La curvatura de la córnea

23 febrero 2026

La mujer rota


 


Iluminar el dolor

Si atendemos a la obra literaria de Simone de Beauvoir podemos asignar a los tres capítulos de 'La mujer rota' (1968) la función de ilustrar desde la ficción la idea central que la filósofa defendía en 'El segundo sexo' (1949) La condición femenina es una construcción social definida por su dependencia y subordinación con el hombre. Sin embargo Heidi Steinhardt concibe este espectáculo de manera independiente para extraer la enorme carga de teatralidad de uno de los textos, adentrarse en el caos de una mujer desquiciada, y apelar a la sociedad para abrir el debate sobre cómo nos enfrentamos a las heridas provocadas por el convertirse de la vida.

Al texto original le faltan signos de puntuación para que el flujo de las palabras revolotee por la cabeza de la protagonista. La dirección repara esa característica para clarificar el discurso, construir una dramaturgia elocuente, dosificarla en el flujo sanguíneo de Anabel Alonso, y obtener dos resultados completamente diferentes.

El primero es un monólogo. La actriz despliega una enorme carga de energía para mostrar un trabajo orgánico que domina su amplio catálogo de gestos, cambios de voz y escapadas hacia un tono de comedia que busca la complicidad del espectador. La interpretación es técnicamente impecable pero en lugar de mostrar al personaje, lo esconde bajo la excesiva intensidad de una luz que prioriza unas cuerdas vocales que hablan y hablan pero no transmiten sentimientos.

El segundo llega cuando la luz se diluye bajo un foco Cenital. Todo se detiene. Es el momento del soliloquio con fondo negro. La energía de la actriz se reduce, el silencio ocupa su espacio, se rompe la ilusión teatral, y entonces aparece la verdad. Ahora sí, el personaje está ahí, encarnado en la penumbra de una voz que nos habla de corazón a corazón.

 

'La mujer rota'

Calificación: 3 estrellas

Producción: La Zona Teatro, Labaska64 y Tidi. Texto: Simone de Beauvoir. Dirección de Heidi Steinhardt. Interpretado por Anabel Alonso. Ayudante de dirección: Ana Barceló, Manuel de Durán. Escenografía y vestuario: Alessio Meloni. Diseño de Iluminación: Rodrigo Ortega. Composición musical: Mariano Marín

Viernes 20 de febrero de 2026 Teatro de las Esquinas

Crítica de 'La mujer rota' con Anabel Alonso en Zaragoza: Iluminar el dolor



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El funeral 20º Aniversario

 


Un funeral de verbena

Oua Umplute son unos huevos rellenos a la rumana. A saber. Se hace una mayonesa a mano con cuchara de madera, una yema de huevo cocido y otra cruda, mostaza y zumo de limón. Para el relleno mezclamos una cucharada de mayonesa con huevo y patata cocida. El ejercicio de relacionar esta receta con el nombre del espectáculo que Teatro Che y Moche puso a funcionar hace 20 años es un salto mortal a alcance de muy pocos, así que tendremos que pensar que la incorporación por aquellas fechas de Tereza Polyvka a la compañía fue un disparadero para fusionar la música de los zíngaros con el humor somarda. El doctor de Filosofía y Letras Guillermo Fatás definía somarda como esa retranca o intención oculta para mofarse de alguien pero como sin querer.

La puesta en escena de ‘El Funeral’ es un espacio de respeto mortuorio hasta que aparece la pedorreta de una campana y lo pone todo del revés. Ahí está la clave de la función, que en medio de una seriedad socialmente aceptada salte la sorpresa y brote el humor grotesco mediante tres recursos que recuerdan a los que utilizan los payasos.

