La curvatura de la córnea

03 julio 2026

La Reina Brava


 

Shakespeare en la tacita de plata

¿Existe un humor gaditano? El periodista Fernando Santiago responde con una opinión muy extendida. La diferencia de Cádiz con otros lugares es que allí hay gracia, y en vaya usted a saber donde abundan graciosos que fuerzan la situación para sobresalir constantemente.

Las Niñas de Cádiz tienen claro que la potencia de sus espectáculos se sustenta en la particularidad de una turuta para darle caña a la murga, la guasa por tanguillos y la ironía en el cuplé. La dramaturgia se construye a partir de esos elementos, que en esta ocasión se apoyan en el disparadero creativo de un asesinato de marcado carácter local, que llevan más allá de la memoria popular, hasta elevarlo al arte de la chirigota y beneficiar a un tan Shakespeare, del que toman  los aderezos que caracterizan a los personajes de sus tragedias y dramas históricos. El villano repugnante, las brujas para despertar la ambición de poder, la ingenua que pierde la razón, la veleta de un juglar republicano, y un bufón futbolero de la Peña Cadistas 1910. Arquetipos para mostrar un retrato atemporal que desnuda la intimidad de las pasiones humanas, y al mismo tiempo tiene la clarividencia de revelar el esperpento de una España infinitamente grotesca, donde la corrupción de los más poderosos siempre se beneficia de los paisanos palmeros, y las críticas que se quedan detrás del visillo.

Esta complejidad narrativa se resuelve con las hechuras chispeantes de tres actrices de postín, y su capacidad para dejarnos ver la naturalidad con la que se produce el salto de un personaje a otro sin darse importancia, apelar con tino al patio de butacas, poner soltura al cascabel del verso, y en cuanto tienen ocasión echarse un cantecito por derecho hasta poner al público en pie.

‘La Reina Brava’

Calificación: 4 estrellas

Compañía: Las Niñas de Cádiz. Texto y dirección: Ana López Segovia. Taller de dramaturgia y elenco: Alicia Rodríguez, Ana López Segovia, Rocío Segovia. Espacio Sonoro: Mariano Marín. Diseño de iluminación: Beatriz Francos. Vestuario: Miguel Ángel. Asesoría coreográfica: Mariana Collado.

Miércoles 1 de julio de 2026. Teatro de las Esquinas

Crítica de teatro de 'La Reina Brava': Shakespeare en la tacita de plata

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22 junio 2026

Alonso Q

 



En un lugar de la mente

Cervantes inventó un hidalgo que sufre una transformación delirante de la identidad que le lleva a transmutarse en una nueva realidad, donde se auto percibe como el caballero andante Don Quijote. Nada que ver con el dilema al que se enfrenta Alonso Q. Una elección entre mantener a raya la salud mental mediante una estabilidad que le hace perder su identidad, o enfrentarse al riesgo de vivir a volandas de dos planos que conviven, y lo enredan entre la realidad del barrio y la ficción generada por imágenes y voces que no existen, y que sin embargo lo arrastran a situaciones conflictivas.

La dirección de María Aladrén es un excelente ejemplo de una concepción escénica que amalgama texto y trabajo actoral para conseguir una representación nutritiva, donde el discurso del personaje se traslade de manera natural a las acciones que realiza y desde ahí, que los problemas visibilizados en el escenario terminen por apelar al patio de butacas.

La complejidad de la propuesta se suscita porque el protagonista vive en un doble vaivén. Mientras la prosodia de las palabras transcurre en una mente que funciona como un dial de radio, donde toda la marea de voces que lo acompañan ocupan el primer plano gracias al buen uso del micrófono; la gestualidad es una deliciosa continuidad de pequeños detalles y matices que van de la composición corporal a la expresividad facial.

