La curvatura de la córnea

13 abril 2026

El efecto

 



Dulce veneno de amor

Si ‘La Celestina’ de Rojas nos muestra las diferencias entre el amor cortés medieval y el deseo carnal de la lujuria; el texto de Lucy Prebble invita a un debate contemporáneo sobre el origen del amor ¿Se trata del efecto incomprensible que produce una bachata de Juan Luís Guerra cuando sube la bilirrubina porque la ciencia no funciona, sólo tus besos vida mía? ¿O es el efecto neuroquímico que producen los psicofármacos para combatir la depresión de la persona que se siente sola? ‘El efecto’ plantea muchas preguntas pero no da respuestas, y quizás por eso es un excelente artefacto escénico.

La función cuenta en cuatro pasos la evolución de un proceso amoroso. Comienza con la aridez didáctica de quien expone una tesis, pero en cuanto los enamorados se sientan sobre la intimidad de las tablas del escenario todo cambia, y se genera una avalancha orgánica. El latido de las palabras siempre en primer plano y el oleaje envolvente de los cuerpos explota en la belleza poética de una secuencia de viñetas. Después se acelera la crisis del desencanto, para terminar con la irrupción en tonos ocres de la aplastante realidad.

La dirección de Juan Carlos Fisher muestra su querencia a trabajar en espacios neutros. Un lienzo en blanco con fondo negro en el que despliega la teatralidad narrativa de sonidos que acotan, cincelar con la luz, y la férrea precisión del orfebre para definir un baile de esgrima con prosodia y movimiento.

La interpretación de la doble pareja de actores sustenta con firmeza  la simetría de sus arcos dramáticos. El rigor de Alicia Borrachero y Fran Perea, entre la austera frialdad científica y algunas gotitas de carnalidad, es un recurso que funciona como el contrapunto imprescindible para acompañar la chispeante solidez de Elena Rivera, y un juguetón Itzan Escanilla.

 ‘El efecto’

Calificación: 4 estrellas

Producción: Producciones Teatrales Contemporáneas. Autora: Lucy Prebble. Adaptación: Rómulo Assereto y Juan Carlos Fisher. Dirección: Juan Carlos Fisher. Elenco: Alicia Borrachero, Elena Rivera, Itzan Escamilla y Fran Perea. Iluminación: Ion Aníbal López. Escenografía y vestuario: Juan Sebastián Domínguez.

Jueves 9 de abril de 2026. Teatro Principal.





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Metrópolis 20 Aniversario


 

Metrópolis 20 Aniversario. Espacio y Espectador

Joaquín Murillo es el director de Metrópolis, y le contaba a José Solanas en Aragón Digital que nos encontramos ante una gran producción diseñada para grandes espacios y reinterpretar el original a partir del cuerpo, el gesto y la música, con el espíritu de dialogar con el espectador actual. Ese espíritu de diálogo fue clave en la experiencia que te voy a contar después de ver dos veces el espectáculo.

‘Metrópolis’ regresó a los escenarios zaragozanos casi veinte años después de su estreno en 2007. La primera ocasión fue a finales de mayo de 2025 en el Teatro de las Esquinas. La segunda a finales de febrero de 2026 en el Teatro Principal. Te voy a contar mi experiencia como espectador después de ver la función en cada uno de esos dos espacios. El objetivo es poner el valor como la modificación del formato y el espacio son ingredientes para tener dos percepción completamente diferentes pero igual de excitantes.

Primero estableceré el marco formal sobre el que se construye la dramaturgia del espectáculo, después estableceré las diferencias físicas de los espacios de representación y finalmente, les contaré las diferentes sensaciones que tuve en la recepción como espectador.

Chris Allen definió ‘Live Cinema’ como una representación teatral protagonizada por los tres lados de un triángulo: Visual, sonoro musical y performativo. Los hermanos Pedro y Benito Jiménez de ‘Los Volubles’ parten de esta consideración para definirlo como “Visualista”. En cualquier caso, y más allá del término que usemos, lo interesante es observar como con el espectador los elementos dramáticos que se utilizan en directo.

