La curvatura de la córnea

08 febrero 2026

La tierra de Alvargonzález

 


Títeres para mayor gloria de Don Antonio

Don Antonio partió de Soria una mañana de octubre porque quería visitar la fuente del Duero. En el viaje coincidió con un campesino y un indiano. Mientras el indiano le hablaba de Veracruz, y el campesino le advertía que era mal tiempo para subir al Urbión, el poeta pensaba en lo mucho que los hombres del campo saben y nosotros ignoramos. Hasta que el camino los obligó a cruzar un puente de madera entre Cidone y Vinuesa y el campesino señaló a su diestra. Por aquel sendero se va a los mejores campos de antaño y malditos hoy: La tierra de Alvargonzález.

El profesor Martín Domínguez Berrueta organizó  en junio de 1916 un viaje a la ciudad de Baeza, y algunos cuentan que el joven estudiante Federico García Lorca tuvo ocasión de visitar a Machado que por entonces ejercía de maestro en la ciudad. Es muy tentador pensar en la imagen del poeta sevillano recitando ‘La tierra de Alvargonzález’ al joven granadino. Un encuentro a partir del cual se puede establecer dos conexiones. La primera es literaria con la presencia en la obra de ambos de una tierra dura y adusta sobre la que se desarrolla un drama rural anunciado por la presencia de la luna. La segunda es teatral porque el romance de Machado formaba parte del repertorio del grupo de teatro universitario ‘La Barraca’, en el que Lorca ejercía las funciones de actor y director literario.

La Diputación de Soria ha impulsado una idea de Jesús Rubio para que a la conexión entre Machado, García Lorca y las tierras sorianas, se añadan los Titiriteros de Binéfar y así, la compañía oscense ha recorrido los mismos lugares por los que pasó ‘La Barraca’ con una versión de ‘La tierra de Alvargonzález’ La gira formaba parte del programa de actividades vinculadas al congreso ‘Federico García Lorca en Soria’. Un espectáculo que el pasado 6 de febrero de 2026 se representó en el Teatro Arbolé de Zaragoza.

La puesta en escena es diáfana en cuanto a la separación de voz, acción y música, y esa distancia en el escenario es precisamente el crisol para que la historia adquiera todos los nutrientes. Tres espacios, cada uno con sus características especiales que dejan a las claras como el buen ejercicio de un oficio individual es la base irrefutable para que brote el talento colectivo.

Paco Paricio a la izquierda del escenario parece que ejerce la función de narrador, pero sus palabras van mucho más allá de la voz en off que encadena los temas, resuelve conflictos y da paso a nuevas escenas. Su figura está mucho más cerca del recitante que muestra paisajes, presenta títeres y nos lleva en volandas al ámbito de las emociones. Pausado entre hojas de otoño y nieve de invierno. El peso de su voz tiene el regusto del remanso popular junto a la fuente, y del trueno de un hacha que acecha. Se toma un respiro, remueve sus ancas y sonríe cuando los versos piden danza. Agacha la pulcritud veterana de su testa y se concentra en el texto que trae una noche de muerte, frío y fantasmas. Unas veces sonríe y otras brama.

Paco Borderías a la derecha del escenario está rodeado de instrumentos para la melodía, cachivaches para los efectos sonoros y a veces Julia Cruz traspasa la frontera entre la titiritera y la cantante para marcar el ritmo con un pandero o encandilarnos con una voz nítida y trasparente que da luz a la representación. Y mientras el musiquero parece que vive en la energía estática del asiento, a su alrededor todo es movimiento. Las cuerdas golpeadas del chicotén, las llaves acariciadas del clarinete y el sube y baja de cascabeles, unas nueces o vaya usted a saber… hasta que Borderias se levanta cuando el soniquete se hace bodorrio y verbenero, y hasta se atreve a mover las caderas en un tosco vaivén.

