31 marzo 2026
Goya. La melodía de una leyenda
Usar a Goya en vano
El título no engaña. ‘Goya. La melodía de una leyenda’ une
el concepto de composición para desarrollar una idea musical, con magnificar el
relato de un personaje real mezclando ficción con hechos históricos. La faena
consiste en captar la esencia de la vida de Goya y ponerla a la altura de una
leyenda con cinco planos narrativos. La transformación cultural y política de un
siglo XVIII zarandeado entre la modernidad ilustrada y las supercherías de la
Inquisición. La vida corriente del pintor como un hombre que disfrutó de su
familia y sus amistades, hasta caer en el tópico romántico de que terminó sordo
y aislado. La brocha gorda para mostrar su evolución en la forma de retratar el
mundo. Y por si fuera poco, darle vidilla a una historia de amor con la Duquesa
de Alba. Como ven, un reto descomunal para un resultado desolador.
El interesante uso de las proyecciones se combina con momentos
donde la sencillez del escenario vacío habla más de falta de recursos que de un
rasgo de estilo. El libreto tiene cierto
brillo en la trama histórica, pero en cuanto atiende a cuestiones
cotidianas y sentimentales no se atisba ni un gramo de veracidad. La dirección
tiene poco trabajo más allá de situar de manera estática a los personajes para
que suelten el texto, o deambulen una pretendida intensidad dramática que, en
cuanto te descuidas, se convierte en canciones que aspiran a un pop ligero con rimas
simplonas, y de vez en cuando el martirio de un recitativo para escabullirse de
la melodía y hacer avanzar la trama.
El afán del trabajo actoral no puede suplir tanto aburrimiento
para una historia que pretende «rendir homenaje a Goya» Destaca la
interpretación de Leo Rivera con un Godoy sólido y chispeante. La función
terminó con una prolongada ovación y buena parte del público puesto en pie.
‘Goya. La melodía de una leyenda’
Calificación: 2 estrellas
Producción: Showprime. Texto original: Ignasi Vidal. Música
y letra: Tom Vega. Dirección Juan José Alfonso. Elenco: Javier Godino, Clara
Alvarado, Leo Rivera, Paco Morales, Silvia Luchetti, Diego Molero, Germán
Torres.
Miércoles 25 de marzo de 2026. Teatro Principal
Crítica sobre el musical Goya. La melodía de una leyenda en Zaragoza: Usar a Goya en vano
Etiquetas: Critica Teatro Heraldo, Ignasi Vidal, Juan José Alfonso, Leo Rivera, Showprime, teatro principal, Tom Vega
26 marzo 2026
Adolfo Ayuso pregonero
Adolfo Ayuso pregonero
Adolfo Ayuso leyó el pregón de la XX Feria del libro viejo y
antiguo de Zaragoza esta mañana de jueves 26 de marzo de 2026 a las 11 de la
mañana en el salón de actos de la Biblioteca de Aragón. El cierzo azotaba las
casetas de los libreros cuando Ayuso se amarró al micro para amplificar su voz
carrasposa con tres sorbos de agua y marcarse un pregón de campanillas con
excelente pulso literario
Tras los agradecimientos de rigor se lanzó a un viaje. Agosto
de 1997 en el Instituto de Literatura y Lingüística de la Habana charlaba con
el escritor Miguel Barnet sobre a que podrían llamar pregón. La conversación la
inició el juglar aragonés, tristemente fallecido hace un año, Luís Felipe
Alegre que tanto sabía de bululús, pregones y romances de ciego. Barnet definía
los pregones como los gestos y voces que los vendedores o artesanos usan para vender
su mercancía o habilidad.
Un tipo de comunicación que no deberíamos confundir con el
bando que a veces es un escrito que se pega en una pared para anunciar
ordenanzas, prohibiciones y avisos. Entonces me vino esa imagen de pregonero con
cornetín como el preámbulo para que la sin hueso anuncie el horario del
mercadillo o la hora del funeral.
Pero Ayuso estaba en la biblioteca para hacer proclamación
pública a viva voz de la llegada a Zaragoza de los libros antiguos, y recordó
tiempo no tan lejanos donde pregoneros ilustres que pasaban del profesorado a
la política eran capaces de destilar sabiduría, inteligencia y humor del fino.
Entonces pensé en el contraste con una actualidad que nos permite decir aquello
que escuché una vez en el cine. Yo he visto cosas que no creeríais. Pero
volvamos al pregón.
