatral. La coreografía tienen dos funciones, unas veces ilustra perfectamente el desarrollo de la acción, pero en otras ocasiones toma el proscenio con una gran energía, y un con un uso tan inteligente como moderado de las acrobacias y efectos dinámicos que, en lugar de avasallar para causar sorpresa, aporta una sucinta vibración vertiginosa que se saborea con mucho gusto. La calidad del vestuario tiene una intención preciosista que ilustra todos los espacios por los que transcurre la peripecia. Las canciones suenan potentes con una producción que donde las melodías están diseñadas para dejar suficiente espacio y que las voces de todos los personajes ocupen la centralidad de la banda sonora. La dirección pone todos estos elementos a disposición de las descomunales interpretaciones de Elfaba y Glinda.

Es posible que cada espectador elija a su favorita porque la función les reserva a ambas momentos individuales donde sus voces brillan con esplendor. Sin embargo lo más interesantes es que los estilizados tonos de soprano por los que transita Cristina Llorente, y la voz compacta y redonda de Cristina Picos se combinan en una química que va más allá de la música. La manera en la que se relacionan las interpretaciones de las dos actrices modifica de manera sustancial la energía de sus personajes y de la peripecia. El arco dramático que recorren sus personajes está jalonado por una energía  que empuja definitivamente toda la maquinaria del gran musical con notas agudas y canciones vibrantes, y es capaz de dejarlo reposar en la palabra y el gesto de dos actrices con la magia de convertir se complicidad sobre le escenario en emociones que nos llevan de la amistada a la amargura. Esa química impagable es la que consigue quel las hechuras de un musical transcurran por un terreno dramático donde la diversión y la sonrisa conviven con la reflexión sobre un mensaje social de plena actualidad.

 ‘Wicked’

Producción: ATG Entertainment. Basado en la novela de Gregory Maguire. Adaptación: David Serrano y Alejandro Serrano. Dirección: David Serrano. Dirección Musical: Joan Miguel Pérez. Coreografía: Iker Karrera. Elenco: Cristina Picos, Cristina Llorente, Lydia Fairén, Javier Ibarz, Xabier Nogales, Gudalupe Lancho. Escenografía Ricardo Sánchez Cuerda. Vestuario: Antonio Belart. Iluminación: Juan Gómez Cornejo. Sonido: Gastón Briski.

Noviembre 2025 Nuevo Teatro Alcalá. Madrid

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08 febrero 2026

La tierra de Alvargonzález

 


Títeres para mayor gloria de Don Antonio

Don Antonio partió de Soria una mañana de octubre porque quería visitar la fuente del Duero. En el viaje coincidió con un campesino y un indiano. Mientras el indiano le hablaba de Veracruz, y el campesino le advertía que era mal tiempo para subir al Urbión, el poeta pensaba en lo mucho que los hombres del campo saben y nosotros ignoramos. Hasta que el camino los obligó a cruzar un puente de madera entre Cidone y Vinuesa y el campesino señaló a su diestra. Por aquel sendero se va a los mejores campos de antaño y malditos hoy: La tierra de Alvargonzález.

El profesor Martín Domínguez Berrueta organizó  en junio de 1916 un viaje a la ciudad de Baeza, y algunos cuentan que el joven estudiante Federico García Lorca tuvo ocasión de visitar a Machado que por entonces ejercía de maestro en la ciudad. Es muy tentador pensar en la imagen del poeta sevillano recitando ‘La tierra de Alvargonzález’ al joven granadino. Un encuentro a partir del cual se puede establecer dos conexiones. La primera es literaria con la presencia en la obra de ambos de una tierra dura y adusta sobre la que se desarrolla un drama rural anunciado por la presencia de la luna. La segunda es teatral porque el romance de Machado formaba parte del repertorio del grupo de teatro universitario ‘La Barraca’, en el que Lorca ejercía las funciones de actor y director literario.

La Diputación de Soria ha impulsado una idea de Jesús Rubio para que a la conexión entre Machado, García Lorca y las tierras sorianas, se añadan los Titiriteros de Binéfar y así, la compañía oscense ha recorrido los mismos lugares por los que pasó ‘La Barraca’ con una versión de ‘La tierra de Alvargonzález’ La gira formaba parte del programa de actividades vinculadas al congreso ‘Federico García Lorca en Soria’. Un espectáculo que el pasado 6 de febrero de 2026 se representó en el Teatro Arbolé de Zaragoza.

