La curvatura de la córnea

25 enero 2026

Las Glorias

 



Diluir un texto dramático

Jean Genet en ‘Las Criadas’ utiliza el espacio para definir la realidad. La cocina es la prisión de clase trabajadora donde transcurre la vida. El salón es la ilusión de emanciparse mediante un juego teatral que disuelve la identidad. ‘Las Glorias’ de Miguel Ángel Mañas aumenta la complejidad de la relación entre ficción y mundo real situando la acción de sus dos protagonistas en tres espacios diferentes. Todo gravita en torno al primer espacio. Una alfombra para simbolizar el camerino donde Eva la gran actriz e Isabel su ayudante saltan al segundo espacio delimitado por la luz blanca del escenario teatral, y a medio camino entre los dos anteriores un tercer espacio donde el texto de un dramaturgo en fase de lectura inunda la realidad.

Un mapa físico delimitado por la sutileza de diferentes tonos de iluminación, y una marca de la casa que ya es habitual en los espectáculos de Mercucho Producciones: la música de Luis Villafañe tiene un efecto enigmático para aumenta la tensión puntual en las líneas de frontera que delimitan cada uno de los territorios por los que pasa la acción, y habitar algunos de ellos.

La dirección Diego Palacio decelera determinados diálogos hasta instalarlos en un aburrimiento estático, pero la falta de pulso dramático es mucho más evidente cuando permite que las interpretaciones de María Pérez y Amparo Nogués naufraguen en una mezcla donde convive la retórica de una afectación impostada con algunas islas de naturalidad. Esta decisión provoca discordancia entre las fronteras espaciales y las diferentes posibilidades de afrontar el trabajo actoral y así, diluir un texto que sugiere espacios de realidad y ficción para crear diferentes lazos de relación entre dos personajes varados en una tragedia de sufrimiento, opresión y búsqueda de identidad.

‘Las Glorias’

Calificación: 2 estrellas

Producción: Mercucho Producciones. Autor: Miguel Ángel Mañas. Dirección: Diego Palacio. Elenco: María Pérez y Amparo Nogués. Composición musical: Luís Villafeliche. Caracterización y vestuario: Paloma Molino. Ayudante de dirección: Andrea Baztán.

Jueves 22 de enero de 2026. Teatro del Mercado



Crítica de teatro: 'Las glorias', diluir un texto dramático


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13 enero 2025

Silencio extraño de verano

 






Incendiar la lluvia

La psicóloga Violeta García ha encontrado un patrón en el comportamiento de las mujeres que sufren alguna agresión sexual para encajar dentro del cliché de buena víctima, y asumir el papel que se espera de una mujer decente: denunciar de inmediato y recluirse en casa para rumiar su destrucción. ‘Silencio extraño de verano’ huye por completo de ese estereotipo cultural de la violación, y pone el foco en como la crueldad social infecta el entorno familiar hasta conseguir que la víctima, por mucho que intente lo contrario, se sienta la culpable hasta liberarse en una canción de Adele. Incendiar la lluvia para arrojarnos a las llamas.

Miguel Ángel Mañas ha escrito un drama poderoso mediante fragmentos con un lenguaje en diferentes tonos que van de la construcción poética de recuerdos a una receta de cocina, de la ficción de un cuento al latido de la realidad entre el laberinto frío de la ciencia y el volcán de un insulto. Un mecanismo de precisión con algunos pasajes donde la reiteración del discurso, y el subrayado de ideas y reivindicaciones que ya están asumidas alargan en exceso la representación.

La dirección de Diego Palacio utiliza con inteligencia el espacio vacío para potenciar elementos narrativos claves. La música de Luís Villafañe ilustra y retroalimenta la tensión. La proyección de imágenes y palabras agiganta los peligros exteriores. La iluminación cincela ambientes que desvelan la personalidad de unos protagonistas dibujados desde un trabajo actoral de contención para dominar gestos, voces y apelar al público con sus miradas.