Esta arquitectura conceptual se sostiene gracias a la emocionante interpretación de Fran Martínez, al que ya hemos visto en otras ocasiones crear personajes atrapados en nudos y cadenas, pero en esta ocasión su trabajo se expande más allá del cuerpo para habitar el espacio social, atrapar al espectador en el silencio de la sala, y generar un debate sobre como percibimos a las personas que pasan por una enfermedad mental.

‘Alonso Q’

Calificación: 4 estrellas

Producción: El Enjambre Swarm Lab y Teatro Bicho. Idea y texto: María Aladrén y Fran Martínez. Dirección: María Aladrén. Intérprete: Fran Martínez. Luces y sonido. Pedro Javier Mora. Escenografía: Louis Wells. Asistente: Nuria Martínez. Diseño Gráfico: Nashaat Conde. Ayudante de Producción: Mayte Serrano. Difusión y redes: Estela Algaba.

19 de junio de 2026. Teatro del Mercado.


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18 junio 2026

Ginzburg y mi madre


 

Ginzburg y mi madre

El historiador Carlo Ginzburg (Turín 1939) murió este 17 de junio a los 87 años. Doctor en Filosofía y Letras por la Universidad de Pisa, alcanzó notoriedad internacional con el libro ‘El queso y los gusanos’ (1976), que le valió para identificarlo como el maestro de la microhistoria. Una historiografía que otorga relevancia a fenómenos individuales para elevarlos a representativos de la cultura popular en relación con la cultura de la gente dominante. Una historia alejada del relato político.

El texto de Ginzburg cuenta las declaraciones del molinero Menocchio que interpretan la cultura de finales del siglo XVI con el choque entre las tradiciones rurales, lejanos acontecimientos históricos y la invención de la imprenta.

Mientras la concepción bíblica de la creación parte de un principio absoluto antes del cual no existía nada, ‘El queso y los gusanos’ es el choque entre la página impresa y la cultura oral. Una mezcla explosiva en la cabeza de Menocchio que lo llevó a ser ejecutado por la Inquisición porque su pensamiento estaba muy lejos del ejercicio católico del acto de fe en cuanto al origen del mundo que encontramos en (2 Mac 7, 28) “Te pido hijo mío que mires al cielo a la tierra y lo que hay en ella, que sepas que Dios hizo todo esto de la nada y que el género humano fue hecho así” Una idea rematada en (Gén 3,24) “Expulsó al hombre y puso delante del jardín de Edén los querubines y la espada de llama flameante para guardar el camino de la vida”

La cosmovisión de Menocchio partía de la creencia de un mundo originado en el caos del que surgió “una masa, como se hace el queso con la leche, y en él se formaron gusanos, y éstos fueron los ángeles” El molinero trataba de convencer a sus vecinos que el mundo había nacido de la putrefacción.

El estilo Menocchio mezclaba lo leído con una manera de contar los acontecimientos que nos llevan inexorablemente hacía la creación literaria. Esa idea de ”formar una masa” para crear el mundo me recordó a mi madre. Ella también tenía una cosmovisión propia de cómo Dios había hecho a los hombres. Me lo contó muchas veces en las tardes de invierno cuando la infancia en las Barriadas del Sur de Utrillas se detenía a escuchar historias junto a una estufa de carbón.

La Rosario, madre católica, creyente apostólica, de misa semanal y rosario diario, me hablaba de un Dios alfarero que creaba hombres y mujeres de barro y los introducía en un horno. El tiempo de cocción de cada hornada determinaba la raza. Nosotros éramos así tan blanquitos porque estábamos poco hechos, sin embargo indios, chinos, mulatos y todos los que tenían pieles cobrizas estaban cocidos al punto. ¿Y los negros? pregunta yo. Mi madre entonces levantaba la mirada del ganchillo y ponía sus ojos en los míos. Los negros hijo mío son un descuido divino. A Dios nuestro señor se le fue el santo al cielo y se le quemaron un poco. Ya ves Javi, todos diferentes pero iguales a los ojos del creador. Como cuando se me quema alguna croqueta.

