Coplas de Juan Gabarre
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La música asentó el tiempo de la penumbra y nos dejó con la pulcritud y la sencillez de dos voces capaces de llevar el verso hasta las nubes y los dedos, a caballo de las teclas, provocaron una tormenta de lluvia y sal.
El amor cicuta, el abrazo arsénico y los pequeños besos de libélula tijeras en el aire. Noche recortable de cometas en un llanto sin fin. Fuegos de ruleta para un cielo sin nubes ni sospechas. En la ausencia del dolor: Mano, labios, senos y ella a mi lado, junto al limonero donde el amor no se escabulle en un disparo de luz. El pianista, corazón desbocado, borboteó sangre y besos mientras recorría la senda que terminó en coplas.
Las coplas de Juan Gabarre escritas para voz de gitano, vivito entre la bulería, el tatuaje y el jazz, se nos presentó de femenina voz. Habló de amor, granizo y un dolor del alma que se derritió entre las penas y un insomnio de plata trazado entre payos. Cantó por no llorar cuando ella le dijó que no te quiero y no te quiero olvidar. Por eso, candela y sal, en sus dedos lleva escrito el nombre de un quererme o dejarme, de un vaivén, de un amor que ni viene ni va.
Y la sala amaneció escuela y el rapsoda un zagal vivaracho, chispeante y juguetón. ¿Qué hora es? Fue la excusa para contar números de monaguillo y almirez. El sol, la una y la mala rima del cinco.
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El pasado viernes 15 de abril se presentó en el Instituto de Enseñanza Secundaria Goya el poemario “Tangos para una milonga” de Alonso Cordel. El director del centro mostró su alegría por el lleno que presentaba el salón de actos para celebrar un acto cultural que servía de puente entre un espacio educativo y la sociedad. Los pasos cruzados de dos parejas arrebatadas por el tango fueron el preámbulo para dar la voz a Alonso Cordel, tanguista, manchego de cuna y maestro de poetas aragoneses. Cordel excusó la ausencia de Eva Vives, prologuista del libro. «Prologar un poemario es poco habitual» afirmó Cordel que recordó que la voz del poeta esta en los versos y es el lector quien debe encontrar su propia conexión con el texto, pero en este caso las palabras de Eva Vives sirven para subrayar la presencia del tango en todas y cada una de las páginas del libro. Alonso Cordel cambió el acento del discurso y se fue allende los mares para leer una parte de lo escrito en el prólogo. Su voz nos llevó al lugar dónde los poetas arrastran las frases: « El tango es como un sueño. Te arropa. Te mece en calesita. Te retiene. Te atrapa de tal forma que no quieres despertar. No distingue colores. Ni naciones. NI razas, Ni edades. No importa si estás solo o tienes compañera. No importa lo que hagas o la posición social que tengas. El tango nos iguala a todos. Nunca hubo un lenguaje tan sencillo y al mismo tiempo, más universal. Sobran las palabras: escuchas, abrazas, interpretas y te deslizas» Regresó la música de blanco y negro. El ceñido vestido de una mina, sombrero y pedigrí. El editor, arrebatado por los versos de Cordel, recordó su primer viaje a Buenos Aires tras la lectura de la novela “Corazón de Tango”, y como disfrutó de las atmósferas de Caminito y Boca dónde todo el mundo tiene una historia que contar. El viajero con apetito de milonga se sentó entre chinos y nipones para observar como los bailarines levantaban cátedra de un rito que mezcla culturas, contiene la gestualidad de una pasión, y convierte una cita en el encuentro entre dos almas dispuestas a elevarse y trazar poemas. Los versos de “Tangos para una milonga”, afirmó el editor, evocan esos ambientes, el perfume de un universo para soñar giros imposibles. Alonso Cordel agradeció el mimo de la editorial con un libro que es historia del tango, su recorrido personal por una emoción, un compás de dos por cuatro que el poeta recomendó escuchar a la par que se lee el libro. Los músicos, continúo Cordel, creen que la esencia del tango radica en los ritmos. Sin embargo, afirmó, los bailarines pensamos que el tango esconde planos sentimentales de una pasta especial en gestos como la distancia entre los cuerpos, el equilibrio y los vaivenes. El líder en el tango no es el hombre que conduce, es la sensibilidad que genera la pareja, el diálogo, la emoción en el diseño y la amplitud de los pasos, es la creación de un espacio propio dentro de la milonga, arrastrar las pasiones y dejar aire al resto de las sensibilidades que bailan a tu lado. El poeta dejó las teorías sobre la mesa, citó a su pareja en el estrado y ambos, fundidos en un abrazo, demostraron que la poesía también se construye con la cadencia de del corazón a ritmo de tango.
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