La curvatura de la córnea

23 septiembre 2012

“En el nombre del miedo” una película sobre los recuerdos, el miedo y la valentía




Ayer se estrenó en el Centro de Historias de Zaragoza “En el nombre del miedo” un cortometraje dirigido por Miguel Casanova, antiguo alumno de los cursos de interpretación del Teatro de la Estación y de la Escuela de Cine Un Perro Andaluz (interesantísimo vivero de nuevos y jóvenes cineastas). En la actualidad completa su formación en la Escuela Superior de Cine y Audiovisuales de Cataluña.
“En el nombre del miedo” es su primer corto en calidad de guionista y director –y todo lo demás desde los preparativos hasta la post producción- aunque ya tenía experiencia como guionista con el corto “Bendito infierno”
Miguel Casanova afirma que su película es sobre el miedo y no de miedo, una historia que cuenta el día que el protagonista decide vencer esos miedos. Es cierto que en la película el miedo está presente y subrayado por la excelente banda sonora de Sergio Jiménez. El inicio no deja lugar a dudas y el primer fundido a negro, después de unos extraordinarios créditos, deja los sentidos listos para la experiencia. Sin embargo yo sentí que era una película sobre los recuerdos. Los recuerdos son una parte fundamental de nuestras vidas que, abocadas a caminar hacía  adelante, necesitan el sosiego de un espejo retrovisor que nos recuerde de donde venidos. Esa mirada hacía atrás puede ser un impulso o un cepo. Juan, el protagonista de la historia, ha decidido romper con ese cepo. Para su propósito ha construido, sobre el miedo asimilado en su infancia y el odio acumulado de tantos años, al tipo valiente que nunca fue. Es ahí dónde Miguel Casanova se la juega, en el nivel de odio que el personaje transmite al espectador. Creo que aumentar la intensidad en ese sentimiento hubiera supuesto una propuesta más interesante para culminar en ese maravillo remanso de paz con el que se cierra el film.
Miguel Casanova ha reconocido en la prensa local que “contar con estos actores ha sido un regalo” El reparto de la película esta compuesto por actores muy interesantes en el panorama teatral de la ciudad como Saúl Blasco, joven promesa de las últimas hornadas de la Escuela Municipal de Teatro de Zaragoza; David Sancho curtido en series de televisión, películas y escenarios; Jesús Bernal, puntal de la compañía del Teatro de la Estación dentro de sus facetas de actor y pedagogo teatral. Y los veteranos Rufino Ródenas y Alfonso Desentre dos clásicos de las tablas zaragozanas y garantía de buen hacer, además de Cristina Yañez y su amplía experiencia como actriz y directora. Un excelente elenco de profesionales que dotan a los personajes de los detalles justos y necesarios para definirlos y enriquecerlos: La presencia angelical de Saúl Blasco. La interesante dualidad de David Sancho en su función de cancerbero. La inocencia divina de Jesús Bernal. La cautivadora expresión facial de Rufino Ródenas. La majestuosa voz de Alfonso Desentre y los ojos, la mirada y la intensidad de Cristina Yánez son regalos que el director ha sido capaz de ensamblar con acierto y equilibrio.
Un aspecto muy interesante de este proyecto que me gustaría destacar es la utilización del crowfounding como modelo de producción. Ahora que las subvenciones han volado esta vía de financiación, que si antes se llamaba sablazo a los amigos, ahora adquiere un tinte de apoyo a la cultura ha sido fundamental. Además del apoyo de Generación Z, Amapola Films, Escuela de Cine Un Perro Andaluz y Teatro de la Estación.
“En el nombre del miedo”, como dice la sinopsis de la película, es una historia de miles de niños que han sido obligados a vivir con el miedo en el cuerpo. Una condena que quizás sea para siempre. No se la pierdan.

