La curvatura de la córnea

05 junio 2026

Yo soy una fiesta


 

Una deliciosa entente

La investigadora alemana Erika Fischer-Lichte utilizaba el concepto «giro perfomativo» para definir una nueva forma de expresión en la que se desdibujan las fronteras entre una expresión del cuerpo que amplía su fuerza frente el significado textual. Una idea que ya había promulgado Antonin Artaud con la defensa de potenciar lo ritual, lo teatral y lo físico. El cuerpo como portador completo del sentido de la actuación[1].

‘Yo soy un fiesta’ navega entre estos dos conceptos con una diferencia esencial. No se trata de aplicar al cuerpo un discurso específico que lo diferencie del resto de lenguajes narrativos. Lo realmente maravilloso es conseguir que gestualidad, palabra y banda sonora conformen un conjunto de gran emotividad para unas escenas de alto valor poético que impacta de lleno en el patio de butacas. Este objetivo se sustenta en  la perfección técnica del trabajo actoral. Las interpretaciones de Camila Grigera y Ángela Tortajada parten de una elocuente naturalidad llena de frescura para que danza, gesto y palabra se pongan al servicio de una historia con aromas de autofcción escrita por Lola Vera.

Esa maquinaria forman sostiene una peripecia que habla de encuentros, desencuentros y añoranzas, de como a veces la vida pasa sin que seamos capaces de darnos cuenta de que el meollo de la existencia está ahí, en una receta de cocina o la coreografía de una canción que nos acompaña a lo largo de los años. Adela está descubriendo esos lugares donde su madre y su abuela sobreviven envueltas en un tira y afloja de amor y tensión, de recuerdo y presente, mientras su amiga Cami, siempre a su lado, tiene la virtud de transformarse en todas las mujeres que caminan por el laberinto de los afectos para convertirse en el catalizador de la pena y la alegría.

El formato fragmentario de ‘Yo soy una fiesta’ es una garantía para mantener en vilo a un público, que sigue a pie juntillas el devenir de las actrices. Desde la frescura del contexto que proviene de la prosodia, unas veces es concreto y otras difuminado, mientras las acciones se centrifugan por la periferia hasta constituirse como el centro de una situaciones que se muestras con la precisión de la cámara lenta, o el vértigo de la repetición de un loop. El resultado siempre es el mismo. La delicadeza eclosiona en un instante donde todo se detiene mientras los espectadores se quedan suspendidos en  la deliciosa densidad de la emoción.

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La compañía ‘La Perrerire’ presentó el 2 de mayo en el Teatro Bicho la obra ‘Yo soy una fiesta’ de Lola Vera con Camila Grigera y Ángela Tortajada.

 



[1] Martínez Valdearas Jara, Saura-Clares Alba. Luque Diana. Teatro y artes escénicas en el ámbito histánico Siglo XXi. Cátedra. 2023

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01 junio 2026

Si alguna vez hubo un nosotros

 



De la narración al teatro

A todos nos ha pasado. En una conversación trivial o importante con la persona amada somos incapaces de encontrar argumentos sólidos, ironías inteligentes y flechas certeras hasta que la charla se reconstruye en soledad y entonces encontramos brillo en el verbo, destreza con la disección de acontecimientos, y clarividencia para enumerar todo lo que teníamos que decir y no hemos dicho. Ignasi Vidal se sube a ese tío vivo que algunos llaman torear a toro pasado para lucir finura en la dirección, musculatura en el texto, y potenciar actitudes muy diferentes en cada uno de los personajes, hasta marcarse la pirueta de reconvertir la narración de un monólogo a dos voces en la peripecia que caracteriza el teatro dramático.

La teatralidad se consigue con una sencilla puesta en escena. Dos focos cenitales iluminan la potente expresividad del lenguaje interior de los dos miembros de la pareja, y desde ahí mostrar el conflicto con dos pasos que apelan directamente a la experiencia personal del público. El primero expone la deliberación entre dos maneras muy diferentes de afrontar los derrapes que siempre depara el amor. El segundo es un dilema. ¿Los personajes han abandonado en algún momento el egoísmo de la individualidad para remangarse de verdad en la construcción de un nosotros?

Esta interesante arquitectura narrativa se sustenta en un trabajo actoral donde la naturalidad del gesto y la prosodia consiguen enamorar al respetable. La energía y las buenas hechuras de Félix Gómez lo mantienen a ras de suelo en un comportamiento abonado a la confusión primaria y terrenal, mientras Noemí Ruíz sobrevuela la situación con la estilizada elegancia de unas dudas que culminan en frases contundentes, vuelos poéticos y un dibujo nítido de la personalidad y actitud de los dos personajes.