La dramaturgia de ‘Metrópolis’ reproduce de una manera esquemática los grandes conflictos humanos que muestra la película futurista de Fritz Lang estrenada en 1926, y que Eduardo Subirats resume en tres: Capitalismo de producción y la destrucción del obrero. Desarrollo tecnológico y la regresión humana. El eterno conflicto social entre poderosos y desposeídos. El gran mérito de la producción teatral es como el uso de tres lenguajes narrativos alimentan la enorme carga dramática.

La coreografía de Elia Lozano dibuja la frontera entre la masa oscura de los obreros sepultados y la luz de los que dirigen nuestros destinos. Las proyección de imágenes y texto de Saúl Blasco tienen un halo de misterio cuando se quedan colgadas en el aire para poner en primer plano las inquietudes interiores de los personajes y que la dinámica de la película se convierta en una persecución cinematográfica. La música de Víctor Rebullida es el contenedor perfecto para amasar todas las sensaciones, desde los sentimientos más humanos hasta el vértigo de la acción.

Maaike Bleeker define la representación teatral como una puesta en visión. Un acto de como el espectador mira para descubrir el espectáculo, y que García Webbi identifica como una dialéctica con el público para construir la obra y generar una tensión única e irrepetible.

La primera vez que vi ‘Metrópolis’ fue en el Teatro de las Esquinas. Su patio de butacas lo podemos comparar con un “Theatron” (lugar para ver) griego que aprovecha las laderas de la orografía para colocar las gradas desde arriba hasta la parte baja donde se topan con el suelo como lugar de la representación. Esta configuración potenció que los elementos narrativos de ‘Metrópolis’ me llegaran de una manera muy determinada. Mientras las proyecciones agrandaban su proporción porque se situaban a la altura de mi visión, lo que ocurría en el escenario parecía alejarse en una caída que me generaba una gran opresión física. La sensación se amplificaba gracias a la grabación de la banda sonora que penetraba con fuerza en la acción y en los poros de mi piel. Un estado de inquietud se apoderó de mí, me atrapó y conforme se incrementaba la acción de la trama llegué a tener la sensación de angustia. Hasta que al final llegó el alivio y un aplauso prolongado que me ayudo a descargar tensiones.

Volvía a ver la función nueve meses después en el Teatro Principal, en el patio de butacas de esa preciosa sala de espectadores a la italiana con planta en forma de herradura. El arquitecto Ignasi de Solá-Morales define ese dispositivo teatral por la relación espacial entre espectáculo y espectadores, de manera que la distancian entre ambos es muy clara para determinar la separación entre la realidad de las butacas y el mundo imaginario que se alza sobre el escenario elevado. Esta composición permite un fundamento visual que organiza el encuadre en una visión enmarcada y una acústica excelente.

Además de este factor estructural hay que añadir que en esta ocasión la reproducción de la banda sonora corrió a cargo de una orquesta en directo, y conformar un espectáculo completamente nuevo al que había visto con anterioridad. Ahora las proyecciones ya no eran gritos que me sacudían a la altura de los ojos, se habían convertido en señales que desde las alturas me guiaban para entender mejor la situación. La orquesta en el foso dejaba en la zona de palcos junto al escenario las percusiones que ejercían como arietes de un sonido con al aroma orgánico de quien acaricia. Esa delicia de identificar un instrumento con cada melodía solista hasta que la complejidad apelaba a toda la orquesta. Una invitación permanente a estar conectado mientras la peripecia transcurre allí arriba. Bailarines y actores van más allá de la gestualidad y me invitan a observar la belleza del conjunto y dejarme llevar. Desde los momentos convulsos hasta la tranquilidad. Una placidez que rompí para unirme a la compacta y estruendosa ovación final.