Marta Paricio y Julia Cruz ocupan el centro del escenario para que salten las chispas entre los polos de la música y la voz. Tras el tenderete por donde interpretan los títeres, combinan la eficacia de los movimientos de quien saber estar cundo la manipulación exige esconderse, y sacar el garbo que se necesita cuando hay que dejarse ver para mayor gloria del dramaturgo y de la escena.

Los títeres pertenecen a varios tipos de manipulación. El grueso de los personajes son marotas construidas con troncos de la orilla de la Laguna Negra, materiales que repiten la leyenda que vivieron. Lo vemos en sus bocas rectas, sus ojos saltones y en esas melenas rizadas mesadas por las manos de la titiritera. Manos que a veces transmiten sensualidad y otras se transforman en drama que tapa los ojos, o esa guapería que se marcan los indianos cuando vuelven de allende los mares con riquezas y buenos augurios. Manos unidas por el amor o desnudas para crocotear con dos cucharas y un alambre.

El retablo tras el que se mueven los títeres se convierte en plano de proyección de las ilustraciones de David Vela. Dibujos que recuerdan a las viñetas que los ciegos apuntaban con el cayado en los romances medievales. Escenas donde predomina el perfil de figuras con evidente ascendencia de esas siluetas titiriteras que toman vida en contraste con el fondo. Un homenaje a este modelo de títeres de figura recortada es la luna azulada, que sujeta por un palo tiene dos mecanismos para cambiar de expresión, y que los titiriteros ya usaron en 1993 en el espectáculo ‘Almogávares’.

La representación tiene la sabiduría de unir con una aparente sencillez el aire popular del romance como expresión poética de un Machado que en 1912 se encontraba en un momento de cambio. Abandonaba la estética modernista de un simbolismo sensorial, para comenzar una etapa historicista donde su poesía se centraba en el paisaje, y mostrar una reflexión crítica sobre una España a la que amaba profundamente a pesar de los españoles y así, la puesta en escena se alimenta de esa  encrucijada para acertar de pleno con el uso de diferentes lenguajes de valor escénico. Verso, títeres y música consiguen una representación que transmite una enorme carga sentimental que mantuvo en vilo al patio de butacas, hasta que explotó en una profunda y emotiva ovación final.

‘La tierra de Alvargonzález’

Producción: Los Titiriteros de Binéfar. Autor: Antonio Machado. Puesta en escena y voz: Paco Paricio. Titiriteras: Marta Paricio y Julia Cruz. Músico: Pablo Borderías. Ilustrador: David Vela.

Viernes 6 de febrero de 2026. Teatro Arbolé.




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Olvidé la sombra de la encina

Foto: Oscar Gómez Chacón

 

Tierra, memoria y futuro

La compañía ‘Raigambre’ estrenó el 20 de diciembre de 2025 en el Teatro Arbolé de Zaragoza su espectáculo ’Olvidé la sombra de la encina’. La información previa de la función hablaba de una obra dedicada a la memoria rural y a la pérdida de identidad. La mirada nostálgica que nos propone está muy alejada de la corriente restaurativa que añora el pasado tan y como era, la dramaturgia aboga por un mensaje crítico,  reflexivo, y con un inicio de función que fue una buena pista en ese sentido. Todo comenzó  como los buenos manuales de Geografía Humana: con un glosario de términos y la descripción geográfica de donde ocurren los acontecimientos.

La vida de las palabras está determinada por su uso y muchas de ellas mueren porque simplemente desaparece las cosas que representan, algo muy habitual con términos relacionados con una forma de vida en el campo que ha cambiado radicalmente en los último cincuenta años. Por eso la retahíla de palabras que inicia la función tiene esa misión arqueológica de guardar y custodiar lo que de otra manera estaría destinado al olvido. El segundo factor que centró el desarrollo del espectáculo fue determinar las coordenadas geográficas de donde transcurre la acción. Tierra al sur de serranías donde los montes son extensiones inabarcables de olivos y así, establecidos los parámetros del lenguaje y el espacio, comenzó el ritual.

