La curvatura de la córnea

22 marzo 2026

Más perdidos que Carracuca


 

Cartografías posibles para perdidos

Thoreau se enfrenta al hecho de perderse desde una contundente afirmación. No nos encontramos ante nosotros mismos hasta que no estamos perdidos. Los protagonista de ‘Más perdidos que Carracuca’ cumplen con esa máxima gracias a la capacidad que tiene el texto de Emilio del Valle para tejer una maraña de apariencias que rebotan una y otra vez en un mar de coletillas, y sin embargo deslizan con maestría las claves para dibujar la personalidad de los personajes, hasta situarlos ante dos monólogos antológicos que elevan a los protagonistas por la gracia de la palabra que cuenta una historia de andar por casa, pero también sobrevuela el campo de la filosofía.

Este croquis narrativo se enriquece con elementos simbólicos que aumentan notablemente la deliciosa teatralidad de una pareja que conoce muy bien el trayecto que va de su trabajo en el mercado al agujero donde duermen. La distancia entre vivir bajo la luz natural de una sociedad que los ignora, y dormir si se puede bajo la luz artificial de una cazuela que ejerce de lámpara de techo. Saben exactamente donde se encuentran, y son conscientes de que ellos son los abollados que la sociedad ha olvidado. Una demoledora realidad con algunos rasguños por lo que se cuela la esperanza de un rayito de luz que ilumine nuevos caminos.

Su condición de perdidos viene determinada por la escasa habilidad que tienen para leer el mapa de la vida. Una cartografía que se disfraza de periódico con sus noticias y sus ofertas de trabajo, pero también de un reproductor de casetes. Si la prensa juega el papel de la esperanza, la música es la vía muerta de una mecedora donde cerrar los ojos y dejarse llevar por el ritmo disco funk. Ahí se encuentra el conflicto. La lucha entre recorrer el camino para salir de la inmundicia, o de quien se conforma con hacer una y otra vez el mismo recorrido, pulsar play y olvidar su condición.

La diligencia de Emilio del Valle para mover a los personajes por el escenario tiene la virtud de aunar las curvas del texto con un esmerado manejo de los ritmos y las pausas. Esa armonía es fundamental para construir los puentes que conectan comedia y tragedia, congelar la sonrisa y dejarte varado en la preocupación. Un trasiego cíclico que descarta la aparente sencillez arquetípica de los personajes y los muestra con toda su complejidad.

Esta nutritiva estructura dramática se sustenta gracias a un portentoso trabajo actoral. Jorge Muñoz y David Fernández «Fabu» huyen de la naturalidad para dejar bien a la vista todos los elementos artificiales que utilizan para manufacturar unos personajes anclados en una incontestable realidad que la sociedad no quiere ver. La primera impresión nos llega a través del aspecto corporal y físico. Una coreografía de movimientos, tics y posturas que sirven para el trazo gordo de la personalidad de cada uno de sus personajes, mientras el pincel fino para perfilar los detalles está determinado por el trabajo artesano de una brillante prosodia. Malabares con la palabrería de baratillo y una carga de profundidad con un subtexto que nos apela.

‘Más perdidos que Carracuca es un retrato que eleva el tiro por encima de la evidente marginalidad que nos muestra sobre el escenario y dispara al patio de butacas tres preguntas esenciales que nos invitan a reflexionar. ¿Cómo manejamos los vínculos de la convivencia? ¿Cuánta dignidad somos capaces de perder para permanecer en el lado luminoso del mundo? ¿La solución a los males contemporáneos pasa por borrar la cartografía con la que sueñan los habitantes de un submundo que nos empeñamos en olvidar?

‘Más perdidos que Carracuca’

Compañía: Teatro Tarambana. Autoría y dirección: Emilio del Valle. Elenco: Jorge Muñoz y David Fernández «Fabu». Asistente Dirección: Elena Lucas. Producción: Nacho Bonacho, Salvador Sanz, Amelia Lloret y Javier Zurita. Escenografía y vestuario: Inconstantes Teatro y Tarambana Teatro. Iluminación: José Manuel Guerra.