 

‘Si alguna vez hubo un nosotros’

Calificación: 4 estrellas

Compañía: La Gran Belleza Producciones. Productor: Pedro Macarro. Autor, director y diseño de escenografía: Ignasi Vidal. Interpretación: Félix Gómez y Noemí Ruíz. Diseño de luces: Joaquín Yver.

Sábado 30 de Mayo de 2026. Teatro de las Esquinas.

Crítica de la obra 'Si alguna vez hubo un nosotros en Zaragoza: De la narración al teatro

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Cabaret

 



Los altibajos de Cabaret

El teatro inmersivo sitúa al espectador en un espacio y tiempo distintos al habitual, lo sumerge en una nueva realidad, y modifica de una manera radical la vivencia del espectáculo. La productora de ‘Cabaret’ pretende alcanzar esa pátina sentando a una parte mínima del público en unas mesas instaladas sobre el escenario.

Desde mi localidad en el patio de butacas puedo apreciar dos problemas escénicos a las aspiraciones formales de LetsGo. Limitan el espacio para realizar los tres grandes números musicales con coreografía grupal que el espectáculo está pidiendo a gritos, y las acciones que transcurren en lugares diferentes al Kit Kat Klub se convierten en cuadros desesperadamente estáticos.

‘Cabaret’ debería causar una angustia inaguantable mientras nuestros ojos contemplan como el ascenso del nazismo corrompe la vida de las gentes, hasta penetrar en esa burbuja de carcajadas donde música, sexo y hedonismo muestran la más absoluta libertad personal. Sin embargo, las excelentes pinceladas que durante la primera parte simbolizan el mal, se diluyen en un ambiente donde prima la superficialidad de unas relaciones amorosas que, en lugar de golpearnos con el laberinto de la duda, transitan con una ligereza que no te apela, mientras los números musicales se desdibujan en una pulcritud de técnica gestual, pero sin la densidad de ese arañazo que te agarra por las solapas y te hace sudar.

Todo cambia a mejor en la segunda parte, aunque algo falla en la concepción del espectáculo cuando aparece el simbolismo de la noche de los cristales rotos, y se oyen risas entre el público. El color gris ya ha tomado el escenario cuando Patricia Clark da el primer paso hacia un notable giro dramático en todas las interpretaciones. De su voz al silencio hasta desvelar un final más efectista que poético.

 

‘Cabaret El Musical’

Calificación: 2 estrellas

Producción: LetsGo Company. Dirección: Federico Bellone. Director Musical: Julio Awad. Escenografía y vestuario: Felype Lima. Coreografía: Gillian Bruce. Elenco: José Pastor, Amanda Digón, Pepe Nufrio, Patricia Clark Tony River, Gerardo Mínguez y Pepa Lucas.

Miércoles 20 de mayo de 2026. Teatro Principal

Crítica del musical Cabaret en Zaragoza: Los altibajos de Cabaret

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19 mayo 2026

Operación Marbella

 


Sin tetas no hay paraíso

La escritora Ellen Atlanta afirma que las redes sociales han empeorado la tradicional presión estética. El mecanismo es la viralización de un estándar de belleza que termina en las garras de un cirujano. ‘Operación Marbella’ aborda ese problema sin complejos, con el desparpajo de quien le pega un buen meneo a la sátira.

El guion de Lluis Mosquera aporta dos elementos esenciales. La clásica pareja cómica para situar el conflicto entre la metralleta verbal del uno y la comicidad física del otro. Una estructura narrativa que pone la lupa de la crítica social sobre los caraduras aprobetxategis de las aspiraciones estéticas del personal, utilizar rostros populares para alimentar el pitorreo de los medio pelos, y mostrar el abismo entre la realidad del soñado cambio de imagen y el ideal de belleza que se quiere alcanzar.

La dirección escénica de ‘Qué cachondeo grupo’ amplifica la teatralidad utilizando la estética drag queen para que las interpretaciones de Le Cocó & Megui Yeillow desborden ironía, exageración, un puntito bien guapo de acidez, y unos descacharrantes playbacks. El espectáculo tiene el espíritu irreverente de un cabaret a altas horas de la noche con mesas y barra de bar. Quizás por eso cuando el espacio es un teatro, la función podría reducir los interludios musicales, concentrar la energía en exprimir al máximo el ritmo que requiere la comedia, y conseguir un desarrollo más ágil de la peripecia.