Ana Cózar mantiene con firmeza el arrojo moral que guía a su personaje del cuchillo al micrófono, mientras Inma Oliver y Jesús Bernal te arrastran por la densidad variable de un arco dramático que nos muestra la humanidad de los monstruos.

‘Silencio extraño de verano’

Calificación: 3 estrellas

Producción: Mercucho Producciones. Texto: Miguel Ángel Mañas. Dirección, videoescena e iluminación: Diego Palacio. Elenco: Inma Oliver, Ana Cózar, Jesús Bernal y María Pérez. Composición musical: Luís Villafañe.

Jueves 9 de enero de 2025. Teatro del Mercado



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06 diciembre 2023

La noche de las almas abiertas

 


La tragedia de una realidad distópica

La distopía se puede abordar desde dos puntos de vista. La representación pesimista del futuro que está por venir, o estampar en nuestra piel la calcomanía crítica de la sociedad en la que vivimos. El primer acercamiento es tipo siglo XX. Los hechos distópicos se afrontan con la calculadora de un contable para comprobar el tanto por ciento de aciertos de novelas como '1984' de Orwell o 'Un mundo feliz' de Huxley, en las que se avisaba de la llegada de un gobierno autoritario, la pérdida de libertad y valores humanos esenciales para facilitar el control de la sociedad. Era una visión negativa del futuro que se enfrentaba a la segunda mitad de siglo XX y la esperanza de imaginar una alternativa de optimismo utópico.

La segunda manera de acercarse a la distopía está estrechamente relacionada con una generación que ha nacido merodeando el primer tercio del siglo XXI que, abonado a la concatenación de dos crisis económicas y una pandemia, ha generado elementos narrativos para construir una realidad donde el miedo es un factor determinante. Con ese medio ambiente es muy fácil que la percepción del presente tenga un tufillo distópico alimentado por un marco histórico donde conviven el veneno de la manipulación masiva, el cambio climático, agotamiento de los recursos, incremento de la desigualdad, terrorismo, y guerras en horario de máxima audiencia. Nos sentimos como los testigos privilegiados del declive de nuestra civilización. La distopía en estas circunstancias resopla en nuestra nuca y no deja espacio para la esperanza. 'La noche de las almas abiertas' se sitúa ahí, en un presente que combina todo lo negativo de la realidad contemporánea con ese futuro aciago que se contaba en las distopías de Orwell y Huxley.

'La noche de las almas abiertas' cuenta con gran parte del equipo que el año pasado estrenó 'Llega la noche' Dos funciones que nos sirven para encontrar diferencias y similitudes a la hora de afrontar su representación.

Si hace un año la escenografía estaba ausente y tan solo se nombraba con la palabra, en esta ocasión el escaso mobiliario no ayuda a recrear el espacio que se pretende construir. De la casa familiar de antaño se ha pasado a un bar que ejerce como espacio social. El hogar familiar era una invitación a mirar hacia fuera y, pese a los conflictos internos se percibía un espacio abierto. Ahora las paredes son la muralla quien sabe si para escapar o esconderse del horror que se adivina afuera, al otro lado de la calle. La dirección de hace un año dibujaba acciones como un engranaje de coreografías para que las miradas conectasen a los personajes y, aunque la estética y las líneas generales del pasado todavía se perciben, hay otras decisiones que lastran y diluyen el interés por el hecho dramático que, si hace un año se resolvió con acierto una emocionante tragedia, en esta ocasión la distopía resulta un Pelín deslucida.

La puesta en escena está marcada por una austeridad que desiste de dar pistas para reconocer un ambiente distópico, y por eso aumenta considerablemente el valor narrativo de la música de Luís Villafañe. Cuerda y teclado para tensar con precisión el hábitat y predisponer al público para enfrentarse a la dinámica de unos personajes sin nombre. Cuatro arquetipos universales que exploran deseos, esperanzas y miedos desde el punto de vista de quien se sabe excluido y marginado: Esperanza en la fe. Clarividente que todo lo ha perdido. Soñadora chapotea en el barro. Desorientado sin destino.