Sábado 21 de marzo de 2026. Teatro de la Estación.



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15 marzo 2026

La tarde que llegaron los Beatles

 




 Memorias de un beatlemaníaco

Paco Ortega en 1964 se quedó varado en una armonía vocal. La melodía hablaba sobre el sabor a miel que perdura en el beso que despertó su corazón. Sesenta años después hace gala de ese amor con un monólogo autorreferencial construido sobre tres pilares. Los recuerdos infantiles son el universo fundacional que dispara la biografía afectiva. Introduce un personaje con funciones de alter ego como la ventana abierta a un diálogo en primera persona de ficción con los mismísimos John, Paul, Ringo y George. Estos dos vectores principales se mezclan con una dosis perfectamente medida de teatro testimonial, unas pinceladas de realidad social y devenir histórico para enmarcar toda la peripecia. Se añade un prólogo que es una buena idea para cerrar la historia en círculo, sin embargo peca cuando explica en exceso la maquinaria narrativa, algo innecesario porque la sencilla puesta en escena es suficiente para seguir con claridad los pasos que sigue la historia.

Paco Ortega hace un delicioso ejercicio de naturalidad a la hora de trenzar los diferentes ambientes por los que transita, desde el brillo en su mirada para evocar a personas y objetos que no necesitamos ver, hasta la vitalidad en la prosodia de quien sabe cada detalle musical y biográfico de los Beatles. Tan solo la levedad técnica de cuando el directo no se ajusta al milímetro con las voces grabadas y se pierde un poco de tensión.

El resultado es una experiencia que cualquier fan reconocerá. Crear un personaje más allá de uno mismo que interactúa en el mundo de los sueños, la memoria como cajón de sastre para conectar las vivencias propias con los idolatrados, establecer una jerarquía causal que centrifugue ambas experiencias, y que la satisfacción con el pasado de los grandes hits explique nuestra forma de entender la vida..

‘La tarde que llegaron los Beatles’

Calificación: 4 estrellas

Producción: Teatro del Espejo. Autor e interpretación: Paco Ortega. Dirección: Rafael Campos. Voces en Off: Cristián Álvarez, Rafael Campos, Alfonso Desentre, Carlos Lorente e Isabel Rodríguez.

Viernes 13 de marzo de 2026. Teatro de la Estación


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07 marzo 2026

3D


 



Sonido en movimiento

Miguel Ángel Ortiz Albero hablaba del circo en su poemario ‘Troupe’ como esa barraca abierta sin pudor a vuestros ojos, sois espectadores de la vida. Era su manera de distinguir el espacio del más difícil todavía donde el riesgo de cada número se presenta sin trampa ni cartón, de la representación escénica teatral en la que el púbico necesita suspender la incredulidad para aceptar la ficción de lo que se cuenta.

‘3D’ es un espectáculo que se instala en medio de esos dos mundos. Alienta la peripecia con acciones acrobáticas, pero a partir de una «dramaturgia sonora» donde la proeza técnica es la herramienta para llegar a una coreografía que, aderezada por un fino humor gestual, invita a participar al público que rodea la actuación.

En el escenario la porción de una curva comprendida entre dos puntos enlazados por una soga de acero. La pieza espera al intérprete que utiliza el sonido para encender la mecha de la acción, y convertir lo audible en visible. Una relación simbiótica que toma el escenario mediante tres actos deliciosos.

El primero es una caja de resonancia que pone en marcha la rítmica fragmentaria de un loop para arco que frota, pellizco de arpa y esbarizarse una y otra vez en un vaivén de caricias. En el segundo la soga se convierte en el equilibrio de un alambre de piernas fuertes y manos de parasol para bambolearse sobre un horizonte abarquillado. Ahora la soga es maroma con aromas de mar, traqueteo de locomotora, y un ¡ay! cuando el columpio de madera tensa al respetable en un respingo. El tercero es una escala pentatónica que revolotea. Una melodía dirigida hasta que llega la improvisación. Giros de bailarina en caja de música hasta que los sonidos metálicos de un transformer terminan en el interior de un cofre, mientras los aplausos suenan con emoción.