La representación funciona como un tiro porque cuenta con la complicidad de la inmensa mayoría de unos espectadores que conocen a la perfección el código del humor que allí se gasta como si no hubiera un mañana y, aunque muchas veces estuvo al alcance de quien esto escribe, les confieso que algunas puyas y chascarrillos se desplegaron fuera de mi radio de comprensión.

‘Operación Marbella’

Calificación: 3 estrellas

Las Pilardos presentan un guión de Lluís Mosquera. Producción, diseño y dirección escénica: Qué cachondeo grupo. Interpretación: Le Cocó & Megui Yeillow. Asistencia de Dirección: Panthea Arjmandi. Iluminación: Samuel Silva. Regiduría: Gonzalo Rodriguez-Villasonte. Foto y Video: Jose Quality. Realización: Samuel Silva.

Jueves 14 de Mayo de 2026. Teatro de las Esquinas.

Crítica de Crítica de la obra 'Operación Marbella' en Zaragoza: sin tetas no hay paraíso


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Llueve y hace sol sobre Paris

 




El milagro de conversar

Borges afirma que la vida tiene un único momento cuando sabes quién eres. José Aguilar es un guardia civil herido en un atentado terrorista que defiende el encuentro humano para acercarse a la verdad sin repetir certezas, y perder el miedo para enfrentarse a esa complejidad. ‘Llueve y hace sol en Paris’ se mueve entre esas dos ideas mediante una conversación atravesada por la tragedia. La hija de Sofía murió en el atentado terrorista en el que se inmoló el hijo de Fátima.

El texto de Abel Neves transita desde la belleza poética de quien navega por los recuerdos, hasta la expresión cruda y desbocada de la rabia. Un laberinto de sensaciones que han colonizado la vida de dos mujeres a la búsqueda de una nueva brújula para sobrevivir a la pena.

La dirección de Cristina Yáñez se apodera de esa fluctuación y atornilla las palabras al escenario, o las convierte en el disparadero para que las acciones tengan el delicioso sabor del juego de la representación y desde ahí, conseguir que la teatralidad golpeé con la emoción de los sentimientos, hasta situarnos frente al dilema de tomar una posición moral.

El trabajo actoral muestra con nitidez la transformación de las protagonistas mediante un magnífico arco dramático sustentado en dos maneras diferentes de interpretación. Mientras Inmaculada Oliver realiza un ejercicio de contención corporal  para concentrar toda su energía en las tonalidades de la voz y la expresión facial, Silvia Espigado se sube al vértigo de una montaña rusa donde despliega un amplio catálogo de estados de ánimo diferentes y contradictorios y así, mientras el griterío polarizador del exterior se rasga las vestiduras, hay un lugar en el teatro donde llueve y hace sol al mismo tiempo, porque más allá del arcoíris se puede volver a vivir después de perderlo todo.

‘Llueve y hace sol en París’

Calificación: 4 estrellas

Producción: Tranvía Teatro. Autor: Abel Neves. Traducción: Lourdes Eced. Dirección y puesta en escena: Cristina Yáñez. Reparto: Silvia Espigado e Inmaculada Oliver. Escenografía: Silvia de Marta. Iluminación: Javier Anós y Pablo Hernández. Espacio sonoro y composición musical: Miguel Ángel Remiro.

Jueves 6 de mayo de 2026. Teatro de la Estación.



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08 mayo 2026

Mejor no decirlo

 



La homeopatía del chiste

Hemos visto a Claudio Tolcachir en las tablas del Principal dejando fluir la charla hasta alcanzar los límites del relato en ‘Camino a la Meca’. En ‘Tercer Cuerpo’ destruía la relación tiempo y espacio para que el respetable imaginase las acciones. Los recuerdos en ‘Las guerras de nuestros antepasados’ transitaban por una escenografía que inventaba itinerarios de pasión y odio. Sin embargo en esta ocasión, su trabajo en ‘Mejor no decirlo’ es un ejercicio austero y carente de toda sorpresa. Desaprovecha una interesante puesta en escena en la que reinventar el sutil humor verbal del clásico salón burgués, y reconvertirlo en una experiencia de la generación boomer.