La mesa en medio del escenario hacia las veces de altar. La escenografía la formaban unos estantes repletos de tarros de cristal, y los protagonistas dentro de cada uno de ellos. Si en el teatro de objetos los elementos más inesperados cobran vida, en este caso los encargados de realizar la liturgia eran tierra, semillas, madera y toda la extensión de un olivar. Un espacio por el que Bellota sobrevuela cielos, deambula terruños  y horada surcos a lomos de su propia sombra. El títere está manejado con la técnica japonesa del Bunraku. Tres titiriteros trabajando al unísono se hacen cargo del personaje, pero el punto esencial es que tienen que respirar al unísono, y quizás esa sea la mejor imagen para potenciar la idea de comunidad que pretende la función. La implicación de todos con el objetivo de salvaguardar oficios, espacios y sentimientos que han forjado territorio y memoria, pero ahora corren peligro de extinción.

Los titiriteros también ejercen de actores. Es una transición en la que se diluye la estética y el ambiente que la representación ha creado, quizás porque desde esas afueras se gritan los problemas internos y contemporáneos de esos espacios que ahora están vacíos, pero la sensación es que la barrera entre el títere y la interpretación tiene querencia por una rigidez que reduce intensidad poética de la historia. No hay una correlación entre la dramaturgia que bucea en la historia oral con cierto aire revolucionario, y unas hechuras teatrales que se perciben básicas hasta desdibujar el enorme potencial expresivo que contiene el mensaje de la obra. Así se puede llamar la atención, poner el ojo en la diana del problema, pero no alcanza para agitar los sentimientos de un público aleja de las historias que se cuentan. Se aprecia el esfuerzo estético e intelectual, pero sin alcanzar ese momento en el que palabras y acciones golpean la conciencia, y que el teatro se convierta en la energía que nos transporte al latido de la emoción.

‘Olvidé la sombra de la encina’ tiene una virtud muy importante: no pretender regresar al pasado porque su objetivo es mirar hacia atrás con el sano propósito de generar preguntas plenamente actuales sobre nuestra relación con el entorno natural, su preservación física y sentimental, y a partir de ahí reflexionar para tener consancia de todo lo que ya se ha perdido. Una nostalgia reflexiva con sensibilidad estética para habitar los detalles del pasado, apreciar los rastros de la memoria y evocar el nutriente esencial de la reflexión. Un método casi científico para  comprender la importancia de preservar las huellas del pasado, y a partir de esa experiencia otear el futuro que todavía está por venir.

‘Olvidé la sombra de la encina’

Espacio comunitario de artes escénicas y creación La Horizontal. Centro Del Títere De Alcorcón. Dramaturgia: Laura Hernando, Fito Puntas E Isabel Denzel. Dirección: Isabel Denzel Y Soraya Manjavacas. Interpretación: Fito Puntas, Laura Hernando, Jimena Villalba. Diseño y construcción de escenografía: Fito Puntas. Diseño y construcción del títere: Fito Puntas Y Laura Hernando. Diseño de vestuario : Kat Imbarach. Diseño de luces: Kai Sánchez. Espacio Sonoro: Daniel León González. Producción Ejecutiva: Laura Hernando. Acompañamiento en la construcción del títere: casa-taller de marionetas de Pepe Otal

20 de diciembre de 2025. Teatro Arbolé

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06 febrero 2026

Federico. No hay olvido, ni sueño: carne viva

 Desde el Heraldo me pidieron que la crítica de esta semana fuera un poco más larga por una cuestión de maquetación en la edición en papel. Al final ese versión más larga solo apareció en la página Web del periódico, que es la dejo en versión texto. La imagen, como siempre, es la versión para la edición en papel.