‘3D’

Calificación: 4 estrellas

Producción: H.M.G. Compañía. Diseñador, Compositor, intérprete: Jonathan Guichard. Técnico de Sonido, intérprete: Mikaël Le Guillou o Sébastien Dehaye. Director de escena: Gautier Gravelle. Mirada externa: Etienne Manceau. Construcción: Cyril Malivert, Jonathan Guichard, Etienne Manceau, Jean-Victor Bethmont, Franck Breuil

Miércoles 4 de marzo de 2026. Teatro del Mercado.



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05 marzo 2026

Cuando me paro a pensar

 

Cuando me paro a pensar en la muerte

paseo por los recuerdos del alma

con ganas de pedir explicaciones

de como he manejado mi vida.

 

Recuerdo el placer de la batalla.

El debate político, la amistad,

el remanso azul de las canciones

y olvidarlo todo en la pista de baile.

 

Ahora reconozco mis errores.

Las veces que no encontré las palabras

y callé atrincherado en el silencio.

Admito la derrota del cobarde.

 

La lucidez de este día

me deja en la oscuridad

de catalogar mis flaquezas

y no sentirme en paz.

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02 marzo 2026

En tu palabra




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01 marzo 2026

Escape Room

 




Aliños para una comedia de salón

Teresa Vilardell define la comedia como una arquitectura férrea de la imperfección que desborda en la risa según la actitud con la que esté escrita, y yo me atrevo a añadir, la importancia que tiene la percepción y la expectativa del espectador.

El texto de Joel Joan y Héctor Claramunt se abona a las frases ingeniosas de una comedia de salón y sofá. Un grupo de amigos a los que centrifugan en el ritmo de una comedia que pasa de una situación a otra en un espacio confinado, al que añaden el suspense de una intriga con su poquito de casquería.

Los personajes son estereotipos perfectamente dibujados para la historia avance mediante una dramaturgia que aviva pequeños conflictos cotidianos, hasta que los pellizcos de monja terminan en disquisiciones de mayor calado en torno a cuestiones políticas y sentimentales que se alimentan de lugares comunes, y sin embargo tienen ese no sé qué del recurso interesante porque, más allá de su grado de comicidad, aciertan al dejar un espacio que permite reflexionar sobre la debilidad de esas convicciones que nos definen porque parecen inmutables, hasta que la vida nos pone en un brete y todo cambia.

La dirección de Xavi Mira está avispada para provocar el aplauso mediante desplantes toreros que merodean la cuarta pared, dosifica la energía de un trabajo actoral eficaz en acciones, réplicas, diálogos, y el buen oficio de clavar los tiempos de cada silencio. Ese puntito imprescindible para rentabilizar el humor de la repetición de chascarrillos que rematan la secuencia inagotable de gags.

El resultado final va por barrios. Algunos nos instalamos en un silencio entretenido, mientras buena parte del patio de butacas reaccionó ante la fórmula del espectáculo con abundantes risas, comentarios en voz alta al hilo de la peripecia y una gran ovación final.

 

‘Escape Room’

Calificación: 3 estrellas

Producción: Olympia Metropolitana y Albena Teatre. Autoría: Joel Joan y Héctor Claramunt en colaboración con Ferrán Carvajal. Dirección: Xavi Mira. Intérpretes: Josep Manel Casany, Cristina García, Sergio Caballero y Águeda Llorca.

Jueves 26 de Febrero de 2026. Teatro Principal.


Crítica de teatro: 'Escape Room', aliños para una comedia


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28 febrero 2026

Museo de la intemperie

 

Un viaje a la intemperie

Laura de la Fuente ha creado una compañía de teatro que lleva su propio nombre. Es un dato importante para una actriz con 26 años de trayectoria que decide abandonar el teatro convencional para encontrar su propia voz. Su primer espectáculo se titula ‘Museo de la intemperie’ y es toda una declaración de principios en la que se zambulle en un teatro que quiere ser refugio y altavoz. Un lugar donde el espectador encuentre herramientas para reflexionar desde la agitación.