Ayuso atendió a las cuestiones crematísticas de lo que
también es un negocio que vive al sobresalto del parte meteorológico, que unas
veces vaticina un viento del carajo, y otras lo empeora con el anuncio de
chuzos de punta que obligan a tirar de metros y metros de plásticos para
preservar la mercancía del reuma, mientras esperan a esos clientes con la
valentía de ponerse debajo de un paraguas, y acudir a la cita con los libros.
Días de sol impenitente y de frío acerado. Inconvenientes que solo se pueden
disipar con el tintineo de las monedas dentro de la caja registradora.
Ayuso se pasea por una de las casetas, describe su geografía
de lomos y portadas, de cajones y estanterías, secciones clásicas y hasta de
cocina vegana. Y entonces una leve queja por la disminución de libros en torno
al teatro, materia natural en la que trabaja el pregonero. Y aquí es donde yo
quería llegar porque hace un par de días publicó un post en su muro de Facebook
donde resumía el esqueleto de su pregón y donde pude leer: Hablaré de esos
curiosos seres que se dedican a colocar ante nuestros ojos los libros que otros
leyeron antes. Hablaré de algunos libros de mi biblioteca, la mayoría
adquiridos en esos almacenes de rescate.
Las estanterías de mi casa no alcanzan ni de lejos la
categoría de biblioteca, y a veces pienso que tan solo son la antesala de ese
gustazo de coger los libros que rebosan el espacio, meterlos en una caja y
donarlos a una biblioteca. Desde finales de 2020 los libros de teatro empezaron
a colonizar las estanterías y ya empiezan a ser legión. Uno de ellos lo compré
en la rastro dominical de la Plaza San Bruno. El tomo segundo de Historias del
Teatro Español. Comediantes-escritores-curiosidades escénicas de Narciso Díaz
de Escovar y Francisco de P. Lasso de la Vega. Una edición de 1924 de Montaner
y Simón.
La misma mañana de la compré, colgué una cita extraída del
libro en las redes sociales. Al poco tiempo Adolfo Ayuso contactó conmigo para
tener una charla que transcurrió junto al coso taurino. Antes de despedirnos me
regaló el tomo primero del libro que he citado, para que tuviera la obra
completa. Así que de vez en cuando me paseo por esas páginas que estuvieron en
las estanterías de la biblioteca de Ayuso, y me deleito con párrafos como el
que sigue.
Entraba Lope en los veintidós años de edad, y como en todo
era precoz, contrajo matrimonio con doña Isabel de Urbina. A poco, con motivo
de haber herido en desafía a un caballero que se complacía en satirizarle, fue
preso, y declarado libre, marchó a Valencia en compañía de su amigo y
favorecedor Claudio Conde. Regresó a la Rote en 1587; vióse procesado por una sátira que escribió; tuvo
una hijo que murió al año siguiente; en el mismo perdió también a su esposa, y
para consolarse de esta desgracia, o mejorar la fortuna, se alistó de soldado
en la Invencible, embarcó para
Inglaterra, y desgraciada aquella expedición, en que murió un hermano suyo
alférez de un arcabuzazo, volvió a España y a Madrid en el año 1590.
El pregonero habló de algunos de sus libros que pertenecieron
a otros, de esas dedicatorias que nos permiten soñar con sus antiguos lectores,
pero también de esos momentos de apuro crematístico en los que tuvo que ir al
rastro a vender algunos ejemplares.
Y tras la peripecia personal volvió a la función propia del
pregonero para anunciar a viva voz que acudamos a la feria donde encontraremos
un agradable paseo, buena mercancía, y razones para abrir la cartera siguiendo
una máxima. Un libro no soluciona la vida a nadie pero calma la sed de los
irredentos. Que tengamos un tiempo excelente para que acuda el público
entusiasta. ¡Viva los libreros! ¡Viva los libros!
Etiquetas: Adolfo Ayuso, crónica, evento
22 marzo 2026
Más perdidos que Carracuca
Cartografías posibles para perdidos
Thoreau se enfrenta al hecho de perderse desde una
contundente afirmación. No nos encontramos ante nosotros mismos hasta que no
estamos perdidos. Los protagonista de ‘Más perdidos que Carracuca’ cumplen con
esa máxima gracias a la capacidad que tiene el texto de Emilio del Valle para
tejer una maraña de apariencias que rebotan una y otra vez en un mar de
coletillas, y sin embargo deslizan con maestría las claves para dibujar la
personalidad de los personajes, hasta situarlos ante dos monólogos antológicos
que elevan a los protagonistas por la gracia de la palabra que cuenta una
historia de andar por casa, pero también sobrevuela el campo de la filosofía.