El texto de Salomé Lelouch tiene el espíritu de la provocación y la palabrería donde dos personajes se acercan a las zonas conflictivas de los debates morales. Mientras ella es una avalancha de no poderse callar todo lo que piensa, él se abona a que lo mejor es decir lo justito. Esas dos premisas construyen desde el primer momento dos claros caracteres pero, en lugar de profundizar en un conflicto contundente que ponga en solfa la personalidad de cada uno de ellos, se opta por la concatenación de discusiones que se ventilan en un visto y no visto para cambiar de tercio, y a otra cosa mariposa. Y es por ahí por donde la comicidad se diluye hacia el estereotipo previsible, el pobre recurso de contar acontecimientos que no ocurren en escena, y dejar vía libre a la homeopatía de juegos de palabras y situaciones supuestamente cómicas que se ven venir de lejos. El círculo se cierra con el mecanismo facilón de culminar con un chiste que nos sitúa en la casilla de salida.

Imanol Arias y María Barranco tienen oficio de sobra para manejar con solvencia unos personajes de sota, caballo y rey que recibieron una larga ovación.

 

‘Mejor no decirlo’

Calificación: 2 estrellas

Producción: Pentación Espectáculos. Autora: Salomé Lelouch. Traducción: Fernando Masllorens y Federico González del Pino. Dirección: Claudio Tolcachir. Intérpretes: Imanol Arias y María Barranco. Escenografía: Mariana Tirantte. Iluminación: Matías Sendón.

Miércoles 29 de abril de 2026 Teatro Principal.




Crítica de la obra de teatro Mejor no decirlo, con Imanol Arias y María Barranco en Zaragoza: La homeopatía del chiste

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El Horla


 

Cuando la función terminó El Horla no había estado allí

Antonio García Ángel afirma en el prólogo de una edición gratuita que ‘El Horla’ de Guy de Maupassant adopta la forma de diario para, más allá de la descripción irónica de la burguesía, contar una historia de terror a partir de la figura del doble. Esa idea del ‘otro’ deja al lector en una posición en la que no está seguro si los sucesos que cuenta el narrador son alucinaciones o sucesos verdaderamente paranormales. El texto se mueve en esa ambigüedad hasta crear una criatura emblemática entre lo tangible y lo fantasmal, dos ingredientes indispensables para llevar a sus víctimas hacia los territorios de la locura.

La versión teatral de Pacific Producciones parte de la premisa de que El Horla es un personaje instalado en la menta de la protagonista, cuya imagen corporal es la locura. El objetivo es «indagar en la demencia desde la conexión entre mente, memoria y pensamiento» De manera que la puesta en escena aspira a retratar esa manera de vivir, sin embargo la dramaturgia y la dirección de Miguel A. Camacho no culmina esos objetivos porque su adaptación esta lastrada de principio a fin por un discurso netamente narrativo.

La narración es un elemento perfectamente válido para usarlo sobre el escenario cuando se trata de introducir hechos pasados o adornar la acción con relatos y sucedidos. El problema en este caso es que esa forma de exposición es un réplica fidedigna del texto literario original y así, el clásico narrador teatral se sustituye por el protagonista contando lo que le pasó. Todas las acciones que ocurren en el escenario están referenciadas al pasado. Más allá de un par de diálogos, no hay un desarrollo del personaje en primera persona que permita al espectador destruir la ilusión escénica hasta identificarse con el personaje protagonista.

La energía y la entrega escénica de Elisa Marinas no puede sustituir ese lastre narrativo, que al fin y al cabo, aleja la historia del espectador porque el relato se percibe como una sesión de narración oral donde la tercera persona reina de principio a fin, con algunas gotas de acción dramática y así, cuando la función terminó lo más evidente era que la por allí no había pasado la presencia fantasmal o imaginaria de El Horla, y como esa criatura o ilusión había afectado en primera persona al  cuerpo y la mente de la protagonista. La sensación fue de asistir  a un relato en diferido de los hechos, exactamente la experiencia que se tiene cuando lees el diario original, y ahí sentí que el texto no se había sometido al proceso propio de una adaptación del lenguaje discursivo al dramático con una consecuencia fatal: el relato se había devorado al personaje escénico.

‘El Horla’

Producción: Pacific Producciones.  Autor: Guy de Maupassant. Versión, dramaturgia , iluminacióny dirección: Miguel Ángel Camacho. Intérprete: Elisa Marinas. Escenografía y vestuario: Elisa Sanz.

Domingo 19 de abril de 2026. Teatro de la Estación.

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