El lenguaje de los huesos

El dramaturgo alemán Peter Weis definía en 1968 el teatro documento como un trabajo escénico privado de cualquier invención, construido con materiales auténticos y reeditados en la forma pero sin cambios en el contenido. Una estética desde lo real que en el siglo XXI se conecta con el movimiento historiográfico ‘Nueva Historia’, y su empeño en hablar de imaginarios colectivos que se encuentran en la vida privada y cotidiana. Una relación con el pasado que la escritora bielorrusa Svetlana Aleksiévich define muy bien: «No me dedico a recoger solo horrores, sino que busco una nueva mirada que haga reflexionar»

La dramaturgia de ‘Federico. No hay olvido, ni sueño: carne viva’ se inicia con una comparación que deja las cosas claras. Si Lorca podía modificar la realidad de su entorno para potenciar la historia que quería contar sobre los escenarios, el compromiso de María San Miguel sincroniza el equilibrio imprescindible entre la verdad científica y las pinceladas estéticas. Ahí radica la importancia de un delicado trabajo actoral que borra la frontera entre actor y personaje para sostener la credibilidad del discurso poético, y al mismo tiempo mostrar el procedimiento de una investigación de arqueología forense: los trabajos preliminares para documentarse con todo tipo de materiales, localizar los lugares donde realizar la excavación y concluir con el proceso de identificación.

Esta manera de introducir información para construir la historia tiene el aroma del teatro de objetos, pero modificando la función clásica que otorga al objeto la importancia de un signo que trasciende la realidad. En este caso  el recuerdo de las pequeñas fotografías de un tiempo en blanco y negro, la profusión de libros impresos con libertad y las herramientas para trabajar en la prospección del subsuelo tienen la vocación dramatúrgica de crear un camino orgánico, una senda que rompe la cuarta pared para que la experiencia del espectador sea inmersiva, olvide sus prejuicios, y entienda desde un razonamiento histórico y humanitario que la recuperación de los restos de nuestros compatriotas es la mejor manera de hacer patria.

La peripecia es la de todos los desaparecidos forzosos que permanecen enterrados en una fosa común, y la manera de contarla sigue las etapas del trabajo científico para que huesos y otros artefactos que todavía esperan en las entrañas de la tierra sean mucho más que números para contabilizar asesinados, y se conviertan en voz, El lenguaje de los huesos cuenta la verdad de los acontecimientos, y allí donde vence el silencio, sopla el aire fresco de esa manera de imaginar que los científicos denominan hipótesis.

La curiosidad aséptica que despierta el espectáculo sufre una metamorfosis final cuando el proceso dramático se divide en dos. Mientras el simbolismo visual sitúa cada hueso en su sitio, la realidad irrumpe en el espacio escénico con el audio de un testimonio que inunda el patio de butacas hasta romperse en una profunda y emotiva ovación.

 

‘Federico. No hay olvido, ni sueño: carne viva’

Calificación: 4 estrellas

Producción: Proyecto 43-2. Creación, dramaturgia y dirección: María San Miguel. Composición colectiva y elenco: Alba Muñoz, Pablo Rodríguez y María San Miguel. Escenografía: Karmen Abarca. Iluminación: Xiqui Rodríguez.

Miércoles 4 de febrero de 2026. Teatro de las Esquinas.

Crítica de la obra ‘Federico. No hay olvido, ni sueño: carne viva’: el lenguaje de los huesos



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04 febrero 2026

El retablo de las maravillas

 




Embaucadores y panolis

Els Joglars estrenó en enero de 2004 la adaptación del entremés ‘El retablo de las maravillas’ de Cervantes. Si en el texto original unos medio pelos ponían en solfa al gobernador, el alcalde y el escribano, Boadella ampliaba ese espectro para componer un espectáculo que mostraba «la evolución de la cretinización y la imbecilidad de determinada sociedad»

Veinte años después vuelve a los escenarios para dejar claro que las cosas han cambiado poco, y que los dardos siguen bien afilados para señalar como la elite de farsantes ocupa una posición destacada en la religión limosnera para conversos, el arte culinario de los caraduras y la mierdificación del postureo cultural. Unos embaucadores profesionales, charlatanes que se aprovechan del primer panoli que pasa por allí. En eso Boadella mantiene sus gustos y pone el espejo de lo grotesco para que la gocemos con el reflejo de sus víctimas favoritas, ya saben ustedes: el universo de la pijería progrewoke y unos currantes deslumbrados por el trampantojo de la modernidad.