Laura de la Fuente ha iniciado una aventura que se inscribe en el movimiento característico de las dramaturgias del siglo XXI que apuesta por traspasar el concepto actriz al de performer. Una figura que aúna escritura, dirección e interpretación para buscar nuevas maneras de conectar con la audiencia mediante procesos creativos que desdibujan al personaje convencional, y lo sitúan en una primera persona escénica que va más allá de la ficción para fundirse con lo real, de ahí la importancia del mensaje que lanza el personaje desde el escenario: yo soy tú.

La premisa de la primera visita guiada en la inauguración del museo permite a la actriz entablar contacto directo con el público y centrar su atención para que la acompañe en una transformación que parte de lo colectivo para hundirse en el alma.

Mientras las palabras y los gestos apelan al patio de butacas, el espacio escénico ejerce de frontera de teatralidad, un parapeto para resguardar el lenguaje como una divinidad que armoniza el universo, y sin embargo lo agita. Palabras que empiezan como un objeto neutro que tan solo transmite información. Una frialdad que es máscara porque en el interior de la guía que nos guía bulle una preocupación por las contradicciones que habitamos en el mundo contemporáneo. Y mientras la apelación al público es constante, en realidad todo el discurso se genera tras la trinchera de una escenografía que deja en evidencia  la importancia de la ficción para hablar de la realidad desde un lugar donde la intención poética es capaz de embellecer cualquier tiranía.

La dramaturgia tiene la virtud de añadir capas de significados mediante la incorporación de diferentes lenguajes narrativos. La repetición de palabras es el primer aviso, el segundo la rebelión del gesto y a partir de ahí comienza un viaje de lo prosaico a lo esencial, de los mensajes sustentados en la lógica a la desesperación intima de los sentimientos, de un planteamiento político a nivel global que sustenta un ciudadano informado, al drama interior que agita al personaje. Esa es la esencia de la función, el viaje que va del yo camuflado bajo un traje chaqueta, coleta y un discurso estructurado; al personaje romántico desbaratado por la pasión que late bajo un jubón blanco.

El trabajo actoral de Laura de la Fuente es hipnótico. Más allá de su capacidad para transitar del texto a la danza, de la energía y la convicción con la que mantiene el pulso de la historia, del susurro de una voz que termina en desagarro. Más allá de las cuestiones medioambientales, económicas y sociales a las que apela, por encima de mensajes que nos avisan de que el mundo está al borde del colapso, Laura de la Fuente tiene una mirada que te atrapa, te deja a los pies de su sufrimiento, y sin embargo aún tiene el hálito de dar un salto final que abre una puerta a la esperanza.

‘Museo de la intemperie’ es un alarde escénico que puede ilustrar las palabras de Juan José Millás cuando afirma que «buscando un hueco por el que regresar a su corazón. Qué miedo produce la intemperie y qué mal nos defendemos de ella. Aunque no hay intemperie peor que la de quedarse fuera de uno mismo.»

‘Museo de la intemperie’

Producción: Laura de la Fuente Produce. Texto original, interpretación y dirección: Laura de la Fuente. Escenografía: las colecciones de los artistas Andrés Begué Entretiempo y David Adiego Meta. Vestuario: Andrés Begué y Laura de. la Fuente. Música: “ Malquieta ” y”  Kung fu master “Cristián Gandarillas.  Supervisión danza y movimiento: Nuria Bolea Til. Vídeo: Antonio Valdovín, Álvaro. Sánchez y Pablo Manzano. Foto: David Adiego, Virginia G. Unzué y Antonio Valdovín. Diseño de luces: Andrés Begué, Nuria Bolea. Programa de mano y cartel: David Adiego. Agradecimientos Espacio de Arte Joven, Ayuntamiento de Huesca e ITHEC

Viernes 27 de febrero de 2026. Centro Cultural Mariano Mesonada de Utebo.


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