Este croquis narrativo se enriquece con elementos
simbólicos que aumentan notablemente la deliciosa teatralidad de una pareja que
conoce muy bien el trayecto que va de su trabajo en el mercado al agujero donde
duermen. La distancia entre vivir bajo la luz natural de una sociedad que los
ignora, y dormir si se puede bajo la luz artificial de una cazuela que ejerce de
lámpara de techo. Saben exactamente donde se encuentran, y son conscientes de
que ellos son los abollados que la sociedad ha olvidado. Una demoledora
realidad con algunos rasguños por lo que se cuela la esperanza de un rayito de
luz que ilumine nuevos caminos.
Su condición de perdidos viene determinada por la escasa
habilidad que tienen para leer el mapa de la vida. Una cartografía que se
disfraza de periódico con sus noticias y sus ofertas de trabajo, pero también de
un reproductor de casetes. Si la prensa juega el papel de la esperanza, la
música es la vía muerta de una mecedora donde cerrar los ojos y dejarse llevar
por el ritmo disco funk. Ahí se encuentra el conflicto. La lucha entre recorrer
el camino para salir de la inmundicia, o de quien se conforma con hacer una y
otra vez el mismo recorrido, pulsar play y olvidar su condición.
La diligencia de Emilio del Valle para mover a los
personajes por el escenario tiene la virtud de aunar las curvas del texto con
un esmerado manejo de los ritmos y las pausas. Esa armonía es fundamental para
construir los puentes que conectan comedia y tragedia, congelar la sonrisa y dejarte
varado en la preocupación. Un trasiego cíclico que descarta la aparente sencillez
arquetípica de los personajes y los muestra con toda su complejidad.
Esta nutritiva estructura dramática se sustenta gracias a un
portentoso trabajo actoral. Jorge Muñoz y David Fernández «Fabu» huyen de la
naturalidad para dejar bien a la vista todos los elementos artificiales que
utilizan para manufacturar unos personajes anclados en una incontestable realidad
que la sociedad no quiere ver. La primera impresión nos llega a través del
aspecto corporal y físico. Una coreografía de movimientos, tics y posturas que
sirven para el trazo gordo de la personalidad de cada uno de sus personajes,
mientras el pincel fino para perfilar los detalles está determinado por el
trabajo artesano de una brillante prosodia. Malabares con la palabrería de
baratillo y una carga de profundidad con un subtexto que nos apela.
‘Más perdidos que Carracuca es un retrato que eleva el tiro
por encima de la evidente marginalidad que nos muestra sobre el escenario y
dispara al patio de butacas tres preguntas esenciales que nos invitan a
reflexionar. ¿Cómo manejamos los vínculos de la convivencia? ¿Cuánta dignidad
somos capaces de perder para permanecer en el lado luminoso del mundo? ¿La
solución a los males contemporáneos pasa por borrar la cartografía con la que
sueñan los habitantes de un submundo que nos empeñamos en olvidar?
‘Más perdidos que Carracuca’
Compañía: Teatro Tarambana. Autoría y dirección: Emilio del
Valle. Elenco: Jorge Muñoz y David Fernández «Fabu». Asistente Dirección: Elena
Lucas. Producción: Nacho Bonacho, Salvador Sanz, Amelia Lloret y Javier Zurita.
Escenografía y vestuario: Inconstantes Teatro y Tarambana Teatro. Iluminación:
José Manuel Guerra.
Sábado 21 de marzo de 2026. Teatro de la Estación.
Etiquetas: critica teatro, David Fernández "Fabu", jEmilio del Valle, Jorqe Muñoz, Tarambana Teatro, Teatro de la Estación
15 marzo 2026
La tarde que llegaron los Beatles
Paco Ortega en 1964 se quedó varado en una armonía vocal. La
melodía hablaba sobre el sabor a miel que perdura en el beso que despertó su
corazón. Sesenta años después hace gala de ese amor con un monólogo
autorreferencial construido sobre tres pilares. Los recuerdos infantiles son el
universo fundacional que dispara la biografía afectiva. Introduce un personaje con
funciones de alter ego como la ventana abierta a un diálogo en primera persona
de ficción con los mismísimos John, Paul, Ringo y George. Estos dos vectores
principales se mezclan con una dosis perfectamente medida de teatro testimonial,
unas pinceladas de realidad social y devenir histórico para enmarcar toda la
peripecia. Se añade un prólogo que es una buena idea para cerrar la historia en
círculo, sin embargo peca cuando explica en exceso la maquinaria narrativa,
algo innecesario porque la sencilla puesta en escena es suficiente para seguir
con claridad los pasos que sigue la historia.