‘Metropolis’

Producción: Teatro de las EsquinasDramaturgia y Dirección: Joaquín Murillo. Intérpretes: Javier Zapater, Sandra Recamal, Mery Luz Moya, Ana Arguilé y Miguel Pardillo. Bailarines: Gonzalo Giménez Patón, Daniel Martínez García, Raquel Asín Dorda, Yaiza Calvo Dueñas, Ainoa Cerdán Orte, Alba Martínez Aznar, Alfonso Ortigosa Araque, Raquel Marín Lahuerta, Elisa Montañés Ascaso, Alba Olmedo Rojas, Rocío Isabel de Miguel Martínez y Andrea Vázquez Aparicio. Partitura original interpretada por academia para la nueva música (csma). Coreografía: Elia Lozano. Música original:Victor Rebullida. Dirección técnica: Josema Hernández de la Torre. Coordinación musical: Conservatorio Superior de Música de Aragón. Diseño gráfico, técnico en gira y audiovisual: Saúl Blasco. Ayte. De dirección: Marián Pueo.

 

Mayo de 2025. Teatro de las Esquinas

Febrero de 2026 Teatro Principal de Zaragoza

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03 abril 2026

Burlesca

 



Aprender a jugar

Peter Brook definía el teatro como un lugar de tránsito entre lo cotidiano y la imaginación. Este deambular afecta al intérprete y al público porque ambos abandonan su rol habitual y asumen otro diferente para encontrarse en un espacio donde un palo se convierte en espada, y puedes empezar a jugar.

‘Burlesca’ es una reivindicación gozosa para que el juego ocupe ese espacio de transición, reivindicar el oficio de fabricar diversión y pensamiento con diferentes lenguajes escénicos, y vincular con naturalidad la participación grupal de los espectadores con la construcción del espectáculo.

La dramaturgia combina el papel dramático de los objetos y los tres personajes. El Titiritero es el oráculo que convierte la sabiduría de tábanos, vencejos y rastrojos en narración oral y canciones pachanguero-melódicas. El viaje pasa del sabor añejo de un lenguaje en vías de extinción, a una crítica social con aroma a romance medieval de ciego que se pueden rapear, darle un meneo a un cuento clásico para convertirlo en una historia contemporánea de cachiporra y tentetieso. El Teclas y el Tambores le dan mecha a ritmos y melodías para ejercer la función de un coro descacharrante y surrealista que subraya los mensajes filosóficos de profundidad, y los chascarrillo de andar por casa.

El resultado final es una fiesta donde la aparente sencillez de la representación se adentra en territorios propios de los payasos. Ya saben, ese lugar donde el clown explica, el augusto replica, y ambos garantizan el marchamo de una verdad escénica sin trampa ni cartón. En ese ambiente resulta natural darle la vuelta al retablo de las marionetas para mostrar las tripas del artificio donde se fabrica la ficción, tomar conciencia de como la imaginación construye la identidad de las historias, y aprender a jugar.

‘Burlesca’

Calificación: 4 estrellas

Compañía: Los Titiriteros de Binéfar. Guion, dirección, diseño, escenografía y actor titiritero: Paco Paricio. Músicos y titiriteros: Faustino Cortés y Quiri Aquilué. Modista: Nieves García. Producción: Marta Paricio. Sonido e iluminación: Pilas Amorós.

Miércoles 1 de abril de 2026. Teatro del Mercado.