Afortunadamente mi madre no terminó sus días en la hoguera como le ocurrió a Menocchio porque ella, lejos de la herejía, tan solo me estaba contando un cuento con ese quejío interno de quienes aceptan el mundo creado por Dios, pero no comprenden la forma que tienen algunos de mirarlo.

 

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16 junio 2026

El inquilino


 

Votamos por un inquilino

Santiago Requejo escribió el guion del cortometraje ‘Votamos’ desde un ejercicio de deconstrucción personal, analizar sus prejuicios y acercarse a una realidad revelada por un psiquiatra amigo suyo. Quería analizar cómo se diluye nuestra tolerancia cuando un problema, aparente o real, se instala a nuestra vera, y mostrar el comportamiento de una comunidad de vecinos a la que llega un nuevo inquilino diagnosticado con una enfermedad de salud mental.

La adaptación de Oscar Castro para el escenario parte de algo aparentemente tan simple como un cambio de título. Sin embargo pasar del original ‘Votamos’ a ‘El inquilino’ le añade un capa de actualidad que conecta el pálpito moral de cómo nos relacionamos desde lo humano con nuestros miedos, pero también sobrevuela aspectos económicos y sociales que nos lleva al informe recién publicado por el Consejo de la Juventud y Oxfam Intermón, en el que se afirma que algo más de un tercio entre quienes tienen 25 y 34, perciben su salud mental como mala o regular a consecuencia directa de no llegar a final de mes y no poder afrontar el pago de alquiler.

La sinopsis sitúa la acción en un edificio del centro de Zaragoza, en una reunión de una comunidad de vecinos. Esta breve referencia nos aproxima al teatro costumbrista que desarrolla un panorama humano para reflejar la realidad cotidiana. Sin embargo desde el inicio de la función queda claro que el lenguaje narrativo va a ser el de las herramientas clásicas de la comedia de salón. Crear tensión mediante diálogos picaditos con un puntito de acción alrededor de un sofá. La dirección de Oscar Castro afianza esas bases, y desde ahí consigue una descripción precisa de los personajes, sus condiciones psicológicas y morales, y diferentes comportamientos sociales hasta situarlos en un lugar muy cercano al teatro del absurdo de aquellos que esperan a alguien que no acaba de llegar, y como quien no quiere la cosa que la comedia tome una derivada trágica.

La apuesta es un órdago desde el punto de vista conceptual que precisa de un excelente trabajo actoral para mantener en volandas todos los platillos que giran sobre el escenario. El más evidente es que las réplicas entren a tempo, con la dificultad añadida de ser un número notable de actores responsables de mantener esa tensión. La segunda es la ocupación cabal de espacio mediante una coreografía que oxigena la escena, mantiene activos a los actores y atrapa la atención del espectador. El elenco hace un trabajo riguroso con estos aspectos técnicos, y desde ahí es capaz de crecer. Confecciona unas interpretaciones que brillan a gran nivel, dibujan con nitidez el arco dramático de cada uno de los personajes, que a veces tiene la amplitud de la sorpresa, otras confirma la evidencia, y en todos los casos muestran que detrás de las caretas de andar por la vida, existe un desván donde escondemos miedos, dudas y resquemores.

Esa musculatura narrativa de la obra se puede apreciar porque todo se hace sin estridencias, con diáfana pulcritud en gestos y palabras. Una de las claves del éxito es que todo pasa de manera muy natural, desde la sonrisa de comedia al sobresalto del drama, y de repente un silencio tenso en el escenario que se comparte con el patio para confirmar la magia de la conexión, hasta que la función termina con una merecida y prolongada ovación.

 

‘El Inquilino’

Muestra fin de curso de Delta Teatro basada en la obra de Santiago Requejo ‘Votemos’. Dirección y adaptación: Óscar Castro. Reparto: Esther Bermejo, Juanjo Gracia, Pedro Lobera, Diego Lozano, Marilú Lemon, Olga Moss y Vero Ochoa.


Sábado  13 de junio de 2026. Centro Cívico Tío Jorge de Zaragoza.