Paco Ortega hace un delicioso ejercicio de naturalidad a la
hora de trenzar los diferentes ambientes por los que transita, desde el brillo
en su mirada para evocar a personas y objetos que no necesitamos ver, hasta la
vitalidad en la prosodia de quien sabe cada detalle musical y biográfico de los
Beatles. Tan solo la levedad técnica de cuando el directo no se ajusta al milímetro
con las voces grabadas y se pierde un poco de tensión.
El resultado es una experiencia que cualquier fan reconocerá. Crear un personaje más allá de uno mismo que interactúa en el mundo de los sueños, la memoria como cajón de sastre para conectar las vivencias propias con los idolatrados, establecer una jerarquía causal que centrifugue ambas experiencias, y que la satisfacción con el pasado de los grandes hits explique nuestra forma de entender la vida..
‘La tarde que llegaron los Beatles’
Calificación: 4 estrellas
Producción: Teatro del Espejo. Autor e interpretación: Paco
Ortega. Dirección: Rafael Campos. Voces en Off: Cristián Álvarez, Rafael
Campos, Alfonso Desentre, Carlos Lorente e Isabel Rodríguez.
Viernes 13 de marzo de 2026. Teatro de la Estación
Etiquetas: Critica Teatro Heraldo, Paco Ortega, Rafael Campos, Teatro de la Estación, Teatro del Espejo
07 marzo 2026
3D
Sonido en movimiento
Miguel Ángel Ortiz Albero hablaba del circo en su poemario ‘Troupe’
como esa barraca abierta sin pudor a vuestros ojos, sois espectadores de la
vida. Era su manera de distinguir el espacio del más difícil todavía donde el
riesgo de cada número se presenta sin trampa ni cartón, de la representación
escénica teatral en la que el púbico necesita suspender la incredulidad para
aceptar la ficción de lo que se cuenta.
‘3D’ es un espectáculo que se instala en medio de esos dos
mundos. Alienta la peripecia con acciones acrobáticas, pero a partir de una «dramaturgia
sonora» donde la proeza técnica es la herramienta para llegar a una coreografía
que, aderezada por un fino humor gestual, invita a participar al público que rodea
la actuación.
En el escenario la porción de una curva comprendida entre
dos puntos enlazados por una soga de acero. La pieza espera al intérprete que utiliza
el sonido para encender la mecha de la acción, y convertir lo audible en
visible. Una relación simbiótica que toma el escenario mediante tres actos
deliciosos.
El primero es una caja de resonancia que pone en marcha la
rítmica fragmentaria de un loop para
arco que frota, pellizco de arpa y esbarizarse una y otra vez en un vaivén de caricias.
En el segundo la soga se convierte en el equilibrio de un alambre de piernas
fuertes y manos de parasol para bambolearse sobre un horizonte abarquillado.
Ahora la soga es maroma con aromas de mar, traqueteo de locomotora, y un ¡ay! cuando
el columpio de madera tensa al respetable en un respingo. El tercero es una
escala pentatónica que revolotea. Una melodía dirigida hasta que llega la
improvisación. Giros de bailarina en caja de música hasta que los sonidos
metálicos de un transformer terminan
en el interior de un cofre, mientras los aplausos suenan con emoción.
‘3D’
Calificación: 4 estrellas
Producción: H.M.G. Compañía. Diseñador, Compositor,
intérprete: Jonathan Guichard. Técnico de Sonido, intérprete: Mikaël Le Guillou
o Sébastien Dehaye. Director de escena: Gautier Gravelle. Mirada externa:
Etienne Manceau. Construcción: Cyril Malivert, Jonathan Guichard, Etienne
Manceau, Jean-Victor Bethmont, Franck Breuil
Miércoles 4 de marzo de 2026. Teatro del Mercado.
Etiquetas: Critica Teatro Heraldo, Gautier Gravelle., H:MG: Compañía, Jonathan Guichard, Mikaël Le Guillou, Sébastien Dehaye, Teatro del Mercado
05 marzo 2026
Cuando me paro a pensar
Cuando me paro a pensar en la
muerte
paseo por los recuerdos del alma
con ganas de pedir explicaciones
de como he manejado mi vida.
Recuerdo el placer de la batalla.
El debate político, la amistad,
el remanso azul de las canciones
y olvidarlo todo en la pista de
baile.
Ahora reconozco mis errores.
Las veces que no encontré las
palabras
y callé atrincherado en el
silencio.
Admito la derrota del cobarde.
La lucidez de este día
me deja en la oscuridad
de catalogar mis flaquezas
y no sentirme en paz.
Etiquetas: poema










