La curvatura de la córnea

05 marzo 2026

Cuando me paro a pensar

 

Cuando me paro a pensar en la muerte

paseo por los recuerdos del alma

con ganas de pedir explicaciones

de como he manejado mi vida.

 

Recuerdo el placer de la batalla.

El debate político, la amistad,

el remanso azul de las canciones

y olvidarlo todo en la pista de baile.

 

Ahora reconozco mis errores.

Las veces que no encontré las palabras

y callé atrincherado en el silencio.

Admito la derrota del cobarde.

 

La lucidez de este día

me deja en la oscuridad

de catalogar mis errores

y no sentirme en paz.

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02 marzo 2026

En tu palabra




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01 marzo 2026

Escape Room

 




Aliños para una comedia de salón

Teresa Vilardell define la comedia como una arquitectura férrea de la imperfección que desborda en la risa según la actitud con la que esté escrita, y yo me atrevo a añadir, la importancia que tiene la percepción y la expectativa del espectador.

El texto de Joel Joan y Héctor Claramunt se abona a las frases ingeniosas de una comedia de salón y sofá. Un grupo de amigos a los que centrifugan en el ritmo de una comedia que pasa de una situación a otra en un espacio confinado, al que añaden el suspense de una intriga con su poquito de casquería.

Los personajes son estereotipos perfectamente dibujados para la historia avance mediante una dramaturgia que aviva pequeños conflictos cotidianos, hasta que los pellizcos de monja terminan en disquisiciones de mayor calado en torno a cuestiones políticas y sentimentales que se alimentan de lugares comunes, y sin embargo tienen ese no sé qué del recurso interesante porque, más allá de su grado de comicidad, aciertan al dejar un espacio que permite reflexionar sobre la debilidad de esas convicciones que nos definen porque parecen inmutables, hasta que la vida nos pone en un brete y todo cambia.

La dirección de Xavi Mira está avispada para provocar el aplauso mediante desplantes toreros que merodean la cuarta pared, dosifica la energía de un trabajo actoral eficaz en acciones, réplicas, diálogos, y el buen oficio de clavar los tiempos de cada silencio. Ese puntito imprescindible para rentabilizar el humor de la repetición de chascarrillos que rematan la secuencia inagotable de gags.

El resultado final va por barrios. Algunos nos instalamos en un silencio entretenido, mientras buena parte del patio de butacas reaccionó ante la fórmula del espectáculo con abundantes risas, comentarios en voz alta al hilo de la peripecia y una gran ovación final.

 

‘Escape Room’

Calificación: 3 estrellas

Producción: Olympia Metropolitana y Albena Teatre. Autoría: Joel Joan y Héctor Claramunt en colaboración con Ferrán Carvajal. Dirección: Xavi Mira. Intérpretes: Josep Manel Casany, Cristina García, Sergio Caballero y Águeda Llorca.

Jueves 26 de Febrero de 2026. Teatro Principal.


Crítica de teatro: 'Escape Room', aliños para una comedia


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28 febrero 2026

Museo de la intemperie

 

Un viaje a la intemperie

Laura de la Fuente ha creado una compañía de teatro que lleva su propio nombre. Es un dato importante para una actriz con 26 años de trayectoria que decide abandonar el teatro convencional para encontrar su propia voz. Su primer espectáculo se titula ‘Museo de la intemperie’ y es toda una declaración de principios en la que se zambulle en un teatro que quiere ser refugio y altavoz. Un lugar donde el espectador encuentre herramientas para reflexionar desde la agitación.

Laura de la Fuente ha iniciado una aventura que se inscribe en el movimiento característico de las dramaturgias del siglo XXI que apuesta por traspasar el concepto actriz al de performer. Una figura que aúna escritura, dirección e interpretación para buscar nuevas maneras de conectar con la audiencia mediante procesos creativos que desdibujan al personaje convencional, y lo sitúan en una primera persona escénica que va más allá de la ficción para fundirse con lo real, de ahí la importancia del mensaje que lanza el personaje desde el escenario: yo soy tú.

La premisa de la primera visita guiada en la inauguración del museo permite a la actriz entablar contacto directo con el público y centrar su atención para que la acompañe en una transformación que parte de lo colectivo para hundirse en el alma.

Mientras las palabras y los gestos apelan al patio de butacas, el espacio escénico ejerce de frontera de teatralidad, un parapeto para resguardar el lenguaje como una divinidad que armoniza el universo, y sin embargo lo agita. Palabras que empiezan como un objeto neutro que tan solo transmite información. Una frialdad que es máscara porque en el interior de la guía que nos guía bulle una preocupación por las contradicciones que habitamos en el mundo contemporáneo. Y mientras la apelación al público es constante, en realidad todo el discurso se genera tras la trinchera de una escenografía que deja en evidencia  la importancia de la ficción para hablar de la realidad desde un lugar donde la intención poética es capaz de embellecer cualquier tiranía.