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13 junio 2026

Esto no es Fuenteovejuna

 




Todos a una: fiesta y protesta

El texto de Fuenteovejuna de Lope se suele adaptar poniendo el acento en sus temáticas fundamentales. El aspecto político de una venganza violenta y colectiva mediante la rebelión popular frente a un poder injusto, y la parte menos aparente que muestra las debilidades de los amoríos platónicos.

‘Esto no es Fuenteovejuna’ aporta un giro contemporáneo que sitúa la obra en la actualidad con dos niveles que parten de una premisa: la función del teatro como altavoz de las preocupaciones sociales. Desde ese punto de vista se crea un intersección entre la seriedad  de subrayar como el comportamiento en la intimidad de los depredadores sexuales es un reflejo de lo que todos vemos en sus maneras públicas de entender las relaciones personales, y al mismo tiempo se participa en la verbena de convertir el patio de butacas en un ágora para que suenen el bullarengue de protestas y anécdotas festivas.

La dramaturgia conecta el texto original con lo mejor de las trayectorias de ‘Lagarto Lagarto’ y ‘Teatro Indigesto’ Ya hemos visto otras veces como la magia de los primeros se adueña con solvencia del texto dramático hasta darle un meneo y romperlo en la chispa somarda de una salida inesperada. Los segundos aportan veteranía en el ejercicio gimnástico de un teatro de improvisación que algunas veces flojea en la dificultad añadida de replicar el flow de los versos del Siglo de Oro.

El elenco domina de largo los registros por los que pasa la peripecia. Se nota todas las horas que han pasado juntos sobre las tablas con el peso escénico de Alfonso Palomares, la navaja suiza de J.J. Sánchez, y en medio de todo el fregao la imponente energía de Encarni Corrales, la más lúcida en las búsqueda de nuevas rimas, apabullante en la seriedad del drama y su poquito de flamenco como quien no quiere la cosa.

 

‘Esto no es Fuenteovejuna’

Calificación: 3 estrellas

Producción: Lagarto Lagarto. Dramaturgia y dirección: Javier Trillo y Alfonso Palomares. Intérpretes: Encarni Corrales, J.J. Sánchez y Alfonso Palomares. Escenografía: Circok. Iluminación: Manuel Escosa. Vestuario: Lucía Rodríguez. Ayudante Dirección: Elena Gómez Zazurca. Dirección Producción: Maite Berges.

Jueves 11 de junio de 2026. Teatro del Mercado.

Crítica de teatro de ‘Esto no es Fuenteovejuna’: todos a una, fiesta y protesta


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12 junio 2026

No necesito un nombre para ser mascota

 



El arte de alzar la voz

Ana Cotoré parte de la ley aristotélica de la contigüidad para cambiar la mirada del espectador sobre el desarrollo de las artes escénicas. Cuando dos cosas ocurren juntas, la aparición de una traerá la otra a la mente. Ese es el punto de partida para comprobar como el binomio belleza-sufrimiento es un elemento significativo en el proceso de producción y comercialización de cualquier espectáculo. La representación tiene una enorme carga de teatralidad gracias a la hibridación de lenguajes que construyen cuatro cuadros y un epílogo.

El comienzo quiere ser la belleza de una elegante coreografía bajo la luz satinada que deriva en el tormento de un devastador primer plano audiovisual. La pantalla vuelve a ser la protagonista en la tristeza sórdida de una realidad subterránea que se hace presente en un vestido azul saturado por la claridad expresionista. Entonces la carne se libera de la cárcel de tela, y busca en la tierra el ritmo básico hasta alcanzar la cadencia de una rave de iluminación estroboscópica que define con precisión cada movimiento. El impacto emocional del cuerpo se concreta mediante la palabra, y la inteligencia de aunar el lenguaje científico con las volteretas de la ironía, reposar la gravedad de la denuncia, y transformar la experiencia personal en una reflexión crítica para mostrar un nuevo binomio. Los que tienen la sartén por el mango que se aprovechan de los trabajadores en precario, y los que sufren abusos emocionales y vejaciones laborales a costa de su vocación artística.