La dramaturgia acierta de pleno utilizando el lustre de la comedia del arte para aumentar la teatralidad de unos personajes hilarantes que, trasvasados a una comedia de situación contemporánea, quedan retratados por la acidez de un texto marca de la casa donde la sátira juega a diferentes niveles, desde el desarrollo clásico del sketch en busca de la sonrisa hasta los chispazos puntuales que pretenden la carcajada, y ese discursito populista de vacío intelectual para cortar orejas y rabo.

El trabajo del elenco es bien guapo pero destacan un Fontseré capaz de levitar, la chufa del arlequín de Pep Muñoz, y el imparable peso escénico del zaragozano Rafa Blancas que nos lleva a una moraleja final: si tú no eres el embaucador tienes muchas papeletas para ser el panoli.

‘El retablo de las maravillas’

Calificación: 4 estrellas

Producción: Els Joglars. Dirección: Albert Boadella. Dramaturgia: Albert Boadella y Ramón Fontseré. Reparto: Ramón Fontserè, Pilar Sáenz, Dolors Tuneu, Javier Villena, Bruno López-Linares, Rafa Blanca y Pep Muñoz. Dirección técnica: Pere Llach. Espacio escénico. Joana Martí. Diseño de iluminación: Bernat Jansà. Diseño de vestuario: Pilar Sáenz.

Miércoles 28 de enero de 2026. Teatro Principal

Crítica de 'El retablo de las maravillas' de Els Joglars en Zaragoza: Embaucadores y panolis




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25 enero 2026

Las Glorias

 



Diluir un texto dramático

Jean Genet en ‘Las Criadas’ utiliza el espacio para definir la realidad. La cocina es la prisión de clase trabajadora donde transcurre la vida. El salón es la ilusión de emanciparse mediante un juego teatral que disuelve la identidad. ‘Las Glorias’ de Miguel Ángel Mañas aumenta la complejidad de la relación entre ficción y mundo real situando la acción de sus dos protagonistas en tres espacios diferentes. Todo gravita en torno al primer espacio. Una alfombra para simbolizar el camerino donde Eva la gran actriz e Isabel su ayudante saltan al segundo espacio delimitado por la luz blanca del escenario teatral, y a medio camino entre los dos anteriores un tercer espacio donde el texto de un dramaturgo en fase de lectura inunda la realidad.

Un mapa físico delimitado por la sutileza de diferentes tonos de iluminación, y una marca de la casa que ya es habitual en los espectáculos de Mercucho Producciones: la música de Luis Villafañe tiene un efecto enigmático para aumenta la tensión puntual en las líneas de frontera que delimitan cada uno de los territorios por los que pasa la acción, y habitar algunos de ellos.

La dirección Diego Palacio decelera determinados diálogos hasta instalarlos en un aburrimiento estático, pero la falta de pulso dramático es mucho más evidente cuando permite que las interpretaciones de María Pérez y Amparo Nogués naufraguen en una mezcla donde convive la retórica de una afectación impostada con algunas islas de naturalidad. Esta decisión provoca discordancia entre las fronteras espaciales y las diferentes posibilidades de afrontar el trabajo actoral y así, diluir un texto que sugiere espacios de realidad y ficción para crear diferentes lazos de relación entre dos personajes varados en una tragedia de sufrimiento, opresión y búsqueda de identidad.