La dramaturgia tiene la virtud de añadir capas de significados mediante la incorporación de diferentes lenguajes narrativos. La repetición de palabras es el primer aviso, el segundo la rebelión del gesto y a partir de ahí comienza un viaje de lo prosaico a lo esencial, de los mensajes sustentados en la lógica a la desesperación intima de los sentimientos, de un planteamiento político a nivel global que sustenta un ciudadano informado, al drama interior que agita al personaje. Esa es la esencia de la función, el viaje que va del yo camuflado bajo un traje chaqueta, coleta y un discurso estructurado; al personaje romántico desbaratado por la pasión que late bajo un jubón blanco.

El trabajo actoral de Laura de la Fuente es hipnótico. Más allá de su capacidad para transitar del texto a la danza, de la energía y la convicción con la que mantiene el pulso de la historia, del susurro de una voz que termina en desagarro. Más allá de las cuestiones medioambientales, económicas y sociales a las que apela, por encima de mensajes que nos avisan de que el mundo está al borde del colapso, Laura de la Fuente tiene una mirada que te atrapa, te deja a los pies de su sufrimiento, y sin embargo aún tiene el hálito de dar un salto final que abre una puerta a la esperanza.

‘Museo de la intemperie’ es un alarde escénico que puede ilustrar las palabras de Juan José Millás cuando afirma que «buscando un hueco por el que regresar a su corazón. Qué miedo produce la intemperie y qué mal nos defendemos de ella. Aunque no hay intemperie peor que la de quedarse fuera de uno mismo.»

‘Museo de la intemperie’

Producción: Laura de la Fuente Produce. Texto original, interpretación y dirección: Laura de la Fuente. Escenografía: las colecciones de los artistas Andrés Begué Entretiempo y David Adiego Meta. Vestuario: Andrés Begué y Laura de. la Fuente. Música: “ Malquieta ” y”  Kung fu master “Cristián Gandarillas.  Supervisión danza y movimiento: Nuria Bolea Til. Vídeo: Antonio Valdovín, Álvaro. Sánchez y Pablo Manzano. Foto: David Adiego, Virginia G. Unzué y Antonio Valdovín. Diseño de luces: Andrés Begué, Nuria Bolea. Programa de mano y cartel: David Adiego. Agradecimientos Espacio de Arte Joven, Ayuntamiento de Huesca e ITHEC

Viernes 27 de febrero de 2026. Centro Cultural Mariano Mesonada de Utebo.


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27 febrero 2026

Hace apenas una semana

 

Hace apenas una semana aún estabas aquí.

En el hormiguero del parque

donde nos dimos el primer beso

porque no teníamos sofá.

 

Nuestras espaldas aún no arrastraban

el bulto del silencio

y me gustaba dar vueltas sin control

mientras me mirabas.

 

Ahora estoy a punto de morir

bajo las toneladas de tierra

que las hormigas remueven

para cubrir los restos de mi amor.

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23 febrero 2026

La mujer rota


 


Iluminar el dolor

Si atendemos a la obra literaria de Simone de Beauvoir podemos asignar a los tres capítulos de 'La mujer rota' (1968) la función de ilustrar desde la ficción la idea central que la filósofa defendía en 'El segundo sexo' (1949) La condición femenina es una construcción social definida por su dependencia y subordinación con el hombre. Sin embargo Heidi Steinhardt concibe este espectáculo de manera independiente para extraer la enorme carga de teatralidad de uno de los textos, adentrarse en el caos de una mujer desquiciada, y apelar a la sociedad para abrir el debate sobre cómo nos enfrentamos a las heridas provocadas por el convertirse de la vida.

Al texto original le faltan signos de puntuación para que el flujo de las palabras revolotee por la cabeza de la protagonista. La dirección repara esa característica para clarificar el discurso, construir una dramaturgia elocuente, dosificarla en el flujo sanguíneo de Anabel Alonso, y obtener dos resultados completamente diferentes.

El primero es un monólogo. La actriz despliega una enorme carga de energía para mostrar un trabajo orgánico que domina su amplio catálogo de gestos, cambios de voz y escapadas hacia un tono de comedia que busca la complicidad del espectador. La interpretación es técnicamente impecable pero en lugar de mostrar al personaje, lo esconde bajo la excesiva intensidad de una luz que prioriza unas cuerdas vocales que hablan y hablan pero no transmiten sentimientos.