El epilogo es un drama de lentejuelas sobre silla vieja, imágenes de humor canino, y una divertida metáfora entre la protesta actual y la cultura pop de la tele de los ochenta, cuando la duda era elegir entre ser la mala de pelucón negro o la heroína rubia de melena ondulada.

 

‘No necesito un nombre para ser mascota’

Calificación: 4 estrellas

 

Creación, coreografía, textos, interpretación y vestuario: Ana Cotoré. Mirada externa, fotografía y vídeo: Álvaro Murillo. Diseño de luces: Víctor Longás. Realización y postproducción audiovisual: Víctor izquierdo y Laura Arnaiz. Maquillaje y fxs vídeo: Julianna Garza. Asistencia en rodaje de vídeo: Lucrecia Pierpaoli.

Domingo 7 de junio de 2026. Teatro del Mercado.

Crítica de la obra de teatro 'No necesito un nombre para ser mascota': el arte de alzar la voz


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05 junio 2026

Yo soy una fiesta


 

Una deliciosa entente

La investigadora alemana Erika Fischer-Lichte utilizaba el concepto «giro perfomativo» para definir una nueva forma de expresión en la que se desdibujan las fronteras entre una expresión del cuerpo que amplía su fuerza frente el significado textual. Una idea que ya había promulgado Antonin Artaud con la defensa de potenciar lo ritual, lo teatral y lo físico. El cuerpo como portador completo del sentido de la actuación[1].

‘Yo soy un fiesta’ navega entre estos dos conceptos con una diferencia esencial. No se trata de aplicar al cuerpo un discurso específico que lo diferencie del resto de lenguajes narrativos. Lo realmente maravilloso es conseguir que gestualidad, palabra y banda sonora conformen un conjunto de gran emotividad para unas escenas de alto valor poético que impacta de lleno en el patio de butacas. Este objetivo se sustenta en  la perfección técnica del trabajo actoral. Las interpretaciones de Camila Grigera y Ángela Tortajada parten de una elocuente naturalidad llena de frescura para que danza, gesto y palabra se pongan al servicio de una historia con aromas de autofcción escrita por Lola Vera.

Esa maquinaria forman sostiene una peripecia que habla de encuentros, desencuentros y añoranzas, de como a veces la vida pasa sin que seamos capaces de darnos cuenta de que el meollo de la existencia está ahí, en una receta de cocina o la coreografía de una canción que nos acompaña a lo largo de los años. Adela está descubriendo esos lugares donde su madre y su abuela sobreviven envueltas en un tira y afloja de amor y tensión, de recuerdo y presente, mientras su amiga Cami, siempre a su lado, tiene la virtud de transformarse en todas las mujeres que caminan por el laberinto de los afectos para convertirse en el catalizador de la pena y la alegría.

El formato fragmentario de ‘Yo soy una fiesta’ es una garantía para mantener en vilo a un público, que sigue a pie juntillas el devenir de las actrices. Desde la frescura del contexto que proviene de la prosodia, unas veces es concreto y otras difuminado, mientras las acciones se centrifugan por la periferia hasta constituirse como el centro de una situaciones que se muestras con la precisión de la cámara lenta, o el vértigo de la repetición de un loop. El resultado siempre es el mismo. La delicadeza eclosiona en un instante donde todo se detiene mientras los espectadores se quedan suspendidos en  la deliciosa densidad de la emoción.

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La compañía ‘La Perrerire’ presentó el 2 de mayo en el Teatro Bicho la obra ‘Yo soy una fiesta’ de Lola Vera con Camila Grigera y Ángela Tortajada.

 



[1] Martínez Valdearas Jara, Saura-Clares Alba. Luque Diana. Teatro y artes escénicas en el ámbito histánico Siglo XXi. Cátedra. 2023

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