‘Las Glorias’

Calificación: 2 estrellas

Producción: Mercucho Producciones. Autor: Miguel Ángel Mañas. Dirección: Diego Palacio. Elenco: María Pérez y Amparo Nogués. Composición musical: Luís Villafeliche. Caracterización y vestuario: Paloma Molino. Ayudante de dirección: Andrea Baztán.

Jueves 22 de enero de 2026. Teatro del Mercado



Crítica de teatro: 'Las glorias', diluir un texto dramático


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20 enero 2026

Microteatro en el Teatro Bicho


 

Teatro Bicho. Microteatro 17 de Enero 2026

Teatro Bicho en esta temporada está consolidando una programación quincenal de microteatro que deja constancia de un movimiento alternativo en las artes escénicas de la ciudad, además de crear una base importante de público interesado en este formato. Las tres piezas que se representaron el 17 de enero de 2026 tuvieron en común una interesante construcción de los personajes, y ese puntito de dimensión social que tan bien le viene a estas pequeñas piezas desde las que se pueden mostrar de una manera directa e inmediata parte de la complejidad contemporánea.

‘Pastillas para todo’ está escrita en esa clave de comedia que busca explotar lo cómico a través del juego escénico. El trabajo actoral de Rafa Cadena condensa dos personajes perfectamente definidos por la pantomima. Al primero lo minimiza en los gestos pero lo envalentona con las palabras para enfrentarse a un dramaturgo caprichoso que le obliga a decir palabras con las que está en desacuerdo. El segundo personaje es totalmente diferente. Sorprende la transformación del actor para que todo se convierta en acción y gestualidad, y cuando ya te tiene cogido por la comedia, el personaje se sienta, agacha la cabeza y nos lleva hasta ese imaginario que flota en el cuerpo social. España es el país de mayor consumo de ansiolíticos, hipnóticos y sedantes del mundo. Una epidemia silenciosa que avanza sin grandes aspavientos, pero de forma imparable y contundente.

La comicidad de Cadena se alimenta de la realidad para elaborarla por el filtro de un humor particular hasta conseguir que lo ridículo de la situación responda a una intención estética de estar sobre el escenario.

‘Linterna’ está organizada en torno a dos personajes y dos espacios. Esther Albalá es la locutora de radio nocturna. En la construcción de su personaje juega de una manera determinante que se encuentra sentado detrás de una mesa con micrófono, y desde ahí se aprecia una apuesta muy bien construida desde la mirada. Un reflejo inconfundible de todo lo que dice desde ese tono de voz radiofónica tan familiar para los insomnes, y como cambia de manera radical cuando no está en antena. Claudia Sancho está a su lado pero de pie y en un espacio totalmente diferente. Ella es la oyente que llama a la emisora para contar sus problemas. La construcción del personaje también parte de la voz, pero ahora es todo su cuerpo el que nos transmite inseguridad, dudas, y cuando se sienta, ¡ay! cuando se sienta advertimos el gélido aire de tragedia. Ese momento es una cumbre emocional. Estamos acostumbrados a ver la vulnerabilidad de las personas que han sufrido de acoso y aquí, en un giro de guion también se pone el foco en los acosadores. El conflicto está servido pero para eso se busca el giro humanista que nos ayude a la catarsis de la sonrisa.

La situación cómica viene determinada por el choque entre los dos personajes y como la provocación de uno significa la sorpresa para el otro. Da igual si te han acosado o eres tú el acosador, porque el conflicto que parece derivarse hacia la tragedia, en realidad esquiva ese destino para encontrar un  final feliz y terapéutico que el patio de butacas recibe con alborozo.