Crítica de la obra Burlesca de Titiriteros de Binéfar en Zaragoza: Aprender a jugar

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31 marzo 2026

Del cara blanca


 

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Goya. La melodía de una leyenda

 




Usar a Goya en vano

El título no engaña. ‘Goya. La melodía de una leyenda’ une el concepto de composición para desarrollar una idea musical, con magnificar el relato de un personaje real mezclando ficción con hechos históricos. La faena consiste en captar la esencia de la vida de Goya y ponerla a la altura de una leyenda con cinco planos narrativos. La transformación cultural y política de un siglo XVIII zarandeado entre la modernidad ilustrada y las supercherías de la Inquisición. La vida corriente del pintor como un hombre que disfrutó de su familia y sus amistades, hasta caer en el tópico romántico de que terminó sordo y aislado. La brocha gorda para mostrar su evolución en la forma de retratar el mundo. Y por si fuera poco, darle vidilla a una historia de amor con la Duquesa de Alba. Como ven, un reto descomunal para un resultado desolador.

El interesante uso de las proyecciones se combina con momentos donde la sencillez del escenario vacío habla más de falta de recursos que de un rasgo de estilo. El libreto tiene cierto  brillo en la trama histórica, pero en cuanto atiende a cuestiones cotidianas y sentimentales no se atisba ni un gramo de veracidad. La dirección tiene poco trabajo más allá de situar de manera estática a los personajes para que suelten el texto, o deambulen una pretendida intensidad dramática que, en cuanto te descuidas, se convierte en canciones que aspiran a un pop ligero con rimas simplonas, y de vez en cuando el martirio de un recitativo para escabullirse de la melodía y hacer avanzar la trama.

El afán del trabajo actoral no puede suplir tanto aburrimiento para una historia que pretende «rendir homenaje a Goya» Destaca la interpretación de Leo Rivera con un Godoy sólido y chispeante. La función terminó con una prolongada ovación y buena parte del público puesto en pie.

‘Goya. La melodía de una leyenda’

Calificación: 2 estrellas

Producción: Showprime. Texto original: Ignasi Vidal. Música y letra: Tom Vega. Dirección Juan José Alfonso. Elenco: Javier Godino, Clara Alvarado, Leo Rivera, Paco Morales, Silvia Luchetti, Diego Molero, Germán Torres.

Miércoles 25 de marzo de 2026. Teatro Principal

Crítica sobre el musical Goya. La melodía de una leyenda en Zaragoza: Usar a Goya en vano


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26 marzo 2026

Adolfo Ayuso pregonero


 

Adolfo Ayuso pregonero

Adolfo Ayuso leyó el pregón de la XX Feria del libro viejo y antiguo de Zaragoza esta mañana de jueves 26 de marzo de 2026 a las 11 de la mañana en el salón de actos de la Biblioteca de Aragón. El cierzo azotaba las casetas de los libreros cuando Ayuso se amarró al micro para amplificar su voz carrasposa con tres sorbos de agua y marcarse un pregón de campanillas con excelente pulso literario

Tras los agradecimientos de rigor se lanzó a un viaje. Agosto de 1997 en el Instituto de Literatura y Lingüística de la Habana charlaba con el escritor Miguel Barnet sobre a que podrían llamar pregón. La conversación la inició el juglar aragonés, tristemente fallecido hace un año, Luís Felipe Alegre que tanto sabía de bululús, pregones y romances de ciego. Barnet definía los pregones como los gestos y voces que los vendedores o artesanos usan para vender su mercancía o habilidad.

Un tipo de comunicación que no deberíamos confundir con el bando que a veces es un escrito que se pega en una pared para anunciar ordenanzas, prohibiciones y avisos. Entonces me vino esa imagen de pregonero con cornetín como el preámbulo para que la sin hueso anuncie el horario del mercadillo o la hora del funeral.

Pero Ayuso estaba en la biblioteca para hacer proclamación pública a viva voz de la llegada a Zaragoza de los libros antiguos, y recordó tiempo no tan lejanos donde pregoneros ilustres que pasaban del profesorado a la política eran capaces de destilar sabiduría, inteligencia y humor del fino. Entonces pensé en el contraste con una actualidad que nos permite decir aquello que escuché una vez en el cine. Yo he visto cosas que no creeríais. Pero volvamos al pregón.