La puesta en escena es diáfana en cuanto a la separación de voz, acción y música, y esa distancia en el escenario es precisamente el crisol para que la historia adquiera todos los nutrientes. Tres espacios, cada uno con sus características especiales que dejan a las claras como el buen ejercicio de un oficio individual es la base irrefutable para que brote el talento colectivo.

Paco Paricio a la izquierda del escenario parece que ejerce la función de narrador, pero sus palabras van mucho más allá de la voz en off que encadena los temas, resuelve conflictos y da paso a nuevas escenas. Su figura está mucho más cerca del recitante que muestra paisajes, presenta títeres y nos lleva en volandas al ámbito de las emociones. Pausado entre hojas de otoño y nieve de invierno. El peso de su voz tiene el regusto del remanso popular junto a la fuente, y del trueno de un hacha que acecha. Se toma un respiro, remueve sus ancas y sonríe cuando los versos piden danza. Agacha la pulcritud veterana de su testa y se concentra en el texto que trae una noche de muerte, frío y fantasmas. Unas veces sonríe y otras brama.

Paco Borderías a la derecha del escenario está rodeado de instrumentos para la melodía, cachivaches para los efectos sonoros y a veces Julia Cruz traspasa la frontera entre la titiritera y la cantante para marcar el ritmo con un pandero o encandilarnos con una voz nítida y trasparente que da luz a la representación. Y mientras el musiquero parece que vive en la energía estática del asiento, a su alrededor todo es movimiento. Las cuerdas golpeadas del chicotén, las llaves acariciadas del clarinete y el sube y baja de cascabeles, unas nueces o vaya usted a saber… hasta que Borderias se levanta cuando el soniquete se hace bodorrio y verbenero, y hasta se atreve a mover las caderas en un tosco vaivén.

Marta Paricio y Julia Cruz ocupan el centro del escenario para que salten las chispas entre los polos de la música y la voz. Tras el tenderete por donde interpretan los títeres, combinan la eficacia de los movimientos de quien saber estar cundo la manipulación exige esconderse, y sacar el garbo que se necesita cuando hay que dejarse ver para mayor gloria del dramaturgo y de la escena.

Los títeres pertenecen a varios tipos de manipulación. El grueso de los personajes son marotas construidas con troncos de la orilla de la Laguna Negra, materiales que repiten la leyenda que vivieron. Lo vemos en sus bocas rectas, sus ojos saltones y en esas melenas rizadas mesadas por las manos de la titiritera. Manos que a veces transmiten sensualidad y otras se transforman en drama que tapa los ojos, o esa guapería que se marcan los indianos cuando vuelven de allende los mares con riquezas y buenos augurios. Manos unidas por el amor o desnudas para crocotear con dos cucharas y un alambre.

El retablo tras el que se mueven los títeres se convierte en plano de proyección de las ilustraciones de David Vela. Dibujos que recuerdan a las viñetas que los ciegos apuntaban con el cayado en los romances medievales. Escenas donde predomina el perfil de figuras con evidente ascendencia de esas siluetas titiriteras que toman vida en contraste con el fondo. Un homenaje a este modelo de títeres de figura recortada es la luna azulada, que sujeta por un palo tiene dos mecanismos para cambiar de expresión, y que los titiriteros ya usaron en 1993 en el espectáculo ‘Almogávares’.

La representación tiene la sabiduría de unir con una aparente sencillez el aire popular del romance como expresión poética de un Machado que en 1912 se encontraba en un momento de cambio. Abandonaba la estética modernista de un simbolismo sensorial, para comenzar una etapa historicista donde su poesía se centraba en el paisaje, y mostrar una reflexión crítica sobre una España a la que amaba profundamente a pesar de los españoles y así, la puesta en escena se alimenta de esa  encrucijada para acertar de pleno con el uso de diferentes lenguajes de valor escénico. Verso, títeres y música consiguen una representación que transmite una enorme carga sentimental que mantuvo en vilo al patio de butacas, hasta que explotó en una profunda y emotiva ovación final.

‘La tierra de Alvargonzález’

Producción: Los Titiriteros de Binéfar. Autor: Antonio Machado. Puesta en escena y voz: Paco Paricio. Titiriteras: Marta Paricio y Julia Cruz. Músico: Pablo Borderías. Ilustrador: David Vela.

Viernes 6 de febrero de 2026. Teatro Arbolé.




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