El segundo llega cuando la luz se diluye bajo un foco Cenital. Todo se detiene. Es el momento del soliloquio con fondo negro. La energía de la actriz se reduce, el silencio ocupa su espacio, se rompe la ilusión teatral, y entonces aparece la verdad. Ahora sí, el personaje está ahí, encarnado en la penumbra de una voz que nos habla de corazón a corazón.

 

'La mujer rota'

Calificación: 3 estrellas

Producción: La Zona Teatro, Labaska64 y Tidi. Texto: Simone de Beauvoir. Dirección de Heidi Steinhardt. Interpretado por Anabel Alonso. Ayudante de dirección: Ana Barceló, Manuel de Durán. Escenografía y vestuario: Alessio Meloni. Diseño de Iluminación: Rodrigo Ortega. Composición musical: Mariano Marín

Viernes 20 de febrero de 2026 Teatro de las Esquinas

Crítica de 'La mujer rota' con Anabel Alonso en Zaragoza: Iluminar el dolor



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El funeral 20º Aniversario

 


Un funeral de verbena

Oua Umplute son unos huevos rellenos a la rumana. A saber. Se hace una mayonesa a mano con cuchara de madera, una yema de huevo cocido y otra cruda, mostaza y zumo de limón. Para el relleno mezclamos una cucharada de mayonesa con huevo y patata cocida. El ejercicio de relacionar esta receta con el nombre del espectáculo que Teatro Che y Moche puso a funcionar hace 20 años es un salto mortal a alcance de muy pocos, así que tendremos que pensar que la incorporación por aquellas fechas de Tereza Polyvka a la compañía fue un disparadero para fusionar la música de los zíngaros con el humor somarda. El doctor de Filosofía y Letras Guillermo Fatás definía somarda como esa retranca o intención oculta para mofarse de alguien pero como sin querer.

La puesta en escena de ‘El Funeral’ es un espacio de respeto mortuorio hasta que aparece la pedorreta de una campana y lo pone todo del revés. Ahí está la clave de la función, que en medio de una seriedad socialmente aceptada salte la sorpresa y brote el humor grotesco mediante tres recursos que recuerdan a los que utilizan los payasos.

Los gags físicos se apoyan en el movimiento corporal que siempre termina en el rostro un gesto que certifica la broma y es la vía para descubrir la personalidad de los personajes. Ella resopla porque está harta de hacer tiempo con su cubo de Rubik. El de las baquetas deja pasar el tiempo aburrido hasta que la curiosidad le mete en algún lío. Las seis cuerdas son un remanso de paciencia mientras el tipo que le arrea a los vientos incrementa su enfado, y cuanto más se inclinan las cejas y más se inclinan las pupilas más risas provoca entre el respetable.

La comicidad de la palabra es un alarde para que la farfulla que pavonea cosas triviales se transforme en una brillante pantomima verbal, y conecta de manera directa e intuitiva con la sonrisa y la carcajada. Ese charramengueo de vaya usted a saber que idioma es un perfecto caldo de cultivo para que emerja la figura literaria de la paronomasia: utilizar las mínimas diferencias vocales entre dos palabras para hacer malabares fonéticos, buscar la confusión y dejar que el espectador complete el chascarrillo.

Gestos y palabras son excelentes materiales para romper la cuarta pared, relacionarse con el público, y abrir la puerta a una constante actualización del espectáculo para que las bromas pueden discurrir entre lo atemporal y los acontecimientos novedosos. Y al mismo tiempo son dos recursos susceptibles de ser moldeados dependiendo del tipo de público y del espacio en el que se realiza la función. Esta flexibilidad a la hora de afrontar la comedia puede llevar el espectáculo por derroteros inesperados.

El tercer elemento narrativo es una sobresaliente dimensión musical donde se cuelga todo el humor generado para transformar el espectáculo en un conciertazo con diferentes ritmos y melodías de la música balcánica. El  elenco se pasea con frescura por un pentagrama con momentos agrestes y melancólicos. La generación de energía musical salta del escenario al patio de butacas, se transforma en una sinfonola, y los espectadores insertan la moneda de su canción favorita y así, por el bendito arte de la improvisación convertir el espectáculo en una verbena mediterránea.

‘El funeral. 20º Aniversario’

Producción, vestuario y escenografía: Teatro Che y Moche. Dirección: Joaquin Murillo. Dirección musical: Teresa Polyzka. Intérpretes: Tereza Poyzka, Joaquin Murillo, Kike Lera y Sergio Dominguez.

Enero de 2026. Teatro de las Esquinas




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