Ayuso atendió a las cuestiones crematísticas de lo que también es un negocio que vive al sobresalto del parte meteorológico, que unas veces vaticina un viento del carajo, y otras lo empeora con el anuncio de chuzos de punta que obligan a tirar de metros y metros de plásticos para preservar la mercancía del reuma, mientras esperan a esos clientes con la valentía de ponerse debajo de un paraguas, y acudir a la cita con los libros. Días de sol impenitente y de frío acerado. Inconvenientes que solo se pueden disipar con el tintineo de las monedas dentro de la caja registradora.

Ayuso se pasea por una de las casetas, describe su geografía de lomos y portadas, de cajones y estanterías, secciones clásicas y hasta de cocina vegana. Y entonces una leve queja por la disminución de libros en torno al teatro, materia natural en la que trabaja el pregonero. Y aquí es donde yo quería llegar porque hace un par de días publicó un post en su muro de Facebook donde resumía el esqueleto de su pregón y donde pude leer: Hablaré de esos curiosos seres que se dedican a colocar ante nuestros ojos los libros que otros leyeron antes. Hablaré de algunos libros de mi biblioteca, la mayoría adquiridos en esos almacenes de rescate.

Las estanterías de mi casa no alcanzan ni de lejos la categoría de biblioteca, y a veces pienso que tan solo son la antesala de ese gustazo de coger los libros que rebosan el espacio, meterlos en una caja y donarlos a una biblioteca. Desde finales de 2020 los libros de teatro empezaron a colonizar las estanterías y ya empiezan a ser legión. Uno de ellos lo compré en la rastro dominical de la Plaza San Bruno. El tomo segundo de Historias del Teatro Español. Comediantes-escritores-curiosidades escénicas de Narciso Díaz de Escovar y Francisco de P. Lasso de la Vega. Una edición de 1924 de Montaner y Simón.

La misma mañana de la compré, colgué una cita extraída del libro en las redes sociales. Al poco tiempo Adolfo Ayuso contactó conmigo para tener una charla que transcurrió junto al coso taurino. Antes de despedirnos me regaló el tomo primero del libro que he citado, para que tuviera la obra completa. Así que de vez en cuando me paseo por esas páginas que estuvieron en las estanterías de la biblioteca de Ayuso, y me deleito con párrafos como el que sigue.

Entraba Lope en los veintidós años de edad, y como en todo era precoz, contrajo matrimonio con doña Isabel de Urbina. A poco, con motivo de haber herido en desafía a un caballero que se complacía en satirizarle, fue preso, y declarado libre, marchó a Valencia en compañía de su amigo y favorecedor Claudio Conde. Regresó a la Rote en 1587; vióse  procesado por una sátira que escribió; tuvo una hijo que murió al año siguiente; en el mismo perdió también a su esposa, y para consolarse de esta desgracia, o mejorar la fortuna, se alistó de soldado en la Invencible, embarcó para Inglaterra, y desgraciada aquella expedición, en que murió un hermano suyo alférez de un arcabuzazo, volvió a España y a Madrid en el año 1590.

El pregonero habló de algunos de sus libros que pertenecieron a otros, de esas dedicatorias que nos permiten soñar con sus antiguos lectores, pero también de esos momentos de apuro crematístico en los que tuvo que ir al rastro a vender algunos ejemplares.

Y tras la peripecia personal volvió a la función propia del pregonero para anunciar a viva voz que acudamos a la feria donde encontraremos un agradable paseo, buena mercancía, y razones para abrir la cartera siguiendo una máxima. Un libro no soluciona la vida a nadie pero calma la sed de los irredentos. Que tengamos un tiempo excelente para que acuda el público entusiasta. ¡Viva los libreros! ¡Viva los libros!