‘En metálico y al contado’ también cuenta con dos personajes, un técnico inmobiliario y una clienta. En este caso la construcción de los personajes parte del silencio. Rodrigo Muñoz y Blanco Royo hacen un trabajo elegante y eficaz en la gestualidad que culmina con un cruce de miradas. Todavía no se ha dicho nada y ya conocemos a los personajes mientras el tiempo se dilata incomodo en el escenario… y en el patio de butacas. Entonces llegan las primeras frases. La dirección mantiene el ritmo bajo de una situación absurda y muy bien sostenida hasta que llega el circunloquio del absurdo. Una conversación de noria que dice sin decir, que avanza sin avanzar y que modifica la condición inicial de cada personaje con nuevos y sorprendentes matices hasta aterrizar de golpe en lo peor de estos tiempos:  gentes que pagan una vivienda a tocateja como símbolo de especuladores y fondos buitres.

La mirada del espectador es la responsable de encontrar la comicidad de la pieza. La percepción irónica de las acciones clasifican a los personajes, que poco a poco experimentan una pequeña transformación. La risa acude según la situación y el chascarrillo, cuando el enfrentamiento no tiene ni pizca de gracia lo hace en silencio hasta que estalla en carcajada cuando el material cómico se hace evidente. En ese ir y venir se construye una deliciosa comedia.

 

‘Pastillas para todo’

Textoo de B. Sender y R. Cadenas. Interpretado por R. Cadena

‘Linterna’

Dramaturgia: Esther Albalá. Intérpretes: Esther Albalá y Claudia Sancho. Voz en off: Jorge Hernández. Fotografía y cartel: Laura Andrés.

‘En metálico y al contado’

Producción: Extintos Teatro. Intérpretes: Rodrigo Muñoz y Blanco Royo. Dirección y cartel:  Nashaat Conde.

Sábado 17 de enero de 2026. Teatro Bicho.

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18 enero 2026

La decisión de Lola

 




Una mirada que hipnotiza

La cómica Hannah Godsby le dio un meneo al monólogo para que la comedia fuera más allá de hacer reír de múltiples maneras, y convertirla en una plataforma de expresión para que al final el público sienta lo que tú quieres transmitir. En palabras de Sergio del Molino, un humor donde la inteligencia o la diversión sea menos importante que su capacidad para reflexionar.

Sobre el texto de José Warletta no hay duda, aunque se reserva una coda con el tono de agitar conciencias, está pensado para hacer reír mediante el típico monólogo de entretenimiento, y esa tentación de repetir la fórmula de terminar cada párrafo con un chiste o chascarrillo gracioso, y sin embargo contiene la arquitectura teatral para construir el arco dramático de un personaje complejo que se puede resumir en tres hitos generacionales. La abuela de estropajo y delantal con una capacidad innata para contar en bucle mil historias familiares de mesa camilla y aledaños hasta perder el hilo y volver a empezar. La madre con güisqui y bolero que toma conciencia de sí misma para comprender que la vida más auténtica es la que tiende a acercarse a lo que ella siempre ha soñado. La hija de pelo suelto y pintalabios carmín que asume la realidad, toma los mandos y canta por Rosalía: Solo soy un terrón de azúcar. Sé desaparecer. Cuando tú vienes es cuando me voy.

La dirección de Mario Ronsano acepta ese universo de risas para mostrar los pliegues que denuncian la travesía del amor romántico a la violencia de género. La interpretación de Ana García es un salto mortal para equilibrar el ritmo de comedia con la naturalidad orgánica del personaje. Una coreografía de pequeños gestos y cambios en el tono de voz que aportan matices de profundidad, hasta concentrar toda su energía en una mirada que hipnotiza al patio de butacas.

 

‘La decisión de Lola’

Calificación: 4 estrellas

Producción: Factory Producciones. Autor: Jose Warletta. Dirección: Mario Ronsano. Interprete: Ana García. Escenografía e Iluminación: Jose Antonio Royo. Vestuario: Arantxa Ezquerro.

Jueves 15 de enero de 2026. Teatro del Mercado

Crítica de teatro en Zaragoza: 'La decisión de Lola', una mirada que hipnotiza



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