Los gags físicos se apoyan en el movimiento corporal que siempre termina en el rostro un gesto que certifica la broma y es la vía para descubrir la personalidad de los personajes. Ella resopla porque está harta de hacer tiempo con su cubo de Rubik. El de las baquetas deja pasar el tiempo aburrido hasta que la curiosidad le mete en algún lío. Las seis cuerdas son un remanso de paciencia mientras el tipo que le arrea a los vientos incrementa su enfado, y cuanto más se inclinan las cejas y más se inclinan las pupilas más risas provoca entre el respetable.

La comicidad de la palabra es un alarde para que la farfulla que pavonea cosas triviales se transforme en una brillante pantomima verbal, y conecta de manera directa e intuitiva con la sonrisa y la carcajada. Ese charramengueo de vaya usted a saber que idioma es un perfecto caldo de cultivo para que emerja la figura literaria de la paronomasia: utilizar las mínimas diferencias vocales entre dos palabras para hacer malabares fonéticos, buscar la confusión y dejar que el espectador complete el chascarrillo.

Gestos y palabras son excelentes materiales para romper la cuarta pared, relacionarse con el público, y abrir la puerta a una constante actualización del espectáculo para que las bromas pueden discurrir entre lo atemporal y los acontecimientos novedosos. Y al mismo tiempo son dos recursos susceptibles de ser moldeados dependiendo del tipo de público y del espacio en el que se realiza la función. Esta flexibilidad a la hora de afrontar la comedia puede llevar el espectáculo por derroteros inesperados.

El tercer elemento narrativo es una sobresaliente dimensión musical donde se cuelga todo el humor generado para transformar el espectáculo en un conciertazo con diferentes ritmos y melodías de la música balcánica. El  elenco se pasea con frescura por un pentagrama con momentos agrestes y melancólicos. La generación de energía musical salta del escenario al patio de butacas, se transforma en una sinfonola, y los espectadores insertan la moneda de su canción favorita y así, por el bendito arte de la improvisación convertir el espectáculo en una verbena mediterránea.

‘El funeral. 20º Aniversario’

Producción, vestuario y escenografía: Teatro Che y Moche. Dirección: Joaquin Murillo. Dirección musical: Teresa Polyzka. Intérpretes: Tereza Poyzka, Joaquin Murillo, Kike Lera y Sergio Dominguez.

Enero de 2026. Teatro de las Esquinas




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19 febrero 2026

Dysphoria

 


Teatro para reflexionar y emocionarse

María Goiricelaya le decía a Rocío García en El País del pasado 16 de febrero que concibe el teatro como una herramienta de reflexión que nos pone frente al momento vital en el que nos encontramos.

La dramaturga y directora bilbaína escribió ‘Dysphoria’ después de la entrada en vigor de la Ley para la igualdad real y efectiva de las personas trans y para la garantía de los derechos LGTBI, que abría la posibilidad de vivir la propia identidad sexual y la expresión de su género mediante la facultad para cambiar el nombre y el sexo con la única premisa de la voluntad de hacerlo, pero el debate público se centró en dos de sus posibles consecuencias: pérdida de derechos y fraude.

Algunos actores políticos afirmaban que la nueva norma era un peligro para los derechos adquiridos por las mujeres porque difuminaba la preeminencia del sexo biológico. Con la ley recién aprobada un candidato a una plaza de policía local en Torrelodones pidió que se le valorasen las pruebas físicas con los parámetros destinados a las mujeres, aunque en otras fases previas de la oposición había participado como hombre. La petición se justificaba con un acta notarial en la que pedía registrase como mujer transexual.

Con este panorama el debate general se desvirtuó, como se desvirtúan todos los debates importantes en esta época de confusión. Los diferentes posicionamientos impedían de hecho una reflexión profunda sobre la complejidad personal a la que quería atender una ley novedosa que necesitaba tiempo y oxígeno para caminar, comprobar su funcionamiento y ajustar lo que fuese necesario para evitar rendijas por las que colaban abusos y fraudes. Un tiempo que se le negó entre zascas ingeniosos, la metralleta de Twiter y eslóganes para ocultar la complejidad de cualquier proceso de cambio social. Y eso es precisamente lo que nos ofrece Goiricelaya. La posibilidad de escuchar todas voces que forman parte del coro que interviene en un proceso de transición de género. La intimidad del adolescente. La madre preocupada y superada pero siempre al pie del cañón. La pulcritud profesional y desesperante de los psicólogos. El lenguaje críptico de la justicia. La crueldad de tus iguales.