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11 septiembre 2012

La primera vez que hablé con mi suegro



Esta mañana mientras se celebraba el funeral de mi suegro recordé la primera vez que hablé con él. El 10 de julio de 1985 fui a su casa para pedirle la mano de Migue. Me vestí con la elegancia que permitía mi escaso vestuario: Chaqueta y pantalón gris con camisa floreada. Más que un pretendiente parecía el segundo trompeta de una orquesta. Desde la Replaceta hasta las Casas Nuevas repetí varías veces un brillante discurso que se quedó en agua de borrajas. La conversación entre el padre de la novia y el yerno en hierbas fue de lo más tradicional: Espero que vengas con intenciones serías. A mi me parece bien que festejes con mi hija pero no quiero tontadas. Esta es una casa formal y espero que estés a la altura de tu padre. ¿Cómo piensas ganarte la vida?
Bartolomé era un hombre de pocas palabras, sin embargo, aquella tarde de verano habló de una infancia de pastoreo al cuidado de pavos y cerdos, con los que se peleaba por comer algarrobas. De una juventud como jornalero hasta que decidió buscar mejores horizontes para él y su familia. Dejó el Sur de España para llegar al Sur de Aragón. Un viaje hacía un futuro mejor que lo dejó en Utrillas. Trabajó en las minas como ayudante, picador y maquinista. Bartolomé caminó por las obligaciones de la vida sin saber leer ni escribir. Fue uno de los valientes que se encerraron en el Pozo Santa Bárbara en aquellos años grises, años para luchar por unas condiciones de trabajo dignas en el vientre oscuro de la tierra. Las duras jornadas en el pozo se prolongaban en los cavallones de un huerto con patatas y hortalizas de temporada, además de un corral dónde criaba conejos, gallinas ponedoras de a docena por día y tres cabras para ordeñar leche y calostro. Bartolomé padre, cabrero, abuelo, minero, suegro y hortelano. Bartolomé, alosnero de cuna, me regaló aquella mañana de Julio una cassette. Fue la primera vez que escuché unos fandangos de Huelva. El cante jondo de El Cabrero amplió mi universo musical.

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10 septiembre 2012

Sala El Extintor, estamos en construcción


La Sala El Extintor, en la calle Armas número 20 de Zaragoza, es un nuevo espacio para el teatro que nace de la mano de Óscar Castro.

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08 septiembre 2012

Me gustó más el libro


Me gustó más el libro. Seguro que ustedes han escuchado esta frase a la salida de un cine, o aún peor, seguro que ustedes la han pronunciado alguna vez, con esa voz campanuda de marcado carácter cultureta que pretende dejar a la literatura por encima del séptimo arte. Si, yo también lo he hecho, por eso les recomiendo que lean “Carta de Max Ophüls” el tercer capítulo del libro de Alfredo Moreno dónde se habla de la película “Carta de una desconocida”, adaptación de Max Ophüls  y Howard Kock sobre un relato de Stefan Zweig. Moreno comienza su texto aseverando que esa película es una obra maestra  que encierra la notable cualidad de ser una de las mejores adaptaciones de una obra literaria jamás filmada. A partir de esta afirmación, el autor de “39 Estaciones”, despliega una detallada serie de argumentos para justificar su tesis y que nos permiten encontrar algunas claves para nutrir de musculatura las futuras e inevitables comparaciones entre libros y películas. Un buen entrenamiento para aquellos valientes que se atrevan a afirmar que muchas películas son mejores que algunos libros.
Una breve destilación del texto de Moreno nos muestra como una adaptación cinematográfica supera a la obra literaria cuando intensifica la intención dramática de la idea central mediante algunos cambios que, respetando la idea original, introduzca matices y novedades al servicio del paradigma narrativo propio del cine: La planificación de cada plano, el montaje, la puesta en escena, que la música sea un personaje más del desarrollo dramático, serían algunas de esas claves.
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03 septiembre 2012

Vals de Aniversario de Jaime Gil de Biedma

David Jasso
 pone su voz al servicio de
las palabras de Biedma
y
la música de Sibelius

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