La escenografía divide el escenario en dos. Un gran bar como lugar cerrado donde interactúan los personajes, y el mundo exterior como un pequeño y estrecho itinerario. Estos espacios resultan determinantes para transmitir la intensidad de un mensaje construido sobre los pilares narrativos de contar historias en forma de pequeños monólogos y gestionar los diálogos.

La dramaturgia comienza confinando a tres personajes en un alentador cruce de miradas. No tienen nombre pero Esperanza y Clarividencia ejercen de soporte para que Soñadora se convierta en una funambulista que va y viene haciendo equilibrios de palabra, mirada y expresión. Esos son los mejores momentos de la función hasta que la peripecia pierde fuelle cuando deriva hacia el verbo discursivo sentado en un taburete para contar historias de tragedias emocionales y, aunque la narrativa de los relatos tiene un tono lírico, la primera consecuencia es detener el ritmo de la acción dramática sin conseguir imponer que la crudeza realista del mundo exterior cale emocionalmente. Las historias que nos cuentan los personajes son fragmentos esenciales para sus vidas y ayudan a comprender el entorno social que les ha llevado hasta ese lugar, pero la forma en la que se suministra esa información no compensa la interferencia que se produce al bloquear el nutritivo canal de comunicación que se había establecido entre ellos a través de los diálogos.

Esa misma combinación de elementos discursivos y de interacción son abordados desde un punto de vista diferente cuando interviene el cuarto personaje sin nombre al que he llamado Desorientado. Al contrario de lo que ocurre con los otros personajes, Desorientado transita por el mundo exterior y desde allí nos cuenta la historia de su vida apelando directamente al patio de butacas. En este caso la composición escénica del discurso transmite una emoción que se traslada al resto de los personajes cuando Desorientado cruza el umbral que le lleva al mundo de los encerrados. Entonces se produce una potente recuperación de la intensidad dramática cuando los diálogos y las miradas se vuelven a cruzar para explorar miedos y esperanzas. Es otro de los momentos culminantes de la función.

El trabajo de todo el elenco se caracteriza por el mimo al utilizar con precisión los pequeños detalles con los que construyen los personajes, y la sutil manera de recorrer breves e intensos arcos dramáticos.

El Clarividente de Alex Aldea combina la frialdad que a veces rompe con la mirada, la respiración y un perverso grado de hieratismo cuando la piel está casi en contacto con otra piel.

María Pérez se introduce, literalmente, dentro de Esperanza. Desde el delicioso detalle del rosario en la faltriquera hasta un excelente trabajo de construcción del personaje por medio de ademanes mecánicos para mover el cuerpo, y una propuesta en la dicción que transita con eficacia por los diferentes estados emocionales, excepto cuando llega la hora de cantar y el personaje desaparece detrás de la cantante.

Jesús Bernal se aferra a la tierra para mantener a flote a su Despistado, al menos hasta que detiene los pies y, con las manos colgadas, muestra la desesperación a punto de desbordar por los lacrimales de sus ojos. Su presencia se vuelve ligera cuando entra en contacto con el resto de los personajes y juega magníficamente con unos diálogos que le llevaran desde la amabilidad a la furia.

Inma Oliver se enfrenta al personaje más complicado. Soñadora se mueve por esa delgada línea en la que un mínimo exceso te lleva al ridículo, y una deficiente intensidad desdibuja el personaje hasta hacerlo inverosímil. Su interpretación transita por esa cuerda floja para modular con eficacia acciones y palabras, y ganar muchos quilates cada vez que su aliento se aproxima físicamente al resto de personajes para propiciar momentos de desafío, cariño y seducción.