La acción transcurre en dos espacios que los personajes ocupan cuando cambia su rol en la historia. El infierno es un círculo donde sobresale la teatralidad de una actriz que cambia el ADN para mutar de un personaje a otro y conseguir que los diálogos tengan las características de un duelo que empieza en calma pero puede terminar con un disparo final. La circunferencia que lo contiene y un paralelogramo tangente es el balcón para dirigirse al público, el laberinto que lleva de la duda a la reivindicación, los gritos desesperados y la farfulla legalista que embrolla más que explica.

El texto de Goiricelaya es una catarata de palabras para que la actriz Gema Matarranz se zambulla en ellas con la honestidad de quien hace un trabajo desde las tripas, con una entrega impecable, y más allá del primer asombro que causa la sencillez con la que salta de un personaje a otro, lo realmente sobresaliente es como su interpretación dibuja detalles gestuales y de prosodia que añaden capas y capas de complejidad, que sin embargo se advierten diáfanas, y transmiten con nitidez el alma de cada uno de los personajes sin llegar a juzgarlos.

‘Dysphoria’ tiene una actitud de entomólogo que es muy importante porque, mientras recibes una gran cantidad de información y aumenta la sensación de sentirse apelado, la peripecia te golpea en el estómago al mismo tiempo que lanza preguntas que se quedan flotando en el aire en busca de una respuesta. Y ahí entra la responsabilidad del espectador para completar la propuesta. Primero como ciudadano que tiene opinión sobre cualquier cuestión social, pero también en el ámbito de la intimidad personal. Dos espacios que se reflejan en la selección de las canciones que suenan durante la función.

‘Lucha de gigantes’ de Antonio Vega como ese canto a la relativa grandeza del hombre frente a la inmensidad de un universo que siempre nos trae nuevos desafíos “Un duelo salvaje advierte lo cerca que ando de entrar en un mundo descomunal. Siento mi fragilidad”.

‘Debí tirar más fotos (DtMF)’ de Bad Bunny captura un sentimiento de nostalgia y arrepentimiento mucho más íntimo cuando somos incapaces de valorar los momentos y las personas que nos rodean, mientras enfocamos nuestros intereses hacia otras cosas mucho menos importantes. “Pero queriendo volver a la última vez que a los ojos te miré. Debí darte más besos y abrazos las veces que pude.”

¿Recuerdas la cita del principio? El teatro como herramienta de reflexión.

‘Dysphoria’

Compañía: Histrión Teatro. Dramaturgia y dirección: María Goiricelaya. Actriz: Gema Matarranz. Ayudante de dirección: Ane Picaza. Diseño y construcción de escenografía: Álvaro Gómez Candela y Giacomo Ciucci Gómez. Diseño de iluminación: Juan Felipe “Tomatierra”. Música original: Ibon Belandia. Espacio sonoro: Ibon Aguirre. Comunicación y diseño gráfico: Divina Palabra. Fotografías: Palen. Técnicos en gira: Juan Felipe “Tomatierra” y Monza. Producción ejecutiva: Nines Carrascal y Sonia Espinosa. Colabora: Portal 71.

Miércoles 18 de febrero de 2026. Teatro de las Esquinas.

 

 

 


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15 febrero 2026

La noche terca


 

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Vals del aniversario


 

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Magnolias



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El rayo que no cesa 1


Un poema de Miguel Hernández acompañado por la guitarra flamenca de Nacho Estévez 'El Niño'

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