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22 marzo 2026

Más perdidos que Carracuca


 

Cartografías posibles para perdidos

Thoreau se enfrenta al hecho de perderse desde una contundente afirmación. No nos encontramos ante nosotros mismos hasta que no estamos perdidos. Los protagonista de ‘Más perdidos que Carracuca’ cumplen con esa máxima gracias a la capacidad que tiene el texto de Emilio del Valle para tejer una maraña de apariencias que rebotan una y otra vez en un mar de coletillas, y sin embargo deslizan con maestría las claves para dibujar la personalidad de los personajes, hasta situarlos ante dos monólogos antológicos que elevan a los protagonistas por la gracia de la palabra que cuenta una historia de andar por casa, pero también sobrevuela el campo de la filosofía.

Este croquis narrativo se enriquece con elementos simbólicos que aumentan notablemente la deliciosa teatralidad de una pareja que conoce muy bien el trayecto que va de su trabajo en el mercado al agujero donde duermen. La distancia entre vivir bajo la luz natural de una sociedad que los ignora, y dormir si se puede bajo la luz artificial de una cazuela que ejerce de lámpara de techo. Saben exactamente donde se encuentran, y son conscientes de que ellos son los abollados que la sociedad ha olvidado. Una demoledora realidad con algunos rasguños por lo que se cuela la esperanza de un rayito de luz que ilumine nuevos caminos.

Su condición de perdidos viene determinada por la escasa habilidad que tienen para leer el mapa de la vida. Una cartografía que se disfraza de periódico con sus noticias y sus ofertas de trabajo, pero también de un reproductor de casetes. Si la prensa juega el papel de la esperanza, la música es la vía muerta de una mecedora donde cerrar los ojos y dejarse llevar por el ritmo disco funk. Ahí se encuentra el conflicto. La lucha entre recorrer el camino para salir de la inmundicia, o de quien se conforma con hacer una y otra vez el mismo recorrido, pulsar play y olvidar su condición.

La diligencia de Emilio del Valle para mover a los personajes por el escenario tiene la virtud de aunar las curvas del texto con un esmerado manejo de los ritmos y las pausas. Esa armonía es fundamental para construir los puentes que conectan comedia y tragedia, congelar la sonrisa y dejarte varado en la preocupación. Un trasiego cíclico que descarta la aparente sencillez arquetípica de los personajes y los muestra con toda su complejidad.

Esta nutritiva estructura dramática se sustenta gracias a un portentoso trabajo actoral. Jorge Muñoz y David Fernández «Fabu» huyen de la naturalidad para dejar bien a la vista todos los elementos artificiales que utilizan para manufacturar unos personajes anclados en una incontestable realidad que la sociedad no quiere ver. La primera impresión nos llega a través del aspecto corporal y físico. Una coreografía de movimientos, tics y posturas que sirven para el trazo gordo de la personalidad de cada uno de sus personajes, mientras el pincel fino para perfilar los detalles está determinado por el trabajo artesano de una brillante prosodia. Malabares con la palabrería de baratillo y una carga de profundidad con un subtexto que nos apela.

‘Más perdidos que Carracuca es un retrato que eleva el tiro por encima de la evidente marginalidad que nos muestra sobre el escenario y dispara al patio de butacas tres preguntas esenciales que nos invitan a reflexionar. ¿Cómo manejamos los vínculos de la convivencia? ¿Cuánta dignidad somos capaces de perder para permanecer en el lado luminoso del mundo? ¿La solución a los males contemporáneos pasa por borrar la cartografía con la que sueñan los habitantes de un submundo que nos empeñamos en olvidar?

‘Más perdidos que Carracuca’

Compañía: Teatro Tarambana. Autoría y dirección: Emilio del Valle. Elenco: Jorge Muñoz y David Fernández «Fabu». Asistente Dirección: Elena Lucas. Producción: Nacho Bonacho, Salvador Sanz, Amelia Lloret y Javier Zurita. Escenografía y vestuario: Inconstantes Teatro y Tarambana Teatro. Iluminación: José Manuel Guerra.

Sábado 21 de marzo de 2026. Teatro de la Estación.



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