Los puentes que cruzan el Ebro ya estaban iluminados de Navidad cuando regresé a casa después de la función. No estaba seguro si mis ojos me mostraban la proyección de un futuro que está a la vuelta de la esquina; o si era el pasado reciente el que asaltaba mi recuerdo para traerme el reflejo de las Navidades pasadas. Tal vez mi cerebro tan solo buscaba una salida viable después del pesimismo que me invadió tras la tragedia con la que Miguel Ángel Mañas finaliza 'La noche de las almas abiertas' Entonces recordé las palabras de Martín Caparrós. El escritor argentino huye del pesimismo de la distopía y nos invita a mirar el mundo desde una «utopía inversa» Es un ejercicio muy fácil de realizar. Tan solo hay que situarse en el siglo XXII y mirar desde allí a este primer tercio del siglo XXI. Esa perspectiva te permite comprender que, "frente a los 20.000 muertos en cualquier jornada de las trincheras del Marne" durante la Segunda Guerra Mundial y "pese a lo que parece, estamos en uno de los momentos más pacíficos de la historia."

 

'La noche de las almas abiertas'

Producción: Félix Muñiz. Autor: Miguel Ángel Mañas. Dirección e iluminación: Diego Palacio. Actores: María Pérez, Inma Oliver, Alex Aldea, Jesús Bernal. Música: Luís Villafañe. Vestuario: Paloma Molino. Fotografía: Más Mastral.

Teatro del Mercado. Domingo 3 de diciembre de 2023.

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19 diciembre 2022

Llega la noche

 


La vida a veces llega con la noche

La primera acotación de Arthur Miller en 'La muerte de un viajante' revela su interés para que la acción dramática se genere gracias a la tensión entre tiempo y espacio; por eso detalla con precisión la geografía de la casa de la familia Loman y pide que las acciones del presente respeten las paredes imaginarias, mientras todos los pasajes del pasado rompen con cualquier limitación arquitectónica.

Miguel Ángel Mañas da un paso más allá y desintegra definitivamente la casa en la que transcurre la acción para que pasado y presente se confundan en un espacio indeterminado gracias una escenografía ausente, donde la arquitectura se sustituye por las palabras que designan elementos materiales como un grifo averiado en el baño, una jarra que estalla en la cocina o un jardín de rosas azotado por la lluvia, símbolos que anuncian el deterioro de una familia abocada a la tragedia.

La dirección de Diego Palacio tiene la sabiduría de tomar ese lienzo negro sobre fondo negro para dibujar sobre el escenario una acción que, desarrollada en el plano simbólico, moldea con mesura texto, movimiento y trabajo actoral.

El discurso de la función navega con fluidez por un lenguaje natural difuminando los efectos literarios, hasta que de repente encuentra una esquinita al sol para desplegar la poesía. El movimiento de los actores es un engranaje que funciona como una coreografía lenta y pausada que construye encuentros y distancias, certezas y sueños, puntos cardinales que marcan un destino. El trabajo actoral se cimenta sobre una trama de miradas que van y vienen, hilos blancos que enlazan unos personajes con otros en una danza de latidos hasta construir un lenguaje paralelo que anuda alegrías y desata tristezas.

Estos tres elementos conforman las piezas fundamentales de un caleidoscopio que, a cada pequeño giro, agita el espacio escénico para que la simbiosis de presente y pasado desvele la historia que entrelaza la vida y la muerte de los personajes.

'Llega la noche' es una magnífica función, un mecanismo de precisión dramática construido sobre un sobresaliente trabajo actoral capaz de encajar todas las piezas que componen la dramaturgia, y conseguir que el ritual del artificio representado tenga la solidez narrativa de una realidad que emociona.

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'Llega la noche'

Producción: Mercucho Producciones, Diego Palacio Producciones y Tranvía Teatro. Autor: Miguel Ángel Mañas. Dirección: Diego Palacio. Reparto: Nicolás Sanz, María Pérez, Jesús Bernal, Alex Aldea e Inma Oliver.

Sábado 17 de diciembre de 2022. Teatro del Mercado.


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